Carta de la esposa de un enfermo con Alzheimer precoz que murió con 36 años
Jason y Kamara se conocieron, se gustaron, se hicieron pareja, se casaron y tuvieron cuatro hijos ¿Qué fácil se resume toda una vida, verdad? Pero vivirla es mucho más complejo, tanto que Jason fue diagnosticado con enfermedad de Alzheimer a los 35 años y solo un año después falleció. La vida de Kamara y sus hijos cambió radicalmente. Su experiencia la refleja en una carta que publicó en la revista Good Housekeeping y que ahora se ha hecho viral en las redes sociales. Razones no faltan, cuenta la historia común de millones de personas cuidadores de un enfermo de alzheimer, solo que en este caso ocurrió antes, mucho antes de lo que se espera. Es lo que conocemos por Alzheimer precoz o temprano.
A continuación os dejamos la traducción de la carta escrita por Kamara:
‘Si hubiera sabido que todos los días iba a perder un pedazo de Jason, muchos de nuestros días habrían sido diferentes. Tal vez no me habría preocupado por las cosas insignificantes y habría atesorado cada momento. Le habría amado más. Pero yo no lo sabía.
La primera vez que vi a Jason, él estaba tocando la guitarra en una banda de la iglesia de nuestra universidad. Yo estaba en primer año y él en tercero. Era muy guapo, tenía grandes ojos azules y profundos hoyuelos. Fuimos de retiro con nuestro grupo pastoral juvenil el fin de semana y yo volví pensando que era muy divertido. Después, escribí en mi diario que había encontrado al chico con el que me quería casar. Jason era muy romántico: me compraba flores y escribía notas. La mayoría de la gente simplemente firma las tarjetas con su nombre, pero él subrayaba partes. Guardé cada entrada de cada película y concierto a los que fuimos, así como los programas de las iglesias a las que acudimos juntos, en una caja de recuerdos, mi caja de tesoros.
Después de un año de noviazgo, hablamos de boda. Hablamos de envejecer juntos, de tener una casa con la cerca blanca y un montón de nietos. Jason y yo nos sentaríamos en las mecedoras del porche. En la Navidad de 2001, fuimos a la casa del padre de Jason a intercambiar regalos. Cuando entré, me quedé atónita. Jason había decorado un árbol de Navidad con 100 luces y alrededor de 50 rosas rojas. Él me cantó una canción que había escrito para mí: “Nunca creí que podría pasarme a mí / lo he escuchado en canciones y lo he visto en la tele / Ahora te conocí y todo es completo…”.
Al final de la canción, me propuso matrimonio. “No hay nadie más con quien quiera pasar mi vida”, dijo. Por supuesto le dije que sí. No me podía imaginar no estar casada con Jason. Yo tenía 25 años cuando me quedé embarazada de Mya y Mateo, nuestros gemelos. Durante nuestra primera ecografía, cuando aparecieron dos círculos en lugar de uno, Jason se puso tan blanco como el papel.”¡Dos!”, dijo. Estaba tan emocionado… Cuando me dijeron que debía guardar reposo en cama durante 27 semanas, Jason fue increíble. Iba a comprar, cocinaba la cena y jugaba a juegos de mesa conmigo después. Era muy protector. Si trataba de levantarme para cepillarme los dientes, él gritaba: “¡No! Te lo traeré”. Después de que los gemelos nacieran, Jason se preocupaba por los detalles más pequeños. Yo tenía una agenda muy apretada y Jason era maravilloso haciendo todo: desde cambiar pañales hasta hacer dormir a los niños. Él les leía y, cuando crecieron, jugaba a la lucha libre. Grabó en video cada minuto de sus vidas. Antes de ponerlos a dormir, le veía a él acurrucado con ellos, cantando.
Un hombre diferente
Empecé a notar cambios en Jason en 2009, después del nacimiento de nuestro tercer hijo, Noah. Primero empezó a perder interés en su trabajo. Durante ocho años, fue uno de los profesores más queridos de nuestra escuela y adoraba ir a trabajar. Después, sin más, quería renunciar. Las personas se conmocionaron, y yo también.
Yo quería que él fuese feliz, así que le apoyé. Decidió trabajar para la cadena de comida rápida Chick-fil-A con el objetivo de convertirse en un operador de franquicia. Pero un par de meses después, Jason decidió cambiar de nuevo.
Esta vez quería hacer una prueba para el departamento de Policía de nuestra ciudad.
Al principio, le animé. A Jason parecía gustarle el desafío. Pero pronto me enteré de que no le era fácil. Algunas esposas de sus compañeros de la academia bromeaban sobre lo fácil que era, pero Jason se quejaba de lo difícil que le resultaba. Sus jefes le pidieron que escribiera sus informes de patrulla más rápido, lo que le generó estrés; empezó a perder peso y se volvió ansioso. “No puedo hacer esto”, me decía. A veces lloraba antes de los turnos, lo que era extraño porque nunca había sido un llorón.
Después de unos 11 meses, Jason dejó la Policía. En ese momento tuvo una infección en la piel. Estuvo en el hospital durante dos semanas. Fue entonces cuando me di cuenta de que decía cosas extrañas. Las enfermeras le preguntaban: “¿Cómo cogiste con esta infección?” . Él respondía: “Esta mañana recibí dos dosis”. Lo atribuimos a sus medicamentos, pero me preocupé.
Pronto Jason comenzó a luchar con la memoria. Él había sido entrenador de fútbol y baloncesto cuando era maestro, por lo que decidió ayudar a un amigo a llevar a cabo un programa de deportes para niños en edad preescolar. Pero Jason no podía cumplir un horario. Tenía que escribirse notas en la mano para recordar cuándo y dónde era. Y su falta de memoria empeoró. Una vez, Jason conducía hacia un partido de béisbol y fue en dirección contraria por una calle. En otra ocasión, fue a buscar a Mya al lado de la calle y se perdió al volver. La Policía le trajo a casa.
En Navidad de 2012, Jason salió a poner las luces de la casa, un trabajo que generalmente le llevaba una hora. Estuvo cuatro horas con eso hasta que las tiró en el garaje. “¡Estas estúpidas luces!” , gritó. Recuerdo que se puso las manos en el rostro y preguntó: “¿Por qué me está pasando esto a mí?”. Se le veía tan devastado…
Cuestionar todo
Yo nunca había dudado de nuestro matrimonio, pero supe entonces que algo andaba mal. Jason me culpó de cosas, decía que yo era demasiado dura con él. Hubo veces en que pensé: ‘”Tal vez soy yo”. Apenas hablábamos. Había pasado de ser una papá cariñoso a ser indiferente. Estaba embarazada de mi hija Kinsley y dejó de ir a mis citas con el ginecólogo. Antes, para nuestros hijos, estar con papá era lo mejor. Después, a la hora de dormir tenía que mantenerlos en calma mientras él me miraba irritado. Ahora tenía que decirle que fuera a jugar con ellos.
