Hasta donde somos capaces de soportar el estres

Hasta donde somos capaces de soportar el estres

La capacidad de un individuo para soportar el estrés tiene un límite. El estrés prolongado provoca cansancio y tensión a nivel físico y mental, y aumenta el riesgo de contraer ciertas enfermedades, por lo que debe ser considerado como una amenaza para la salud.

Actualmente se sabe que existen mecanismos concretos a través de los cuales nuestro cuerpo responde a las situaciones de amenaza. Una vez que la persona ha identificado la señal de peligro, son tres los sistemas o ejes que se ponen en marcha como reacción al estrés, el sistema nervioso, el neuroendocrino y el endocrino.

  • El sistema nervioso autónomo es el primero en activarse, en cuestión de segundos, una vez identificada la amenaza. Lo hace principalmente, mediante la rama somática, responsable de la tensión muscular y pondrá en movimiento nuestro cuerpo; y la rama simpática que, a través de una sustancia llamada noradrenalina, encargada de transmitir los impulsos eléctricos de una neurona a otra, estimulará los órganos internos provocando el aumento del ritmo cardíaco, la dilatación de las pupilas, la agitación de la respiración y la elevación de la sudoración, entre otros cambios.
  • El sistema neuroendocrino tarda más en dispararse y, por tanto, necesita que las condiciones de amenaza se presenten de forma prolongada, durante un período de tiempo más largo.

Las glándulas suparrenales son estimuladas durante la respuesta de estrés y liberan unas sustancias denominadas catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) que ayudan a aumentar y mantener efectos similares a los descritos para el eje neural.

Esta reacción es la base fisiológica de la llamada respuesta de lucha —huída, puesto que nos prepara para hacer frente a las circunstancias, ya sea luchando contra ellas o bien retirándonos y escapando de la situación.

Se trata del eje que permite ponernos en marcha para llevar a cabo las actividades motoras destinadas a resolver el problema.

Las repercusiones más importantes, cuando entra en juego este sistema, recaen sobre los órganos cardiovasculares y, en particular sobre el corazón.

Una actividad excesivamente intensa y prolongada puede tener efectos altamente negativos sobre estos órganos y desencadenar alteraciones tales como hipertensión, anginas de pecho o infarto de miocardio.

El tercer eje, el endocrino, se activa de forma lenta y, por tanto, es el último en dispararse. Sin embargo, su acción se mantiene durante más tiempo, lo que significa que las consecuencias que tendrá sobre el organismo serán mayores.

La descarga hormonal puede tener efectos muy variados sobre el organismo, pero los más destacados son de tipo psicológico como la aparición de síntomas depresivos, de ansiedad o la sensación de miedo.

Todo esto ocurre debido a que la zona corporal más afectada durante la activación del sistema endocrino es el cerebro.

No menos importante son los efectos aparecidos sobre el aparato gastrointestinal, en especial los debidos a una mayor absorción intestinal y retención de líquidos y la recién descritas del sistema inmunológico, que hoy en día es el foco de atención de numerosas investigaciones.

Una debilitación de las defensas del organismo origina una mayor facilidad para enfermar y acelerar el desarrollo de alteraciones inmunológicos como el cáncer, podría llenarse una enorme biblioteca con libros referidos exclusivamente al estrés, y en ellos se encontraría mucha y muy diversas explicaciones sobre el término, pero todas compartirían un aspecto común.

La experiencia de estrés supone que la persona debe hacer frente a una serie de demandas o peticiones que superan sus recursos, de manera que ve incapaz de responder con éxito y salirse airosa de la situación.

Estas demandas pueden sobrepasar realmente sus capacidades. Pero, en otras ocasiones la demanda no nos exige tanto y es nuestra propia percepción de la dificultad que conlleva la situación la que nos hace responder con estrés.

El estrés no está determinado simplemente por la falta de conocimiento, sino por la apreciación que cada uno de nosotros hace de estos conocimientos, sea esta realista o no.

Variables modificadoras del estres del cuidador

El apoyo social y el afrontamiento son las dos variables moduladoras o modificadoras del estrés del cuidador, que más atención han recibido. La existencia de estas variables moduladoras, equivale implícitamente a asegurar que el cuidador tiene recursos para hacer frente a situaciones de estrés, como es el cuidado. Es decir, es capaz de controlar, modificar y entender los eventos a los que se debe de confrontar. En realidad lo que existe es un proceso dinámico de relación entre estresores y recursos (que pueden ser objeto de intervención), en función del cual, un cuidador puede hacer frente de diferentes maneras, eficacia y eficiencia a las diferentes situaciones de cuidado. A nivel interventivo estas variables moduladoras son objeto de especial atención, ya que muchas de las intervenciones con cuidadores van destinadas al aprendizaje de nuevas estrategias de afrontamiento, a aumentar el apoyo social, etc.

1. Apoyo social

El apoyo social es quizá la variable moduladora más importante para la familia cuidadora al ser una importante fuente de ayuda para los cuidadores, a la hora de hacer frente a las situaciones del cuidado.

El apoyo social tiene múltiples dimensiones, pero para el objeto del presente artículo vamos a enfatizar dos de ellas:

  • Apoyo instrumental: equivalente a la ayuda que presta el cuidador a la persona cuidada para realizar ciertas actividades de vida diaria.
  • Apoyo emocional: equivalente a sentimientos de ayuda que recibe el cuidador de otras personas.

La idea de que el apoyo social es un medio para aminorar los efectos del estrés ha sido ampliamente trabajada; así como los beneficios a nivel de salud física y mental. Entre los efectos principales destacan la relación entre apoyo social percibido y la menor carga subjetiva en cuidadores de personas con demencia, el que cuidadores con un nivel alto y estable de apoyo social tienen menor probabilidad de padecer problemas de salud a lo largo del tiempo de cuidado. Que el apoyo social tiene un efecto amortiguador respecto al estrés crónico en el sistema inmunitario de las esposas cuidadoras de enfermos de Alzheimer, que el apoyo social, entre otros, era un predictor directo de la adaptación de los cuidadores de personas con demencia senil, que una proporción significativa de la disminución de la función inmune era explicada por el grado de apoyo social. Igualmente parece que existe una relación inversa entre el nivel de apoyo social de los cuidadores y el nivel de sintomatología depresiva.

