Como mantener el cerebro sin arrugas

Como mantener el cerebro sin arrugas

Francisco Mora Teruel, catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense de Madrid no tiene ninguna duda: “Es posible retrasar el envejecimiento cerebral, mantener el cerebro joven durante mucho más tiempo”. Y explica que apenas el 25% del proceso de envejecimiento viene determinado por la genética; el resto depende de lo que él llama el ambioma: los elementos del medio ambiente con los que interaccionamos. “En manos de cada uno está el 75% de la capacidad de envejecer bien, de enlentecer el envejecimiento del cerebro y mantener las capacidades cognitivas hasta edades muy avanzadas”, dice Mora. Pero igual de contundente es al advertir que “no es fácil, exige unos determinados hábitos” que chocan con el estilo de vida y las relaciones sociales habituales, como tomar unas cervecitas al salir del trabajo, reunirse en torno a una mesa con suculentos guisos (y sus correspondientes grasas) o disfrutar del tiempo libre delante del televisor o del ordenador.

Luis Miguel García Segura, investigador del CSIC en el Instituto Cajal y especializado en neurobiología funcional, coincide en que el envejecimiento es un proceso biológico que puede retrasarse o modificarse con los estilos de vida en función de que estos incluyan factores de riesgo para el deterioro cognitivo (como el alcohol, el tabaco o el estrés) o sean saludables. Gary Small, director del Centro de Longevidad de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), considerado uno de los mayores especialistas del mundo en la investigación de la memoria y la longevidad, asegura que “un estilo de vida que fomente la salud del cerebro no sólo refuerza las neuronas y pospone la decadencia mental, también mejora la capacidad de la memoria y la eficacia cerebral”. En Salud para tu cerebro (Paidós), escrito con Gigi Vorgan, Small afirma que hay evidencias de que podemos influir en nuestra salud cerebral con un estilo de vida que incluya ejercicio físico, una dieta nutritiva, estimulación mental y reducción del estrés, básicamente. Tras someter a un grupo de voluntarios a su programa de prevención del alzheimer –basado en el estilo de vida saludable mencionado– y medir sus capacidades cognitivas antes y después, su conclusión es que “sus cerebros vivieron un arranque eficaz, trabajando más fluida y fácilmente; esos voluntarios eran capaces de realizar más tareas empleando menos energía, igual que los cuerpos responden a un programa de ejercicio físico”. En su libro menciona también otros estudios que indican que “el ejercicio físico varias veces por semana durante un periodo de dos años hace disminuir el riesgo de deterioro de la memoria en un 46%; comer frutas y verduras antioxidantes durante un periodo de cuatro años reduce el riesgo de demencia en un 44%; quienes pasan tiempo realizando complejas tareas mentales en la etapa media de la vida ven descender su riesgo de demencia en un 48%”.

Hay voces más cautelosas, como la de Juan Martínez Hernández, especialista en medicina preventiva del hospital Carlos III de Madrid, para quien “hay más sospechas que evidencias sobre los factores neuroprotectores y ningún medicamento o producto del que se pueda asegurar que puede prolongar la salud mental”. Pero coincide con el resto de especialistas mencionados en que los hábitos de vida saludables pueden prevenir muchas demencias. “Aproximadamente la mitad de las demencias son de tipo alzheimer y la otra mitad de origen vascular, aunque hay algunas formas mixtas; y las demencias vasculares se pueden prevenir porque son patologías parecidas a las cardiovasculares, de modo que se pueden controlar evitando la hipertensión, la hipercolesterolemia, el sedentarismo, el consumo de tabaco y de otros tóxicos que puedan tener impacto en la salud vascular”, explica Martínez. Y añade que las personas comienzan a preocuparse por su salud mental y su cerebro cuando envejecen, pero la mayoría de demencias se incuban con la vida que se lleva desde los 20 años: consumo de grasas, tabaco, estrés, colesterol, sedentarismo…. “Se producen obstrucciones paulatinas de las arterias cerebrales y, en algún momento, obstrucciones súbitas, que son las trombosis, y eso provoca insuficiencia vascular cerebral, que se traduce en pequeñas pérdidas cognitivas que se van acumulando; por eso todo lo que es bueno para la salud cardiovascular es bueno para la salud cerebral”, comenta el especialista en medicina preventiva.

