Solemos relacionar Alzheimer con pérdida de memoria y la disminución de la autonomía de los afectados con la capacidad de tomar decisiones simples y complejas. Pero, ¿sabías que la fisioterapia es clave para mejorar los síntomas que produce esta enfermedad neurodegenerativa?
La rehabilitación puede ser un gran aliado para el Alzheimer. Hoy te lo contamos en este artículo:
El tratamiento rehabilitador no sólo ayuda al mantenimiento físico, sino también al cognitivo facilitando el aprendizaje de estrategias que mejoren su calidad de vida y la prevención de disfunciones o alteraciones físicas asociadas a la evolución de los síntomas de la enfermedad.
Pero, como os hemos dicho, no solo los enfermos deben prestar atención a la rehabilitación, sino que los familiares y los cuidadores también ya que, en muchas ocasiones, pueden forzar posturas o coger pesos que pongan en peligro su salud.
Ejercicios que aportan beneficios para el Alzheimer
La Confederación Mundial de Fisioterapia (WCTP), junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), elaboró hace unos años un proyecto en el que se reflejó el papel de la fisioterapia en un campo tan importante y cada vez más extenso como el de la tercera edad.
A partir de las conclusiones de dicho trabajo conjunto, y dada la relación entre la enfermedad de Alzheimer y la edad avanzada de las personas que la padecen, podemos definir los servicios que presta el fisioterapeuta a estos pacientes de esta manera:
Para proporcionar una fisioterapia eficaz a las personas con enfermedad de Alzheimer, el fisioterapeuta necesita unos conocimientos y técnicas relacionados con la prevención, el alivio y el tratamiento de los trastornos del movimiento que requieren estas personas, pero también debe tener una comprensión clara de las consecuencias psicológicas, sociales y ambientales del proceso de la enfermedad. Los fisioterapeutas colaboran con otros miembros del equipo multidisciplinario en una labor consultiva, educacional para el asesoramiento para los pacientes, familiares-cuidadores y personal del servicio sanitario y social.
Así, a partir de estas indicaciones que la OMS y la WCPT nos proponen respecto a la asistencia a los sujetos de tercera edad (en los que incluimos a los enfermos de Alzheimer), vamos a analizar los objetivos generales del tratamiento fisioterapéutico:
Procurar que el paciente con EA mantenga, el máximo tiempo posible, una calidad de vida independiente: saludable y físicamente activa, pero controlada.
Retardar la evolución de la enfermedad, potenciando el correcto funcionamiento del aparato locomotor, del sistema cardiorrespiratorio y de las capacidades psicomotrices.
Prevención de problemas que se asocian a la evolución de la EA: obstrucciones respiratorias, inmovilidad articular, ulceraciones por encamamiento prolongado.
Orientación a los familiares y/o cuidadores sobre aspectos sanitarios, así como prevención de lesiones producidas por el manejo de estos pacientes.
Algunas consideraciones previas
Posibles contraindicaciones: no recomendamos aplicar electroterapia a enfermos con Alzheimer debido a sus alteraciones sensitivas; también seremos cautos al aplicar las diversas formas de crio o termoterapia: infrarrojos, hidrotermoterapia… Asimismo, si existe patología reumática o cardiovascular asociada, habrá que ser muy precavido con el masaje, la hidroterapia y la cinesiterapia.
Factores que pueden complicar el tratamiento: en relación con lo comentado en el párrafo anterior, existen situaciones que podrían agudizar los síntomas del sujeto, y que deberemos evitar (6): angustia, cansancio, disnea, dolor, intolerancia al esfuerzo (hipertensión), déficit visuales o auditivos que dificultan la realización de actividades, hipo o hipersensibilidad cutánea, nivel mental e incapacidad física general.
Colaboración: es mínima en el caso del paciente, pero es fundamental la participación de la familia (o de los cuidadores) siguiendo las pautas que indique el fisioterapeuta (paseos, relajación en el baño, etc.).
Temporalidad: es importante que la sesión de fisioterapia sea a la misma hora cada día, sin una duración excesiva y que tenga una distribución de actividades con pocas variaciones de un día a otro.
Evaluación previa: imprescindible antes de plantear la terapia.
Tratamientos de fisioterapia
Fase Inicial de la enfermedad del Alzheimer
En esta etapa, que es en la que se suele diagnosticar la enfermedad, aún no se manifiestan graves problemas que requieran el tratamiento fisioterapéutico; aún no hay dificultades motrices ni graves alteraciones cardiorrespiratorias.
Objetivos específicos en la fase
Prevenir que las dificultades de movilidad, de desplazamiento y de desorientación que sufrirá el paciente se retarden.
