El apoyo social y el afrontamiento son las dos variables moduladoras o modificadoras del estrés del cuidador, que más atención han recibido. La existencia de estas variables moduladoras, equivale implícitamente a asegurar que el cuidador tiene recursos para hacer frente a situaciones de estrés, como es el cuidado. Es decir, es capaz de controlar, modificar y entender los eventos a los que se debe de confrontar. En realidad lo que existe es un proceso dinámico de relación entre estresores y recursos (que pueden ser objeto de intervención), en función del cual, un cuidador puede hacer frente de diferentes maneras, eficacia y eficiencia a las diferentes situaciones de cuidado. A nivel interventivo estas variables moduladoras son objeto de especial atención, ya que muchas de las intervenciones con cuidadores van destinadas al aprendizaje de nuevas estrategias de afrontamiento, a aumentar el apoyo social, etc.
1. Apoyo social
El apoyo social es quizá la variable moduladora más importante para la familia cuidadora al ser una importante fuente de ayuda para los cuidadores, a la hora de hacer frente a las situaciones del cuidado.
El apoyo social tiene múltiples dimensiones, pero para el objeto del presente artículo vamos a enfatizar dos de ellas:
Apoyo instrumental: equivalente a la ayuda que presta el cuidador a la persona cuidada para realizar ciertas actividades de vida diaria.
Apoyo emocional: equivalente a sentimientos de ayuda que recibe el cuidador de otras personas.
La idea de que el apoyo social es un medio para aminorar los efectos del estrés ha sido ampliamente trabajada; así como los beneficios a nivel de salud física y mental. Entre los efectos principales destacan la relación entre apoyo social percibido y la menor carga subjetiva en cuidadores de personas con demencia, el que cuidadores con un nivel alto y estable de apoyo social tienen menor probabilidad de padecer problemas de salud a lo largo del tiempo de cuidado. Que el apoyo social tiene un efecto amortiguador respecto al estrés crónico en el sistema inmunitario de las esposas cuidadoras de enfermos de Alzheimer, que el apoyo social, entre otros, era un predictor directo de la adaptación de los cuidadores de personas con demencia senil, que una proporción significativa de la disminución de la función inmune era explicada por el grado de apoyo social. Igualmente parece que existe una relación inversa entre el nivel de apoyo social de los cuidadores y el nivel de sintomatología depresiva.
Los cuidadores que tienen mayor capacidad de acceso o mayor nivel de apoyo social tienen mayores posibilidades que los que carecen del mismo, para evitar las consecuencias más severas del cuidado, como pueden ser los trastornos depresivos (Kiecolt-Glaser et al, 1994).
No obstante, es necesario mencionar que algunos estudios no han encontrado beneficios del apoyo social en cuidadores de personas dependientes (Cosette y Lévesque, 1993).
2. Afrontar el estrés del cuidador
El afrontamiento es otra de las variables moduladoras de capital importancia. El afrontamiento representa las respuestas a los estresores a fin de disminuir sus negativas consecuencias (Pearlin y Schooler, 1978). Se han identificado tres tipos de categorías (Lazarus y Folkman, 1984; Pearlin y Skaff, 1995):
Afrontamiento de problemas, que incluyen estrategia de afrontamiento ante los estresores o de situaciones específicas de cuidado. Ejemplo: qué comportamiento debe de tomar un cuidador cuando se siente agredido por la persona cuidada.
Afrontamiento de tipo cognitivo: que está representado por los esfuerzos de manejo de las diferentes maneras de entender las situaciones de estrés y que es reelaborado a través de la experiencia del cuidador. Ejemplo: considerar o no que el culpable de esta situación de cuidado es la enfermedad y no la persona dependiente.
Afrontamiento de tipo emocional en el que se incluyen el manejo de los síntomas del estrés. Ejemplo: control de sentimientos depresivos o psicosomáticos.
Diversos investigadores han demostrado que el afrontamiento de tipo cognitivo y la resolución de problemas está relacionado con un menor distrés; y que el afrontamiento de tipo emocional está relacionado con mayores niveles de distrés (Haley, Levine, Brown y Bartyolucci, 1987; Vitaliano et al, 1991). Así mismo, a nivel clínico se ha comprobado, que el aprendizaje del manejo de los estresores de manera más efectiva, es saludable para los cuidadores (Zarit, Orry y Zarit, 1985).