Los expertos explican que las huellas del envejecimiento del cerebro son una reducción de su peso debido a la pérdida de neuronas, la pérdida de algunas de sus prolongaciones o dendritas y la consiguiente disminución del número de conexiones entre ellas, así como alteraciones en el tráfico molecular (los neurotransmisores) y la transmisión de información, lo que sumado a las disfunciones vasculares hace que se deterioren los circuitos neuronales y se pierdan capacidades. “Estos son los cambios que se producen con el paso del tiempo, pero el cerebro no envejece todo al mismo tiempo, depende del uso y del entrenamiento que le demos, y hoy parece aceptado por los científicos que lo que tú haces de niño, por ejemplo ejercicio, cambia tu cerebro en cuanto a las sinapsis, a crear neuronas nuevas, a aumentar el número de vasos sanguíneos que lo irrigan…; y esas arborizaciones permanecen en gran medida a lo largo de la vida, así que si hasta los 40-50 has acumulado una reserva cognitiva tienes ventaja cuando llega el proceso de envejecimiento”, explica Mora. En ¿Se puede retrasar el envejecimiento del cerebro? 12 claves (Alianza), apunta que esa reserva cognitiva se logra con actividad social, actividad intelectual y actividad física, más allá de la genética de cada cual.

Pero que el cerebro guarde memoria de lo que se hace desde niño no quiere decir que en la edad adulta –o incluso cuando uno ya aprecia el envejecimiento–, no se pueda hacer nada para mantener el cerebro joven más tiempo. Según las investigaciones de Small, independientemente de en qué punto de perfil de salud se esté, la combinación de hábitos alimenticios saludables, ejercicio diario, actividad mental y una reducción del estrés logran posponer la decadencia cerebral. Martínez Hérnandez, impulsor del Registro Nacional de Centenarios de España (Renace), asegura que las 73 personas registradas se caracterizan precisamente por ser “gente muy activa, que han realizado (y mantienen) actividad física y mental y llevan una dieta variada, mediterránea”. A partir de estas y otras experiencias, hay cierto consenso en que el decálogo para mantener el cerebro joven durante más tiempo es:

Comer menos

Hay evidencias científicas de que una restricción calórica reduce el estrés oxidativo, que es el que provoca el envejecimiento celular y el deterioro del cerebro. “En animales hemos comprobado que comer un 30% menos provoca cambios genéticos, moleculares y celulares que protegen del aumento de los radicales libres; además, potencia la producción de neuronas nuevas en el hipocampo, aumenta los contactos entre las neuronas y la producción de ciertas proteínas que reajustan la cantidad de calcio que entra en las neuronas”, explica Mora. Precisa que, en ratones, la reducción de calorías en su dieta alarga entre un 20% y un 50% su longevidad, mientras que en estudios realizados con monos han comprobado que, además de reducirse la mortalidad y los cánceres, la atrofia cerebral es menor que si no se controla lo que comen. En el caso de humanos, el catedrático de Fisiología Humana de la Complutense cuenta la experiencia realizada con un grupo de personas de 61 años que, tras seguir durante tres meses una dieta con menos calorías, mejoraron en las pruebas de memoria y expresión de ideas. Luis M. García, del Instituto Cajal, enfatiza que “no se trata de pasar hambre, pero sí de revisar lo que comemos, porque comemos más de lo que debemos y está comprobado que ingerir muchas calorías es negativo para nuestro metabolismo, y la obesidad es perjudicial para nuestro cerebro, lo mismo que la hipertensión o la diabetes, que pueden provocar degeneración neuronal y deterioro cognitivo”.

La clave, según los expertos, es ajustar el consumo de calorías al gasto físico, llevar una dieta pobre en grasas animales y rica en frutas y verduras para que haya un aporte importante en antioxidantes y vitaminas, y preocuparse de ingerir alimentos que contengan ácidos omega 3, selenio, cobre y hierro. Hace un año, investigadores de la Universidad de Oregón determinaron que las personas con altos niveles de vitaminas y ácidos grasos omega 3 en la sangre mostraban menos encogimiento cerebral y mejores capacidades mentales, mientras que los que tenían mayores niveles de grasa obtenían peor puntuación y su cerebro mostraba el encogimiento típico del alzheimer.

