Las personas que padecen la Enfermedad de Alzheimer durante su vida tuvieron muchas vivencias, muchas experiencias, expresaron sus sentimientos, manifestaron sus afectos de manera consciente. Ahora, sus mentes se han quedado en blanco. Pero esas personas que aún sonríen, lloran, se enfadan, a quienes manejamos como bebés para asearlos, para vestirlos, para darles de comer, etc., les queda en sus cerebros algunas neuronas para aquellas funciones automáticas, aunque hayan dejado de funcionar las que tenían la propiedad de recordar, han perdido la memoria.
La pregunta que siempre nos hacemos desde que cuidamos a estas personas en la etapa final de su enfermedad es ¿quién es?, no ¿quién está?, ni ¿quién fue?, porque es alguien vivo, con sentimientos, que aún vive junto a nosotros, y que ahora nos necesita para todo.
Hace una semana visité a uno de mis enfermos que padece esta enfermedad. Estaba sentado en el salón donde escuchaba una música de fondo que a él siempre le había gustado escuchar. Le saludo, me saluda; no sabe decirme quién soy ni qué soy (si el médico, el sacerdote o un compañero de profesión), pero sí me sonríe. Me siento a su lado y comienza a decir frases claras para oír, pero confusas para entender. Hablo con su esposa, quien está junto a él día tras día para asegurar sus cuidados. Él está callado y nos mira. Mientras estoy junto a él me pregunto ¿qué ha pasado en ese cerebro que hace unos pocos años funcionaba bien? Antes era un hombre de conversación agradable e inteligente que conseguía que quienes estábamos con él nos ilustráramos con sus conocimientos.
Ahora sus neuronas no funcionan ordenadamente, pero estimula sentimientos en los demás. Pero además de él está quien le cuida, su esposa en este caso, que es quien me relata sus pérdidas. Antes leía, ahora ni siquiera fija la mirada en el gran número de libros ordenados en las estanterías de su biblioteca. Antes veía en la televisión el futbol que le entusiasmaba y que era motivo de tertulias en ese mismo salón con sus amigos cuando televisaban algún partido. Ahora, la televisión está ahí, está indiferente ante ella, esté encendida o apagada. Antes elegía la música que quería oír, ahora es su esposa quien elige por él.
Ahora es una persona viva que siente y que transmite emociones. Es una persona que motiva a otras a cuidarle y a quererle aún más. Él no sufre por su situación neurológica salvo cuando padece procesos que le pueden provocar disconfort como infecciones respiratorias, urinarias, dolores, vómitos… Y ahí está su esposa y el resto de su familia para detectar sus síntomas molestos y encomendarnos a los profesionales para que le aliviemos. No quieren que sufra y nosotros tampoco, porque es una persona que siente, que está con nosotros, pero no entiende nuestros argumentos ni nuestras explicaciones, sin embargo percibe el confort que le podemos procurar con nuestros cuidados.
Cuando finalizamos la visita al enfermo, se me cuela dentro de mi mente un pensamiento negativo. Me produce miedo pensar que yo puedo quedarme vacío por dentro, que mi memoria se llegue a deteriorar tanto que pueda llegar a esa situación tan horrible de no recordar nada.
Estoy seguro que habrá muchos profesionales que cuidan a estos enfermos en centros de día o instituciones residenciales que tengan experiencias parecidas a ésta que he relatado y que se sigan preguntando quién es cuando están frente a varios enfermos con miradas vacías, pestañeando, sin decir nada. Enfermos que ya han vivido toda una vida, que se les desmorona a cada segundo el tiempo que pasa: sus experiencias, sus recuerdos, sus virtudes y sus defectos. Todo desaparece por arte de magia. ¡Qué horrible tiene que ser olvidar los recuerdos y a los seres queridos!
Estos enfermos no podrán decir qué quieren para cenar, pero si la cena les disgusta la apartarán. Ellos no son un número, ni una enfermedad a tratar, son personas con historias cuyas vidas están cercanas al fin.
Tal vez no lo digamos en público, pero sí lo pensemos en privado y temblamos con la idea de encontrarnos un día sordo, ciego, mudo, postrado, paralizado, incontinente, transportado de la cama al sillón y del sillón a la cama. ¿Acaso es esta perspectiva la que nos causa terror? O ¿es la de vivir un estado de decrepitud en la soledad y el abandono, con la sensación de no pertenecer al mundo de los vivos? ¿Dónde se encuentra la indignidad? ¿En este inevitable deterioro del cuerpo y de la mente? O ¿en la soledad absoluta de aquel a quien nadie viene a ver, quien no recibe ya ninguna señal de afecto o de ternura y a quien un equipo médico indiferente trata como si fuera una cosa? El enfermo de Alzheimer es alguien, con sentimientos, que aún vive junto a nosotros, pero que ahora nos necesita para todo.
