Musicoterapia y Alzheimer

Musicoterapia y Alzheimer

Cuando las capacidades cognitivas y el lenguaje impiden la comunicación y las relaciones sociales, la Musicoterapia se convierte en una forma de establecer nuevos canales de comunicación para luchar contra la pasividad de paciente con Alzheimer.

La musicoterapia, aunque con una larga historia, se está convirtiendo en la actualidad, sin embargo, en un instrumento terapéutico cada vez más aceptado en todos los países. Un campo especialmente importante lo constituye la patología de la vejez, y en ella la enfermedad de Alzheimer ocupa un lugar singular. La razón fundamental se debe a que se intentan encontrar técnicas terapéuticas distintas a los psicofármacos, ya que éstos pueden tener, y de hecho tienen siempre, efectos negativos sobre los pacientes.

Realizamos un estudio sobre efectos de la musicoterapia en temas esenciales en la enfermedad de Alzheimer, concretamente trastornos cognitivos (memoria y lenguaje) y trastornos de conducta dependiente, esencialmente la agitación.

En los últimos años ha aumentado considerablemente el interés por la utilización de la musicoterapia en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Antes del final de la década de los ochenta, se sabía que la música podía tener efectos beneficiosos en la enfermedad de Alzheimer (Cooper, 1991; Lloyd, 1992; Smith, 1992), pero se conocía por versiones orales, cartas a las revistas, etc. Fue a final de la década cuando el Special Committee on Aging, United States Senate (1991) observó un desarrollo importante de investigaciones referentes a diversos aspectos relacionados con el efecto de la música en la enfermedad de Alzheimer y, además, estimuló el estudio de esta metodología, y a partir de este año ha provisto de fondos especiales para investigación y el desarrollo de proyectos en musicoterapia en la vejez.

Musicoterapia y trastornos cognitivos

El declinar cognitivo es seguramente el hecho central del cuadro de la demencia de Alzheimer. Hay algunos informes que muestran que la música puede ser un instrumento con cierta eficacia en la mejoría de los defectos cognitivos, aunque no hay muchos estudios controlados sobre esta cuestión. Estudiamos la eficacia de la musicoterapia en dos aspectos: la memoria y el lenguaje.

Musicoterapia y memoria

En las últimas décadas han prosperado los estudios sobre la memoria, debido a que ha aumentado el interés por procesos que cursan básicamente con amnesia, singularmente las demencias, que se han convertido en un problema social y sanitario de primer orden.

Desde el punto de vista conceptual, pero que tiene una importante repercusión clínica, hay que diferenciar lo que debe entenderse por memoria y por recuerdo (Barcia, 1987, 1991 y 2001):

  • Memoria es el conjunto de capacidades permanentes almacenadas que pueden ser reproducidas,
  • Recuerdo alude a la capacidad de organizar históricamente la propia biografía.

De qué modo se produce la fijación de la experiencia y el aprendizaje y cómo se ecforiza de nuevo el contenido almacenado es la tarea que ha desarrollado especialmente la psicología cognitiva actual y lo que ha ayudado a entender aspectos de la patología de la memoria. Pero el recuerdo se refiere al hecho de que, a partir de los ‘restos mnésicos’ (es decir, la huella), el individuo organiza y da sentido a la vida personal. Esta distinción importa, además, porque la patología está también diferenciada en estos dos aspectos, por lo que debe hablarse separadamente de la patología de la memoria y de la del recuerdo.

Musicoterapia en el tratamiento de la agitación

En la enfermedad de Alzheimer hay una gran variedad de trastornos de conducta que acompañan al daño cognitivo (irritabilidad, retraimiento, depresión, ansiedad, miedo, paranoia o suspicacia, agresión, delirios, alucinaciones, vagabundeo, pasear y agitación).

Estos trastornos se dan en el 90% de los enfermos de enfermedad de Alzheimer, graves y moderados (Rosen et al, 1992) y es la agitación especialmente la conducta observada con más frecuencia (Cohen et al, 1993).

