Trabajar en horario nocturno resulta indispensable en ciertos sectores como el nuestro, ademas de los profesionales sanitarios, los transportistas, los distribuidores de prensa, o aquellos que velan por la seguridad común, como los bomberos o las fuerzas de seguridad del estado, pero, además, cada vez son más las empresas que no cesan su actividad ni de día ni de noche, bien por la demanda de los usuarios (estaciones de servicio, farmacias, tiendas de alimentación, locales de ocio…), o para compensar el alto coste de la maquinaria adquirida para manufacturar los productos que comercializan.
También influye la globalización económica y comercial que implica una ampliación de los horarios, ya que cuando en España llega el momento de irse a la cama, comienza la jornada laboral en otros puntos del planeta.
Trabajar por turnos las 24 horas del día, los siete días de la semana, supone también un incremento de la plantilla que beneficia a los trabajadores que buscan empleo. Además, por lo general en los turnos de noche los salarios son superiores y algunas personas, por sus circunstancias personales, incluso prefieren este horario. Sin embargo, los especialistas advierten de las repercusiones que tiene sobre la salud el hecho de no dormir durante la noche. Por eso, si no hay más remedio que trabajar en turno de noche, al menos se deben seguir una serie de recomendaciones que contribuyan a paliar las consecuencias en la medida de lo posible.
Consejos para los trabajadores del turno de noche
Duerme las horas necesarias, como mínimo, seis horas diarias, con independencia del turno que realice. Si no es bastante para que te sientas bien, deberás incrementar el número de horas. Además de dormir, también te sentirás mejor si descansas lo suficiente, porque de esta forma se recupera el desgaste físico y se alivia la fatiga.
Prepara el dormitorio para que tenga las condiciones adecuadas de luz, temperatura y aislamiento acústico que faciliten conciliar el sueño. Siempre que sea posible procura que tu dormitorio esté situado en el lugar más tranquilo de la casa. Puedes utilizar tapones para los oídos para minimizar los ruidos que no puedas evitar.
Establece un horario regular para dormir, precedido de acciones rutinarias, como lavarse los dientes, ducharse con agua caliente, leer un rato. Esto sirve para que el cerebro asocie estas actividades con el momento de dormir.
Prueba con distintos horarios si le resulta difícil dormirse. Si no consigues dormir suficientes horas seguidas, inténtalo fraccionando el descanso y echando una siesta antes de entrar a trabajar, por ejemplo. En este caso debes asegurarse de que estás suficientemente alerta para comenzar la jornada laboral, ya que una breve siesta, cuando no se ha dormido lo suficiente, puede hacer que te sientas somnoliento.
No es bueno acostarse con hambre, es mejor que comas algo antes, pero debe ser ligero porque una digestión pesada puede dificultar conciliar el sueño. Tampoco bebas alcohol porque, aunque en principio provoca somnolencia, después causa despertar precoz y le impedirá dormir lo suficiente.
Las personas que convivan en la misma casa deben respetar al máximo tus horas de sueño, y no realizar actividades ruidosas, como pasar la aspiradora, poner la lavadora o escuchar la televisión o la radio a un volumen que perturbe tu descanso.
Aprende métodos de relajación que te ayuden a desconectar del trabajo antes de meterte en la cama.
Practica algún deporte o, por lo menos, realiza una actividad física entre moderada e intensa de forma regular. Esto te ayudará a mantener tu salud y a dormir mejor.
Organiza tu calendario de manera que puedas dedicar tiempo a tu familia y amigos sin que te resulte agotador. Una jornada laboral que no coincide con la del resto de personas del entorno, puede provocar aislamiento social, originar trastornos emocionales y ser motivo de divorcio, entre otros problemas.
Limita el consumo de cafeína y otros estimulantes. Aunque durante tu jornada laboral puedan resultar de ayuda para mantener la concentración, su efecto puede prolongarse e interferir con tu descanso.
Procura mantenerte bien hidratado durante el turno de trabajo, bebiendo agua con regularidad. Si tienes hambre, toma algo ligero (fruta, un yogur, cereales, un puñado de frutos secos) y evita ciertos alimentos como las patatas fritas, los bocadillos de embutidos grasos y los dulces, que podrían hacerte ganar peso y afectar a tu salud, al elevar los niveles de colesterol.