El divorcio nunca se me había cruzado por la cabeza, pero empecé a pensar en ello. Vimos a un psicólogo. En privado le dije al terapeuta lo que estaba sucediendo y nos recomendó un neuropsicólogo. Esa cita nos llevó a un neurólogo y eso nos derivó a otra docena de citas y pruebas. Finalmente, nuestro neurólogo nos ayudó a conseguir una cita con la Clínica Mayo en Minnesota. Fuimos en octubre de 2013. Jason pasó varios días de pruebas, incluyendo tomografías por emisión de positrones y resonancias de cerebro. La noche antes de nuestro encuentro con su doctor entré a los registros en línea de los pacientes y vi sus resultados. No recuerdo las palabras exactas, pero el texto decía que la imagen del cerebro coincidía con la de una persona con la enfermedad de alzhéimer. Sentí que alguien me había apuñalado. “Señor”, recé, presa del pánico, “por favor, ayúdanos a atravesar esto”.
Fui a Google. Nadie en la familia de Jason había tenido alzhéimer. Simplemente no podía entenderlo. Me quedé dormida con la pequeña esperanza de que no fuera cierto. Pero en la cita, el médico lo confirmó. Más tarde, le pregunté a Jason si entendía lo que estaba pasando. Él no respondió, se limitó a asentir y lloró. Esa noche, nos abrazamos. Traté de dormir, pero en lo único que pensaba era en cómo íbamos a manejar la situación.
En casa, nos sentamos con los niños. “Nos enteramos de lo que le pasa a papá”, les dije. “Él no va a mejorar”. Ellos lloraron, pero creo lo entendieron meses después. Cuando llegó ese día, Matthew me preguntó: “Espera, ¿quieres decir que papá morirá?” . Le dije que sí. “Todos morimos tarde o temprano”, dije. “Sólo Dios sabe cuándo. Pero no podemos preocuparnos por eso. Sólo vamos a amar a papá”.
Encontrar maneras de aferrarse
Después de la visita a la Clínica Mayo, Jason comenzó a olvidar cómo cuidar de sí mismo, por ejemplo, cómo ducharse. Le mostré cómo hacerlo y él copió lo que yo hice, se frotó la cabeza y el cuerpo. Más adelante, empecé a hacerlo por él. Con el tiempo, Jason perdió la capacidad de hablar. Recuerdo el primer día que se acercó y no sabía mi nombre y el día cuando estábamos viendo fotos y no podía recordar los nombres de nuestros hijos. Ese fue uno de los peores días de nuestra historia.
Los médicos de Jason me dijeron que no podía estar solo nunca más, así que encontramos un lugar donde le cuidaran. Nuestros días eran una locura: me levantaba a las 4:45 de la mañana para llevar a los niños al colegio y para vestir a Jason. Me iba a las 6:45 a dejar a Kinsley en su guardería y a Jason en el lugar donde le cuidaban.
Mis compañeros de trabajo preparaban la cena para nosotros dos noches por semana, aunque estiraba las sobras para cubrir cuatro noches. Luego le bañaba y le acostaba. Alrededor de las 23 horas, me recostaba al lado de Jason y me dormía llorando. El centro de Jason era demasiado caro como para costearlo con mi sueldo de maestra. En un momento me presenté voluntaria para tener cupones de alimentos del suplemento especial del Programa de Nutrición para Mujeres, Infantes y Niños (WIC).
Nuestra comunidad nos salvó. Un amigo realizó una recaudación de fondos en Facebook, lo que desencadenó más eventos: una venta de garaje y una recaudación de fondos en el centro de Jason. Juntamos miles de dólares.
Cuando me sentía triste, alguien hacía algo increíble. El último día de San Valentín, me trajeron regalos a la escuela. Mis amigos de Arizona vinieron por mi cumpleaños. Durante un tiempo, cada semana alguien se quedaba con Jason para que yo pudiera ir a hacer algo que me gustara a mí. Los vecinos nos cortaban el césped y mi iglesia costeaba mis sesiones de terapia. Es por la gracia de Dios que estamos donde estamos ahora.
Ver a su papá tan enfermo estaba afectando a los niños, así que en abril decidí enviar a Jason a un centro médico. En mayo, mi suegra se fue a vivir con nosotros; pasaba todos los días con Jason. Llevaba a los niños a verlo dos veces por semana, casi siempre era los sábados y los domingos después de la iglesia. Mientras los niños jugaban afuera, me sentaba con él y mirábamos fotos y le contaba historias. Todavía podía hacerlo reír.
Tal como éramos
Los niños entendían que no sabíamos cuánto tiempo más iban a tener a su papá a su lado. Yo respondía a sus preguntas lo más honestamente posible. Matthew y Noah estaban saltando en la cama elástica cuando escuché a Matthew decir: “No me pegues tan fuerte en la cabeza, no quiero tener alzhéimer”.
Pensé mucho en eso. No quería que ellos tuvieran miedo, e intenté que recordaran a su padre como
alguna vez fue. A Matthew le encanta hacerse pasar por personajes como el ‘monstruo de las galletas’ de Barrio Sésamo. Jason solía ser muy bueno imitando voces, así que le dije: “Eso es algo que sacaste de papá”. En el centro médico de Jason, ese verano el personal les preguntó a los niños si querían compartir un recuerdo con ellos. Mya habló sobre su baile con Jason en febrero. Ellos bailaron ‘Butterfly Kisses’. Dijo que fue la mejor noche de su vida.
Cuando comenzamos este viaje, recuerdo haberme preguntado: “¿Por qué, Dios? ¿Por qué Jason?”. Desde entonces, he encontrado algo de paz. He recibido cartas de personas cuyas vidas él tocó, y alguien me dijo: “Jason era el profesor favorito de mi hijo”. Su vida fue corta, pero generó gran impacto.
Nunca se sabe adónde irá nuestra vida cuando haces tus promesas nupciales y dices “… hasta que la muerte nos separe”. Yo nunca podría haber imaginado que esto terminaría así. Pero sabiendo cuán grande fueron los buenos tiempos, no cambiaría nada.