Los cuidadores que tienen mayor capacidad de acceso o mayor nivel de apoyo social tienen mayores posibilidades que los que carecen del mismo, para evitar las consecuencias más severas del cuidado, como pueden ser los trastornos depresivos (Kiecolt-Glaser et al, 1994).

No obstante, es necesario mencionar que algunos estudios no han encontrado beneficios del apoyo social en cuidadores de personas dependientes (Cosette y Lévesque, 1993).

2. Afrontar el estrés del cuidador

El afrontamiento es otra de las variables moduladoras de capital importancia. El afrontamiento representa las respuestas a los estresores a fin de disminuir sus negativas consecuencias (Pearlin y Schooler, 1978). Se han identificado tres tipos de categorías (Lazarus y Folkman, 1984; Pearlin y Skaff, 1995):

Afrontamiento de problemas, que incluyen estrategia de afrontamiento ante los estresores o de situaciones específicas de cuidado. Ejemplo: qué comportamiento debe de tomar un cuidador cuando se siente agredido por la persona cuidada.

Afrontamiento de tipo cognitivo: que está representado por los esfuerzos de manejo de las diferentes maneras de entender las situaciones de estrés y que es reelaborado a través de la experiencia del cuidador. Ejemplo: considerar o no que el culpable de esta situación de cuidado es la enfermedad y no la persona dependiente.

Afrontamiento de tipo emocional en el que se incluyen el manejo de los síntomas del estrés. Ejemplo: control de sentimientos depresivos o psicosomáticos.

Diversos investigadores han demostrado que el afrontamiento de tipo cognitivo y la resolución de problemas está relacionado con un menor distrés; y que el afrontamiento de tipo emocional está relacionado con mayores niveles de distrés (Haley, Levine, Brown y Bartyolucci, 1987; Vitaliano et al, 1991). Así mismo, a nivel clínico se ha comprobado, que el aprendizaje del manejo de los estresores de manera más efectiva, es saludable para los cuidadores (Zarit, Orry y Zarit, 1985).

La eficacia de las estrategias de afrontamiento depende de la naturaleza de los estresores, así como del nivel de estrés del cuidador. Cuando los estresores no son fácilmente modificables, el poder redefinir el cuidado y las consecuencias del mismo (afrontamiento de tipo cognitivo) puede ser más eficaz para el cuidador (Pearlin y Skaff, 1995).

El afrontamiento y los estresores mantienen una relación recíproca, debido a que los estresores ponen en marcha el afrontamiento ante una situación determinada, a la vez que los esfuerzos efectivos de manejos de situaciones estresantes puede hacer, que disminuya la frecuencia con que estas situaciones no deseadas aparezcan. En cambio un afrontamiento no efectivo puede aumentar los problemas conductuales y emocionales, en la persona cuidada.

Consecuencias del cuidado

Consecuencias del cuidado

Existen numerosas evidencias empíricas de la proliferación de estrés en estas áreas, pero al igual que ocurre con los estresores, se han encontrado muchas diferencias individuales.

1. Conflictos familiares

Los conflictos familiares han sido objeto de atención al considerarse una de las posibles consecuencias negativas más comunes que el cuidado de una persona dependiente puede ocasionar. A través de datos de cuidadores de personas con demencia se identificaron tres dimensiones de los conflictos familiares (Semple, 1992):

  • Respecto a la definición de la enfermedad y de cómo proveer cuidado.
  • Cómo y cuántos miembros de la familia deben de cuidar a la persona dependiente.
  • Cómo apoyar al cuidador principal.

Se ha constatado asimismo, que los conflictos familiares son más comunes entre hijos/as cuidadores, que entre esposos cuidadores. Y que los conflictos familiares están relacionados con consecuencias negativas del cuidado, especialmente con sentimientos de depresión e ira (Semple, 1992; Aneshensel et al., 1995).

Algunos autores estiman (Aneshensel et al, 1995) que el cuidado de una persona dependiente puede adelantar o despertar conflictos familiares. En general y resumidamente, existe relación entre el cuidado y sus consecuencias en el ámbito familiar, al estar asociada un carga excesiva con exacerbaciones de los conflictos familiares. Estos conflictos pueden darse en muy diferentes formas, ejemplos: crisis en el seno de la familia cuando se deben de tomar decisiones importantes, como realizar o no tratamientos médicos, la continuidad del cuidado después de un período de hospitalización, traslados de la persona dependiente entre diversos domicilios, etc. Asimismo encontraron que en relaciones matrimoniales, una carga excesiva del cuidador principal, es una fuente de riesgo de conflictos matrimoniales.

2. Problemas laborales

Los problemas laborales de los cuidadores son otra posible común consecuencia negativa del cuidado. Los cuatro mayores predictores de conflicto entre cuidado y trabajo son los siguientes (Gibeau y Anastas, 1989):

  • La salud psicoafectiva de los miembros de la familia cuidadora.
  • El número de las tareas que el cuidador debe de realizar.
  • La presencia de hijos pequeños en la residencia del cuidador.
  • El que se entremezclen responsabilidades laborales al mismo tiempo que responsabilidades respecto al cuidado.

Juntamente con los anteriores predictores conviene citar otros que están relacionados con un aumento del absentismo laboral y del estrés como son: género del trabajador, estado civil, nivel de cualificación laboral, ingresos familiares, flexibilidad laboral, etc. (Neal et al, 1993). Otros estudios han relacionado el nivel de severidad de la dependencia relativo a la intensidad necesaria de cuidado, como un predictor de conflictos laborales (Gibeau y Anastas, 1989).

