Ayudas individuales para el acogimiento familiar de personas mayores
Ayudas individuales para las personas mayores atendidas en régimen de acogimiento familiar para sufragar los gastos de acogida y asistencia en un hogar, con el fin de evitar la institucionalización y procurar una vida normalizada.
Esta iniciativa, contempla el acogimiento de personas mayores autónomas en el seno de familias con las que no mantienen ningún lazo de parentesco o con las que éste no supere el tercer grado (vínculo tío-sobrino).
Requisitos
Acreditar la residencia en la Comunidad de Madrid durante los dos últimos años inmediatamente anteriores a la fecha de la solicitud.
Tener cumplidos los sesenta y cinco años en el momento de solicitar la ayuda o sesenta en el caso de personas que precisen ayuda para la realización de las actividades de la vida diaria.
Tener unos ingresos personales brutos en cómputo mensual que no superen en dos veces el IPREM fijado en el año 2008.
Carecer de bienes muebles e inmuebles que les permitan acceder a otros recursos. Se entiende que no se puede acceder a otros recursos si los bienes inmuebles están declarados en ruina y no son susceptibles de reforma. Asimismo, la valoración patrimonial de todos los bienes, tanto muebles como inmuebles, no pueden superar los 109.696,73 euros.
Precisar por sus circunstancias económicas, personales y sociales de estas ayudas y que a criterio de la Consejería de Servicios Sociales estas mismas circunstancias le hagan apto para ser beneficiario de las mismas.
Tener asignada por la Consejería de Familia y Asuntos Sociales una familia de acogida, según lo establecido en el programa de acogimiento familiar aprobado por dicha Consejería.
No padecer enfermedad infectocontagiosa en fase activa ni cualquier otra que requiera atención permanente y continuada en centro hospitalario.
No presentar alteraciones de conducta graves que hagan imposible su atención en el domicilio.
No ser pariente por consanguinidad o afinidad hasta el segundo grado, inclusive, de la persona responsable del acogimiento.
No haber dado lugar con anterioridad a la rescisión de un contrato de acogida por incumplimiento de sus obligaciones o a la pérdida de la condición de beneficiario por causas que le sean imputables.
No ser beneficiario de prestación económica para cuidados en el entorno familiar y apoyo a cuidadores no profesionales, que reconoce la Orden 2386/2008, de 17 de diciembre, de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales.
Solicitud
Las solicitudes se presentarán en los Centros de Servicios Sociales Municipales en razón del domicilio, dentro del plazo establecido en la convocatoria. Asimismo en los Registros de la Consejería de Asuntos Sociales, o en cualquier otro Registro, ya sea de la Comunidad de Madrid, de la Administración General del Estado, o de los Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid adheridos al Convenio Marco de Ventanilla Única, o mediante las demás formas previstas en el artículo 38.4 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del
Procedimiento Administrativo Común.
Podrán enviarse las solicitudes, una vez cumplimentadas, por vía telemática.
Legislación aplicable
Orden 2925/2009, de 29 de diciembre, por la que se aprueba la convocatoria de ayudas individuales para el acogimiento familiar de personas mayores para el año 2010 (B.O.C.M nº 41, de 18 de febrero de 2010).
Orden 2328/2005, de 22 de diciembre, de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales, por la que se regula la concesión de ayudas individuales para el acogimiento familiar de personas mayores (B.O.C.M. nº 14, de 17.1.06).
En la inmensa mayoría de los casos, una persona no se convierte en cuidadora de un día para otro. Esto es así porque la mayor parte de las causas de dependencia de las personas mayores son trastornos o enfermedades que implican un deterioro progresivo, asociado a un también progresivo aumento de su necesidad de ayuda en las actividades de la vida cotidiana, esto es, de la dependencia.
El proceso de adquisición del papel o rol de cuidador, que será más o menos largo en función de múltiples factores, es de suma importancia ya que influye sustancialmente en la forma en que posteriormente se prestan los cuidados y en cómo se sienten los cuidadores.
Frecuentemente, en el inicio del cuidado, la persona que cuida aún no es plenamente consciente de que es el miembro de la familia sobre el que va a recaer la mayor parte del esfuerzo y responsabilidades del cuidado y tampoco de que probablemente se encuentra en una situación que puede mantenerse durante muchos años y que, posiblemente, implique un progresivo aumento de dedicación en tiempo y energía. Poco a poco, sin apenas darse cuenta de ello, la persona va integrando su nuevo papel de cuidador/a en su vida diaria.
¿Cuáles pueden ser algunas formas en que puede comenzar el cuidado?
Tras una enfermedad aguda y una hospitalización que requiere un período de convalecencia.
Tras un período de fragilidad física asociado a un envejecimiento biológico normal que, poco a poco, exige más ayuda.
A causa de una enfermedad degenerativa de la que ya existían algunas evidencias.
Una de las situaciones más comunes y difíciles comienza cuando la persona o personas mayores, que viven en su propio domicilio con niveles relativamente altos de independencia y autonomía funcional, se preocupan, al igual que sus familiares, por el hecho de vivir solos en sus condiciones de edad y fragilidad, así como por algunos sucesos puntuales (por ejemplo, una caída). Así, se plantea en el ámbito familiar si es conveniente que sigan viviendo solos o se trasladen cerca de los hijos o a la propia casa de éstos.
Las anteriores son situaciones comunes para las que las personas que asumen el cuidado generalmente no han previsto todas las implicaciones que a medio y a largo plazo van a tener.
Presumiblemente, se trata en todas ellas de un momento ideal para la intervención de profesionales que pueden analizar la situación con los familiares, sugerir alternativas y ayudarles a tomar decisiones y, en su caso, a planificar el cuidado de la persona mayor.
¿Qué papel puede jugar el profesional en este momento?
El profesional debería hacer ver a la familia las ventajas e inconvenientes de cada solución, así como facilitarle información sobre los servicios y recursos que pueden utilizar. Las mejores soluciones respecto al cuidado son siempre las que guardan el equilibrio entre el mantenimiento de la independencia funcional de las personas mayores y su seguridad.
¿Se producen cambios en las personas implicadas durante el tiempo que se prolonga la situación de cuidado?
Debido a que la situación de cuidado se prolonga durante un largo tiempo, las personas implicadas experimentan cambios en las distintas áreas de su vida. Estos cambios transforman los roles y responsabilidades que hasta ese momento habían tenido los miembros del núcleo familiar afectado. El proceso de «ajuste» a la nueva situación suele llevar asociadas tensiones y dificultades que harán necesario el empleo de adecuadas habilidades de afrontamiento tanto por parte de los cuidadores como de la persona mayor dependiente.