La eficacia de las estrategias de afrontamiento depende de la naturaleza de los estresores, así como del nivel de estrés del cuidador. Cuando los estresores no son fácilmente modificables, el poder redefinir el cuidado y las consecuencias del mismo (afrontamiento de tipo cognitivo) puede ser más eficaz para el cuidador (Pearlin y Skaff, 1995).
El afrontamiento y los estresores mantienen una relación recíproca, debido a que los estresores ponen en marcha el afrontamiento ante una situación determinada, a la vez que los esfuerzos efectivos de manejos de situaciones estresantes puede hacer, que disminuya la frecuencia con que estas situaciones no deseadas aparezcan. En cambio un afrontamiento no efectivo puede aumentar los problemas conductuales y emocionales, en la persona cuidada.
En general, se acepta que la relación de parentesco entre el cuidador y la persona cuidada, es una variable influyente a la hora de matizar el tipo de sentimientos y obligaciones, del cuidador respecto a la persona cuidada, así como en la posible dificultad del cuidado y el nivel de distrés. De hecho la experiencia emocional de distrés, en circunstancias similares de cuidado, suele diferir en función del parentesco con la persona cuidada.
Los sentimientos de compromiso y obligación de los cuidadores tienen, por ejemplo, influencia sobre la duración del cuidado, y en este sentido, esposas e hijas suelen proveer la mayor parte del cuidado de larga duración. Sabido es, que los maridos cuidadores parecen tener menor influencia emocional negativa en el cuidado, que las esposas cuidadoras, supuesta controlada la severidad de la enfermedad (Anthony-Bergstone, Zarit y Gatz; 1988).
Parentesco del cuidador con el enfermo
Se ha observado, que supuesto controlado el factor de lugar o residencia de la persona cuidada, tanto las esposas como las hijas de las personas cuidadas, tienen ambas, parecidos sentimientos de distrés emocional, así como similares compromisos y sentimientos de obligación hacia la persona cuidada (Goodman, Zarit y Steiner, 1994).
Curiosamente se ha comprobado que las relaciones de parentesco no afectan a la posibilidad de ingresar la persona mayor dependiente en una institución o al tiempo que pueden acoger a una persona dependiente en el domicilio (Aneshensel et al, 1995), lo cual es contrario a la expectativa general de que las esposas cuidadoras, pueden seguir en el papel de cuidadoras más tiempo, por ejemplo que las hijas, u otros familiares.
Como antes se ha mencionado, se ha comprobado la importancia de la historia pasada, así como la trascendencia de la calidad de las relaciones antes de empezar la tarea de cuidado. Así que las relaciones previas al cuidado o los cuidadores que opinan que el cuidado de una persona dependiente es una cuestión de reciprocidad (Goodman, Zarit y Steiner, 1994), tienen menor nivel de distrés.
En lo que se refiere a patrones relaciones intergeneracionales y su relación con el cuidado, se ha comprobado que padres e hijos con buenas relaciones anteriores a la situación de dependencia, están más predispuestos a dar o recibir apoyo a la vez que cuando se pregunta a las personas mayores de quién les gustaría recibir apoyo, muy a menudo prefieren a los hijos que a otros miembros de la familia (Hogan, Eggeben y Clogg, 1993).
Asimismo, Eggebeen (1992) en un estudio sobre datos recogidos en USA llegó a la conclusión que la posibilidad de recibir cuidados por parte de los hijos, está relacionado con el estado civil de la persona mayor. Personas mayores divorciadas, están menos predispuestas a recibir apoyo de sus hijos, que las personas mayores viudas. De hecho, está cuestión puede plantear serios problemas en el futuro, ya que las personas mayores casadas pueden recibir cuidados tanto del cónyuge como de sus hijos, al menos desde un plano teórico, mientras que los divorciados carecen de cónyuge que les pueda proveer cuidados y parecen menos predispuestos a recibir cuidados de los hijos, lo que a largo plazo y ante el aumento de divorcios, sitúa a las personas cuyo estado civil es el de divorciados, en una situación desventajosa respecto a viudos o casados, cuando habitualmente necesitarán por su propio estado civil más cantidad de apoyo.