Jason era un padre amoroso y un marido cariñoso. Mi mejor amigo. Tengo que confiar en que esto fue parte de un plan de Dios. Le voy querer y a pensar en él siempre’.
Las etapas en la enfermedad del Alzheimer siguientes proporcionan una idea general de cómo cambian las habilidades una vez que aparecen los primeros síntomas y sólo deben utilizarse como guía general. Las etapas en la enfermedad del Alzheimer están separadas en tres grandes categorías diferentes: la enfermedad del Alzheimer leve, la enfermedad del Alzheimer moderada y la enfermedad del Alzheimer severa. Tenga en cuenta que puede ser difícil ubicar a una persona con la enfermedad del Alzheimer en una etapa específica.
En España, más de 800.000 personas tienen la enfermedad de Alzheimer. En todo el mundo, al menos 44 millones de personas tienen demencia, lo que convierte a esta enfermedad en una crisis de salud mundial que debe abordarse.
Un diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer le cambia la vida no solo a la persona con la enfermedad, sino también a sus familiares y amigos. Sin embargo, hay información y recursos de apoyo disponibles. Nadie debe enfrentar la enfermedad de Alzheimer ni ninguna otra demencia solo.
Descripción general de progresión en la enfermedad del Alzheimer
Los síntomas de la enfermedad del Alzheimer empeoran con el tiempo, aunque la velocidad a la que progresa la enfermedad varía. En promedio, una persona con la enfermedad del Alzheimer puede vivir entre 4 y 8 años después del diagnóstico, aunque puede vivir hasta 20 años dependiendo de otros muchos factores.
Los cambios en el cerebro relacionados con la enfermedad del Alzheimer comienzan años antes de que los signos de la enfermedad aparezcan. Este periodo de tiempo, que puede durar años, se le llama «preclínica del Alzheimer».
Primera etapa en la enfermedad del Alzheimer: estadio temprano
En un inicio, este trastorno cognitivo del que hacemos referencia, aunque puede ser detectado por la familia –Cómo detectar los primeros síntomas del Alzheimer-, es leve y afecta poco a la vida cotidiana. A este estadío se le denomina «Deterioro cognitivo ligero«, y podemos decir que es un periodo intermedio entre elenvejecimiento normal y la demencia.
En la primera etapa de la enfermedad del Alzheimer, la persona puede vivir de manera independiente. Puede todavía conducir, trabajar y ser parte activa de las actividades sociales. A pesar de ello, la persona puede tener fallos de memoria, como el olvido de palabras familiares o la ubicación de los objetos cotidianos.(ver entrada –¿Tengo Alzheimer?-)
En este ciclo se va a observar, sobre todo, una afectación de la memoria pero pueden verse dañadas también otras áreas de forma aislada o conjunta. Como consecuencia, en la práctica diaria observamos cómo comienzan a objetivarse pequeños fallos en las actividades instrumentales de la vida diaria: uso del teléfono; administración de medicamentos; preparación de las comidas; el mantenimiento de la casa; gestión de las finanzas; compras; uso del transporte (más información en el artículo “Actividades de la Vida Diaria y Alzheimer”)
La evolución de este deterioro cognitivo ligero es muy variable: hay muchos pacientes que se mantienen estables; incluso hay algunos enfermos que mejoran sus déficits al cabo de los años; pero hay un porcentaje alto que va a seguir progresando en la enfermedad hacia la Demencia, generalmente de tipo Alzheimer.
La importancia del diagnóstico en estas fases iniciales es fundamental, ya que hoy en día disponemos de algunos fármacos que han demostrado la eficacia en el control temporal de los síntomas cognitivos, conductuales y funcionales de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, en ausencia de un tratamiento curativo, es necesario un abordaje terapéutico multidimensional que incluya, además de los tratamiento farmacológicos, intervenciones no farmacológicas dirigidas a optimizar la cognición, la conducta y la funcionalidad de los pacientes.
Segunda etapa en la enfermedad del Alzheimer: etapa central
En esta etapa, la persona comienza a ser incapacitada por la enfermedad del Alzheimer:
Las personas con Alzheimer pueden recordar el pasado distante y, a la vez tener dificultad para recordar hechos recientes.
Tienen dificultad para reconocer la fecha, la hora y el lugar.
Pueden inventar nuevas palabras a medida que pierden su vocabulario viejo.
No pueden reconocer rostros familiares antes conocidos.
La memoria se altera progresivamente. El enfermo olvida los sucesos recientes. No se acuerda de lo que acaba de comer; acusa a sus amigos de abandonarlo porque no vienen a visitarlo. No puede asimilar o comprender los hechos nuevos. Sin embargo, el recuerdo de hechos lejanos persiste aunque los sitúe mal en el tiempo en que transcurrieron: el enfermo de Alzheimer pide noticias de su madre fallecida recientemente o menciona a personas a las que no ha visto desde hace años.
En cuanto a su comportamiento, en esta etapa en la enfermedad del Alzheimer comienzan las reacciones agresivas, desproporcionadas respecto al motivo que las ha desencadenado. Puede acusarle de robarle si no encuentra su monedero; grita e incluso se vuelve agresivo si se insiste para que se bañe. Cuanto más depende de otros más se irrita. Su fatiga aumenta y no hace nada sin que se le estimule. Experimenta miedos injustificados; un ruido, una cortina que se mueve o una luz pueden desencadenarlos. Camina durante horas de un lado a otro. Se levanta durante la noche y prepara su maleta para volver a casa
Lenguaje y comprensión. El conjunto de la comunicación con los demás se hace más difícil: habla menos, su vocabulario se empobrece, repite siempre las mismas palabras o las mismas frases durante horas. Cuando responde a las preguntas lo hace lentamente, buscando las palabras; no acaba las frases.
Coordinación de gestos. Sus gestos son imprecisos: se abrocha mal los botones, sostiene mal el tenedor o el cuchillo. Pierde el equilibrio. Se golpea con facilidad y las caídas son frecuentes. Se mueve lentamente y necesita que lo ayuden para ir a su habitación o al baño. Pueden aparecer movimientos anormales como temblores, contracturas musculares o convulsiones.
entre sus ropas, pues se viste sin importarle como, y sin tener en cuenta la estación o los convencionalismos sociales;
entre los platos que ponen en la mesa;
entre las etapas habituales de su baño o ducha: ¿cuándo quitarse la ropa?,¿cuándo enjabonarse?, ¿cuándo secarse?
