Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras de fiesta. ¡¡ Qué más fiesta que la vida!!
No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado/a o al preso voluntario/a. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
Amarás al ejercicio físico como a ti mismo/a. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra inercia, diligencia.
Evitarás actividades y gestos de viejo/a derrumbado/a. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas.
No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Con ello, acabarás por creerte más viejo/a y más enfermo/a de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital. Deja de auto llamarte viejo/a y considerarte enfermo/a.
Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo, ten buen humor en las palabras, sé alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.
Serás útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta donde sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
Trabajarás con tus manos y tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual, artística… Medicinas para todos los males, la bendición del trabajo.
Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego que las que anudan dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida. Luego ensancharás el corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente viejos como tú. Huye del bazar antigüedades.
No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de que ser parte del mismo y poder ver muchas cosas lindas y nuevas.
¡No te olvides de reír a menudo para mantener la salud!
En un conocido y demoledor artículo del economista Vicenç Navarro (2017) se realiza una comparativa del cuidado de personas mayores en España y en Suecia. La mujer del autor es sueca, y ambas familias, la suya en España y la de su esposa en Suecia, se vieron en la situación de tener que cuidar de una persona mayor dependiente.
En Suecia, la suegra del autor tenía derecho a recibir cinco visitas al día del Servicio de Ayuda a Domicilio. La opinión generalizada en Suecia es que estos servicios resultan más económicos que mantener residencias y generan empleo. En Barcelona, la madre del autor únicamente tenía acceso a dos breves visitas del SAD a la semana, y la cuidadora principal era su hija. El autor señala lo siguiente:
“La mujer española cubre las enormes insuficiencias del Estado del Bienestar español, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más enfermedades debido al estrés que el hombre. Tiene también un coste social elevado, pues la sobrecarga de la mujer explica que España tenga una de las fertilidades más bajas del mundo. La mujer española cuida a los infantes, a los jóvenes (que viven en casa de los padres hasta los 29 años como promedio), a sus parejas y a los ancianos, y, además, el 53% trabaja también en el mercado laboral. Ser mujer en España es ser un ser humano estresado por tantas responsabilidades, y con escasísima (prácticamente nula) ayuda por parte del Estado.”
Este es uno de los factores que explican el hecho de que Suecia tenga el porcentaje mayor de mujeres en el mercado de trabajo, y España tenga uno de los porcentajes menores de la UE. Por otro lado, los servicios públicos del Estado de Bienestar son una fuente de empleo, que según diversos autores podrían crear 3,5 millones de puestos de trabajo en España.
Vicenç Navarro Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona
En este artículo voy a mostrar cómo el poder de género determina que dentro de la pobreza y el subdesarrollo del Estado del Bienestar, aquellos servicios que tienen menos recursos y están menos desarrollados, son aquellos que afectan particularmente a las mujeres, y que son los servicios de ayuda a las familias, tales como escuelas de infancia (mal llamadas guarderías en España), y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia.
Para mostrar la gran pobreza de recursos públicos para la mujer es importante contrastar el desarrollo de tales servicios del Estado del Bienestar en Suecia (país que ha sido gobernado por las izquierdas por la mayoría del periodo de tiempo que va desde la II Guerra Mundial hasta ahora) con los existentes en España (gobernada por fuerzas y partidos conservadores durante la mayoría delmismo periodo, que va desde los años cuarenta a este año. El contraste en el desarrollo de tales servicios de ayuda a las familias es enorme. De ahí que debamos preguntarnos: ¿Cuáles son las diferencias en la financiación y desarrollo de tales servicios públicos del Estado del Bienestar en los dos países, y por qué estas diferencias? Y para explicarlo permítaseme que el artículo adquiera un tono personal, pues creo que es la manera más didáctica de señalar tal diferencia y el por qué de tales diferencias.
Cuando tuve que irme de España debido a mi participación en la resistencia antifascista a principios de los años sesenta, fui a Suecia (cuyo partido gobernante, por cierto, había ofrecido gran ayuda a la resistencia contra la dictadura en este país). Y fue así como conocí a la que ha sido mi esposa durante más de cincuenta años. Mi esposa es sueca, y mi suegra era también sueca. Hace casi veinte años que mi suegra, que entonces tenía 78 años, se cayó y se rompió el fémur, una situación que ocurre con bastante frecuencia entre los ancianos. En realidad, la misma semana mi madre, de 92 años, que vivía en Barcelona, también se cayó y se rompió el fémur. Así pues, tuve la oportunidad de ver cómo la sociedad sueca cuidaba a mi suegra, y cómo la española cuidaba a mi madre.