3. Disminución del tiempo libre y de las actividades sociales

Otra de las mencionadas consecuencias del cuidado para el cuidador, es la reducción en el tiempo libre y en las actividades sociales, que el cuidado de una persona dependiente puede producir. Las actividades sociales y de tiempo libre están vinculadas al apoyo social, y es difícil encontrar investigaciones que las estudien exclusivamente.

No obstante se ha encontrado (Montgomery, 1996) que los cuidadores con restricciones en actividades sociales y tiempo libre, necesitan más tiempo (a nivel objetivo y subjetivo) para dar respuesta a esas demandas, que los que dicen no tener restricciones en su tiempo libre, ni en sus actividades sociales. En general, los cuidadores que perciben su situación de cuidado como muy demandante, pueden limitar sus actividades sociales y perder así posibilidades de encontrar apoyo social.

4. Evidencias de trastornos clínicos

Numerosas investigaciones han tratado de analizar la existencia y prevalencia de trastornos en el cuidador, y especialmente, sobre la naturaleza y prevalencia de los trastornos afectivos que son los comúnmente más experimentados por los cuidadores (Thompson y Gallagher-Thompson, 1996). Hasta un 40% de los cuidadores pueden padecer depresión mayor o menor y se dan altos niveles de síntomas o trastornos depresivos en familias cuidadoras (Gallagher, Rose, Rivera, Lowett y Thompson, 1989),. Por otra parte otros autores han encontrado altos niveles de sentimientos de ira y hostilidad (Gallagher et al, 1989; Anthony-Bergstone et al., 1988) en diversas investigaciones sobre cuidadores, que pueden causar en los mismos distrés. Otro trastornos mencionados en diferentes investigaciones y que no han tenido tanta incidencia en las publicaciones como la depresión, son los trastornos de ansiedad.

En cuanto a la salud física, se han encontrado autoevaluaciones negativas de salud y presencia de síntomas psicosomáticos, así como que las situaciones de cuidado estresantes están relacionadas con problemas cardiovasculares e inmunológicos (Thompson y Gallagher-Thompson , 1995).

Habilidades para trabajar con personas mayores

Habilidades para trabajar con personas mayores

El objetivo final de estas recomendaciones es promover una especialización en la atención a las personas mayores con el fin de promover un ejercicio profesional de alto nivel que favorezca:

  • Un envejecimiento saludable, tanto en el área física como en la social y psicológica, potenciando la autonomía y participación social de la persona mayor.
  • Una reducción de la prevalencia y consecuencias negativas de problemas asociados al envejecimiento (dependencia, aislamiento, trastornos emocionales, etc.
  • Evitar los fenómenos de estigmatización y discriminación hacia las personas mayores

¿Qué conocimientos debe tener un profesional que trabaja con personas mayores?

  • Conocimientos básicos y generales sobre el envejecimiento.
  • Conocimientos específicos de cada especialidad profesional.

¿Qué conocimientos generales sobre el envejecimiento son necesarios?

  • Desarrollo y envejecimiento normal, patológico y óptimo.
  • Aspectos biológicos relacionados con el envejecimiento.
  • Características sociodemográficas de las personas mayores.
  • Patrones de cambio y estabilidad asociados al envejecimiento en el funcionamiento:
    • De los sistemas orgánicos y capacidades sensoriales.
    • Del sistema cognitivo (atención, memoria, razonamiento).
    • Emocional y social.
  • Conocimiento de las principales teorías biopsicosociales sobre el desarrollo adulto.
  • Influencia de los factores contextuales y culturales en el envejecimiento.
  • Trastornos psicológicos más frecuentes en la vejez (depresión, ansiedad, demencia).
  • Aspectos legales y éticos relacionados con las personas mayores.

¿Qué conocimientos específicos son necesarios para trabajar con personas mayores?

  • Conocimiento actualizado de los avances científicos específicos desarrollados en cada disciplina.
  • Deben ser conscientes de los límites de su competencia y conocer las competencias del resto de profesionales.
  • Deben conocer las vías de derivación de casos a otros profesionales cuando la demanda excede su competencia.
  • Conocimiento de la red de servicios del entorno de la persona mayor.
  • Conocimiento de los aspectos clínicos asociados al envejecimiento:
    • Conocer los procesos de interacción entre los componentes biológico, psicológico y social de los problemas de las personas mayores.
    • Conocer las peculiaridades que presentan las manifestaciones clínicas de las personas mayores.
    • Entender la diversidad del proceso de envejecimiento, por ejemplo comprendiendo cómo pueden influir sobre la salud factores socioculturales (género).
    • Deben analizar cada trastorno en el contexto de la trayectoria vital de cada individuo.
    • Conocimiento de los instrumentos de evaluación:
      • Conocimiento teórico y práctico sobre métodos de evaluación utilizados con esta población, así como sobre las ventajas y desventajas de cada uno de ellos.
      • Familiarizado con las peculiaridades de la evaluación de personas mayores.
      • Conocer los problemas que presenta la aplicación de determinados instrumentos de evaluación o procedimientos de evaluación utilizados con otras poblaciones que no han sido adaptados a la población mayor.
      • Conocer los instrumentos desarrollados específicamente para población mayor que son fiables y válidos.
      • Conocer las características específicas que definen a las personas mayores y que pueden afectar al proceso de evaluación (cambios sensoriales, cognitivos, consumo de medicamentos, etc).
  • Conocimientos adecuados para la intervención:
    • Estar al día de distintas líneas de acción preventiva y de promoción del envejecimiento saludable.
    • Conocer las implicaciones del envejecimiento en las indicaciones terapéuticas, en las adaptaciones necesarias de los distintos procedimientos de intervención y la implantación de las mismas.

¿Qué habilidades debe presentar un profesional que trabaja con personas mayores?

