El primer paso es asumir que la persona realmente es dependiente, nos necesita y nos ha tocado a nosotras ser responsables de su cuidado.

Lo que es evidente es que por un tiempo habrá que reorganizar la vida familiar para adaptarse a la situación, da igual si es por la llegada de un bebé a casa o porque el abuelo ya no tiene la movilidad que antes o por un problema de salud de alguno de los miembros de la familia.

Es fundamental tener en cuenta que, el estado de salud física y mental del/la cuidador/a principal es tan importante que influye directamente en la atención que se está dando, y por eso es necesario que no se descuiden en ningún momento sus propios cuidados.

Las personas cuidadoras están expuestas a un nivel de presión y esfuerzo que a veces no es valorado. Pero no olvidemos que repercute directamente tanto en su salud como en la de su entorno. No es raro encontrar casos de conflictos familiares, por el celo en la atención a uno de sus miembros, en detrimento del resto de la familia.

Los sentimientos de impotencia y frustración también son frecuentes dado que no siempre el esmero en el cuidado y la atención tienen como respuesta una mejora o un gesto de agradecimiento.

De la misma manera no debemos olvidar la repercusión que puede llegar a tener esta tarea a nivel laboral para la persona que cuida. Con cierta frecuencia encontramos casos en los que se produce un abandono del puesto de trabajo para dedicarse al cuidado del familiar, o el desarrollo del mismo se ve alterado por falta de tiempo y energía.

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Las dificultades económicas, las alteraciones emocionales, la falta de tiempo para si mismo/as, reducción o desaparición de los momentos de ocio, y un largo etcétera son aspectos a tener en cuenta si lo que pretendemos es cuidar tanto de nosotro/as como cuidadore/as como de nuestro familiar dependiente.

Teniendo en cuenta todo esto, el cuidador debe prestar especial atención a la vida familiar, la pareja y lo/as hijo/as. Es importante hacer partícipes a todos los miembros de la familia de la realidad, hablar sobre cómo va a afectar la mayor dedicación a la persona que necesita cuidados, sobre cómo pueden colaborar en caso de necesidad y sobre todo hacer patente los cambios que se pueden avecinar.

Por otra parte es importante tener en cuenta la necesidad de seguir manteniendo las relaciones que teníamos previas a esta situación. Es fácil que la cuidadora tienda a encerrarse por falta de tiempo, a salir cada vez menos y a abandonar actividades que formaban parte de la vida cotidiana.

Nada más lejos de lo que se debería hacer, es más, debemos dedicar parte de nuestra energía en el esfuerzo de mantener nuestras amistades, nuestros momentos de expansión. Es fundamental que cambiemos de ambiente para poder desconectar nuestra mente por un tiempo y retomar la tarea más eficientemente. Lo contrario, aunque cueste creerlo es contraproducente; no debemos sentirnos culpables por dedicarnos tiempo a nosotras mismas y a nuestras necesidades de relación más allá de las personas que necesitan nuestra ayuda. Para poder ayudar necesitamos estar bien y nuestro entorno social y afectivo es fundamental para nuestra salud física y mental.

Usemos nuestro tiempo para nosotras con la misma rectitud que dedicamos nuestros cuidados y atenciones a las personas que cuidamos. A veces resulta complicado porque no tenemos apoyos en nuestro entorno más cercano, pero existen lugares donde pueden asesorarnos acerca de recursos sociales que nos pueden ser de mucha utilidad (centros de día, residencias, apoyo médico, servicios sociales municipales, etc).

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