Enfermedad del Parkinson: Preguntas y respuestas

Enfermedad del Parkinson: Preguntas y respuestas

Pertenece a los trastornos del sistema motor. La enfermedad del Parkinson es una enfermedad del sistema nervioso central, neurológica, degenerativa, crónica, contínua a lo largo de la vida de una persona y progresiva, empeorando sus síntomas con la edad. Afecta a aquellas zonas del cerebro que se encargan del control y la coordinación del movimiento, el equilibrio, del tono muscular y la postura. Está caracterizada por temblor el cual es máximo durante el reposo, retropulsión (es decir, tendencia a caerse hacia atrás), rigidez, postura estática, lentitud de los movimientos voluntarios, y expresión facial en máscara. Las características patológicas incluyen pérdida de las neuronas que contienen melanina de la sustancia nigra y de otros núcleos pigmentados del tallo cerebral. Los Cuerpos de Lewy están presentes en la sustancia nigra y en el locus coeruleus y puede también encontrarse en una condición relacionada caracterizada por demencia en combinación con grados variables de parkinsonismo.

¿Cuáles son las causas del Parkinson?

La etiología de la enfermedad de Parkinson es desconocida aunque se conocen diferentes factores que pueden aumentar la probabilidad de su aparición. Probablemente esta enfermedad sea multifactorial.

  • Degeneración de las neuronas de una zona del cerebro, llamada sustancia negra del mesencéfalo (ganglios basales y área extrapiramidal.
  • Disminución de un neutrotransmisor, «Dopamina», que hace que las personas que la padecen no sean capaces de dirigir y controlar adecuadamente sus movimientos. La dopamina está implicada en la transmisión de impulsos.
  • La causa de esta degeneración se desconoce en la actualidad aunque se investiga de forma activa para encontrarla.
  • Daño oxidativo.
  • Algunos autores creen que existe un cierto patrón hereditario, otros creen que su origen está en la presencia de tóxicos externos, traumatismo craneoencefálico anterior, alteración metabólica degenerativa, componentes infecciosos (muy improbable).
  • Drogodependencias.
  • Abuso de medicamentos.
  • Envejecimiento acelerado.
  • Factores ambientales.
  • Causas autoinmunes.

¿A quién afecta el Parkinson?

La aparición de esta enfermedad es independiente del sexo y de factores sociales, económicos y geográficos. Pero sí está relacionada con la edad de la persona, de manera que suele comenzar en torno a los 50 y 65 años, aumentando la probabilidad y el número de casos entre los 70 y 80 años, por lo que la incidencia aumenta con la edad. Aunque también puede comenzar en edades más tempranas.

¿A cuántas personas afecta la enfermedad del Parkinson?

Afecta a más de 4 millones de personas en todo el mundo. En España hay cerca de 100.000 personas que padecen la enfermedad. Es la segunda enfermedad degenerativa que aparece con mayor frecuencia en personas de 65 años o más.

¿Qué síntomas pueden estar presentes en la enfermedad del Parkinson?

La enfermedad suele iniciarse de forma sutil y paulatina, por lo que es muy importante en estos momentos el papel de la familia, amigos, vecinos, etc., para detectar o sospechar que algo puede estar pasando. Ellos son los primeros que pueden darse cuenta de algunos o todos los síntomas que presente la persona.