Los servicios de atención a las personas con dependencias: comparando España con Suecia
En Suecia, mi suegra tenía el derecho individual (como ciudadana sueca, e independientemente de que tuviera o no familiares que pudieran atenderla) a tener cinco visitas al día de los servicios públicos domiciliarios para las personas con dependencias. Una visita por la mañana, venía, la despertaba, y le preparaba el desayuno; otra venía al mediodía y le preparaba la comida; otra venía por la tarde y la llevaba a pasear en una silla de ruedas o le hacía compañía en casa; otra venía más tarde a prepararle la cena y otra, a las dos de la madrugada, venía a ayudarla a ir al lavabo. Cinco visitas al día. Y mi suegra, como ciudadana sueca, lo veía como lo más natural del mundo. Y cuando cenaba yo con mi amigo, el entonces ministro socialista de Sanidad y Asuntos Sociales, me decía: “Vicenç, proveemos estos servicios por tres razones. Una porque es un servicio sumamente popular. Cuando las derechas (los conservadores y los liberales) gobiernan, no lo tocan pues saben que pagarían un coste electoral si lo redujeran. La segunda razón es que es más económico tener a tu suegra en su casa que en una institución. Y la tercera razón es que creamos empleo”. En Suecia, uno de cada cinco adultos trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (tales como sanidad, educación, escuelas de infancia –que abren de las 8 de la mañana a las 8 de la noche, con una gran riqueza de personal y recursos–, servicios domiciliarios –también con gran riqueza de recursos y personal–, servicios sociales, servicios de prevención de la exclusión social, servicios a la infancia y a la juventud, y servicios a la tercera edad, entre otros). En España no llegamos ni a uno de cada diez adultos. En realidad, si tuviéramos el mismo porcentaje de adultos trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar que tienen en Suecia, tendríamos unos 3,5 millones más de puestos de trabajo de los que tenemos, reduciendo espectacularmente el desempleo en España.
La pobreza de tales servicios de ayuda a las familias en España
Habiendo visto qué pasaba en Suecia, veamos qué pasaba en España y preguntémonos: ¿quién cuidaba a mi madre? En Barcelona no había tales servicios públicos. Los únicos que había los proveía el Ayuntamiento, pero eran solo para personas muy pobres y con una intensidad de atención muchísimo menor que en Suecia (dos visitas a la semana). Esta observación no es una crítica al Ayuntamiento de Barcelona, pues un ayuntamiento no puede abonar el coste de tal servicio (en Suecia lo pagan, aparte de los ayuntamientos, el gobierno regional, el Estado central y el usuario, que contribuye con parte de su pensión). En Barcelona había unos servicios privados que le costaban un riñón al usuario. Eran muy caros (aun cuando la mayoría de las trabajadoras empleadas en el servicio domiciliario eran ecuatorianas, a las que se pagaba pésimamente). El elevado precio de tales servicios privados implicaba que no fueran accesibles para las clases populares.
La pregunta, pues, continúa: ¿quién cuidaba a mi madre? Y la respuesta la conoce cualquier mujer en España: mi hermana, de mi edad. La mujer española cubre las enormes insuficiencias del Estado del Bienestar español, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más enfermedades debido al estrés que el hombre. Tiene también un coste social elevado, pues la sobrecarga de la mujer explica que España tenga una de las fertilidades (número de niños por mujer fértil) más bajas del mundo. La mujer española cuida (dentro de la familia) a los infantes, a los jóvenes (que viven en casa de los padres hasta los 29 años como promedio), a sus parejas y a los ancianos, y, además, el 53% trabaja también en el mercado laboral. Ser mujer en España es ser un ser humano estresado por tantas responsabilidades, y con escasísima (prácticamente nula) ayuda por parte del Estado.
Y todo ello ocurre en una sociedad que se define como “muy pro familiar” en la que la familia es supuestamente el centro de la sociedad. La hipocresía de la estructura de poder dominada por los hombres (responsable del subdesarrollo del Estado del Bienestar, como mostré en mi artículo anterior) aparece, entre otros muchos casos, en la narrativa oficial del país, que se presenta como “muy pro familiar” que contrasta con el nulo apoyo a la familia por parte del Estado, cuyas políticas públicas aquellas estructuras de poder determinan. El poder de clase y el poder del hombre (el género dominante en las estructuras del poder del Estado) explican la enorme pobreza de los servicios de ayuda a las familias (y en España, cuando decimos familia, decimos mujer). Y este subdesarrollo de estos servicios hace un daño tremendo a la mujer y a toda la sociedad.
