Comparativa del cuidado de personas mayores en España y en Suecia

Comparativa del cuidado de personas mayores en España y en Suecia

En un conocido y demoledor artículo del economista Vicenç Navarro (2017) se realiza una comparativa del cuidado de personas mayores en España y en Suecia. La mujer del autor es sueca, y ambas familias, la suya en España y la de su esposa en Suecia, se vieron en la situación de tener que cuidar de una persona mayor dependiente.

En Suecia, la suegra del autor tenía derecho a recibir cinco visitas al día del Servicio de Ayuda a Domicilio. La opinión generalizada en Suecia es que estos servicios resultan más económicos que mantener residencias y generan empleo. En Barcelona, la madre del autor únicamente tenía acceso a dos breves visitas del SAD a la semana, y la cuidadora principal era su hija. El autor señala lo siguiente:

“La mujer española cubre las enormes insuficiencias del Estado del Bienestar español, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más enfermedades debido al estrés que el hombre. Tiene también un coste social elevado, pues la sobrecarga de la mujer explica que España tenga una de las fertilidades más bajas del mundo. La mujer española cuida a los infantes, a los jóvenes (que viven en casa de los padres hasta los 29 años como promedio), a sus parejas y a los ancianos, y, además, el 53% trabaja también en el mercado laboral. Ser mujer en España es ser un ser humano estresado por tantas responsabilidades, y con escasísima (prácticamente nula) ayuda por parte del Estado.”

Este es uno de los factores que explican el hecho de que Suecia tenga el porcentaje mayor de mujeres en el mercado de trabajo, y España tenga uno de los porcentajes menores de la UE. Por otro lado, los servicios públicos del Estado de Bienestar son una fuente de empleo, que según diversos autores podrían crear 3,5 millones de puestos de trabajo en España.

 

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

En este artículo voy a mostrar cómo el poder de género determina que dentro de la pobreza y el subdesarrollo del Estado del Bienestar, aquellos servicios que tienen menos recursos y están menos desarrollados, son aquellos que afectan particularmente a las mujeres, y que son los servicios de ayuda a las familias, tales como escuelas de infancia (mal llamadas guarderías en España), y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia.

Para mostrar la gran pobreza de recursos públicos para la mujer es importante contrastar el desarrollo de tales servicios del Estado del Bienestar en Suecia (país que ha sido gobernado por las izquierdas por la mayoría del periodo de tiempo que va desde la II Guerra Mundial hasta ahora) con los existentes en España (gobernada por fuerzas y partidos conservadores durante la mayoría del mismo periodo, que va desde los años cuarenta a este año. El contraste en el desarrollo de tales servicios de ayuda a las familias es enorme. De ahí que debamos preguntarnos: ¿Cuáles son las diferencias en la financiación y desarrollo de tales servicios públicos del Estado del Bienestar en los dos países, y por qué estas diferencias? Y para explicarlo permítaseme que el artículo adquiera un tono personal, pues creo que es la manera más didáctica de señalar tal diferencia y el por qué de tales diferencias.

Cuando tuve que irme de España debido a mi participación en la resistencia antifascista a principios de los años sesenta, fui a Suecia (cuyo partido gobernante, por cierto, había ofrecido gran ayuda a la resistencia contra la dictadura en este país). Y fue así como conocí a la que ha sido mi esposa durante más de cincuenta años. Mi esposa es sueca, y mi suegra era también sueca. Hace casi veinte años que mi suegra, que entonces tenía 78 años, se cayó y se rompió el fémur, una situación que ocurre con bastante frecuencia entre los ancianos. En realidad, la misma semana mi madre, de 92 años, que vivía en Barcelona, también se cayó y se rompió el fémur. Así pues, tuve la oportunidad de ver cómo la sociedad sueca cuidaba a mi suegra, y cómo la española cuidaba a mi madre.