Que el enfermo mantenga una vida lo más independiente posible.
Procurar que los déficit sean lo menos invalidantes posible.
Prevención de complicaciones asociadas: cardiovasculares, respiratorias.
Tratamiento
Relajación. El paciente es consciente de sus olvidos y alteraciones, lo cual le produce ansiedad y angustia. Por esto proponemos trabajar la relajación de diversas maneras:
En función del grado de colaboración del paciente, las técnicas habituales de Jacobson (por medio de contracciones isométricas de los distintos grupos musculares del cuerpo), Schultz («entrenamiento autógeno») o Le Huche (relajación «con ojos abiertos», que combina las anteriores) pueden ser eficaces.Además, las técnicas de Jacobson y Le Huche, al utilizar contracciones musculares, puede prevenir la mioatrofia.
Masaje: Cosgray lo recomienda incluso para tratar la depresión de los pacientes con EA. Interesante aplicarlo lento y semiprofundo, buscando un efecto sedante.
La musicoterapia: Lord y Garner (9) han demostrado el valor terapéutico de la música en un estudio realizado en personas con Alzheimer a las que se les ponía música de su juventud durante las sesiones de recreo, actividades, etc. Estas personas estaban más alegres y con un estado de alerta mayor que los pacientes en los que no se aplicó esto. Además, si se pone música durante la sesión de fisioterapia, podemos aprovechar los ritmos para nuestros ejercicios.
La hidroterapia: tanto la inmersión en piscina como la natación suave o la hidrocinesiterapia, además de sensación relajante, sirve de estímulo extero y propioceptivo, lo cual podría prevenir o disminuir las dificultades de estructuración de esquema corporal, equilibrio y desorientación espacial que empiezan a manifestarse en esta primera fase. Incluso se puede completar con ejercicios con balones, flotadores para, además, potenciar la movilidad y funcionalidad de las extremidades.
Si no contamos con la colaboración del paciente debido a que está sedado con medicación, con cinesiterapia activa-asistida podemos coadyuvar a que se relaje de una forma «más natural».
Potenciar la movilidad: como medio de prevención de atrofias y limitaciones mio-articulares, y para preservar la independencia del paciente. En este caso proponemos:
Bicicleta ergométrica, trabajando con suavidad, con el fin de favorecer la función cardiorrespiratoria, la movilidad articular, la coordinación y la resistencia al esfuerzo.
Potenciar y entrenar la deambulación (Fig. 1): si es posible, paseos al aire libre, en un entorno tranquilo y con control de esfuerzo.
Entrenamiento de la deambulación.
Gimnasia de mantenimiento y actividad física en general. Interesante realizar esto en grupos, por medio de actividades jugadas (10) empleando, por ejemplo, balones, globos, aros, etc. De esta manera podemos trabajar la coordinación y la organización espacial. Si, además, realizamos estas actividades con ritmos o música, ayudamos a mejorar la estructuración temporal del paciente. Se podría completar con los ya citados juegos en piscina de hidroterapia (con balones, flotadores).
Coordinación psicomotriz: la conseguiremos realizando los ejercicios comentados anteriormente de forma activa.
Fisioterapia respiratoria: en esta fase planteamos un enfoque de tratamiento preventivo o de mantenimiento (11), cuyo éxito dependerá del grado de colaboración (psíquica) del paciente:
Relajación y toma de consciencia postural.
Adquisición de hábitos posturales que mejoren la función respiratoria.
Toma de consciencia respiratoria y entrenamiento de la respiración nasal (muchos ancianos pierden este hábito).
Realización de movimientos de flexibilización torácica correctamente coordinados con la respiración: inspiración-extensión y espiración-flexión; además, el sujeto puede ayudarse acompañando con movimientos de extremidades superiores.
Aprendizaje y entrenamiento de la respiración diafragmática y del control espiratorio abdominal.
Empleo del espirómetro no sólo como medio de exploración de la capacidad espiratoria, sino como entrenamiento feed-back de la propia espiración.
Segunda fase en la enfermedad del Alzheimer
En esta segunda etapa se profundizará en el tratamiento iniciado en la fase anterior, si bien contaremos con el hándicap de que la colaboración del paciente será menor debido a su deterioro psíquico.
Objetivos específicos en esta fase
Mantener las máximas capacidades posibles de movilidad, desplazamiento e independencia en actividades básicas.
Prevención de las alteraciones cardiocirculatorias.
Prevenir las complicaciones de carácter respiratorio (bronconeumonías, síndromes obstructivos).
