El proyecto se ha gestado en el seno de la UE por un grupo de investigadores de varios países miembros y pretende ser un soporte adicional para el cuidado de ancianos y personas dependientes, que llegará a los hogares en dos o tres años.

La población europea envejece a un ritmo acelerado. Según los datos, la edad media de la Unión Europea era de 41,2 % en 2011, y está previsto que y aumente hasta el 47,6 % en el año 2060. Igualmente, el número de personas mayores de 65 años se duplicará para entonces y alcanzará al 29,5% de la población; mientras que el porcentaje de personas que superarán los 80 años se triplicará para 2060.

Ante esta perspectiva, y siendo conscientes de que muchas personas deberían estar bajo la tutela de profesionales, pero, en la mayoría de los casos, los cuidadores son miembros de la familia sin experiencia, incluso acompañantes que también tienen una eleva edad, se han planteado la creación de estos robots que cuentan con un alto grado de personalización y supondrán un aporte adicional al cuidado de ancianos.

Los androides son inalámbricos, se mueven mediante un sistema de ruedas e incluyen cámaras, sensores, audio y una pantalla táctil. Su funcionamiento se basa en patrones de comportamiento que van a prendiendo con el uso, aunque también se puede realizar una configuración previa de las necesidades de los ancianos, y pueden sugerir a los usuarios que tomen su bebida favorita, recordarles si tomaron sus medicinas o animarles a salir a dar un paseo.

Los trabajos de desarrollo llevarán alrededor de tres años meses a los investigadores, universidades y compañías tecnológicas implicadas y forman parte del proyecto europeo MOBISERV (An integrated intelligent home environment for the provision of health, nutrition and well-being services to older adults), que recibe 2,75 millones de euros para la investigación desde la Comisión Europea.

En el futuro, se está trabajando en la incorporación de tejidos inteligentes que puedan llevar puestos los ancianos, como vestidos o sábanas y que incluyan un detector de señales vitales; de modo que, si se produce algún fallo, incluso durante las horas de descanso, salten las alarmas, y el robot pueda realizar la llamada correspondiente a los servicios de emergencia.

Por el momento, el prototipo tiene un valor de 10.000 euros, pero se espera que los costes disminuyan hasta los 5.000 euros cuando llegue a su fase de comercialización.

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