  • Temblores: en las manos sobre todo, los brazos, las piernas, la mandíbula y la cara. Es el síntoma más conocido. Son más evidentes cuando está relajado, disminuyen cuando se realizan movimientos voluntarios y se incrementa su intensidad cuando la persona se activa emocionalmente. Estos temblores pueden tener diferentes intensidades. Puede llegar a interferir en la realización de actividades de la vida diaria. No en todas las personas con enfermedad de Parkinson están presentes los temblores.
  • Rigidez muscular en las extremidades y el tronco: hipertonía muscular, resistencia o falta de flexibilidad para mover pasivamente las extremidades.
  • Bradicinesia o lentitud de movimiento: lentitud al iniciar el movimiento, inexpresión facial, lentitud y torpeza en la realización de movimientos involuntarios (parpadear, tragar, balancear los brazos al caminar) y voluntarios (vestirse, levantarse de una silla, escribir). La progresión de este síntoma finaliza en la falta de movimiento.
  • Acinesia.
  • Hipocinesia: reducción de la amplitud del movimiento.
  • Inestabilidad de la postura: suelen presentar una inclinación del tronco y la cabeza hacia delante, los codos y rodillas están encogidos. Suelen presentar postura encorvada.
  • Trastornos del equilibrio y la marcha, se pueden producir caídas. La marcha se realiza a pequeños pasos, donde pueden aparecer episodios de bloqueo (se produce una sensación de que los pies se pegan al suelo) y también se puede marcha con pasos cortos y rápidos (festinación). Tienen dificultades para andar (p.ej., les cuesta empezar a andar, muestran poca estabilidad cuando están parados). Reflejos alterados.
  • Dificultad para mantener la boca cerrada.
  • Acatisia, muestran incapacidad de estar sentado sin moverse.
  • Hipocinesia, falta de movimientos.
  • Si un movimiento no se termina tiene dificultades para reiniciarlo, o terminarlo.
  • Movimiento de los dedos como si estuvieran contando dinero.
  • Voz de tono bajo, y monótona.
  • Habla lenta.
  • En ocasiones está presente deterioro cognitivo.
  • Problemas de memoria.
  • Escritura: pequeña e ilegible (micrografía). Pérdida de la capacidad motriz fina.
  • Depresión: tendencia a experimentar episodios de depresión. Es un problema común. Puede aparecer en fases tempranas de la enfermedad. Puede tratarse eficazmente con medicamentos antidepresivos y apoyo psicológico. Puede deberse a una mala adaptación a la enfermedad, a efectos secundarios de la medicación o a la propia enfermedad.
  • Alteración del estado de ánimo.
  • Ansiedad, angustia o trastorno de pánico.
  • Preocupación.
  • Ira, enfado.
  • Incapacidad para tolerar la frustración.
  • Estreñimiento.
  • Pérdida de energía.
  • Incontinencia urinaria.
  • Dificultad para masticar y tragar. Esto puede provocar una producción excesiva de saliva.
  • Problemas para dormir, especialmente:
  • Fragmentación del sueño.
  • Despertares precoces.
  • Calambres nocturnos.
  • Dolor.
  • Pesadillas.
  • Deterioro del funcionamiento motor durante la noche.
  • Pérdida del control de su vida.
  • Fatiga, cansancio crónico.
  • Aislamiento social.
  • Problemas sexuales.
  • Problemas de pareja.
  • Alucinaciones y delirios.
  • Dolores musculares o de las articulaciones.
  • Trastornos oculares.
  • Trastornos del habla.
  • Trastornos de la deglución.
  • Trastornos sensoriales.
  • Disminución de la calidad de vida.
  • Aumento de la mortalidad asociada a las dificultades que puedan surgir.

Estos síntomas pueden aparecer aislados o combinados, pueden ser más frecuentes en una parte del cuerpo determinada y, alguno de ellos puede predominar por encima de los otros. Además, hay que tener en cuenta que los síntomas varían de una persona a otra.

¿La enfermedad del Parkinson tiene etapas?

Hohen y Yhar establecen 5 estadíos que marcan el prgreso de la enfermedad:

  • No hay signos de enfermedad.
  1. Síntomas leves, afectan únicamente a una mitad del cuerpo.
  2. Síntomas bilaterales, sin trastorno del equilibrio.
  3. Inestabilidad postural, síntomas notables, pero la persona es físicamente independiente. Síntomas leves y moderados.
  4. Incapacidad grave, aunque la persona aún puede llegar a andar o estar de pie sin ayuda.
  5. Necesita ayuda para todo. Pasa el tiempo sentado o en la cama.

¿Qué hacer ante la sospecha de tener Parkinson?

Lo más importante es la derivación a un neurólogo para la valoración y prescripción de tratamiento si procede.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad?

El diagnóstico en las primeras fases es bastante difícil ya que los síntomas pueden ser muy sutiles, leves, poco específicos y confusos. En algunos casos los síntomas pueden confundirse con otros trastornos, por lo que hay que diferenciar bien los síntomas de otras enfermedades. El diagnóstico se basa en la historia médica y en el examen neurológico.

¿Qué pronóstico tiene la enfermedad del Parkinson?

Si la enfermedad no es tratada provoca dependencia e incapacidad en la persona que la padece provocanco deterioro general de las funciones cerebrales y puede conducirle a una muerte prematura.

Cuando la enfermedad es tratada se produce una mejoría de los síntomas que variará en función de la tolerancia a los diferentes tratamientos y a la eficacia de cada uno de ellos. El temblor es el síntoma principal de esta enfermedad.