Tratamiento
Relajación: ya no sólo relajación desde el punto de vista psicológico (por la angustia y depresión que sufren estos pacientes), sino desde el punto de vista tónico, puesto que son frecuentes las contracturas extrapiramidales (1) producidas como efecto secundario de los fármacos. Las técnicas que emplearemos podrán ser:
Masaje, buscando efecto sedativo.
Hidroterapia: inmersión muy controlada en piscina, donde, además, podemos movilizar de forma activa o pasiva.
Cinesiterapia: activa o pasiva, de extremidades e incluso de tronco para, así, prevenir posibles distonías y desajustes posturales.
Tratamiento postural: en principio, enseñaremos al paciente y a los familiares y/o cuidadores las posturas más adecuadas en sedestación, en la cama, a la hora de hacer las actividades cotidianas, con vistas a evitar las posiciones viciosas y actitudes distónicas. Siempre y cuando el paciente colabore, trabajaremos:
Ejercicios flexibilizantes de columna y tórax: con el sujeto sentado, para mayor seguridad, se movilizará en flexo-extensión, rotaciones e inclinaciones, con un adecuado acompañamiento respiratorio.
Potenciación muscular: sobre todo de los músculos posteriores y de los músculos abdominales; estos ejercicios serán suaves, sin provocar excesivo esfuerzo ni agotamiento, y por poco tiempo.
Autocorrección de columna: bien en decúbito supino (con miembros inferiores en flexión) o sentado con la espalda apoyada en la pared: que el paciente realice autoelongaciones de su raquis, acompasando con la respiración.
Estiramientos activos: también podemos recurrir a los movimientos optokinéticos para guiar esos enderezamientos de columna.
Movilidad: se movilizarán todas las articulaciones de las extremidades en sus diferentes ejes de movilidad; en manos, propondremos actividades de destreza manipulativa con aros, pelotas y mesas canadienses. Si colabora el sujeto, los autopasivos con sistemas cuerda-polea pueden ser útiles
En cuanto a los ejercicios de columna, éstos serán muy suaves en cuanto a su ejecución. Si es posible, se trabajará de forma activa, aunque sea asistida, o por medio de actividades funcionales como el pedaleo, la marcha o bien ejecutando actividades de la vida diaria.
Con este trabajo no sólo preservaremos la movilidad y funcionalidad músculo-articular, sino se favorecerá la correcta función cardiovascular.
«el ejercicio favorece la movilidad, previene caídas y disminuye el dolor»
Equilibración y reeducación de la marcha: para prevenir el déficit de equilibrio que pueden tener estos pacientes, podemos emplear las típicas plataformas de propiocepción (tipo Freedman o Bohler) si las tolera el paciente anciano.
Respecto de la marcha, importante reentrenarla por medio de paseos, rampa, escaleras, deambulando sobre terrenos estables, incluso con apoyo de ayudas técnicas como bastones o andadores, retrasando todo lo posible que el paciente quede confinado en silla de ruedas.
Coordinación psicomotriz y perceptivo-motriz: que se podrá trabajar por medio de las pautas descritas en los apartados anteriores.
Tratamiento del dolor: además de la función de prevención del dolor que tiene el ejercicio, si se precisa hacer este tratamiento, se recomienda el uso de ultrasonoterapia (incluso sonoforesis de algún analgésico) y termoterapia o crioterapia con temperatura controlada; no hay que olvidar los frecuentes problemas sensitivos de las personas con Alzheimer avanzado, por lo que no recomendamos el empleo de electroterapia analgésica.
Fisioterapia respiratoria: para prevenir las complicaciones respiratorias. Importante trabajar con el paciente en espacios bien ventilados y con cierto grado de humedad. La pauta a seguir (14) puede ser la siguiente:
Toma de conciencia postural y relajación.
Toma de conciencia respiratoria (inspiración nasal, espiración bucal, ritmo respiratorio…) y reeducación de la respiración.
Coordinación de la respiración con movimientos de flexibilización torácica: la inspiración se acompaña de extensión, y la espiración se realiza durante los movimientos de flexión. Además, los ejercicios de cintura escapular favorecen esa flexibilización.
En función del grado de demencia que presente, si no puede colaborar satisfactoriamente, habrá que recurrir los ejercicios que presentamos a continuación:
Ejercicios de tos dirigida, para que sea eficaz, productiva y sin irritación glótica.
Práctica de la respiración diafragmática y potenciación muscular.
Práctica de la espiración abdominal libre o con asistencia de presiones manuales en abdomen y tórax inferior, así como por medio de cinchas abdominales.
Drenaje postural: recomendamos emplear las posiciones en decúbito supino, prono y laterales, junto con la llamada posición «de cochero», por ser éstas las mejor toleradas por los ancianos.
Maniobras de drenaje: por medio de clappin, vibratorios, taponteo, y combinando estas técnicas con las posiciones de drenaje.
