Sindrome confusional agudo en Geriatria

Sindrome confusional agudo en Geriatria

El síndrome confusional agudo (SCA), llamado también “delirio” corresponde a una alteración en el estado mental que se caracteriza por ser aguda y reversible. El delirio es uno de los desórdenes cognitivos más importantes en el adulto mayor.

Se caracteriza por:

  •  Comienzo agudo, con fluctuaciones a lo largo del día y frecuente empeoramiento durante la noche.
  • Inversión del ritmo sueño- vigilia.
  • Desorientación en tiempo y espacio.
  • Alteración del nivel de conciencia.
  • Alteración de la atención: incapacidad de mantener la atención a un estímulo externo. Se distraen fácilmente, no siguen órdenes.
  • Deterioro de la memoria de corto plazo.
  • Alucinaciones principalmente visuales, o malinterpretaciones , que con frecuencia no recuerdan posteriormente. Se agravan de noche y son vividas con miedo y angustia. Ideas delirantes de persecución (creen que les envenenan la comida, o que el personal de enfermería les quiere hacer daño).
  • Alteración del nivel de actividad: agitación, vagabundeo o intranquilidad que alternan con somnolencia y letargo.
  • Alteraciones del lenguaje : vago, incoherente.
  • Pensamiento desorganizado y distorsionado. Mezclan experiencias del pasado con el presente y distorsionan la realidad. Alternan periodos de lucidez.
  • Humor variable, con frecuencia hay miedo y ansiedad.

Frecuentemente, se suman aquellas manifestaciones físicas propias de la enfermedad desencadenante (taquicardia, sudoración, etc). No son raros los síndromes parciales, de hecho muchas veces no se dan todas estas características en un mismo enfermo, lo que hace más difícil el diagnóstico.

Es muy importante hacer un diagnóstico precoz, porque con un tratamiento adecuado la mayoría de los pacientes logran recuperarse satisfactoriamente, aunque la edad avanzada y una mayor duración de la enfermedad ensombrecen el pronóstico.

 Se distinguen  tres subtipos clínicos de delirio:

  1. Hiperalerta, hiperactivo. Agitado. (Fácil diagnóstico).
  2. Hipoalerta, hipoactivo. Inhibido. Se puede confundir con demencia.
  3. Mixto. Es una combinación de ambas formas clínicas.

Causa del sindrome confusional agudo

El SCA puede estar originado por toda una larga serie de factores que actúan a varios niveles; pudiendo ser factores predisponentes o factores desencadenantes.

Los factores que predisponen a la aparición del SCA son:

  •  Edad avanzada.
  • Deterioro cognitivo previo.
  • Antecedentes de SCA o de daño cerebral.
  • Abuso crónico de alcohol o drogas.
  • Factores psicosociales (depresión, estrés, falta de apoyo familiar).
  • Factores relacionados con la hospitalización, siendo este un factor de  mucha importancia; tales como inmovilización (p. ej. postquirúrgica, postraumática), deprivación de sueño, falta de adaptación al entorno hospitalario, deprivación sensorial, entendida como una reducción de los estímulos  sensoriales habituales (p. ej. estancia en UCI), etc.[/note]

Los factores desencadenantes que constituirían la causa orgánica del SCA son:

  • Enfermedad cerebral primaria: traumatismo/contusión, hemorragia cerebral, neoplasia, tras una crisis epiléptica, etc.
  • Enfermedad sistémica que afecta secundariamente a las funciones cerebrales: infecciones respiratorias, enfermedades pulmonares, enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, anemia.
  • Intoxicaciones con sustancias exógenas: alcohol, drogas o medicamentos (sedantes o narcóticos)
  • Deprivación brusca en caso de abuso de sustancias tóxicas.[/note]

Tratamiento del sindrome confusional agudo

El tratamiento debe dividirse en tres aspectos principales: prevención, tratamiento específico y tratamiento de soporte.

Prevención

Se debe minimizar o evitar el uso de sedantes y narcóticos, mantener una buena hidratación y oxigenación, y tratar precozmente cualquier complicación médica.

Tratamiento específico

El tratamiento etiológico (según la cuasa) es el pilar del manejo del síndrome confusional agudo. Se recomienda tratar enérgicamente la enfermedad de base. Muchas veces el delirio no evoluciona de forma paralela a la patología que lo desencadena, sino que tarda más en resolverse. En lo posible se debe eliminar la medicación que pudiera producir delirio.

Tratamiento de soporte

El tratamiento de soporte incluye:

  1. Asegurar una adecuada alimentación e hidratación.
  2. Dosificación de estímulos ambientales: contar con un ambiente adecuado, lo más tranquilo posible y sin estímulos excesivos.
  3. Iluminación adecuada: habitación iluminada y clara durante el día y con luz tenue durante la noche.
  4. No es favorable ubicar en la misma sala a dos enfermos con delirio.
  5. Mantener un acompañante permanente. La compañía de familiares es muy importante.
  6. Optimizar el cuidado intensivo de enfermería.
  7. Atención y visita del equipo médico con frecuencia.
La depresion en personas mayores

La depresion en personas mayores

La depresión es la enfermedad de este siglo y afecta a muchísima gente de todas las edades, pero como cualquier otra enfermedad, se comporta de forma diferente en los adultos mayores. Muchas veces no comprendemos determinados comportamientos de un anciano pero debemos entender que probablemente mucha gente muy cercana a él hoy no esté, y además, como cualquier ser humano, es consciente de su mortalidad, pero en el caso de un anciano, la ve, lógicamente, más cerca.