¿Cuáles son las fases de adaptación a la situación de cuidado?
A pesar de que las circunstancias que rodean a cada situación de cuidado son distintas y que el proceso de «ajuste» a la nueva situación varía de un cuidador a otro, se pueden distinguir una serie de fases de adaptación al cuidado que son experimentadas por la mayoría de los cuidadores. No obstante, dada la gran variedad que existe entre las personas, es probable que estas fases no se produzcan en todos los casos.
Fase 1: negación o falta de conciencia del problema
En los primeros momentos del proceso de enfrentarse a la enfermedad crónica de una persona del entorno familiar es frecuente que se utilice la negación como un medio para controlar miedos y ansiedades. Así, es común encontrarse con que la persona se niega a aceptar las evidencias de que su familiar padece una enfermedad (o varias) que le lleva a necesitar la ayuda de otras personas para mantener su adaptación al medio. Otra forma de negar el problema es evitar hablar del deterioro o incapacidad del familiar enfermo.
Este estadio es, normalmente, temporal. Conforme el tiempo pasa y las dificultades de la persona enferma para mantener su autonomía funcional se hacen más evidentes, empieza a hacerse cada vez más difícil creer que el paciente está «simplemente distraído» o que se trata de una «enfermedad temporal».
Fase 2: búsqueda de información y surgimiento de sentimientos difíciles
A medida que la persona que proporciona los cuidados va aceptando la realidad de la situación de dependencia, empieza a darse cuenta de que la enfermedad de su familiar no sólo va a influir en la vida de éste, sino que también va a alterar profundamente su propia vida y la de las personas que le rodean.
En esta fase, los cuidadores suelen comenzar a buscar información para aprender lo máximo posible acerca del trastorno o trastornos que sufre su familiar y sobre sus posibles causas. Buscar información es, pues, una estrategia básica de afrontamiento.
En este momento son muy comunes entre los cuidadores los sentimientos de «malestar» por la injusticia que supone el que les haya «tocado» a ellos vivir esa situación. El enfado, o, en su versión más intensa, la ira, son respuestas humanas completamente normales en situaciones de pérdida del control de la propia vida y sus circunstancias. Existen en la vida, desgraciadamente, algunos hechos negativos que son inevitables y que no se pueden cambiar, y son situaciones de este tipo las que típicamente afrontan los cuidadores de personas mayores.
A medida que aumenta la intensidad de la dependencia funcional del familiar enfermo, se incrementa la pérdida de control por parte de los cuidadores, con el consiguiente incremento en frecuencia e intensidad de sus sentimientos de ira, enfado y frustración. Estos sentimientos son, en estos casos, especialmente difíciles de manejar, debido a que los cuidadores no saben identificar bien cuál es el objeto de su malestar: ¿su familiar mayor necesitado de ayuda, el profesional de la salud hacia el que se vuelve en busca de ayuda, los demás familiares que permanecen algo más alejados o menos implicados en la situación? Las consecuencias más frecuentes de esta «cólera sin objeto» son los sentimientos de culpa.
Sobrellevar los sentimientos de ira y de culpa sin tener medios adecuados para expresarlos puede ser muy destructivo para la persona. Es aconsejable que la persona que cuida «tome conciencia» de estos sentimientos y pueda hablar de ellos de manera clara y sincera con alguna persona de su confianza.
¿Qué información suelen buscar los cuidadores?
¿En qué consiste la enfermedad que sufre su familiar?, ¿Cuáles son sus causas?
¿Cómo suele evolucionar dicha enfermedad?, ¿Qué cambios son esperables en el funcionamiento o comportamiento de su familiar?
¿Qué es lo que pueden hacer ellos para ayudar a su familiar?, ¿Cómo deben cuidarle o qué tipo de ayuda deben proporcionarle?
¿Qué recursos pueden utilizar y en qué servicios pueden encontrar algún tipo de ayuda o asesoramiento?, ¿Cómo pueden acceder a dichos recursos y servicios?
¿Cómo pueden solucionar determinados problemas de comportamiento de su familiar dependiente?, ¿Cómo deben afrontar dichas conductas problemáticas?
¿Cómo pueden solucionar determinadas situaciones problemáticas (familiares, laborales, económicas)?
¿Quién puede responder a estas preguntas?
Estas y otras preguntas pueden ser respondidas por los profesionales de la salud (médicos y enfermeros/as) y por aquellos pertenecientes al ámbito de los servicios sociales, instituciones y asociaciones de ayuda para el cuidado de las personas mayores (p.ej. Asociaciones de Voluntariado, Asociaciones de Familiares de Enfermos de Alzheimer).
Fase 3: reorganización
Conforme pasa el tiempo, los sentimientos de ira y enfado pueden continuar. Una relación esencial para la persona -una esposa, un padre o una madre- «se ha perdido». La vida ha perdido el sentido habitual hasta ese momento y las nuevas responsabilidades crean una carga pesada para la persona que cuida.
Sin embargo, algo de control se va ganando en esta etapa. Contando ya con la información y recursos externos de ayuda, con la voluntad de la familia para compartir la responsabilidad y con una idea más precisa de los problemas a los que hay que enfrentarse, la persona que cuida dispondrá de las herramientas necesarias para afrontar adecuadamente la situación del cuidado. Este período de reorganización tendrá como resultado el desarrollo de un patrón de vida más normal. La persona que proporciona los cuidados se sentirá progresivamente con más control sobre la situación y aceptará mejor estos cambios en su vida.
Fase 4: resolución
Con ese aumento del control sobre su situación y el reconocimiento de que como cuidador/a será capaz de manejar y sobrellevar los cambios y desafíos que supone y supondrá la situación de cuidado, surge un nuevo período de adaptación que, desgraciadamente, no es alcanzado por todos los cuidadores. En este estadio del cuidado, los cuidadores son más capaces de manejar con éxito las demandas de la situación, siendo más diestros en la expresión de sus emociones, especialmente la tristeza y la pena.
