Las etapas en la enfermedad del Alzheimer siguientes proporcionan una idea general de cómo cambian las habilidades una vez que aparecen los primeros síntomas y sólo deben utilizarse como guía general. Las etapas en la enfermedad del Alzheimer están separadas en tres grandes categorías diferentes: la enfermedad del Alzheimer leve, la enfermedad del Alzheimer moderada y la enfermedad del Alzheimer severa. Tenga en cuenta que puede ser difícil ubicar a una persona con la enfermedad del Alzheimer en una etapa específica.
En España, más de 800.000 personas tienen la enfermedad de Alzheimer. En todo el mundo, al menos 44 millones de personas tienen demencia, lo que convierte a esta enfermedad en una crisis de salud mundial que debe abordarse.
Un diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer le cambia la vida no solo a la persona con la enfermedad, sino también a sus familiares y amigos. Sin embargo, hay información y recursos de apoyo disponibles. Nadie debe enfrentar la enfermedad de Alzheimer ni ninguna otra demencia solo.
Descripción general de progresión en la enfermedad del Alzheimer
Los síntomas de la enfermedad del Alzheimer empeoran con el tiempo, aunque la velocidad a la que progresa la enfermedad varía. En promedio, una persona con la enfermedad del Alzheimer puede vivir entre 4 y 8 años después del diagnóstico, aunque puede vivir hasta 20 años dependiendo de otros muchos factores.
Los cambios en el cerebro relacionados con la enfermedad del Alzheimer comienzan años antes de que los signos de la enfermedad aparezcan. Este periodo de tiempo, que puede durar años, se le llama «preclínica del Alzheimer».
Primera etapa en la enfermedad del Alzheimer: estadio temprano
En un inicio, este trastorno cognitivo del que hacemos referencia, aunque puede ser detectado por la familia –Cómo detectar los primeros síntomas del Alzheimer-, es leve y afecta poco a la vida cotidiana. A este estadío se le denomina «Deterioro cognitivo ligero«, y podemos decir que es un periodo intermedio entre elenvejecimiento normal y la demencia.
En la primera etapa de la enfermedad del Alzheimer, la persona puede vivir de manera independiente. Puede todavía conducir, trabajar y ser parte activa de las actividades sociales. A pesar de ello, la persona puede tener fallos de memoria, como el olvido de palabras familiares o la ubicación de los objetos cotidianos.(ver entrada –¿Tengo Alzheimer?-)
En este ciclo se va a observar, sobre todo, una afectación de la memoria pero pueden verse dañadas también otras áreas de forma aislada o conjunta. Como consecuencia, en la práctica diaria observamos cómo comienzan a objetivarse pequeños fallos en las actividades instrumentales de la vida diaria: uso del teléfono; administración de medicamentos; preparación de las comidas; el mantenimiento de la casa; gestión de las finanzas; compras; uso del transporte (más información en el artículo “Actividades de la Vida Diaria y Alzheimer”)
La evolución de este deterioro cognitivo ligero es muy variable: hay muchos pacientes que se mantienen estables; incluso hay algunos enfermos que mejoran sus déficits al cabo de los años; pero hay un porcentaje alto que va a seguir progresando en la enfermedad hacia la Demencia, generalmente de tipo Alzheimer.
La importancia del diagnóstico en estas fases iniciales es fundamental, ya que hoy en día disponemos de algunos fármacos que han demostrado la eficacia en el control temporal de los síntomas cognitivos, conductuales y funcionales de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, en ausencia de un tratamiento curativo, es necesario un abordaje terapéutico multidimensional que incluya, además de los tratamiento farmacológicos, intervenciones no farmacológicas dirigidas a optimizar la cognición, la conducta y la funcionalidad de los pacientes.
Segunda etapa en la enfermedad del Alzheimer: etapa central
En esta etapa, la persona comienza a ser incapacitada por la enfermedad del Alzheimer:
Las personas con Alzheimer pueden recordar el pasado distante y, a la vez tener dificultad para recordar hechos recientes.
Tienen dificultad para reconocer la fecha, la hora y el lugar.
Pueden inventar nuevas palabras a medida que pierden su vocabulario viejo.
No pueden reconocer rostros familiares antes conocidos.
La memoria se altera progresivamente. El enfermo olvida los sucesos recientes. No se acuerda de lo que acaba de comer; acusa a sus amigos de abandonarlo porque no vienen a visitarlo. No puede asimilar o comprender los hechos nuevos. Sin embargo, el recuerdo de hechos lejanos persiste aunque los sitúe mal en el tiempo en que transcurrieron: el enfermo de Alzheimer pide noticias de su madre fallecida recientemente o menciona a personas a las que no ha visto desde hace años.
En cuanto a su comportamiento, en esta etapa en la enfermedad del Alzheimer comienzan las reacciones agresivas, desproporcionadas respecto al motivo que las ha desencadenado. Puede acusarle de robarle si no encuentra su monedero; grita e incluso se vuelve agresivo si se insiste para que se bañe. Cuanto más depende de otros más se irrita. Su fatiga aumenta y no hace nada sin que se le estimule. Experimenta miedos injustificados; un ruido, una cortina que se mueve o una luz pueden desencadenarlos. Camina durante horas de un lado a otro. Se levanta durante la noche y prepara su maleta para volver a casa
Lenguaje y comprensión. El conjunto de la comunicación con los demás se hace más difícil: habla menos, su vocabulario se empobrece, repite siempre las mismas palabras o las mismas frases durante horas. Cuando responde a las preguntas lo hace lentamente, buscando las palabras; no acaba las frases.
Coordinación de gestos. Sus gestos son imprecisos: se abrocha mal los botones, sostiene mal el tenedor o el cuchillo. Pierde el equilibrio. Se golpea con facilidad y las caídas son frecuentes. Se mueve lentamente y necesita que lo ayuden para ir a su habitación o al baño. Pueden aparecer movimientos anormales como temblores, contracturas musculares o convulsiones.
entre sus ropas, pues se viste sin importarle como, y sin tener en cuenta la estación o los convencionalismos sociales;
entre los platos que ponen en la mesa;
entre las etapas habituales de su baño o ducha: ¿cuándo quitarse la ropa?,¿cuándo enjabonarse?, ¿cuándo secarse?
Por otro lado pierde su autonomía ya que no puede conducir, ni viajar en metro o en autobús sin compañía. Se pierde incluso en un trayecto que le es familiar.
Puede dedicarse a actividades peligrosas para si mismo y para los demás como abrir la llave del gas sin encenderlo, u olvidar su cigarrillo y prender fuego por accidente.
Es decir, el enfermo en la segunda etapa de la enfermedad del Alzheimer ha de ser vigilado las 24 horas del día, lo que significa que sus familiares deben prestarle atención constante.
Tercera etapa en la enfermedad del Alzheimer: etapa tardía
En esta tercera y última etapa, se presenta una amplia y marcada afectación de todas y cada una de las facultades intelectuales. Los síntomas cerebrales se agravan, acentuándose la rigidez muscular así como la resistencia al cambio postural. Pueden aparecer temblores y hasta crisis epilépticas.