Hacer ejercicio

Caminar o realizar otro ejercicio aeróbico a diario es una de las mejores herramientas para conservar un cerebro joven. No es sólo que el ejercicio mejore el sistema cardiovascular y prevenga la hipertensión, la arteroesclerosis o el colesterol que tanto daño hacen al riego sanguíneo cerebral. También se ha comprobado que moverse estimula el cerebro, lo oxigena, favorece la plasticidad cerebral, hace que se creen neuronas nuevas en ciertas zonas y mantiene activos los circuitos neuronales. Además actúa contra el estrés crónico (uno de los principales aliados del envejecimiento cerebral) y ayuda a reparar daños cerebrales. Mora relata que “se ha comprobado que las personas que practican ejercicio físico de modo regular mantienen sin deteriorarse con la edad las funciones atribuidas a varias áreas cerebrales –corteza prefrontal, corteza cingulada anterior, corteza temporal inferior y corteza parietal– que son el sustrato de las más altas funciones mentales”. También hay evidencias de que las personas mayores que inician ejercicio físico aeróbico mejoran sus funciones mentales. Un equipo de investigadores estadounidenses valoró los cambios cerebrales experimentados por personas de entre 58 y 77 años que llevaban un estilo de vida sedentario y a las que se sometió a un programa de ejercicio durante seis meses y concluyó que las que caminaron regularmente durante los meses de entrenamiento experimentaron un aumento de actividad cerebral en dos regiones del cerebro asociadas a la concentración y la orientación espacial, respectivamente, y mejoraron un 11% en el test de agilidad mental. Esos cambios no se apreciaron en quienes siguieron un programa de estiramientos y tonificación muscular, que mejoraron sólo el 2% en agilidad mental. Los científicos creen que el ejercicio aeróbico aumenta la circulación sanguínea e incrementa las conexiones neuronales en ciertas áreas. En los estudios realizados en animales han comprobado que andar o correr de forma moderada todos los días aumenta el número de neuronas nuevas en el hipocampo, un área implicada en los procesos de aprendizaje y memoria. “Al caminar o correr cambias el marco que te rodea, has de estar atento a no tropezar, etcétera, y todo eso son estímulos para el cerebro”, explican los expertos. Y agregan que el ejercicio realizado durante la adolescencia y juventud contribuye a la reserva cognitiva, esa que facilita mayores habilidades mentales durante el envejecimiento. Pero para que el ejercicio sea positivo para el cerebro es fundamental que sea moderado. “El ejercicio excesivo, de competición, provoca estrés, que es uno de los factores que aceleran el envejecimiento cerebral”, recuerda García.

Actividad mental

Una máxima del organismo humano es economizar recursos, de modo que, al envejecer, sólo mantiene en buenas condiciones aquellos sistemas y funciones que se usan y, lo que no se utiliza se atrofia. Por tanto, para evitar que el cerebro se atrofie es básico utilizarlo a diario. Y eso significa estimularlo, aprender y memorizar algo nuevo cada día y no usarlo sólo para repetir lo ya aprendido. Juan Martínez Hernández asegura que para activar el cerebro “no hace falta recurrir a actividades intelectuales de gama alta, como escribir novelas, practicar operaciones de cálculo, rellenar crucigramas o buscar a Wally; cualquier ocio activo es intelectualmente válido; una buena charla, jugar a cartas, acudir a una exposición, escuchar música, pasear por el zoo o ir a por el pan (y con ello tener que caminar, calcular el pago y las vueltas, hablar con los vecinos…) proporciona estímulos que obligan a las neuronas a comunicarse de forma constante y previenen su deterioro”. Mora, sin embargo, cree que los beneficios sobre el cerebro son mayores cuando la actividad exige esfuerzo, supone un reto, conlleva el reconocimiento de otros y provoca emociones, porque se activan otros procesos cerebrales. De ahí que, para mantener el cerebro joven, aconseje aprender un idioma o a tocar un instrumento a partir de los 50. “Aprender un idioma es una tarea ilusionante que requiere esfuerzo y obliga a memorizar, proporciona placer, resulta de utilidad para viajar y comunicarse con otros, socializa y suscita el aplauso de los demás, lo que en conjunto provoca emoción, y todo eso es más efectivo que cualquier juego de entrenamiento cerebral”, asegura.