Nivel cultural y socioeconómico
El nivel cultural y el estatus socioeconómico afecta principalmente a cómo los cuidadores llevan delante de diferentes maneras la situación de cuidado. Diferentes grupos étnicos difieren en creencias sobre la importancia del cuidado de las Personas Mayores, así como sobre la discapacidad. Para algunos grupos, el cuidado en el domicilio es una de las prioridades más importantes, mientras que otros grupos consideran más importante el cuidado profesional (Lawton, Rajagopal, Brody y Kleban; 1992).
El estatus socioeconómico o la clase social, tiene probablemente una compleja relación con el proceso de cuidado. Se ha considerado generalmente que un nivel bajo de estatus socioeconómico o clase social, incide en un menor número de recursos disponibles y una mayor carga, así como un menor acceso a información y a recursos públicos.
Por mucho que lo evitemos, muchas veces no nos queda más remedio que planchar camisas, faldas,… Y aunque prendas como toallas y ropa interior puede prescindir de plancharlas, la montaña de ropa suele ser bastante alta. Aplicando estos trucos y técnicas sencillas, reduciremos al mínimo el planchado y aceleraremos aquel que no puedes evitar.
1. Utiliza suavizante
Añade suavizante al último aclarado de la colada y la ropa saldrá de la lavadora con menos arrugas. Si prefieres un remedio casero, añádele una taza de vinagre blanco en vez de suavizante.
2. Aprovecha la secadora
Bien utilizada, la secadora evitará gran parte del planchado. Para obtener los mejores resultados, saca la ropa antes de que esté totalmente seca y sacúdela. Recuerda no llenarla mucho para que la ropa no se apelmace. Si no tienes secadora, estira las prendas cuando las cuelgues en el tendedero, una buena técnica a la hora de tender reducirá mucho el tiempo de planchado.
3. Dobla antes de planchar
La seques en el tendedero o en la secadora, dobla la ropa con cuidado en vez de dejarla por ahí hasta que decidas plancharla. Así tendrás que luchar con menos arrugas.
4. Compra ropa que no se arruge
Las fibras artificiales suelen ser antiarrguas. Aunque no necesitan planchado, conviene colgar estas prendas en el cuarto de baño, donde el vapor hará desaparecer hasta la última arruga.
5. Reduce el planchado al mínimo
Seca faldas y vestidos colgados en perchas para no tener que plancharlos. Ni te molestes en planchar toallas, ropa interior y ropa de cama.
6. Plancha a la temperatura correcta
Consulta las instrucciones de la etiqueta antes de planchar. Si está a la temperatura adecuada, plancharás más rápido y no dañarás las prendas.
7. Del calor mínimo al máximo
Empieza planchando las prendas que requieren la temperatura más baja y ve subiendo. Así no tendrás que esperar a que la plancha se enfríe.
8. Prendas de algodón y lino
Siempre deben plancharse para que luzcan todo su esplendor. Para conseguir los mejores resultados, plancha las prendas húmedas o humedécelas con el vapor de la plancha.
9. Plancha paños de cocina y pañuelos
Si puedes, plancha paños de cocina y pañuelos, aunque solo sea porque contribuye a esterilizarlos.
10. No planchas ropa sucia
No caigas en la tentación de querer mejorar la ropa sucia mediante un rápido planchado. El calor de la plancha puede fijar las manchas en el tejido y luego será imposible quitarlas.
Alargar la vida de la plancha
Si queremos alargar la vida de la plancha, recuerda limpiar la base cuando esté fría para que no pierda su facilidad de deslizamiento. Si es de aluminio bastará con pasar un trapo húmedo o una esponja con un poco de detergente suave y evita siempre los productos abrasivos. En algunos centros encontrarás productos específicos para limpiar las planchas, aunque no son necesarios.
Existen numerosas evidencias empíricas de la proliferación de estrés en estas áreas, pero al igual que ocurre con los estresores, se han encontrado muchas diferencias individuales.
1. Conflictos familiares
Los conflictos familiares han sido objeto de atención al considerarse una de las posibles consecuencias negativas más comunes que el cuidado de una persona dependiente puede ocasionar. A través de datos de cuidadores de personas con demencia se identificaron tres dimensiones de los conflictos familiares (Semple, 1992):
Respecto a la definición de la enfermedad y de cómo proveer cuidado.