  • Actitud de incondicionalidad y apoyo a la persona mayor.
  • Empatía.
  • Congruencia/Autenticidad.
  • Respeto.
  • Paciencia y comprensión.
  • Habilidades de comunicación con personas mayores.
  • Capacidad de dirigir la conversación y centrar la atención de la persona evaluada en el foco de interés evaluador.
  • Capacidad de tranquilizar a la persona mayor (si se muestra ansiosa o temerosa).
  • Comportamiento asertivo.
  • Habilidades instrumentales básicas de refuerzo positivo (si lo que se pretende es aumentar la probabilidad de ocurrencia de una determinada conducta o comportamiento) o negativo (si lo que se pretende es disminuir la probabilidad e ocurrencia de una conducta o comportamiento).
  • Habilidades pedagógicas.
    • Uso de un lenguaje comprensible para otros profesionales que trabajan con personas mayores.
    • Uso de un lenguaje comprensible para las propias personas mayores.
  • Habilidades cognitivas (búsqueda de contradicciones, por ejemplo).
  • Habilidades de escucha.
  • No hacer juicios de valor.
  • Capacidad para ajustar las expectativas de la persona mayor.
  • Capacidad para utilizar información detallada en la presentación clínica, de la fenomenología de los problemas, de su historia natural y del pronóstico habitual con el fin de diagnosticar, tratar y supervisar adecuadamente.
  • Actitudes y destrezas para el trabajo interdisciplinar.
    • Habilidad para comunicarse con otros profesionales.
    • Respecto hacia el trabajo y competencia de otros profesionales.
    • Capacidad de integración de las evaluaciones realizadas desde distintos ámbitos profesionales.
    • Conocimientos suficientes para elaborar soluciones alternativas cuando no funcionan las que se hayan puesto en marcha.
  • Dominio de habilidades relacionadas con la evaluación:
    • Ha de ser sensible a los casos en que sea necesario realizar adaptaciones concretas de los instrumentos o procedimientos de evaluación y realizar las adaptaciones con el objetivo de maximizar la comprensión por parte de la persona mayor.
  • Habilidades relacionadas con la intervención:
    • Intentar que la intervención sea lo más individualizada posible.
    • Planificación de metas realistas y con significado para las personas mayores.
    • Disminución del ritmo de administración de los contenidos en las intervenciones.
    • Flexibilidad en la implementación de las intervenciones.
    • Capacidad de análisis más global, prestando atención a todos los aspectos conductuales y socio-ambientales implicados o relacionados de alguna forma con dicho problema.
    • Tener en cuenta las consideraciones éticas y legales que puedan afectar al tratamiento de la persona.
    • Abordaje de cada demanda desde un enfoque biopsicosocial desde el que puedan identificar las interacciones entre bienestar emocional y físico de las personas implicadas.
    • Reconocer la importancia de las familias o las personas del entorno de los mayores en el apoyo a las personas mayores y planificar intervenciones en las que éstos participen.
      • Valorar los conocimientos y habilidades de los familiares necesarios para atender a las personas mayores y se deben implicar en la educación y supervisión de la implementación de las intervenciones por parte de éstos.
    • Recursos pedagógicos para facilitar el aprendizaje de personas mayores.
      • Han de tomarse el tiempo suficiente para educar a los pacientes en los propios procedimientos de intervención de modo que comprendan adecuadamente de qué forma la intervención puede resultarles de utilidad.
    • Evaluar las actitudes y estereotipos de las propias personas mayores hacia su propio aprendizaje.
    • Concienciar a las personas mayores del papel activo que deben tener en la intervención.
  • Respetar la dignidad de la persona mayor.

¿En qué consiste la actitud de incondicionalidad y apoyo al paciente?

  • El apoyo dado a la persona mayor debe ser:
    • Adaptativo.
    • No debe aumentar los sentimientos de inutilidad personal de la persona mayor.
    • No debe aumentar la sensación de dependencia del profesional.
  • Establecimiento de una buena relación empática y cálida entre la persona mayor y el profesional con el objetivo de que la persona mayor se sienta comprendida y no criticada.

¿En qué consiste el modelo de comportamiento asertivo?

  • El profesional: No debe ser ni crítico ni sumiso.
    • No debe perder la paciencia ante una crítica o negativismo reiterado por parte de la persona mayor, por ejemplo hacia un tratamiento que se esté llevando a cabo o hacia las posibilidades de mejoría.
    • No debe actuar de forma sumisa si no es capaz de extinguir o eliminar las quejas reiteradas que pueden presentar algunas personas mayores durante la realización de tratamientos, ni tampoco debe permitir que sea la persona mayor la que controle la evolución del tratamiento.

¿En qué consisten las habilidades instrumentales básicas de refuerzo?

  • Motivar a la persona mayor, por ejemplo en la realización de un determinado tratamiento.
  • Reforzar actitudes y conductas positivas, sus adelantos en el tratamiento, etc.

¿En qué consisten las habilidades pedagógicas?

  • Es necesario que los profesionales manejen los términos técnicos para:
    • Explicar las estrategias a utilizar.
    • Explicar las fases del tratamiento, cómo debe llevarse a cabo, etc.
  • Es necesario adaptar el lenguaje al nivel de comprensión de la persona mayor, de manera que ésta sea capaz de entender las explicaciones del profesional.

¿Qué significa que el profesional no haga juicios de valor?

  • No debe juzgar moralmente el comportamiento de la persona mayor o el de otros significativos.
  • El profesional debe señalar cuál es el problema y las posibles soluciones para el mismo, evitando las valoraciones morales y sin dejar de prestar apoyo incondicional a la persona mayor, sin olvidar que apoyar no significa "darle siempre la razón".

¿En qué consiste el ajuste de las expectativas de la persona mayor?

Se trata de ajustar sus expectativas a las posibilidades reales de cambio y a la mejoría que puede conseguir con el seguimiento de un determinado tratamiento, no proponiéndole metas difícilmente alcanzables.

¿Qué habilidades de escucha pueden poner en práctica?