Tercera fase en la enfermedad del Alzheimer
Aunque el desenlace de esta última etapa es fatal, el fisioterapeuta puede colaborar con su trabajo para que la vida postrera del enfermo de Alzheimer sea de la mayor calidad posible.
La situación que encontraremos es de un paciente encamado, muy deteriorado orgánica y psíquicamente, y con poca capacidad de colaboración voluntaria en las sesiones de tratamiento.
Objetivos específicos en la tercera fase
Prevención-tratamiento de las complicaciones propias del encamamiento: cardiorrespiratoria, cutáneas, inmovilidad.
Mantenimiento de la movilidad articular y del tono muscular.
Tratamiento fisiterapéutico
Cuidados posturales del encamado: en este apartado colaboraremos con el personal de enfermería para así orientar a auxiliares y/o familiares sobre las pautas de cambios posturales en la cama: alternando los decúbitos supino y laterales (incluso prono, si lo tolera), poniendo al paciente en sedestación al menos durante una hora diaria, y con vendajes preventivos en calcáneos. Ésta será la mejor manera de prevenir las peligrosas úlceras de decúbito.
Ozonoterapia: precisamente para el tratamiento de las úlceras.
Masaje tonificante: para mantener la turgencia de los tejidos cutáneos, especialmente en las zonas de la piel con prominencias óseas o sometidas a apoyo continuo en la cama; recomendamos emplear cremas hidratantes o aceites con esencias (romero, eucalipto).
Cinesiterapia: en esta fase será predominantemente pasiva y suave, aunque si el enfermo de Alzheimer puede colaborar, se procurará realizar de manera activa asistida.
Se trata de mantener el recorrido articular (sin forzar en exceso si existe contractura extrapiramidal, rigidez cápsulo-ligamentaria o afección reumática subyacente), así como favorecer la función circulatoria para mantener el trofismo de los tejidos muscular y articulares. Si hay dolor, dejaremos de movilizar, y en sucesivas sesiones aplicaremos termoterapia infrarroja o crioterapia (lo que mejor tolere el paciente) previamente a la movilización.
Fisioterapia respiratoria: aprovecharemos los cambios posturales en (cama y en sedestación) para el tratamiento de drenaje postural.
Clapping y masaje vibratorio, siempre durante la espiración, ayudarán al paciente a expulsar sus secreciones.
Respiración naso-diafragmática.
Espiración asistida, por medio de presiones manuales suaves en abdomen y tórax inferior durante la espiración.
CONCLUSIONES
Los fisioterapeutas debemos poner nuestros conocimientos y profesionalidad al servicio de los enfermos de Alzheimer, de sus familiares y de los equipos multiprofesionales que les atienden.
Es importante la exploración previa y la evaluación de la situación funcional del paciente para una mejor planificación del tratamiento fisioterapéutico del enfermo de Alzheimer.
La fisioterapia puede aportar, y mucho, a frenar el deterioro de estas personas y a la mejora de sus condiciones de vida.
Como dijo alguien:
La fisioterapia no da más años a la vida, pero sí que da más vida a los años
El 21 de septiembre se celebra el día mundial del Alzheimer, fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer. El propósito de esta conmemoración es dar a conocer la enfermedad y difundir información al respecto, solicitando el apoyo y la solidaridad de la población en general, de instituciones y de organismos oficiales. El Alzheimer es esa enfermedad que borra, sin aviso y sin permiso, el pasado del enfermo dejándole solo con su presente más inmediato, porque el futuro también pierde sus perfiles. A día de hoy no existe una cura para esta enfermedad pero sí es cierto que en los últimos años se han multiplicado los esfuerzos y los logros en la investigación, lo que hace albergar esperanzas en que en un futuro próximo los estudios puestos en marcha conseguirán abrir la puerta de la solución definitiva.
El Alzheimer, es una emergencia socio-sanitaria a nivel mundial, cada 4 segundos una persona es diagnosticada de demencia. Se estima que para el año 2050 más de 100 millones de personas sufrirán esta enfermedad.