En este punto, los cuidadores…
aprenden a cuidar mejor de sí mismos
están más dispuestos a buscar la ayuda de otras personas con experiencias similares
suelen hacerse, en esta fase, más independientes, dedicando más tiempo a realizar actividades recreativas y sociales
pueden buscar y encontrar otras fuentes de apoyo emocional, tales como reforzar las amistades o crear nuevos amigos
A pesar de que en esta fase las responsabilidades continúan aumentando en número e intensidad y la enfermedad del familiar continúa su progresión, si la persona que cuida logra una buena adaptación, podrá estar más sereno que en los primeros momentos de la enfermedad. Éste puede ser un buen momento para reflexionar a fondo acerca de recuerdos de la relación que mantuvo en el pasado con su familiar enfermo y comenzar a reconstruir una imagen de cómo era éste antes de que la enfermedad mostrase sus primeros signos, imagen que hará más confortable y significativa la labor de la persona que cuida. Suele ser también en esta fase cuando algunos cuidadores se enfrentan a una de las decisiones más difíciles en el cuidado de una persona mayor: el traslado a una residencia.
¿Es útil planificar el cuidado de la persona mayor?
En los primeros momentos de su vida como cuidadores, pocas personas están realmente preparadas para afrontar las responsabilidades y dificultades asociadas a la situación de cuidar a una persona mayor dependiente. Por esta razón, es recomendable que, si las circunstancias lo permiten, las personas que van a cuidar a un familiar mayor elaboren un plan de acción que les ayuden a tener claras las metas del cuidado y la forma en que van a llegar hasta ellas.
Hay muchos aspectos que los cuidadores deberían tener en cuenta en la planificación del cuidado con vistas a evitar posibles consecuencias negativas (conflictos o situaciones difíciles) en el futuro próximo. A continuación, se describen algunos de estos aspectos:
División de responsabilidades
La pareja y los hijos del cuidador
Las relaciones sociales
Las necesidades personales : evitar «la pérdida de sí mismo»
El lugar donde se cuida
La situación laboral
La economía
La relación con los profesionales
División de responsabilidades
El cuidado de una persona mayor implica múltiples y variadas tareas y responsabilidades, así como grandes dosis de tiempo y esfuerzo, características que hacen imposible que dicha situación pueda ser asumida sin problemas por una sola persona. En las ocasiones en que todas las responsabilidades del cuidado recaen sobre la misma persona es muy frecuente encontrar múltiples consecuencias negativas en la vida de la persona que cuida debido a la «sobrecarga» que supone para ella hacer frente sola tanto a las demandas del cuidado de la persona mayor como a las asociadas a su propia vida familiar. Para evitar estas situaciones, es recomendable que, desde un principio, se clarifique quién va a participar en el cuidado de la persona mayor y cómo se van a distribuir las funciones y responsabilidades del cuidado.
Una fórmula ideal para conseguir una adecuada clarificación de estos aspectos y llegar a una acuerdo sobre cómo distribuir la responsabilidad de cuidar al familiar de la mejor forma posible, es la organización de reuniones familiares:
… son un contexto adecuado para hablar abiertamente sobre las necesidades derivadas del cuidado y acordar qué puede hacer cada miembro de la familia para contribuir a esta tarea
… constituyen una forma eficaz de elaborar, mediante la colaboración de toda la familia, un plan de ayuda en el que se vea con claridad qué personas van a participar en el cuidado, qué tareas va a realizar cada uno, etc.
Dejar claro hasta qué punto se va a comprometer cada miembro de la familia en el cuidado de la persona mayor, favorecerá que se eviten o, al menos disminuyan en número, posibles conflictos y resentimientos futuros entre los familiares referentes al grado de colaboración de cada uno.
La pareja y los hijos del cuidador
Participar en el cuidado de una persona mayor supone cambios en la vida cotidiana, fundamentalmente debido a que gran parte del tiempo y del esfuerzo que la persona podía dedicar antes a su vida y relaciones familiares personales se dirige ahora hacia el familiar al que se proporciona la ayuda. Es recomendable que los cuidadores prevean estos cambios y hablen de ellos con las personas sobre las que, de alguna manera, van a repercutir. Algunas cuestiones a abordar serían las siguientes:
Con la pareja:
Anticipar cómo puede afectar la situación de cuidado a la relación de pareja y hablar de ello con ésta.
Hablar con la pareja acerca de cómo se siente cada uno en relación a los cambios que van surgiendo en sus vidas en relación con la situación de cuidado.
Reservar tiempo para realizar actividades con la pareja.
Hacer partícipe a la pareja de toda decisión relacionada con el cuidado que pueda afectarle.
Con los hijos:
Explicarles la situación con tranquilidad y sinceridad.
Preguntarles si están dispuestos a colaborar en el cuidado.
Preguntarles cómo se sienten en relación a los cambios que van surgiendo en la vida familiar en relación con la situación del cuidado del familiar mayor.
Si la ayuda a la persona mayor se proporciona en casa y si los hijos están dispuestos a colaborar, es recomendable hacer un reparto de las responsabilidades y tareas caseras.
Hacerles partícipes de toda decisión relacionada con el cuidado que pueda afectarles.
Las relaciones sociales
Las demandas del cuidado pueden hacer que los cuidadores vean reducido considerablemente su tiempo de ocio. Como consecuencia, es posible que las relaciones significativas con familiares y amigos disminuyan tanto en cantidad como en calidad, y que la persona vaya aislándose progresivamente.
Teniendo en cuenta que…
… mantener relaciones sociales positivas contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas al proporcionarles experiencias agradables y potenciar su bienestar y estabilidad emociona
– es aconsejable que los cuidadores…
… sean conscientes de que es fundamental mantener las relaciones sociales que les hacen sentir bien
… se esfuercen por mantener, a lo largo del período en el que se prolongue el cuidado, los contactos sociales significativos con familiares y amigos con los que puedan reír y pasar buenos ratos o llorar y desahogarse de sus tensiones.
Es importante recordar que no todas las relaciones sociales que pueden tener las personas son igualmente significativas e importantes.
Las relaciones sociales que pueden ayudar a los cuidadores son aquellas que les aportan experiencias positivas de algún tipo y contribuyen a su bienestar emocional. Éste es el tipo de relaciones que los cuidadores deben esforzarse por mantener a lo largo del período que se prolongue el cuidado, dándoles prioridad respecto a otros contactos sociales menos provechosos o significativos.
En el caso de que ya se haya producido la pérdida de los contactos sociales como consecuencia de las demandas de la situación de cuidado, sería recomendable que la persona que cuida buscase crear nuevos vínculos, nuevas relaciones positivas o amistades con las que poder compartir experiencias positivas que potencien su bienestar y aligeren su carga.