El enfermo con Alzheimer no reconoce a sus familiares y llega el momento en el que desconoce su propio rostro en el espejo. La personalidad que siempre acompañó a la persona, desaparece por completo. Los pacientes se muestran profundamente apáticos, perdiendo las capacidades automáticas adquiridas como la de lavarse, vestirse, andar o comer, y presentan una cierta pérdida de respuesta al dolor.
Más adelante, tienen incontinencia urinaria y fecal. En la mayoría de los casos el paciente finaliza encamado, con alimentación asistida. Por lo común, los enfermos con Alzheimer suelen morir por infecciones en las vías respiratorias, neumonía, infecciones urinarias o de la piel por escaras u otro tipo de complicación.
¿Sabrias distinguir entre la enfermedad del Alzheimer y otros tipos de demencia? Te mostramos las preguntas más habituales a las que nos enfrentamos cuando un familiar es diagnosticado de Alzheimer.
De la conducta de cada uno depende el destino de todos
¿Cuál es el perfil habitual de una persona con Alzheimer?
El perfil habitual de una persona con Alzheimer suele ser el de una persona mayor de 65 años, frecuentemente mujer, con varias enfermedades a la vez, que le ocasionan problemas asociados a la demencia como incontinencia, caidas, malnutrición, que presenta problemas cognitivos como pérdida de memoria, de orientación, del lenguaje, … que le conduce a la necesidad de ayuda de una persona primero para la realización de actividades instrumentales de la vida diaria:
asuntos laborales,
asuntos financieros,
comprar adecuadamente,
uso de la medicación,
uso de transportes públicos, etc.
y posteriormente para las actividades básicas:
Aseo,
Baño,
control de esfínteres,
alimentación
y/o vestido
Y que además viven en su domicilio atendido por un cuidador que suele ser la mujer/el marido o los hijos. Estos habitualmente suelen ser personas mayores.
¿Cuáles son los síntomas que hacen sospechar que la persona tiene la enfermedad del Alzheimer?
La persona con enfermedad de Alzheimer ya no es la misma. Su forma de ser, cambia.
La demencia es un cambio cuantitativo, pero sobre todo cualitativo en la persona. El síntoma principal en la persona enferma de Alzheimer es sobre todo la pérdida de la memoria. Comienza a apreciar cómo los aspectos cotidianos del día a día pasan por su vida y no es capaz de recordarlos. Dichas alteraciones de la memoria se acompañan con alteraciones de la orientación, disminución en la habilidad para resolver tareas complejas, como cocinar, cuidar de la casa, costura, manejo de las cuentas bancarias, y comportamiento pasivo, ausente, apático, irritable, desconfiado o inadecuado. Todo ello, acompañado de trastorno afectivo depresivo o bien, en ocasiones, presentando la respuesta contraria sin conocer los fallos y negándolos.
¿Quién realiza el diagnóstico y quién debe seguir a la persona con Alzheimer?
El diagnóstico del Alzheimer la realiza el médico de atención primaria y la confirmación del diagnóstico el médico especialista en geriatría, neurólogo y/o psiquiatra, quienes además marcarán el tratamiento farmacológico adecuado a los síntomas cognitivos y no cognitivos como la depresión, ansiedad, insomnio y trastorno de conducta graves como delirios, alucinaciones, agitación y agresividad, así como la valoración de las diferentes enfermedades que acompañan con frecuencia al envejecimiento produciendo incapacidad.
Es posible que el médico de atención primaria recomiende que se realice un examen más a fondo en un centro de evaluación de la enfermedad de Alzheimer, o por un especialista en demencia o geriatría. Dicho examen probablemente incluya una meticulosa evaluación médica y personal, además de diversas pruebas neurológicas y neuropsicológicas. La evaluación de la demencia debe incluir entrevistas con familiares y otras personas que tengan estrecho contacto con el paciente.
El seguimiento lo realizarán de forma conjunta entre el equipo de atención primaria (médico, enfermera, trabajador social) como principal gestor de la enfermedad y del enfermo, y en estrecho y ágil contacto con los diferentes especialistas, que según el estadio de la enfermedad deberán de coordinarse con la atención primaria (Unidades de memoria, unidades geriátricas de agudos, asistencia hospitalaria a domicilio, etc).
El Alzhéimer es una enfermedad que se puede prevenir o, por lo menos, prolongar unos años más el estado de bienestar cognitivo. Los expertos recomiendan aprender a detectar los primeros síntomas y ejercitar tanto la memoria como la función intelectual. Es muy importante tener en cuenta los factores de riesgo, ya que pueden ser claves en la detección temprana de esta enfermedad. Hasta el momento no se puede afirmar que se puede detener su evolución, pero detectarla a tiempo puede ayudar mucho a mejorar la calidad de vida del paciente. No hay manera de predecir si una persona va a padecer la enfermedad de Alzheimer. El diagnóstico precoz de la Enfermedad de Alzheimer puede mejorar la calidad de vida del paciente, pero no va a servir para modificar sustancialmente su evolución. Pero si, al menos hasta la fecha, hay datos que indican que la Enfermedad puede aparecer un poco más tarde si se siguen unas pautas sencillas. Si bien los científicos aún no logran ponerse de acuerdo sobre los orígenes de esta enfermedad, investigaciones preliminares sobre el tema sugieren que algunas estrategias para mantenerse saludables a medida que se envejece reducen el riesgo de desarrollar el alzheimer. Varios estudios le dan un gran valor al continuar aprendiendo a lo largo de la vida y al hecho de tomar parte activa en actividades que son mentalmente estimulantes. Existe evidencia clínica que sugiere que las funciones mentales y físicas pueden mejorar con la actividad física aeróbica. Algunas recomendaciones saludables incluyen el disminuir los niveles de colesterol, controlar la presión arterial, el peso y la diabetes y ejercitar el cuerpo y la mente.
El número de enfermos de Alzheimer puede triplicarse en 2050 si no le ponemos cura
Algunos de los consejos para prevenir o retrasar la aparición del Alzheimer son:
Controlar los factores de riesgo vascular
Modificar el estilo de vida
Ejercicio mental: Leer de forma habitual y escribir de forma continuada. Al igual que el ejercicio físico, hacer funcionar al cerebro es básico. Aunque no nos demos cuenta, las actividades más elementales pueden hacer trabajar al cerebro, de forma que el temido deterioro cognitivo pueda paralizarse, al menos, temporalmente.
Varios estudios confirman que las personas analfabetas sufren alzheimer a edades más tempranas, y por el contrario, las personas más ágiles en lectura y escritura sufren una pérdida de memoria asociada a la edad más tardía.