  • Aclaración de parte o de todo el mensaje:
    • Comprobar la precisión de lo que ha entendido.
    • Favorecer la elaboración del mensaje por parte de la persona mayor.
    • Aclarar los mensajes vagos o confusos.
  • Repetición (paráfrasis) del contenido del mensaje:
    • Ayudar a la persona mayor a centrarse en el contenido del mensaje.
    • Subrayar el contenido cuando la atención a los sentimientos es prematura.
  • - Reflejo, repetición de la parte afectiva del mensaje:
    • Animar a la persona mayor a expresar, conocer y manejar sus sentimientos.
    • Ayudarle a ser más consciente de sus sentimientos.
    • Ayudarle a discriminar entre sus sentimientos con mayor precisión.
    • Favorecer que experimente los sentimientos con mayor intensidad.
  • Resumen (síntesis), dos o más repeticiones o reflejos que condensan los mensajes de la persona mayor o del contenido de la interacción:
    • Enlazar los múltiples elementos del mensaje.
    • Identificar un tema o modelo común.
    • Interrumpir la excesiva ambigüedad.
    • Resumir el progreso.
  • Autorrevelación, información que se transmite a la persona mayor sobre sí misma:
    • Reducir la distancia emocional entre el profesional y la persona mayor.
    • Aumentar la confianza y la empatía.
  • Conducta no verbal adecuada:
    • Aumentar la confianza y la empatía y favorecer, por tanto, la relación entre el profesional y la persona mayor. Dentro de la conducta no verbal, cabe destacar:
      • Mantener contacto visual.
      • Tono de voz audible y suave.
      • Postura adecuada: relajada pero atenta y orientación hacia la persona mayor, ligeramente inclinado hacia delante.
      • Distancia adecuada: ni muy lejos ni muy cerca.
      • Expresiones faciales congruentes con el mensaje de la persona mayor, uso frecuente de la sonrisa.
      • Gestos suaves que subrayan el contenido del mensaje.

¿En qué consiste la empatía?

  • Deseo de comprender.
  • Escucha activa.
  • Adaptarse al interlocutor (su ritmo, lo que el interlocutor considera importante).

¿Qué se pretende con la empatía?

  • "Conectar" con la persona mayor.
  • Obtener información demostrando interés y comprensión.

¿En qué consiste la congruencia/autenticidad?

Mostrar espontaneidad y cercanía sin abandonar el rol de profesional.

¿Qué se pretende con la congruencia/autenticidad?

Reducir la distancia emocional con la persona mayor y aumentar la identificación entre el profesional y la persona mayor.

¿En qué consiste el respeto por parte del profesional hacia la persona mayor?

  • Aceptación de la persona mayor.
  • No realizar juicios valorativos.
  • Demostrar compromiso con la persona mayor.

¿Qué se pretende con el respeto hacia la persona mayor?

  • Mostrar interés por la persona mayor.
  • Demostrar aceptación por la persona mayor.
  • Transmitir el deseo de trabajar con ella.

¿Qué ventajas tiene la Terapia Cognitivo-Conductual en su aplicación a personas mayores?

Información extraída de Una revisión sobre las intervenciones cognitivo-conductuales en problemas de depresión en la edad avanzada. (Izal, Márquez, Losada, Montorio y Nuevo, 2003)

  • Su estilo psicoeducativo resalta la importancia del aprendizaje, haciéndola más aceptable para personas mayores que suelen encontrar difícil reconocer que están experimentando malestar emocional.
  • Resulta atractiva para las personas mayores, ya que aprenden habilidades que les pueden seguir siendo útiles aún después de superado su problema.
  • Los contenidos tratados por la Terapia Cognitivo-Conductual pueden registrarse por escrito sin mucho esfuerzo, con el fin de facilitar el aprendizaje a personas mayores con dificultades de memoria.
  • El enfoque biopsicosocial mantenido por la mayoría de los terapeutas de Terapia Cognitivo-Conductual encaja muy bien con la interdisciplinariedad de la gerontología y la frecuente multicausalidad de los problemas de las personas mayores.
  • Permite e incluso persigue la participación de la familia en la terapia, lo cual supone el importante aprovechamiento de los recursos sociales y familiares de la persona mayor (algún familiar puede incluso colaborar en la administración de partes concretas de la terapia) y puede ayudar a mejorar la comunicación entre los miembros de la familia.
  • La aplicación de la Terapia Cognitivo-Conductual, sola o en combinación con la terapia farmacológica, es eficaz tanto para disminuir o eliminar los síntomas de la depresión en personas mayores como para mantener los logros de la terapia.
  • Enfatiza la relación entre terapeuta y paciente como componente central para el éxito terapéutico.
  • La limitación en el tiempo de la Terapia Cognitivo-Conductual es útil con personas mayores con condiciones médicas que dificultan su participación en terapias a largo plazo.
  • - Se centra en el "aquí y ahora" más que en experiencias de la infancia como fuente para el cambio.
  • Aproximación acogedora para el participante ya que integra una variedad de material escrito y se enseña a las personas mayores a registrar por escrito su progreso terapéutico.

Requisitos para realizar una intervención Cognitivo-Conductual adecuada y eficaz con personas mayores

Información extraída de Una revisión sobre las intervenciones cognitivo-conductuales en problemas de depresión en la edad avanzada. (Izal, Márquez, Losada, Montorio y Nuevo, 2003)

  • Conocimiento profundo y preciso del proceso de envejecimiento.
  • Conocimiento profundo y preciso de los cambios físicos y psicológicos asociados al envejecimiento.
  • Estar familiarizado con las particularidades del entorno social y circunstancias vitales que suelen rodear a estas personas (por ejemplo, tipo de problema más frecuente que han de afrontar).

Adaptaciones de la Terapia Cognitivo-Conductual en personas mayores

Información extraída de Una revisión sobre las intervenciones cognitivo-conductuales en problemas de depresión en la edad avanzada. (Izal, Márquez, Losada, Montorio y Nuevo, 2003)

Modificaciones ambientales:

Debido a que la capacidad visual declina en personas mayores, se produce una pérdida de agudeza visual por lo que cuando se emplean instrumentos de evaluación o material terapéutico impreso es necesario:

  • Disponer de las condiciones de iluminación adecuadas.
  • Material impreso de dimensiones superiores al precisado por personas más jóvenes.

