Apatía y oposicionismo en enfermos de Alzheimer

Entendemos por apatía la falta de energía y motivación para iniciar acciones y/o poner interés en actividades que antes  resultaban placenteras para la persona. Es un estado de indiferencia que en los enfermos de Alzheimer implica un importante grado de inactividad y declive asociado.

Es importante proponer al enfermo actividades que al menos en el pasado le resultasen interesantes y agradables. La apatía puede incluir incluso a los hobbies o actividades favoritos, muchas veces debido a la pérdida de capacidades que dificultan a la persona a seguir llevando a cabo la tarea. Deberemos entonces buscar la forma de simplificar esas  actividades para que pueda seguirlas realizando, utilizando los recursos de que aún dispone. Por ejemplo, quizá una persona que ha sido modista toda su vida, en determinada fase de la demencia ya no sea capaz de hacer un vestido, pero hasta bastante avanzada la enfermedad puede seguir siendo capaz de coser un botón o hacer distintas actividades con tela e hilo.

Cuando aparezca la apatía nos costará mucho más esfuerzo conseguir que el enfermo colabore en cosas tan sencillas como su aseo personal, su alimentación y, en general, en todo el conjunto de actividades de la vida diaria. Surgirá el oposicionismo, entendido como cualquier forma de negativa ante cada propuesta por parte de los cuidadores y/o  familiares.

Es habitual comprobar como suele ser la persona más cercana, el cuidador principal, sobre el que mayor carga de oposicionismo recae. Es precisamente la persona que más esfuerzo pone en la atención, que más tiempo dedica, sobre quien suelen recaer los mayores enfrentamientos y negativas para llevar a cabo lo que el enfermo le pide.

Susana se sentía tremendamente incomprendida cuando cada fin de semana su hermano Raúl le decía que se ahogaba en un vaso de agua y que su madre no era tan difícil de llevar. De lunes a sábado Susana era la encargada de cuidar a su madre enferma de Alzheimer en una fase moderada. 

Dedicaba la mayor parte del día a atender la casa y a cuidar a su madre. Cuando comenzó la enfermedad llegaron al acuerdo de que sería ella (que no trabajaba fuera de casa) la que se dedicaría a atender a su madre de lunes a sábado, y que el domingo vendría su hermano Raúl para que ella pudiese descansar.

Desde niña, la relación madre-hija había sido muy cercana y de total confianza la una en la otra. Pero cuando llegó la  enfermedad esto comenzó a cambiar. Desde que se levantaba por las mañanas, Susana tenía que lidiar con las constantes negativas de su madre: a levantarse de la cama, a quitarse el camisón y asearse, a acompañarla a hacer la compra, esperar los horarios de las comidas, etc. Para la más mínima petición que le hacía a su madre, tenía que rogarle e  insistirle para conseguir su colaboración.

Realmente su madre era aún bastante independiente para algunas actividades de la vida diaria, pues los domingos cuando era su hermano el encargado de realizar estas actividades, su madre se manejaba bastante bien al hacerlas. Susana no entendía porque razón su hermano, que siempre había tenido una relación mucho más distante con su madre, ahora tenía tanta “mano izquierda” con ella. Susana se sentía totalmente incomprendida cuando le contaba a su hermano que la mayor parte de los días le costaba más de una hora el conseguir que mamá se levantase de la cama, o que muchos días le era imposible asearla porque esta se negaba en rotundo a poner un pie en el baño. Los domingos, sin embargo, ante las peticiones de Raúl todo eran sonrisas y cortesías. Ella se culpaba de no saber hacer bien las cosas, de no poder satisfacer sus necesidades y de perder fácilmente la paciencia. Por más esfuerzo que ponía en observar cómo hacía las cosas su hermano e intentar imitarle cuando se encargaba ella, la conducta de su madre no cambiaba.

Poco a poco la enfermedad siguió avanzando y al avanzar, el deterioro aumentó la dependencia de su madre, pero a la vez también cedió el nivel de oposicionismo. Su madre ya no era capaz de realizar esas actividades del día a día pero ya no ponía impedimento a que Susana se lo hiciese.