[bctt tweet=»Cada 4 segundos una persona es diagnosticada de demencia. #Alzheimer»]
Estas cifras han sido dadas a conocer por la Asociación Internacional de Alzheimer, a través de la difusión de una Carta Global, que ha sido traducida a más de 7 idiomas, con el objetivo de llamar la atención de los gobiernos sobre la necesidad urgente de considerar el Alzheimer y otras demencias como una prioridad en las políticas sanitarias a nivel mundial. Nos enfrentamos a una emergencia en materia de salud pública y de atención social, que requiere una acción inmediata. La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia, representando entre el 60% y el 70% de todos los casos de deterioro cognitivo. La demencia es una enfermedad progresiva y neurodegenerativa, que provocan un deterioro de las capacidades intelectuales afectando a todos los aspectos de la vida del individuo y de sus familiares, particularmente de aquellos que ejercen de cuidadores principales. Cada año se producen 4,6 millones de nuevos casos de demencia en el mundo, lo que implica que cada 7 segundos una persona es diagnosticada de esta condición. Para el año 2050 se estima que cerca de 100 millones de personas sufrirán esta enfermedad. Sin embargo, ningún país está preparado para afrontar un problema de salud mental de tal magnitud. La falta de sensibilidad y conocimiento ha dado lugar a que los recursos sean insuficientes. La atención mundial a este problema de tan rápido crecimiento es tan escasa que la mayoría de los afectados continúan sufriendo sin esperanza ni ayuda. ¡Esta situación necesita un cambio!. Se puede mejorar la calidad de vida de las personas con Enfermedad de Alzheimer y otras demencias. A menudo, ellos, sus familiares y sus cuidadores carecen del apoyo que necesitan y se merecen.
Ni la Enfermedad de Alzheimer ni ningún otro tipo de demencia forman parte del proceso natural de envejecimiento. Es posible prevenir su desarrollo. Un tratamiento adecuado puede mejorar la calidad de vida de las personas con demencia y de sus familiares. La investigación médica continuará mejorando los tratamientos existentes. Seamos positivos y adoptemos las soluciones que ayudarán a millones de personas hoy y mañana.
¿Sabrías distinguir entre todos los tipos de demencia? Te lo mostramos en la siguiente entrada: Tipos de demencias
Para el cuidado de personas con alzheimer, los cuidadores profesionales y las empleadas de hogar deben realizar ejercicios y actividades para mantener un buen estado del movimiento y la orientación. Con el avance de la enfermedad del Alzheimer, van mermando las capacidades y habilidades como es el caso de la movilidad. Al afectar a la región del cerebro que controla el equilibrio y el movimiento, hace que hechos como caminar, o problemas cognitivos como laorientación en el espacio y el tiempo se conviertan en tareas cada vez más complicadas.
Poner música animada y animar a bailar siguiendo su ritmo y moviendo todo el cuerpo.
Antes de realizar traslados en sillas de ruedas, probar de utilizar el bastón, la ayuda humana o un andador.
Procurarle la ayuda necesaria para poder desplazarse; para ganar así una mayor autonomía. Pero es mejor que sea la persona quien coja al cuidador y no al revés; y coloque el cuidador el brazo pegado al cuerpo de la persona mayor.
Realizar una rutina de ejercicios fáciles y sencillos para la persona con alzheimer. En esa rutina, se deben de seguir varios pasos y que dicha rutina siempre sea la misma. Por tanto, es recomendable empezar con un breve calentamiento, de unos 5 minutos de duración, trabajando poco a poco todas las partes del cuerpo, comenzando los estiramientos desde la cabeza. En el calentamiento, se pueden realizar ejercicios sencillos como:
Para la cara: subir y bajar las cejas, guiñar el ojo o inflar y desinflar las mejillas,
Para los brazos: subir y bajar los brazos al mismo tiempo, dar palmas
Inclinar la cabeza hacia los lados.
Para las piernas: subir la punta del pié apoyando el talón, levantar el pie. Para los ejercicios en las piernas, es recomendable que la persona esté sentada.
Después del calentamiento, el cuidador puede ir alternando ejercicios con juegos, siempre mirando que la persona pueda realizarlos sin mucha dificultad. El cuidador profesional puede ayudarse de elementos como pelotas, globos o elementos de la casa que no sean muy pesados para motivar a la persona a ejecutar los ejercicios marcados, convirtiéndolo en un rato de ocio y diversión para la persona mayor. Y para finalizar la tabla de ejercicios, es recomendable acabar con ejercicios de relajación y de reposo.
Pero, ¿cual es la actividad más sencilla que podemos realizar para el cuidado de personas con Alzheimer? Salir a caminar de forma tranquila y pausada es la principal actividad que el cuidador debe de fomentar en la persona con alzheimer, visitando los lugares que más le gusta al enfermo, así como a todos sus familiares y amigos. Además es recomendable acudir regularmente a su médico de cabecera, para observar si existe la relación entre la medicación y los problemas de movilidad y equilibrio.
