Los cuidadores de personas dependientes realizan una tarea que muchas veces repercute negativamente en su salud física y emocional, más aún cuando esta situación se prolonga en el tiempo. Por ello, cuidar la salud de los cuidadores es un desafío muchas veces olvidado porque el foco de atención se pone en la persona dependiente.

¿Qué cambios acarrea en la salud del cuidador el cuidar de una persona dependiente?

Todos los seres humanos podemos necesitar en un momento dado una ayuda para poder desarrollar actividades de la vida diaria, tan básicas como vestirnos, comer o andar. Esta necesidad de ayuda se denomina dependencia, y las personas que la demandan, dependientes.

El cuidado de un familiar dependiente es, en general, una experiencia prolongada que exige reorganizar la vida familiar, laboral y social. Las personas que atienden directamente a familiares dependientes –generalmente, una única persona y mujer- tienen que responder a determinadas tareas, esfuerzos y tensiones derivadas de su cuidado. Esto repercute tanto en su propia persona como en su entorno, produciendo múltiples cambios en diferentes ámbitos de su vida cotidiana.

¿Qué repercusiones puede tener en la vida del cuidador?

El cuidado de un familiar dependiente puede traer consigo conflictos en el seno de la familia, por desacuerdos en la atención e implicación de los familiares. De la misma manera, se producen cambios emocionales, porque los cuidadores se ven expuestos a un buen número de emociones y sentimientos; algunos positivos, como los sentimientos de satisfacción por contribuir al bienestar de un ser querido, pero otros negativos, como la sensación de impotencia, sentimientos de culpabilidad, rechazo hacia la persona dependiente, soledad…

Frecuentemente, el cuidado prolongado de un familiar dependiente termina afectando de forma negativa a la salud de los cuidadores, porque es una actividad que provoca un gran desgaste. Esta pérdida de salud del cuidador viene dada también porque, al tener a cargo a una persona dependiente, disminuye el número de actividades sociales y de ocio que realizaban anteriormente, lo que puede producir sentimientos de aislamiento y soledad.

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Al mismo tiempo, si además el cuidador tiene un trabajo fuera de casa, suele experimentar un conflicto entre las tareas de cuidado y las obligaciones laborales; tiene la sensación de estar incumpliendo tanto en el trabajo como en el cuidado de su familiar. Por si fuera poco, todo ello suele venir acompañado de dificultades económicas, tanto porque pueden disminuir los ingresos (debido a una reducción de la jornada laboral o directamente por dejar de trabajar) como porque aumentan los gastos derivados del cuidado del familiar.

A veces, los cuidadores llegan a plantearse la difícil decisión de ingresar en una residencia al familiar anciano. Desaparecen así algunos motivos de preocupación, pero surgen otros nuevos: el esfuerzo que supone las visitas a las residencias alejadas; la preocupación por la atención que pueden estar recibiendo; el coste del servicio si es una residencia privada; el sentimiento de culpabilidad por no atenderle personalmente; el “qué dirán”, etc.

¿Qué es el “síndrome del cuidador”?

La acumulación durante un tiempo prolongado de todos los sentimientos descriptos anteriormente puede provocar el denominado “síndrome del cuidador”. Sus signos más evidentes son el agotamiento físico y psíquico, debido a que el cuidador tiene que afrontar una situación nueva que consume gran parte de su tiempo y energía; además, puede llegar a tener un sentimiento de culpa por no haber hecho las cosas mejor, incluso los que han sido formados para esta labor.

Por ello, es importante estar alerta ante situaciones de negatividad, enfado, irritabilidad, agotamiento, distanciamiento social, ansiedad, depresión, insomnio, falta de concentración o problemas de salud cuya causa haya sido provocada por esta situación (por ejemplo, dolores de cabeza frecuentes).

¿Todos los sentimientos que experimenta el cuidador son negativos?

Por supuesto que no. El cuidador también experimenta sentimientos positivos, como la satisfacción de cuidar a una persona mayor, ya que supone luchar por alguien a quien se quiere, a quien se desea expresar cariño e interés. A veces los cuidadores descubren que poseen unas cualidades que hasta entonces no conocían, y no son pocos los que manifiestan haber “evolucionado” como personas a través de las situaciones asociadas al cuidado.