El estudio de la agitación en los enfermos de Alzheimer se ha convertido en un tema fundamental de muchos estudios recientes, debido a las demandas de los cuidadores (Aronson, Post y Guastadisegni, 1993), ya que se ha señalado que es el mayor estrés en el personal de enfermería (Ragneskog et al, 1993) y puede disminuir la empatía y producir burnout en los cuidadores.

Cohen-Mansfield y Rosenthal (1990) identifican cuatro dimensiones: conducta agresiva, no agresiva físicamente, agresividad verbal y conductas de guardar cosas. Las conductas agresivas y agitadas no agresivas se asocian fuertemente a daño cognitivo, aunque pueden decrecer en los últimos estadios de la demencia. La agitación verbal y las conductas de almacenamiento y ocultación de cosas no se asocian tan fuertemente a daño cognitivo y se ven en dementes con poco daño cognitivo. Cohen-Mansfield, Marx y Werner (1992) reconocen tres tipos de variables que se asocian a agitación y facilitan de este modo la explicación de este síndrome:

  • Variables seleccionadas: aquéllas que se asocian a agitación, como funcionamiento cognitivo.
  • Variables predisponentes: se refieren a los estreses mayores que afectan a las personas mayores en su vida.
  • Variables directas: las que se refieren a condiciones médicas y psicosociales que se relacionan directamente con la agitación

Se han desarrollado algunas escales de medida: Behavioural Syndromes Scale for Dementia (Dvanand et al, 1992); Neurobehavioral Rating Scales (Sulzer et al, 2992), Behavioral and Emotional Activities manifested in Dementia (Sinha et al, 1992; Brotons y Picket-Cooper, 1996).

Clark, Lipe y Bibrey (1998) señalan que entre los ancianos con daño cognitivo los ‘riesgos de agitación’ son:

  • Pacientes con daño cognitivo, como los propios de la enfermedad de Alzheimer, sobre lo que hay un gran número de observaciones.
  • Pacientes fatigados (Hall y Buckwalter, 1997).
  • Pacientes en que el ambiente, la rutina o los cuidadores han cambiado recientemente (Hall y Buckwalter, 1997).
  • Dolor (Cohen-Mansfield y Werner, 1985) o infecciones (Ragenskog et al, 1998).
  • Pacientes que experimentan una influencia excesiva a los estímulos externos (Cohen-Mansfield y Werner, 1986; Cohen-Mansfield et al, 1998; Ragneskog et al, 1998; Sruble y Suversten, 1987).
  • Pacientes con deprivación de estímulos ambientales (Cohen-Mansfield y Werner, 1995; Cohen-Mansfield et al, 1998; Ragneskog et al, 1998; Sruble y Suversten, 1987).

 

