Una Familia Cuidadora se distingue porque alguno de sus miembros está en situación de dependencia. No obstante, cada familia merece un reconocimiento único y deben entenderse sus características particulares y únicas. Nuria Garro-Gil, piscopedagoga colaboradora en Infoelder.com, nos explica estas catacterísticas.

La familia es una comunidad de personas unidas por lazos de consanguineidad y vínculos afectivos que dan lugar a relaciones intergeneracionales (abuelos, padres y nietos) e intrageneracionales (entre los mismos hermanos y entre los mismos cónyuges) y que facilita además la socialización de sus miembros.

La familia, por lo tanto, no es la simple suma de sus miembros, de las personas que viven bajo el mismo techo, sino que se identifica además con esas relaciones personales y humanas que se crean en su seno.

Puesto que cada persona es distinta y única y posee por lo tanto una identidad y personalidad únicas, también la familia es única e irrepetible. Así, en el caso de la familia cuidadora, cada una de ellas presenta sus propias singularidades y circunstancias concretas.

Bien es verdad que, al hablar de “familia cuidadora”, en seguida nos viene a la mente aquellas características, circunstancias o señas de identidad que nos ayudan a identificar a qué nos referimos con esa etiqueta de “cuidadora” para distinguirla de lo que podríamos llamar familias “no cuidadoras”. Aunque en realidad la familia, de suyo, siempre es cuidadora de sus miembros, siendo precisamente esa su principal función. Lo que habría que distinguir en ese caso, y es lo que distingue a una “familia cuidadora” de una que no lo es, es si los miembros a los que cuida esa familia son o no dependientes de su entorno próximo.

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Como decía, al hablar sobre la familia cuidadora, frecuentemente se piensa en determinadas etiquetas que la sociedad ha acabado por atribuirle: dependencia, personas mayores, vejez, deterioro, ayudas públicas, servicio asistencial, residencias, estrés, cansancio, Ley de Dependencia, y tantas otras. Y, en efecto, probablemente las propias familias cuidadoras coincidirían en afirmar que todas ellas se ven en mayor o menor medida identificadas con dichas etiquetas puesto que todas, al fin y al cabo, tienen a su cargo a familiares dependientes que les llevan a vivir situaciones parecidas.

Pero, por otra parte, si habláramos con cada una de esas “familias cuidadoras”, seguramente encontraríamos que cada una manifiesta una singularidad concreta que la hace única y por la que además ella misma se siente y quiere ser tratada como única: por la persona concreta a la que cuida, por la causa que le ha llevado a ser dependiente, por la estructura y organización de la propia familia, por la forma de aceptar y asumir su labor de cuidadora, por las repercusiones que la nueva situación está teniendo en sus miembros, etc.

Y vuelvo a resaltar lo de “sentirse y querer ser tratada como única”, porque el riesgo que se puede correr al estereotipar a las familias cuidadoras y atribuir a todas ellas las mismas etiquetas, es el de llegar a la conclusión de que todas ellas tienen las mismas necesidades.

Y este es uno de los mayores errores que podemos cometer. Primero, porque la propia familia no se sentirá comprendida en su situación particular, y segundo, porque la atención que se le dé no será personalizada ni adaptada a sus necesidades concretas y personales y por lo tanto la ayuda y servicios que le faciliten, con toda probabilidad no estarán cubriendo realmente las necesidades particulares de cada familia cuidadora.

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Cada familia cuidadora es, por tanto, una familia única y singular, con necesidades particulares, que vive una situación muy concreta y que además involucra a personas también únicas y singulares. Así pues, cada familia cuidadora y su correspondiente situación y circunstancias concretas, deben ser analizadas y atendidas de forma personalizada. El objetivo es, por un lado, atender las necesidades que esa familia en particular manifiesta, y no las necesidades que normalmente le son atribuidas casi de forma automática a la “familia cuidadora”; y por otro lado, conseguir que cada familia se sienta verdaderamente entendida, comprendida, atendida y ayudada. De esta manera, la ayuda y servicios que se le faciliten irán realmente encaminados a colaborar y apoyar a cada familia concreta en el cuidado y atención de sus familiares dependientes.

Escrito por:

Nuria Garro-Gil

Pedagoga y psicopedagoga, doctoranda en la Universidad de Navarra

Fuente: infoelder.es

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