La segunda víctima de esta enfermedad son los cuidadores principales que suele ser un familiar y que es quien desde un principio ha asumido el compromiso de velar por el bienestar de su pariente enfermo. Por lo menos, en el 80% de los casos de enfermos de Alzheimer son las familias quienes asumen en el domicilio los cuidados de estos enfermos. El 65% de los familiares que cuidan directamente al enfermo sufrirán cambios sustanciales en sus vidas y, sobre todo, una merma de su salud física y/o psíquica, llegando a padecer un cuadro intenso conocido como “burn-out” o “cuidador quemado”. Durante años van arrastrando, como pueden, sentimientos encontrados de amor y lealtad con otros de desesperación y cansancio. No es fácil suponer que, algunas veces, puedan desear que el calvario termine cuanto antes, pero como negación de ese deseo comprensible, su reacción es volcarse aún más en el cuidado de su familiar, hasta límites de enorme sacrificio. Y además de todo esto, convendría tener en cuenta que se estima que alrededor de un 40% de los cuidadores no reciben ayuda de ninguna persona, ni siquiera de familiares cercanos. También en algunas ocasiones el cuidador rechaza todo tipo de ayuda convencido de que como él nadie va a soportar tan dura carga y puesto que ya ha renunciado a su propio bienestar, no desea que nadie más cargue con este sacrificio, no quiere que el enfermo, con el que ha creado un vínculo de interdependencia, sea motivo de rechazo para otras personas.
Un 40% de los cuidadores no reciben ayuda de ninguna persona, ni siquiera de familiares
Por eso creo que atender a un enfermo en su casa supone un verdadero reto para la familia, una vez que se ha superado el impacto emocional del diagnóstico, la adaptación psicológica de los espacios del hogar, de los roles familiares… Es entonces cuando la familia pasa a formar parte del equipo terapéutico y su colaboración es fundamental en todo el proceso. No olvidemos que el enfermo, la familia y el equipo terapéutico constituyen los pilares básicos para proporcionar calidad en el cuidado al final de la vida. Los profesionales de la salud no tenemos en cuenta suficientemente la necesidad de propiciar el protagonismo de la familia, valorándola como un pilar importante en el proceso de la enfermedad de su familiar, ya que sin su compañía y sin su apoyo el enfermo perdería gran parte de su confort. Por eso es necesario apoyar y acompañar a la familia ya que es difícil perder a un ser querido y, para algunos, puede ser la primera vez que viven de cerca este proceso.
La figura del cuidador del enfermo de Alzheimer va a ser trascendental para la calidad de vida del enfermo y para la información de su estado al profesional sanitario, ya que llegará el momento en que va a ser el único referente que el enfermo tenga con el mundo exterior, por lo que es imprescindible que posea un adecuado nivel de información sobre los procesos por los que está atravesando su familiar y la formación conveniente para actuar ante los problemas que irán surgiendo a medida que la enfermedad progrese.
No cabe la menor duda que es muy positivo, para la calidad de vida del enfermo, el que viva en su domicilio toda su vida, rodeado de sus propios objetos y por sus seres queridos. Pero la otra cara oscura de esta situación es el abandono de responsabilidades por parte del estado y del Sistema Sanitario, la sobrecarga del cuidado que se acumula sobre la familia, la fuente de conflictos que ello puede acarrear, el agotamiento económico de los recursos familiares y, como hemos dicho antes, el posible burn-out del cuidador principal.
Si queremos lograr que los enfermos reciban en su hogar la atención adecuada es imprescindible que a estos familiares, como brazo que se proyecta del equipo de cuidados, se les prepare para esta funciones. Prepararles significa adiestrarlos para el cuidado integral del paciente y también brindarle soporte suficiente para que este familiar pueda ejercer su función con el menor costo emocional posible.
Reconocer social e institucionalmente a los cuidadores es un deber que no debemos eludir nadie, ni la sociedad, ni las instituciones responsables de los ciudadanos enfermos, de los ancianos, de todas esas personas que no se valen por sí mismas.
Pero el deber no puede limitarse a reconocer, sino a dar soluciones al cuidado de los cuidadores, ya que cuidando a los cuidadores cuidaremos mejor a los enfermos. La ayuda que les podemos aportar entre todos es nuestro apoyo valorando su trabajo, formándoles para que se sientan seguros realizando su trabajo y, además, aliviando sus cargas económicas.