Música durante la comida

Las conductas agitadas ocurren relacionadas con las actividades diarias, incluyendo las comidas, y se han propuesto muchas medidas. Estas conductas producen confusión y otros síntomas en otros residentes, por lo que son un serio problema. Los enfermos con daño cognitivo frecuentemente tienen conductas agitadas durante la comida. Ryden et al (1991) observaron en el 18% conductas agitadas en el tiempo de la comida, y esto lo confirman muchos estudios (Sadman et al 1990; Norberg y Athlin, 1989; Erikson y Nystrom, 1990, etc.). Coutriht et al (1990) estudiaron el efecto de la ‘música relajante’ en las conductas agitadas y disruptivas durante la comida en 109 residentes dementes. Se puso música que no era ‘reconocible’ ni popular, ya que podía alertar a los enfermos y tener el efecto contrario. Se entendió como música relajante la que da lugar a quietud y relajación por ser tranquila, melódica y con paz, sin cambios bruscos en el tempo o volumen, aunque con variaciones suficientes para rechazar el aburrimiento (baredom). Tenía una intensidad en decibelios discreta, ligeramente superior al ruido básico del comedor. Los autores comunicaron la existencia de una reducción drástica en las conductas agresivas. Debido a que durante la comida hay muchos ruidos y que éstos podrían ser una de las causas de las conductas agitadas, la pregunta es por qué el ‘ruido musical’ mejora a los pacientes. La premisa básica sería que la música relajadora compite con estos ruidos y disminuye la sensibilidad de los enfermos a los otros ruidos. La música disminuye la percepción de los inevitables ruidos del comedor. Pero lo cierto es que la música relajante tiene pocos decibelios por encima de esta música, por lo que la acción relajadora se debe, seguramente, a otra cosa. Williams y Murphy (1991) definen el ‘ruido’ como una experiencia subjetiva del sonido que es displacentera, insoportable, que produce sensación de incomodidad y que es poco controlable por la persona4 . El sonido, el mismo, puede no ser percibido como ‘ruido’, pero se percibe así cuando afecta negativamente a la esfera emocional y emotiva de una persona. Al tener una experiencia negativa, el ruido produce unas respuestas, alguna de las cuales se relacionan con el tema que tratamos aquí. Las respuestas fisioló- gicas incluyen ‘reflejo de susto’ (Hansell, 1984)5 , que afecta al tono muscular y que, a su vez, origina inestabilidad del tronco y de la cabeza y puede interferir las actividades finas orofaciales, como masticar y tragar (Dinther y Hendrick, 1985). Las respuestas psicológicas incluyen conductas disruptivas (Hansell, 1984), irritabilidad, arousal, daño en el juicio y alteración en la capacidad sensorial y perceptiva (Milton, 1987), miedo (Donnersyein y Wilson, 1976) y agresión, especialmente contra gentes próximas unas de otras (Levitt y Leventhal,1987). La música puede ser experimentada como ruido6 , por lo que aparece la pregunta de qué música es ‘relajante’, no sólo para una persona, sino para muchas. Para darle un grado de universalidad, la música relajante debe ser en primer término neutral, y debería tener tonos no reconocibles. Técnicamente, las cualidades musicales deberían caracterizarse por tempo lento; ritmo lento, irregular y no predecible; ausencia de impulsos sonoros evocativos y sin variaciones en intensidad; melodía lineal; cierta homogé- nea monotonía; y registro de frecuencias bajas. La música que reúne lo anterior y cuyo nivel de decibelios es ligeramente más alto que el ruido ambiental, actuará y atenuará el ruido ambiental y será percibida como fuente sonido. Goddaer y Abraham (1994) realizaron un estudio bien controlado. Usando el Cohen-Mansfield Agitation Inventory, pudieron constatar una reducción de las incidencias agresivas generales, en un 63-64%, las conductas físicamente agresivas en un 56,3%, y las agresivas verbales en un 74,5%. Los niveles de agresividad en la muestra eran bajos, por lo que la mejoría no podía ser muy llamativa. Pero el hecho de que no aumentara puede llevar a la conclusión de que la música relajante tiene un efecto predictivo.

Musica para el Alzheimer

Conclusiones

Hay muchas cuestiones que deben analizarse. Diferencias entre música en vivo o con aparatos, la diferencia de respuesta en relación con el estadio de la enfermedad, si el terapeuta profesional es más eficaz que el no profesional, diferencias en número de sesiones, duración, tipo de música, etc. Pero pueden, sin embargo, extraerse algunas conclusiones:

  • Los pacientes con enfermedad de Alzheimer pueden seguir participando en las sesiones musicales hasta muy avanzado el proceso.
  • Lo que quieren los enfermos de Alzheimer con música en vivo es tocar instrumentos y bailar, lo que prefieren durante mucho tiempo hasta fases avanzadas de la enfermedad. Aunque cantar es una actividad muy popular y ampliamente usada en la población geriátrica, parece que se usa menos entre los enfermos de Alzheimer. En una gran variedad de actividades musicales, estos enfermos se adaptan adecuadamente, aun en aquéllas que exigen una mayor creatividad y espontaneidad, tales como composición/improvisación y escribir canciones.
  • Lo mejor en la enfermedad de Alzheimer es realizar la música individualmente o en pequeños grupos (tres o cuatro personas).
  • Las habilidades sociales y emocionales, incluyendo interacción y comunicación, pueden estimularse y mejorarse por medio de actividades estructuradas. La presencia de jóvenes en las sesiones de musicoterapia puede ser positiva para la socialización y comunicación en los enfermos de Alzheimer.
  • La música puede estimular las capacidades cognitivas, como la memoria. La información presentada en un contexto de canción facilita la retención y recuerdo de la información.
  • La musicoterapia puede ser una alternativa eficaz a la medicación y restricción física en los problemas de conducta de los enfermos de Alzheimer.
  • Se desconoce por qué la música es eficaz en los enfermos de Alzheimer, pero su estudio puede ser interesante para conocer problemas específicos de estos enfermos, como, por ejemplo, si el cerebro musical es distinto del del lenguaje verbal, y puede ayudar al conocimiento de las bases neurofisiológicas de los procesos cognitivos.