Debido a los cambios que se producen en la agudeza auditiva, se puede producir un aumento de la dificultad para comprender el discurso hablado, especialmente en condiciones de ruido de fondo. Para maximizar la comprensión auditiva:

  • Asegurarse de que una persona mayor con problemas auditivos utiliza los recursos técnicos adecuados, como audífono.
  • Mantener contacto ocular.
  • Sentarse cerca de ella.
  • Emitir un discurso claro.
  • Vocalizar adecuadamente, aunque evitando caer en el estilo de habla infantil o maternal.
  • Disponer de una habitación o despacho tranquilo, y con el menor nivel de ruido de fondo.

Debido a los cambios cognitivos que se producen en el envejecimiento como:

  • Declive en velocidad perceptiva.
  • Declive en memoria episódica.
  • Declive en razonamiento inductivo.
  • Declive en visualización espacial.
  • Cambios en el funcionamiento de la memoria como:
    • Peor ejecución en tareas de recuerdo y reconocimiento.
    • Peor ejecución en tareas que emulan memoria en la vida cotidiana.
    • Afectación de la memoria operativa: esto hace que el aprendizaje de nueva información sea más lento y difícil y afecta también a la comprensión del lenguaje.

    Con el envejecimiento hay un mantenimiento e incluso una mejora de la ejecución en tareas de inteligencia cristalizada, relacionada con habilidades verbales y de conocimiento hasta la edad de 70 o más años, mientras que la inteligencia fluida, relacionada con habilidades de razonamiento y flexibilidad cognitiva y medida con tareas que suelen implicar un componente de velocidad de procesamiento, parece declinar con la edad.

¿Qué adaptaciones se pueden hacer para favorecer el aprendizaje durante la terapia con personas mayores?

Información extraída de Una revisión sobre las intervenciones cognitivo-conductuales en problemas de depresión en la edad avanzada. (Izal, Márquez, Losada, Montorio y Nuevo, 2003)

  • Reforzar cualquier pequeño logro que se consiga al inicio para motivar y hacerle ver el éxito de la intervención.
  • Presentar menos información con un ritmo más lento y disminuir el ritmo de la conversación terapéutica.
  • Utilizar un enfoque multisensorial de la presentación del material (pizarra, resúmenes, grabaciones en cinta de vídeo o casete, visual con imágenes: "Dilo, hazlo, enséñalo"). Hacer uso frecuente de ejemplos, metáforas y analogías.
  • Animar a que apunte la información más relevante y asegurarse de que lo hace adecuadamente.
  • Dejar suficiente tiempo para adquirir el aprendizaje, casi como si fuera una autoadministración del tiempo.
  • Adaptar la información a la que la persona ya posee. - Presentar la información de manera secuenciada: lo más importante al principio y lo esencia por escrito.
  • Preparar cuadernos o manuales con la información relevante: los objetivos, las tareas para casa, estrategias terapéuticas, cómo controlar sucesos, ejercicios, etc.
  • Utilizar cintas de casete con la información importante para personas con deficiencias visuales.
  • Conseguir que sea significativa para la persona, con un sentido "muy realista" y teniendo en cuenta las expectativas de la persona.
  • La información debe provenir de una única fuente. No variar a los terapeutas entre sesiones.
  • Utilizar claves para facilitar el recuerdo (por ejemplo, lemas para cada sesión).
  • Agrupar la información que se presenta en unidades relevantes y manejables para la persona, según sus condiciones físicas y cognitivas, con frecuentes repeticiones para favorecer la codificación de la nueva información.
  • Revisar el material con las personas sistemáticamente y comprobar el grado de aprendizaje. Repasar, repetir y hacer resúmenes.
  • Utilizar cuadernos de notas para registrar información importante discutida a lo largo de las sesiones.
  • El ritmo de la terapia debe ser más lento, con repeticiones más frecuentes.
  • Presentación más frecuente de material en diferentes formatos (por ejemplo, vitual y auditiva).

¿Es eficaz la Terapia Cognitivo-Conductual con personas mayores?

Se ha encontrado que esta terapia, sólo o combinada, ofrece unos niveles de mejoría similares con el paso del tiempo, resultados generalmente superiores a la condición de medicación aislada. Además de la eficacia demostrada de la Terapia Cognitivo-Conductual en personas de forma individual, se ha encontrado que también resulta efectiva con un enfoque grupal. El formato de terapia grupal más frecuentemente utilizado con personas mayores es en la Terapia Cognitivo-Conductual.

¿Qué ventajas tiene utilizar un formato grupal para la Terapia Cognitivo-Conductual en personas mayores frente al formato individual?

  • Un grupo cohesivo puede ser una fuente de apoyo para personas mayores que están aisladas socialmente.
  • Los grupos pueden ayudar a sus miembros a ganar conocimiento y aprender estrategias para manejar sus problemas, estimulando las interacciones entre los participantes en el grupo.
Hasta donde somos capaces de soportar el estres

El estres del cuidador

El estres del cuidador es frecuente en cuidadores de Alzheimer. Puede ser abrumador para cuidar de un ser querido con Alzheimer u otras demencias, pero demasiado estrés puede ser perjudicial para ambos. Siga leyendo para conocer los síntomas y formas de evitar el agotamiento.

10 síntomas de estrés del cuidador

ElEstresCuidador

  1. La negación de la enfermedad y su efecto sobre la persona que ha sido diagnosticada. Sé que mamá va a mejorar.
  2. La ira de la persona con enfermedad de Alzheimer, la ira que no existe cura o la ira que la gente no entiende lo que está sucediendo. Si él me pide que una vez más voy a gritar!
  3. Aislamiento social de amigos y actividades que una vez que producían placer. No me importa estar en contacto con los vecinos más.
  4. La ansiedad sobre el futuro. ¿Qué sucede cuando se necesita más atención de lo que puedo ofrecer?
  5. Depresión que comienza a romper su espíritu y afecta su capacidad para enfrentar la situación. No me importa.
  6. El agotamiento que hace que sea casi imposible completar las tareas diarias necesarias. Estoy demasiado cansado para esto.
  7. Insomnio causado por una lista interminable de preocupaciones. ¿Y si ella se aleja de la casa o se cae y se hace daño a sí misma?
  8. La irritabilidad que lleva a cambios de humor y desencadena respuestas y acciones negativas. Déjame en paz!
  9. La falta de concentración que hace que sea difícil llevar a cabo tareas familiares. Estaba tan ocupado, se me olvidó que tenía una cita.
  10. Los problemas de salud que empiezan a pasar factura mental y física. No puedo recordar la última vez que me sentí bien.