Viajar mucho

Otra actividad que Mora considera especialmente indicada para prevenir el envejecimiento cerebral es viajar. “Permite romper la rutina, aprender, memorizar… En definitiva, modificar el cerebro”, dice. Porque, a su juicio, “el cerebro sólo entiende de exigencias” y si uno siempre pasea por la misma zona, se reúne y habla con la misma gente, sus neuronas han de trabajar poco, tienen poco nuevo que aprender y memorizar cada día y realizan una actividad insuficiente. “En cambio, viajar proporciona estrés del bueno, porque hay que planificar el viaje, prepararlo, surgen cosas y personas desconocidas, problemas asumibles que hay que solventar, se suceden emociones… Y todo eso activa el cerebro”, justifica.

Evitar el estrés

“El estrés agudo, derivado de un problema concreto o un reto, forma parte de los estímulos que necesitamos para vivir, pero el estrés crónico favorece el deterioro cognitivo”, advierte García Segura, del CSIC. Mora explica que cuando el estrés se cronifica provoca cambios en el organismo que repercuten en el riego sanguíneo del cerebro y se liberan hormonas (como los glucocorticoides) que dañan el cerebro, afectando sobre todo a la memoria pero también a otras zonas responsables de la toma de decisiones, la coordinación de movimientos y los circuitos de recompensa y placer. En Salud para tu cerebro, Small explica cómo el estrés es el principal responsable de muchos de esos lapsus de memoria, fallos a la hora de encontrar las palabras o despistes que muchas personas empiezan a notar a partir de los 40 años.

Vivir acompañado

Los especialistas en psicología social aseguran que las personas con interacciones sociales más activas y frecuentes están más protegidas frente a las demencias y el alzheimer, mientras que el aislamiento social merma las capacidades mentales. “Discutir, dialogar, comentar sucesos y experiencias implica adaptarse constantemente, activar el cerebro”, apunta Mora. Por eso vivir acompañado y evitar el aislamiento contribuye a mantener el cerebro joven, y los expertos advierten que es especialmente importante durante el envejecimiento. “Prevenir la soledad y el abandono es una forma de prevenir el deterioro del cerebro, porque si una persona mayor pierde sus actividades, se queda en casa solo, no habla con nadie, no ve a otras personas ni recibe muchos estímulos, entra en una espiral depresiva, y en los ancianos la depresión con frecuencia adopta formas de demencia”, explica Martínez.

Adaptarse y actualizarse

Mantenerse al día y olvidarse de expresiones como “yo ya soy mayor para…” o “a mi edad” también resultan clave para conservar el cerebro joven más tiempo. Entre otras razones porque una excelente manera de no quedar aislado es romper las barreras intergeneracionales y relacionarse con personas de todas las edades y aumentar el número y variedad de estímulos que uno recibe. Actualmente la capacidad de adaptación a los cambios sociales está muy vinculada al uso de las herramientas digitales, así que prevenir el envejecimiento del cerebro también está relacionado con estar al día de las novedades tecnológicas, las redes sociales y las posibilidades de comunicación que proporcionan.

Motivarse y emocionarse

Los expertos insisten en que la mejor manera de mantener el cerebro en plenas facultades es exigirle, plantearle retos. Y para eso hace falta tener motivaciones y evitar lo que se denomina el apagón emocional, la pérdida del interés y las ganas de hacer cosas. Hay investigaciones que demuestran que si uno deja de sentirse útil, si no tiene retos que den sentido a su vida, sufre un deterioro en sus capacidades físicas y mentales. En su libro sobre cómo retrasar el envejecimiento cerebral, Mora pone como ejemplo el experimento realizado en una residencia de ancianos: A los residentes de una planta se les dijo que debían organizarse para hacer una serie de tareas de limpieza y a cada uno se le entregó una planta para cuidar; a los ancianos de otro piso se les dijo que no tenían que ocuparse de nada, que todas las tareas las hacían los trabajadores; al cabo de un año, las capacidades mentales de los primeros eran más altas y su tasa de mortalidad del 15%, frente al 30% entre los segundos.