¿Qué relaciones sociales son significativas?
Proporcionan a la persona experiencias positivas tales como:
diversión y entretenimiento
intimidad, empatía y comprensión
apoyo emocional y desahogo de tensiones.
Ayudan a aliviar «la carga» de los cuidadores y potencian sus fuerzas y energías para continuar con el cuidado del familiar mayor.
Favorecen el bienestar emocional y aumentan la autoestima de la persona.
Las necesidades personales: evitar «la pérdida de sí mismo»
Es frecuente que los cuidadores, si no ponen los medios necesarios para impedirlo, «se olviden de sí mismos». El estar centrados durante un largo tiempo en las necesidades de la persona a la que cuidan puede hacer que se olviden de sus propios intereses y necesidades. Pero ellas también son importantes ( ver la sección «Darse cuenta»: pararse a pensar).
¿Qué consejos prácticos pueden poner en marcha los cuidadores para atenderse mejor así mismos?
Mantener una lista de metas o acciones que les gustaría realizar en caso de tener algún tiempo libre. Así, cuando ese tiempo libre se dé, la persona que cuida tendrá objetivos y actividades con los que pasar buenos ratos.
Continuar realizando actividades de formación, deportivas, de ocio, etc. que contribuyan a satisfacer sus necesidades y les hagan sentirse bien.
Comprometerse a dedicar un tiempo al día, a la semana y al mes a hacer esas actividades.
El lugar donde se cuida
De cara a la planificación del cuidado, es importante tener en cuenta que el lugar en el que se vaya a cuidar de la persona mayor debe reunir unos requisitos mínimos de espacio y que, probablemente, requiera de modificaciones en algunos de sus elementos para adaptarlo a las necesidades de la persona mayor.
¿Qué preguntas útiles se pueden hacer los cuidadores en relación al lugar del cuidado?
¿Está la casa preparada para ser el escenario de los cuidados? (p.ej: ¿hay espacio suficiente?, ¿una habitación para el familiar mayor?)
¿Se ha previsto la reducción del espacio físico que supondrá el cuidado de su familiar?
¿Esta informado de las modificaciones del entorno que pueden facilitar la vida a su familiar dependiente (p.ej., asideros, barandillas, etc)?
La situación laboral
Es importante considerar la compatibilidad del cuidado con el trabajo, analizar hasta qué punto la situación laboral puede mantenerse igual que antes o si, por el contrario, será necesario recortar la jornada laboral o, incluso, dejar de trabajar
¿Qué preguntas útiles se pueden hacer los cuidadores en relación a la situación laboral?
¿Son compatibles el mantenimiento de su trabajo en las mismas condiciones y la ayuda a su familiar dependiente?
¿La situación laboral del cuidador es lo suficientemente flexible como para permitirle adaptar su horario en función de las demandas de la situación de cuidado?
¿Será necesario contratar servicios de ayuda a domicilio de cara a poder mantener su situación laboral?
La economía
El cuidado de una persona mayor dependiente supone una serie de gastos adicionales que no todas las personas pueden afrontar. En el caso de que se trate de una enfermedad progresiva, los gastos relacionados con el cuidado irán en aumento conforme la enfermedad vaya progresando.
¿Qué preguntas útiles se pueden hacer los cuidadores en relación a la economía?
¿Dispone el cuidador de recursos económicos para hacer frente a los gastos en medicamentos, modificaciones del ambiente y demás aspectos relacionados con el cuidado?
¿Hay otros miembros de la familia que estén dispuestos a colaborar en el aspecto económico?
La persona a la que se proporcionan los cuidados, ¿tiene recursos económicos que puedan contribuir a los gastos del cuidado?
La relación con los profesionales
Los cuidadores tienen derecho a consultar con los profesionales de la salud (médicos, enfermeras) y de los servicios sociales las dudas y cuestiones relacionadas con el cuidado. Los profesionales de la salud deben ofrecer información de calidad acerca de las características de los problemas de salud que padecen las personas mayores dependientes, así como de los cuidados que precisa y la mejor forma de proporcionárselos.
Los profesionales de los servicios sociales deben ofrecer a los cuidadores la información disponible sobre los recursos sociales (por ejemplo, centros residenciales, asistencia domiciliaria, centros de día, programas de respiro, etc.) que pueden utilizar, así como sobre los medios para acceder a tales recursos.
Los cuidadores pueden…
Averiguar todo lo que puedan acerca de la enfermedad que padece el familiar.
Conocer cómo evolucionará la enfermedad.
Preguntar qué pruebas se deberían hacer para conocer más acerca del problema.
Preguntar acerca de los recursos que pueden utilizar y servicios de cuya ayuda se pueden beneficiar.
Preguntar qué gastos relacionados con el cuidado tienen cobertura social.
Pertenece a los trastornos del sistema motor. La enfermedad del Parkinson es una enfermedad del sistema nervioso central, neurológica, degenerativa, crónica, contínua a lo largo de la vida de una persona y progresiva, empeorando sus síntomas con la edad. Afecta a aquellas zonas del cerebro que se encargan del control y la coordinación del movimiento, el equilibrio, del tono muscular y la postura. Está caracterizada por temblor el cual es máximo durante el reposo, retropulsión (es decir, tendencia a caerse hacia atrás), rigidez, postura estática, lentitud de los movimientos voluntarios, y expresión facial en máscara. Las características patológicas incluyen pérdida de las neuronas que contienen melanina de la sustancia nigra y de otros núcleos pigmentados del tallo cerebral. Los Cuerpos de Lewy están presentes en la sustancia nigra y en el locus coeruleus y puede también encontrarse en una condición relacionada caracterizada por demencia en combinación con grados variables de parkinsonismo.
¿Cuáles son las causas del Parkinson?
La etiología de la enfermedad de Parkinson es desconocida aunque se conocen diferentes factores que pueden aumentar la probabilidad de su aparición. Probablemente esta enfermedad sea multifactorial.
Degeneración de las neuronas de una zona del cerebro, llamada sustancia negra del mesencéfalo (ganglios basales y área extrapiramidal.
Disminución de un neutrotransmisor, «Dopamina», que hace que las personas que la padecen no sean capaces de dirigir y controlar adecuadamente sus movimientos. La dopamina está implicada en la transmisión de impulsos.
La causa de esta degeneración se desconoce en la actualidad aunque se investiga de forma activa para encontrarla.
Daño oxidativo.