Pueden surgir problemas en el tratamiento como:

  • Movimientos involuntarios
  • Nauseas o vómitos
  • Sequedad de mucosas
  • Cambios en comportamiento
  • Desorientación o confusión mental
  • Alucinaciones
  • Perdida de funciones mentales

¿Cómo es la evolución de esta enfermedad?

Esta enfermedad afecta de forma diferente en cada persona. En la mayoría de los casos se produce una progresión lenta, lo que implica que durante los primeros años la interferencia de ésta con la vida diaria de la persona que la padece es mínima. Incluso algunos síntomas se mantienen estables durante períodos largos de tiempo. No obstante, en otras ocasiones puede evolucionar más rápidamente.

Para conseguir que las personas con esta enfermedad lleven una vida lo más independiente y activa posible, teniendo en cuenta las limitaciones derivadas de la misma, es importante la utilización de los medicamentos adecuados para el control de sus síntomas, tanto en la velocidad con que se producen como en su intensidad, en función de la fase en la que se encuentre, así como también la aceptación y adaptación a la enfermedad.

¿Qué tratamiento/s pueden ponerse en marcha frente a la Enfermedad del Parkinson?

En la actualidad la enfermedad de Parkinson todavía no tiene cura, no obstante se pueden poner en marcha diferentes tipos de tratamientos que conduzcan a un buen control de los síntomas y a una mejor calidad de vida de la persona que la padece.

Farmacológico:

En la actualidad esta enfermedad puede ser controlada y tratada eficazmente a través del uso de medicamentos útiles para el control de la mayor parte de los síntomas aunque no se elimine la causa.

De todas formas es importante tener en cuenta que cada enfermo de Parkinson va a precisar un tratamiento farmacológico individualizado, en función de los síntomas que presente en cada fase de la enfermedad; no existe un tratamiento estándar que se pueda generalizar por igual a todos los enfermos afectados de Parkinson. Cada persona con esta enfermedad presenta unas características distintas que además varían en función de la evolución de la enfermedad por lo que se deberá adecuar el tratamiento farmacológico continuamente.

Existen varios grupos de medicamentos útiles en el tratamiento de esta enfermedad del parkinson

Anticolinérgicos:

Se utilizaban de forma prioritaria hasta que aparece la Levodopa.

Alivian el temblor y la rigidez.

Reducen el exceso de producción de saliva.

Tienen un efecto menor sobre la lentitud de los movimientos.

Especialmente útil en el parkinsonismo inducido por drogas.

Efectos secundarios más frecuentes: Sequedad de boca | Estreñimiento | Visión borrosa | Trastornos de memoria | Cambios en la actividad mental | Retención de orina | Alucinaciones | Confusión

Amantadina:

Se utiliza para tratar el temblor.

A menudo se toma sólo en las etapas iniciales de la enfermedad o junto con medicamentos anticolinérgicos o con la levodopa…

Levodopa:

También se llama L-dopa.

Es una sustancia precursora de la dopamina

Es el fármaco mas eficaz utilizado para el control de la enfermedad.

Mejora positivamente la calidad de vida de la persona con enfermedad de Parkinson.

Produce una mejora en todos los síntomas de la enfermedad (especialmente en lo que se refiere a la bradicinesia y la rigidez muscular), aunque es menos eficaz para controlar los temblores, los problemas de equlibrioy las alteraciones de la postura.

Tras 3-5 años de tratamiento va perdiendo efectividad.  No obstante es importante tener en cuenta algunos aspectos relacionados con la administración de este fármaco y la alimentación de estas personas:

Este fármaco se absorbe en el intestino por lo que es necesario no tomarla junto a las comidas ya que su efecto puede verse disminuido. No obstante en caso de que esto provoque consecuencias negativas (p.ej., nauseas) en la persona será preferible su ingestión junto con la comida.

Es incompatible con las proteínas que contienen los alimentos (carne, pescado, huevos, leche, queso, etc.) ya que ambos utilizan el intestino como vía de absorción, afectando al nivel de levodopa que pasa a sangre. En los momentos del día en los que se desee tener una buena movilidad (durante el día) es preferible consumir una dieta baja en proteínas y dejar su consumo para otro momento del día (por la noche, por ejemplo).

Agonistas dopaminérgicos:

El más conocido y utilizado es la bromocriptina (Parlodel).

Imita el papel de la dopamina, el cerebro hace que las neuronas reaccionen de la misma forma que lo harían ante dicha sustancia.