[bctt tweet="Para la calidad de vida del enfermo, es positivo que viva en su casa #Alzheimer"]
En este artículo nos hemos referido fundamentalmente a los cuidadores de los enfermos de Alzheimer porque es justo resaltar públicamente su labor. ¿Por qué no hacerlo extensivo a los cuidadores de cualquier enfermo con enfermedad avanzada, irreversible, terminal…? Tenemos que hacer un esfuerzo para cuidar mejor a los cuidadores ¿no le parece?
Si cree que necesita apoyo, llámenos, disponemos de personal cualificado para el cuidado y acompañamiento de personas con Alzheimer y otras demencias. No lo dejes para mañana.
El hecho de que el cuidador adopte una actitud positiva y adecuada facilita la relación con el enfermo. Esta actitud puede reflejarse en una serie de comportamientos que comentamos a continuación:
Respetar las pequeñas cosas de cada día, puesto que para el enfermo pueden ser muy importantes (su intimidad en el baño o al desnudarse), no hablar de él ante otras personas, respetar sus creencias, sus costumbres y sus gustos…
Expresar los sentimientos de aprecio con palabras afectuosas y con caricias; estimularle para que demuestre su afecto; se receptivo ante cualquier forma de expresión. Es conveniente mantener el sentido del humor, ya que en muchos casos aún es capaz de reir, y eso le beneficia.
Sentir empatía, es decir, intentar entender sus emociones y sentimientos.
Ser comprensivos y tolerantes, no regañarlos nunca, no avergonzarlos delante de otras personas ni realizar comentarios negativos. Debemos tener en cuenta el gran esfuerzo que tienen que hacer para entendernos debido a las propias limitaciones.
Ser flexibles, es decir, ser capaces de adaptarse a las necesidades y al ritmo de los enfermos, así como aceptar los cambios de papel. La flexibilidad, la adaptabilidad y la imaginación son instrumentos adecuados para afrontar situaciones de cambio.
Dejarles todo el tiempo que necesiten para que hagan las cosas por sí mismos: animarles si encuentran dificultades y no precipitarnos nunca a solucionarles los problemas. Es preciso ayudarles sólo en el caso de que no puedan resolver las situaciones por sí mismos.
Agradecerles lo que hacen, no regañarles ni exigirles lo que no pueden hacer, planificar la realización de actividades útiles, no sobrecargarlos y hacer pausas para descansar.
Velar por la seguridad en todo momento: evitar ir a lugares peligrosos, mantener fuera de su alcance los productos tóxicos y las medicinas.
La manera de ofrecerles una actividad, es crucial para que la acepten. A veces puede ser útil enfocarlo como un trabajo, pedirles que nos ayuden. Hay que explicarles lo que se va a hacer y hacerles propuestas, no imposiciones.
No debemos obligarlesa hacer algo en concreto si no quieren, sino distraerlos, cambiar de actividad o hacerla más corta y sencilla, o incluso dejarla para otro día. Es necesario suprimir las actividades que ya no pueden hacer y mantener sólo aquellas que saben hacer. Hay que permitirles que hagan lo que les salga espontáneamente.
Mi nombre es Frank Broyles, Director Atlético de los Razorbacks para la Universidad de Arkansas.
Cuando mi esposa Bárbara fue diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer, yo no sabía mucho sobre la enfermedad ni el impacto que ésta tendría en nuestras vidas. Lo que sí sabía era que la enfermedad de Alzheimer no iba a destruir nuestro amor de toda nuestra vida. Nuestra familia se unió y tomamos la decisión de concentrarnos en lo que teníamos en lugar de lo que no teníamos. Decidimos celebrar nuestro “hoy” y nuestras memorias, haciendo de cada día el mejor, viviendo sin arrepentimientos. Como tantas otras personas, vivimos momentos de dolor. También vivimos momentos felices, que siempre recordaremos.
Notará que la información en este libro está organizada muy a la manera en que lo estaría el libro de estrategias de un entrenador. Esto se debe a que mi estrategia frente a la enfermedad de Alzheimer fue similar a que tomaría frente a un oponente en el campo de juego, con un plan de jugadas sólidas y un equipo dedicado.
Yo tenía muchas preguntas y dediqué mucho tiempo a buscar respuestas antes de crear «mi estrategia de juego». Todo lo que yo aprendí está contenido en este libro de estrategia de juego.
El mejor consejo que le puedo dar es apreciar cada día y vivirlo plenamente. Atesore el tiempo que tienen juntos y, quizás lo más importante, aménse. Espero que encuentre paz al saber que todavía es posible vivir y amar cuando un ser amado vive con la enfermedad del Alzheimer.
La mejor forma de mantener una función es ejercitándola, y el enfermo de Alzheimer, por desarrollo de su enfermedad va a ir perdiendo capacidades que deben ser ejercitadas para ralentizar su deterioro.