Algunos autores creen que existe un cierto patrón hereditario, otros creen que su origen está en la presencia de tóxicos externos, traumatismo craneoencefálico anterior, alteración metabólica degenerativa, componentes infecciosos (muy improbable).
Drogodependencias.
Abuso de medicamentos.
Envejecimiento acelerado.
Factores ambientales.
Causas autoinmunes.
¿A quién afecta el Parkinson?
La aparición de esta enfermedad es independiente del sexo y de factores sociales, económicos y geográficos. Pero sí está relacionada con la edad de la persona, de manera que suele comenzar en torno a los 50 y 65 años, aumentando la probabilidad y el número de casos entre los 70 y 80 años, por lo que la incidencia aumenta con la edad. Aunque también puede comenzar en edades más tempranas.
¿A cuántas personas afecta la enfermedad del Parkinson?
Afecta a más de 4 millones de personas en todo el mundo. En España hay cerca de 100.000 personas que padecen la enfermedad. Es la segunda enfermedad degenerativa que aparece con mayor frecuencia en personas de 65 años o más.
¿Qué síntomas pueden estar presentes en la enfermedad del Parkinson?
La enfermedad suele iniciarse de forma sutil y paulatina, por lo que es muy importante en estos momentos el papel de la familia, amigos, vecinos, etc., para detectar o sospechar que algo puede estar pasando. Ellos son los primeros que pueden darse cuenta de algunos o todos los síntomas que presente la persona.
Temblores: en las manos sobre todo, los brazos, las piernas, la mandíbula y la cara. Es el síntoma más conocido. Son más evidentes cuando está relajado, disminuyen cuando se realizan movimientos voluntarios y se incrementa su intensidad cuando la persona se activa emocionalmente. Estos temblores pueden tener diferentes intensidades. Puede llegar a interferir en la realización de actividades de la vida diaria. No en todas las personas con enfermedad de Parkinson están presentes los temblores.
Rigidez muscular en las extremidades y el tronco: hipertonía muscular, resistencia o falta de flexibilidad para mover pasivamente las extremidades.
Bradicinesia o lentitud de movimiento: lentitud al iniciar el movimiento, inexpresión facial, lentitud y torpeza en la realización de movimientos involuntarios (parpadear, tragar, balancear los brazos al caminar) y voluntarios (vestirse, levantarse de una silla, escribir). La progresión de este síntoma finaliza en la falta de movimiento.
Acinesia.
Hipocinesia: reducción de la amplitud del movimiento.
Inestabilidad de la postura: suelen presentar una inclinación del tronco y la cabeza hacia delante, los codos y rodillas están encogidos. Suelen presentar postura encorvada.
Trastornos del equilibrio y la marcha, se pueden producir caídas. La marcha se realiza a pequeños pasos, donde pueden aparecer episodios de bloqueo (se produce una sensación de que los pies se pegan al suelo) y también se puede marcha con pasos cortos y rápidos (festinación). Tienen dificultades para andar (p.ej., les cuesta empezar a andar, muestran poca estabilidad cuando están parados). Reflejos alterados.
Dificultad para mantener la boca cerrada.
Acatisia, muestran incapacidad de estar sentado sin moverse.
Hipocinesia, falta de movimientos.
Si un movimiento no se termina tiene dificultades para reiniciarlo, o terminarlo.
Movimiento de los dedos como si estuvieran contando dinero.
Voz de tono bajo, y monótona.
Habla lenta.
En ocasiones está presente deterioro cognitivo.
Problemas de memoria.
Escritura: pequeña e ilegible (micrografía). Pérdida de la capacidad motriz fina.
Depresión: tendencia a experimentar episodios de depresión. Es un problema común. Puede aparecer en fases tempranas de la enfermedad. Puede tratarse eficazmente con medicamentos antidepresivos y apoyo psicológico. Puede deberse a una mala adaptación a la enfermedad, a efectos secundarios de la medicación o a la propia enfermedad.
Alteración del estado de ánimo.
Ansiedad, angustia o trastorno de pánico.
Preocupación.
Ira, enfado.
Incapacidad para tolerar la frustración.
Estreñimiento.
Pérdida de energía.
Incontinencia urinaria.
Dificultad para masticar y tragar. Esto puede provocar una producción excesiva de saliva.
Problemas para dormir, especialmente:
Fragmentación del sueño.
Despertares precoces.
Calambres nocturnos.
Dolor.
Pesadillas.
Deterioro del funcionamiento motor durante la noche.
Pérdida del control de su vida.
Fatiga, cansancio crónico.
Aislamiento social.
Problemas sexuales.
Problemas de pareja.
Alucinaciones y delirios.
Dolores musculares o de las articulaciones.
Trastornos oculares.
Trastornos del habla.
Trastornos de la deglución.
Trastornos sensoriales.
Disminución de la calidad de vida.
Aumento de la mortalidad asociada a las dificultades que puedan surgir.
Estos síntomas pueden aparecer aislados o combinados, pueden ser más frecuentes en una parte del cuerpo determinada y, alguno de ellos puede predominar por encima de los otros. Además, hay que tener en cuenta que los síntomas varían de una persona a otra.
¿La enfermedad del Parkinson tiene etapas?
Hohen y Yhar establecen 5 estadíos que marcan el prgreso de la enfermedad:
No hay signos de enfermedad.
Síntomas leves, afectan únicamente a una mitad del cuerpo.
Síntomas bilaterales, sin trastorno del equilibrio.
Inestabilidad postural, síntomas notables, pero la persona es físicamente independiente. Síntomas leves y moderados.
Incapacidad grave, aunque la persona aún puede llegar a andar o estar de pie sin ayuda.
Necesita ayuda para todo. Pasa el tiempo sentado o en la cama.
¿Qué hacer ante la sospecha de tener Parkinson?
Lo más importante es la derivación a un neurólogo para la valoración y prescripción de tratamiento si procede.
¿Cómo se diagnostica la enfermedad?
El diagnóstico en las primeras fases es bastante difícil ya que los síntomas pueden ser muy sutiles, leves, poco específicos y confusos. En algunos casos los síntomas pueden confundirse con otros trastornos, por lo que hay que diferenciar bien los síntomas de otras enfermedades. El diagnóstico se basa en la historia médica y en el examen neurológico.
¿Qué pronóstico tiene la enfermedad del Parkinson?