Cómo y cuántos miembros de la familia deben de cuidar a la persona dependiente.
Cómo apoyar al cuidador principal.
Se ha constatado asimismo, que los conflictos familiares son más comunes entre hijos/as cuidadores, que entre esposos cuidadores. Y que los conflictos familiares están relacionados con consecuencias negativas del cuidado, especialmente con sentimientos de depresión e ira (Semple, 1992; Aneshensel et al., 1995).
Algunos autores estiman (Aneshensel et al, 1995) que el cuidado de una persona dependiente puede adelantar o despertar conflictos familiares. En general y resumidamente, existe relación entre el cuidado y sus consecuencias en el ámbito familiar, al estar asociada un carga excesiva con exacerbaciones de los conflictos familiares. Estos conflictos pueden darse en muy diferentes formas, ejemplos: crisis en el seno de la familia cuando se deben de tomar decisiones importantes, como realizar o no tratamientos médicos, la continuidad del cuidado después de un período de hospitalización, traslados de la persona dependiente entre diversos domicilios, etc. Asimismo encontraron que en relaciones matrimoniales, una carga excesiva del cuidador principal, es una fuente de riesgo de conflictos matrimoniales.
2. Problemas laborales
Los problemas laborales de los cuidadores son otra posible común consecuencia negativa del cuidado. Los cuatro mayores predictores de conflicto entre cuidado y trabajo son los siguientes (Gibeau y Anastas, 1989):
La salud psicoafectiva de los miembros de la familia cuidadora.
El número de las tareas que el cuidador debe de realizar.
La presencia de hijos pequeños en la residencia del cuidador.
El que se entremezclen responsabilidades laborales al mismo tiempo que responsabilidades respecto al cuidado.
Juntamente con los anteriores predictores conviene citar otros que están relacionados con un aumento del absentismo laboral y del estrés como son: género del trabajador, estado civil, nivel de cualificación laboral, ingresos familiares, flexibilidad laboral, etc. (Neal et al, 1993). Otros estudios han relacionado el nivel de severidad de la dependencia relativo a la intensidad necesaria de cuidado, como un predictor de conflictos laborales (Gibeau y Anastas, 1989).
3. Disminución del tiempo libre y de las actividades sociales
Otra de las mencionadas consecuencias del cuidado para el cuidador, es la reducción en el tiempo libre y en las actividades sociales, que el cuidado de una persona dependiente puede producir. Las actividades sociales y de tiempo libre están vinculadas al apoyo social, y es difícil encontrar investigaciones que las estudien exclusivamente.
No obstante se ha encontrado (Montgomery, 1996) que los cuidadores con restricciones en actividades sociales y tiempo libre, necesitan más tiempo (a nivel objetivo y subjetivo) para dar respuesta a esas demandas, que los que dicen no tener restricciones en su tiempo libre, ni en sus actividades sociales. En general, los cuidadores que perciben su situación de cuidado como muy demandante, pueden limitar sus actividades sociales y perder así posibilidades de encontrar apoyo social.
4. Evidencias de trastornos clínicos
Numerosas investigaciones han tratado de analizar la existencia y prevalencia de trastornos en el cuidador, y especialmente, sobre la naturaleza y prevalencia de los trastornos afectivos que son los comúnmente más experimentados por los cuidadores (Thompson y Gallagher-Thompson, 1996). Hasta un 40% de los cuidadores pueden padecer depresión mayor o menor y se dan altos niveles de síntomas o trastornos depresivos en familias cuidadoras (Gallagher, Rose, Rivera, Lowett y Thompson, 1989),. Por otra parte otros autores han encontrado altos niveles de sentimientos de ira y hostilidad (Gallagher et al, 1989; Anthony-Bergstone et al., 1988) en diversas investigaciones sobre cuidadores, que pueden causar en los mismos distrés. Otro trastornos mencionados en diferentes investigaciones y que no han tenido tanta incidencia en las publicaciones como la depresión, son los trastornos de ansiedad.
En cuanto a la salud física, se han encontrado autoevaluaciones negativas de salud y presencia de síntomas psicosomáticos, así como que las situaciones de cuidado estresantes están relacionadas con problemas cardiovasculares e inmunológicos (Thompson y Gallagher-Thompson , 1995).