Por otro lado pierde su autonomía ya que no puede conducir, ni viajar en metro o en autobús sin compañía. Se pierde incluso en un trayecto que le es familiar.
Puede dedicarse a actividades peligrosas para si mismo y para los demás como abrir la llave del gas sin encenderlo, u olvidar su cigarrillo y prender fuego por accidente.
Es decir, el enfermo en la segunda etapa de la enfermedad del Alzheimer ha de ser vigilado las 24 horas del día, lo que significa que sus familiares deben prestarle atención constante.
Tercera etapa en la enfermedad del Alzheimer: etapa tardía
En esta tercera y última etapa, se presenta una amplia y marcada afectación de todas y cada una de las facultades intelectuales. Los síntomas cerebrales se agravan, acentuándose la rigidez muscular así como la resistencia al cambio postural. Pueden aparecer temblores y hasta crisis epilépticas.
El enfermo con Alzheimer no reconoce a sus familiares y llega el momento en el que desconoce su propio rostro en el espejo. La personalidad que siempre acompañó a la persona, desaparece por completo. Los pacientes se muestran profundamente apáticos, perdiendo las capacidades automáticas adquiridas como la de lavarse, vestirse, andar o comer, y presentan una cierta pérdida de respuesta al dolor.
Más adelante, tienen incontinencia urinaria y fecal. En la mayoría de los casos el paciente finaliza encamado, con alimentación asistida. Por lo común, los enfermos con Alzheimer suelen morir por infecciones en las vías respiratorias, neumonía, infecciones urinarias o de la piel por escaras u otro tipo de complicación.
¿Sabrias distinguir entre la enfermedad del Alzheimer y otros tipos de demencia? Te mostramos las preguntas más habituales a las que nos enfrentamos cuando un familiar es diagnosticado de Alzheimer.
De la conducta de cada uno depende el destino de todos
¿Cuál es el perfil habitual de una persona con Alzheimer?
El perfil habitual de una persona con Alzheimer suele ser el de una persona mayor de 65 años, frecuentemente mujer, con varias enfermedades a la vez, que le ocasionan problemas asociados a la demencia como incontinencia, caidas, malnutrición, que presenta problemas cognitivos como pérdida de memoria, de orientación, del lenguaje, … que le conduce a la necesidad de ayuda de una persona primero para la realización de actividades instrumentales de la vida diaria:
asuntos laborales,
asuntos financieros,
comprar adecuadamente,
uso de la medicación,
uso de transportes públicos, etc.
y posteriormente para las actividades básicas:
Aseo,
Baño,
control de esfínteres,
alimentación
y/o vestido
Y que además viven en su domicilio atendido por un cuidador que suele ser la mujer/el marido o los hijos. Estos habitualmente suelen ser personas mayores.
¿Cuáles son los síntomas que hacen sospechar que la persona tiene la enfermedad del Alzheimer?
La persona con enfermedad de Alzheimer ya no es la misma. Su forma de ser, cambia.
La demencia es un cambio cuantitativo, pero sobre todo cualitativo en la persona. El síntoma principal en la persona enferma de Alzheimer es sobre todo la pérdida de la memoria. Comienza a apreciar cómo los aspectos cotidianos del día a día pasan por su vida y no es capaz de recordarlos. Dichas alteraciones de la memoria se acompañan con alteraciones de la orientación, disminución en la habilidad para resolver tareas complejas, como cocinar, cuidar de la casa, costura, manejo de las cuentas bancarias, y comportamiento pasivo, ausente, apático, irritable, desconfiado o inadecuado. Todo ello, acompañado de trastorno afectivo depresivo o bien, en ocasiones, presentando la respuesta contraria sin conocer los fallos y negándolos.
¿Quién realiza el diagnóstico y quién debe seguir a la persona con Alzheimer?
El diagnóstico del Alzheimer la realiza el médico de atención primaria y la confirmación del diagnóstico el médico especialista en geriatría, neurólogo y/o psiquiatra, quienes además marcarán el tratamiento farmacológico adecuado a los síntomas cognitivos y no cognitivos como la depresión, ansiedad, insomnio y trastorno de conducta graves como delirios, alucinaciones, agitación y agresividad, así como la valoración de las diferentes enfermedades que acompañan con frecuencia al envejecimiento produciendo incapacidad.
Es posible que el médico de atención primaria recomiende que se realice un examen más a fondo en un centro de evaluación de la enfermedad de Alzheimer, o por un especialista en demencia o geriatría. Dicho examen probablemente incluya una meticulosa evaluación médica y personal, además de diversas pruebas neurológicas y neuropsicológicas. La evaluación de la demencia debe incluir entrevistas con familiares y otras personas que tengan estrecho contacto con el paciente.
El seguimiento lo realizarán de forma conjunta entre el equipo de atención primaria (médico, enfermera, trabajador social) como principal gestor de la enfermedad y del enfermo, y en estrecho y ágil contacto con los diferentes especialistas, que según el estadio de la enfermedad deberán de coordinarse con la atención primaria (Unidades de memoria, unidades geriátricas de agudos, asistencia hospitalaria a domicilio, etc).
El Alzhéimer es una enfermedad que se puede prevenir o, por lo menos, prolongar unos años más el estado de bienestar cognitivo. Los expertos recomiendan aprender a detectar los primeros síntomas y ejercitar tanto la memoria como la función intelectual. Es muy importante tener en cuenta los factores de riesgo, ya que pueden ser claves en la detección temprana de esta enfermedad. Hasta el momento no se puede afirmar que se puede detener su evolución, pero detectarla a tiempo puede ayudar mucho a mejorar la calidad de vida del paciente. No hay manera de predecir si una persona va a padecer la enfermedad de Alzheimer. El diagnóstico precoz de la Enfermedad de Alzheimer puede mejorar la calidad de vida del paciente, pero no va a servir para modificar sustancialmente su evolución. Pero si, al menos hasta la fecha, hay datos que indican que la Enfermedad puede aparecer un poco más tarde si se siguen unas pautas sencillas. Si bien los científicos aún no logran ponerse de acuerdo sobre los orígenes de esta enfermedad, investigaciones preliminares sobre el tema sugieren que algunas estrategias para mantenerse saludables a medida que se envejece reducen el riesgo de desarrollar el alzheimer. Varios estudios le dan un gran valor al continuar aprendiendo a lo largo de la vida y al hecho de tomar parte activa en actividades que son mentalmente estimulantes. Existe evidencia clínica que sugiere que las funciones mentales y físicas pueden mejorar con la actividad física aeróbica. Algunas recomendaciones saludables incluyen el disminuir los niveles de colesterol, controlar la presión arterial, el peso y la diabetes y ejercitar el cuerpo y la mente.