Si la enfermedad no es tratada provoca dependencia e incapacidad en la persona que la padece provocanco deterioro general de las funciones cerebrales y puede conducirle a una muerte prematura.
Cuando la enfermedad es tratada se produce una mejoría de los síntomas que variará en función de la tolerancia a los diferentes tratamientos y a la eficacia de cada uno de ellos. El temblor es el síntoma principal de esta enfermedad.
Pueden surgir problemas en el tratamiento como:
Movimientos involuntarios
Nauseas o vómitos
Sequedad de mucosas
Cambios en comportamiento
Desorientación o confusión mental
Alucinaciones
Perdida de funciones mentales
¿Cómo es la evolución de esta enfermedad?
Esta enfermedad afecta de forma diferente en cada persona. En la mayoría de los casos se produce una progresión lenta, lo que implica que durante los primeros años la interferencia de ésta con la vida diaria de la persona que la padece es mínima. Incluso algunos síntomas se mantienen estables durante períodos largos de tiempo. No obstante, en otras ocasiones puede evolucionar más rápidamente.
Para conseguir que las personas con esta enfermedad lleven una vida lo más independiente y activa posible, teniendo en cuenta las limitaciones derivadas de la misma, es importante la utilización de los medicamentos adecuados para el control de sus síntomas, tanto en la velocidad con que se producen como en su intensidad, en función de la fase en la que se encuentre, así como también la aceptación y adaptación a la enfermedad.
¿Qué tratamiento/s pueden ponerse en marcha frente a la Enfermedad del Parkinson?
En la actualidad la enfermedad de Parkinson todavía no tiene cura, no obstante se pueden poner en marcha diferentes tipos de tratamientos que conduzcan a un buen control de los síntomas y a una mejor calidad de vida de la persona que la padece.
Farmacológico:
En la actualidad esta enfermedad puede ser controlada y tratada eficazmente a través del uso de medicamentos útiles para el control de la mayor parte de los síntomas aunque no se elimine la causa.
De todas formas es importante tener en cuenta que cada enfermo de Parkinson va a precisar un tratamiento farmacológico individualizado, en función de los síntomas que presente en cada fase de la enfermedad; no existe un tratamiento estándar que se pueda generalizar por igual a todos los enfermos afectados de Parkinson. Cada persona con esta enfermedad presenta unas características distintas que además varían en función de la evolución de la enfermedad por lo que se deberá adecuar el tratamiento farmacológico continuamente.
Existen varios grupos de medicamentos útiles en el tratamiento de esta enfermedad del parkinson
Anticolinérgicos:
Se utilizaban de forma prioritaria hasta que aparece la Levodopa.
Alivian el temblor y la rigidez.
Reducen el exceso de producción de saliva.
Tienen un efecto menor sobre la lentitud de los movimientos.
Especialmente útil en el parkinsonismo inducido por drogas.
Efectos secundarios más frecuentes: Sequedad de boca | Estreñimiento | Visión borrosa | Trastornos de memoria | Cambios en la actividad mental | Retención de orina | Alucinaciones | Confusión
Amantadina:
Se utiliza para tratar el temblor.
A menudo se toma sólo en las etapas iniciales de la enfermedad o junto con medicamentos anticolinérgicos o con la levodopa…
Levodopa:
También se llama L-dopa.
Es una sustancia precursora de la dopamina
Es el fármaco mas eficaz utilizado para el control de la enfermedad.
Mejora positivamente la calidad de vida de la persona con enfermedad de Parkinson.
Produce una mejora en todos los síntomas de la enfermedad (especialmente en lo que se refiere a la bradicinesia y la rigidez muscular), aunque es menos eficaz para controlar los temblores, los problemas de equlibrioy las alteraciones de la postura.
Tras 3-5 años de tratamiento va perdiendo efectividad. No obstante es importante tener en cuenta algunos aspectos relacionados con la administración de este fármaco y la alimentación de estas personas:
Este fármaco se absorbe en el intestino por lo que es necesario no tomarla junto a las comidas ya que su efecto puede verse disminuido. No obstante en caso de que esto provoque consecuencias negativas (p.ej., nauseas) en la persona será preferible su ingestión junto con la comida.
Es incompatible con las proteínas que contienen los alimentos (carne, pescado, huevos, leche, queso, etc.) ya que ambos utilizan el intestino como vía de absorción, afectando al nivel de levodopa que pasa a sangre. En los momentos del día en los que se desee tener una buena movilidad (durante el día) es preferible consumir una dieta baja en proteínas y dejar su consumo para otro momento del día (por la noche, por ejemplo).
Agonistas dopaminérgicos:
El más conocido y utilizado es la bromocriptina (Parlodel).
Imita el papel de la dopamina, el cerebro hace que las neuronas reaccionen de la misma forma que lo harían ante dicha sustancia.
Si se utiliza junto con la levodopa permite reducir la gravedad de los efectos secundarios de ésta y es un buen complemento de su efecto.
Se puede utilizar en las fases iniciales de la enfermedad o iniciarse posteriormente
Suele ser menos eficaces que la levodopa en controlar la rigidez y la bradicinesia.
Selegilina:
También se conoce como deprenil.
Posible efecto en el retraso de la evolución de la enfermedad.
Retrasa hasta un año o más la necesidad de utilizar la levodopa.
Control de la nutrición en cada etapa de la enfermedad y tener en cuenta que una dieta con niveles de proteínas muy elevados puede limitar la eficacia de la levodopa.
Realización de ejercicio físico
El ejercicio puede ayudar a estar personas a mejorar su movilidad. La realización de ejercicio físico en combinación con la medicación puede mejorar la calidad de vida de la persona con esta enfermedad. Estos ejercicios tendrán como objetivo fortalecer los músculos, mejorar el equilibrio, mejorar el habla y la deglución, el bienestar emocional. Los ejercicios no detienen la progresión de la enfermedad pero puede influir positivamente en una mayor autonomía por parte de estas personas.
Tratamiento fisioterapéutico
Tratamiento logopédico
Alimentación adecuada
Terapia ocupacional
Hidroterapia
Diseño ambiental
Masajes
Tratamiento psicológico y apoyo
Como por ejemplo grupos de apoyo a los que pueden acudir tanto las personas con enfermedad de Parkinson como sus familiares.
Procedimientos quirúrgicos ante la enfermedad del Parkinson
¿Cómo actúan las personas ante el diagnóstico de enfermedad de Parkinson?