Efectos secundarios: náuseas | estreñimiento | hipotensión arterial ocasional | paranoia | alucinaciones | confusión | discinesias | vómitos.

Si se utiliza junto con la levodopa permite reducir la gravedad de los efectos secundarios de ésta y es un buen complemento de su efecto.

Se puede utilizar en las fases iniciales de la enfermedad o iniciarse posteriormente

Suele ser menos eficaces que la levodopa en controlar la rigidez y la bradicinesia.

Selegilina:

También se conoce como deprenil.

Posible efecto en el retraso de la evolución de la enfermedad.

Retrasa hasta un año o más la necesidad de utilizar la levodopa.

 

Control de la nutrición en cada etapa de la enfermedad y tener en cuenta que una dieta con niveles de proteínas muy elevados puede limitar la eficacia de la levodopa.

Realización de ejercicio físico

El ejercicio puede ayudar a estar personas a mejorar su movilidad. La realización de ejercicio físico en combinación con la medicación puede mejorar la calidad de vida de la persona con esta enfermedad. Estos ejercicios tendrán como objetivo fortalecer los músculos, mejorar el equilibrio, mejorar el habla y la deglución, el bienestar emocional. Los ejercicios no detienen la progresión de la enfermedad pero puede influir positivamente en una mayor autonomía por parte de estas personas.

Tratamiento fisioterapéutico

Tratamiento logopédico

Alimentación adecuada

Terapia ocupacional

Hidroterapia

Diseño ambiental

Masajes

Tratamiento psicológico y apoyo

Como por ejemplo grupos de apoyo a los que pueden acudir tanto las personas con enfermedad de Parkinson como sus familiares.

Procedimientos quirúrgicos ante la enfermedad del Parkinson

¿Cómo actúan las personas ante el diagnóstico de enfermedad de Parkinson?

Algunos niegan la presencia de la enfermedad, cuestionan el diagnóstico, van de un especialista a otro esperando que el diagnóstico no sea correcto, no se lo dicen a nadie, lo ocultan, etc.

La negación actúa como barrera para buscar un tratamiento y apoyo adecuado.

La adaptación a la enfermedad es difícil para la persona que la padece y para el entorno que lo rodea.

¿Es lo mismo el temblor que aparece en la enfermedad de Parkinson y el temor esencial?

Son síntomas distintos. El temblor esencial es bastante común entre las personas mayores, aunque puede comenzar a cualquier edad. Y es relativamente fácil su diferenciación del temblor típico de la enfermedad de Parkinson. Mientras el temblor en la enfermedad de Parkinson generalmente afecta a una mano, el temblor esencial normalmente afecta a ambas manos por igual y con frecuencia de acompaña de temblor de la cabeza y voz temblorosa.

 ¿Cómo puede la enfermedad de Parkinson afectar a la vida diaria?

Muchas personas con enfermedad de Parkinson son capaces de realizar independientemente actividades de la vida diaria. Los síntomas asociados a esta enfermedad como temblor, rigidez, lentitud en el movimiento y problemas de equilibrio, empeoran con el paso del tiempo y pueden dificultar la realización de actividades como entrar y salir de la bañera, levantarse de una silla o caminar. Algunas personas notan que les lleva más tiempo realizar tareas de autocuidado o que tienen que aprender nuevas formas de hacer esas tareas.

Si una persona con Parkinson tiene problemas para realizar actividades de la vida diaria debe consultar con su médico de Atención Primaria.

Recomendaciones para el baño:

  • Las sillas o asientos adaptados para la bañera permiten que la persona pueda estar sentada mientras se baña.
  • La bañera debe disponer de pasamanos o asideros que permitan a la persona sujetarse adecuadamente al entrar y salir de la bañera. Nunca se debe utilizar como asidero un toallero, una jabonera o los grifos.
  • Reemplace la mampara de la ducha por cortinas que facilitan la entrada y salida de la bañera.
  • Fijar las alfombras al suelo del baño para evitar resbalar y caerse o colocar alfombras antideslizantes.
  • Colocar una luz nocturna en el baño.
  • Si vive solo o está solo, tener un teléfono inalámbrico en el baño con el que poder llamar para pedir ayuda en caso de necesitarla.