Bilingúismo. Hablar varios idiomas
Llevar una dieta adecuada. mantener una dieta equilibrada y rica en vitaminas y minerales es otro consejo clave pararetardar el deterioro cognitivo
Dormir adecuadamente. El descanso es fundamental para tener una buena salud
Ser optimista: relacionarse con otras personas ayuda a enriquecer el sentimiento de pertenencia, de forma que la emoción que produce la felicidad retrasa la oxidación cerebral y por tanto, retarda la aparición de enfermedades.
Mantener la ansiedad a raya. El estrés es un gran enemigo.
¿Es hereditario el Alzheimer?
Existen dos variantes de la enfermedad del Alzheimer. Una, bastante rara, que se llama Enfermedad de Alzheimer familiar, se desarrolla en personas menores de 65 años, dándose algunos casos en personas jóvenes entre los 30s y los 40s. Se han identificado apenas unos cientos de casos en todo el mundo y es una enfermedad hereditaria. Esta variante de la enfermedad se debe a un trastorno genético.
La segunda variante de esta enfermedad es conocida como Enfermedad de Alzheimer tardío, y es la forma más común. El alzhéimer tardío ocurre después de los 65 años y se da principalmente entre personas mayores de 70 y de 80 años. Se sabe por estudios que un historial familiar de alzhéimer incrementa también el riesgo de sufrir esta enfermedad. Aunque se sabe que los genes juegan un rol primordial en la variante tardía de la enfermedad ciertos genes probablemente interactúen con algunos factores ambientales aún desconocidos para causar la aparición de esta enfermedad.
¿Cuál es la diferencia entre el alzheimer y otras demencias?
La demencia es un término genérico que agrupa a todos los trastornos crónicos en que se da un deterioro generalizado de las facultades intelectuales, en personas que previamente han tenido un desarrollo intelectual normal, lo que nos sirve para distinguir estos procesos de los retrasos mentales.
Además del deterioro intelectual, hay cambio en el humor y la conducta, que no siempre está claro si son concomitantes o causados por ese deterioro intelectual. Todas las demencias tienen una causa de fondo que es el deterioro cerebral, específico para cada enfermedad. Ese deterioro específico también suele producir signos o síntomas más o menos específicos que permiten muchas veces presumir la causa de la demencia, porque el diagnóstico absolutamente seguro sólo se obtiene examinando directamente el cerebro, lo cual sólo es posible en la autopsia o en una biopsia, que no siempre es recomendable ni fiable.
La enfermedad de Alzheimer, concretamente, se debe a un cambio bioquímico que se da en la corteza cerebral, lo que produce la acumulación de ciertas sustancias que resultan nocivas para las neuronas, las células de la corteza. Otra demencia, muy frecuente también en personas mayores, es la demencia vascular, o multi-infarto, producida por un deterioro de las arterias cerebrales que hace que pequeñas zonas del cerebro mueran ante la falta de aporte sanguíneo. Aparte de estas dos más frecuentes, hay otras muchas causas de demencia, como algunos casos de la enfermedad de Parkinson, la corea de Huntington, hidrocefalia, tumores y hematomas cerebrales, infecciones, etc.
¿cómo explicar la enfermedad del Alzheimer a los niños?
Decir que el abuelo está enfermo y que hay que cuidarlo no es tan sencillo. En ocasiones, los niños rechazan, no aceptan o no entienden la enfermedad, les cuesta entender qué está pasando con un ser querido que de repente no les conoce, que hace cosas sin sentido.
Es el momento de explicarles con un lenguaje claro en qué consiste la enfermedad, tranquilizar sus posibles miedos e incluso hacerles participes de algún cuidado ya que su influencia puede ser muy positiva para ayudar a un ser querido que con los años va volviendo a una segunda infancia. Es interesante esta comparación entre la tercera edad y la infancia.
Dijo el niño... "algunas veces dejo caer mi cuchara". Dijo el abuelo... "Yo también lo hago"
El niño susurró... "alguna vez me hago pis". Yo también... sonrió el abuelo.
Dijo el niño... "A menudo lloro". El abuelo apunto: "yo también".
Pero lo peor de todo, dijo el niño, parece como si los mayores no me tomaran en cuenta, no me hicieran caso.
Sintió la mano caliente y amistosa del abuelo... se lo que significa.
Para que esto último no ocurra todos debemos implicarnos en el cuidado y atención de los enfermos de Alzheimer.
Una vez diagnosticada la enfermedad del Alzheimer, hay que tener en cuenta tanto las características de la enfermedad como las características del paciente en que se produce. La evolución de la demencia hace que el pronóstico, los objetivos y el nivel de tratamiento varíen a lo largo de la evolución de la enfermedad.
El inevitable declinar de estos pacientes conduce a un deterioro significativo de las funciones cognitivas con repercusiones en actividades básicas de la vida diaria (ABVD). Esta pérdida de autonomía conduce en muchas ocasiones a necesitar ayuda de un cuidador o incluso a la institucionalización del paciente. El enfermo va a requerir atención a lo largo de toda la evolución de su enfermedad. El manejo en los estadios avanzados es complejo con escasa perspectivas de supervivencia y de recuperación funcional, lo que en ocasiones conduce a un “abandono” que genera sobrecarga y sufrimiento tanto en el paciente como en la familia. Estos pacientes tienen derecho a beneficiarse de los mismos recursos que otros pacientes en situaciones finales de la vida. Sin embargo, las alteraciones en la comunicación y las alteraciones de conducta hacen que sea más difícil la identificación y tratamiento de los problemas que presentan y del sufrimiento que generan.
Algunos síntomas son más frecuentes en los estadios avanzados de la enfermedad, como la agitación, conducta motora aberrante, la agresión y la alteración del sueño. Estos síntomas pueden estar relacionados con la evolución de la enfermedad y pueden indicar una forma de expresión o de comunicación, de confusión, dolor o mal estado.
Existen múltiples guías de práctica clínica sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer (EA) y otras demencias, que intentan disminuir la variabilidad de la práctica clínica y recomendar las orientaciones más avaladas por la evidencia científica. (Knopman et al. 2001) (Small et al. 1997). El objetivo del tratamiento a largo plazo es mejorar la calidad de vida de los pacientes y de los cuidadores.
Generalidades del tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico debe integrarse en el plan de atención y apoyo, incluida la prevención de complicaciones de la enfermedad y la educación de los cuidadores.
Los pacientes con demencia en estadios avanzados deberían poder beneficiarse de las terapias sintomáticas anti-demencia en las cuales la eficacia ha sido demostrada. Hasta el momento existen dos clases de fármacos para el tratamiento de los síntomas de la EA. Estos son los inhibidores de la colinesterasa (IChE) y los antagonistas del NMDA.
Inhibidores de la colinesterasa
Son utilizados primariamente como tratamiento sintomático a largo plazo. Las observaciones clínicas indican que su principal efecto es el tratamiento sintomático, con una actividad modificadora de la enfermedad limitada.
