Se ocupan del cuidado de hogares ajenos y de los niños y mayores de otros, incluso en ocasiones sus empleadores las definen como “casi de la familia” . Esta proximidad no impide que, sin embargo, el grueso de estas trabajadoras sea ejemplo de economía sumergida.

Los contratos verbales y las recomendaciones boca a boca definen sus relaciones laborales y aunque, poco a poco, crece la conciencia de que son trabajadoras y deberían tener derechos como tales, todavía queda mucho por hacer. No sólo gran parte de ellas cobran “en negro” o no tienen vacaciones si no que las que tienen contrato y tienen al día las cuotas en la Seguridad Social cotizan en un régimen especial muy restrictivo que no contempla el subsidio de desempleo y que empieza a pagar las bajas laborales (ILT) a partir del vigésimo quinto día.

La reforma de la Seguridad Social, aprobada por el Congreso y que debe entrar en vigor a partir de enero de 2012 –que contempla que el personal de servicio cotice al régimen General– ha suscitado muchas expectativas y también muchos temores entre las directamente implicadas, que no quieren oír de plantear exigencias cuando desde hace un año se constata una caída en picado del empleo en este sector.

Desplome

“Más que una caída es un desplome”, coinciden en señalar organizaciones como Cáritas o sindicatos como UGT, que atribuyen la situación a la crisis, que lejos de remitir se cronifica y que ha enviado y envía al paro a los contratadores.

“Muchas empleadas eran el soporte familiar de parejas en las que ambos trabajaban y ahora uno o los dos miembros están en casa y se ocupan directamente de estas tareas, además de aligerar gastos” señalan fuentes sindicales que inciden en que, también cada vez más, se buscan recursos y ayudas públicas como guarderías, centros de día, etc. para cubrir necesidades por las que, en época de bonanza, no les importaba pagar o pagar más.

Por un lado disminuye la demanda, menos hogares se pueden permitir tener una persona para que se ocupe de las faenas domésticas y/o cuidado de los niños o mayores, y por otro aumenta la oferta, más mujeres y ahora también hombres buscan ingresos en el trabajo doméstico, asegura una voluntaria de Cáritas, a donde se dirigen muchos desempleados para buscar comida, ropa y ofrecerse para trabajar “en casas” por horas .

Menos inmigrantes

La asesoría jurídica de UGT y organizaciones que trabajan con inmigrantes, como Cruz Roja y también Cáritas, constatan la “gran” disminución de mano de la obra extranjera en el sector doméstico, quedando relegada casi en su totalidad al cuidado de mayores y en menor medida de niños.