Recomendaciones para el aseo:

La rigidez y el temblor presentes en la enfermedad de Parkinson pueden dificultar el manejo de cepillos de dientes, cuchillas y secadores de pelo. Para la realización de estas actividades podría ayudar:

  • Sentarse para cepillarse los dientes, afeitarse o secarse el pelo. Estar sentado no sólo reduce el riesgo de caídas sino que también ayuda a conservar la energía.
  • Utilizar una maquinilla eléctrica para el afeitado.
  • Utilizar un cepillo de dientes eléctrico.
  • La enfermedad de Parkinson en personas mayores puede afectar a la capacidad para controlar la vejiga. La frecuencia con la que orinan y la urgencia de orinar son problemas frecuentes. La frecuencia hace referencia a la necesidad de vaciar la vejiga con frecuencia y la urgencia es la sensación de necesidad inmediata de orinar, incluso cuando la vejiga no está llena. Tener que ir al baño con frecuencia y con urgencia puede alterar las actividades diarias. Si están presentes estos problemas lo mejor es consultar lo antes posible con el médico. Ante estos problemas se recomienda:

– Establecer un horario regular para ir al baño. Por ejemplo, ir al baño cada dos horas

– Evitar el consumo de bebidas con cafeína como el café, el té y la coca cola, las cuales podrían empeorar los problemas urinarios.

– Si levantarse por la noche para ir al baño supone un problema, limite el consumo de líquidos dos horas antes de irse a la cama.

– La frecuencia y la urgencia de orinar acompañados de dolor son síntomas de infección del tracto urinario. Si experimenta esos síntomas consulte con su médico.

8 años con la Ley de Dependencia

8 años con la Ley de Dependencia

Este 2015 se han cumplido 8 años de la entrada en vigor de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia y de la consiguiente creación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, el mecanismo articulado para su despliegue y desarrollo. Puede ser el momento apropiado para hacer balance de esta nueva arquitectura de protección social –en un país caracterizado por una ausencia casi sistemática de dispositivos de garantía de la inclusión social de los grupos de población más precarios en términos de derechos– y tratar de contestar a la pregunta de si ha estado a la altura de las expectativas creadas y de si, en efecto, ha supuesto un avance social, como se pretendía y como se esperaba. Las personas con discapacidad y sus familias, y las personas mayores, como destinatarias primordiales de la Ley, estamos en posición cualificada, a través de sus organizaciones representativas, para realizar ese interrogatorio sobre las bondades y torpezas de este dispositivo de concreción de derechos sociales.

Lo primero, vaya por delante, que hay que anotar en su haber –de la Ley y del Sistema– es que era hora ya de que España encarara ciertas demandas sociales no atendidas, o insuficientemente atendidas, como una cuestión de derechos, desterrando para siempre enfoques bienintencionados, paternalistas o de mera y vergonzante beneficencia. Las demandas sociales, imperiosas y apremiantes, derivadas de las necesidades intensas de apoyo para la autonomía personal que presentaban y presentan capas cada vez más numerosas de la población, por razones asociadas a la edad, al envejecimiento, o a la discapacidad. La respuesta a estas demandas, antes de la Ley, era desigual, débil y fragmentaria, era casi tan nula, que no puede decirse que en rigor, como país, se estuviera respondiendo a unas necesidades ostensibles, que las personas y las familias más concernidas las experimentaban en términos de carencia y hasta de desamparo.

Con la Ley, y ello es mérito no menor, los poderes públicos, por fin, toman conciencia (y cartas en el asunto) de que ciertas necesidades sociales que nunca han estado con la relevancia suficiente en la agenda política y legislativa y por ende tampoco en la acción pública (las personas con discapacidad y las personas mayores siempre hemos permanecido situadas en cierta zona de sombra, presencias cuasi fantasmales del medio social, entre incómodas y prescindibles, condenadas a la imperceptibilidad) y tratan de responder a las mismas en clave de derechos, de derechos sociales, fundados en la aceptación explícita de que asegurar unos mínimos vitales de dignidad para todos los componentes de la comunidad política es también una responsabilidad pública, forma parte -¡cuán tardíamente, podríamos decirse, y con razón!- del contrato social en que se basan las sociedades democráticas avanzadas.