Algunos niegan la presencia de la enfermedad, cuestionan el diagnóstico, van de un especialista a otro esperando que el diagnóstico no sea correcto, no se lo dicen a nadie, lo ocultan, etc.
La negación actúa como barrera para buscar un tratamiento y apoyo adecuado.
La adaptación a la enfermedad es difícil para la persona que la padece y para el entorno que lo rodea.
¿Es lo mismo el temblor que aparece en la enfermedad de Parkinson y el temor esencial?
Son síntomas distintos. El temblor esencial es bastante común entre las personas mayores, aunque puede comenzar a cualquier edad. Y es relativamente fácil su diferenciación del temblor típico de la enfermedad de Parkinson. Mientras el temblor en la enfermedad de Parkinson generalmente afecta a una mano, el temblor esencial normalmente afecta a ambas manos por igual y con frecuencia de acompaña de temblor de la cabeza y voz temblorosa.
¿Cómo puede la enfermedad de Parkinson afectar a la vida diaria?
Muchas personas con enfermedad de Parkinson son capaces de realizar independientemente actividades de la vida diaria. Los síntomas asociados a esta enfermedad como temblor, rigidez, lentitud en el movimiento y problemas de equilibrio, empeoran con el paso del tiempo y pueden dificultar la realización de actividades como entrar y salir de la bañera, levantarse de una silla o caminar. Algunas personas notan que les lleva más tiempo realizar tareas de autocuidado o que tienen que aprender nuevas formas de hacer esas tareas.
Si una persona con Parkinson tiene problemas para realizar actividades de la vida diaria debe consultar con su médico de Atención Primaria.
Recomendaciones para el baño:
Las sillas o asientos adaptados para la bañera permiten que la persona pueda estar sentada mientras se baña.
La bañera debe disponer de pasamanos o asideros que permitan a la persona sujetarse adecuadamente al entrar y salir de la bañera. Nunca se debe utilizar como asidero un toallero, una jabonera o los grifos.
Reemplace la mampara de la ducha por cortinas que facilitan la entrada y salida de la bañera.
Fijar las alfombras al suelo del baño para evitar resbalar y caerse o colocar alfombras antideslizantes.
Colocar una luz nocturna en el baño.
Si vive solo o está solo, tener un teléfono inalámbrico en el baño con el que poder llamar para pedir ayuda en caso de necesitarla.
Recomendaciones para el aseo:
La rigidez y el temblor presentes en la enfermedad de Parkinson pueden dificultar el manejo de cepillos de dientes, cuchillas y secadores de pelo. Para la realización de estas actividades podría ayudar:
Sentarse para cepillarse los dientes, afeitarse o secarse el pelo. Estar sentado no sólo reduce el riesgo de caídas sino que también ayuda a conservar la energía.
Utilizar una maquinilla eléctrica para el afeitado.
Utilizar un cepillo de dientes eléctrico.
La enfermedad de Parkinson en personas mayores puede afectar a la capacidad para controlar la vejiga. La frecuencia con la que orinan y la urgencia de orinar son problemas frecuentes. La frecuencia hace referencia a la necesidad de vaciar la vejiga con frecuencia y la urgencia es la sensación de necesidad inmediata de orinar, incluso cuando la vejiga no está llena. Tener que ir al baño con frecuencia y con urgencia puede alterar las actividades diarias. Si están presentes estos problemas lo mejor es consultar lo antes posible con el médico. Ante estos problemas se recomienda:
– Establecer un horario regular para ir al baño. Por ejemplo, ir al baño cada dos horas
– Evitar el consumo de bebidas con cafeína como el café, el té y la coca cola, las cuales podrían empeorar los problemas urinarios.
– Si levantarse por la noche para ir al baño supone un problema, limite el consumo de líquidos dos horas antes de irse a la cama.
– La frecuencia y la urgencia de orinar acompañados de dolor son síntomas de infección del tracto urinario. Si experimenta esos síntomas consulte con su médico.
Este 2015 se han cumplido 8 años de la entrada en vigor de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia y de la consiguiente creación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, el mecanismo articulado para su despliegue y desarrollo. Puede ser el momento apropiado para hacer balance de esta nueva arquitectura de protección social –en un país caracterizado por una ausencia casi sistemática de dispositivos de garantía de la inclusión social de los grupos de población más precarios en términos de derechos– y tratar de contestar a la pregunta de si ha estado a la altura de las expectativas creadas y de si, en efecto, ha supuesto un avance social, como se pretendía y como se esperaba. Las personas con discapacidad y sus familias, y las personas mayores, como destinatarias primordiales de la Ley, estamos en posición cualificada, a través de sus organizaciones representativas, para realizar ese interrogatorio sobre las bondades y torpezas de este dispositivo de concreción de derechos sociales.
Lo primero, vaya por delante, que hay que anotar en su haber –de la Ley y del Sistema– es que era hora ya de que España encarara ciertas demandas sociales no atendidas, o insuficientemente atendidas, como una cuestión de derechos, desterrando para siempre enfoques bienintencionados, paternalistas o de mera y vergonzante beneficencia. Las demandas sociales, imperiosas y apremiantes, derivadas de las necesidades intensas de apoyo para la autonomía personal que presentaban y presentan capas cada vez más numerosas de la población, por razones asociadas a la edad, al envejecimiento, o a la discapacidad. La respuesta a estas demandas, antes de la Ley, era desigual, débil y fragmentaria, era casi tan nula, que no puede decirse que en rigor, como país, se estuviera respondiendo a unas necesidades ostensibles, que las personas y las familias más concernidas las experimentaban en términos de carencia y hasta de desamparo.
Con la Ley, y ello es mérito no menor, los poderes públicos, por fin, toman conciencia (y cartas en el asunto) de que ciertas necesidades sociales que nunca han estado con la relevancia suficiente en la agenda política y legislativa y por ende tampoco en la acción pública (las personas con discapacidad y las personas mayores siempre hemos permanecido situadas en cierta zona de sombra, presencias cuasi fantasmales del medio social, entre incómodas y prescindibles, condenadas a la imperceptibilidad) y tratan de responder a las mismas en clave de derechos, de derechos sociales, fundados en la aceptación explícita de que asegurar unos mínimos vitales de dignidad para todos los componentes de la comunidad política es también una responsabilidad pública, forma parte -¡cuán tardíamente, podríamos decirse, y con razón!- del contrato social en que se basan las sociedades democráticas avanzadas.