A pesar de esto, hay que tener en cuenta determinados mitos en cuanto a la depresión en la edad adulta. Dan Blazer, especialista en psiquiatría geriátrica tira por tierra varias creencias.

Mucha gente piensa que es más difícil de tratar, y no lo es, es simplemente diferente. En aquellos casos de depresión que no presentan daños cognitivos, la posibilidad de responder a tratamientos específicos es muy similar a la de gente joven. Pero sí existe la posibilidad de efectos secundarios de los medicamentos, o incluso cuadros de demencia o pérdida de capacidades cognitivas que compliquen cualquier tipo de tratamiento.

La sintomatología de la depresión no es diferente en los adultos según Blazer, lo que sí sucede es que éstos son proclives a negar sentimientos de culpa o tristeza. Si existe, según estudios una mayor tendencia a una insatisfacción con la vida y una gran desconfianza hacia los tratamientos.

Hay determinados tratamientos que se pueden tomar antes de incurrir en la medicación. Se pueden tomar medidas para cambiar las variables más cercanas a la persona, ver el lugar donde vive y donde se mueve para tratar de mejorarlo.

El simple hecho de hacer el lugar donde habitamos más iluminado, colorido, cómodo y acogedor un espacio puede redundar en una mejora sustancial en el estado de ánimo.

En caso de tener la posibilidad económica es importante evaluar seriamente la chance de un sistema de compañía adecuado. Hay cientos de empresas en todos los países que ofrecen un servicio de acompañantes profesional y altamente capacitado.

Es una gran medida incentivar la interacción con otras personas de su edad, existen varios grupos de personas mayores que realizan paseos y actividades que permiten levantar el ánimo de la persona.

¿Qué puede hacer la familia ante la depresión en personas mayores?

  1. Considere la depresión como una enfermedad. Es tan real y tan invalidante como la cardiopatía o una neumonía. Es también una enfermedad muy tratable.
  2. Pase tiempo con la persona si él o ella lo necesita o lo desea.
  3. Evite hablar solamente de la depresión y de sus síntomas. Hable de otras personas, del tiempo, de deportes o de las noticias. Si la persona deprimida quiere hablar de su depresión, déjela. Si usted ve sus criterios como no auténticamente deprimidos, dígale que difiere con su punto de vista. Si la discusión se dificulta demasiado o persiste por mucho tiempo, cambie de tema.
  4. Pidale a la persona deprimida que ayude con las tareas que están dentro de sus capacidades y que le permitirán sentirse util.
  5. Acompañe a la persona deprimida a hacer ejercicios sencillos,caminar por ejemplo.
  6. Deje a la persona deprimida estar sola si lo desea. Solo si usted cree que él(ella) sea suicida debe insistir en que no esté solo(a). Si usted cree que la persona es suicida, o si ésta declara que lo es, pregúntele acerca de ello en detalle, inquiriendo acerca de sus sentimientos, planes, y un acceso a un medio para el suicidio. Si usted siente que hay un riesgo, contacte al terapeuta de la persona y quédese con ella.
  7. No responda a la irritabilidad con mal genio o discusiones. La irritabilidad forma parte de la depresión y responde mejor a una revocación breve por su parte.
  8. No espere que la persona deprimida haga mucho. La depresión es una enfermedad real y severa. No puede esperarse que las personas que están sufriendo de ella hagan tanto como lo que podían cuando sanas.
  9. Siga con su propia vida. Estará en mucha mejor condición para ayudar si permanece físicamente y emocionalmente saludable. Asegurese de tener tiempo para salir y hacer las cosas que usted goza.
  10. Converse con otros que puedan ayudarle a hacer frente a esta situacion: amigos, familia o un terapeuta. Así como las personas deprimidas necesitan hablar de sus sentimientos, las familias necesitan hablar de los problemas de vivir con alguien que está deprimido(a). Muchas personas encuentran consuelo en los grupos de ayuda propia para la personalidad que constan de amigos y miembros de familia de personas deprimidas que se reúnen para apoyar y educarse los unos a los otros.
  11. No se sorprenda o se desaliente si llegan a ver algunos contratiempos. Habrán días buenos y días malos a través de la recuperación de la depresión así como los hay en la recuperación de cualquier otra enfermedad grave.
22 medidas de seguridad en Residencias y Centros de Dia

22 medidas de seguridad en Residencias y Centros de Dia

La atención a personas mayores ya sea en residencias geriátricas, centros de día, ayuda a domicilio, teleasistencia o cualquier otra variedad está muy intervenida por la normativa, principalmente autonómica. Se considera que la tercera edad (término utilizado en la Constitución) debe ser protegida mediante Leyes, Decretos y otras reglamentaciones, por lo que las personas mayores, que viven en residencias o reciben servicios sociales disponen de unos derechos reconocidos.

Para los prestadores de servicios, la normativa de servicios sociales supone el cumplimiento de unos requisitos materiales y funcionales estrictos.

Medidas de seguridad en residencias

Las normativas estatal, autonómica y local, describen parámetros de seguridad precisos para los edificios nuevos o reformados, en función de la actividad a desarrollar, número de plantas edificadas, datos de superficie, geométricos, etc.; a continuación enumeramos algunos aspectos y recomendaciones (documentos, medios y/o elementos de distinta naturaleza) que se pueden observar para seleccionar un Centro.