Conclusión final

La musicoterapia es un instrumento terapéutico útil en la enfermedad de Alzheimer y debería utilizarse sistemáticamente. Pero, además de mostrar los resultados de la musicoterapia en la mejoría de muchos síntomas de la enfermedad de Alzheimer, a lo largo del estudio se discuten algunos aspectos teóricos sobre la patología de la enfermedad de Alzheimer y las razones de por qué la musicoterapia es eficaz.

 

Convencer a nuestro familiar para que se deje cuidar

Convencer a nuestro familiar para que se deje cuidar

No es sencillo convencer a nuestro familiar para que se deje cuidar. Para nadie es agradable reconocer que se han perdido competencias o habilidades básicas.
Las personas mayores son celosas de su entorno porque les transmite una sensación de control que se puede ver alterada con la llegada de un “extraño”.
Es una situación muy delicada en la que debemos persuadir a la persona con grandes dosis de afecto y comprensión.

Le indicamos algunos pasos que pueden ayudarles a alcanzar una solución en la que tanto el usuario como la familia salgan beneficiados de la contratación de un cuidador personal.

Tomar la iniciativa.

Parte del problema suele ser nuestro propio miedo a sacar el tema y herir los sentimientos de la persona interesada. Estas conversaciones hay que afrontarlas con naturalidad y de forma participativa: se debe establecer un diálogo en el que la persona a cuidar pueda argumentar y exponer su punto de vista.
Es bueno abordar el tema desde el punto de la compañía y de una ayuda merecida, en lugar de transmitir una idea de desconfianza o un interés que pueda parecer más egoísta que altruista.

Analice las razones aportadas por su familiar

Las razones que pueda aportar su familiar pueden ser de tal naturaleza que incluso le convenzan a usted mismo: escuche atentamente y trate de analizar objetivamente si su argumentación está fundamentada. En cualquier caso, hágale una pregunta clave: ¿Qué podría tener de positivo contratar a una persona cuidadora que le ayude y haga compañía? Poner a su familiar a argumentar a favor de la solución que usted considera oportuna puede traer los primero puntos de entendimiento: aunque su familiar crea en general que no es algo necesario, seguramente encontrará algunos argumentos positivos.
Hágase fuerte en ellos.

La alternativa a las residencias

No se trata de utilizar las residencias como un ente maligno y amedrentar a nuestros familiares, pero las personas mayores no desean salir de su habitat.

Aunque la residencia no sea una opción: es bueno hablar del AHORA como un buen punto de partida para entablar una relación con una cuidadora. Es ahora, cuando la persona se vale por sí misma, el momento adecuado para empezar a construir una relación que debe ser entendida como algo más allá de lo económico.

Acostumbrarse ahora a tener un cuidador, incluso poder probar con varios hasta encontrar el candidato/a ideal, puede ser un buen argumento de entrada: hacerlo más adelante puede ser más difícil, sobre todo si la persona puede haber entrado en una fase en la que se encuentre más necesitada.

Convencer a nuestros mayores para que se dejen cuidar con afecto y comprensión

Finalmente decir que “convencer” no es sinónimo de imponer. Las personas mayores tienen tanto derecho a decidir como cualquiera. Aunque puede ser conveniente guiarlas en ciertos procesos pero hay que evitar someterlas a nuestro deseo contra su voluntad.

Los familiares que han pasado de la nada, del azote de una severa enfermedad a contar con el apoyo de un cuidador dócil y afable conocerá como esa gran angustia, en cierto modo, disminuye.

