A las les gusta en general realizar una revisión de la vida y en especial la reminiscencia. En los mejores casos esta revisión produce un sentimiento de bienestar, serenidad y orgullo, con efectos adaptativos al contexto actual en que viven.

Esta tendencia de las a contar su propia historia, tiene efectos terapéuticos indudables, más allá que se produzca por fuera de los dispositivos psicoanalíticos o psicológicos – institucionales. Es así que cuanto más mayores son, cuanto más distancia hay entre el relato y los hechos, le permite al adulto mayor resignificar sus recuerdos e historizar su presente.

Estos comentarios surgen de la experiencia con y el en grupo, donde como “síntoma” de un buen envejecimiento, – “envejecimiento pleno” -, el anciano evoca experiencias autobiográficas, remitidas a eventos y personas o personajes significativos de su pasado, ligado a vínculos que portan una alta carga energética emocional y valorativa. La reminiscencia no es nostalgia, aunque ésta suele colarse entre las hebras del discurso, actuando como facilitadora del proceso de revisión de su propia historia.

La primera gran conclusión que podemos inferir cuando escuchamos con atención a las , es que no podemos hablar de vejez, sino de vejeces, porque el envejecimiento es un proceso diferencial y el discurso, es un producto simbólico que denota y connota este rasgo diferencial.

Las vejeces expresan diversidad y la diversidad expresa enriquecimiento a pesar y a favor de los años, no importa, porque la edad ha perdido peso como categoría explicativa y hoy, son otros los fenómenos del envejecimiento que ganan terreno. Varían los tiempos, varían las necesidades, varían los contextos. Todo cambia “y que yo cambie no es extraño”, se comprueba en nuestros adultos mayores de hoy que nos obligan a una revisión permanente y dinámica de la geriatría y la gerontología, que como ciencias, arte, disciplinas, deben estar en un constante actualización.

Si hay diferentes maneras de envejecer, es porque también hay diferentes modalidades de afrontamiento frente al envejecimiento y, diferentes respuestas adaptativas o des-adaptativas, cualquiera sea el espacio social en el que éstas emerjan.

Si el envejecimiento no es una entidad homogénea, es que no puede aislarse y esta implicado en los mecanismos sociales, en todos, incluyendo la distribución del poder y la riqueza que se juegue en la sociedad en que se produce. Es por eso que más allá de estos factores macro, existirán otros singulares, privativos de esas subjetividades que se expresan, que nos hablarán de una historia de estereotipos, atribuciones de roles y expectativas de conducta, que incluso se diferencian por cuestiones de género.

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Escuchar con atención, interpretar las necesidades y estar a la altura de las circunstancias es una responsabilidad del cuidador.

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