Aspectos jurídicos para familiares de personas con Alzheimer

Un enfermo de Alzheimer, desde que se le diagnostica la enfermedad, sufre una perdida progresiva de capacidades (intelectual y volitiva), que pueden llegar a plantear problemas legales, pues, desde el punto de vista legal, sigue teniendo plena capacidad de obrar. Esta situación, puede suponer para sí mismo y para los familiares un problema grave. Por ello, es necesario establecer un mecanismo de protección que se consigue mediante el nombramiento de un tutor, pero previamente es preciso que un juez reconozca que el enfermo ha perdido su capacidad. Es lo que jurídicamente se denomina como DECLARACIÓN DE INCAPACITACIÓN.

Conozca todos los aspectos legales de la enfermedad de Alzheimer:

Índice

  • Capítulo 1. Procedimiento de incapacidad
  • Capítulo 2. Instituciones de guarda de la persona con discapacidad
  • Capítulo 3. Internamiento no voluntario
  • Capítulo 4. Voluntades anticipadas y/o instrucciones previas
  • Capítulo 5. Protección patrimonial de las personas con discapacidad
  • Capítulo 6. Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapadidad
  • Capítulo 7. Ámbito laboral
  • Capítulo 8. Protección frente a los malos tratos
  • Capítulo 9. Sistema de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia
  • Capítulo 10. Toma de decisiones difíciles 

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La autotutela

La reforma del artículo 223 del Código Civil por la Ley 41/2003, ha supuesto el reconocimiento de un nuevo negocio jurídico unilateral del Derecho de Familia: la autotulela.

La autotutela es una Institución en virtud de la cual cualquier persona con capacidad suficiente de obrar, en previsión de ser incapacitada judicialmente en el futuro, puede, en documento público notarial, adoptar cualquier disposición relativa a su persona o bienes, incluida la designación de tutor.

La razón de ser de la autotutela la encontramos en la facultad de autorregulación que el ordenamiento jurídico reconoce a todo sujeto de derecho, mayor de edad con capacidad de obrar, para que en el  momento en que su capacidad llegue a faltar, se designe a un tutor, se gestione su patrimonio y se lleven a cabo algunas de sus cuestiones personales en función de su voluntad expresa, que fue emitida por el incapacitado cuando éste conservaba sus plenas facultades intelectuales, y por tanto tenía capacidad de decisión  libre.

El  documento de autotutela se formaliza ante notario, éste debe comprobar la capacidad de la persona, indagar su voluntad y adecuarla al ordenamiento jurídico para que produzca los efectos deseados.

En cuanto al contenido de la escritura pública: la persona nombra tutor, establece órganos de control o fiscalización de la tutela, y el modo de ejercitarla así como otras disposiciones sobre su persona o bienes.

Puede contener, a su vez, disposiciones negativas, fijando qué personas no quiere que sean su tutor. También se suele incluir, por ser conveniente, el nombramiento de tutores sustitutos, para el caso de que el nombrado en primer lugar no pueda o no quiera ejercer el cargo. Fuera de este ámbito de la autonomía de la voluntad del art. 223 CC –“designación del integrante del órgano tutelar y previsiones de orden personal y patrimonial”–  seguirán siendo aplicables las normas imperativas del régimen jurídico de la tutela/curatela.

La disposición de autotutela sólo produce sus efectos cuando el juez declara incapaz a una persona por sentencia de incapacitación, en la que tendrá en cuenta la voluntad recogida en el documento público notarial de autotutela.

Reflexiones para aprender a envejecer

Reflexiones para aprender a envejecer

Después de los 65 años comienza a vivirse una etapa de la vida que para muchos requiere de un aprendizaje para aceptar con alegría la edad dorada.

Para aprender a envejecer se requiere ante todo de una preparación interior ayudada por la sabiduría, prudencia y sentido de previsión que se ha adquirido en el paso por la vida.

Al llegar a los 70, es muy posible que los cambios físicos y emocionales se hagan más evidentes. Por ello es importante ser conciente de muchas de las cosas que sucederán y prepararse para aceptar todos estos cambios como hechos naturales de la vida.

Lo qué pasará cuando la vejez se asome:

Posiblemente llegará el momento en que me entenderán menos y entenderé menos a los demás. Con el tiempo se irán acentuando más las diferencias de edades.

Los adelantos científicos y tecnológicos conllevan grandes transformaciones.  Mis opiniones y juicios perderán peso. La credibilidad disminuirá y contaré menos para muchas personas.