Las siguientes son preguntas que se podrían hacer en el centro en el momento de la visita general, al visitar las habitaciones y acerca de las zonas comunes.  Incluimos, de forma resumida, la importancia de estas cuestiones a continuación de las preguntas.

a) En la visita general:

1. ¿Existen documentos acreditativos de licencia y autorizaciones pertinentes en función de la Comunidad Autónoma?

El Centro debe disponer de los permisos necesarios para desarrollar la actividad.

2. ¿Existe un Plan de autoprotección?

El Centro debe disponer del documento donde se describen y evalúan los riesgos y se determinan los medios materiales y humanos, así como las pautas de actuación del personal del Centro, en caso de emergencia.

3. ¿El personal dispone de formación sobre el uso de los medios de protección?

La formación teórica y/o práctica que debe disponer el personal del Centro geriátrico se establece en el Plan de Autoprotección.

4. ¿Se realizan Simulacros de emergencia?

Esta actividad o ejercicio pone en práctica las pautas de actuación del Plan de Autoprotección y debe realizarse, al menos, una vez al año.

5. ¿Existe un Contrato de mantenimiento de los equipos de protección contra incendios?

Una empresa autorizada debe realizar la revisión y mantenimiento de los equipos y sistemas de que dispone el Centro.

6. ¿Existe un Contrato de mantenimiento de las distintas instalaciones generales y de riesgo?

Una empresa autorizada debe realizar la revisión y mantenimiento de las instalaciones de que dispone el Centro.

7. ¿Existe un cartel informativo con los teléfonos de los Servicios de emergencia?

El conocimiento y exposición en el Centro, de los Servicios más cercanos, mejora la actuación en caso de emergencia.

Si nuestro familiar tiene una discapacidad que le impide poder valerse por si mismo o desplazarse en horizontal o no puede hacer uso de las escaleras de evacuación, en caso de emergencia, ahora o en un futuro, es fundamental saber si:

8. ¿Existe un ascensor de emergencia?

Este tipo de ascensor garantiza su funcionamiento en caso de una emergencia, aunque solo se exige en función de ciertos parámetros.

9. ¿Los pasillos son amplios y se encuentran libres de obstáculos?

Facilita el uso, en caso de necesidad, de una silla de ruedas u otro sistema de apoyo.

10. ¿Existe una rampa de salida al exterior (o silla salvaescaleras)?

Facilita la evacuación al exterior en caso de existir escaleras en los accesos/salidas.

11. ¿Las puertas al exterior se abren fácilmente?

Facilita la evacuación, en caso de emergencia, al exterior.

b.) En la habitación (solo para residentes):

12. ¿Hay detectores de incendios en el techo?

Provoca el aviso automático al detectar un incendio.

13. ¿Hay una luminaria de emergencia sobre la puerta de la habitación?

Se enciende, en caso de no existir electricidad en el Centro; y ayuda a detectar la puerta para poder salir.

14. ¿El teléfono dispone de código para comunicarse con recepción o zona habitualmente ocupada?

Favorece una comunicación más rápida, si se produce una emergencia.

c) En las zonas comunes (salones, comedores, pasillos, etc):

15. ¿Hay detectores de incendios en el techo?

Provoca el aviso automático al detectar un incendio.

16. ¿Hay extintores portátiles, bocas de incendios equipadas (BIE´s), pulsadores de alarma?

El Centro dispone de medios de protección adecuados según los parámetros normativos.

17. ¿Hay señales o carteles sobre los extintores, bocas de incendios, pulsadores de alarma?

El Centro dispone de medios de señalización que ayudan a localizar los medios de protección.

18. ¿Hay señales o carteles con indicaciones de hacia donde se debe evacuar?

El Centro dispone de medios o planos de señalización que ayudan a evacuar desde cualquier zona del mismo, hasta el exterior o zona segura.-

19. ¿Hay luminarias de emergencias?

Se encienden, en caso de no existir electricidad en el Centro; y ayudan a seguir los carteles o indicaciones hasta el exterior o zona segura.-

20. ¿Hay rociadores automáticos en el techo?

El Centro debe disponer de medios de protección que son capaces de extinguir un incendio, aunque sólo se exige en función de ciertos parámetros normativos.-

21. ¿Hay puertas cortafuegos en el acceso a las escaleras de evacuación, en los locales técnicos y de riesgo o sectorizando algunas zonas de cada planta?

El Centro dispone de medios de sectorización capaces de proporcionar más seguridad, aunque se exige en función de ciertos parámetros normativos.-

22. ¿Existen un documento con buenos hábitos o conductas a seguir, como precaución?

Documento que alerta de las acciones que no pueden realizarse, para no provocar riesgos en las habitaciones o en las zonas comunes.

Nota importante: No todos los Centros están obligados a disponer de las mismas medidas de seguridad, por lo que nuestro interlocutor en el Centro así nos lo puede indicar. Por ejemplo, existen algunos requisitos normativos y técnicos en función del tipo, altura y geometría de la edificación o del uso de una zona concreta, como son la necesidad de disponer de puertas cortafuegos, distinción del revestimiento de suelos, paredes y techos, instalación de rociadores automáticos o ascensor de emergencia, u otros; que se exigen en ciertos espacios, pasillos y escaleras de evacuación, etc.