La contaminación podría estar asociada al padecimiento de alzhéimer

La contaminación podría estar asociada al padecimiento de alzhéimer

Cada vez hay más evidencias científicas de los nocivos efectos de la contaminación sobre nuestro cerebro.

Cáncer, alergias, enfermedad cardiovascular, trastornos del sueño y ahora un posible riesgo de alzheimer, como asegura una investigación que se publica en «The Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS).

El estudio, realizado en la Universidad Lancaster (Gran Bretaña) evidenció la presencia de nanopartículas derivado de aire contaminado en el tejido cerebral humano. Ahora bien, el estudio no establece un vínculo entre la presencia de estas nanopartículas y el alzhéimer.

La magnetita está implicada en la producción de especies reactivas de oxígeno, que a su vez están asociadas con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores coordinados por Barbara Maher analizaron muestras de tejido cerebral de 37 personas fallecidas, entre 3 y 92 años, que arrojaron la presencia abundante de nanopartículas magnéticas en el tejido de la corteza frontal de los 37 individuos.

“Es demasiado pronto para concluir que este hallazgo puede tener un papel causal en la enfermedad de Alzheimer o cualquier otra enfermedad cerebral”, explican los autores.»

Riesgo para la salud

Los resultados sugieren que las nanopartículas de magnetita en el medio ambiente pueden entrar en el cerebro humano, en los que podrían suponer un riesgo para la salud humana, según los autores.

En este sentido, Jennifer Pocock, neuróloga del University College de Londres, señaló a través de un comunicado a Science Media Centre que aunque está de acuerdo en que la evidencia apunta a la magnetita contaminación transmitidas en el cerebro, se necesita más trabajo antes de que una conexión sólida con el alzhéimer se pueden extraer.

La inmovilidad en pacientes de Alzheimer

La inmovilidad en pacientes de Alzheimer

La prevención de diversas complicaciones indeseadas trae consigo la inmovilidad en pacientes de Alzheimer.

El Alzheimer ataca en tres frentes: el cognitivo (amnesia, apraxia, afasia, agnosia), el conductural (agresividad, falsos reconocimientos, delirios, alucinaciones) y el funcional (pérdida de la capacidad de andar). Frente a éste último, deberemos reconocer cuándo ha llegado el momento en que debemos comenzar otra nueva «pelea».

  1. Cuando la persona con alzhéimer comienza a dudar en la marcha, balanceándose sin decidirse a echar el pie para el siguiente paso, es que está olvidando cómo se camina. A partir de ese momento, el cuidador deberá marcar un plan de paseos para mantener la movilidad del enfermo el máximo tiempo posible.
  2. Hay productos de apoyo que pueden ayudar a mantener al enfermo erguido durante un tiempo, como el andador, aunque hay que asesorarse sobre si es adecuado para una persona en concreto y cuál es el modelo idóneo para cada caso. La silla de ruedas puede ayudarnos en un desplazamiento largo y, luego, levantar al enfermo para que camine.
  3. Si es posible, acuda a un fisioterapeuta para que intervenga y marque pautas, con la intención de retrasar todo lo que se pueda el ingreso permanente en silla de ruedas.
  4. Si el enfermo pasa ya mucho tiempo en el sillón y ponerle a andar entre dos personas es una proeza, hay que aceptar que le falta muy poco para perder completamente la movilidad por sí mismo. Elabore un plan de prevención de los males que esto conlleva. Pregunte a su enfermero del centro de salud y manténgase en contacto con él.
  5. Ahora que ya no puede andar, será preciso encontrar una nueva forma de bañar al enfermo. Se puede comprar una silla giratoria para la bañera o bien encargar la sustitución de ésta por una ducha gerontológica de las que existen en el mercado. La higiene escrupulosa es ahora imprescindible.
  6. Mantenga bien hidratada la piel del enfermo con una crema que contenga urea, con la clásica tipo Nivea o con un aceite especial que podrá comprar en la farmacia. Habrá que cambiar su absorbente siempre que sea preciso, para evitar ulceraciones en la piel, muy difíciles de curar.
  7. Es muy importante que el enfermo no permanezca estático en el sillón o en la cama más de dos horas seguidas. Debe incorporarle y cambiarle de postura regularmente para prevenir las escaras en los puntos del cuerpo sobre los que se apoya. Aprenda a realizar correctamente las movilizaciones para evitar lesiones de espalda.
  8. Podemos utilizar productos de apoyo, como cojines y colchones antiescaras con bomba de aire, que nos ayudarán en la prevención de las úlceras por presión.
  9. No es una buena costumbre mantener al enfermo siempre en su silla de ruedas; ésta debe usarse sólo para desplazamientos. Para el resto del día, existen sillones gerontológicos diseñados para conseguir una buena postura y un adecuado confort.
  10. Si el enfermo está encamado, las recomendaciones anteriores deben practicarse con la máxima dedicación. De aparecer flemas, o cualquier otra complicación, debe avisarse al enfermero para que las extraiga y decida qué hacer en cada caso.
La contaminación podría estar asociada al padecimiento de alzhéimer