De ahí, que los movimientos sociales de la discapacidad y de las personas mayores, saludáramos, en su nacimiento, esta Ley, no porque fuera acabada y perfecta, que dista mucho de serlo, y se ha visto y comprobado en estos cinco primeros años de andadura, sino porque inauguraba, en España, un camino, el de los derechos, apenas transitado en las políticas y legislaciones de carácter social que en nuestra cierta ingenuidad –y la crisis actual no está sacando con extrema violencia de ese candor– pensábamos que era irreversible, que no tendría vuelta atrás posible. Como punto de inflexión, como giro que apuntaba en la buena dirección, que luego hay que consolidar y ensanchar, la Ley fue un acierto colectivo, un buen lance de país, que asume como comunidad que algo tiene que ver en la suerte de todos y cada uno de sus miembros, particularmente de aquellos situados, como las personas con discapacidad y las personas mayores, y sus familias, en posiciones de partida menos ventajosas. Y así hay que decirlo, cuando tantas cosas valiosas están en entredicho o a punto incluso de verse arruinadas, anegadas por la riada de la crisis.

Sentado y salvado lo anterior, que puede adscribirse al terreno de lo más cualitativo, que en tanto está conectado con el ejercicio del pensamiento y la aplicación del juicio, en nuestro país siempre se inclina despreciar, es preciso pasar a planos más prácticos. Y en esta dimensión, en la del día a día, el despliegue de la Ley no ha sido modélico, mal que nos pese. Por pecados originales de modelo, como el hecho de que no naciera inserta en la esfera de acción pública del sistema de la Seguridad Social, como reclamamos en su momento muchos, o que, desde una perspectiva de discapacidad, sea una norma menos de autonomía personal cuanto de pura dependencia pasiva, resignada a remediar y no, como debiera, a activar y prevenir los entornos, las actitudes y las prácticas que generan dependencia, y a habilitar positivamente para la autonomía y la vida independiente, la Ley y el sistema son manifiestamente mejorables. Por deficiencias estructurales de gobernanza eficiente –multiplicidad de focos de decisión llamados a desarrollarla que por motivos espurios no se dan la oportunidad de una cooperación leal y productiva, lo cual aboca indefectiblemente a velocidades distintas y a la inequidad territorial– y por la indefinición de un esquema de financiación más voluntarista que nítido, sostenido y sostenible, la Ley y el sistema, en estos cinco años de vida, no ha alcanzado ni de lejos el potencial que encerraban. Pero que no lo haya logrado, no quiere decir que no pueda hacerlo.

Todo este estado de cosas es reconducible, y ha llegado el momento de planteárselo, con convicción, con inteligencia y con voluntad, cinco años después. España como país puede -incluso económicamente, que parece ser el único criterio a la hora del gobierno, la política como mera sucursal de la economía- y debe crear y mantener un potente dispositivo de protección social que promueva la autonomía personal y mitigue los efectos negativos de la dependencia. Que la prueba no haya salido del todo bien, no significa que no se continúen con los ensayos. Basta dotarse de un mejor libreto, y estamos en condiciones para ello. Millones de ciudadanos, con los que la sociedad tiene contraída una deuda ingente e histórica, nos interpelan y aguardan ávidos. Sí, sí a la Ley y al proyecto colectivo de dignidad que la animaba, pero no necesariamente así, como se ha hecho en estos cinco años de vida. Hay otros modos, más y mejores, y están a nuestro alcance.

(Texto íntegro del artículo publicado de forma extractada en elmundo.es , edición en papel, el 11 de marzo de 2012).

Ver infografía sobre los datos estadísticos de la dependencia a 31 de Diciembre de 2014.

Problemas visuales en la tercera edad

Problemas visuales en la tercera edad

Los problemas de visión y audición son de vital importancia en la vida de relación de las personas mayores porque condicionan la correcta relación con los demás.

Ante la aparición del más mínimo signo de alarma, como visión borrosa o disminución de la visión o dificultades auditivas debe acudir al especialista para diagnosticar la causa de la alteración sensitiva y con ello poner el tratamiento adecuado lo antes posible.

Una mala visión es causa de caídas, de miedo a salir a la calle, y de falta de relación con el entorno y el hecho de no ser capaz de oír o entender las conversaciones limita la posibilidad de utilizar el teléfono, afecta a la capacidad de participar en diversas actividades sociales y produce un sentimiento de aislamiento.