Infografía / JUAN JOSÉ ALONSO SÁNCHEZ
En Serdomas nos preocupamos por ofrecer la mejor atención, tanto a las personas que padecen de Alzheimer como a sus familiares. Contamos con profesionales en el cuidado de personas mayores con Alzheimer, auxiliares y empleados de hogar titulados y altamente cualificados para la prestación del servicio de Ayuda a Domicilio, para que el servicio sea de la máxima calidad buscando siempre la comodidad y el bienestar tanto para la familia como para la persona a la que cuidamos. Conozca más sobre nuestros servicios a través del siguiente enlace:
Bañar a personas con Alzheimer es uno de los mayores problemas que nos enfrentamos como familiares o cuidadores de personas con Alzheimer al convivir con ellas. Difícil es para el cuidador hacer que la persona acepte tomar un baño, ya sea de ducha (facilitado con una regadera) o asiento. Pero nada es imposible, y con un poco de práctica y paciencia podremos lograr que nuestro familiar acepte ir al cuarto de baño y recibir un buen baño.
Enfrentando el problema
Ciertamente no siempre resulta fácil convencer a una persona con la enfermedad de Alzheimer a ser bañado. Generalmente nos dirán que ya se bañaron, que mejor nos bañemos nosotros o que mejor más tarde. Y de ahí, nadie los saca. Pero todo es insistir hasta cierto punto y utilizando ciertas estrategias o mañas podremos convencer al enfermo para que se bañe.
Posibles causas
Existen muchas posibles causas por las que una persona con la enfermedad de Alzheimer no quiera bañarse, alguno de estos factores pudiera ser miedo, creer que ya se bañaron o simplemente resistencia por el modo en cómo se le aborda.
Causas médicas o psicológicas
Depresión, pérdida de interés para la higiene personal.
Enfermedad física que lo desmotive a tomar un baño.
No encontrar el baño
Cambios en su sentido de percepción a la temperatura del agua.
Otro tipo de sensaciones desagradables..
Causas medioambientales
Poca luz, que le impida encontrar dónde está el baño o no ver bien dentro de este.
Falta de privacidad.
Temperatura del cuarto (muy frío o muy caliente).
Temperatura del agua (muy fría o muy caliente).
Agua de la ducha o regadera muy fuerte.
Agua muy profunda en la bañera o tina de baño
Causas varias
Miedo a caer.
Miedo al agua.
Desconocer al familiar o cuidador.
Olvidar para qué tiene que bañarse.
Sentirse humillado.
Agitación, enojo..
Sentirse presionado, carrereado.
Pérdida de intimidad.
Fatiga.
Temor que le caiga agua y jabón en los ojos.
Miedo a que le hagan algo.
Estrategias
Evalúe la mejor hora para el baño.
Asegúrese que el baño esté confortable, con buena temperatura.
Cierre la puerta o ventana para crear un ambiente de privacidad.
Prepara el baño con tiempo a fin de que no le falte nada a la hora de tomarlo.
Hágalo por pasos: primero que sienta el agua, la esponja, el jabón, todo en secuencia.
Acérquesele de buena gana, esto es, de buen modo. Háblele claro y calmadamente.
Evite discutir con al persona para no entrar en conflicto.
Simplifique las tareas, haga una sola cosa a la vez.
Puede incluso intentar bañarse con la persona a fin de brindarle mayor seguridad.
Si aún tiene cierta coordinación de movimientos, dígale a la persona que se enjabone, se talle con la esponja y se dé su aseo personal en las partes íntimas.
Aproveche de darle masaje en la espalda con la esponja, esto le reconfortará.
Anime a la persona a medida que transcurre el tiempo. Dígale qué bien huele, qué bien se ve.
Al terminar el baño, asegúrese de secarlo bien.
Compruebe que no tenga problemas en la piel, manchas, irritaciones, raspaduras, heridas.
Utilice un buen talco o un buen aceite para darle los últimos toques y dejarle listo para ese día.
Tomando precauciones
Siempre es necesario tomar ciertas precauciones o medidas de seguridad para evitar accidentes. Por ello:
Verifique que la temperatura del agua sea adecuada. No vaya a ser que se queme, o por el contrario, el agua esté muy fría y la sienta desagradable y luego se resfríe.
Nunca deje solo al enfermo en el cuarto de baño, pudiera caer, resbalar o sufrir algún accidente.
Puede utilizar una silla especial o de plástico para bañarle
Si lo hace de pie, es conveniente poner agarraderas en el baño a fin de que la persona pueda asirse y sentirse con esto más seguro(a).
No coloque tapetes en el baño con los que se pueda caer, en todo caso tirillas de hule autoadheribles al piso o a la tina de baño pudieran ser recomendables
No tenga a la mano aparatos eléctricos que pudieran causar algún accidente.