 

Los servicios de atención a las personas con dependencias: comparando España con Suecia

En Suecia, mi suegra tenía el derecho individual (como ciudadana sueca, e independientemente de que tuviera o no familiares que pudieran atenderla) a tener cinco visitas al día de los servicios públicos domiciliarios para las personas con dependencias. Una visita por la mañana, venía, la despertaba, y le preparaba el desayuno; otra venía al mediodía y le preparaba la comida; otra venía por la tarde y la llevaba a pasear en una silla de ruedas o le hacía compañía en casa; otra venía más tarde a prepararle la cena y otra, a las dos de la madrugada, venía a ayudarla a ir al lavabo. Cinco visitas al día. Y mi suegra, como ciudadana sueca, lo veía como lo más natural del mundo. Y cuando cenaba yo con mi amigo, el entonces  ministro socialista de Sanidad y Asuntos Sociales, me decía: “Vicenç, proveemos estos servicios por tres razones. Una porque es un servicio sumamente popular. Cuando las derechas (los conservadores y los liberales) gobiernan, no lo tocan pues saben que pagarían un coste electoral si lo redujeran. La segunda razón es que es más económico tener a tu suegra en su casa que en una institución. Y la tercera razón es que creamos empleo”. En Suecia, uno de cada cinco adultos trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (tales como sanidad, educación, escuelas de infancia –que abren de las 8 de la mañana a las 8 de la noche, con una gran riqueza de personal y recursos–, servicios domiciliarios –también con gran riqueza de recursos y personal–, servicios sociales, servicios de prevención de la exclusión social, servicios a la infancia y a la juventud, y servicios a la tercera edad, entre otros). En España no llegamos ni a uno de cada diez adultos. En realidad, si tuviéramos el mismo porcentaje de adultos trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar que tienen en Suecia, tendríamos unos 3,5 millones más de puestos de trabajo de los que tenemos, reduciendo espectacularmente el desempleo en España.

 La pobreza de tales servicios de ayuda a las familias en España

Habiendo visto qué pasaba en Suecia, veamos qué pasaba en España y preguntémonos: ¿quién cuidaba a mi madre? En Barcelona no había tales servicios públicos. Los únicos que había los proveía el Ayuntamiento, pero eran solo para personas muy pobres y con una intensidad de atención muchísimo menor que en Suecia (dos visitas a la semana). Esta observación no es una crítica al Ayuntamiento de Barcelona, pues un ayuntamiento no puede abonar el coste de tal servicio (en Suecia lo pagan, aparte de los ayuntamientos, el gobierno regional, el Estado central y el usuario, que contribuye con parte de su pensión). En Barcelona había unos servicios privados que le costaban un riñón al usuario. Eran muy caros (aun cuando la mayoría de las trabajadoras empleadas en el servicio domiciliario eran ecuatorianas, a las que se pagaba pésimamente). El elevado precio de tales servicios privados implicaba que no fueran accesibles para las clases populares.

La pregunta, pues, continúa: ¿quién cuidaba a mi madre? Y la respuesta la conoce cualquier mujer en España: mi hermana, de mi edad. La mujer española cubre las enormes insuficiencias del Estado del Bienestar español, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más enfermedades debido al estrés que el hombre. Tiene también un coste social elevado, pues la sobrecarga de la mujer explica que España tenga una de las fertilidades (número de niños por mujer fértil) más bajas del mundo. La mujer española cuida (dentro de la familia) a los infantes, a los jóvenes (que viven en casa de los padres hasta los 29 años como promedio), a sus parejas y a los ancianos, y, además, el 53% trabaja también en el mercado laboral. Ser mujer en España es ser un ser humano estresado por tantas responsabilidades, y con escasísima (prácticamente nula) ayuda por parte del Estado.

Y todo ello ocurre en una sociedad que se define como “muy pro familiar” en la que la familia es supuestamente el centro de la sociedad. La hipocresía de la estructura de poder dominada por los hombres (responsable del subdesarrollo del Estado del Bienestar, como mostré en mi artículo anterior) aparece, entre otros muchos casos, en la narrativa oficial del país, que se presenta como “muy pro familiar” que contrasta con el nulo apoyo a la familia por parte del Estado, cuyas políticas públicas aquellas estructuras de poder determinan. El poder de clase y el poder del hombre (el género dominante en las estructuras del poder del Estado) explican la enorme pobreza de los servicios de ayuda a las familias (y en España, cuando decimos familia, decimos mujer). Y este subdesarrollo de estos servicios hace un daño tremendo a la mujer y a toda la sociedad.