De ahí, que los movimientos sociales de la discapacidad y de las personas mayores, saludáramos, en su nacimiento, esta Ley, no porque fuera acabada y perfecta, que dista mucho de serlo, y se ha visto y comprobado en estos cinco primeros años de andadura, sino porque inauguraba, en España, un camino, el de los derechos, apenas transitado en las políticas y legislaciones de carácter social que en nuestra cierta ingenuidad –y la crisis actual no está sacando con extrema violencia de ese candor– pensábamos que era irreversible, que no tendría vuelta atrás posible. Como punto de inflexión, como giro que apuntaba en la buena dirección, que luego hay que consolidar y ensanchar, la Ley fue un acierto colectivo, un buen lance de país, que asume como comunidad que algo tiene que ver en la suerte de todos y cada uno de sus miembros, particularmente de aquellos situados, como las personas con discapacidad y las personas mayores, y sus familias, en posiciones de partida menos ventajosas. Y así hay que decirlo, cuando tantas cosas valiosas están en entredicho o a punto incluso de verse arruinadas, anegadas por la riada de la crisis.
Sentado y salvado lo anterior, que puede adscribirse al terreno de lo más cualitativo, que en tanto está conectado con el ejercicio del pensamiento y la aplicación del juicio, en nuestro país siempre se inclina despreciar, es preciso pasar a planos más prácticos. Y en esta dimensión, en la del día a día, el despliegue de la Ley no ha sido modélico, mal que nos pese. Por pecados originales de modelo, como el hecho de que no naciera inserta en la esfera de acción pública del sistema de la Seguridad Social, como reclamamos en su momento muchos, o que, desde una perspectiva de discapacidad, sea una norma menos de autonomía personal cuanto de pura dependencia pasiva, resignada a remediar y no, como debiera, a activar y prevenir los entornos, las actitudes y las prácticas que generan dependencia, y a habilitar positivamente para la autonomía y la vida independiente, la Ley y el sistema son manifiestamente mejorables. Por deficiencias estructurales de gobernanza eficiente –multiplicidad de focos de decisión llamados a desarrollarla que por motivos espurios no se dan la oportunidad de una cooperación leal y productiva, lo cual aboca indefectiblemente a velocidades distintas y a la inequidad territorial– y por la indefinición de un esquema de financiación más voluntarista que nítido, sostenido y sostenible, la Ley y el sistema, en estos cinco años de vida, no ha alcanzado ni de lejos el potencial que encerraban. Pero que no lo haya logrado, no quiere decir que no pueda hacerlo.
Todo este estado de cosas es reconducible, y ha llegado el momento de planteárselo, con convicción, con inteligencia y con voluntad, cinco años después. España como país puede -incluso económicamente, que parece ser el único criterio a la hora del gobierno, la política como mera sucursal de la economía- y debe crear y mantener un potente dispositivo de protección social que promueva la autonomía personal y mitigue los efectos negativos de la dependencia. Que la prueba no haya salido del todo bien, no significa que no se continúen con los ensayos. Basta dotarse de un mejor libreto, y estamos en condiciones para ello. Millones de ciudadanos, con los que la sociedad tiene contraída una deuda ingente e histórica, nos interpelan y aguardan ávidos. Sí, sí a la Ley y al proyecto colectivo de dignidad que la animaba, pero no necesariamente así, como se ha hecho en estos cinco años de vida. Hay otros modos, más y mejores, y están a nuestro alcance.
(Texto íntegro del artículo publicado de forma extractada en elmundo.es , edición en papel, el 11 de marzo de 2012).
Los españoles que tienen empleadas de hogar en sus casas tienen hasta el próximo 30 de junio para regularizar la situación de estas personas, en cumplimiento de la nueva legislación aprobada a finales de 2011. Varias empleadas de hogar nos han contado que sus empleadores no quieren hacerles contrato. Se niegan ¿Realmente saldrán de la economía sumergida?
Muchas dudas
Muchas dudas Algunos no quieren y otros no saben. Tienen dudas sobre cómo se deben hacer los trámites, en particular, cuando la misma persona trabaja para varios empleadores. Las trabajadoras tampoco tienen claros algunos puntos. Hasta ahora muchas se pagaban su seguridad social pero ¿pueden seguir haciéndolo? Aclaramos todas las dudas con una abogada.
Cuidar a personas mayores desgasta tanto físicamente como mentalmente. Es fundamental el apoyo de la familia (pareja e hijos), pero mas fundamental es saber delegar y hacer que todos ayuden, mucho o poco. En esta entrada ofrecemos 10 consejos para cuidar a personas mayores sin afectar a tu salud.
¿Estás cerca de cuidar a una persona mayor?
Habla con ellos acerca de los planes que tienen para cuando el fin se acerque: puede sonar desagradable pero, frecuentemente, la gente mayor aprecia que se escuchen sus deseos. Si es posible, escríbelos para que no exista confusión si se da el caso de que necesiten asistencia para vivir dignamente.
Lleva a cabo una junta familiar para asignar las responsabilidades de cada quien.
Sé abierto: “Las familias pueden hacer hasta lo imposible para evitar que el padre o la madre terminen en un asilo, aun cuando éste puede ser el mejor lugar para ellos”, dice Amy D’Aprix, una trabajadora social gerontológica de Toronto.
Investiga la condición médica de tus padres para que hagas las preguntas correctas cuando estés buscando un asilo.
Investiga en las fuentes gubernamentales, empezando por el centro de salud más cercano.
Acepta ayuda. Es fácil sentirte abrumado y con resentimiento por tu situación, así que deja otros te ayuden en lo que puedan. ¡Alejarte un poco de la situación es importante para ti.
Sigue en contacto con tus amigos y date tiempo para estar con tu pareja e hijos.
¿Ya estás a cargo de alguien?
8. “Olvídate de la culpa.” Ése es el consejo de Karen Lantela, una terapeuta familiar del Briton House Retirement Centre en Toronto. “Estás haciendo lo más que puedes; reconoce que tienes odio, resentimiento y miedo y deshazte también de ellos”, afirma la terapeuta.
9. Cuida tu salud: los expertos dicen que al estar a cargo del cuidado de alguien, puedes poner en riesgo tu salud (por ejemplo, cuando se diagnostica a un paciente con Alzheimer, se avisa a los familiares que estén a su cargo pueden enfermarse con más frecuencia que los que no lo están.
10. ¡Ríe! La risa libera endorfinas, lo que te ayuda a librarte del estrés y a mejorar tu aspecto.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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