El número de enfermos de Alzheimer puede triplicarse en 2050 si no le ponemos cura
Algunos de los consejos para prevenir o retrasar la aparición del Alzheimer son:
Controlar los factores de riesgo vascular
Modificar el estilo de vida
Ejercicio mental: Leer de forma habitual y escribir de forma continuada. Al igual que el ejercicio físico, hacer funcionar al cerebro es básico. Aunque no nos demos cuenta, las actividades más elementales pueden hacer trabajar al cerebro, de forma que el temido deterioro cognitivo pueda paralizarse, al menos, temporalmente.
Varios estudios confirman que las personas analfabetas sufren alzheimer a edades más tempranas, y por el contrario, las personas más ágiles en lectura y escritura sufren una pérdida de memoria asociada a la edad más tardía.
Bilingúismo. Hablar varios idiomas
Llevar una dieta adecuada. mantener una dieta equilibrada y rica en vitaminas y minerales es otro consejo clave pararetardar el deterioro cognitivo
Dormir adecuadamente. El descanso es fundamental para tener una buena salud
Ser optimista: relacionarse con otras personas ayuda a enriquecer el sentimiento de pertenencia, de forma que la emoción que produce la felicidad retrasa la oxidación cerebral y por tanto, retarda la aparición de enfermedades.
Mantener la ansiedad a raya. El estrés es un gran enemigo.
¿Es hereditario el Alzheimer?
Existen dos variantes de la enfermedad del Alzheimer. Una, bastante rara, que se llama Enfermedad de Alzheimer familiar, se desarrolla en personas menores de 65 años, dándose algunos casos en personas jóvenes entre los 30s y los 40s. Se han identificado apenas unos cientos de casos en todo el mundo y es una enfermedad hereditaria. Esta variante de la enfermedad se debe a un trastorno genético.
La segunda variante de esta enfermedad es conocida como Enfermedad de Alzheimer tardío, y es la forma más común. El alzhéimer tardío ocurre después de los 65 años y se da principalmente entre personas mayores de 70 y de 80 años. Se sabe por estudios que un historial familiar de alzhéimer incrementa también el riesgo de sufrir esta enfermedad. Aunque se sabe que los genes juegan un rol primordial en la variante tardía de la enfermedad ciertos genes probablemente interactúen con algunos factores ambientales aún desconocidos para causar la aparición de esta enfermedad.
¿Cuál es la diferencia entre el alzheimer y otras demencias?
La demencia es un término genérico que agrupa a todos los trastornos crónicos en que se da un deterioro generalizado de las facultades intelectuales, en personas que previamente han tenido un desarrollo intelectual normal, lo que nos sirve para distinguir estos procesos de los retrasos mentales.
Además del deterioro intelectual, hay cambio en el humor y la conducta, que no siempre está claro si son concomitantes o causados por ese deterioro intelectual. Todas las demencias tienen una causa de fondo que es el deterioro cerebral, específico para cada enfermedad. Ese deterioro específico también suele producir signos o síntomas más o menos específicos que permiten muchas veces presumir la causa de la demencia, porque el diagnóstico absolutamente seguro sólo se obtiene examinando directamente el cerebro, lo cual sólo es posible en la autopsia o en una biopsia, que no siempre es recomendable ni fiable.
La enfermedad de Alzheimer, concretamente, se debe a un cambio bioquímico que se da en la corteza cerebral, lo que produce la acumulación de ciertas sustancias que resultan nocivas para las neuronas, las células de la corteza. Otra demencia, muy frecuente también en personas mayores, es la demencia vascular, o multi-infarto, producida por un deterioro de las arterias cerebrales que hace que pequeñas zonas del cerebro mueran ante la falta de aporte sanguíneo. Aparte de estas dos más frecuentes, hay otras muchas causas de demencia, como algunos casos de la enfermedad de Parkinson, la corea de Huntington, hidrocefalia, tumores y hematomas cerebrales, infecciones, etc.
¿cómo explicar la enfermedad del Alzheimer a los niños?
Decir que el abuelo está enfermo y que hay que cuidarlo no es tan sencillo. En ocasiones, los niños rechazan, no aceptan o no entienden la enfermedad, les cuesta entender qué está pasando con un ser querido que de repente no les conoce, que hace cosas sin sentido.
Es el momento de explicarles con un lenguaje claro en qué consiste la enfermedad, tranquilizar sus posibles miedos e incluso hacerles participes de algún cuidado ya que su influencia puede ser muy positiva para ayudar a un ser querido que con los años va volviendo a una segunda infancia. Es interesante esta comparación entre la tercera edad y la infancia.
Dijo el niño... "algunas veces dejo caer mi cuchara". Dijo el abuelo... "Yo también lo hago"
El niño susurró... "alguna vez me hago pis". Yo también... sonrió el abuelo.
Dijo el niño... "A menudo lloro". El abuelo apunto: "yo también".
Pero lo peor de todo, dijo el niño, parece como si los mayores no me tomaran en cuenta, no me hicieran caso.
Sintió la mano caliente y amistosa del abuelo... se lo que significa.
Para que esto último no ocurra todos debemos implicarnos en el cuidado y atención de los enfermos de Alzheimer.
Una vez diagnosticada la enfermedad del Alzheimer, hay que tener en cuenta tanto las características de la enfermedad como las características del paciente en que se produce. La evolución de la demencia hace que el pronóstico, los objetivos y el nivel de tratamiento varíen a lo largo de la evolución de la enfermedad.
El inevitable declinar de estos pacientes conduce a un deterioro significativo de las funciones cognitivas con repercusiones en actividades básicas de la vida diaria (ABVD). Esta pérdida de autonomía conduce en muchas ocasiones a necesitar ayuda de un cuidador o incluso a la institucionalización del paciente. El enfermo va a requerir atención a lo largo de toda la evolución de su enfermedad. El manejo en los estadios avanzados es complejo con escasa perspectivas de supervivencia y de recuperación funcional, lo que en ocasiones conduce a un “abandono” que genera sobrecarga y sufrimiento tanto en el paciente como en la familia. Estos pacientes tienen derecho a beneficiarse de los mismos recursos que otros pacientes en situaciones finales de la vida. Sin embargo, las alteraciones en la comunicación y las alteraciones de conducta hacen que sea más difícil la identificación y tratamiento de los problemas que presentan y del sufrimiento que generan.