 

El olvido a los infantes. La pobreza y subdesarrollo de las escuelas de infancia en España

Otro servicio de una enorme importancia para ayudar a las familias (y por lo tanto a la mujer) son las escuelas de infancia, un servicio muy poco desarrollado en España, y ello a pesar de la gran evidencia existente en la literatura científica que muestra que la inversión pública en las escuelas de infancia en un país es una de las inversiones más importantes que puede hacer un Estado, ya que el desarrollo emocional, psicológico e intelectual de un infante es esencial para el futuro de un país. Y tal desarrollo requiere de una interacción y socialización con otros seres humanos (además de las madres y los padres) desde una edad muy temprana.

De todo lo dicho hasta ahora es fácil deducir que el Estado (sea central, autonómico o local) debe desarrollar tres tipos de políticas públicas para ayudar a las familias (y, repito, por lo tanto a la mujer) a alcanzar una sociedad justa que intente eliminar todo tipo de explotación (tanto de clase como de género), una sociedad que sea humana, solidaria y amable, y que ayude a sus miembros a alcanzar la felicidad que todo ser humano merece. Una de estas intervenciones es la de establecer servicios de apoyo a las mujeres que les permitan compaginar sus responsabilidades familiares con su proyecto profesional. La otra intervención pública consiste en facilitar unarevolución cultural, socializando al hombre en la corresponsabilización de las obligaciones familiares. Y la tercera intervención es facilitar la independización de los hijos e hijas de sus padres, dejando el hogar familiar a edades más tempranas que ahora. No es bueno para una sociedad que los hijos e hijas vivan con los padres hasta que tienen 29 años como promedio. No deberían sobrepasar los 18 años. Eso requiere toda una serie de intervenciones que faciliten su emancipación.

 

Debe establecerse el 4º pilar del bienestar: ¿qué es este pilar?

Está claro que la liberación de la mujer es una exigencia para el bienestar de toda la sociedad, hecho poco apercibido por las clases dominantes en España. El número de hijos e hijas que desean las familias españolas es 2 por familia (número que es también bastante común a los dos lados del Atlántico Norte). Y en España es donde el número actual (1,32) es más distante del deseado, solo por delante de Grecia (de entre los países de la UE-15). Por otra parte, tenemos evidencia de que la mayoría de mujeres desea desarrollar una profesión o trabajo en el mundo laboral, situación que es de una gran importancia económica, pues la entrada de la mujer en el mercado de trabajo es una condición sine qua non para aumentar la riqueza del país (trabajo quiere decir riqueza), así como para crear empleo. La entrada de la mujer al mercado laboral crea la necesidad de crear puestos de trabajo para realizar los servicios personales que antes realizaba como ama de casa.

De ahí que facilitar esta integración de la mujer en el mercado de trabajo sea una exigencia humana y también económica. Y esto es lo que vieron los gobiernos suecos ya en los años sesenta. Tuve el enorme privilegio entonces de conocer a Alva Myrdal, que con su esposo, Gunnar Myrdal (más tarde Premio Nóbel de Economía), establecieron las bases de las políticas familiares en Suecia. Ya en los años cincuenta, el gobierno sueco era consciente que en un futuro próximo faltarían personas para ocupar los puestos de trabajo. De ahí que el gobierno sueco considerara dos alternativas para resolver tal problema. Una hubiera sido la de facilitar la inmigración y abrir las fronteras ampliamente. La otra era facilitar la integración de la mujer en el mercado de trabajo, que es la que escogieron. En España se escogió siempre la primera alternativa (facilitar la inmigración) sobre la segunda alternativa (ayudar a la integración de la mujer al mercado de trabajo), en parte debido al dominio de las derechas y del mundo empresarial sobre las instituciones políticas (el inmigrante, por su condición de inmigrante, con menor protección social, acepta salarios más bajos y condiciones de trabajo peores). De ahí que Suecia tenga el porcentaje mayor de mujeres en el mercado de trabajo, y España tenga uno de los porcentajes menores. Una condición para la integración de la mujer en el mercado laboral es facilitar su integración estableciendo unos servicios de ayuda a las familias, como escuelas de infancia y servicios domiciliarios para las personas con dependencias (tal como hicieron en Suecia), lo que se conoce en España como el 4º pilar del bienestar. Tales servicios están muy poco desarrollados en España.

 

 ¿Hay posibilidades de que se establezca el 4º pilar del bienestar en España?

Sí que las hay. Pero ello requiere una gran presión social. Y sería de desear que el movimiento feminista hiciera suya esta campaña. Me explicaré. Y permítaseme que, de nuevo, me refiera a mi experiencia personal.