Prestaciones en Madrid para personas mayores, con discapacidad y con Dependencia

Prestaciones en Madrid para personas mayores, con discapacidad y con Dependencia

Convivencia intergeneracional «vive y convive»

Programa consistente en el alojamiento de estudiantes universitarios menores de 30 años (35 años para estudiantes de postgrado) que no trabajen ni residan previamente en Madrid, en el domicilio de personas mayores que tienen problemas de soledad y necesitan compañía, facilitando la permanencia de éstos en su domicilio.

Si lo solicitan, las personas mayores pueden acceder a ayudas económicas por el sobrecoste de la acogida del estudiante. Estas ayudas se determinan en función de la pensión que percibe el mayor.

Requisitos

  • Ser persona mayor de 60 años.
  • Encontrarse empadronado en la ciudad de Madrid.
  • Vivir solo o en pareja.
  • Mantener un estado físico que permita valerse por si mismo.
  • No presentar problema psíquico que dificulte las relaciones sociales.
  • Disponer de vivienda en condiciones adecuadas de habitabilidad e higiene.
  • Disponer de una habitación independiente para el alojamiento del estudiante.

Solicitud

  • Persona mayor: telefónicamente en el Servicio de Información de la Dirección General de Mayores Telf. 915 880 090 (lunes a viernes de 8,30 a 17 horas), o presencialmente en su Centro de Servicios Sociales.
  • Estudiante universitario: a través de su Universidad.

Para los mayores se acompañará la siguiente documentación:

  • Fotocopia del DNI.
  • Fotografía tamaño carnet.
  • Autorización del propietario, si la vivienda es de alquiler.

La solicitud se realiza en el Centro de Servicios Sociales. Telefónicamente será valorada por un Trabajador Social de la Dirección General de Mayores quién, si cumple los requisitos, realizará una primera visita domiciliaria.

En esta visita se informa del programa y se objetiva si el mayor y su vivienda  cumplen con los requisitos.

Posteriormente, un Psicólogo de la Fundación Catalunya Caixa y un Técnico de la Dirección General de Mayores adecuarán al mayor con un estudiante por condiciones de afinidad.

Puestas las dos partes en contacto, se firmará un preacuerdo de convivencia de un mes de duración como periodo de prueba.

Transcurrido el mes de prueba se podrá firmar el acuerdo de continuidad. Este acuerdo podrá ser anulado en el momento en que una de las partes decida no continuar con la convivencia.

El plazo de duración de la convivencia será la duración del curso escolar, pudiendo prolongarse a todo el año civil si existe interés por ambas partes.

Legislación aplicable

Convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Madrid, la Fundación Caixa Catalunya y las Universidades adheridas al desarrollo del programa de ayuda mutua intergeneracional entre personas mayores y estudiantes universitarios.

Prestaciones en Madrid para personas mayores, con discapacidad y con Dependencia

Prestaciones en Madrid para personas mayores, con discapacidad y con Dependencia

Ayudas individuales para el acogimiento familiar de personas mayores

Ayudas individuales para las personas mayores atendidas en régimen de acogimiento familiar para sufragar los gastos de acogida y asistencia en un hogar, con el fin de evitar la institucionalización y procurar una vida normalizada.

Esta iniciativa, contempla el acogimiento de personas mayores autónomas en el seno de familias con las que no mantienen ningún lazo de parentesco o con las que éste no supere el tercer grado (vínculo tío-sobrino).

Requisitos

  1. Acreditar la residencia en la Comunidad de Madrid durante los dos últimos años inmediatamente anteriores a la fecha de la solicitud.
  2. Tener cumplidos los sesenta y cinco años en el momento de solicitar la ayuda o sesenta en el caso de personas que precisen ayuda para la realización de las actividades de la vida diaria.
  3. Tener unos ingresos personales brutos en cómputo mensual que no superen en dos veces el IPREM fijado en el año 2008.
  4. Carecer de bienes muebles e inmuebles que les permitan acceder a otros recursos. Se entiende que no se puede acceder a otros recursos si los bienes inmuebles están declarados en ruina y no son susceptibles de reforma. Asimismo, la valoración patrimonial de todos los bienes, tanto muebles como inmuebles, no pueden superar los 109.696,73 euros.
  5. Precisar por sus circunstancias económicas, personales y sociales de estas ayudas y que a criterio de la Consejería de Servicios Sociales estas mismas circunstancias le hagan apto para ser beneficiario de las mismas.
  6. Tener asignada por la Consejería de Familia y Asuntos Sociales una familia de acogida, según lo establecido en el programa de acogimiento familiar aprobado por dicha Consejería.
  7. No padecer enfermedad infectocontagiosa en fase activa ni cualquier otra que requiera atención permanente y continuada en centro hospitalario.
  8. No presentar alteraciones de conducta graves que hagan imposible su atención en el domicilio.
  9. No ser pariente por consanguinidad o afinidad hasta el segundo grado, inclusive, de la persona responsable del acogimiento.
  10. No haber dado lugar con anterioridad a la rescisión de un contrato de acogida por incumplimiento de sus obligaciones o a la pérdida de la condición de beneficiario por causas que le sean imputables.
  11. No ser beneficiario de prestación económica para cuidados en el entorno familiar y apoyo a cuidadores no profesionales, que reconoce la Orden 2386/2008, de 17 de diciembre, de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales.

Solicitud

Las solicitudes se presentarán en los Centros de Servicios Sociales Municipales en razón del domicilio, dentro del plazo establecido en la convocatoria. Asimismo en los Registros de la Consejería de Asuntos Sociales, o en cualquier otro Registro, ya sea de la Comunidad de Madrid, de la Administración General del Estado, o de los Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid adheridos al Convenio Marco de Ventanilla Única, o mediante las demás formas previstas en el artículo 38.4 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del

Procedimiento Administrativo Común.