Algunos síntomas son más frecuentes en los estadios avanzados de la enfermedad, como la agitación, conducta motora aberrante, la agresión y la alteración del sueño. Estos síntomas pueden estar relacionados con la evolución de la enfermedad y pueden indicar una forma de expresión o de comunicación, de confusión, dolor o mal estado.
Existen múltiples guías de práctica clínica sobre el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer (EA) y otras demencias, que intentan disminuir la variabilidad de la práctica clínica y recomendar las orientaciones más avaladas por la evidencia científica. (Knopman et al. 2001) (Small et al. 1997). El objetivo del tratamiento a largo plazo es mejorar la calidad de vida de los pacientes y de los cuidadores.
Generalidades del tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico debe integrarse en el plan de atención y apoyo, incluida la prevención de complicaciones de la enfermedad y la educación de los cuidadores.
Los pacientes con demencia en estadios avanzados deberían poder beneficiarse de las terapias sintomáticas anti-demencia en las cuales la eficacia ha sido demostrada. Hasta el momento existen dos clases de fármacos para el tratamiento de los síntomas de la EA. Estos son los inhibidores de la colinesterasa (IChE) y los antagonistas del NMDA.
Inhibidores de la colinesterasa
Son utilizados primariamente como tratamiento sintomático a largo plazo. Las observaciones clínicas indican que su principal efecto es el tratamiento sintomático, con una actividad modificadora de la enfermedad limitada.
Donepezilo: Es el medicamento más ampliamente prescrito en la EA. Está oficialmente aprobado para estadios leves, moderados y severos de la enfermedad (Feldman et al. 2005). También ha demostrado beneficio en la demencia vascular, en la demencia por EP y la enfermedad por cuerpos de Lewy y en los síntomas cognitivos en la esclerosis múltiple. Su perfil farmacocinético, farmacodinámico, tolerabilidad e interacción con otras drogas lo convierte en un fármaco de uso seguro (Seltzer 2007). Aunque su eficacia es limitada, existe evidencia que demuestra un beneficio cognitivo, de la función global y de alteraciones del estado del ánimo como la apatía, ansiedad y depresión (Gauthier et al. 2010) (Wilkinson et al. 2009). Entre sus efectos adversos se encuentran los gastrointestinales y otros menos frecuentes como la anorexia, cefalea, sincopes o incontinencia urinaria. Es metabolizado por el hígado y en casos de insuficiencia hepática leve-moderada o insuficiencia renal se recomienda ajustar la dosis.
Rivastigmina: Es un IChE y también de la butirilcolinesterasa. Se ha observado que proporciona beneficio en la cognición, función global y actividades de la vida diaria. Puede retrasar el comienzo de los SPCD y por tanto reducir el tratamiento con antipsicóticos (Suh et al. 2004) . Los efectos adversos varían con la dosis y son principalmente gastrointestinales. Otros efectos adversos menos frecuentes son el mareo, la cefalea y la fatiga. Recientemente se ha comercializado un parche transdérmico con mejor tolerabilidad que la presentación vía oral, permite la liberación sostenida y mantenida del fármaco, favorecen el cumplimiento terapéutico y presenta una menor incidencia de efectos secundarios (Winblad et al. 2007).
Galantamina: Es un IChE que a diferencia de otros tratamientos tiene un efecto de modulación en los receptores nicotínicos del cerebro. Estos receptores se han asociado a la atención, memoria y aprendizaje (Maelicke et al. 2001). Ha demostrado ser eficaz en la cognición y en el retraso de los síntomas psicológico-conductuales (SPCD) especialmente en casos de conducta motora aberrante, apatía, desinhibición (Patterson et al. 2004). Los beneficios clínicos de la galantamina también se traducen en beneficios en el cuidador (Sano et al. 2003) . Se ha observado que el tratamiento con galantamina a largo plazo en pacientes con EA y pacientes con EA y enfermedad cerebrovascular, se asoció a un retraso en la institucionalización de los pacientes (Feldman et al. 2009).
Inhibidor del receptor glutaminérgico. Memantina
A finales del 2003, la FDA aprobó la comercialización de la memantina, que es un inhibidor del receptor glutaminérgico NMDA. Fue el primer fármaco aprobado para la EA moderada-grave. En este grupo de pacientes ha demostrado beneficios en la cognición, actividades de la vida diaria, función global y conducta (Raina et al. 2008) (Tariot et al. 2004). También se ha estudiado en pacientes en estadios leve-moderados de la enfermedad, presentando un beneficio significativo en la cognición, conducta y función global (Peskind et al. 2006). Los efectos adversos más frecuentes son el mareo, confusión, cefalea y estreñimiento.
Se han establecido consensos por diferentes sociedades para el manejo de estos fármacos. El consorcio europeo de Enfermedad de Alzheimer (EADC) propone comenzar con el tratamiento si no existen contraindicaciones. El objetivo de estos fármacos es el enlentecimiento, estabilización o mejoría de los síntomas. Se necesita un período aproximado de 6-12 meses para valorar los posibles beneficios y su mantenimiento debería continuar mientras se objetive un beneficio (Nourhashemi et al. 2010). En todos los casos tanto en los estadios leves-moderados como en los severos se debe reevaluar periódicamente medica, psicológica y socialmente al paciente y adaptar el plan de cuidados según la evolución. Es importante la entrevista con la familia y la revisión los parámetros biológicos (Vellas et al. 2005).
Se recomienda la continuación del tratamiento siempre y cuando el beneficio clínico que aporte persista. El hecho de que el paciente sea institucionalizado no justifica la interrupción del tratamiento. Se recomienda la retirada del tratamiento cuando el estado del paciente no asegura la correcta prescripción.
La fase final de la enfermedad se puede definir como aquella en la que las funciones cognitivas del paciente se encuentran profundamente alteradas, sin comunicación, se encuentra encamado y totalmente dependiente para las ABVD. En estas etapas los tratamientos específicos como los IChE o memantina ya no están indicados y deben suspenderse. Sin embargo, si al retirarlos apareciesen síntomas severos del comportamiento, podrían ser reintroducidos de nuevo.