Desde que me integré en España de nuevo, hace ya muchos años, he intentado ayudar a todas las fuerzas progresistas que desean mejorar la muy mejorable situación social y económica de las clases populares. Dirijo el Programa de Políticas Públicas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), y desde allí intento poner mi conocimiento al servicio de aquellos gobiernos, partidos políticos, sindicatos o movimientos sociales que me pidan ayuda para facilitar su compromiso con el mejoramiento de la calidad de vida de las clases populares. Entre los profesores del programa tengo la suerte de contar con el economista Josep Borrell. Su enorme experiencia en los gobiernos de España y en el Parlamento Europeo, y su gran sensibilidad social han sido de gran valía. Cuando fue elegido en las primarias del PSOE (contra el candidato oficial Joaquín Almunia) me llamó enseguida pidiéndome que le ayudara. Y nos encontramos en la estación de Sants. Siempre recordaré aquella tarde por lo que ocurrió. Me pidió que le ayudara y recuerdo que le dije que sí que le ayudaría, pero esta ayuda estaba condicionada a que se comprometiera, en caso de que fuera Presidente del gobierno español, a desarrollar diez políticas públicas. Y la primera era comprometerse a que se establecieran los servicios a las mujeres españolas que ya tenían las mujeres suecas, garantizando que tuvieran los mismos derechos que tenía la mujer sueca. Y cuando me preguntó el significado de tal promesa, le mostré una silla cercana a la que le faltaba una pata de las cuatro que debería tener y le dije: el Estado del Bienestar en este país es como esta silla, tiene tres patas. Una es el derecho a la sanidad (un derecho, por cierto, todavía no formalizado), otra es el derecho a la educación, y la tercera es el derecho a la pensión(derecho que todavía no existe plenamente, aun cuando las pensiones no contributivas van en esta dirección). Pero no hay una cuarta pata, que es el derecho al acceso a los servicios de ayuda a las familias, que debería incluir el derecho a las escuelas de infancia y el derecho a los servicios domiciliarios (tal como ocurre en Suecia)”. Como era de esperar, Josep Borrell me preguntó cómo lo pagaríamos. Y yo, que sabía que me haría la pregunta, le propuse las medidas fiscales necesarias que serían populares y que la ciudadanía apoyaría, pues estarían basadas en aumentar la carga impositiva a las rentas derivadas de la propiedad del capital y de las rentas superiores. Borrell y yo titulamos a estos servicios, en recuerdo de la cuarta pata de la silla, el 4º pilar del bienestar, término que desde entonces ha hecho fortuna.

Cuando los socialistas gobernaron, de nuevo, más tarde, aceptaron una parte de la propuesta que hicimos, el establecimiento de los servicios domiciliarios (por desgracia, escasamente financiados y que los gobiernos conservadores en España, incluyendo en Catalunya, han reducido enormemente), sin establecer, sin embargo, las escuelas de infancia. El hecho de que se redujera la financiación de los servicios domiciliarios y ni siquiera se incorporaran las escuelas de infancia se debe a la escasa presión popular ejercida sobre los aparatos del Estado, escasa presión resultado del limitado poder de la mujer (y sobre todo de la mujer enraizada en las clases populares) en las instituciones políticas y en la sociedad civil. El machismo en España es muy fuerte, como ocurre en todas las sociedades con una intensa y extensa cultura religiosa.

Es cierto que hay cada vez más mujeres en las Cortes y en los centros de decisión. Pero mi experiencia en varios países donde he vivido y trabajado, me ha enseñado que el mero cambio de hombres por mujeres en las instituciones representativas no es suficiente para que la vida de la mayoría de las mujeres –que pertenecen a las clases populares– se beneficie de ello. Esto ha pasado con los hombres y pasará con las mujeres. Hay clases sociales dentro de los hombres y hay clases sociales dentro de las mujeres. A no ser que las mujeres en puestos de poder representen sobre todo los intereses de las mujeres de las clases populares (que constituye la mayoría de las mujeres en cualquier país), el bienestar de estas últimas no mejorará. Esto es lo que ha ocurrido con los negros en EEUU. No hay que olvidar que durante el mandato del Presidente Obama, el primer presidente de EEUU afroamericano, la calidad de vida y bienestar de la mayoría de los afroamericanos de clase trabajadora no mejoró. Y tampoco hay que olvidar que la mayoría de las mujeres de clase trabajadora no votaron a la feminista Hillary Clinton, sino al candidato Trump, que se presentó con un discurso y narrativa de clase apelando a la clase trabajadora blanca frente al establishment político-mediático representado –según Trump- por la candidata demócrata, la Sra. Hillary Clinton, que se presentó como la mujer feminista en defensa de las mujeres. La candidata del movimiento feminista, liderado por mujeres de clase media alta y por clase de renta alta, en el caso de la Sra. Clinton, nunca se dirigieron a la clase trabajadora y a su sufrimiento, consecuencia de la aplicación de las políticas liberales. De ahí que las mujeres de las clases populares votaran al candidato republicano Trump como rechazo a lo que representaba la Sra. Clinton, el “male dominated establishment” del Partido Demócrata, que en su día (hace ya muchísimos años, durante la época del Presidente Roosevelt) se consideraba el Partido del Pueblo.

