El cuidado de los pies es una parte fundamental del bienestar general, especialmente en personas con Alzheimer. A medida que la enfermedad progresa, las personas pueden experimentar dificultades de movilidad y problemas de salud que afectan sus pies. En este artículo, abordaremos la importancia del cuidado de los pies en personas con Alzheimer, las características del calzado adecuado y recomendaremos algunos productos que pueden ayudar a mejorar su calidad de vida.
El calzado es parte importante del vestir. Se usa para ofrecer protección y comodidad al pie. Puede tener distintas formas (botas, botines, sandalias, zapatos de vestir, zapatillas, chanclas, con tacón alto, medio o bajo…), estar fabricado con distintos tipos de materiales, y usarse con propósitos adicionales como decorar o embellecer el pie complementando el vestido, o facilitar la practica de actividades especificas relacionadas con el trabajo o la practica de deportes.
Generalmente son personas mayores que pueden presentar problemas en los pies como uñas deformadas o encarnadas, deformidades de los dedos, juanetes, pies planos, pies cavos, callos, ampollas, espolones…, que pueden tener menor fuerza muscular, menor movilidad y mayor rigidez articular, lo que provoca disminución del rango de movimiento del pie y del tobillo. También pueden tener dificultades en la percepción visual y táctil o para informar adecuadamente de las sensaciones de malestar, dolor o incomodidad que tienen. Todos estos problemas se pueden incrementar cuando la persona lleva un zapato estrecho, pesado, rígido o demasiado débil y que no le brinda estabilidad al tobillo.
En estudios recientes se ha demostrado que el uso de un calzado inapropiado puede influir en el equilibrio y en el consiguiente riesgo de resbalones, tropiezos y caídas, pues no solo altera la retroalimentación somato sensorial en el pie y el tobillo, sino que también modifica las condiciones de contacto entre el pie, el zapato y el suelo. También se incrementa el riesgo de caída en casa cuando la persona camina descalza o con calcetines, por lo que se recomienda usar zapatos en casa siempre que sea posible.
En una persona con demencia, el calzado, además de proteger el pie y complementar el vestido, debería ayudarle a caminar de forma cómoda y segura, disminuyendo la posible sobrecarga en las rodillas y aumentando la estabilidad y alineación de los tobillos y los pies. Con un calzado apropiado se puede facilitar la estimulación de la propiocepción en miembros inferiores durante el entrenamiento del cambio de posición de sentado a de pie, en el mantenimiento de la posición de pie y durante el entrenamiento de la marcha.
Características que debería reunir un calzado adecuado:
- Debe adaptarse al estilo de vida, complexión física y características personales de quien va a usarlo.
- Debe ser ligero y flexible para evitar la fatiga.
- Hecho con materiales suaves (preferiblemente piel) que faciliten la transpiración y mantengan temperatura adecuada en los pies. Con mínimas costuras interiores para evitar problemas de la piel por rozaduras.
- Contrafuerte (parte trasera del zapato) reforzado, cerrado, firme y bien ajustado al talón para dar soporte, evitar la desviación del talón, lesiones de tobillo y caídas.
- Punta de los zapatos amplia para dar más espacio a los dedos.
- Mejor cerrado alto sobre el empeine para que dé buen agarre al pie.
- Mejor con cierres adhesivos tipo velcro, situados sobre el empeine. Se facilita un ajuste adecuado y que la persona pueda poner y quitar sin o con mínima ayuda.
- Preferiblemente con plantilla interior removible, de materiales blandos, que disponga de un realce interno para el arco longitudinal interno, con perforaciones bajo los dedos y la bóveda plantar para que el pie no sude.
- Suela antideslizante, de goma gruesa y blanda (acolchada), por su capacidad para absorber la fuerza del impacto del pie contra el suelo al caminar. Con el grosor suficiente para que no puedan penetrar objetos agudos o producirse lesiones al pisar piedras (por ejemplo, al ir paseando por la calle).
- Tacón ancho y bajo: 2-3 cm.
Para asegurarse de que le quedan bien conviene:
- Recordar que el calzado debe adaptarse a la forma del pie y no al contrario.
- Probarlos con el tipo de calcetín o media que usa habitualmente la persona, preferiblemente por la tarde.
- La talla es fundamental. Debe comprobar que está cómodo, que el talón está bien calzado, que el dedo gordo no se monta en los demás y que estos se pueden mover.
- Comprobar el largo colocando el pie hacia delante dentro del zapato. Los dedos no deben tocar la parte de arriba de la puntera.
- Probar una talla mayor o menor si le parece estrecho o ancho. Si el talón tiende a salirse al flexionar el calzado o al andar es que el zapato le queda muy suelto. Si se forman arrugas o puede pellizcar material en el empeine es que le queda ancho. Si se forman bultos en los laterales es que el zapato aprieta demasiado.
- Procurar que la persona camine con los zapatos puestos en ambos pies.
Adquiera la costumbre de ofrecerle a la persona con Alzheimer calcetines sin costura para evitar abrasiones y rozaduras, y revise el interior del zapato antes de ponerlo por si hubiera algo que pudiera provocar una lesión.
Recuerde que el calzado debe ser seguro en casa y al aire libre, tanto en verano como en invierno.
El cuidado de los pies en personas con Alzheimer es esencial para mantener su movilidad, prevenir lesiones y mejorar su calidad de vida. Elegir el calzado adecuado que ofrezca soporte, comodidad y seguridad puede marcar una gran diferencia. Los productos recomendados en este artículo están diseñados para satisfacer estas necesidades específicas y están disponibles en Amazon para una compra conveniente.
Cuidar de los pies de nuestros seres queridos con Alzheimer no solo mejora su bienestar físico, sino que también contribuye a su tranquilidad emocional y su calidad de vida en general.
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