Donepezilo: Es el medicamento más ampliamente prescrito en la EA. Está oficialmente aprobado para estadios leves, moderados y severos de la enfermedad (Feldman et al. 2005). También ha demostrado beneficio en la demencia vascular, en la demencia por EP y la enfermedad por cuerpos de Lewy y en los síntomas cognitivos en la esclerosis múltiple. Su perfil farmacocinético, farmacodinámico, tolerabilidad e interacción con otras drogas lo convierte en un fármaco de uso seguro (Seltzer 2007). Aunque su eficacia es limitada, existe evidencia que demuestra un beneficio cognitivo, de la función global y de alteraciones del estado del ánimo como la apatía, ansiedad y depresión (Gauthier et al. 2010) (Wilkinson et al. 2009). Entre sus efectos adversos se encuentran los gastrointestinales y otros menos frecuentes como la anorexia, cefalea, sincopes o incontinencia urinaria. Es metabolizado por el hígado y en casos de insuficiencia hepática leve-moderada o insuficiencia renal se recomienda ajustar la dosis.
Rivastigmina: Es un IChE y también de la butirilcolinesterasa. Se ha observado que proporciona beneficio en la cognición, función global y actividades de la vida diaria. Puede retrasar el comienzo de los SPCD y por tanto reducir el tratamiento con antipsicóticos (Suh et al. 2004) . Los efectos adversos varían con la dosis y son principalmente gastrointestinales. Otros efectos adversos menos frecuentes son el mareo, la cefalea y la fatiga. Recientemente se ha comercializado un parche transdérmico con mejor tolerabilidad que la presentación vía oral, permite la liberación sostenida y mantenida del fármaco, favorecen el cumplimiento terapéutico y presenta una menor incidencia de efectos secundarios (Winblad et al. 2007).
Galantamina: Es un IChE que a diferencia de otros tratamientos tiene un efecto de modulación en los receptores nicotínicos del cerebro. Estos receptores se han asociado a la atención, memoria y aprendizaje (Maelicke et al. 2001). Ha demostrado ser eficaz en la cognición y en el retraso de los síntomas psicológico-conductuales (SPCD) especialmente en casos de conducta motora aberrante, apatía, desinhibición (Patterson et al. 2004). Los beneficios clínicos de la galantamina también se traducen en beneficios en el cuidador (Sano et al. 2003) . Se ha observado que el tratamiento con galantamina a largo plazo en pacientes con EA y pacientes con EA y enfermedad cerebrovascular, se asoció a un retraso en la institucionalización de los pacientes (Feldman et al. 2009).
Inhibidor del receptor glutaminérgico. Memantina
A finales del 2003, la FDA aprobó la comercialización de la memantina, que es un inhibidor del receptor glutaminérgico NMDA. Fue el primer fármaco aprobado para la EA moderada-grave. En este grupo de pacientes ha demostrado beneficios en la cognición, actividades de la vida diaria, función global y conducta (Raina et al. 2008) (Tariot et al. 2004). También se ha estudiado en pacientes en estadios leve-moderados de la enfermedad, presentando un beneficio significativo en la cognición, conducta y función global (Peskind et al. 2006). Los efectos adversos más frecuentes son el mareo, confusión, cefalea y estreñimiento.
Se han establecido consensos por diferentes sociedades para el manejo de estos fármacos. El consorcio europeo de Enfermedad de Alzheimer (EADC) propone comenzar con el tratamiento si no existen contraindicaciones. El objetivo de estos fármacos es el enlentecimiento, estabilización o mejoría de los síntomas. Se necesita un período aproximado de 6-12 meses para valorar los posibles beneficios y su mantenimiento debería continuar mientras se objetive un beneficio (Nourhashemi et al. 2010). En todos los casos tanto en los estadios leves-moderados como en los severos se debe reevaluar periódicamente medica, psicológica y socialmente al paciente y adaptar el plan de cuidados según la evolución. Es importante la entrevista con la familia y la revisión los parámetros biológicos (Vellas et al. 2005).
Se recomienda la continuación del tratamiento siempre y cuando el beneficio clínico que aporte persista. El hecho de que el paciente sea institucionalizado no justifica la interrupción del tratamiento. Se recomienda la retirada del tratamiento cuando el estado del paciente no asegura la correcta prescripción.
La fase final de la enfermedad se puede definir como aquella en la que las funciones cognitivas del paciente se encuentran profundamente alteradas, sin comunicación, se encuentra encamado y totalmente dependiente para las ABVD. En estas etapas los tratamientos específicos como los IChE o memantina ya no están indicados y deben suspenderse. Sin embargo, si al retirarlos apareciesen síntomas severos del comportamiento, podrían ser reintroducidos de nuevo.
Los SPCD son muy frecuentes y suelen ser el principal elemento perturbador del cuidador y en muchas ocasiones son causa de institucionalización. Existe cierta controversia sobre la frecuencia de estos síntomas a lo largo de la evolución de la enfermedad, sin embargo parece que los síntomas psicóticos son más frecuentes en los estadios avanzados de la enfermedad (Lyketsos et al. 2000). Los SPCD contribuyen al incremento de co-morbilidad, caídas, institucionalización y repercuten de forma importante en el cuidador. Una vez descartadas posibles causas orgánicas o iatrogénicas, se recomiendan emplear medidas no-farmacológicas y solo cuando éstas no han sido suficientes se debe iniciar el tratamiento farmacológico (Nourhashemi, Olde Rikkert, Burns, Winblad, Frisoni, Fitten, & Vellas 2010).
La prescripción de drogas psicotropas no debe ser sistemática y debe ir precedida de un análisis global. Entre los efectos secundarios de los fármacos psicotropos se encuentran la inmovilización o las caídas secundarias al exceso de sedación.
Otros fármacos más estudiados son:
Antiepilepticos: El uso de antiepilépticos se ha evaluado en el control de los SPCD. La carbamazepina han demostrado mejoría en la agitación y agresión, aunque presenta efectos secundarios a tener en cuenta como la anemia aplásica y la agranulocitosis (Tariot et al. 1999).
Benzodiacepinas como el lorazepam y el oxazepam se usan de forma frecuente en el manejo de la agitación, aunque su eficacia es dudosa. Son seguros cuando se utilizan a dosis bajas pero cuando se aumenta la dosis son comunes efectos secundarios como la hipersedacion, ataxia, confusión y agitación paradójica. Si se usan durante tiempo prologando es probable que aparezca tolerancia y dependencia del fármaco. El zolpidem es un hipnótico que puede ser útil para restaurar el patrón del sueño en pacientes ancianos (Shelton and Hocking 1997).
Ansiolíticos como la buspirona han demostrado reducir la ansiedad, agresión, o agitación en pacientes con demencia.
Antidepresivos: El uso de antidepresivos ha demostrado eficacia en el tratamiento de las demencias siendo esta sintomatología frecuente sobre todo en las fases iniciales de la enfermedad.