De todo lo dicho en el artículo se debería concluir que los partidos progresistas deberían ser especialmente sensibles a las conexiones entre los dos tipos de explotación: el de clase y el de género. Este es el reto de las y los feministas en tales opciones políticas: tener en cuenta la dimensión de clase, priorizando siempre a las clases populares, y en este caso a las mujeres de tales clases para las cuales el desarrollo del 4º pilar del bienestar es esencial para mejorar su bienestar. Estos servicios y el cambio de actitud del hombre son elementos de enorme importancia en la liberación de la mujer -y también del hombre-, pues este último, al sostener y mantener su carácter explotador, disminuye y limita el potencial de su propio desarrollo emotivo, psicológico e intelectual. La evidencia de ello es abrumadora.

Consecuencias del cambio de hora para la salud, efectos y cómo evitarlo

Consecuencias del cambio de hora para la salud, efectos y cómo evitarlo

Cada año oficialmente se produce un cambio de hora acorde a la llegada o al comienzo de dos estaciones principales: la primavera por un lado, y el otoño por otro, con el objetivo principal de ahorrar energía e iluminación (de hecho, desde las administraciones públicas se indica que con este cambio de horarios se ahorra un 5% en el gasto de iluminación).

Aunque la llegada de una nueva estación puede suponer consecuencias o efectos en la salud, es cierto que nuestro organismo tiende a resentirse más con la llegada tanto de la primavera como del verano. Y el cambio de hora tiene bastante que ver en este sentido, a la vez que el paso de una estación fría a una más cálida, y viceversa.

Lo cierto es que la llegada de la primavera, dejando a un lado las alergias primaverales, supone un aumento de luz solar y un cambio de tiempo a nivel meteorológico que generalmente suele ir a mejor (hace mejor tiempo, sale el sol y además la Naturaleza florece), lo que se traduce en que mejora nuestro estado de ánimo y tendemos a sentirnos más optimistas (por algo se dice que la primavera la sangre altera).

Pero la llegada del otoño suele ser peor, puesto que las defensas tienden a resentirse y la llegada de una época más fría se traduce en que nuestro organismo está más predispuesto a enfermarse de catarros o gripe común.

Principales consecuencias del cambio de hora para la salud

No hay duda que cada vez es mayor el número de expertos que están en contra de estos cambios de hora. Por un lado, la IDAE (Entidad Pública Empresarial del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio) estima que el ahorro en iluminación en los hogares es del 5%. Por otro lado, muchos médicos hablan de sus consecuencias no tan positivas para la salud, ya que con el cambio de horario nuestro reloj biológico se altera. Sus efectos en nuestra salud son más que evidentes:

  • Cambios en el estado de ánimo y en el humor: es habitual que las personas que más se ven afectadas por el cambio de hora sientan una mayor irritabilidad. Es común que nos sintamos más depresivos, ansiosos y a su vez con un estado de ánimo bajo.
  • Problemas de sueño: es evidente que tras un cambio de hora se produce una alteración del sueño. ¿El resultado? Descansamos peor y menos tiempo, lo que influye en nuestro estado de ánimo, de ahí que nos sintamos con más mal humor e irritados.
  • Peor rendimiento físico: es común sentir cierta fatiga general, sintiéndonos más cansados. Es normal que tras un cambio de hora nos cueste más hacer los quehaceres diarios que llevamos a cabo con normalidad.
  • Peor rendimiento intelectual: la sensación de fatiga general se traduce en una mayor dificultad para la concentración intelectual, lo que afecta tanto a nuestro estudio como a nuestro trabajo.