El olvido a los infantes. La pobreza y subdesarrollo de las escuelas de infancia en España
Otro servicio de una enorme importancia para ayudar a las familias (y por lo tanto a la mujer) son las escuelas de infancia, un servicio muy poco desarrollado en España, y ello a pesar de la gran evidencia existente en la literatura científica que muestra que la inversión pública en las escuelas de infancia en un país es una de las inversiones más importantes que puede hacer un Estado, ya que el desarrollo emocional, psicológico e intelectual de un infante es esencial para el futuro de un país. Y tal desarrollo requiere de una interacción y socialización con otros seres humanos (además de las madres y los padres) desde una edad muy temprana.
De todo lo dicho hasta ahora es fácil deducir que el Estado (sea central, autonómico o local) debe desarrollar tres tipos de políticas públicas para ayudar a las familias (y, repito, por lo tanto a la mujer) a alcanzar una sociedad justa que intente eliminar todo tipo de explotación (tanto de clase como de género), una sociedad que sea humana, solidaria y amable, y que ayude a sus miembros a alcanzar la felicidad que todo ser humano merece. Una de estas intervenciones es la de establecer servicios de apoyo a las mujeres que les permitan compaginar sus responsabilidades familiares con su proyecto profesional. La otra intervención pública consiste en facilitar unarevolución cultural, socializando al hombre en la corresponsabilización de las obligaciones familiares. Y la tercera intervención es facilitar la independización de los hijos e hijas de sus padres, dejando el hogar familiar a edades más tempranas que ahora. No es bueno para una sociedad que los hijos e hijas vivan con los padres hasta que tienen 29 años como promedio. No deberían sobrepasar los 18 años. Eso requiere toda una serie de intervenciones que faciliten su emancipación.
Debe establecerse el 4º pilar del bienestar: ¿qué es este pilar?
Está claro que la liberación de la mujer es una exigencia para el bienestar de toda la sociedad, hecho poco apercibido por las clases dominantes en España. El número de hijos e hijas que desean las familias españolas es 2 por familia (número que es también bastante común a los dos lados del Atlántico Norte). Y en España es donde el número actual (1,32) es más distante del deseado, solo por delante de Grecia (de entre los países de la UE-15). Por otra parte, tenemos evidencia de que la mayoría de mujeres desea desarrollar una profesión o trabajo en el mundo laboral, situación que es de una gran importancia económica, pues la entrada de la mujer en el mercado de trabajo es una condición sine qua non para aumentar la riqueza del país(trabajo quiere decir riqueza), así como para crear empleo. La entrada de la mujer al mercado laboral crea la necesidad de crear puestos de trabajo para realizar los servicios personales que antes realizaba como ama de casa.
De ahí que facilitar esta integración de la mujer en el mercado de trabajo sea una exigencia humana y también económica. Y esto es lo que vieron los gobiernos suecos ya en los años sesenta. Tuve el enorme privilegio entonces de conocer a Alva Myrdal, que con su esposo, Gunnar Myrdal (más tarde Premio Nóbel de Economía), establecieron las bases de las políticas familiares en Suecia. Ya en los años cincuenta, el gobierno sueco era consciente que en un futuro próximo faltarían personas para ocupar los puestos de trabajo. De ahí que el gobierno sueco considerara dos alternativas para resolver tal problema. Una hubiera sido la de facilitar la inmigración y abrir las fronteras ampliamente. La otra era facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo, que es la que escogieron. En España se escogió siempre la primera alternativa (facilitar la inmigración) sobre la segunda alternativa (ayudar a la integración de la mujer al mercado de trabajo), en parte debido al dominio de las derechas y del mundo empresarial sobre las instituciones políticas (el inmigrante, por su condición de inmigrante, con menor protección social, acepta salarios más bajos y condiciones de trabajo peores). De ahí que Suecia tenga el porcentaje mayor de mujeres en el mercado de trabajo, y España tenga uno de los porcentajes menores. Una condición para la integración de la mujer en el mercado laboral es facilitar su integración estableciendo unos servicios de ayuda a las familias, como escuelas de infancia y servicios domiciliarios para las personas con dependencias (tal como hicieron en Suecia), lo que se conoce en España como el 4º pilar del bienestar. Tales servicios están muy poco desarrollados en España.
¿Hay posibilidades de que se establezca el 4º pilar del bienestar en España?
Sí que las hay. Pero ello requiere una gran presión social. Y sería de desear que el movimiento feminista hiciera suya esta campaña. Me explicaré. Y permítaseme que, de nuevo, me refiera a mi experiencia personal.