Podrán enviarse las solicitudes, una vez cumplimentadas, por vía telemática.

Legislación aplicable

Orden 2925/2009, de 29 de diciembre, por la que se aprueba la convocatoria de ayudas individuales para el acogimiento familiar de personas mayores para el año 2010 (B.O.C.M nº 41, de 18 de febrero de 2010).

Orden 2328/2005, de 22 de diciembre, de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales, por la que se regula la concesión de ayudas individuales para el acogimiento familiar de personas mayores (B.O.C.M. nº 14, de 17.1.06).

Cuidadores: Preguntas y Respuestas

Cuidadores: Preguntas y Respuestas

En la inmensa mayoría de los casos, una persona no se convierte en cuidadora de un día para otro. Esto es así porque la mayor parte de las causas de dependencia de las personas mayores son trastornos o enfermedades que implican un deterioro progresivo, asociado a un también progresivo aumento de su necesidad de ayuda en las actividades de la vida cotidiana, esto es, de la dependencia.

El proceso de adquisición del papel o rol de cuidador, que será más o menos largo en función de múltiples factores, es de suma importancia ya que influye sustancialmente en la forma en que posteriormente se prestan los cuidados y en cómo se sienten los cuidadores.

Frecuentemente, en el inicio del cuidado, la persona que cuida aún no es plenamente consciente de que es el miembro de la familia sobre el que va a recaer la mayor parte del esfuerzo y responsabilidades del cuidado y tampoco de que probablemente se encuentra en una situación que puede mantenerse durante muchos años y que, posiblemente, implique un progresivo aumento de dedicación en tiempo y energía. Poco a poco, sin apenas darse cuenta de ello, la persona va integrando su nuevo papel de cuidador/a en su vida diaria.

¿Cuáles pueden ser algunas formas en que puede comenzar el cuidado?

  • Tras una enfermedad aguda y una hospitalización que requiere un período de convalecencia.
  • Tras un período de fragilidad física asociado a un envejecimiento biológico normal que, poco a poco, exige más ayuda.
  • A causa de una enfermedad degenerativa de la que ya existían algunas evidencias.
  • Una de las situaciones más comunes y difíciles comienza cuando la persona o personas mayores, que viven en su propio domicilio con niveles relativamente altos de independencia y autonomía funcional, se preocupan, al igual que sus familiares, por el hecho de vivir solos en sus condiciones de edad y fragilidad, así como por algunos sucesos puntuales (por ejemplo, una caída). Así, se plantea en el ámbito familiar si es conveniente que sigan viviendo solos o se trasladen cerca de los hijos o a la propia casa de éstos.

Las anteriores son situaciones comunes para las que las personas que asumen el cuidado generalmente no han previsto todas las implicaciones que a medio y a largo plazo van a tener.

Presumiblemente, se trata en todas ellas de un momento ideal para la intervención de profesionales que pueden analizar la situación con los familiares, sugerir alternativas y ayudarles a tomar decisiones y, en su caso, a planificar el cuidado de la persona mayor.

¿Qué papel puede jugar el profesional en este momento?

El profesional debería hacer ver a la familia las ventajas e inconvenientes de cada solución, así como facilitarle información sobre los servicios y recursos que pueden utilizar. Las mejores soluciones respecto al cuidado son siempre las que guardan el equilibrio entre el mantenimiento de la independencia funcional de las personas mayores y su seguridad.

¿Se producen cambios en las personas implicadas durante el tiempo que se prolonga la situación de cuidado?

Debido a que la situación de cuidado se prolonga durante un largo tiempo, las personas implicadas experimentan cambios en las distintas áreas de su vida. Estos cambios transforman los roles y responsabilidades que hasta ese momento habían tenido los miembros del núcleo familiar afectado. El proceso de «ajuste» a la nueva situación suele llevar asociadas tensiones y dificultades que harán necesario el empleo de adecuadas habilidades de afrontamiento tanto por parte de los cuidadores como de la persona mayor dependiente.

¿Cuáles son las fases de adaptación a la situación de cuidado?

A pesar de que las circunstancias que rodean a cada situación de cuidado son distintas y que el proceso de «ajuste» a la nueva situación varía de un cuidador a otro, se pueden distinguir una serie de fases de adaptación al cuidado que son experimentadas por la mayoría de los cuidadores. No obstante, dada la gran variedad que existe entre las personas, es probable que estas fases no se produzcan en todos los casos.

Fase 1: negación o falta de conciencia del problema

En los primeros momentos del proceso de enfrentarse a la enfermedad crónica de una persona del entorno familiar es frecuente que se utilice la negación como un medio para controlar miedos y ansiedades. Así, es común encontrarse con que la persona se niega a aceptar las evidencias de que su familiar padece una enfermedad (o varias) que le lleva a necesitar la ayuda de otras personas para mantener su adaptación al medio. Otra forma de negar el problema es evitar hablar del deterioro o incapacidad del familiar enfermo.

Este estadio es, normalmente, temporal. Conforme el tiempo pasa y las dificultades de la persona enferma para mantener su autonomía funcional se hacen más evidentes, empieza a hacerse cada vez más difícil creer que el paciente está «simplemente distraído» o que se trata de una «enfermedad temporal».