LA VISTA

Las guías de recomendaciones de salud en las personas mayores aconsejan que al menos una vez al año la persona mayor se someta a una revisión ocular para detectar las causas más frecuentes y con tratamiento específico de ceguera. Los problemas de visión más frecuentes en las personas mayores son:

  • Presbicia: comunmente conocido como «vista cansada», es una consecuencia del envejecimiento del ojo y la pérdida de elasticidad del cristalino. Es algo casi inevitable, empieza a manifestarse entre los 40 y los 45 años y, aunque puede ser corregido, no tiene cura. Pero sí se puede mitigar su efecto mediante el uso de las correspondientes gafas graduadas con lentes convergentes graduadas según el déficit de visión.
  • Cataratas: Están provocadas por la progresiva pérdida de transparencia del cristalino y conllevan una disminución creciente de la agudeza visual. En su estado inicial se pueden manifestar por sensación de deslumbramiento, disminución de la sensibilidad a los contrastes y dificultades para percibir el relieve y los colores.

Las posibilidades de tener cataratas aumentan con la edad avanzada, la diabetes, ciertas infecciones o traumatismos oculares y la tendencia genética. Afectan al 20% de la población de más de 65 años, a más del 35% de los mayores de 75 y a más del 60% de los mayores de 85. Por fortuna, las cataratas tienen buen tratamiento si se tiene un diagnóstico correcto, el tratamiento es fundamentalmente quirúrgico.

  • Glaucoma: Es un aumento de la presión intraocular, por falta de drenaje del humor acuoso, que produce lesiones en el nervio óptico con problemas en la visión y si no se corrige a tiempo ceguera. Si no se detecta a tiempo, este aumento de presión puede afectar al nervio óptico produciendo un deterioro progresivo del campo visual y una disminución de la visión. El aumento de la presión intraocular ocurre cuando el humor acuoso no fluye correctamente hacia afuera y hacia a adentro del ojo. Esta obstrucción produce un aumento de este líquido en el interior del ojo con aumento de la presión intraocular y sobre el nervio óptico. Se presenta como visión de moscas volantes o centelleantes, pérdida de visión lateral o periférica, dolor en los ojos, cefalea, visión borrosa, visión de halos tipo arco iris, nauseas y vómitos e incluso ceguera. Es aconsejable comprobarse la tensión ocular cada 1 o 2 años en mayores de 50 años porque se puede llegar al punto en el que sea irreversible. El tratamiento médico es muy efectivo y para casos difíciles se puede intervenir quirúrgicamente.

 

Vision

EL OIDO

Cerca de un cuarta parte de las personas de 65 a 74 años y hasta la mitad de los mayores de 75 años sufren presbiacusia, una disminución auditiva lo suficientemente importante como para interferir con su actividad social debida al propio proceso de envejecimiento caracterizada por una otoesclerosis. Si no se le pone remedio con rapidez, la sordera acaba convirtiéndose en un obstáculo que aísla socialmente.

Por un lado los interlocutores, desesperados, sólo se dirigen a un sordo cuando no tienen más remedio, y a la vez éste, incómodo porque los demás se sientan incómodos hablando con él, empieza a mantenerse al márgen de lo que los demás hablan, acabando por vivir en su propio mundo.

Otras veces, por el contrario, se convierte en un charlatán que habla sin parar y sin escuchar a los demás, lo que acaba irritando a quienes lo rodean.

También, debido a la imposibilidad de oír, la persona que padece sordera puede volverse injustificadamente desconfiada y estar más expuesta al peligro de alucinaciones auditivas como la impresión de que los demás hablan mal de él, sintiéndose rechazado y apareciendo a veces otros problemas graves como derlirios e incluso depresiones.

Es de esencial importancia que ante cualquier problema de audición se recomienda acudir al médico especialista, el otorrinolaringólogo, para un estudio y valoración de las causas que motivan la pérdida de audición. Según la causa, así será el tratamiento, pero nunca debe de ser el de la resignación y el de la creencia errónea de que es algo «natural» con la edad.

Además, la tecnología actual pone a nuestra disposición los mejores avances en audioprótesis; audífonos que pasan totalmente inadvertidos y que se adaptan a nuestro nivel de audición.

Alimentos que ayudan a mejorar la memoria

Alimentos que ayudan a mejorar la memoria

Cada alimento tiene vitaminas y minerales y cada uno de estos afectan de otra manera a diferentes partes y órganos de nuestro cuerpo.

En este caso vamos a ver que tipo de comidas estimulan, ayudan y agilizan el cerebro en especial la memoria. Son varios los estudios que demostraron que hay alimentos para la memoria, comidas que ayudan a recordar y relacionar con mayor facilidad las cosas. Por eso nos pareció interesante ver cuáles son estos alimentos que mejoran la memoria y ver qué es lo que hace que cada uno ayude a retener mayor cantidad de información.