Por fuerza de las circunstancias y por la vertiginosa carrera de la vida, cada año me iré quedando desactualizado.

Con el paso de los meses sufriré limitaciones físicas y funcionales. Disminuirá mi resistencia a las enfermedades; tendré lentitud e inseguridad para actuar y tomar decisiones y todo eso lo notarán los demás.

También llegará la disminución de mi capacidad mental e intelectual. Seré más lento para leer y entender, para asimilar y para aprender.Disminuirá mi  memoria y confundiré los acontecimientos, los tiempos y las personas.

Lo que tendré de evitar:

Tendré que poner todos los medios para no volverme caprichoso, exigente, intolerante y poco comprensivo. Evitaré ser impaciente y mal genio.

Igualmente evitaré ser quejumbroso, ‘cantaletoso’, irónico, gruñón y también me cuidaré de no repetir el mismo cuento todos los días.

También evitaré sentime inútil, incapaz, estorboso ni acabado. Más bien procuraré ser todo lo contrario.

No descuidaré mi comportamiento, mis modales, ni mi presentación personal.

Evitaré  ser absorbente, acaparador, absolutista, dogmático o dueño único de la verdad. Por el contrario, seré más comunicativo y escucharé más.

Lo que tendré que hacer:

Con prudencia y paciencia, mediante mi ejemplo y mi palabra, me dedicaré más a enseñar  las buenas costumbres, la práctica de las virtudes humanas, los buenos modales, la conducta intachable y todos los conocimientos necesarios para que sean mejores y más útiles a la sociedad.

Delegaré cada vez más en mis hijos y les transmitiré mis conocimientos y experiencias para que vayan asumiendo las responsabilidades en todo lo referente a nuestra familia.

En el momento oportuno –y mejor hacerlo pronto-, debo dar a mis hijos las indicaciones sobre el manejo de nuestros bienes y sobre su distribución y reparto. Haré la relación de los bienes y las deudas y las actualizaré cada 6 meses. Si es necesario, elaboraré un testamento.

Buscaré nuevas formas de ser útil a los demás porque sé que aún esperan mucho de mí y mi obligación es entregar hasta el fin lo mucho que he recibido para ponerlo al servicio de todos.

Es apenas natural ir disminuyendo en todo: en funcionalidad, en capacidad y en posibilidades físicas y mentales y por eso es lógico que continúe opacándome y que otros me reemplacen y tomen las riendas. Conviene pues que otros se luzcan y que uno desaparezca.

¿Qué síntomas ha notado usted con el paso de los años? ¿Cree que ha sabido envejecer? Déjenos sus comentarios y cuéntenos su situación.

¿Tengo Alzheimer?

¿Tengo Alzheimer?

Los olvidos leves y los retrasos de memoria son a menudo parte del proceso de envejecimiento normal. Las personas de mayor edad simplemente necesitan más tiempo para aprender un nuevo asunto o de recordar uno viejo. Todos tenemos dificultad ocasionalmente para recordar una palabra o el nombre de alguien; sin embargo, aquellos con la enfermedad de Alzheimer encuentran estos síntomas progresivos en frecuencia y gravedad. Todo el mundo, de vez en cuando olvida donde colocó las llaves de su automóvil, un individuo con la enfermedad de Alzheimer ni puede recordar el uso de las llaves. 

Ha habido interés reciente en una condición llamada deterioro cognitivo leve (MCI). Los individuos con MCI tienen dificultad en su memoria (por ejemplo, dificultad para recordar nombres y seguir conversaciones y pronunciado olvido), pero son capaces de realizar actividades de rutina diaria sin ayuda. La mayoría de las personas con MCI están con riesgo de un mayor deterioro cognitivo, por lo general causado por la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, aunque todos los pacientes que desarrollan algún tipo de demencia pasan por un período de MCI, no todos los pacientes que presentan MCI van a desarrollar la enfermedad de Alzheimer. 