Basada en una vivencia real en la que se intercambian los papeles, donde el temor a la parquedad con el lenguaje y la pobreza de mis palabras resultó ser irrelevante para mantener una plácida conversación con una señora inglesa que residía en la misma família que yo. Desde mi ignorante juventud ni siquiera advertí nada, ni tan siquiera cuando me habló de los rebaños de ovejas que se veían en mis primeras fotos de nubes tomadas desde el avión. Sólo al día siguiente, cuando tuve que repetir toda la conversación fui consciente de sus circunstancias. Aunque para ser sincera, las conversaciones con ella fueron siempre tan agradables que creo que ese verano aprendí cosas más importantes de aquella señora que consideré «mi abuela inglesa» que la lengua inglesa que había sido el motivo de mi viaje. Veinte años después imagino que «mi querida abuela inglesa» ya disfruta de preciosas vistas, la de amplios campos llenos de rebaños de ovejas.
¿Quién se acuerda del que cuida a los demás? El sindrome del cuidador,que afecta a aquéllos en quienes se delega el trabajo de atender a los dependientes, empieza a extenderse en nuestra sociedad.
Normalmente, las personas que se dedican a cuidar de aquéllos que, por enfermedad o edad avanzada, se encuentran en situación de dependencia, son prácticamente invisibles a ojos de los demás, que nos liberamos así de la responsabilidad que nos toca echando toda la carga sobre aquéllos a los que “injustamente” les ha tocado tan ingrata tarea.
En una sociedad cada vez más longeva, las personas cuidadoras de familiares dependientes cada vez son más; el Síndrome del cuidador es ya una realidad que cada vez cuenta con más afectados. Las personas afectadas tienen fuertes sentimientos de soledad, tristeza, incomprensión, culpa e incluso agresividad, aparte de un intenso cansancio físico y vital.
Por supuesto, este problema es muy complejo; cada caso es un mundo y no hay dos situaciones iguales, como no hay dos personas iguales.
Sobre todo, no olvidemos que:
[bctt tweet=»“cuidamos con todo el amor del mundo pero, a veces, todo el amor del mundo no es suficiente”»]
Y es que…nadie nos ha enseñado a cuidar. Facilitar una “guía” no es tarea fácil, pero os ofrecemos una serie de pautas que pueden servir de ayuda.
Intentar facilitar la autonomía del familiar al máximo. Dejar que haga lo que todavía puede hacer, aunque tarde más tiempo. Si no, estaremos favoreciendo su dependencia y aumentando nuestras labores.
Es importante evitar el estrés en la medida de lo posible, planificando de antemano las situaciones.
También hay que favorecer la adaptación del entorno, procurando que este sea estable y seguro. Nos ayudará a evitar accidentes innecesarios.
La actitud positiva juega en nuestro favor; es fundamental mantenerla en lo posible.
Sobre todo, comprender que el familiar enfermo no hace las cosas “para fastidiar”,sino que su padecimiento es el que genera conductas nuevas y difíciles de entender en ocasiones.
Los sentimientos negativos que aparecen en algunos momentos son humanos. Lo importante es saber reconocerlos e intentar superarlos, o, al menos, equilibrarlos con otros más positivos.
Si es posible, hay que procurar informarse y/o formarse, sobre todo en algunas patologías como las demencias, por lo complejas que éstas pueden llegar a ser.
La tarea de cuidar tiene una doble vertiente, en la que el cuidador primero debe conocer las necesidades de la persona mayor y después saber cómo satisfacerlas. En función de la naturaleza del problema, cuidar puede requerir una pequeña cantidad de trabajo o una gran tarea, puede ser algo breve o que no se sabe cuándo va a finalizar. Cuando es una gran tarea o se prolonga durante mucho tiempo, puede ser una rutina diaria que ocupa gran parte de los recursos y de las energías del cuidador.