Los SPCD son muy frecuentes y suelen ser el principal elemento perturbador del cuidador y en muchas ocasiones son causa de institucionalización. Existe cierta controversia sobre la frecuencia de estos síntomas a lo largo de la evolución de la enfermedad, sin embargo parece que los síntomas psicóticos son más frecuentes en los estadios avanzados de la enfermedad (Lyketsos et al. 2000). Los SPCD contribuyen al incremento de co-morbilidad, caídas, institucionalización y repercuten de forma importante en el cuidador. Una vez descartadas posibles causas orgánicas o iatrogénicas, se recomiendan emplear medidas no-farmacológicas y solo cuando éstas no han sido suficientes se debe iniciar el tratamiento farmacológico (Nourhashemi, Olde Rikkert, Burns, Winblad, Frisoni, Fitten, & Vellas 2010).
La prescripción de drogas psicotropas no debe ser sistemática y debe ir precedida de un análisis global. Entre los efectos secundarios de los fármacos psicotropos se encuentran la inmovilización o las caídas secundarias al exceso de sedación.
Otros fármacos más estudiados son:
Antiepilepticos: El uso de antiepilépticos se ha evaluado en el control de los SPCD. La carbamazepina han demostrado mejoría en la agitación y agresión, aunque presenta efectos secundarios a tener en cuenta como la anemia aplásica y la agranulocitosis (Tariot et al. 1999).
Benzodiacepinas como el lorazepam y el oxazepam se usan de forma frecuente en el manejo de la agitación, aunque su eficacia es dudosa. Son seguros cuando se utilizan a dosis bajas pero cuando se aumenta la dosis son comunes efectos secundarios como la hipersedacion, ataxia, confusión y agitación paradójica. Si se usan durante tiempo prologando es probable que aparezca tolerancia y dependencia del fármaco. El zolpidem es un hipnótico que puede ser útil para restaurar el patrón del sueño en pacientes ancianos (Shelton and Hocking 1997).
Ansiolíticos como la buspirona han demostrado reducir la ansiedad, agresión, o agitación en pacientes con demencia.
Antidepresivos: El uso de antidepresivos ha demostrado eficacia en el tratamiento de las demencias siendo esta sintomatología frecuente sobre todo en las fases iniciales de la enfermedad.
Restricciones físicas
Los trastornos de conducta, como pueden ser la agitación o el vagabundeo, la inestabilidad en la marcha y un alto riesgo de caídas, en ocasiones son objeto de restricciones físicas. Esta práctica puede ser habitual tanto en el medio hospitalario, como residencial o en el domicilio y es percibida en general, como una medida para evitar al paciente caídas y accidentes. Sin embargo no se debe establecer la sujeción mecánica sin previamente haber considerado todas las medidas alternativas que puedan evitarla. Hay que tener en cuenta que no deja de ser una medida limitadora de la libertad y autonomía de las personas y que tiene riesgos y complicaciones como la inmovilidad, la pérdida de masa muscular, las úlceras por presión, las contracciones, el riesgo de trombosis, el aumento de agitación y en casos extremos la muerte por compresión de la cincha.
Deterioro funcional
El deterioro de la capacidad de las ABVD es un elemento esencial en el diagnóstico de la demencia y representa un impacto en la calidad de vida del paciente y del cuidador. Se recomienda la evaluación del deterioro funcional en el plan de cuidados. La evaluación de la capacidad del paciente para llevar a cabo actividades de la vida diaria, determina las diferentes formas de asistencia que pueda necesitar. La evolución de la dependencia es variable a lo largo de la enfermedad y contribuye de forma significativa al incremento de comorbilidad, caídas e institucionalización. Es importante permitir al paciente hacer lo que es capaz, hay que valorar las capacidades residuales del paciente y que éstas sean utilizadas.
Co-morbilidad
En estos pacientes es importante tener en cuenta la co-morbilidad de las patologías asociadas, que implican un impacto en el funcionamiento cognitivo y en la calidad y esperanza de vida. Serán necesarias evaluaciones continuadas de las distintas patologías y de las medicaciones.
En estadios avanzados son frecuentes complicaciones como las infecciones de repetición y los trastornos en la alimentación. La presencia de aspiraciones repetidas, el deterioro inmunitario, la inmovilidad, la incontinencia y otros factores asociados a la enfermedad, son un problema frecuente. En ocasiones las infecciones son recurrentes y precisan un tratamiento adecuado. La forma de administración de un antibiótico depende del estado del paciente, pero se considera que los estadios avanzados es preferible la forma oral sobre la parenteral (Fabiszewski et al. 1990).
Alteraciones de la movilidad y caídas
Las caídas son factores de riesgo reconocidos de las demencias, son normalmente mas graves en ellos y tienen mayor incidencia de fractura por caída que la población control de la misma edad. Las alteraciones de la marcha son características de la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de cuerpos de Lewy o la demencia vascular, pero también aparecen en la EA. Es necesaria la evaluación regular de los trastornos del equilibrio y de la marcha. La lucha contra al osteoporosis, el uso de protectores de cadera y el ejercicio diario se consideran estrategias de prevención (Thompson et al. 2005).
Nutrición e hidratación
El 20-40% de los pacientes con demencia presentan pérdida de peso. Los mecanismos fisiopatológicos de la pérdida de peso son complejos y solo están parcialmente aclarados. Una de las principales causas es la falta de ingesta (Vellas, Lauque, Gillette-Guyonnet, Andrieu, Cortes, Nourhashemi, Cantet, Ousset, & Grandjean 2005). En el caso de pacientes en estadios avanzados su estado neurológico conduce a trastornos alimentarios: comportamiento resistente, dispraxia general, agnosia, comportamiento selectivo, disfagia orofaríngea y disfagia faringoesofágica.
La desnutrición es, junto con los trastornos psiquiátricos y motores, una de las principales complicaciones en estos pacientes. La pérdida de peso se asocia a numerosas complicaciones como atrofia muscular, caídas, dependencia y mayor riesgo de institucionalización y mortalidad.
En los últimos años ha mejorado la alimentación complementaria y las técnicas de nutrición de pacientes en estadios avanzados, pero en algún momento de la evolución de la enfermedad siempre se plantea la imposibilidad de administrar suplementos. La decisión de nutrición enteral (NE) debe individualizarse, ser consensuada y meditada, sopesando el riesgo-beneficio. En la fase leve y moderada podría mejorar la situación global por lo que se recomienda con el objeto de aportar energía y nutrientes y evitar la desnutrición. En pacientes con demencia terminal, salvo en disfagias severas que impidan ingesta adecuada, no se recomienda ya que no hay evidencias que indiquen que la alimentación por sonda de gastrostomía percutanea mejore la supervivencia, el status funcional o el confort, no alivia el sufrimiento y puede aumentar la morbilidad (Finucane et al. 1999).