Muchas condiciones pueden contribuir al desarrollo de problemas de memoria y demencia, la enfermedad de Alzheimer es sólo una de ellas. Una disminución en el funcionamiento intelectual que interfiere significativamente con las relaciones sociales normales y las actividades cotidianas es una característica de la demencia, de las cuales la enfermedad de Alzheimer es la forma más común. La enfermedad de Alzheimer y multi-infarto la demencia de infartos múltiples (una serie de pequeños derrames en el cerebro) causan la gran mayoría de las demencias en los ancianos. Otras causas posibles de síntomas de tipos de demencia incluyen infecciones, interacciones con otras drogas, un trastorno metabólico o nutricional, tumores cerebrales, depresión u otro desorden progresivo como la enfermedad de Parkinson. 

Si aumenta la pérdida de memoria en frecuencia o gravedad, hace una impresión en sus amigos y familiares, comienza a interferir con las actividades diarias (por ejemplo, tareas del trabajo, las interacciones sociales y tareas domésticas), busque asesoramiento profesional cualificado y la evaluación por un médico con amplio conocimiento, experiencia e interés en la demencia y problemas de memoria.

Guia para cuidadores: Incontinencia urinaria

Guia para cuidadores: Incontinencia urinaria

¿Qué es la incontinencia urinaria?

Problema bastante común en personas mayores, la incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina.

Aspectos a tener en cuenta en la elección y manejo de los absorbentes de incontinencia urinaria

Para conseguir el mejor uso posible de los pañales, además de elegirlos según la forma y tamaño más adecuados, es conveniente seguir unas pautas:

  •  Revisarlos con frecuencia.
  • Cambiar el pañal cuando sea preciso, para eso los pañales están provistos de un indicador de humedad en la parte exterior que son unas bandas que cambian de claro a oscuro, a medida que se van saturando de  orina.
  • Comprobar en cada cambio que no hay enrojecimiento o irritación de la piel, y si  aparecen, es importante comunicarlo al  servicio médico.
  • Prevenir la formación de úlceras en el sacro, nalgas y órganos genitales, hidratando bien la piel diariamente, mediante cremas protectoras, y con una buena aportación de líquidos.
  • Mantener el paciente limpio y seco. Realizar una higiene adecuada de la zona del pañal. El contacto prolongado de la orina con la piel aumenta el riesgo de infecciones y favorece la irritación y la aparición de lesiones y úlceras.
  • Utilizar  un vestuario cómodo con ropas flojas y fáciles de abrir y manejar.
  • Controlar la eliminación de heces, en especial en pacientes con incontinencia fecal, utilizando pañales de menor absorción y realizar cambios más frecuentes.
  • Vigile el color y el olor de la orina. Si nota cambios que le llamen la atención, consulte con los servicios médicos.
  • Evitar largos períodos de inmovilidad, hacer cambios posturales frecuentes en el paciente encamado o sentado y, siempre que sea posible, animar a levantarse y andar.
  • Seguir las normas de colocación de los pañales para cada situación del paciente (encamado, sentado, deambulante…), evitando las dobleces y los desplazamientos.

¿Qué pasos tengo que seguir para realizar una higiene correcta en la zona del pañal de un paciente a mi cargo?

La higiene es muy importante. Limpie y seque bien la zona después de cada cambio, e hidrate correctamente la piel, tal y como se indica a continuación.

Higiene y lavado de genitales:

  • Antes de lavar, retire, si es necesario, los restos de residuos.
  • Utilizar agua a temperatura idónea.
  • Jabón neutro y esponja (que deberá sustituirla frecuentemente para evitar la proliferación de gérmenes).
  • Evitar corrientes de aire.
  • Proteger el paciente de posibles caídas.
  • Ofrecer la cuña o botella, antes de proceder al cambio de pañal.

En personas encamadas o en aquellas que no puedan mantenerse bien de pié, es preferible realizar el aseo en la cama, para evitar el riesgo de caídas.

 Procedimiento de lavado en la mujer:

  1. Con la paciente acostada hacia arriba, flexionar las rodillas y separarle las piernas.
  2. Separar los labios vulvares con una mano y lavar con la otra, limpiando de delante hacia atrás. Enjuagar con agua abundante y secar bien siempre de delante hacia detrás.
  3. Colocar la paciente de lado y limpiar en un sólo movimiento la zona que va desde la vagina al ano. Enjuagar con agua abundante y secar suavemente siempre en la dirección señalada.