Cambio de Hora

Cómo prevenir los efectos del cambio de hora en la salud

Los expertos en salud coinciden en señalar que la mayoría de las consecuencias del cambio de hora en la salud son de carácter transitorio, de forma que en pocos días es habitual que la persona haya conseguido reajustar su ritmo biológico.

No obstante, siempre es posible prevenir los efectos del cambio de hora en la salud, siguiendo algunos consejos o hábitos de salud tan sencillos como básicos:

  • Adecuación progresiva: una semana antes de cada cambio de horario puedes ir atrasando o adelantando las actividades diarias, sobretodo las comidas y la hora en que nos levantamos y nos acostamos. Así, por ejemplo, si en primavera la hora se adelanta, y en invierno se atrasa, la clave está en adelantarnos a ese adelanto o atraso una semana antes de cada cambio horario. ¿Cómo? Con 15 minutos cada 2 o 3 días o solo en los 4 días previos.
  • Mantén un estilo de vida saludable: sigue una dieta equilibrada y mantén una alimentación sana y saludable. Bebe mucha agua y opta por alimentos frescos y naturales.
  • Practica ejercicio físico: te ayudará a disfrutar de un buen estado de ánimo y a que tu salud no se resienta tras el cambio de estación.

¿Por qué se hace el cambio de hora?

Respecto a por qué se realiza el cambio de hora debemos remontarnos a hace algunos siglos, cuando en el año 1784 Benjamin Franklin constató en una visita a París que los franceses ahorraban en consumo de velas con tan solo levantarse más temprano.

No obstante, no fue hasta el año 1905 cuando el constructor inglés William Willett concibió el horario de verano durante un paseo a caballo antes de desayunar, momento en el que se sorprendió al pensar cuántos londinenses dormían durante la mejor parte de un día de verano. Fue así como en 1907 propuso un cambio de horario, que no se aplicó de manera inmediata.

En la actualidad, a la pregunta de por qué se realiza el cambio de horario, debemos hablar casi exclusivamente del ahorro energético.

Ya en el año 1999 la Comisión Europea llevó a cabo un estudio que le permitió constatar que esta medida presenta impactos positivos sobre el ahorro. De hecho, IDAE (Entidad Pública Empresarial del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio) estima que el ahorro energético desde finales de marzo hasta finales de octubre representaría un 5%: por hogar serían sólo 6 euros, pero más de 60 millones de euros para el conjunto de hogares.

Preparando la vuelta a la rutina

Preparando la vuelta a la rutina

Es el momento de pensar en la vuelta a casa tras el periodo de vacaciones y decidir cómo queremos pasar el tiempo libre este curso escolar. ¿Queremos quedarnos en casa limpiando y desperdiciar el poco tiempo libre que nos queda para nosotros mismos?

Le ofrecemos nuestra propuesta para que disfrute de su tiempo libre:

  • Personal de servicio doméstico, encargado en realizar las tareas domésticas, limpieza, colada y plancha
  • Personal de cocina
  • Internas a jornada completa para el cuidado de las personas mayores si las tiene a su cargo.
  • Cuidadoras para los más pequeños de la familia.
  • Ayuda por horas todos los días, días alternos, dos veces por semana, una vez a la semana, cuando el cliente lo desee.

Y si lo que queremos es aprovechar para realizar la limpieza general, lo coordinamos para hacerlo los días y horas más convenientes.

Comprometidos con los Mayores Invisibles

Comprometidos con los Mayores Invisibles

Nos comprometemos con los «mayores invisibles».

Desgraciadamente nos encontramos a diario personas mayores que por su situación personal no disponen de los recursos necesarios para hacer frente su día a día y viven sólas. Con suerte, dispoonen de alguna hora suelta a través de los Servicios Sociales, pero a todas las personas que conocemos les resulta de «poca» ayuda. Aunque mejor que nada sí que es.

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Consejos para contratar a un profesional de la dependencia en casa

Consejos para contratar a un profesional de la dependencia en casa

 

En el post de hoy continuaremos hablando de la dependencia, en este caso, comentaremos qué hacer en las situaciones en las que la dependencia se hace manifiesta e intentamos gestionarla desde nuestra propia casa.