Desde que me integré en España de nuevo, hace ya muchos años, he intentado ayudar a todas las fuerzas progresistas que desean mejorar la muy mejorable situación social y económica de las clases populares. Dirijo el Programa de Políticas Públicas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), y desde allí intento poner mi conocimiento al servicio de aquellos gobiernos, partidos políticos, sindicatos o movimientos sociales que me pidan ayuda para facilitar su compromiso con el mejoramiento de la calidad de vida de las clases populares. Entre los profesores del programa tengo la suerte de contar con el economista Josep Borrell. Su enorme experiencia en los gobiernos de España y en el Parlamento Europeo, y su gran sensibilidad social han sido de gran valía. Cuando fue elegido en las primarias del PSOE (contra el candidato oficial Joaquín Almunia) me llamó enseguida pidiéndome que le ayudara. Y nos encontramos en la estación de Sants. Siempre recordaré aquella tarde por lo que ocurrió. Me pidió que le ayudara y recuerdo que le dije que sí que le ayudaría, pero esta ayuda estaba condicionada a que se comprometiera, en caso de que fuera Presidente del gobierno español, a desarrollar diez políticas públicas. Y la primera era comprometerse a que se establecieran los servicios a las mujeres españolas que ya tenían las mujeres suecas, garantizando que tuvieran los mismos derechos que tenía la mujer sueca. Y cuando me preguntó el significado de tal promesa, le mostré una silla cercana a la que le faltaba una pata de las cuatro que debería tener y le dije: “el Estado del Bienestar en este país es como esta silla, tiene tres patas. Una es el derecho a la sanidad (un derecho, por cierto, todavía no formalizado), otra es el derecho a la educación, y la tercera es el derecho a la pensión(derecho que todavía no existe plenamente, aun cuando las pensiones no contributivas van en esta dirección). Pero no hay una cuarta pata, que es el derecho al acceso a los servicios de ayuda a las familias, que debería incluir el derecho a las escuelas de infancia y el derecho a los servicios domiciliarios (tal como ocurre en Suecia)”. Como era de esperar, Josep Borrell me preguntó cómo lo pagaríamos. Y yo, que sabía que me haría la pregunta, le propuse las medidas fiscales necesarias que serían populares y que la ciudadanía apoyaría, pues estarían basadas en aumentar la carga impositiva a las rentas derivadas de la propiedad del capital y de las rentas superiores. Borrell y yo titulamos a estos servicios, en recuerdo de la cuarta pata de la silla, el 4º pilar del bienestar, término que desde entonces ha hecho fortuna.
Cuando los socialistas gobernaron, de nuevo, más tarde, aceptaron una parte de la propuesta que hicimos, el establecimiento de los servicios domiciliarios (por desgracia, escasamente financiados y que los gobiernos conservadores en España, incluyendo en Catalunya, han reducido enormemente), sin establecer, sin embargo, las escuelas de infancia. El hecho de que se redujera la financiación de los servicios domiciliarios y ni siquiera se incorporaran las escuelas de infancia se debe a la escasa presión popular ejercida sobre los aparatos del Estado, escasa presión resultado del limitado poder de la mujer (y sobre todo de la mujer enraizada en las clases populares) en las instituciones políticas y en la sociedad civil. El machismo en España es muy fuerte, como ocurre en todas las sociedades con una intensa y extensa cultura religiosa.
Es cierto que hay cada vez más mujeres en las Cortes y en los centros de decisión. Pero mi experiencia en varios países donde he vivido y trabajado, me ha enseñado que el mero cambio de hombres por mujeres en las instituciones representativas no es suficiente para que la vida de la mayoría de las mujeres –que pertenecen a las clases populares– se beneficie de ello. Esto ha pasado con los hombres y pasará con las mujeres. Hay clases sociales dentro de los hombres y hay clases sociales dentro de las mujeres. A no ser que las mujeres en puestos de poder representen sobre todo los intereses de las mujeres de las clases populares (que constituye la mayoría de las mujeres en cualquier país), el bienestar de estas últimas no mejorará. Esto es lo que ha ocurrido con los negros en EEUU. No hay que olvidar que durante el mandato del Presidente Obama, el primer presidente de EEUU afroamericano, la calidad de vida y bienestar de la mayoría de los afroamericanos de clase trabajadora no mejoró. Y tampoco hay que olvidar que la mayoría de las mujeres de clase trabajadora no votaron a la feminista Hillary Clinton, sino al candidato Trump, que se presentó con un discurso y narrativa de clase apelando a la clase trabajadora blanca frente al establishment político-mediático representado –según Trump- por la candidata demócrata, la Sra. Hillary Clinton, que se presentó como la mujer feminista en defensa de las mujeres. La candidata del movimiento feminista, liderado por mujeres de clase media alta y por clase de renta alta, en el caso de la Sra. Clinton, nunca se dirigieron a la clase trabajadora y a su sufrimiento, consecuencia de la aplicación de las políticas liberales. De ahí que las mujeres de las clases populares votaran al candidato republicano Trump como rechazo a lo que representaba la Sra. Clinton, el “male dominated establishment” del Partido Demócrata, que en su día (hace ya muchísimos años, durante la época del Presidente Roosevelt) se consideraba el Partido del Pueblo.