 Procedimiento de lavado en el hombre:

  1. Con el paciente acostado hacia arriba, retirar la piel que cubre el glande para  lavarlo. Enjuagar con agua abundante, pero no secar.
  2. Devolver la piel a su posición para evitar posibles heridas o irritaciones en el glande.
  3. Limpiar por arriba y por los lados los testículos. Enjuagar con agua abundante y secar bien.
  4. Colocar el paciente de lado y limpiar la parte inferior de los testículos y la zona del ano. Enjuagar con agua abundante y secar bien.

Es necesario mantener una buena hidratación de la piel, para lo cual es necesaria una aportación adecuada de líquidos en la dieta y utilizar cremas o aceites hidratantes.

Limpie bien el material utilizado en el lavado antes de guardarlo.

¿Tengo que tener alguna precaución especial cuando cambio el pañal?

En cada cambio de pañal es conveniente seguir los siguientes pasos:

  • Lave las manos antes y después de cada cambio de pañal.
  • Retire el pañal por la parte posterior del cuerpo del usuario.
  • Si el paciente tiene problemas de movilidad, asegúrese de que tenga un punto de apoyo.
  • Si el paciente está en la silla de ruedas, es conveniente apoyar el respaldo contra la pared y frenarla para evitar que se desplace.
  • Realice una higiene adecuada de la zona del pañal.
  • Coloque el pañal por la parte de delante del cuerpo.
  • Asegúrese de que las costuras de las mallas que sujetan el pañal estén hacia fuera, así evitará que rocen o hagan presión sobre la piel.

¿Con que frecuencia debo cambiar el pañal?

Los productos actuales permiten espaciar los cambios de pañal manteniendo la piel seca. La frecuencia de cambio es variable, dependiendo del tipo de alimentación y de la cantidad de líquidos que se ingieran.

La mayoría de los pañales tienen un indicador de humedad. Se trata de una pequeña banda en la zona exterior que cambia de color cuando es preciso el cambio.

Si usa pañales elásticos, recuerde que las tiras adhesivas permiten abrirlos y cerrarlos repetidas veces. Eso posibilita que pueda orinar en el baño o en un recipiente adecuado, sin tener que cambiar el pañal.

Colocación del pañal según la postura del paciente y del sistema de sujección

Pañal con elásticos: posición de pie

  • Colocar el pañal con la parte de los adhesivos en la parte dorsal, a la altura de la cintura.
  • Pasar el pañal entre las piernas.
  • Ajustarlo de forma que los elásticos queden en la entrepierna.
  • Despegar los adhesivos y fijarlos sobre la parte anterior.
  • Ajustar el pañal a la cintura.

Pañal con elásticos: posición acostado

  •  Poner el paciente de lado.
  • Someter el pañal debajo de la cadera.
  • Colocar la parte posterior del pañal a la altura de la cintura.
  • Girar el paciente y colocarlo boca a arriba.
  • Meter el pañal entre las piernas.
  • Ajustar los elásticos a la entrepierna.
  • Despegar los adhesivos de la parte posterior y pegarlos sobre la parte anterior ajustándolos a la cintura.

Pañales con malla (anatómicos y rectangulares): posición de pil

  • Colocar la malla a la altura de las rodillas.
  • Pasar el pañal entre las piernas.
  • Abrir la parte posterior del pañal y fijarlo a las nalgas.
  • Subir la malla colocando primero la parte de atrás estirándola bien.
  • Estirar la parte de delante y subir bien la malla cubriendo el vientre.

Pañales con malla (anatómicos y rectangulares): posición acostado

  • Colocar la malla a la altura de las rodillas.
  • Con el paciente de lado, pasar el pañal entre las piernas.
  • Abrir la parte posterior del pañal y fijarlo sobre las nalgas.
  • Abrir la parte anterior, subir la malla y fijar el pañal con ella.
  • Ajustar bien todo el conjunto.

Pañales con malla (anatómicos y rectangulares): posición sentado o en silla de ruedas

  • Colocar la malla a la altura de las rodillas.
  • Meter el pañal entre las piernas, de delante hacia atrás, asegurarse de que la parte absorbente está colocada hacia arriba, en contacto con la piel.
  • Estirar la parte delantera y fijarla al vientre.
  • Subir la malla y cubrir la parte delantera.
  • Levantar el paciente.
  • Estirar la parte trasera tirando por lo alto de las nalgas y cubriendo con la malla.
  • Ajustar todo el conjunto.