Signos que demuestran que una persona necesita cuidados de un profesional de la dependencia

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una dependencia se podría definir como la falta de autonomía. Todas las personas necesitamos llevar a cabo una serie de actividades básicas diarias (ABVD) dedicadas a nuestro autocuidado: como la alimentación, la higiene o la movilidad. En las personas mayores y debido a procesos de envejecimiento o a enfermedades asociadas, se empiezan a manifestar limitaciones en este tipo de actividades. Es entonces cuando surge la dependencia, es decir, el precisar de ayuda para este tipo de tareas. La dependencia puede ser total (que precisa de ayuda para todas las ABVD) o parcial. En cualquier caso, se detecta que la persona tiene cierto grado de dependencia y se plantea la posibilidad de contratar a un profesional de la dependencia en casa.

¿Por qué elegir la estancia en casa?

Cuando decidimos afrontar una situación de dependencia, nuestra primera opción a considerar debe ser el domicilio. La propia casa es donde la persona se encuentra más cómoda y posiblemente más segura. En muchos de los casos, permanecer en el domicilio fomenta que la persona siga manteniendo un cierto nivel de autonomía y siga haciendo actividades básicas por sí mismo, aunque para otras sí que necesite ayuda.  Las personas mayores suelen querer permanecer en su domicilio el máximo tiempo posible.

¿Qué perfil debemos contratar para cuidar de una persona con dependencia?

Una situación de dependencia requiere de un profesional cualificado. Esta persona debe tener tanto aptitudes como actitudes. Es decir, debe ser una persona debidamente formada en el ámbito de la dependencia, que conozca cómo surge la situación y las ayudas que el paciente necesita. Que conozca cómo afrontar de manera profesional las limitaciones diarias. Además de esta formación, una persona que se dedique a la dependencia debe tener una serie de rasgos que favorezcan una buena relación con la persona y su entorno. Necesita ser una persona empática, respetuosa y amable. Gestionar situaciones de dependencia en muchos casos puede generar situaciones emocionales muy complicadas, y hay que saber hacer frente a ellas con una actitud positiva y resolutiva.

¿Qué puede hacer este profesional para mejorar la calidad de vida de una persona dependiente?

Un profesional que se dedique a la dependencia tiene como principal objetivo mejorar la calidad de vida de la persona. En este caso, la labor del profesional irá encaminada a ayudar a la persona dependiente dentro de su domicilio. Debe conocer a la persona y sus limitaciones y ayudarle en lo necesario, pero a la vez intentar mantener y fomentar su autonomía. En ocasiones esto es difícil ya que se puede adoptar una actitud paternalista con la persona y se trata sólo de ayudarle en las cosas que ella misma no puede hacer para intentar que esa dependencia no vaya a más. La persona con dependencia tiene que percibir que el profesional le ayuda, pero no le limita.

Un buen profesional puede colaborar a que la persona dependiente mejore su calidad de vida dentro del domicilio y se puede crear una relación muy beneficiosa para ambas partes.

Consejos para familiares de personas con dependencia

En primer lugar, sabemos que cuando surge la dependencia en un entorno familiar, es una situación difícil, y que en ocasiones cuesta ver y asumir. Si bien es cierto que cuanto antes reconozcamos dicha situación antes podremos poner soluciones para limitar la dependencia y favorecer la autonomía en el resto de actividades básicas.

Muchas veces la propia persona con dependencia no acepta la ayuda que su familia le pueda ofrecer y esto también puede ser difícil de gestionar.

Debemos ser empáticos y entender que la persona pueda no querer nuestra ayuda y no por ello sentirnos culpables. Debemos intentar que la propia persona se dé cuenta de sus limitaciones para que pueda aceptar una ayuda. En muchos casos esta ayuda domiciliaria puede ser vista como un intrusismo, una persona ajena en nuestra propia casa.  A veces facilitar la información de una manera clara y comprensible puede despejar muchas dudas.

Las personas con dependencia deben ser las que tomen la decisión de contratar a un profesional, y sus familiares deben ser quienes les ayuden en esta decisión.

Cualquier cosa impuesta puede ser vista por la persona como una amenaza, y generar estrés o angustia. Para manejar situaciones de dependencia hay que contar con paciencia y respeto. Son situaciones muy delicadas, pero hay que ser conscientes que nuestro principal fin es ayudar a la persona.

Hoy día existen muchos recursos que ayudan a la dependencia. Lo primero sería informarnos de todas las posibilidades. Tras la promulgación de la Ley de la Dependencia, distintos organismos crearon recursos materiales y humanos para ayudar a personas con situaciones de dependencia.