Si usted experimenta alguno de estos síntomas de estrés en forma regular, le recomendamos hablar con su médico.

Consejos para manejar el estres como cuidador

  • Sepa cuáles son los recursos disponibles.
    Programas diurnos para adultos, asistencia a domicilio, enfermeras visitantes y entrega de comida son sólo algunos de los servicios que pueden ayudarle a gestionar las tareas diarias.
  • Obtenga ayuda
    Tratar de hacer todo por ti mismo te dejará exhausto. Busque el apoyo de familiares, amigos y cuidadores que pasan por experiencias similares. Dile a los demás exactamente lo que pueden hacer para ayudar.
  • Utilizar técnicas de relajación.
    Hay varias técnicas simples de relajación que pueden ayudar a aliviar el estrés. Prueba con más de una para averiguar cuál funciona mejor para usted. Las técnicas incluyen:

    • Visualización (mentalmente imaginando un lugar o situación que sea pacífica y tranquila)
    • La meditación (que puede ser tan sencillo como dedicar 15 minutos al día para dejar ir todos los pensamientos estresantes)
    • Ejercicios de respiración (disminuyendo su respiración y concentrarse en respirar profundamente)
    • La relajación muscular progresiva (apretar y luego relajar cada grupo muscular, a partir de un extremo de su cuerpo y su forma de trabajo hasta el otro extremo)
  • Póngase en movimiento.
    Actividad física – en cualquier forma – puede ayudar a reducir el estrés y mejorar el bienestar general. Incluso 10 minutos de ejercicio al día puede ayudar. Salga a dar un paseo. ¿Es una actividad que le encanta, como la jardinería o bailar?
  • Tómese un tiempo para usted mismo.
    Como cuidador, es difícil encontrar tiempo para ti mismo, pero mantenerse conectado con los amigos, la familia y las actividades que usted ama es importante para su bienestar. Incluso si es sólo 30 minutos a la semana, hacerse un bolsillo de tiempo sólo para ti.
  • Ser un cuidador formado.
    A medida que la enfermedad progresa, las nuevas habilidades de cuidado puede ser necesario. Existen seminarios para ayudar a comprender mejor y hacer frente a los comportamientos y cambios de personalidad que a menudo acompañan a la enfermedad de Alzheimer.
  • Cuide de si mismo.
    Visite a su médico con regularidad. Cuide su dieta, realice ejercicio y descanse lo suficiente. Asegurarse de que usted mantenga saludable le ayudará a ser un mejor cuidador.
La salud del cuidador

La salud del cuidador

Mucho se habla de cómo cuidar a las personas enfermas o a los mayores que necesitan ayuda para poder realizar sus tareas diarias, pero lo cierto, es que poco se habla de cómo mejorar la salud de aquellos que hacen posible todos esos cuidados: los cuidadores.

Los cuidadores de personas dependientes realizan una tarea que muchas veces repercute negativamente en su salud física y emocional, más aún cuando esta situación se prolonga en el tiempo. Por ello, cuidar la salud de los cuidadores es un desafío muchas veces olvidado porque el foco de atención se pone en la persona dependiente.

¿Qué cambios acarrea en la salud del cuidador el cuidar de una persona dependiente?

Todos los seres humanos podemos necesitar en un momento dado una ayuda para poder desarrollar actividades de la vida diaria, tan básicas como vestirnos, comer o andar. Esta necesidad de ayuda se denomina dependencia, y las personas que la demandan, dependientes.

El cuidado de un familiar dependiente es, en general, una experiencia prolongada que exige reorganizar la vida familiar, laboral y social. Las personas que atienden directamente a familiares dependientes –generalmente, una única persona y mujer- tienen que responder a determinadas tareas, esfuerzos y tensiones derivadas de su cuidado. Esto repercute tanto en su propia persona como en su entorno, produciendo múltiples cambios en diferentes ámbitos de su vida cotidiana.

¿Qué repercusiones puede tener en la vida del cuidador?

El cuidado de un familiar dependiente puede traer consigo conflictos en el seno de la familia, por desacuerdos en la atención e implicación de los familiares. De la misma manera, se producen cambios emocionales, porque los cuidadores se ven expuestos a un buen número de emociones y sentimientos; algunos positivos, como los sentimientos de satisfacción por contribuir al bienestar de un ser querido, pero otros negativos, como la sensación de impotencia, sentimientos de culpabilidad, rechazo hacia la persona dependiente, soledad…

Frecuentemente, el cuidado prolongado de un familiar dependiente termina afectando de forma negativa a la salud de los cuidadores, porque es una actividad que provoca un gran desgaste. Esta pérdida de salud del cuidador viene dada también porque, al tener a cargo a una persona dependiente, disminuye el número de actividades sociales y de ocio que realizaban anteriormente, lo que puede producir sentimientos de aislamiento y soledad. Al mismo tiempo, si además el cuidador tiene un trabajo fuera de casa, suele experimentar un conflicto entre las tareas de cuidado y las obligaciones laborales; tiene la sensación de estar incumpliendo tanto en el trabajo como en el cuidado de su familiar. Por si fuera poco, todo ello suele venir acompañado de dificultades económicas, tanto porque pueden disminuir los ingresos (debido a una reducción de la jornada laboral o directamente por dejar de trabajar) como porque aumentan los gastos derivados del cuidado del familiar. A veces, los cuidadores llegan a plantearse la difícil decisión de ingresar en una residencia al familiar anciano. Desaparecen así algunos motivos de preocupación, pero surgen otros nuevos: el esfuerzo que supone las visitas a las residencias alejadas; la preocupación por la atención que pueden estar recibiendo; el coste del servicio si es una residencia privada; el sentimiento de culpabilidad por no atenderle personalmente; el “qué dirán”, etc.