De hecho, la vida del cuidador en la mayoría de las ocasiones se organiza en función del enfermo, y los cuidados atencionales tienen que hacerse compatibles con las actividades de la vida cotidiana. Incluso en ocasiones, especialmente en las enfermedades crónicas y degenerativas, no son las atenciones las que se adaptan al horario de los cuidadores sino que todo el horario se adapta en función del enfermo al que se atiende: horario laboral, de comidas, de vacaciones… (Alonso, 2002; Dellmann- Jenkins, Blankemeyer y Pinkard, 2001), llegando algunos cuidadores a tener que abandonar sus trabajos por la incompatibilidad que conlleva trabajar fuera de casa y atender a su familiar enfermo; o a trasladarse de su propio hogar al del familiar enfermo para poder atenderle mejor. Ofrecen cuidados silenciosos, muchas veces durante una gran cantidad de años, día tras día, noche tras noche…
En algunos casos los mayores necesitan ayuda para ciertas actividades concretas (e.g. compras pesadas, tareas del hogar que requieren un esfuerzo importante, etc.), pero en otros la ayuda no es tan mínima, ni tan concreta, sino que necesitan asistencia para realizar algunas o muchas de las actividades diarias básicas (e.g. comer, lavarse, caminar, etc.). De hecho, según los datos de la Encuesta sobre discapacidades, deficiencias y estado de salud (Instituto Nacional de Estadística, 2000) el 21% de los españoles mayores de 65 años presentan dificultades para desplazarse fuera del hogar y un 16,3% para realizar las tareas domésticas.
Los cuidadores, en la práctica totalidad de las ocasiones, además de una atención instrumental de mayor o menor intensidad, prestan una atención emocional al familiar mayor del que están pendientes: le hacen compañía, escuchan sus inquietudes, se encargan de supervisar que el mayor “se encuentre bien”, “a gusto”, “todo lo tranquilo que pueda”, etc. (Roca et al., 2000; Mateo et al., 2000). De hecho, más allá de la dependencia física, los mayores también pueden presentar dependencias económicas (al dejar de ser personas laboralmente activas), sociales (al ir perdiendo personas y relaciones significativas) y mentales (al perder progresivamente la capacidad para resolver problemas y tomar decisiones propias). Y de todas estas necesidades se ocupan en una u otra medida sus familiares (Leturia y Yanguas, 1999; Montorio, 1999).
El cuidador es un elemento sociosanitario esencial, es un recurso de importancia cada vez mayor, ya que desarrolla una importante función que permite conservar y mantener funcionalmente el mayor tiempo posible a los mayores, facilitando la integración en su entorno, estimulando las funciones que todavía están conservadas, y supliendo las capacidades perdidas por otras, aumentando la supervivencia y viabilidad funcional de los mayores en la comunidad (Artaso, Goñi y Gómez, 2001a; Pérez, 1997).
Para tratar de conseguir todo lo anterior, las tareas habituales de cuidado son realizadas por los cuidadores informales de forma continuada. Los cuidadores en la mayoría de los casos (85% del total) prestan su ayuda todos los días al familiar mayor, dedicando más de 5 horas a estos cuidados un 53% de los cuidadores, y entre 3 y 5 horas el 20% de los casos. En numerosas ocasiones no reciben ayuda de ninguna otra persona para llevar a cabo su labor y no tienen ningún día libre a la semana para descansar de su función. Además, las tareas que los cuidadores de nuestro país llevan a cabo se prolongan a lo largo del tiempo, presentando los cuidadores una media de entre 42 y 72 meses en el desempeño de su rol (Losada, Izal, Montorio, Márquez y Pérez, 2004; Roca et al., 2000; Rubio et al., 1995). Es por tanto una actividad intensa y constante (Escudero et al., 1999; López, Lorenzo y Santiago, 1999; Losada, 2005).
A la hora de prestar cuidados (IMSERSO, 2005) la mayoría de los cuidadores conviven en el mismo domicilio del mayor al que atienden (61% en el caso de los mayores varones a los que hay que atender y 55% en el caso de las mujeres). Esto mismo ocurre en otros países desarrollados (e.g., Canadá, Estados Unidos, Reino Unido) en los que más de la mitad de los cuidadores residen en el mismo domicilio del mayor (Clyburn, Stones, Hadjistavropoulos y Tuokko, 2000; O’Connor et al., 1991; Toseland, Labrecque, Goebel y Whitney, 1992).