De todo lo dicho en el artículo se debería concluir que los partidos progresistas deberían ser especialmente sensibles a las conexiones entre los dos tipos de explotación: el de clase y el de género. Este es el reto de las y los feministas en tales opciones políticas: tener en cuenta la dimensión de clase, priorizando siempre a las clases populares, y en este caso a las mujeres de tales clases para las cuales el desarrollo del 4º pilar del bienestar es esencial para mejorar su bienestar. Estos servicios y el cambio de actitud del hombre son elementos de enorme importancia en la liberación de la mujer -y también del hombre-, pues este último, al sostener y mantener su carácter explotador, disminuye y limita el potencial de su propio desarrollo emotivo, psicológico e intelectual. La evidencia de ello es abrumadora.
La medicina evoluciona hacia pruebas que son cada vez menos intrusivas y traumáticas, física y emocionalmente, para los pacientes. Ya se utiliza, por ejemplo, la realidad virtual para hacer más llevadero el proceso preoperatorio de los niños que se enfrentan a trasplantes hepáticos. Pero hay muchos más casos que han llegado de la mano de los dispositivos inalámbricos. Estos aparatos facilitan que los médicos puedan acceder y monitorear de forma remota los datos del paciente en tiempo real y ajustar el tratamiento sobre la marcha, según explica la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU. La agencia estadounidense asegura que la incorporación de la tecnología inalámbrica en los dispositivos médicos puede tener muchos beneficios, sobre todo para poblaciones como las personas mayores: a través del monitoreo en el hogar de enfermedades crónicas, los cambios se pueden detectar antes de que ocurran consecuencias más graves.
Sin cables, sin contacto
Una de las propuestas más innovadoras en medicina inalámbrica ha nacido en el MIT, cuna de algunas de las investigaciones tecnológicas más punteras. Se trata de una caja del tamaño de un router que rastrea las señales fisiológicas de los usuarios mientras hacen su vida en casa. Es capaz de detectar cambios en la respiración, la frecuencia cardíaca y los ciclos de vigilia y sueño. Aunque ahora mismo se están haciendo las primeras aplicaciones a casos reales, este dispositivo podría llegar a sustituir algunos de los equipos —incómodos para los pacientes y caros para la sanidad— que actualmente recogen esta información clínica.
Las nuevas tecnologías han cambiado casi todas las aristas de la medicina. Una de ellas es conseguir que las pruebas sean cada vez menos intrusivas
¿Cómo consigue los datos sin siquiera rozar al paciente? Cada vez que nos movemos, alteramos el campo electromagnético que nos rodea. Sucede cuando caminamos por la calle pero también cuando respiramos o movemos los ojos durante el sueño. El dispositivo que propone Dina Katabi, investigadora principal de este proyecto y profesora de ingeniería eléctrica e informática en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), transmite una señal inalámbrica a través de la habitación —también a través de las paredes— que se refleja en el cuerpo de los habitantes de la casa. Utiliza esta información para analizar las señales reflejadas y, mediante inteligencia artificial, saca conclusiones sobre patrones y frecuencia de las señales.
“Hasta ahora, se ha instalado en más de 200 hogares tanto de personas sanas como de otras con enfermedades de parkinson, alzhéimer, depresión y enfermedades pulmonares”, recoge el MIT Technology Review. Para ilustrar su utilidad, Katabi desgrana los datos recopilados en el hogar de un paciente con parkinson. La información revela que la forma de caminar del voluntario mejora todas las mañanas justo después de tomar su medicación. «No solo comenzamos a comprender la vida del paciente, sino también el impacto del medicamento», afirma.