No fumar y evitar los tóxicos

Hay múltiples estudios que certifican, según los expertos, que dejar de fumar, a cualquier edad, es un beneficio para el cerebro. “A nivel experimental se ha comprobado que la nicotina reduce la capacidad de memoria de los animales, que provoca atrofia y muerte neuronal, un aumento del estrés oxidativo y de la capacidad oxidante del organismo, además de una acción vasoconstrictora que se relaciona con el mayor número de accidentes cerebro-vasculares que sufren los fumadores”, comenta Mora. Martínez, del hospital Carlos III, subraya que también hay evidencias de que los porros que se fuman de joven afectan al cerebro que uno tiene de viejo: “El cannabis provoca daños cerebrales porque acumula lipofuscina, un detrito que aparece en neuronas de personas envejecidas y que se observa en jóvenes que consumen cannabis”. Añade que también se sospecha de la incidencia de una elevada exposición a sustancias tóxicas –como los pesticidas o el alumnio–, en diversos daños cerebrales. García, por su parte, menciona el consumo elevado de alcohol como factor de deterioro cognitivo.

Dormir a oscuras

Un buen descanso es otro elemento imprescindible para mantener un óptimo funcionamiento cerebral. “Hace falta dormir bien no sólo para consolidar la memoria y despejar el cerebro, también para neutralizar los radicales libres, y para eso es importante que no haya luz mientras duermes, porque la luz artificial afecta a la melatonina, que es un poderoso antioxidante y reparador celular”, justifica Francisco Mora. La cuestión es que si alguien está dormido y se despierta porque hay una luz en la habitación se suprime la secreción de la melatonina y se interrumpe su función reparadora, y, aunque vuelva a liberarse melatonina cuando apague la luz y se duerma de nuevo, lo hará de forma más lenta, así que su función reparadora disminuye.

Prestaciones en Madrid para personas mayores, con discapacidad y con Dependencia

Prestaciones en Madrid para personas mayores, con discapacidad y con Dependencia

Ayuda a Domicilio y Teleasistencia

El servicio de Ayuda a domicilio en Madrid es un servicio destinado a prevenir situaciones de crisis personal y familiar, incluyendo atenciones de carácter domestico, social, de apoyo psicológico y rehabilitador, a individuos o familias en situación de especial necesidad, para facilitar la autonomía personal en el medio habitual.

 Modalidades del servicio.

  • Atención doméstica.
  • Atención personal.
  • Teleasistencia y otras ayudas técnicas.
  • Ayudas complementarias para la mejora de las condiciones de habitabilidad de la vivienda.

Requisitos

  • Estar empadronado en la Comunidad de Madrid.
  • Que se acredite el cumplimiento de los requisitos específicos para el acceso a los servicios o prestaciones económicas que  correspondan en cada caso, conforme a la normativa vigente.
  • Estar reconocido en situación de dependencia en alguno de los grados establecidos dentro del calendario de aplicación de la Ley de Dependencia 39/2006. O en alguna de las siguientes situaciones:
    • Persona con 65 o más años con problemas de autonomía.
    • Persona menor de 65 años con enfermedad o limitación física o psíquica.
    • Familia con personas con discapacidad, mayores o enfermos a su cargo.
    • Núcleos familiares en situación de crisis, por muerte u hospitalización de alguno de sus miembros, graves conflictos de convivencia u otras circunstancias.

Requisitos específicos para teleasistencia:

  • Contar con la capacitación suficiente para la utilización del dispositivo.
  • Tener teléfono operativo y suministro eléctrico.
  • Garantizar el acceso a la vivienda en caso de emergencia.

Requisitos específicos en ayudas complementarias:

  • Que el hogar sea de uso y disfrute habitual del solicitante.
  • Que la adaptación sea necesaria para cumplir el objetivo del mantenimiento de la persona en su domicilio.
  • Que el usuario o sus representantes tengan capacidad suficiente para supervisar la compra, obra o actuación de que se trate.
  • Que el usuario se comprometa a sufragar el coste total de la actuación, si la subvención concedida no alcanza al coste presupuestado.