Restricciones físicas
Los trastornos de conducta, como pueden ser la agitación o el vagabundeo, la inestabilidad en la marcha y un alto riesgo de caídas, en ocasiones son objeto de restricciones físicas. Esta práctica puede ser habitual tanto en el medio hospitalario, como residencial o en el domicilio y es percibida en general, como una medida para evitar al paciente caídas y accidentes. Sin embargo no se debe establecer la sujeción mecánica sin previamente haber considerado todas las medidas alternativas que puedan evitarla. Hay que tener en cuenta que no deja de ser una medida limitadora de la libertad y autonomía de las personas y que tiene riesgos y complicaciones como la inmovilidad, la pérdida de masa muscular, las úlceras por presión, las contracciones, el riesgo de trombosis, el aumento de agitación y en casos extremos la muerte por compresión de la cincha.
Deterioro funcional
El deterioro de la capacidad de las ABVD es un elemento esencial en el diagnóstico de la demencia y representa un impacto en la calidad de vida del paciente y del cuidador. Se recomienda la evaluación del deterioro funcional en el plan de cuidados. La evaluación de la capacidad del paciente para llevar a cabo actividades de la vida diaria, determina las diferentes formas de asistencia que pueda necesitar. La evolución de la dependencia es variable a lo largo de la enfermedad y contribuye de forma significativa al incremento de comorbilidad, caídas e institucionalización. Es importante permitir al paciente hacer lo que es capaz, hay que valorar las capacidades residuales del paciente y que éstas sean utilizadas.
Co-morbilidad
En estos pacientes es importante tener en cuenta la co-morbilidad de las patologías asociadas, que implican un impacto en el funcionamiento cognitivo y en la calidad y esperanza de vida. Serán necesarias evaluaciones continuadas de las distintas patologías y de las medicaciones.
En estadios avanzados son frecuentes complicaciones como las infecciones de repetición y los trastornos en la alimentación. La presencia de aspiraciones repetidas, el deterioro inmunitario, la inmovilidad, la incontinencia y otros factores asociados a la enfermedad, son un problema frecuente. En ocasiones las infecciones son recurrentes y precisan un tratamiento adecuado. La forma de administración de un antibiótico depende del estado del paciente, pero se considera que los estadios avanzados es preferible la forma oral sobre la parenteral (Fabiszewski et al. 1990).
Alteraciones de la movilidad y caídas
Las caídas son factores de riesgo reconocidos de las demencias, son normalmente mas graves en ellos y tienen mayor incidencia de fractura por caída que la población control de la misma edad. Las alteraciones de la marcha son características de la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de cuerpos de Lewy o la demencia vascular, pero también aparecen en la EA. Es necesaria la evaluación regular de los trastornos del equilibrio y de la marcha. La lucha contra al osteoporosis, el uso de protectores de cadera y el ejercicio diario se consideran estrategias de prevención (Thompson et al. 2005).
Nutrición e hidratación
El 20-40% de los pacientes con demencia presentan pérdida de peso. Los mecanismos fisiopatológicos de la pérdida de peso son complejos y solo están parcialmente aclarados. Una de las principales causas es la falta de ingesta (Vellas, Lauque, Gillette-Guyonnet, Andrieu, Cortes, Nourhashemi, Cantet, Ousset, & Grandjean 2005). En el caso de pacientes en estadios avanzados su estado neurológico conduce a trastornos alimentarios: comportamiento resistente, dispraxia general, agnosia, comportamiento selectivo, disfagia orofaríngea y disfagia faringoesofágica.
La desnutrición es, junto con los trastornos psiquiátricos y motores, una de las principales complicaciones en estos pacientes. La pérdida de peso se asocia a numerosas complicaciones como atrofia muscular, caídas, dependencia y mayor riesgo de institucionalización y mortalidad.
En los últimos años ha mejorado la alimentación complementaria y las técnicas de nutrición de pacientes en estadios avanzados, pero en algún momento de la evolución de la enfermedad siempre se plantea la imposibilidad de administrar suplementos. La decisión de nutrición enteral (NE) debe individualizarse, ser consensuada y meditada, sopesando el riesgo-beneficio. En la fase leve y moderada podría mejorar la situación global por lo que se recomienda con el objeto de aportar energía y nutrientes y evitar la desnutrición. En pacientes con demencia terminal, salvo en disfagias severas que impidan ingesta adecuada, no se recomienda ya que no hay evidencias que indiquen que la alimentación por sonda de gastrostomía percutanea mejore la supervivencia, el status funcional o el confort, no alivia el sufrimiento y puede aumentar la morbilidad (Finucane et al. 1999).
Dolor
La International Association for the study of Pain define el dolor como “una sensacion o experiencia desagradable, sensorial, y emocional que se asocia a una lesión tisular verdadera o potencial” (Vervest and Schimmel 1988). Se estima que el 50% de los individuos mayores que viven en la comunidad sufren dolor, en pacientes institucionalizados el porcentaje se incrementa hasta el 80% (Barkin et al. 2005). Se considera que el 49-83% de los pacientes con demencia institucionalizados padecen dolor crónico, siendo las patologías que con mayor frecuencia lo generan las ulceras por presión, la osteoartrosis y la osteoporosis. Menos del 40% de los pacientes con demencia institucionalizados reciben tratamiento analgésico. En los pacientes con demencia existe la dificultad en el reconocimiento e integración cognitiva de los estímulos sensoriales y en la expresión verbal de lo percibido (Anon 2002), por lo que en muchas ocasiones es un síntoma subestimado e infratratado. En los últimos años se han propuesto numerosas escalas observacionales para la valoración de la intensidad del dolor en pacientes con dificultades en la comunicación como las escalas PACSLAC y DOLOPLUS 2 (Herr et al. 2006) (Zwakhalen et al. 2006).
Las consecuencias del dolor no tratado pueden ser físicas, psicológicas y sociales (Bjoro and Herr 2008). El adecuado diagnóstico y tratamiento del dolor en el paciente mayor es considerado un marcador de calidad de los cuidados. La naturaleza mutildimensional del dolor en estados avanzados de la enfermedad requiere un modelo de intervención multifactorial que comprenda medidas farmacológicas, psicoterapéuticas y rehabilitadoras entre otras.
El cuidado al cuidador
Se debe considerar al cuidador como eje fundamental del plan de cuidados del paciente (Nourhashemi, Olde Rikkert, Burns, Winblad, Frisoni, Fitten, & Vellas 2010). Es quien mejor conoce al paciente y su información es fundamental para interpretar los comportamientos y las necesidades básicas del paciente. Es necesario informar al cuidador de las diferentes etapas de la enfermedad para que tenga una mejor comprensión de las consecuencias de la enfermedad y puedan contemplar las medidas que serán necesarias.
El cuidado de un familiar con demencia es estresante y puede contribuir a enfermedades psiquiátricas y médicas en el cuidador (Schulz and Martire 2004). Existen varios estudios de intervención que demuestran que el apoyo de cuidadores profesionales y de los médicos puede mejorar el estado de ánimo de los cuidadores y retrasar la institucionalización de los pacientes (Sorensen et al. 2002).