Objetivo: diagnósticos más accesibles
Varias startups españolas también están apostando por dispositivos médicos que permitan hacer diagnósticos de forma menos intrusiva gracias a la tecnología. Es el caso de Aura, una startup madrileña que, siguiendo la línea de las enfermedades neurodegenerativas, ha diseñado el dispositivo Oscann. Su labor consiste en obtener un diagnóstico temprano por medio del estudio del movimiento ocular y oculocefálico, «principal indicador de enfermedades como el alzhéimer o el párkinson», según explica la startup.
La prueba consiste en un test no invasivo de corta duración en el que se monitorizan los movimientos oculares al tiempo que se proyectan una serie de ejercicios en la pantalla de un ordenador. «Tenemos claro que los diagnósticos, procesos y tratamientos médicos deben ser accesibles para todo el mundo», explica Cecilia García, cofundadora de Aura. «Oscann es un dispositivo de bajo coste, muy intuitivo y portátil. Puede ser utilizado en consultas de atención primaria, urgencias e incluso a nivel privado porque pueden utilizarlo técnicos, médicos y no especialistas, lo que facilita el acceso al diagnóstico de patologías como el alzhéimer y el párkinson», afirma García.
Cada año oficialmente se produce un cambio de hora acorde a la llegada o al comienzo de dos estaciones principales: la primavera por un lado, y el otoño por otro, con el objetivo principal de ahorrar energía e iluminación (de hecho, desde las administraciones públicas se indica que con este cambio de horarios se ahorra un 5% en el gasto de iluminación).
Aunque la llegada de una nueva estación puede suponer consecuencias o efectos en la salud, es cierto que nuestro organismo tiende a resentirse más con la llegada tanto de la primavera como del verano. Y el cambio de hora tiene bastante que ver en este sentido, a la vez que el paso de una estación fría a una más cálida, y viceversa.
Lo cierto es que la llegada de la primavera, dejando a un lado las alergias primaverales, supone un aumento de luz solar y un cambio de tiempo a nivel meteorológico que generalmente suele ir a mejor (hace mejor tiempo, sale el sol y además la Naturaleza florece), lo que se traduce en que mejora nuestro estado de ánimo y tendemos a sentirnos más optimistas (por algo se dice que la primavera la sangre altera).
Pero la llegada del otoño suele ser peor, puesto que las defensas tienden a resentirse y la llegada de una época más fría se traduce en que nuestro organismo está más predispuesto a enfermarse de catarros o gripe común.
Principales consecuencias del cambio de hora para la salud
No hay duda que cada vez es mayor el número de expertos que están en contra de estos cambios de hora. Por un lado, la IDAE (Entidad Pública Empresarial del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio) estima que el ahorro en iluminación en los hogares es del 5%. Por otro lado, muchos médicos hablan de sus consecuencias no tan positivas para la salud, ya que con el cambio de horario nuestro reloj biológico se altera. Sus efectos en nuestra salud son más que evidentes:
Cambios en el estado de ánimo y en el humor: es habitual que las personas que más se ven afectadas por el cambio de hora sientan una mayor irritabilidad. Es común que nos sintamos más depresivos, ansiosos y a su vez con un estado de ánimo bajo.
Problemas de sueño: es evidente que tras un cambio de hora se produce una alteración del sueño. ¿El resultado? Descansamos peor y menos tiempo, lo que influye en nuestro estado de ánimo, de ahí que nos sintamos con más mal humor e irritados.
Peor rendimiento físico: es común sentir cierta fatiga general, sintiéndonos más cansados. Es normal que tras un cambio de hora nos cueste más hacer los quehaceres diarios que llevamos a cabo con normalidad.
Peor rendimiento intelectual: la sensación de fatiga general se traduce en una mayor dificultad para la concentración intelectual, lo que afecta tanto a nuestro estudio como a nuestro trabajo.
Cambio de Hora
Cómo prevenir los efectos del cambio de hora en la salud
Los expertos en salud coinciden en señalar que la mayoría de las consecuencias del cambio de hora en la salud son de carácter transitorio, de forma que en pocos días es habitual que la persona haya conseguido reajustar su ritmo biológico.
No obstante, siempre es posible prevenir los efectos del cambio de hora en la salud, siguiendo algunos consejos o hábitos de salud tan sencillos como básicos:
Adecuación progresiva: una semana antes de cada cambio de horario puedes ir atrasando o adelantando las actividades diarias, sobretodo las comidas y la hora en que nos levantamos y nos acostamos. Así, por ejemplo, si en primavera la hora se adelanta, y en invierno se atrasa, la clave está en adelantarnos a ese adelanto o atraso una semana antes de cada cambio horario. ¿Cómo? Con 15 minutos cada 2 o 3 días o solo en los 4 días previos.