Decisiones en la etapa final de la enfermedad del Alzheimer

La etapa final de la enfermedad de Alzheimer se suele presentar con problemas de tipo bioético que obligan a la familia a tomar decisiones difíciles, poniendo a prueba la firmeza de su escala de valores, el respeto a los deseos del enfermo, la facilidad de acuerdo entre los miembros de la familia y su capacidad de diálogo con los profesionales sanitarios. Hay que estar preparados para ello.

  1. Es muy importante conocer cuál hubiera sido la elección del enfermo ante diversas disyuntivas que, muy posiblemente, se presentarán, tales como ¿permito que le pongan una sonda que sólo conseguirá prolongar su vida o me niego a ello?, ¿le llevo al hospital de nuevo o le dejo en casa, ahora que parece ser el final? La familia tendrá que echar mano del conocimiento que tiene de su enfermo para decidir por él.
  2. Hable con sus familiares sobre estas cuestiones cuando aún está a tiempo. Que todos sepan qué prefiere usted para sí mismo. Haga un documento de disposiciones previas ante notario por si llega el caso de que no pueda decidir por sí mismo en el futuro; eso facilitará la actuación de su familia y de su médico.
  3. Tal vez en la residencia le planteen la necesidad de poner sujeciones (atar) a su enfermo para prevenir caídas o para que no se arranque una posible sonda nasogástrica que le molesta y le pidan su firma. Deberá informarse bien sobre las consecuencias de estas decisiones antes de tomarlas. En su AFA podrán ayudarle a ello.
  4. Piense en los acontecimientos que se puedan llegar a presentar y tenga preparada la respuesta a cada uno de ellos. De esta forma, se evitará la ansiedad y el agobio de las decisiones precipitadas.
  5. Reclame su derecho, como tutor legal o como guardador de hecho, a decidir por su enfermo cuando éste no puede hacerlo por sí mismo. Los profesionales sanitarios no deben decidir sobre cuestiones que atañen al enfermo incapaz sin consultar a su tutor o a su familia.
  6. No se empeñe en que el equipo médico practique lo que se suele llamar encarnizamiento terapéutico. Hay un momento para nacer y un momento para morir. Si el médico le indica que ha llegado este último, deje marchar a su familiar en paz. Usted ya cumplió su papel como cuidador.
  7. Sepa que los cuidados paliativos, que se obtienen a instancia y criterio del médico de familia, permiten al enfermo terminal, cuando sufre, morir dignamente, con el debido confort.
  8. Pregunte en su AFA si tienen firmado acuerdo con alguna funeraria porque eso le supondrá un ahorro importante y le facilitarán todas las gestiones en un momento delicado.
  9. No olvide que la donación del cerebro para investigación es el último acto de generosidad que el fallecido puede realizar por sus semejantes. Además, la familia obtendrá un informe exacto de qué clase de demencia sufría. Pregunte en su AFA, antes de que llegue el momento final, cómo planificar esta donación.
  10. Tenga preparados y juntos todos los documentos que necesitará llegado el momento de la defunción, así como la decisión clara sobre si elegirá entierro, incineración o donación del cuerpo. Eso le facilitará el proceso.