Existen diversos tipos de intervenciones con el objeto de disminuir la sobrecarga del cuidador. Se pueden hacer intervenciones centradas en el enfermo, disminuyendo los trastornos de conducta, mejorando la autonomía, utilización de centros de día o terapia psicológica. Las intervenciones centradas en los cuidadores muestran en diversos estudios una disminución del estrés del cuidador y un mejor desarrollo de estrategias en el plan de cuidados del paciente.
Localizar a un familiar de Alzheimer mediante GPS ya es posible. En las primeras etapas del Alzheimer, empieza a presentar una leve desorientación en el tiempo, y más tarde en el espacio, sobre todo en lugares no habituales. En un principio parecerá que no atiende y que no se fija.El enfermo sufre desorientación de tiempo y espacio, vive anclado en el pasado, donde los recuerdos actuales no existen porque no los ha memorizado. Sale de su casa y de pronto las calles de siempre se convierten en lugares extraños y termina perdiéndose. Afortunadamente y gracias a los avances en tecnología que hoy por hoy se van produciendo, es posible localizar a su familiar en remoto, ofreciendo así una mejora en la calidad de vida del enfermo, cuidadores y familiares.
Tecnología, innovación y bienestar. Soluciones tecnológicas e innovadoras para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y relacionadas con enfermedades degenerativas como el Alzheimer. La monitorización remota de las personas nos permite llevar a cabo predicciones de posibles situaciones de emergencia.
Existen numerosos dispositivos de geolocalización mediante localizadores GPS, que nos ayudan a encontrar al enfermo en caso de pérdida. Como no todos los casos requieren la misma atención, existen localizadores GPS con teleasistencia, donde el cuidador o familiar tiene que llamar a un teleoperador para saber la posición de la persona que lleva el dispositivo. Y localizadores GPS directos, donde el cuidador tiene un receptor con el que poder visualizar en un mapa la posición de la persona con Alzheimer.
Un 60% de los enfermos de Alzheimer sale de casa sin que su cuidador lo sepa. La gran mayoría de los enfermos de Alzheimer deambulan o vagan sin rumbo y sin razón aparente
Dispositivos para localizar a su familiar con Alzheimer mediante GPS
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¿Sabes que depresión y alzheimer son enfermedades que se relacionan entre sí?
La depresión y la enfermedad de Alzheimer son dos enfermedades totalmente distintas, pero a su vez tienen puntos en común. Muchos casos de depresión pueden desembocar en enfermedad de Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa cada vez más frecuente en personas de edad avanzada y cuyo diagnóstico precoz es clave para retrasar su deterioro.
Y es que son muchos los expertos que aseguran que la asociación entre ambas enfermedades es clara. En este sentido, se estima que entre las personas con depresión por primera vez en personas mayores de 65 años, hay un subgrupo que puede tener una demencia añadida o predemencia depresiva en el 15%.
Según un estudio de la Escuela Universitaria de Medicina de Washington en St. Louis, Missouri, Estados Unidos, publicado en la revista ‘Neurology’, trastornos como la depresión pueden aparecer mucho antes de que la enfermedad de Alzhéimer se presente, incluso antes de que empiecen a tener problemas de memoria, lo que ayudaría a detectar antes dicha enfermedad.
“Mientras que estudios anteriores han demostrado que el 90 % de las personas con Alzheimer experimenta síntomas conductuales y psicológicos, como depresión, ansiedad o agitación, este estudio sugiere que estos cambios comienzan incluso antes de que las personas tengan demencia diagnosticable”, afirma Katherine M. Roe, miembro de la Academia Americana de Neurología y autora del estudio.
Del estudio se deprende que la depresión de inicio tardío puede estar vinculada con el desarrollo de un cuadro de Alzheimer. Esto es un motivo más para que los pacientes que sufren esta patología sean evaluados y seguidos por un especialista.
Solemos relacionar Alzheimer con pérdida de memoria y la disminución de la autonomía de los afectados con la capacidad de tomar decisiones simples y complejas. Pero, ¿sabías que la fisioterapia es clave para mejorar los síntomas que produce esta enfermedad neurodegenerativa?
La rehabilitación puede ser un gran aliado para el Alzheimer. Hoy te lo contamos en este artículo:
El tratamiento rehabilitador no sólo ayuda al mantenimiento físico, sino también al cognitivo facilitando el aprendizaje de estrategias que mejoren su calidad de vida y la prevención de disfunciones o alteraciones físicas asociadas a la evolución de los síntomas de la enfermedad.
Pero, como os hemos dicho, no solo los enfermos deben prestar atención a la rehabilitación, sino que los familiares y los cuidadores también ya que, en muchas ocasiones, pueden forzar posturas o coger pesos que pongan en peligro su salud.
Ejercicios que aportan beneficios para el Alzheimer
La Confederación Mundial de Fisioterapia (WCTP), junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), elaboró hace unos años un proyecto en el que se reflejó el papel de la fisioterapia en un campo tan importante y cada vez más extenso como el de la tercera edad.
A partir de las conclusiones de dicho trabajo conjunto, y dada la relación entre la enfermedad de Alzheimer y la edad avanzada de las personas que la padecen, podemos definir los servicios que presta el fisioterapeuta a estos pacientes de esta manera:
Para proporcionar una fisioterapia eficaz a las personas con enfermedad de Alzheimer, el fisioterapeuta necesita unos conocimientos y técnicas relacionados con la prevención, el alivio y el tratamiento de los trastornos del movimiento que requieren estas personas, pero también debe tener una comprensión clara de las consecuencias psicológicas, sociales y ambientales del proceso de la enfermedad. Los fisioterapeutas colaboran con otros miembros del equipo multidisciplinario en una labor consultiva, educacional para el asesoramiento para los pacientes, familiares-cuidadores y personal del servicio sanitario y social.
Así, a partir de estas indicaciones que la OMS y la WCPT nos proponen respecto a la asistencia a los sujetos de tercera edad (en los que incluimos a los enfermos de Alzheimer), vamos a analizar los objetivos generales del tratamiento fisioterapéutico:
Procurar que el paciente con EA mantenga, el máximo tiempo posible, una calidad de vida independiente: saludable y físicamente activa, pero controlada.
Retardar la evolución de la enfermedad, potenciando el correcto funcionamiento del aparato locomotor, del sistema cardiorrespiratorio y de las capacidades psicomotrices.
Prevención de problemas que se asocian a la evolución de la EA: obstrucciones respiratorias, inmovilidad articular, ulceraciones por encamamiento prolongado.
Orientación a los familiares y/o cuidadores sobre aspectos sanitarios, así como prevención de lesiones producidas por el manejo de estos pacientes.
Algunas consideraciones previas
Posibles contraindicaciones: no recomendamos aplicar electroterapia a enfermos con Alzheimer debido a sus alteraciones sensitivas; también seremos cautos al aplicar las diversas formas de crio o termoterapia: infrarrojos, hidrotermoterapia… Asimismo, si existe patología reumática o cardiovascular asociada, habrá que ser muy precavido con el masaje, la hidroterapia y la cinesiterapia.