Los niños son curiosos por naturaleza y hacen preguntas acerca de las enfermedades mentales. El poder entender las enfermedades mentales puede ser un reto tanto para los adultos como para los niños. Los mitos, confusión e información incorrecta acerca de las enfermedades mentales causa ansiedad, crea estereotipos y continua el estigma. Durante los pasados 50 años se han hecho grandes adelantos en la áreas de diagnósticos y tratamiento de las enfermedades mentales. Los padres pueden ayudar a que los niños entiendan que éstas son enfermedades reales que pueden ser tratadas.
Para que los padres puedan hablar con los niños acerca de las enfermedades mentales, ellos tienen que estar bien informados y sentirse razonablemente cómodos con la materia. Algunos padres puede que tengan que hacer un poco de estudio para poder informarse mejor. Los padres deben de tener un entendimiento básico y las contestaciones para preguntas tales como: qué son las enfermedades mentales, quién las adquiere, qué las causa, cómo se hacen los diagnósticos y qué tratamientos hay disponibles.
Cuando se le explica a un niño cómo las enfermedades mentales afectan a una persona, puede ser de ayuda el hacer una comparación con una enfermedad física. Por ejemplo, muchas personas se enferman con la gripe o con influenza, pero sólo unos pocos se enferman con algo serio como pulmonía. Las personas que contraen la gripe pueden usualmente llevar a cabo sus actividades normales. Sin embargo, si contraen pulmonía, ellos tienen que tomar medicamentos y puede que tengan que ir al hospital. De manera similar, los sentimientos de tristeza, ansiedad, preocupación, irritabilidad o problemas con el dormir son comunes para la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando dichos sentimientos se intensifican demasiado, duran por un largo período de tiempo y comienzan a interferir con el trabajo escolar, el trabajo o las relaciones, ello puede ser indicio de una enfermedad mental.
Los padres deben de estar conscientes de las necesidades, preocupaciones, conocimiento y experiencia de sus niños con las enfermedades mentales. Cuando se les habla acerca de las enfermedades mentales, los padres deben de:
Comunicarse de una manera directa
Comunicarse en un nivel apropiado para la edad y nivel de desarrollo del niño
Hablar cuando el niño se sienta seguro y cómodo
Observar la reacción del niño durante la explicación
Ir más despacio o dejar de hablar si observa al niño confundido o si lo ve angustiado.
El considerar esos puntos puede ayudar al niño a relajarse y a entender mejor la conversación.
Los niños de edad pre-escolar
Los niños pequeños necesitan menos información y menos detalles debido a su habilidad limitada para entender. Los niños pre-escolares se enfocan principalmente en las cosas que ellos pueden ver; por ejemplo, ellos pueden tener preguntas acerca de una persona que tiene una apariencia física poco común o que se comporta de manera extraña. Ellos también están muy conscientes de las personas que están llorado y obviamente apenados, o que gritan y estan airados.
Los niños de edad escolar
Los niños mayores pueden querer más detalles específicos. Ellos puede que hagan más preguntas, especialmente acerca de amigos o familiares con problemas emocionales o de comportamiento. Su preocupación y preguntas son generalmente bien directas. «¿Por qué está llorando esa persona?» «¿Por qué Papi bebe y le da tanta rabia?» «¿Por qué está esa persona hablando consigo misma?» Ellos pueden preocuparse acerca de su seguridad o la seguridad de su familia y amigos. Es importante el contestar las preguntas directamente y honestamente y tranquilizarlos acerca de sus preocupaciones y sentimientos.
Los adolescentes
Los adolescentes en general son capaces de asimilar mucha más información y hacer preguntas más específicas y difíciles. Los adolescentes a menudo hablan con mayor confianza con sus amigos que con sus padres. Como resultado, algunos adolescentes pueden ya tener información errónea acerca de las enfermedades mentales. Los adolescentes responden de manera más positiva al diálogo abierto que incluye los dos puntos de vista. Ellos no se muestran tan abiertos o sensibles cuando sienten que la conversación expresa un sólo punto de vista o si se parece a un regaño.