Algunos otros consejos para bañar a una persona con Alzheimer
Si bien a veces resulta algo difícil, tampoco es imposible. Algunos otros consejos a manera de estrategia que pudieran darse son:
Acérquesele en un buen momento para invitarlo a ir al baño y decirle que ya está listo, para que así se sienta rico o más cómodo.
Comenzar a platicarle sobre cosas agradables que le hayan sucedido pude ser una buena estrategia.
Cantar mientras se están bañando, también puede ser otra buena medida.
Recuerde que el baño y la higiene personal es parte importantísima para conservar un cuerpo sano y saludable, así como para darle al enfermo una mejor calidad de vida.
Además, si lo desea, le cambiamos su bañera por plato de ducha, en 24 horas. Consúltenos sin compromiso.
La enfermedad de Alzheimer tiene un comienzo, dura un tiempo indefinido, esto lo saben muy bien la familia de los enfermos, sus cuidadores, pero también tiene un final en el que aún hay mucho que hacer por el enfermo y por su familia. Esto también lo conocemos los profesionales que les atendemos.
Cuidar en el final de la vida de un enfermo de Alzheimer es una tarea difícil, diría que heroica, pero necesaria para el enfermo porque en esta fase final tiene también muchas necesidades que nosotros podemos aliviar. Es un momento muy importante para el familiar-cuidador que necesita demostrarse así mismo que ha hecho todo lo que ha podido hasta el final.
Cuando cuidamos a un enfermo de Alzheimer en su fase final y pasamos junto a él bastante tiempo nos damos cuenta del cariño, de la delicadeza con la que le cuida su familia, sus cuidadores y que además, de esta manera lo están haciendo desde hace años. Sin duda son ellos los verdaderos héroes de esta enfermedad. ¡Qué lección nos dan! a los que “desde fuera” observamos estos cuidados. Ya sabemos que sus familias no desean que la Sociedad les ponga medallas ni que hablemos de ellos todos los días ¡no!, lo que desean es que se les preste la ayuda socio-sanitaria que aún les falta.
De todas las familias que hemos conocido atendiendo a estos enfermos en su fase terminal admiramos su dedicación. Para esas familias su vida es su enfermo. Hemos comprendido que esas familias, aunque con su memoria íntegra y estando conscientes, con total independencia para valerse por sí mismos (todo lo que le falta al enfermo de Alzheimer), también “padecen” la enfermedad. Lo asumen hasta el final y aún después, cuando fallece su familiar,“les falta algo” a lo que ya se habían adaptado y se habían dedicado exclusivamente. Su muerte no supone para el familiar cuidador la liberación de una pesada carga, sino tener que enfrentarse a una nueva forma de vida que había olvidado y que, en muchos casos, ya no les llena.
Por todo ello creemos que son sus familias, sus cuidadores, los verdaderos héroes del Alzheimer. En esta enfermedad está quien la padece, está quien sufre por el enfermo, quien trabaja para mejorar su calidad de vida y quien investiga para encontrar una solución. La familia-cuidadora sufre y trabaja. La figura de estos cuidadores es trascendental para la calidad de vida del enfermo y para la información de su estado al profesional sanitario, ya que llegará el momento en que sea el único referente que el enfermo tenga con el mundo exterior. Todo este tiempo de dedicación a otra persona que sólo mira fijamente a un punto de la habitación, que de tarde en tarde le dedica una enigmática sonrisa, que el único sonido que emite se limita al de su pesada respiración, cuyas muestras de afecto o agradecimiento quedan en la incógnita de una presión de la mano cuando es tomada por su cuidador, hace que el familiar cuidador se convierta en un apéndice de ese cuerpo que yace en una cama o en una silla.
Debemos concienciarnos de la importancia de esta enfermedad y de que los médicos seguirán investigando para llegar a curarla si es posible algún día. Aún no se puede curar esta enfermedad, pero sí se puede conseguir que el enfermo esté bien cuidado y tenga la mejor calidad de vida posible. La ayuda que demos a sus cuidadores se la estaremos dando al propio enfermo. Si los cuidadores son los héroes de esta enfermedad, seamos también todos nosotros un poco héroes con nuestra solidaridad, cada uno con nuestras posibilidades, como individuos, como profesionales, como comunidad, como instituciones, como una sociedad que no debe abandonar a ninguno de sus miembros.
El cerebro es un órgano muy complejo; cuando se nos ocurre reflexionar sobre él con cierta profundidad nos solemos preguntar por qué funciona tan bien la mayoría de las veces. Pero en general no solemos pensar en eso. Sencillamente, damos por sentado que poseemos esta maquinaria electroquímica casi silenciosa e increíblemente poderosa. La alimentamos, la protegemos con un casco cuando viajamos en moto o en bicicleta o cuando tenemos riesgo de ser golpeados en la cabeza realizando nuestro trabajo; simplemente dejamos que trabaje por nosotros. Tan solo nos sorprendemos, nos sentimos vencidos y asustados, cuando empieza a fallar de alguna manera.