Fase 2: búsqueda de información y surgimiento de sentimientos difíciles

A medida que la persona que proporciona los cuidados va aceptando la realidad de la situación de dependencia, empieza a darse cuenta de que la enfermedad de su familiar no sólo va a influir en la vida de éste, sino que también va a alterar profundamente su propia vida y la de las personas que le rodean.

En esta fase, los cuidadores suelen comenzar a buscar información para aprender lo máximo posible acerca del trastorno o trastornos que sufre su familiar y sobre sus posibles causas. Buscar información es, pues, una estrategia básica de afrontamiento.

En este momento son muy comunes entre los cuidadores los sentimientos de «malestar» por la injusticia que supone el que les haya «tocado» a ellos vivir esa situación. El enfado, o, en su versión más intensa, la ira, son respuestas humanas completamente normales en situaciones de pérdida del control de la propia vida y sus circunstancias. Existen en la vida, desgraciadamente, algunos hechos negativos que son inevitables y que no se pueden cambiar, y son situaciones de este tipo las que típicamente afrontan los cuidadores de personas mayores.

A medida que aumenta la intensidad de la dependencia funcional del familiar enfermo, se incrementa la pérdida de control por parte de los cuidadores, con el consiguiente incremento en frecuencia e intensidad de sus sentimientos de ira, enfado y frustración. Estos sentimientos son, en estos casos, especialmente difíciles de manejar, debido a que los cuidadores no saben identificar bien cuál es el objeto de su malestar: ¿su familiar mayor necesitado de ayuda, el profesional de la salud hacia el que se vuelve en busca de ayuda, los demás familiares que permanecen algo más alejados o menos implicados en la situación? Las consecuencias más frecuentes de esta «cólera sin objeto» son los sentimientos de culpa.

Sobrellevar los sentimientos de ira y de culpa sin tener medios adecuados para expresarlos puede ser muy destructivo para la persona. Es aconsejable que la persona que cuida «tome conciencia» de estos sentimientos y pueda hablar de ellos de manera clara y sincera con alguna persona de su confianza.

¿Qué información suelen buscar los cuidadores?

  • ¿En qué consiste la enfermedad que sufre su familiar?, ¿Cuáles son sus causas?
  • ¿Cómo suele evolucionar dicha enfermedad?, ¿Qué cambios son esperables en el funcionamiento o comportamiento de su familiar?
  • ¿Qué es lo que pueden hacer ellos para ayudar a su familiar?, ¿Cómo deben cuidarle o qué tipo de ayuda deben proporcionarle?
  • ¿Qué recursos pueden utilizar y en qué servicios pueden encontrar algún tipo de ayuda o asesoramiento?, ¿Cómo pueden acceder a dichos recursos y servicios?
  • ¿Cómo pueden solucionar determinados problemas de comportamiento de su familiar dependiente?, ¿Cómo deben afrontar dichas conductas problemáticas?
  • ¿Cómo pueden solucionar determinadas situaciones problemáticas (familiares, laborales, económicas)?

¿Quién puede responder a estas preguntas?

Estas y otras preguntas pueden ser respondidas por los profesionales de la salud (médicos y enfermeros/as) y por aquellos pertenecientes al ámbito de los servicios sociales, instituciones y asociaciones de ayuda para el cuidado de las personas mayores (p.ej. Asociaciones de Voluntariado, Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer).

Fase 3: reorganización

Conforme pasa el tiempo, los sentimientos de ira y enfado pueden continuar. Una relación esencial para la persona -una esposa, un padre o una madre- «se ha perdido». La vida ha perdido el sentido habitual hasta ese momento y las nuevas responsabilidades crean una carga pesada para la persona que cuida.

Sin embargo, algo de control se va ganando en esta etapa. Contando ya con la información y recursos externos de ayuda, con la voluntad de la familia para compartir la responsabilidad y con una idea más precisa de los problemas a los que hay que enfrentarse, la persona que cuida dispondrá de las herramientas necesarias para afrontar adecuadamente la situación del cuidado. Este período de reorganización tendrá como resultado el desarrollo de un patrón de vida más normal. La persona que proporciona los cuidados se sentirá progresivamente con más control sobre la situación y aceptará mejor estos cambios en su vida.

Fase 4: resolución

Con ese aumento del control sobre su situación y el reconocimiento de que como cuidador/a será capaz de manejar y sobrellevar los cambios y desafíos que supone y supondrá la situación de cuidado, surge un nuevo período de adaptación que, desgraciadamente, no es alcanzado por todos los cuidadores. En este estadio del cuidado, los cuidadores son más capaces de manejar con éxito las demandas de la situación, siendo más diestros en la expresión de sus emociones, especialmente la tristeza y la pena.

En este punto, los cuidadores…

  • aprenden a cuidar mejor de sí mismos
  • están más dispuestos a buscar la ayuda de otras personas con experiencias similares
  • suelen hacerse, en esta fase, más independientes, dedicando más tiempo a realizar actividades recreativas y sociales
  • pueden buscar y encontrar otras fuentes de apoyo emocional, tales como reforzar las amistades o crear nuevos amigos

A pesar de que en esta fase las responsabilidades continúan aumentando en número e intensidad y la enfermedad del familiar continúa su progresión, si la persona que cuida logra una buena adaptación, podrá estar más sereno que en los primeros momentos de la enfermedad. Éste puede ser un buen momento para reflexionar a fondo acerca de recuerdos de la relación que mantuvo en el pasado con su familiar enfermo y comenzar a reconstruir una imagen de cómo era éste antes de que la enfermedad mostrase sus primeros signos, imagen que hará más confortable y significativa la labor de la persona que cuida. Suele ser también en esta fase cuando algunos cuidadores se enfrentan a una de las decisiones más difíciles en el cuidado de una persona mayor: el traslado a una residencia.