Conforme aumenta la edad del mayor se incrementa considerablemente el porcentaje de personas que conviven con sus familiares por turnos, pues se pasa de un 1% en la cohorte más joven a un 15% en los mayores de 85 años. En general entre un 12% y un 33% de los mayores dependientes van rotando por los domicilios de sus hijos.
«Apoyo familiar. Cuidado de las personas mayores en el hogar realizado» por imsersomayores.es
La familia continúa siendo hoy en día el principal punto de apoyo para muchas personas de la tercera edad que tienen mermada su salud a pesar de las prestaciones que se ofrecen desde las instituciones públicas y privadas. Sin embargo, la incorporación de la mujer al trabajo y el ritmo de la sociedad actual imponen, cada vez con mayor frecuencia, que haya que recurrir a personas ajenas al hogar para que se encarguen de su cuidado y atención. Elegir al cuidador no es nada fácil. De sus capacidades y de su empatía con nuestro familiar dependerá una buena parte de su felicidad y bienestar.
La mejora de las condiciones de vida y los avances médicos están permitiendo que muchas personas disfruten de una vejez con buena salud, llena de actividades y con plena independencia. Sin embargo, no todo el colectivo de mayores logra llegar hasta el final de su vida en perfectas condiciones. Tarde o temprano, y sin necesidad de que exista una enfermedad de por medio, los mayores requieren la ayuda de terceras personas para realizar algunas de sus tareas cotidianas como acudir al médico, cocinar o bañarse, aunque sean capaces de vivir solos.
Tradicionalmente, la familia, y en especial la mujer, ha sido y sigue siendo, la encargada de atender y de cuidar a los abuelos, a los suegros o a algún pariente de edad avanzada a pesar de su incorporación al mundo laboral y del incremento de los recursos asistenciales públicos y privados de los últimos años.
Según la Sociedad Española de Geriatría, el perfil característico de las personas que atienden a los mayores es el de una mujer (83%), casada (77%), con una edad media de 52 años, que comparte el domicilio con la persona que cuida (60%) y tiene algún grado de parentesco con ella (el 43% son hijas, un 22% esposas y un 7,5% nueras). Un 60% afirma, además, no recibir ayuda de otras personas para realizar esta labor.
La sociedad española concibe como “una obligación” y “un deber” atender a los mayores. Pero cuidar y asistir a una persona mayor no es una tarea fácil aunque lo hagamos con cariño; mucho más si el grado de dependencia de ésta es grande. Requiere de un gran esfuerzo personal y emocional y, en ocasiones, hasta de cambios de vida. Si no se cuenta con la ayuda necesaria puede, incluso, convertirse en una carga que lleve a rencillas familiares, problemas laborales, personales y de salud importantes.
¿Cómo elegir al cuidador ideal?
Las administraciones públicas, a través de sus servicios sociales, y algunas entidades privadas ofrecen a las familias diversos tipos de apoyo como la ayuda domiciliaria, la teleasistencia, los centros de día y el sistema de respiro familiar. La otra opción es contratar a un cuidador que, por horas o a jornada completa, nos libere de la tarea si resulta imposible compartirla con otro miembro de la familia.
Pero ¿cómo elegir a la persona ideal? Para Mª Ángeles García Antón, trabajadora social del Hospital Cruz Roja de Madrid, y coordinadora del grupo de trabajo para el seguimiento de la Ley de Dependencia de la Sociedad Española de Geriatría, las características que debe tener un cuidador son: vocación, “que le guste trabajar con mayores”, formación, intuición “para alertar a la familia, médico y servicios sociales de cualquier anomalía” y empatía con el anciano, “que sea respetuoso con sus costumbres”.
Antes de contratar a un cuidador hay que definir las necesidades que tiene la persona de la que se va a ocupar. No es lo mismo que ésta tenga una gran dependencia y que tome medicación a que tan sólo necesite un poco de compañía. Será positivo tanto a la hora de contratar a un profesional específico (auxiliar de geriatría, auxiliar de clínica, persona de compañía, asistenta) como a la hora de definir su trabajo. Es muy conveniente, además, tener referencias de esa persona antes de contratarla.