La enfermedad de Alzheimer destruye gradualmente un enorme número de células cerebrales, y tal destrucción conduce a la pérdida paulatina de la memoria, incapacita para aprender, e inhabilita a la persona para llevar a cabo las actividades más simples y primarias. Esta enfermedad no se manifiesta de forma brusca; se va desarrollando de forma tan gradual que su comienzo es imperceptible. Esta característica de ser una enfermedad que se va arrastrando tan lentamente borra las fronteras habituales entre salud y enfermedad de tal manera que pueden incluso llegar a hacernos dudar de nuestros supuestos más básicos sobre la enfermedad.
Cuando se ejerce una medicina humanista nos interesa conocer la enfermedad, pero fundamentalmente nuestra preocupación se centra en la persona que padece la enfermedad.
Mientras la memoria se va para siempre el afecto interactivo entre el enfermo de Alzheimer y su familia es lo que les mantiene identificados entre ellos. La memoria ya no les sirve, pero sí su cariño. No graba nuestras palabras, nuestras órdenes, nuestras ideas, pero sí aprecia nuestros gestos de afecto hacia ellos, nuestra sonrisa, nuestra caricia, nuestra mirada. Ahora necesitan de nuestra ayuda: que le acerquemos la comida a su boca, que le pongamos ese vestido o esa camisa que sabemos que siempre le gustaba ponerse, que hablemos por él, que exijamos ante quien sea lo que ellos necesitan. El enfermo pierde poco a poco todas sus facultades, deja de hablar, de moverse, de reconocer, pero sigue estando vivo, sigue sintiendo y lo expresa, aun que sea con la mirada.
Quienes cuidan a estos enfermos, su familia, también han sido tocados por esta enfermedad, no en sus aspectos biológicos, pero sí en sus aspectos emocionales y sociales.Y como no, también en sus aspectos espirituales. Es entonces cuando el familiar empieza a cuestionarse las preguntas básicas de la vida : ¿qué es la vida? ¿qué es la persona? Pero le mira y se da cuenta que aún tienen vida y además sigue siendo persona, incluso cuando está llegando su final. Es un momento complicado para quienes le cuidan porque es cuando hay que comenzar a tomar algunas decisiones importantes.
Durante su enfermedad habrá tenido episodios de atragantamiento que cuando se repiten habrán motivado aplicarle una sonda nasogástrica para asegurar su hidratación y su nutrición, pero en la fase terminal la mayoría de los enfermos de Alzheimer dejarán de ingerir alimentos por la boca y puede que duerman muchas horas. Es en este momento cuando la familia empieza a preocuparse de que se encuentre incómodo, de que tenga hambre, tenga sed. Es en este momento cuando los profesionales sanitarios podemos ayudar a los familiares explicándoles que se encuentra en fase terminal y en ella no están incómodos ni sienten hambre ni sed porque su cuerpo se está apagando. Se trata de un proceso natural. Su aparato digestivo y sus riñones ya no pueden seguir procesando los nutrientes o eliminando los residuos tal y como lo hacían antes. Introducir en el organismo suero, en esta fase, puede ser la causa de que el corazón se congestione y se colapse, y los pulmones también pueden congestionarse porque el corazón asimismo está empezando a fallar y no puede bombear esa mayor presión sanguínea. Las manos y los pies empezarán a estar fríos y pueden tener un aspecto hinchado y azulado porque los tejidos no obtienen un nivel normal de oxígeno. El enfermo ahora casi no responde a los estímulos, y su respiración es más lenta, incluso puede resultar ruidosa porque hay acumulo de flemas en la garganta.
El final de la vida de estos enfermos suele ser un momento tranquilo, y la persona simplemente se va. La familia que está a su lado en ese instante puede percatarse de repente de que el enfermo ya no respira. En unos pocos minutos se para el corazón y el enfermo, por fin, descansa.
La vida se ha escapado y el cuidador ya no puede realizar su labor ni el intercambio interactivo de cariño. Ese vacío le provocará gran cantidad de emociones que se caracterizarán por episodios de alivio, reproches, culpa, ira, soledad y nuevos propósitos. Pero no podemos olvidar que llorar la pérdida de un ser querido es un acontecimiento emocional muy complejo, que sólo se lo podrían transmitir quienes han pasado por esa dolorosa pérdida, no quienes lo contemplamos desde fuera. Para la familia la memoria no se va para siempre, porque nunca olvidarán el cariño que se transmitieron.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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