El envejecimiento de la población es uno de los mayores triunfos de la humanidad y también uno de nuestros mayores desafíos. Al entrar en el siglo XXI, el envejecimiento a escala mundial impondrá mayores exigencias económicas y sociales a todos los países. Al mismo tiempo, las personas de edad avanzada ofrecerán valiosos recursos, a menudo ignorados, que realizarán una importante contribución a la estructura de nuestras sociedades.

La Organización Mundial de la Salud sostiene que los países podrán afrontar el envejecimiento si los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil promulgan políticas y programas de “envejecimiento activo” que mejoren la salud, la participación y la seguridad de los ciudadanos de mayor edad. Ha llegado el momento de hacer planes y actuar.

“El envejecimiento de la población es, ante todo y sobre todo, una historia del éxito de las políticas públicas de salud, así como del desarrollo social y económico”. Gro Harlem Brundtland, Directora General de la Organización Mundial de la Salud, 1999.

En todos los países, y sobre todo en los países en vías de desarrollo, las medidas para ayudar a que las personas mayores sigan sanas y activas son más que un lujo, una auténtica necesidad. Esto adquiere especial relevancia como logro o quimera, ante la imposibilidad de haber obtenido “SALUD PARA TODOS EN EL AÑO 2000”.

Envejecimiento activo: concepto y justificación

Si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de salud, participación y seguridad. La Organización Mundial de la Salud utiliza el término “envejecimiento activo” para expresar el proceso por el que se consigue este objetivo.

El envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. Este concepto se aplica tanto a los individuos como a los grupos de población.

Permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia.

El término “activo” hace referencia a una participación continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo o participar en la mano de obra.

Las personas ancianas que se retiran del trabajo y las que están enfermas o viven en situación de discapacidad pueden seguir contribuyendo activamente con sus familias, semejantes, comunidades y naciones. El envejecimiento activo trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, incluyendo aquellas personas frágiles, discapacitadas o que necesitan asistencia.

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El término “Salud” se refiere al bienestar físico, mental y social expresado por la OMS
en su definición de salud. Por lo tanto, en un marco de envejecimiento activo, las políticas y los programas que promueven las relaciones entre la salud mental y social son tan importantes como los que mejoran las condiciones de salud física.

Mantener la autonomía y la independencia a medida que se envejece es un objetivo primordial, tanto para los individuos como para los responsables políticos. En este contexto son importante algunas definiciones:

Si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de salud, participación y seguridad. La Organización Mundial de la Salud utiliza el término “envejecimiento activo” para expresar el proceso por el que se consigue este objetivo.

El envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. Este concepto se aplica tanto a los individuos como a los grupos de población.

Permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia.

El término “activo” hace referencia a una participación continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo o participar en la mano de obra.

Las personas ancianas que se retiran del trabajo y las que están enfermas o viven en situación de discapacidad pueden seguir contribuyendo activamente con sus familias, semejantes, comunidades y naciones. El envejecimiento activo trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, incluyendo aquellas personas frágiles, discapacitadas o que necesitan asistencia.

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El término “Salud” se refiere al bienestar físico, mental y social expresado por la OMS
en su definición de salud. Por lo tanto, en un marco de envejecimiento activo, las políticas y los programas que promueven las relaciones entre la salud mental y social son tan importantes como los que mejoran las condiciones de salud física.

Mantener la autonomía y la independencia a medida que se envejece es un objetivo primordial, tanto para los individuos como para los responsables políticos. En este contexto son importantes algunas definiciones:

  • Autonomía: es la capacidad percibida de controlar, afrontar y tomar decisiones personales acerca de cómo vivir al día de acuerdo con las normas y preferencias propias.
  • Independencia: capacidad de desempeñar las funciones relacionadas con la vida diaria, es decir, la capacidad de vivir con independencia en la comunidad recibiendo poca ayuda, o ninguna, de los demás.
  • Calidad de vida: es la percepción individual de la propia posición en la vida dentro del contexto del sistema cultural y de valores en que se vive y en relación con sus objetivos, esperanzas, normas y preocupaciones. A medida que las personas envejecen, su calidad de vida se ve determinada en gran medida por su capacidad para mantener la autonomía y la independencia.
  • Esperanza de vida saludable: pudiera homologarse como esperanza de vida libre de discapacidad, en donde el marcador de salud pasa a ser la función conservada, más importante incluso que la presencia o no de enfermedad.

Este último punto es tan importante, que desde mi personal perspectiva considero que en la medida que un adulto mayor pierde función, o cae en disfunción, se acerca a la defunción. Bajo esta misma perspectiva, estamos viviendo el fracaso del éxito, ya que hemos prolongado años de vida, pero no años libres de discapacidad.

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En suma, existen elementos “antídotos” de la discapacidad, los cuales mantienen la autonomía. Los más conocidos son la nutrición adecuada y el ejercicio, que juegan un rol determinante en la masa muscular, uno aportando proteínas y el otro, el estímulo para que esas proteínas formen músculo y mantengan la producción de hormona de crecimiento.

Por lo tanto, el músculo es el motor de la función, y con este juego de palabras se entiende mucho mejor el concepto del fenotipo de un adulto mayor frágil, que corresponde a una persona vista como desnutrida, aunque en realidad su mayor problema es más global, dado que está atrófica o sarcopénica.

Basados en la importancia de los estilos de vida adquiridos, es crucial generar conciencia de que la independencia y la solidaridad intergeneracional, que se refiere a dar y recibir de manera recíproca entre individuos, así como entre generaciones de viejos y jóvenes, son principios importantes del envejecimiento activo.

El niño de ayer es el adulto de hoy y será la abuela o abuelo de mañana. La calidad de vida que disfrutarán como abuelos dependerá de los riesgos y las oportunidades que experimenten a través de toda su vida, así como de la forma en que las generaciones sucesivas se proporcionen ayuda y soporte mutuo cuando sea necesario.

Por lo tanto, debemos crear un voluntariado nacional sin color ni religión, que responda a estas necesidades conjugando la palabra solidaridad. De esta manera, el modelo a recordar no será el “viejo enfermo” del siglo XX; en el siglo XXI, los niños crecerán viendo “viejos activos”.

A la luz de este desafío, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, adelantándose a las propuestas globales que fueron planteadas en la segunda Asamblea Mundial del Envejecimiento, realizada en Madrid en el 2002, donde se realizó un llamado a los gobiernos del mundo para tener propuestas de Envejecimiento Activo desarrolladas para el año 2010, a la fecha lleva tres años dictando un curso de Envejecimiento Activo dentro de la Universidad para la Tercera Edad de dicha casa educacional .

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