Entonces: ¿cuales son los alimentos que ayudan la memoria?

  • Pescado: A causa de la gran cantidad de los ácidos grasos llamados Omega 3, el pescado es un alimento que aporta muchos beneficios. Estos ácidos ayudan a que el cerebro fortalezca sus células. Hay muchos pescados con esta propiedad pero los que lo tienen en gran cantidad son: el salmón, la caballa y el arénque, entre otros.
  • Semillas de lino y aceite de semilla de lino: Esta es una alternativa interesante para quienes no les gusta el pescado o tienen problemas en conseguirlo. Las semillas de lino también aportan una cantidad importante de ácidos grados Omega-3.
  • Huevos: Los huevos son un alimento asombroso por lo que pueden aportar a nuestra salud. Entre sus propiedades se encuentran la vitamina B, Omega-3 y vitamina E. En este caso lo que más nos interesa es la vitamina B ya que ésta estimula la producción de neurotransmisores que ayudan a nuestro sistema nervioso en general y son responsables de la memoria y la concentración de las personas.
  • Batata: Entre otras cosas, la batata contiene vitamina C, carbohidratos y beta carotenos. Los carbohidratos son usador por el cerebro en forma de energía. El beta caroteno y la vitamina C son excelentes antioxidantes que pueden ayudar a las células del cerebro a protegerse de los radicales libres que los pueden dañar a través del tiempo.
  • Aguacates: Los aguacates constituyen uno de los importantes alimentos para la memoria en la medida que  ayudan a la circulación de la sangre en el cuerpo. Cuanto mayor cantidad de sangre fluya al cerebro, más oxígeno le llega. Esto mejora tanto la concentración como la habilidad de retener información.
  • Manzanas: Las manzanas contienen un nutriente llamado quercetina que en realidad es un antioxidante. Estudios demostraron que este nutriente puede ayudar a protegernos de la enfermedad de Alzheimer. Hay que tener en cuenta que la piel es el lugar donde se concentra la mayor parte de la quercetina en la manzana. Por eso no es recomendable sacársela.
  • Chocolate negro: Aunque muchas veces el chocolate aparece como un alimento contraproducente para la salud, el chocolate negro es un caso special. Cuando tiene una composición del 60% de cacao, el chocolate aporta una cantidad importante de antioxidantes y además tiene propiedades que pueden incrementar la atención y la concentración.
De esta manera vemos que son varios los alimentos para la memoria, comidas que pueden ayudar al bienestar mental y a la agilidad y concentración de nuestro cerebro.

Reconocimiento y Acreditación de competencias profesionales

En los tiempos de crisis en los que nos encontramos, se habla mucho de la formación que ha de aportar todo trabajador para optar a un puesto de trabajo. En el sector en el que nos enmarcamos, existen muchas personas que a pesar de haber estado años trabajando en un hogar familiar, no disponen de la acreditación necesaria para optar a determinados puestos de trabajo.

Por ello, compartimos con todos vosotros la opción de obtener un Certificado de Profesionalidad. 

Qué es la diabetes

Qué es la diabetes

La diabetes es una enfermedad en la que los niveles de glucosa (azúcar) de la sangre están muy altos. La glucosa proviene de los alimentos que consume. La insulina es una hormona que ayuda a que la glucosa entre a las células para suministrarles energía. En la diabetes tipo 1, el cuerpo no produce insulina. En la diabetes tipo 2, el tipo más común, el cuerpo no produce o no usa la insulina adecuadamente. Sin suficiente insulina, la glucosa permanece en la sangre.

Con el tiempo, el exceso de glucosa en la sangre puede causar problemas serios. Puede provocar lesiones en los ojos, los riñones y los nervios. La diabetes también puede causar enfermedades cardíacas, derrames cerebrales e incluso la necesidad de amputar un miembro. Las mujeres embarazadas también pueden desarrollar diabetes, la llamada diabetes gestacional.

Los síntomas de la diabetes tipo 2 pueden incluir fatiga, sed, pérdida de peso, visión borrosa y micciones frecuentes. Algunas personas no tienen síntomas. Un análisis de sangre puede mostrar si tiene diabetes. El ejercicio, el control de peso y respetar el plan de comidas puede ayudar a controlar la diabetes. También debe controlar el nivel de glucosa y, si tiene receta médica, tomar medicamentos.

NIH: Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y del Riñón

problems
sustantivo: crisis