El hablarle a los niños acerca de las enfermedades mentales puede ser una oportunidad para que los padres le provean a sus niños información, sostén y orientación. El aprender acerca de las enfermedades mentales puede conducir a mejorar el reconocerlas y entenderlas, tratarlas a tiempo, tener compasión y ayudar a disminuir el estigma.
Recomendamos la lectura de un libro que está pensado para que cualquier niño conozca la enfermedad mental, y en especial dirigido a todos aquellos que tengan un familiar con una patología de este tipo. Además, el libro incluye orientaciones para los educadores para abordar la enfermedad mental con los niños en edad preescolar. De este modo, el cuento se convierte así en una herramienta excelente para combatir el estigma, educando a las nuevas generaciones en esta cuestión lo antes posible.
«Fufú y el abrigo verde»nos facilita algunas respuestas a esta serie de preguntas que pueden plantearse al conocer un diagnóstico de enfermedad mental. El libro, editado por la Fundación AstraZéneca, a iniciativa de la Confederación FEAFES, narra la historia de una familia de zorros, en la cual el padre cambia su comportamiento. El texto se acompaña de vistosas ilustraciones que ayudan a desarrollar e introducir matices en la historia.
El cuidado de personas mayores dependientes ha sido identificado como uno de los eventos más estresantes que se dan en el ciclo familiar (Zarit, 1996) y para el que se han identificado diferentes y adversas consecuencias, más si cabe cuando el cuidado de personas mayores dependientes no es por lo general, una actividad que termina en un corto espacio de tiempo. Las consecuencias comúnmente más identificadas se producen a diversos niveles: emocionales, relacionales, económicos, de reducción de tiempo libre, a nivel laboral, etc. El hecho de que el cuidado pueda perdurar en el tiempo, presenta a lo largo del proceso de cuidado, nuevos cambios en la familia. Incluso el hecho de la institucionalización del familiar después de años de cuidado o la muerte del mismo, no conduce en muchos casos al tan mencionado estereotipo de un momento de «relajación y descanso de la familia«, sino que pueden hacer que surjan nuevos procesos estresantes.
Las múltiples investigaciones existentes sobre apoyo informal, ofrecen un mosaico cada vez más diverso. Ante intentos reduccionistas de entender el cuidado de personas mayores dependientes como un proceso similar, en una gran mayoría de los casos, es necesario destacar la complejidad y la diversidad del mismo. No existe un único patrón de adaptación y afrontamiento ante las diversas situaciones de cuidado, sino que se da una gran variación individual en cada una de las fases y momentos del mismo. Las diversas familias y cuidadores difieren en el tipo de deseo o situación que les lleva a cuidar a una persona dependiente, en sus habilidades para el cuidado, en el tipo de sentimientos que les lleva a realizar el rol de cuidadores (desde la obligación al acto voluntario), en los recursos disponibles. Por otro lado existe una gran variabilidad del tipo de cuidado de las personas mayores en función del tipo de dependencia que se presenta, la personalidad de la persona mayor, la historia en común con los cuidadores, la posibilidad de que acepten el cuidado de una u otra manera, etc. Sentimientos de distrés o carga, están influenciados pero no únicamente definidos por el tipo de enfermedad o nivel de discapacidad de la persona mayor. Cuidadores de personas mayores con gran nivel de dependencia presentan bajos o nulos niveles de distrés, mientras que cuidadores de personas con niveles moderados o bajos de dependencia, presentas elevados niveles de carga subjetiva. Estos patrones individuales suelen diferenciarse más a medida que transcurre el tiempo de cuidado, en el sentido de que existen cuidadores que se van adaptando exitosamente a las sucesivas demandas del cuidado, mientras que otros se sienten progresivamente con mayores niveles de carga.
Para explorar estas diferencias individuales, diferentes autores han formulado diversos modelos explicativos sobre las diversas variables influyentes en el cuidado. Así desde el modelo de Lazarus y Flokman (1984) donde la reacción al estrés que produce al cuidado es mitigada por la capacidad de evaluar esa amenaza percibida, así como por el tipo de afrontamiento; o desde el modelo de Pearlin y colaboradores (Pearlin y Skaff, 1995) donde se enfatizan que los conflictos con otros miembros de la familia y la disminución de la autoestima, por ejemplo, pueden tener efectos en la capacidad de afrontamiento de los cuidadores y en su red de apoyo social. Igualmente Vitaliano y colaboradores (1989) desarrollaron un modelo donde el distrés es conceptualizado como resultado de las relaciones entre estresores objetivos y recursos psicológicos, sociales y emocionales del cuidador.