Entre las cualidades que hay que valorar en un cuidador son:
Formación.
Que le guste trabajar con personas mayores.
Respeto a su intimidad y sus costumbres.
Intuición para detectar y alertar de cualquier problema.
Atento a sus reacciones, opiniones y gustos.
Facilidad de comunicación.
Agilidad y destreza para atender a personas con problemas de movilidad.
Simpatía.
Que sea motivador.
Pacto familiar
“No debe ser una persona inmóvil, que sólo haga su trabajo o actúe en caso de emergencia. Tiene que ser una persona que le ayude y que le motive para que mantenga al máximo su calidad de vida”, apunta Mª Ángeles. Es importante, además, que contemos con la aprobación de la persona mayor antes de meter algún desconocido en casa, porque los ancianos suelen ser “desconfiados y miedosos” . Para solventar los posibles problemas que puedan surgir de tomar esta decisión, recomienda el pacto familiar.
Roberto Martín, director de Serdomas Sistemas, afirma que no se es consciente del papel tan importante que juega el cuidador en la vida de un anciano “El cuidador es el pilar del centro de trabajo porque está en contacto directo con el paciente. Son para ellos como un familiar. Para los médicos son de gran ayuda porque nos cuentan sus cambios de humor, si comen o no, si les inquieta algo”, explica. Desde su experiencia afirma que las facultades que tiene que tener un cuidador es la de conocer su trabajo, ser cariñoso y mantener una “comunicación fluida” con el anciano para que éste manifieste al profesional todas sus preocupaciones.
Evitar la picaresca
Se alerta a las familias sobre las personas que se ofrecen en anuncios en la calle o en centros públicos ya que la única preparación que suelen tener es “haber cuidado a su abuelita”.
En nuestra opinión, es importante que las familias, independientemente de cómo hayan contratado al cuidador, supervisen su trabajo y le exijan el cumplimiento de sus funciones. “La persona mayor es muy frágil, y ante un cuidador o situaciones que le desbordan puede sentirse indefenso”, señala. El objetivo es evitar la picaresca, los abusos económicos o la falta de trato.
“Desde los centros de salud o los equipos sociales se debería ejercer más control sobre los cuidados que dispensan los cuidadores, sobre todo en aquellos casos en que los ancianos carezcan de familia y vivan solos, para evitar situaciones desagradables”, añade. Es necesario que la Administración haga un esfuerzo para formar a estas personas que se ofertan sin preparación alguna, más cuando la Ley de Dependencia trata de velar porque las personas dependientes tengan el máximo de autonomía posible en su propio domicilio “Cuanto más formado esté el cuidador, más ayudaremos al mayor a tener autonomía y motivación”.
Condiciones de vida
La última encuesta realizada por el Imserso (Instituto de Mayores y Servicios Sociales) sobre las condiciones de vida de las personas mayores en España revela que el 91% de las personas viven solas durante todo el año mientras que el 0,6% dice rotar entre casas de sus hijos. Entre los que señalaban tener dificultades para realizar alguna de las actividades básicas, un 38,5% afirmaba contar con el apoyo de las hijas, un 22,2% con el del cónyuge, un 10,2% con el de los hijos y un 9,2% con el de una empleada del hogar.
Más de la mitad de los mayores encuestados considera que los hijos cuidan peor a sus padres que generaciones anteriores.
Cualidades Cuidadores
Elegir al cuidador no es nada fácil. De sus capacidades y de su empatía con nuestro familiar dependerá una buena parte de su felicidad y bienestar
La depresión es la enfermedad de este siglo y afecta a muchísima gente de todas las edades, pero como cualquier otra enfermedad, se comporta de forma diferente en los adultos mayores. Muchas veces no comprendemos determinados comportamientos de un anciano pero debemos entender que probablemente mucha gente muy cercana a él hoy no esté, y además, como cualquier ser humano, es consciente de su mortalidad, pero en el caso de un anciano, la ve, lógicamente, más cerca.