Las situaciones de dependencia son cada vez más frecuentes, y la mayoría de los casos optan por gestionarla desde el propio domicilio. ¿Conoces algún caso? ¿Conoces la labor de los profesionales de la dependencia en el domicilio? 

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Proceso de incapacitacion de una persona con Alzheimer

Proceso de incapacitacion de una persona con Alzheimer

Para cuidar bien es imprescindible partir del respeto a la dignidad y autonomía de las personas mayores, considerar sus decisiones y su intimidad y reconozca de antemano sus derechos.

¿Qué es la incapacitación?

En ocasiones, la evolución de diferentes enfermedades puede llevarnos a la sospecha de que la persona mayor dependiente no está en condiciones reales de ejercer sus derechos, tomar decisiones o cumplir con sus obligaciones, debiéndose valorar la conveniencia de promover su incapacitación.

Es una situación jurídica que pretende la protección de los derechos de las personas que pierden su capacidad de autogobierno

Sobre el proceso de incapacitación debe saber que...

  • Pueden ser incapacitadas las personas que presenten un defecto o enfermedad física o psíquica, persistente, y que les impida gobernarse por sí mismas.
  • Aunque usted pueda pensar que la persona a la que cuida es "presuntamente incapaz", una persona no se considera incapaz hasta que no existe una sentencia judicial de incapacitación.
  • La declaración de incapacidad tiene que hacerla un juez. En ella se limita o anula la capacidad de obrar de la persona, pasando esta a estar tutelada.
  • Previamente, tiene que celebrarse un juicio oral en el que es imprescindible que un médico forense examine al presunto incapaz y en el que el propio juez debe tomar contacto con la persona que va a incapacitar.
  • El tutor puede nombrarse en ese mismo juicio, si así se ha solicitado en la demanda, o en otro juicio posterior.
  • El tutor tiene que representar y cuidar de la persona incapacitada y de sus bienes por mandato judicial, siempre en beneficio de la persona tutelada y bajo la supervisión del juez.
  • Pueden promover el proceso de incapacitación los familiares, cónyuge o persona en situación de hecho asimilable, descendientes, ascendientes y hermanos del presunto incapaz. Siempre hay que ir acompañado de un abogado y un procurador. Este procedimiento tiene costas judiciales.
  • El procedimiento también lo puede iniciar el Ministerio Fiscal. Cualquier persona interesada en el mismo puede ponerlo en conocimiento del Ministerio Fiscal. También lo deben hacer los funcionarios públicos o autoridades que, por razón de sus cargos, conozcan la existencia de una posible causa de incapacitación en una persona. Este procedimiento está exento de costas judiciales.

La declaración de incapacitación protege al paciente y a su patrimonio. Los tutores deben presentar al juez las cuentas bancarias una vez al año.

Nunca se decidirá la incapacitación del enfermo de #Alzheimer sin un dictamen pericial médico

Es importante que los familiares tengan en cuenta el tiempo en lograr la sentencia "puede demorarse en cinco meses, en el caso de tratarse de un juzgado especializado en discapacidad de los que sólo existen entre 30 y 35 en toda España. En el caso del resto de juzgados, el tiempo se prolonga entre un año y dos. La media nacional en conseguir la sentencia ronda los ocho meses",

Para respetar la autonomía, tenga en cuenta que...

  • La gran mayoría de las personas mayores, aunque tengan limitaciones físicas o sensoriales o dependan de otros para su cuidado, son capaces de tomar decisiones sobre todo aquello que afecta a sus vidas, son autónomas.
  • No se debe confundir la incapacidad para hacer cosas de la persona mayor dependiente con la incapacidad para tomar decisiones.
  • Para que la persona mayor pueda decidir hay que informarle de las cuestiones a tratar sin manipulaciones y facilitándole la comprensión de la información, adaptándose a las dificultades que pueda tener para entenderla.
  • Hay que animarle a participar en la toma de decisiones diarias y facilitar su participación. Pregúntale sobre sus preferencias, horarios, ropa que desea ponerse, cambios en la habitación, búsqueda de ayuda externa, traslados a centros de día, etc.
  • Tendrá que aceptar sus decisiones aunque no le gusten y discutir con ella otras alternativas que contemplen los intereses del cuidador.