Mantén un estilo de vida saludable: sigue una dieta equilibrada y mantén una alimentación sana y saludable. Bebe mucha agua y opta por alimentos frescos y naturales.
Practica ejercicio físico: te ayudará a disfrutar de un buen estado de ánimo y a que tu salud no se resienta tras el cambio de estación.
¿Por qué se hace el cambio de hora?
Respecto a por qué se realiza el cambio de hora debemos remontarnos a hace algunos siglos, cuando en el año 1784 Benjamin Franklin constató en una visita a París que los franceses ahorraban en consumo de velas con tan solo levantarse más temprano.
No obstante, no fue hasta el año 1905 cuando el constructor inglés William Willett concibió el horario de verano durante un paseo a caballo antes de desayunar, momento en el que se sorprendió al pensar cuántos londinenses dormían durante la mejor parte de un día de verano. Fue así como en 1907 propuso un cambio de horario, que no se aplicó de manera inmediata.
En la actualidad, a la pregunta de por qué se realiza el cambio de horario, debemos hablar casi exclusivamente del ahorro energético.
Ya en el año 1999 la Comisión Europea llevó a cabo un estudio que le permitió constatar que esta medida presenta impactos positivos sobre el ahorro. De hecho, IDAE (Entidad Pública Empresarial del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio) estima que el ahorro energético desde finales de marzo hasta finales de octubre representaría un 5%: por hogar serían sólo 6 euros, pero más de 60 millones de euros para el conjunto de hogares.
El envejecimiento de la población es un hecho real. El aumento de la esperanza de vida, acortamiento de la vida laboral y la jubilación anticipada son las razones principales para el crecimiento de este sector. Con el auge de las nuevas tecnologías el distanciamiento de este sector con la sociedad parece aún mayor.
Es de gran importancia destacar que la implementación de las nuevas tecnológicas en nuestra sociedad actual supone importantes ventajas para el sector de la Tercera Edad, las personas dependientes y los enfermos de Alzheimer, sin embargo, se sienten alejadas de ellas. Resulta evidente que este distanciamiento genera una desigualdad en el uso y provecho de las nuevas tecnologías que puede deberse a estas causas:
1. La utilidad
Muchos mayores desconocen cual es la utilidad de algunos dispositivos e instrumentos que puede mejorar su calidad de vida.
2. La complejidad en el uso
A muchos les inquieta el hecho de adentrarse en un mundo demasiado complejo para ellos. Muchas personas no se atreven a utilizar estas herramientas por miedo a meter la pata, piensan que en cualquier momento pueden tocar una tecla inadecuada y perder toda la información o incluso borrar el contenido del disco duro.
3. El sentimiento de desfase
Según las últimas estadísticas, la mayoría de los adultos mayores que se introducen de forma autónoma en el mundo de las nuevas tecnologías suelen contar con una edad de entre 50-55 años. Por lo cual, existe un sentimiento de desfase con respecto a estos nuevos instrumentos.
4. Capacidad económica reducida
La capacidad de acceso a la tecnología más actual por parte del sector de la Tercera Edad es más dificultoso, debido a los altos costes que aun supone.
5. La exclusión de las personas mayores en la sociedad de consumo
Actualmente los productos tecnológicos son los más publicitados en los medios de comunicación de masas. Sin embargo, dicha publicidad rara vez es protagonizada por personas mayores. Por ello, como es un producto que no va dirigido a ellos, les genera un sentimiento de indiferencia y desinterés hacia dichos productos.
Las personas mayores tienen que hacer un esfuerzo aun mayor que el resto de la sociedad para adaptarse y evolucionar al mismo ritmo que la tecnología. Deben formar parte del presente de una manera más activa y visible, ya que al sacar un mayor partido a las nuevas tecnologías son uno de los sectores que más beneficios obtienen:
Superan los prejuicios: De esta forma demuestran a la sociedad que la Tercera Edad no es sinónimo de pasado e impide que no se aparten de la vida social al sentirse inútiles.
Mejoran su calidad de vida: La tecnología también es útil para las necesidades que puedan tener.
Mantienen y amplían su red de relaciones: El uso de la telefonía móvil, y herramientas como el correo electrónico y la mensajería instantánea, agilizan la comunicación con los demás.
Fortalecen su independencia: Tecnologías como Internet favorecen su autonomía como personas independientes. Pueden acceder con inmediatez a información sobre recursos que pueden servirles de apoyo en la vida diaria.