¿Qué es el "síndrome del cuidador"?

La acumulación durante un tiempo prolongado de todos los sentimientos descritos anteriormente puede provocar el denominado “síndrome del cuidador”. Sus signos más evidentes son el agotamiento físico y psíquico, debido a que el cuidador tiene que afrontar una situación nueva que consume gran parte de su tiempo y energía; además, puede llegar a tener un sentimiento de culpa por no haber hecho las cosas mejor, incluso los que han sido formados para esta labor.

Por ello, es importante estar alerta ante situaciones de negatividad, enfado, irritabilidad, agotamiento, distanciamiento social, ansiedad, depresión, insomnio, falta de concentración o problemas de salud cuya causa haya sido provocada por esta situación (por ejemplo, dolores de cabeza frecuentes).

 

¿Todos los sentimientos que experimenta el cuidador son negativos?

Por supuesto que no. El cuidador también experimenta sentimientos positivos, como la satisfacción de cuidar a una persona mayor, ya que supone luchar por alguien a quien se quiere, a quien se desea expresar cariño e interés. A veces los cuidadores descubren que poseen unas cualidades que hasta entonces no conocían, y no son pocos los que manifiestan haber “evolucionado” como personas a través de las situaciones asociadas al cuidado.

 En definitiva, se debe prestar una atención especial al entorno del cuidador, ya que mejorando su calidad de vida se proporcionará una mayor calidad en el cuidado de la persona mayor.

¿Como puede protegerse la salud del cuidador?

Es importante tener bien claro que si el cuidador se encuentra en un buen estado de salud, el cuidado que dará a la persona dependiente le será menos pesado y más agradable.

La ayuda, el reparto de responsabilidades, el apoyo emocional, el reconocimiento que recibe de los familiares, son factores que tienen una gran carga emocional. Es esencial que el cuidador principal sienta ese apoyo, pues evitará sentimientos de agobio, estrés y frustración. Contar con una mayor flexibilidad laboral puede hacer más agradable la atención de cuidar, al disponerse de más tiempo para ello; también pueden ser muy importantes los apoyos que se pueda recibir de las instituciones, como ayudas económicas, programas de respiro, o ingresos temporales en residencias y Centros de Día. Conocer  la enfermedad o impedimento de la persona dependiente, su posible evolución y complicaciones, también hace que el cuidado sea más efectivo.

¿Qué nos alerta sobre una pérdida de salud del cuidador?

Algunas situaciones pueden actuar como evidencia de que la tarea de cuidar a una persona dependiente empiece a hacer mella en la salud del cuidador. Suelen ser síntomas de alerta las siguientes situaciones:

  • Pérdida de energía, sensación de cansancio continuo, sueño.
  • Aislamiento.
  • Aumento en el consumo de bebidas, tabaco y/o fármacos.
  • Problemas de memoria, dificultad para concentrarse, bajo rendimiento en general.
  • Menor interés por actividades y personas que anteriormente lo tenían.
  • Aumento o disminución del apetito.
  • Enfados fáciles y sin motivos aparentes.
  • Cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo, irritabilidad y nerviosismo.
  • Dificultad para superar sentimientos de tristeza, frustración y culpa.
  • Tratar a otras personas de forma menos considerada de lo que se hacía  habitualmente.
  • Problemas en el lugar de trabajo.
  • Problemas económicos.
  • Menor afecto e interés hacia el familiar.
  • Castigos desproporcionados, trato despectivo o vejatorio hacia el familiar a nuestro cargo.

¿Sabes pedir ayuda?

Si somos cuidadores debemos ser conscientes de que la situación que se nos plantea puede prolongarse durante años. Si necesitamos ayuda debemos pedirla cuanto antes, sin esperar a que los demás lo adivinen. Hay que expresar de forma clara y concreta el tipo de ayuda que necesitamos. Pedir ayuda no es signo de debilidad, sino una forma excelente de cuidar de nuestro familiar y de nosotros mismos.

Es importante dejarse ayudar y enseñar por otros familiares, instituciones, o asociaciones. Muchos trastornos en el comportamiento de las personas dependientes vienen motivados por la permanencia durante largos periodos de tiempo en casa, sin haber acudido a centros o servicios adecuados a sus características, lo que provoca en muchas ocasiones un nivel de estimulación menor con la falta de actividad considerable.

Nuestra ayuda no es la única, ni tiene por qué ser la mejor. De esta forma, además de evitar conflictos familiares, se consigue más fácilmente que los demás colaboren con nosotros en el cuidado. Agradecer el apoyo recibido facilitará la continuidad de la ayuda. La responsabilidad de cuidar a un familiar no tiene por qué ser exclusivamente del cuidador, aunque también es cierto que no se pude obligar a nadie a asumir esa responsabilidad.

Es fundamental desechar pensamientos del tipo “Nadie puede cuidar de mi familiar mejor que yo”. Probablemente sea cierto pero, en general, existe un gran desconocimiento de la oferta de los servicios existentes y una actitud negativa respecto a su utilización. Existen asociaciones que ayudan al cuidador mediante programas de voluntariado, con acompañamiento o atención a personas dependientes, como Cruz Roja, Cáritas, CEOMA, la Asociación Española contra el Cáncer, la Asociación de Educación para la Salud (ADEPS) y Solidarios para el Desarrollo, entre otras. También es muy probable que tu Ayuntamiento tenga disponibles programas similares.

Si además, necesitas apoyarte en otro cuidador, consúltenos y le ayudaremos.

¿Eres cuidador? Comparta su experiencia con nosotros. Deje un comentario para que otros cuidadores que nos visiten se sientan apoyados y entendidos.