Factores que pueden complicar el tratamiento: en relación con lo comentado en el párrafo anterior, existen situaciones que podrían agudizar los síntomas del sujeto, y que deberemos evitar (6): angustia, cansancio, disnea, dolor, intolerancia al esfuerzo (hipertensión), déficit visuales o auditivos que dificultan la realización de actividades, hipo o hipersensibilidad cutánea, nivel mental e incapacidad física general.
Colaboración: es mínima en el caso del paciente, pero es fundamental la participación de la familia (o de los cuidadores) siguiendo las pautas que indique el fisioterapeuta (paseos, relajación en el baño, etc.).
Temporalidad: es importante que la sesión de fisioterapia sea a la misma hora cada día, sin una duración excesiva y que tenga una distribución de actividades con pocas variaciones de un día a otro.
Evaluación previa: imprescindible antes de plantear la terapia.
Tratamientos de fisioterapia
Fase Inicial de la enfermedad del Alzheimer
En esta etapa, que es en la que se suele diagnosticar la enfermedad, aún no se manifiestan graves problemas que requieran el tratamiento fisioterapéutico; aún no hay dificultades motrices ni graves alteraciones cardiorrespiratorias.
Objetivos específicos en la fase
Prevenir que las dificultades de movilidad, de desplazamiento y de desorientación que sufrirá el paciente se retarden.
Que el enfermo mantenga una vida lo más independiente posible.
Procurar que los déficit sean lo menos invalidantes posible.
Prevención de complicaciones asociadas: cardiovasculares, respiratorias.
Tratamiento
Relajación. El paciente es consciente de sus olvidos y alteraciones, lo cual le produce ansiedad y angustia. Por esto proponemos trabajar la relajación de diversas maneras:
En función del grado de colaboración del paciente, las técnicas habituales de Jacobson (por medio de contracciones isométricas de los distintos grupos musculares del cuerpo), Schultz («entrenamiento autógeno») o Le Huche (relajación «con ojos abiertos», que combina las anteriores) pueden ser eficaces.Además, las técnicas de Jacobson y Le Huche, al utilizar contracciones musculares, puede prevenir la mioatrofia.
Masaje: Cosgray lo recomienda incluso para tratar la depresión de los pacientes con EA. Interesante aplicarlo lento y semiprofundo, buscando un efecto sedante.
La musicoterapia: Lord y Garner (9) han demostrado el valor terapéutico de la música en un estudio realizado en personas con Alzheimer a las que se les ponía música de su juventud durante las sesiones de recreo, actividades, etc. Estas personas estaban más alegres y con un estado de alerta mayor que los pacientes en los que no se aplicó esto. Además, si se pone música durante la sesión de fisioterapia, podemos aprovechar los ritmos para nuestros ejercicios.
La hidroterapia: tanto la inmersión en piscina como la natación suave o la hidrocinesiterapia, además de sensación relajante, sirve de estímulo extero y propioceptivo, lo cual podría prevenir o disminuir las dificultades de estructuración de esquema corporal, equilibrio y desorientación espacial que empiezan a manifestarse en esta primera fase. Incluso se puede completar con ejercicios con balones, flotadores para, además, potenciar la movilidad y funcionalidad de las extremidades.
Si no contamos con la colaboración del paciente debido a que está sedado con medicación, con cinesiterapia activa-asistida podemos coadyuvar a que se relaje de una forma «más natural».
Potenciar la movilidad: como medio de prevención de atrofias y limitaciones mio-articulares, y para preservar la independencia del paciente. En este caso proponemos:
Bicicleta ergométrica, trabajando con suavidad, con el fin de favorecer la función cardiorrespiratoria, la movilidad articular, la coordinación y la resistencia al esfuerzo.
Potenciar y entrenar la deambulación (Fig. 1): si es posible, paseos al aire libre, en un entorno tranquilo y con control de esfuerzo.
Entrenamiento de la deambulación.
Gimnasia de mantenimiento y actividad física en general. Interesante realizar esto en grupos, por medio de actividades jugadas (10) empleando, por ejemplo, balones, globos, aros, etc. De esta manera podemos trabajar la coordinación y la organización espacial. Si, además, realizamos estas actividades con ritmos o música, ayudamos a mejorar la estructuración temporal del paciente. Se podría completar con los ya citados juegos en piscina de hidroterapia (con balones, flotadores).
Coordinación psicomotriz: la conseguiremos realizando los ejercicios comentados anteriormente de forma activa.
Fisioterapia respiratoria: en esta fase planteamos un enfoque de tratamiento preventivo o de mantenimiento (11), cuyo éxito dependerá del grado de colaboración (psíquica) del paciente:
Relajación y toma de consciencia postural.
Adquisición de hábitos posturales que mejoren la función respiratoria.
Toma de consciencia respiratoria y entrenamiento de la respiración nasal (muchos ancianos pierden este hábito).
Realización de movimientos de flexibilización torácica correctamente coordinados con la respiración: inspiración-extensión y espiración-flexión; además, el sujeto puede ayudarse acompañando con movimientos de extremidades superiores.
Aprendizaje y entrenamiento de la respiración diafragmática y del control espiratorio abdominal.
Empleo del espirómetro no sólo como medio de exploración de la capacidad espiratoria, sino como entrenamiento feed-back de la propia espiración.
Segunda fase en la enfermedad del Alzheimer
En esta segunda etapa se profundizará en el tratamiento iniciado en la fase anterior, si bien contaremos con el hándicap de que la colaboración del paciente será menor debido a su deterioro psíquico.
Objetivos específicos en esta fase
Mantener las máximas capacidades posibles de movilidad, desplazamiento e independencia en actividades básicas.
Prevención de las alteraciones cardiocirculatorias.
Prevenir las complicaciones de carácter respiratorio (bronconeumonías, síndromes obstructivos).
Tratamiento
Relajación: ya no sólo relajación desde el punto de vista psicológico (por la angustia y depresión que sufren estos pacientes), sino desde el punto de vista tónico, puesto que son frecuentes las contracturas extrapiramidales (1) producidas como efecto secundario de los fármacos. Las técnicas que emplearemos podrán ser:
Masaje, buscando efecto sedativo.
Hidroterapia: inmersión muy controlada en piscina, donde, además, podemos movilizar de forma activa o pasiva.
Cinesiterapia: activa o pasiva, de extremidades e incluso de tronco para, así, prevenir posibles distonías y desajustes posturales.
Tratamiento postural: en principio, enseñaremos al paciente y a los familiares y/o cuidadores las posturas más adecuadas en sedestación, en la cama, a la hora de hacer las actividades cotidianas, con vistas a evitar las posiciones viciosas y actitudes distónicas. Siempre y cuando el paciente colabore, trabajaremos:
Ejercicios flexibilizantes de columna y tórax: con el sujeto sentado, para mayor seguridad, se movilizará en flexo-extensión, rotaciones e inclinaciones, con un adecuado acompañamiento respiratorio.