Mantenerse más activos y saludables: La salud se compone no sólo del equilibrio del factor físico, sino también del psíquico o mental. La falta de actividad mental explica la disminución de la capacidad de aprendizaje en la vejez. Diversos estudios han demostrado que el aprendizaje de nuevas tecnológicas estimula la actividad mental de las personas mayores, reduciendo la incidencia de enfermedades como el Alzheimer.
La tecnología es una herramienta que les puede servir para resolver problemas y mejorar su forma de leer, entretenerse, comunicarse, informarse y ver la vida.
Afortunadamente, esta brecha está siendo reducida debido a que las personas mayores de hoy ya han trabajado en su vida activa con ordenadores, así como muchos de ellos ya disponen de móviles y tablets.
Buscamos mover y acomodar al paciente en la cama, de forma que se sienta confortable y cómodo. Con cambios posturales frecuentes y buenas posiciones se evitan, además, las ulceras por Presión o de Decúbito (escaras). Las movilizaciones frecuentes mejoran el tono muscular, la respiración y la circulación.
Para movilizar al paciente encamado debemos tener en cuenta su estado y conocer si puede colaborar con nosotros o no es posible su ayuda para cambiarlo de postura
PACIENTE NO COLABORADOR:Realizar la movilización entre 2 personas.
Colocarse cada persona a un lado de la cama, frente al enfermo;
Debemos colocar los pies separados así como las rodillas ligeramente flexionadas;
Retirar la ropa superior de la cama así como la almohada del paciente;
Las auxiliares o celadores introducen un brazo por debajo del hombro del paciente y el otro debajo del muslo. Sujetan al paciente y lo levantan con cuidado hasta llevarlo a la posición deseada;
NOTA: A la hora de movilizar al paciente a la posición deseada es preciso evitar fricciones y sacudidas repentinas o bruscas para lo cual el paso 4 es mejor realizarlo con la ayuda de una entremetida. Ver Movilización del Paciente ayudados por una Sábana.
También se pueden colocar las dos personas al mismo lado de la cama, de esta forma:
La primera persona coloca un brazo por debajo de los hombros del paciente y el otro brazo por debajo del tórax;
La segunda persona desliza sus brazos a la altura y por debajo de la región glútea;
Entonces elevan cuidadosamente al paciente hacia la posición requerida.
PACIENTE COLABORADOR: En este caso con una sola persona basta.
Nos colocaremos junto a la cama del enfermo, frente a él y a la altura de su cadera;
Decirle al enfermo que se agarre a la cabecera de la cama y flexionando sus rodillas, coloque la planta de los pies apoyando sobre la superficie de la cama;
Entonces colocamos nuestros brazos por debajo de las caderas del paciente;
Se le pedirá al paciente que haciendo fuerza con sus pies y brazos intente elevarse;
Es entonces cuando la auxiliar o el celador -con sus brazos- deben ayudar al enfermo a subir hacia la cabecera;
Si el paciente se encuentra bastante ágil, puede realizar él solo esta movilización.
Movilización del paciente ayudados por una sábana
Se realiza entre dos personas, situadas una a cada lado de la cama.
Para esta técnica nos ayudaremos de una sábana que es doblada en su largo a la mitad.
Se la colocamos al paciente por debajo, de forma que llegue desde los hombros hasta los muslos.
Para ello colocaremos al paciente en decúbito laberal, lo más próximo a un borde de la cama y meteremos la "sábana" por el lado contrario al que está girado, luego lo volveremos al otro lado y sacaremos la parte de "sábana" que falta de colocar.
Una vez colocada la "sábana", se enrolla ésta por los laterales sujetándola cad apersona fuertemente, pudiendo así mover al paciente hacia cualquier lado de la cama evitando fricciones.
Giro del paciente encamado de decúbito supino a decúbito lateral
Colócate en el lado de la cama hacia el que va a girar el paciente.
En primer lugar se desplaza al paciente hacia el lado de la cama contrario al decúbito deseado, para que al girarlo quede el paciente en el centro de la cama.
Se le pide al paciente que estire el brazo hacia el lado que va a girar el cuerpo y que flexione el otro brazo sobre el pecho.
Se le pide al usuario que flexione la rodilla del miembro que va a quedar por encima.
A continuación se debe colocar uno de sus brazos por debajo del hombro y el otro por debajo de la cadera.
Girar al usuario hacia el lado que se encuentra el cuidador o auxiliar, dejándole colocado en decúbito lateral.
Nota. En la posición de decúbito lateral hay que tomar precauciones con orejas, hombreos, codos para que no se produzcan úlceras por presión
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades.
Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables.
Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores.
Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos.
Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días.
Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas.
Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir.
Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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