¿Es útil planificar el cuidado de la persona mayor?

En los primeros momentos de su vida como cuidadores, pocas personas están realmente preparadas para afrontar las responsabilidades y dificultades asociadas a la situación de cuidar a una persona mayor dependiente. Por esta razón, es recomendable que, si las circunstancias lo permiten, las personas que van a cuidar a un familiar mayor elaboren un plan de acción que les ayuden a tener claras las metas del cuidado y la forma en que van a llegar hasta ellas.

Hay muchos aspectos que los cuidadores deberían tener en cuenta en la planificación del cuidado con vistas a evitar posibles consecuencias negativas (conflictos o situaciones difíciles) en el futuro próximo. A continuación, se describen algunos de estos aspectos:

  • División de responsabilidades
  • La pareja y los hijos del cuidador
  • Las relaciones sociales
  • Las necesidades personales : evitar «la pérdida de sí mismo»
  • El lugar donde se cuida
  • La situación laboral
  • La economía
  • La relación con los profesionales

División de responsabilidades

El cuidado de una persona mayor implica múltiples y variadas tareas y responsabilidades, así como grandes dosis de tiempo y esfuerzo, características que hacen imposible que dicha situación pueda ser asumida sin problemas por una sola persona. En las ocasiones en que todas las responsabilidades del cuidado recaen sobre la misma persona es muy frecuente encontrar múltiples consecuencias negativas en la vida de la persona que cuida debido a la «sobrecarga» que supone para ella hacer frente sola tanto a las demandas del cuidado de la persona mayor como a las asociadas a su propia vida familiar. Para evitar estas situaciones, es recomendable que, desde un principio, se clarifique quién va a participar en el cuidado de la persona mayor y cómo se van a distribuir las funciones y responsabilidades del cuidado.

Una fórmula ideal para conseguir una adecuada clarificación de estos aspectos y llegar a una acuerdo sobre cómo distribuir la responsabilidad de cuidar al familiar de la mejor forma posible, es la organización de reuniones familiares:

  • … son un contexto adecuado para hablar abiertamente sobre las necesidades derivadas del cuidado y acordar qué puede hacer cada miembro de la familia para contribuir a esta tarea
  • … constituyen una forma eficaz de elaborar, mediante la colaboración de toda la familia, un plan de ayuda en el que se vea con claridad qué personas van a participar en el cuidado, qué tareas va a realizar cada uno, etc.

Dejar claro hasta qué punto se va a comprometer cada miembro de la familia en el cuidado de la persona mayor, favorecerá que se eviten o, al menos disminuyan en número, posibles conflictos y resentimientos futuros entre los familiares referentes al grado de colaboración de cada uno.

La pareja y los hijos del cuidador

Participar en el cuidado de una persona mayor supone cambios en la vida cotidiana, fundamentalmente debido a que gran parte del tiempo y del esfuerzo que la persona podía dedicar antes a su vida y relaciones familiares personales se dirige ahora hacia el familiar al que se proporciona la ayuda. Es recomendable que los cuidadores prevean estos cambios y hablen de ellos con las personas sobre las que, de alguna manera, van a repercutir. Algunas cuestiones a abordar serían las siguientes:

  • Con la pareja:
    • Anticipar cómo puede afectar la situación de cuidado a la relación de pareja y hablar de ello con ésta.
    • Hablar con la pareja acerca de cómo se siente cada uno en relación a los cambios que van surgiendo en sus vidas en relación con la situación de cuidado.
    • Reservar tiempo para realizar actividades con la pareja.
    • Hacer partícipe a la pareja de toda decisión relacionada con el cuidado que pueda afectarle.
  • Con los hijos:
    • Explicarles la situación con tranquilidad y sinceridad.
    • Preguntarles si están dispuestos a colaborar en el cuidado.
    • Preguntarles cómo se sienten en relación a los cambios que van surgiendo en la vida familiar en relación con la situación del cuidado del familiar mayor.
    • Si la ayuda a la persona mayor se proporciona en casa y si los hijos están dispuestos a colaborar, es recomendable hacer un reparto de las responsabilidades y tareas caseras.
    • Hacerles partícipes de toda decisión relacionada con el cuidado que pueda afectarles.

Las relaciones sociales

Las demandas del cuidado pueden hacer que los cuidadores vean reducido considerablemente su tiempo de ocio. Como consecuencia, es posible que las relaciones significativas con familiares y amigos disminuyan tanto en cantidad como en calidad, y que la persona vaya aislándose progresivamente.

  • Teniendo en cuenta que…
    • … mantener relaciones sociales positivas contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas al proporcionarles experiencias agradables y potenciar su bienestar y estabilidad emociona
    • – es aconsejable que los cuidadores…
    • … sean conscientes de que es fundamental mantener las relaciones sociales que les hacen sentir bien
    • … se esfuercen por mantener, a lo largo del período en el que se prolongue el cuidado, los contactos sociales significativos con familiares y amigos con los que puedan reír y pasar buenos ratos o llorar y desahogarse de sus tensiones.
  • Es importante recordar que no todas las relaciones sociales que pueden tener las personas son igualmente significativas e importantes.
  • Las relaciones sociales que pueden ayudar a los cuidadores son aquellas que les aportan experiencias positivas de algún tipo y contribuyen a su bienestar emocional. Éste es el tipo de relaciones que los cuidadores deben esforzarse por mantener a lo largo del período que se prolongue el cuidado, dándoles prioridad respecto a otros contactos sociales menos provechosos o significativos.
  • En el caso de que ya se haya producido la pérdida de los contactos sociales como consecuencia de las demandas de la situación de cuidado, sería recomendable que la persona que cuida buscase crear nuevos vínculos, nuevas relaciones positivas o amistades con las que poder compartir experiencias positivas que potencien su bienestar y aligeren su carga.