Dolor
La International Association for the study of Pain define el dolor como “una sensacion o experiencia desagradable, sensorial, y emocional que se asocia a una lesión tisular verdadera o potencial” (Vervest and Schimmel 1988). Se estima que el 50% de los individuos mayores que viven en la comunidad sufren dolor, en pacientes institucionalizados el porcentaje se incrementa hasta el 80% (Barkin et al. 2005). Se considera que el 49-83% de los pacientes con demencia institucionalizados padecen dolor crónico, siendo las patologías que con mayor frecuencia lo generan las ulceras por presión, la osteoartrosis y la osteoporosis. Menos del 40% de los pacientes con demencia institucionalizados reciben tratamiento analgésico. En los pacientes con demencia existe la dificultad en el reconocimiento e integración cognitiva de los estímulos sensoriales y en la expresión verbal de lo percibido (Anon 2002), por lo que en muchas ocasiones es un síntoma subestimado e infratratado. En los últimos años se han propuesto numerosas escalas observacionales para la valoración de la intensidad del dolor en pacientes con dificultades en la comunicación como las escalas PACSLAC y DOLOPLUS 2 (Herr et al. 2006) (Zwakhalen et al. 2006).
Las consecuencias del dolor no tratado pueden ser físicas, psicológicas y sociales (Bjoro and Herr 2008). El adecuado diagnóstico y tratamiento del dolor en el paciente mayor es considerado un marcador de calidad de los cuidados. La naturaleza mutildimensional del dolor en estados avanzados de la enfermedad requiere un modelo de intervención multifactorial que comprenda medidas farmacológicas, psicoterapéuticas y rehabilitadoras entre otras.
El cuidado al cuidador
Se debe considerar al cuidador como eje fundamental del plan de cuidados del paciente (Nourhashemi, Olde Rikkert, Burns, Winblad, Frisoni, Fitten, & Vellas 2010). Es quien mejor conoce al paciente y su información es fundamental para interpretar los comportamientos y las necesidades básicas del paciente. Es necesario informar al cuidador de las diferentes etapas de la enfermedad para que tenga una mejor comprensión de las consecuencias de la enfermedad y puedan contemplar las medidas que serán necesarias.
El cuidado de un familiar con demencia es estresante y puede contribuir a enfermedades psiquiátricas y médicas en el cuidador (Schulz and Martire 2004). Existen varios estudios de intervención que demuestran que el apoyo de cuidadores profesionales y de los médicos puede mejorar el estado de ánimo de los cuidadores y retrasar la institucionalización de los pacientes (Sorensen et al. 2002).
Existen diversos tipos de intervenciones con el objeto de disminuir la sobrecarga del cuidador. Se pueden hacer intervenciones centradas en el enfermo, disminuyendo los trastornos de conducta, mejorando la autonomía, utilización de centros de día o terapia psicológica. Las intervenciones centradas en los cuidadores muestran en diversos estudios una disminución del estrés del cuidador y un mejor desarrollo de estrategias en el plan de cuidados del paciente.
Localizar a un familiar de Alzheimer mediante GPS ya es posible. En las primeras etapas del Alzheimer, empieza a presentar una leve desorientación en el tiempo, y más tarde en el espacio, sobre todo en lugares no habituales. En un principio parecerá que no atiende y que no se fija.El enfermo sufre desorientación de tiempo y espacio, vive anclado en el pasado, donde los recuerdos actuales no existen porque no los ha memorizado. Sale de su casa y de pronto las calles de siempre se convierten en lugares extraños y termina perdiéndose. Afortunadamente y gracias a los avances en tecnología que hoy por hoy se van produciendo, es posible localizar a su familiar en remoto, ofreciendo así una mejora en la calidad de vida del enfermo, cuidadores y familiares.
Tecnología, innovación y bienestar. Soluciones tecnológicas e innovadoras para mejorar la calidad de vida de las personas mayores y relacionadas con enfermedades degenerativas como el Alzheimer. La monitorización remota de las personas nos permite llevar a cabo predicciones de posibles situaciones de emergencia.
Existen numerosos dispositivos de geolocalización mediante localizadores GPS, que nos ayudan a encontrar al enfermo en caso de pérdida. Como no todos los casos requieren la misma atención, existen localizadores GPS con teleasistencia, donde el cuidador o familiar tiene que llamar a un teleoperador para saber la posición de la persona que lleva el dispositivo. Y localizadores GPS directos, donde el cuidador tiene un receptor con el que poder visualizar en un mapa la posición de la persona con Alzheimer.
Un 60% de los enfermos de Alzheimer sale de casa sin que su cuidador lo sepa. La gran mayoría de los enfermos de Alzheimer deambulan o vagan sin rumbo y sin razón aparente
Dispositivos para localizar a su familiar con Alzheimer mediante GPS
Existen en el mercado multitud de dispositivos, por ello hemos preparado un post centrado en los mejores dispositivos gps para localizar a familiares enfermos de alzheimer u otras demencias.
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¿Sabes que depresión y alzheimer son enfermedades que se relacionan entre sí?
La depresión y la enfermedad de Alzheimer son dos enfermedades totalmente distintas, pero a su vez tienen puntos en común. Muchos casos de depresión pueden desembocar en enfermedad de Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa cada vez más frecuente en personas de edad avanzada y cuyo diagnóstico precoz es clave para retrasar su deterioro.
Y es que son muchos los expertos que aseguran que la asociación entre ambas enfermedades es clara. En este sentido, se estima que entre las personas con depresión por primera vez en personas mayores de 65 años, hay un subgrupo que puede tener una demencia añadida o predemencia depresiva en el 15%.
Según un estudio de la Escuela Universitaria de Medicina de Washington en St. Louis, Missouri, Estados Unidos, publicado en la revista ‘Neurology’, trastornos como la depresión pueden aparecer mucho antes de que la enfermedad de Alzhéimer se presente, incluso antes de que empiecen a tener problemas de memoria, lo que ayudaría a detectar antes dicha enfermedad.
“Mientras que estudios anteriores han demostrado que el 90 % de las personas con Alzheimer experimenta síntomas conductuales y psicológicos, como depresión, ansiedad o agitación, este estudio sugiere que estos cambios comienzan incluso antes de que las personas tengan demencia diagnosticable”, afirma Katherine M. Roe, miembro de la Academia Americana de Neurología y autora del estudio.
Del estudio se deprende que la depresión de inicio tardío puede estar vinculada con el desarrollo de un cuadro de Alzheimer. Esto es un motivo más para que los pacientes que sufren esta patología sean evaluados y seguidos por un especialista.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
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