El proceso de estrés se concibe desde la relación de tres componentes principales:
Los estresores bien pudieran ser representados por demandas y tareas que se demandan al cuidador, tanto por parte de la persona cuidada, como las que la propia situación de cuidado crea (ayuda en actividades de vida diaria, hacer frente a problemas de conducta de la persona cuidada). Los resultados o consecuencias se refieren a los que la experiencia del cuidado hacen surgir en el cuidador, aquí se pueden destacar las consecuencias a nivel de salud física y de salud psíquica (depresión, trastornos psicosomáticos,…). El tercer componente esencial, de todo proceso de estrés son las variables moduladoras, como lo es el apoyo social y el afrontamiento. Las variables moduladoras son aquéllas que regulan los efectos de los estresores que aparecen a la hora de desarrollar el cuidado.
Es de destacar, que en todo proceso de estrés, cada uno de estos componentes se ve influenciado por las características sociales y económicas de los cuidadores, así como por la situación en la que se desarrolla el cuidado (por ejemplo, acceso a recursos económicos). Así como que la interrelación entre los componentes siendo así que cambios en alguno de los componentes, provocan cambios en los otros. Los estresores pueden emerger en diferentes situaciones de cuidado y repetirse y cronificarse; favoreciendo incluso la presencia de ciertos estresores la aparición de otros y su proliferación (Pearlin, 1994).
Los estresores iniciales se denominan estresores primarios y como resultado de los mismos, pueden aparecer los estresores secundarios, lo que algunos autores han denominado «proliferación de estrés» (Pearlin, 1994). Esta manera de entender el proceso de estrés que se da en el cuidado, hace referencia al orden de aparición en el tiempo en el que se produce el cuidado, de los citados estresores y no a la potencia o influencia, de los mismos en dichas situaciones.
Particularmente interesante nos parece profundizar en el modelo de proceso de estrés (Aneshensel et al, 1995), que aparece resumido en la figura siguiente y que puede servir tanto de referencia a la hora de analizar otros modelos diferentes, como por sus implicaciones clínicas, de intervención y evaluación del proceso de cuidado.
Este modelo se basa en tres conceptos principales:
el primero hace referencia a una característica central de las situaciones que provocan estrés crónico, como es el cuidado de una persona dependiente, y es el potencial de estas situaciones como generadoras de estrés al interferir los estresores en otras áreas de funcionamiento de la vida diaria del cuidador. Comprenden lo que anteriormente se han definido como estresores primarios, como son: el tiempo y el esfuerzo dedicado al cuidado, la energía dedicada al mismo. Como ejemplo del funcionamiento de este tipo de estresores primarios se podría señalar los problemas de una pareja, en la que uno de ellos es cuidador de un familiar fuera de la pareja, y en la que el/la cuidador/a tiene sentimientos negativos al dedicar más tiempo al cuidado, que al otro miembro de su pareja.
El segundo concepto es el de la «contención de estrés», proceso por el cual los cuidadores pueden limitar o disminuir los efectos que el cuidado de una persona dependiente conlleva, utilizando ciertos recursos disponibles. Estos recursos pueden ser de naturaleza psicológica, como estrategias adecuadas de afrontamiento o alta autoestima; de naturaleza social, tipo recibir apoyo emocional o instrumental; de naturaleza económica, etc. Sobre este tipo de recursos disponibles por los cuidadores, cabe destacar que en general disminuyen la carga y el distrés, pero para ello los cuidadores los tienen que entender como adecuados.
Como tercer elemento, se propone (Aneshensel et al, 1995) que el cuidador debe de entender el cuidado, como un proceso, en el que se deben de dar tanto aprendizajes, como nuevas formas de socialización, etc. Una buena adaptación a los requerimientos del cuidado depende tanto de los estresores, como de los recursos disponibles, así como del particular punto de vista de cuidador a la hora de entender el cuidado. A continuación se van a detallar los elementos principales analizados en algunos de los diferentes modelos de estrés.
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