Potenciación muscular: sobre todo de los músculos posteriores y de los músculos abdominales; estos ejercicios serán suaves, sin provocar excesivo esfuerzo ni agotamiento, y por poco tiempo.
Autocorrección de columna: bien en decúbito supino (con miembros inferiores en flexión) o sentado con la espalda apoyada en la pared: que el paciente realice autoelongaciones de su raquis, acompasando con la respiración.
Estiramientos activos: también podemos recurrir a los movimientos optokinéticos para guiar esos enderezamientos de columna.
Movilidad: se movilizarán todas las articulaciones de las extremidades en sus diferentes ejes de movilidad; en manos, propondremos actividades de destreza manipulativa con aros, pelotas y mesas canadienses. Si colabora el sujeto, los autopasivos con sistemas cuerda-polea pueden ser útiles
En cuanto a los ejercicios de columna, éstos serán muy suaves en cuanto a su ejecución. Si es posible, se trabajará de forma activa, aunque sea asistida, o por medio de actividades funcionales como el pedaleo, la marcha o bien ejecutando actividades de la vida diaria.
Con este trabajo no sólo preservaremos la movilidad y funcionalidad músculo-articular, sino se favorecerá la correcta función cardiovascular.
«el ejercicio favorece la movilidad, previene caídas y disminuye el dolor»
Equilibración y reeducación de la marcha: para prevenir el déficit de equilibrio que pueden tener estos pacientes, podemos emplear las típicas plataformas de propiocepción (tipo Freedman o Bohler) si las tolera el paciente anciano.
Respecto de la marcha, importante reentrenarla por medio de paseos, rampa, escaleras, deambulando sobre terrenos estables, incluso con apoyo de ayudas técnicas como bastones o andadores, retrasando todo lo posible que el paciente quede confinado en silla de ruedas.
Coordinación psicomotriz y perceptivo-motriz: que se podrá trabajar por medio de las pautas descritas en los apartados anteriores.
Tratamiento del dolor: además de la función de prevención del dolor que tiene el ejercicio, si se precisa hacer este tratamiento, se recomienda el uso de ultrasonoterapia (incluso sonoforesis de algún analgésico) y termoterapia o crioterapia con temperatura controlada; no hay que olvidar los frecuentes problemas sensitivos de las personas con Alzheimer avanzado, por lo que no recomendamos el empleo de electroterapia analgésica.
Fisioterapia respiratoria: para prevenir las complicaciones respiratorias. Importante trabajar con el paciente en espacios bien ventilados y con cierto grado de humedad. La pauta a seguir (14) puede ser la siguiente:
Toma de conciencia postural y relajación.
Toma de conciencia respiratoria (inspiración nasal, espiración bucal, ritmo respiratorio…) y reeducación de la respiración.
Coordinación de la respiración con movimientos de flexibilización torácica: la inspiración se acompaña de extensión, y la espiración se realiza durante los movimientos de flexión. Además, los ejercicios de cintura escapular favorecen esa flexibilización.
En función del grado de demencia que presente, si no puede colaborar satisfactoriamente, habrá que recurrir los ejercicios que presentamos a continuación:
Ejercicios de tos dirigida, para que sea eficaz, productiva y sin irritación glótica.
Práctica de la respiración diafragmática y potenciación muscular.
Práctica de la espiración abdominal libre o con asistencia de presiones manuales en abdomen y tórax inferior, así como por medio de cinchas abdominales.
Drenaje postural: recomendamos emplear las posiciones en decúbito supino, prono y laterales, junto con la llamada posición «de cochero», por ser éstas las mejor toleradas por los ancianos.
Maniobras de drenaje: por medio de clappin, vibratorios, taponteo, y combinando estas técnicas con las posiciones de drenaje.
Tercera fase en la enfermedad del Alzheimer
Aunque el desenlace de esta última etapa es fatal, el fisioterapeuta puede colaborar con su trabajo para que la vida postrera del enfermo de Alzheimer sea de la mayor calidad posible.
La situación que encontraremos es de un paciente encamado, muy deteriorado orgánica y psíquicamente, y con poca capacidad de colaboración voluntaria en las sesiones de tratamiento.
Objetivos específicos en la tercera fase
Prevención-tratamiento de las complicaciones propias del encamamiento: cardiorrespiratoria, cutáneas, inmovilidad.
Mantenimiento de la movilidad articular y del tono muscular.
Tratamiento fisiterapéutico
Cuidados posturales del encamado: en este apartado colaboraremos con el personal de enfermería para así orientar a auxiliares y/o familiares sobre las pautas de cambios posturales en la cama: alternando los decúbitos supino y laterales (incluso prono, si lo tolera), poniendo al paciente en sedestación al menos durante una hora diaria, y con vendajes preventivos en calcáneos. Ésta será la mejor manera de prevenir las peligrosas úlceras de decúbito.
Ozonoterapia: precisamente para el tratamiento de las úlceras.
Masaje tonificante: para mantener la turgencia de los tejidos cutáneos, especialmente en las zonas de la piel con prominencias óseas o sometidas a apoyo continuo en la cama; recomendamos emplear cremas hidratantes o aceites con esencias (romero, eucalipto).
Cinesiterapia: en esta fase será predominantemente pasiva y suave, aunque si el enfermo de Alzheimer puede colaborar, se procurará realizar de manera activa asistida.
Se trata de mantener el recorrido articular (sin forzar en exceso si existe contractura extrapiramidal, rigidez cápsulo-ligamentaria o afección reumática subyacente), así como favorecer la función circulatoria para mantener el trofismo de los tejidos muscular y articulares. Si hay dolor, dejaremos de movilizar, y en sucesivas sesiones aplicaremos termoterapia infrarroja o crioterapia (lo que mejor tolere el paciente) previamente a la movilización.
Fisioterapia respiratoria: aprovecharemos los cambios posturales en (cama y en sedestación) para el tratamiento de drenaje postural.
Clapping y masaje vibratorio, siempre durante la espiración, ayudarán al paciente a expulsar sus secreciones.
Respiración naso-diafragmática.
Espiración asistida, por medio de presiones manuales suaves en abdomen y tórax inferior durante la espiración.
CONCLUSIONES
Los fisioterapeutas debemos poner nuestros conocimientos y profesionalidad al servicio de los enfermos de Alzheimer, de sus familiares y de los equipos multiprofesionales que les atienden.
Es importante la exploración previa y la evaluación de la situación funcional del paciente para una mejor planificación del tratamiento fisioterapéutico del enfermo de Alzheimer.
La fisioterapia puede aportar, y mucho, a frenar el deterioro de estas personas y a la mejora de sus condiciones de vida.
Como dijo alguien:
La fisioterapia no da más años a la vida, pero sí que da más vida a los años
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