A pesar de esto, hay que tener en cuenta determinados mitos en cuanto a la depresión en la edad adulta. Dan Blazer, especialista en psiquiatría geriátrica tira por tierra varias creencias.
Mucha gente piensa que es más difícil de tratar, y no lo es, es simplemente diferente. En aquellos casos de depresión que no presentan daños cognitivos, la posibilidad de responder a tratamientos específicos es muy similar a la de gente joven. Pero sí existe la posibilidad de efectos secundarios de los medicamentos, o incluso cuadros de demencia o pérdida de capacidades cognitivas que compliquen cualquier tipo de tratamiento.
La sintomatología de la depresión no es diferente en los adultos según Blazer, lo que sí sucede es que éstos son proclives a negar sentimientos de culpa o tristeza. Si existe, según estudios una mayor tendencia a una insatisfacción con la vida y una gran desconfianza hacia los tratamientos.
Hay determinados tratamientos que se pueden tomar antes de incurrir en la medicación. Se pueden tomar medidas para cambiar las variables más cercanas a la persona, ver el lugar donde vive y donde se mueve para tratar de mejorarlo.
El simple hecho de hacer el lugar donde habitamos más iluminado, colorido, cómodo y acogedor un espacio puede redundar en una mejora sustancial en el estado de ánimo.
En caso de tener la posibilidad económica es importante evaluar seriamente la chance de un sistema de compañía adecuado. Hay cientos de empresas en todos los países que ofrecen un servicio de acompañantes profesional y altamente capacitado.
Es una gran medida incentivar la interacción con otras personas de su edad, existen varios grupos de personas mayores que realizan paseos y actividades que permiten levantar el ánimo de la persona.
¿Qué puede hacer la familia ante la depresión en personas mayores?
Considere la depresión como una enfermedad. Es tan real y tan invalidante como la cardiopatía o una neumonía. Es también una enfermedad muy tratable.
Pase tiempo con la persona si él o ella lo necesita o lo desea.
Evite hablar solamente de la depresión y de sus síntomas. Hable de otras personas, del tiempo, de deportes o de las noticias. Si la persona deprimida quiere hablar de su depresión, déjela. Si usted ve sus criterios como no auténticamente deprimidos, dígale que difiere con su punto de vista. Si la discusión se dificulta demasiado o persiste por mucho tiempo, cambie de tema.
Pidale a la persona deprimida que ayude con las tareas que están dentro de sus capacidades y que le permitirán sentirse util.
Acompañe a la persona deprimida a hacer ejercicios sencillos,caminar por ejemplo.
Deje a la persona deprimida estar sola si lo desea. Solo si usted cree que él(ella) sea suicida debe insistir en que no esté solo(a). Si usted cree que la persona es suicida, o si ésta declara que lo es, pregúntele acerca de ello en detalle, inquiriendo acerca de sus sentimientos, planes, y un acceso a un medio para el suicidio. Si usted siente que hay un riesgo, contacte al terapeuta de la persona y quédese con ella.
No responda a la irritabilidad con mal genio o discusiones. La irritabilidad forma parte de la depresión y responde mejor a una revocación breve por su parte.
No espere que la persona deprimida haga mucho. La depresión es una enfermedad real y severa. No puede esperarse que las personas que están sufriendo de ella hagan tanto como lo que podían cuando sanas.
Siga con su propia vida. Estará en mucha mejor condición para ayudar si permanece físicamente y emocionalmente saludable. Asegurese de tener tiempo para salir y hacer las cosas que usted goza.
Converse con otros que puedan ayudarle a hacer frente a esta situacion: amigos, familia o un terapeuta. Así como las personas deprimidas necesitan hablar de sus sentimientos, las familias necesitan hablar de los problemas de vivir con alguien que está deprimido(a). Muchas personas encuentran consuelo en los grupos de ayuda propia para la personalidad que constan de amigos y miembros de familia de personas deprimidas que se reúnen para apoyar y educarse los unos a los otros.
No se sorprenda o se desaliente si llegan a ver algunos contratiempos. Habrán días buenos y días malos a través de la recuperación de la depresión así como los hay en la recuperación de cualquier otra enfermedad grave.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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