En España actualmente el número de enfermos de Alzheimer se mueve entre las 700 y 800.000 personas. Esta enfermedad sin curación es la forma más frecuente de demencia en mayores de 65 años y la tercera causa de muerte por detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Según la Sociedad Española de neurología (SEN), se estima que en 2050 uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años y cerca de un millón de sujetos estarán afectados por demencia.

La demencia conlleva una pérdida de las habilidades mentales que dificulta las actividades normales y cotidianas, con la consiguiente pérdida de independencia.

Un paciente necesita 70 horas a la semana de cuidados, siendo los familiares, en el 80% de los casos, los que se hacen cargo de los mismos. Además de la presión emocional, es la familia la que asume el coste de la enfermedad en un 87% de los gastos, siendo el 13% restante financiado a través de fondos públicos. (Unidad de investigación en enfermedad de Alzheimer y trastornos relacionados, centro Alzheimer, Fundación Reina Sofía)

En este sentido, las administraciones públicas deben hacer un esfuerzo para reducir el impacto socio sanitario, mediante la inversión en unidades de diagnostico precoz y tratamiento.

Periódicamente aparecen en los medios, noticias sobre medicamentos y algunas vacunas, basadas en experiencias con animales que no son trasladables a los seres humanos ni hasta el momento recomendables para el tratamiento de la enfermedad.

Es verdad, que existen terapias farmacológicas que funcionan en los primeros estadios de este mal degenerativo progresivo, pero es fundamental utilizar otras alternativas para retrasar la enfermedad y buscar soluciones de refuerzo y estimulación de la memoria. Los centros e instituciones de mayores, utilizan en España la estimulación física y cognitiva a través de numerosos recursos: la música, el arte, la horticultura son algunos de ellos y actualmente se plantea (como se hace en otros países de la U.E. y E.U.), el trabajo terapéutico con animales.

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Si se pudiese empezar a trabajar en la estimulación al aparecer los primeros síntomas de la demencia, podría evitarse inicialmente el uso de fármacos, con los consiguientes beneficios para las personas mayores y un menor coste sanitario para la sociedad.

 El jardín Terapéutico para pacientes con demencia no es un jardín cualquiera. Está planificado con dos intenciones principales: reforzar memorias del pasado y ayudar a crear nuevas memorias mediante la estimulación. En su diseño, incluimos elementos del lugar, reconocibles y familiares

Cerca de la naturaleza todos experimentamos relajación y confort e igualmente en los jardines, que no son sino espacios exteriores artificiales asociados a la naturaleza. Por tanto, si la intención en la planificación de los jardines es, además de la acogida, favorecer el movimiento, trabajar en la psicomotricidad, reforzar los recuerdos y apoyar las relaciones sociales, estamos hablando de “jardines terapéuticos”. En el caso de las personas mayores, colectivo” frágil y sensible”, estos jardines permiten muchas formas de estimulación, con los beneficios potenciales que de ellos se derivan.

¿Cuáles son los beneficios que pueden aportar el Jardín terapeútico para enfermos con demencia?

Dar un valor añadido a la estimulación cognitiva y al movimiento, gracias a los beneficios que el sol y el aire libre proporcionan a las personas: fijación del calcio, aumento del apetito, regulación del sueño, disminución de la agresividad y apatía…

Se ha demostrado que la luz natural, posee un efecto curativo y mejora la situación del enfermo. En este sentido, la arquitectura hospitalaria se ha ido transformando en los últimos 20 años, desde los grandes edificios, a configurarse mediante módulos de menor tamaño, separados por espacios y patios con ventanas que permiten pasar la luz.

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Por otra parte, a partir de las evaluaciones de Roger S. Ulrich, PH. D. (en los años 90), conocemos el valor de la vegetación en los entornos sanitarios como reductora del estrés, entre otros beneficios.

El jardín permite llevar a cabo la mayoría de las terapias establecidas, junto a otras que, con la ayuda de la vegetación se pueden programar: recorridos de interés, asociaciones entre colores y plantas, refuerzo de los esquemas espacial y temporal por el seguimiento de las estaciones, olores familiares, hidroterapia… etc.

Estos espacios exteriores deben proporcionar un circuito seguro y accesible, lleno de referencias e hitos visuales, entendibles para todos, con pasamanos y agarraderas, elementos de asiento, sombras y agua. La vegetación debe recoger la riqueza de las cuatro estaciones para la estimulación sensorial: plantas para ver, tocar y oler. Con la vegetación evocamos memorias agradables del pasado incluyendo variedades habituales en los jardines antiguos junto a otras propias del lugar.

 Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la disminución de la natalidad, el descenso de la mortalidad y el aumento en la esperanza de vida en los países desarrollados, generará un incremento exponencial de los individuos mayores de 65 años, y con ello un incremento de patologías ligadas a la edad, entre ellas la demencia.

La demencia produce una quiebra familiar y social, sin precedentes. La concienciación de toda la sociedad es una necesidad ineludible y urgente.

Los responsables sanitarios deben invertir en el diagnostico precoz y tratamientos. Si así se hiciera , según los cálculos de la Unidad de investigación en enfermedad de Alzheimer de la Fundación Reina Sofía citada más arriba, el retraso en la aparición de la EA en un año, mediante actividades preventivas, reduciría a nivel mundial en 12 millones el número de enfermos en 2050.

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Nuestra propuesta es llevar la naturaleza a los espacios exteriores de los centros y residencias de mayores. Esta alianza con la naturaleza, apoya, estimula y no exige retornos.

Este proyecto no solo beneficia a los mayores, también a los cuidadores principales, a la familia en general y al personal de apoyo y sanitario, favoreciendo la interacción social y generacional.

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