[bctt tweet=»El servicio de Ayuda a domicilio está destinado a prevenir situaciones de crisis personal y familiar»]

Solicitudes

Se presentarán en los Centros de Servicios Sociales Municipales en razón del domicilio. También se podrán presentar en el Registro de la Consejería competente en materia de Servicios Sociales, en el Registro General de la Comunidad de Madrid o en cualquiera de los lugares contemplados en el artículo 38 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Legislación aplicable

  • Decreto 88/2002, de 30 de mayo, por el que se regula la prestación de Ayuda a Domicilio del Sistema de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid (B.O.C.M. nº 10, de junio de 2002).
  • Orden 625/2010, de 21 de abril, de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales, por la que se regulan los  procedimientos para el reconocimiento de la situación de dependencia y para la elaboración del programa individual de atención (B.O.C.M. nº 102, de 30 de abril de 2010. Corrección de errores: B.O.C.M. nº 301, de 17 de diciembre de 2010).
  • Orden 141/2011, de 1 de marzo, de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales, por la que se regula el catálogo de servicios y prestaciones para las personas reconocidas en situación de dependencia en grado I en la Comunidad
  • de Madrid (B.O.C.M. nº 73, de 28 de marzo de 2011).
Estudio del Medio Urbano para Discapacidatados

Estudio del Medio Urbano para Discapacidatados

Actualmente existen escasos estudios sociológicos que nos den a conocer las necesidades que presentan las personas con gran discapacidad en España y en menor grado, las que tiene el cuidador personal o el entorno familiar. En este sentido, sólo caben destacar las encuestas realizadas por el INE en los años 1999 y 2009. No obstante, si nos centramos exclusivamente en los específicos de discapacidad física, el número de estudios realizados se reducen aún más drásticamente.

Por esta razón, en el año 2006 y gracias a la colaboración inestimable de la Obra Social Caja Madrid, PREDIF publicó el primer estudio en España, que describía cuáles eran las necesidades que presentaban las personas con gran discapacidad física y sus familias en el medio rural de nuestro país.

Tras observar el gran éxito que tuvo y la gran utilidad que presentó a las entidades del ámbito social de la discapacidad, se ha considerado fundamental realizar una investigación complementaria que ponga de manifiesto las necesidades que presenta el colectivo y su entorno familiar en las zonas urbanas españolas.

Además adquiere una mayor relevancia, si tenemos en cuenta que el estudio anterior puso de manifiesto que la zona geográfica donde está ubicada la residencia de las personas con discapacidad influye directamente en las diferentes percepciones existentes respecto a las necesidades que presenta.

Con el presente estudio, se ha conseguido el objetivo inicial de obtener datos objetivos y científicos que permitan conocer cuáles son las necesidades reales que presenta el colectivo. Esto permitirá que PREDIF y las asociaciones que la configuran realicen actuaciones y actividades que se ajusten a las expectativas y percepciones que comparte el colectivo representado. Asimismo, la

Plataforma Representativa, tendrá un instrumento que le permitirá trasladar a las entidades competentes de la Administración Pública cuáles son las necesidades reales del colectivo que representa.

Aprovecho la ocasión para agradecer a la Obra Social Caja Madrid y a la Fundación ONCE su colaboración, ya que sin entidades como ellas, comprometidas en la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad, sería imposible realizar acciones que sirvan para conocer la situación real de las personas en situación de desigualdad social.

Miguel Ángel García Oca

Presidente de Predif

 

 

El cuento de los tres ancianos

El cuento de los tres ancianos

Una mujer regaba el jardin de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín.

Ella no los conocía y les dijo:

-No creo conocerlos, pero deben tener hambre.Por favor entren a mi casa para que coman algo.

Ellos preguntaron:

-¿Está el hombre de la casa?

-No, respondió ella , no está

-Entonces no podemos entrar, dijeron ellos.

Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido.

-¡Entonces diles que ya llegué invítalos a pasar! .

La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.

-No podemos entrar a una casa los tres juntos, explicaron los viejitos.

-¿Por qué?, quiso saber ella.

Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó:

Su nombre es Riqueza.

Luego indicó hacia el otro.

Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor.

Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de nosotros 3 desean invitar a vuestra casa.

La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron.

El hombre se puso felíz: ¡Qué bueno!

Y ya que así es el asunto entonces invitemos a Riqueza,que entre y llene nuestra casa.

Su esposa no estuvo de acuerdo:

-Querido, ¿porqué no invitamos a Exito?

La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo.

-¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor.

-Hagamos caso del consejo de nuestra hija,dijo el esposo a su mujer.

-Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huesped.

La esposa salió y les preguntó:

-¿Cuál de ustedes es Amor?

Por favor que venga y que sea nuestro invitado.

Amor se levanto de su silla y comenzó a avanzar hacia la casa.

Los otros 2 también se levantaron y le siguieron.

Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y a Éxito:

-Yo invité sólo a Amor ¿porqué Uds. también vienen?.

Los viejos respondieron juntos:

-Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito los otros 2 habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros vamos con él.

Donde quiera que hay amor, hay también riqueza y éxito.

Cinco años de la Ley de Autonomía Personal y Dependencia

Cinco años de la Ley de Autonomía Personal y Dependencia

Este 2012 se han cumplido los cinco años de la entrada en vigor de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia y de la consiguiente creación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, el mecanismo articulado para su despliegue y desarrollo.

Puede ser el momento apropiado para hacer balance de esta nueva arquitectura de protección social –en un país caracterizado por una ausencia casi sistemática de dispositivos de garantía de la inclusión social de los grupos de población más precarios en términos de derechos– y tratar de contestar a la pregunta de si ha estado a la altura de las expectativas creadas y de si, en efecto, ha supuesto un avance social, como se pretendía y como se esperaba.

Las personas con discapacidad y sus familias, y las personas mayores, como destinatarias primordiales de la Ley, estamos en posición cualificada, a través de sus organizaciones representativas, para realizar ese interrogatorio sobre las bondades y torpezas de este dispositivo de concreción de derechos sociales.

Lo primero, vaya por delante, que hay que anotar en su haber –de la Ley y del Sistema– es que era hora ya de que España encarara ciertas demandas sociales no atendidas, o insuficientemente atendidas, como una cuestión de derechos, desterrando para siempre enfoques bienintencionados, paternalitas o de mera y vergonzante beneficencia.

Las demandas sociales, imperiosas y apremiantes, derivadas de las necesidades intensas de apoyo para la autonomía personal que presentaban y presentan capas cada vez más numerosas de la población, por razones asociadas a la edad, al envejecimiento, o a la discapacidad. La respuesta a estas demandas, antes de la Ley, era desigual, débil y fragmentaria, era casi tan nula, que no puede decirse que en rigor, como país, se estuviera respondiendo a unas necesidades ostensibles, que las personas y las familias más concernidas las experimentaban en términos de carencia y hasta de desamparo.

Con la Ley, y ello es mérito no menor, los poderes públicos, por fin, toman conciencia (y cartas en el asunto) de que ciertas necesidades sociales que nunca han estado con la relevancia suficiente en la agenda política y legislativa y por ende tampoco en la acción pública (las personas con discapacidad y las personas mayores siempre hemos permanecido situadas en cierta zona de sombra, presencias cuasi fantasmales del medio social, entre incómodas y prescindibles, condenadas a la imperceptibilidad) y tratan de responder a las mismas en clave de derechos, de derechos sociales, fundados en la aceptación explícita de que asegurar unos mínimos vitales de dignidad para todos los componentes de la comunidad política es también una responsabilidad pública, forma parte -¡cuán tardíamente, podríamos decirse, y con razón!- del contrato social en que se basan las sociedades democráticas avanzadas.

[bctt tweet=»España debe promover la autonomía personal y mitigar los efectos negativos de la dependencia»]

De ahí, que los movimientos sociales de la discapacidad y de las personas mayores, saludáramos, en su nacimiento, esta Ley, no porque fuera acabada y perfecta, que dista mucho de serlo, y se ha visto y comprobado en estos cinco primeros años de andadura, sino porque inauguraba, en España, un camino, el de los derechos, apenas transitado en las políticas y legislaciones de carácter social que en nuestra cierta ingenuidad –y la crisis actual no está sacando con extrema violencia de ese candor– pensábamos que era irreversible, que no tendría vuelta atrás posible.

Como punto de inflexión, como giro que apuntaba en la buena dirección, que luego hay que consolidar y ensanchar, la Ley fue un acierto colectivo, un buen lance de país, que asume como comunidad que algo tiene que ver en la suerte de todos y cada uno de sus miembros, particularmente de aquellos situados, como las personas con discapacidad y las personas mayores, y sus familias, en posiciones de partida menos ventajosas. Y así hay que decirlo, cuando tantas cosas valiosas están en entredicho o a punto incluso de verse arruinadas, anegadas por la riada de la crisis.