¿Qué relaciones sociales son significativas?

Proporcionan a la persona experiencias positivas tales como:

  • diversión y entretenimiento
  • intimidad, empatía y comprensión
  • apoyo emocional y desahogo de tensiones.
  • Ayudan a aliviar «la carga» de los cuidadores y potencian sus fuerzas y energías para continuar con el cuidado del familiar mayor.
  • Favorecen el bienestar emocional y aumentan la autoestima de la persona.

Las necesidades personales: evitar «la pérdida de sí mismo»

Es frecuente que los cuidadores, si no ponen los medios necesarios para impedirlo, «se olviden de sí mismos». El estar centrados durante un largo tiempo en las necesidades de la persona a la que cuidan puede hacer que se olviden de sus propios intereses y necesidades. Pero ellas también son importantes ( ver la sección «Darse cuenta»: pararse a pensar).

¿Qué consejos prácticos pueden poner en marcha los cuidadores para atenderse mejor así mismos?

  • Mantener una lista de metas o acciones que les gustaría realizar en caso de tener algún tiempo libre. Así, cuando ese tiempo libre se dé, la persona que cuida tendrá objetivos y actividades con los que pasar buenos ratos.
  • Continuar realizando actividades de formación, deportivas, de ocio, etc. que contribuyan a satisfacer sus necesidades y les hagan sentirse bien.
  • Comprometerse a dedicar un tiempo al día, a la semana y al mes a hacer esas actividades.

El lugar donde se cuida

De cara a la planificación del cuidado, es importante tener en cuenta que el lugar en el que se vaya a cuidar de la persona mayor debe reunir unos requisitos mínimos de espacio y que, probablemente, requiera de modificaciones en algunos de sus elementos para adaptarlo a las necesidades de la persona mayor.

¿Qué preguntas útiles se pueden hacer los cuidadores en relación al lugar del cuidado?

  • ¿Está la casa preparada para ser el escenario de los cuidados? (p.ej: ¿hay espacio suficiente?, ¿una habitación para el familiar mayor?)
  • ¿Se ha previsto la reducción del espacio físico que supondrá el cuidado de su familiar?
  • ¿Esta informado de las modificaciones del entorno que pueden facilitar la vida a su familiar dependiente (p.ej., asideros, barandillas, etc)?

La situación laboral

Es importante considerar la compatibilidad del cuidado con el trabajo, analizar hasta qué punto la situación laboral puede mantenerse igual que antes o si, por el contrario, será necesario recortar la jornada laboral o, incluso, dejar de trabajar

¿Qué preguntas útiles se pueden hacer los cuidadores en relación a la situación laboral?

  • ¿Son compatibles el mantenimiento de su trabajo en las mismas condiciones y la ayuda a su familiar dependiente?
  • ¿La situación laboral del cuidador es lo suficientemente flexible como para permitirle adaptar su horario en función de las demandas de la situación de cuidado?
  • ¿Será necesario contratar servicios de ayuda a domicilio de cara a poder mantener su situación laboral?

La economía

El cuidado de una persona mayor dependiente supone una serie de gastos adicionales que no todas las personas pueden afrontar. En el caso de que se trate de una enfermedad progresiva, los gastos relacionados con el cuidado irán en aumento conforme la enfermedad vaya progresando.

¿Qué preguntas útiles se pueden hacer los cuidadores en relación a la economía?

  • ¿Dispone el cuidador de recursos económicos para hacer frente a los gastos en medicamentos, modificaciones del ambiente y demás aspectos relacionados con el cuidado?
  • ¿Hay otros miembros de la familia que estén dispuestos a colaborar en el aspecto económico?
  • La persona a la que se proporcionan los cuidados, ¿tiene recursos económicos que puedan contribuir a los gastos del cuidado?

La relación con los profesionales

Los cuidadores tienen derecho a consultar con los profesionales de la salud (médicos, enfermeras) y de los servicios sociales las dudas y cuestiones relacionadas con el cuidado. Los profesionales de la salud deben ofrecer información de calidad acerca de las características de los problemas de salud que padecen las personas mayores dependientes, así como de los cuidados que precisa y la mejor forma de proporcionárselos.

Los profesionales de los servicios sociales deben ofrecer a los cuidadores la información disponible sobre los recursos sociales (por ejemplo, centros residenciales, asistencia domiciliaria, centros de día, programas de respiro, etc.) que pueden utilizar, así como sobre los medios para acceder a tales recursos.

Los cuidadores pueden…

  • Averiguar todo lo que puedan acerca de la enfermedad que padece el familiar.
  • Conocer cómo evolucionará la enfermedad.
  • Preguntar qué pruebas se deberían hacer para conocer más acerca del problema.
  • Preguntar acerca de los recursos que pueden utilizar y servicios de cuya ayuda se pueden beneficiar.
  • Preguntar qué gastos relacionados con el cuidado tienen cobertura social.