En España existen más de dos millones de personas que cuidan a un familiar en situación de discapacidad o dependencia. Pero afrontar estos cuidados suele originar efectos adversos en la vida económica y laboral de los/as cuidadores/as, restringe sus posibilidades relacionales y de ocio y puede ser causa de enfermedades, en especial, de estados depresivos.

Los cuatro pilares del cuidador

Primera regla: “NO SE SIENTA CULPABLE”

  • Cuidar a un ser querido afectado por la demencia de Alzheimer supone una extraordinaria sobrecarga física y psíquica.
  • Con frecuencia, se notará agotada/o, tanto en sus fuerzas corporales como a nivel emocional: sentirá ganas de llorar y de “tirar la toalla”.
  • Es normal, en la situación que usted esta viviendo, en mas de una vez se enfadará, perderá los nervios y tratará de malos modos al enfermo que atiende. No se sienta culpable por ello, tendría que ser una persona con una ener­gía fuera de lo normal para no incurrir nunca en estos fallos, y esto no sería tampoco natural. Considérese “una o uno mas” y siéntase solidaria/o – satisfecho por ello.
  • Tampoco se sorprenda ni alarme porque en alguna ocasión se le haya ocu­rrido pensar que (su familiar o persona a su cargo) se muriera” o porque, incluso, haya llegado a desearlo con cierta intensidad. Se trata de una reacción normal en situaciones de estrés prolongado y constante. No indi­ca que usted “este perdiendo la cabeza” o que usted sea una mala perso­na: es, simplemente, un mecanismo de defensa normal ligado a su propio instinto de supervivencia. Acéptelo con serenidad y con total calma. Tampoco se sienta culpable por este motivo.
  • Finalmente, despreocúpese totalmente de lo que puedan pensar los demás acerca de las atenciones y cuidados que presta a la persona allegada enferma. Atiéndala lo mejor que sepa y pueda, y olvídese de las opiniones de la gente qua, a buen seguro, no puede “estar en su pellejo
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Nadie tiene derecho ni capacidad para juzgarle, salvo usted misma/o. Sea usted un juez benigno para consigo misma/o. Esta haciendo un esfuerzo enco­miable por el bien del ser humano que cuida y en beneficio de toda la comunidad en la que vive.

Segunda regla: “SIGA VIVIENDO SU VIDA”

  • Por nada del mundo reduzca su existencia a cuidar a la persona enferma de Alzheimer.
  • Resultaría muy negativo para su salud y para su futuro y, además, acabaría teniendo que cuidarse de sí mismosi usted no mantiene una vida personal completa.
  • No abandone sus amistades ni aficiones. Quizá tenga que reducir el tiempo que dedica a las mismas, pero nunca las abandone.
  • Cuide su trabajo, sus relaciones afectivas, sus actividades periódicas y per­sonales, el trato con su familia, sus tiempos de reflexión y todo lo que pre­cise para sentirse llena/o. En definitiva, sea feliz con su existencia.
  • Repase a menudo su proyecto de vida, entienda que quizá el mismo este en estas momentos ralentizado por la tarea de cuidar al enfermo de Alzheimer que ahora le corresponde hacer, pero no lo pierda de vista. Trabájelo, imagíneselo en el futuro, mímelo y ámalo con serenidad y esperanza. Debe ser su “gran ilusion”.
  • Esté siempre lista/o y alerta para retomar su argumento de vida en cuanto finalice su compromiso de cuidador. No se trata de una postura egoísta por su parte, ni va usted a pecar por ello de individualismo. Usted tiene que ser fiel a su vocación personal y debe cuidar su individualidad, con el mimo esmero y afán con el que, provisionalmente, se dedica al enfermo a su cargo. De otro modo, estaría abocado al vacío existencial y a una vida sin sentido, deshumanizante e impersonal.
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 Tercer regla: “CUIDAR ES SÓLO UNA TAREA PASAJERA”

  • No se convierta en un mártir del cuidado.
  • Atender, apoyar y ayudar a un ser humano enfermo as una Bonita tarea, en la que puede desarrollar toda su capacidad de amar. Con ello, enriquecerá al enfermo y se cultivará personalmente.
  • No caiga en el gravísimo error de que su cuidado reclame toda su atención y toda su energía. Hay, y debe haber, otras muchas cosas en su vida que también merecen su esfuerzo y atención.
  • Cuidar a su enfermo nunca puede constituirse en el sentido de su vida. Significaría reducirla y anularla.
  • La vida humana comprende muchas y numerosas tareas variadas y de todo tipo. Es el conjunto de todas ellas, con sus particularidades y sus significados, lo que se constituye en la linea maestra de toda su vida, y lo que le va a ayudar a desarrollar todas sus posibilidades y a convertirse en lo que verdaderamente puede llegar a ser. Su obra sera la culminación de todas las tareas, bien orquestadas, realizadas a lo largo de toda su vida: la de cuidar a su enfermo, sera una mas, importante sin duda, pero no la única.
  • No se olvide nunca de que su vida se realiza en tiempo por llegar, y muchos logros. Cuando se note fatigada/o, ilu­siónese con esta idea y confór­tese con su consideración. No pierda nunca de vista que usted siempre tiene “una vida por delante”, breve o larga, que vivir, afrontar y culminar.
  • Cuando falte la persona a quien cuida, usted tendrá que continuar: no se cie­rre ningún camino.

 Cuarta regla: “RELÁJESE Y DISTRAÍGASE”

  • Mientras Lleguen “tiempos mejores”, usted necesita protegerse y cuidarse.
  • Es obvio que atender a un enfermo de Alzheimer resulta una tarea dura, ingrata y terriblemente sacrificada. Trate de aliviarla un poco con dos sen­cillas estrategias universales: distrayéndose (es decir, llevando su atención a otros temas y ocupando su mente con otros contenidos, aunque solo sea pasajero) y relajándose.
  • Ambas cosas resultan imprescindibles para mantener su equilibrio emocio­nal y para evitar la fatiga psíquica.
  • De vez en cuando, tómese un respiro. Vaya a ver algún espectáculo, quede con sus amistades, realice algún pequeño viaje, interésese por lo que dicen los medios de comunicación acerca de de lo que ocurre en el mundo, enfrásquese en algún juego o actividad, o en cualquier actividad, pero lo más importante, tome oxígeno fuera del ámbito del cuidado directo de la persona enferma de Alzheimer.
  • Al menos una vez por semana, tiene que hacer una peque­ña “escapada” y todos los días necesita “des­conectar” algún rato del angustioso mundo del cuidador de enfermos de Alzheimer.
  • Incluso cuando este cerca del enfermo, trate de relajarse cada cierto tiempo. Logre que sus músculos no se contracturen: así se can­sará menos y resistirá mejor la sobrecarga.
  • Si entra dentro de sus posibilidades (esfuércese en ello) procure pasear a diario por lo menos media hora y acuda una o dos veces por semana a alguna sesión de yoga o a algún grupo de relajación. Le facilitara adquirir habilidades para controlarse mejor y poder relajarse en medio de las tareas de cuidado al enfermo.
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Cuidar a un Enfermo de Alzheimer no implica renunciar a su vida personal.

Busque su felicidad dentro de un proyecto de vida rico y variado, incluyendo en él lo que está haciendo como cuidador.

No priorice su atención al enfermo de Alzheimer como la más importante en su vida actual o futura: sepa situarlo en su lugar exacto.

Viva esta difícil tarea con serenidad y paz. Sepa que es algo transitorio y que lo importante está en su futuro: cuídelo también, incluso más que a su enfermo.

 

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