A continuación se presentan algunos ejercicios de estimulación con enfermos de Alzheimer, que pueden realizarse en su propio domicilio, agrupados por áreas que pueden orientarle para estimular al enfermo (éstos no son los únicos, tómelos sólo como orientación):
Orientación en el espacio y en el tiempo con personas con Alzheimer
En sus conversaciones con el enfermo de Alzheimer, procure hacer referencia a la fecha en que estamos, o al lugar en que nos encontramos
Tenga en casa calendarios grandes con la fecha actual y relojes en lugares bien visibles.
Pídale que diga palabras de una determinada categoría como por ejemplo nombre de animales, de profesiones, de ciudades…. (esto lo puede hacer tanto oralmente como escribiéndolo)
Practiquen cantando (o tarareando) canciones que conozca, rezos, o recuerden las estaciones del año, días de la semana, o cualquier otra secuencia que conozca.
Con revistas o periódicos practique la lectura de textos sencillos, o que describa las fotos que aparecen (comente sobre las personas, colores, estados de ánimo…)
Praxias (control / coordinación de movimientos)
Practique el dibujo de figuras u objetos sencillos (figuras geométricas, paisajes simples) al copiado o de su expresión.
Que rellene/recorte dibuje figuras
Si puede, que colabore en partes de la preparación de comidas (siempre supervisado)
Gnosias (Reconocimiento de objetos, caras, etc)
Muéstrele fotos de personajes famosos (en las revistas del corazón los encuentra fácilmente) y que identifique sus caras, o comente sobre estado de ánimo. Igualmente (incluso mejor) se puede hacer con fotos familiares.
Practique si puede con juegos de encontrar diferencias y parecidos de los que aparecen en las secciones de pasatiempos de periódicos.
Que identifique los objetos que aparecen en una foto o sala.
Memoria
Repase acontecimientos sobre la historia del enfermo de alzheimer (las historias que él mismo cuenta, sus batallitas son las mejores para empezar)
Dígale listas cortas de palabras (3 ó 4) e intente recordarlas después.
Utilice fotografías sobre su vida, viajes, hechos, acontecimientos relevantes y comente sobre ellos
Enséñele objetos, retírelos y que él intente recordar cuáles le enseñó, o que los identifique de entre varios nuevos que le muestre.
Si puede, que intente ir anotando en una agenda/libreta lo hecho cada día. Le servirá para organizarse y para repasar sobre su vida diaria. Se anotará con apoyo del cuidador.
Los ejercicios no son un castigo al enfermo . Debe procurarse que resulten atractivos, divertidos y ajustados a sus capacidades.
Los ejercicios no son recetas que siempre funcionen en personas con demencia. El valor de los ejercicios variará según el estado del enfermo, sus posibilidades, el material, las habilidades de quien trate con el enfermo…
El enfermo tiene grandes dificultades para adquirir nuevos aprendizajes, dele tiempo y sea muy, muy flexible.
Lo que nunca se ha sabido hacer bien, ahora será prácticamente imposible que lo aprenda o lo recuerde.
El enfermo de Alzheimer no es un niño. No infantilice las tareas.
Sé imaginativo a la hora de realizar ejercicios con personas con #Alzheimer
Mañana volveré por ti, haremos de esta casa un lugar mejor. Un sitio donde huir y volver a empezar.. será cuestión de tiempo… Mañana volveré por ti, de nuevo volveremos a sentir así, lo bueno que llevamos en el corazón.. irá creciendo. Mañana volveré por ti, de nuevo el mundo pasará desordenado y volverá el amor a nuestro lado.. Seremos fábula.. fábula.. seremos dos desordenados, un laberinto a descifrar, seremos dos que lo han logrado, seremos fábula… un libro abierto que han dejado, para que escribas el final, como aquel gato en el tejado.. seremos fábula.. fábula. Mañana volveré por ti, prometo cada día hacerte sonreír, iremos cada noche a confirmar amor… bailando lento. Mañana volveré por ti, preparo de memoria lo que te diré, no sea que una frase cambie el porvenir que llegue dentro, mañana volveré por ti de nuevo el mundo pasará desordenado y volverá el amor a nuestro lado… seremos fábula.. fábula… seremos dos desordenados un laberinto a descifrar, seremos dos que lo han logrado, seremos fábula…. un libro abierto que han dejado, para que escribas el final, como aquel gato en el tejado, seremos fábula… fáaaabulaa… seremos fáaaabula… seremos fáaaaabula…. Seremos dos desordenados, un laberinto a descifrar, seremos dos que lo han logrado… seremos fábula, un libro abierto que han dejado, para que escribas el final, como aquel gato en el tejado, seremos fáaaabula.. seremos dos desordenados, un laberinto a descifrar, seremos dos que lo han logrado, seremos fábula… fábula… –
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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