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 En definitiva, se debe prestar una atención especial al entorno del cuidador, ya que mejorando su calidad de vida se proporcionará una mayor calidad en el cuidado de la persona mayor.

¿Como puede protegerse la salud del cuidador?

Es importante tener bien claro que si el cuidador se encuentra en un buen estado de salud, el cuidado que dará a la persona dependiente le será menos pesado y más agradable.

La ayuda, el reparto de responsabilidades, el apoyo emocional, el reconocimiento que recibe de los familiares, son factores que tienen una gran carga emocional. Es esencial que el cuidador principal sienta ese apoyo, pues evitará sentimientos de agobio, estrés y frustración.

Contar con una mayor flexibilidad laboral puede hacer más agradable la atención de cuidar, al disponerse de más tiempo para ello; también pueden ser muy importantes los apoyos que se pueda recibir de las instituciones, como ayudas económicas, programas de respiro, o ingresos temporales en residencias y Centros de Día.

Conocer  la enfermedad o impedimento de la persona dependiente, su posible evolución y complicaciones, también hace que el cuidado sea más efectivo.

¿Qué nos alerta sobre una pérdida de salud del cuidador?

Algunas situaciones pueden actuar como evidencia de que la tarea de cuidar a una persona dependiente empiece a hacer mella en la salud del cuidador. Suelen ser síntomas de alerta las siguientes situaciones:

  • Pérdida de energía, sensación de cansancio continuo, sueño.
  • Aislamiento.
  • Aumento en el consumo de bebidas, tabaco y/o fármacos.
  • Problemas de memoria, dificultad para concentrarse, bajo rendimiento en general.
  • Menor interés por actividades y personas que anteriormente lo tenían.
  • Aumento o disminución del apetito.
  • Enfados fáciles y sin motivos aparentes.
  • Cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo, irritabilidad y nerviosismo.
  • Dificultad para superar sentimientos de tristeza, frustración y culpa.
  • Tratar a otras personas de forma menos considerada de lo que se hacía  habitualmente.
  • Problemas en el lugar de trabajo.
  • Problemas económicos.
  • Menor afecto e interés hacia el familiar.
  • Castigos desproporcionados, trato despectivo o vejatorio hacia el familiar a nuestro cargo.
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¿Sabes pedir ayuda?

Si somos cuidadores debemos ser conscientes de que la situación que se nos plantea puede prolongarse durante años. Si necesitamos ayuda debemos pedirla cuanto antes, sin esperar a que los demás lo adivinen. Hay que expresar de forma clara y concreta el tipo de ayuda que necesitamos. Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino una forma excelente de cuidar de nuestro familiar y de nosotros mismos.

Es importante dejarse ayudar y enseñar por otros familiares, instituciones, o asociaciones. Muchos trastornos en el comportamiento de las personas dependientes vienen motivados por la permanencia durante largos periodos de tiempo en casa, sin haber acudido a centros o servicios adecuados a sus características, lo que provoca en muchas ocasiones un nivel de estimulación menor con la falta de actividad considerable.

Nuestra ayuda no es la única, ni tiene por qué ser la mejor. De esta forma, además de evitar conflictos familiares, se consigue más fácilmente que los demás colaboren con nosotros en el cuidado. Agradecer el apoyo recibido facilitará la continuidad de la ayuda. La responsabilidad de cuidar a un familiar no tiene por qué ser exclusivamente del cuidador, aunque también es cierto que no se pude obligar a nadie a asumir esa responsabilidad.

Es fundamental desechar pensamientos del tipo “Nadie puede cuidar de mi familiar mejor que yo”. Probablemente sea cierto pero, en general, existe un gran desconocimiento de la oferta de los servicios existentes y una actitud negativa respecto a su utilización. Existen asociaciones que ayudan al cuidador mediante programas de voluntariado, con acompañamiento o atención a personas dependientes, como Cruz Roja, Cáritas, CEOMA, la Asociación Española contra el Cáncer, la Asociación de Educación para la Salud (ADEPS) y Solidarios para el Desarrollo, entre otras. También es muy probable que tu Ayuntamiento tenga disponibles programas similares.

Si además, necesitas apoyarte en otro cuidador, consúltenos y le ayudaremos.

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