Sentado y salvado lo anterior, que puede adscribirse al terreno de lo más cualitativo, que en tanto está conectado con el ejercicio del pensamiento y la aplicación del juicio, en nuestro país siempre se inclina despreciar, es preciso pasar a planos más prácticos. Y en esta dimensión, en la del día a día, el despliegue de la Ley no ha sido modélico, mal que nos pese.

Por pecados originales de modelo, como el hecho de que no naciera inserta en la esfera de acción pública del sistema de la Seguridad Social, como reclamamos en su momento muchos, o que, desde una perspectiva de discapacidad, sea una norma menos de autonomía personal cuanto de pura dependencia pasiva, resignada a remediar y no, como debiera, a activar y prevenir los entornos, las actitudes y las prácticas que generan dependencia, y a habilitar positivamente para la autonomía y la vida independiente, la Ley y el sistema son manifiestamente mejorables.

Por deficiencias estructurales de gobernanza eficiente –multiplicidad de focos de decisión llamados a desarrollarla que por motivos espurios no se dan la oportunidad de una cooperación leal y productiva, lo cual aboca indefectiblemente a velocidades distintas y a la inequidad territorial– y por la indefinición de un esquema de financiación más voluntarista que nítido, sostenido y sostenible, la Ley y el sistema, en estos cinco años de vida, no ha alcanzado ni de lejos el potencial que encerraban.

Pero que no lo haya logrado, no quiere decir que no pueda hacerlo.

Todo este estado de cosas es reconducible, y ha llegado el momento de planteárselo, con convicción, con inteligencia y con voluntad, cinco años después. España como país puede -incluso económicamente, que parece ser el único criterio a la hora del gobierno, la política como mera sucursal de la economía- y debe crear y mantener un potente dispositivo de protección social que promueva la autonomía personal y mitigue los efectos negativos de la dependencia.

Que la prueba no haya salido del todo bien, no significa que no se continúen con los ensayos. Basta dotarse de un mejor libreto, y estamos en condiciones para ello. Millones de ciudadanos, con los que la sociedad tiene contraída una deuda ingente e histórica, nos interpelan y aguardan ávidos. Sí, sí a la Ley y al proyecto colectivo de dignidad que la animaba, pero no necesariamente así, como se ha hecho en estos cinco años de vida. Hay otros modos, más y mejores, y están a nuestro alcance.

Cuando falla la memoria

Cuando falla la memoria

La calidad de vida debe procurar el mantenimiento de nuestras capacidades físicas y mentales. Éstas se van deteriorando con el paso de los años y dan lugar a interferencias en nuestra vida cotidiana, como la pérdida de memoria y la comparación entre lo que éramos capaces de hacer o recordar antes y ahora.

La pérdida de memoria, la dificultad para realizar actividades habituales y los cambios en el comportamiento de las personas son indicadores de que algo comienza a fallar en nuestros cerebros. Las capacidades cognitivas (las funciones que realiza nuestro cerebro, entre las que se encuentran la memoria, el lenguaje, la atención, la orientación…) son imprescindibles para desenvolvernos en la vida cotidiana y son fácilmente entrenables mediante ejercicios orales y escritos.

Cuando una persona padece un deterioro global de la capacidad mental, estamos ante una demencia. Existen muchos tipos de demencias y los primeros síntomas son muy parecidos en todas ellas. La demencia más común es el Alzheimer.

Los signos de una demencia se manifiestan en las personas de diversas formas: pérdida de memoria, problemas de orientación, dificultad para planificar y hacer previsiones, dificultad para realizar tareas, trastornos del pensamiento o cambios de carácter.

Mediante el presente cuaderno, pretendemos que conozcas algunos conceptos y algunas particularidades de la Enfermedad de Alzheimer para que la comprendas y puedas serle de utilidad a las personas que la padecen y a quienes cuidan de estas personas.

Esperamos que te guste y te sea de utilidad.

https://docs.google.com/open?id=0B0HrhU0PRh-iTXljZjN2d0J2M0E