Cuidadores a domicilio expertos en personas mayores

Cuidadores a domicilio expertos en personas mayores

La profesión de cuidador de ancianos siempre ha existido, pero sólo fue regulada hace algunos años. Con la mejora de la calidad de vida y longevidad de la población cada vez mayor, hay un gran número de personas con edad avanzada y con necesidad de algunos cuidados especiales.

Para ejercer esta profesión, se debe tener conocimientos básicos en el cuidado y atención de personas mayores y un perfil determinado para ser capaz de hacerlo bien.

En este artículo queremos profundizar un poco más en la profesión de cuidadora de ancianos y/o personas dependientes.

¿Quién es realmente un cuidador profesional de personas mayores?

En general, la función principal de cuidadora de personas mayores es aquella persona que está ayudando a la vida de una persona con edad avanzada. Existen varias razonas por las que una familia puede necesitar la contratación de cuidadores profesionales:

  • La familia no dispone de tiempo suficiente para hacerse cargo del familiar.
  • Ayuda en las tareas domésticas
  • Necesidad de disponer de una persona continuamente (cuidadora interna) por seguridad - Esta opción es muy demandada en personas con principio de Alzheimer.
  • Evitar el estrés del cuidador familiar

¿Cuáles son las funciones de una cuidadora profesional?

Las funciones varían dependiendo de las necesidades puntuales o contínuas de cada familia, pero en general es necesario que la cuidadora encargada de personas mayores sea capaz de:

  • Ser responsable en la aplicación de medicamentos según la prescripción del médico. En muchas ocasiones, las personas mayores intentan "esconder" el medicamento que debe tomarse con regularidad (sobre todo en enfermos de Alzheimer). El cuidador profesional debe llevar el control de los medicamentos.
  • Ayudar a las personas mayores en las tareas del hogar: limpieza y colada, plancha, realizacion de comidas, etc. Siempre manteniendo en la medida de lo posible la independencia plena de la persona cuidada.
  • Ayudar a las personas mayores en la higiene personal.
  • Preparación de las comidas diarias.
  • Mantenerse en contacto contínuo con la familia indicando si fuese necesario las incidencias ocurridas.
  • Buscar en todo momento la distracción de las personas mayores mejorando su calidad de vida (paseos, acompañarles a la compra, etc, etc). Cualquier actividad siempre es bien recibida.
  • Ayudar si fuese necesario en diversos trabajos de cuidado personal.

¿Qué conocimientos se requieren?

Hoy en día ya hay un gran número de cursos que dan nociones generales acerca de cómo ser un cuidador profesional para que las personas mayores se sientan bien cuidados y cómo realizar sus funciones principales. Además, toda formación adicional puede añadir y mejorar el trabajo diario.

Desde Serdomas, le ofrecemos un 15% de descuento en cualquier curso que realice en UNiR Cuidadores, con el código: descuentoSerdomas

Cursos de enfermería, nutrición y primeros auxilios ayudan en gran medida en el momento de elegir entre unos cuidadores u otros. Muchas familias buscan profesionales que tengan experiencia en cada una de las áreas de la gerontología o diferentes enfermedades neurodegenerativas.

Si quieres trabajar en el sector sociosanitario debes saber que todos los profesionales del sector tendrán que disponer de esta titulación para la atención y los cuidados de personas en situación de dependencia a partir del 31 de diciembre de 2017 de forma obligatoria. 

¿Qué cualidades son necesarias?

Además de los conocimientos en el área de la salud, el cuidado profesional de personas mayores también debe disponer de algunas características específicas.

La cualidad mas importante para ser cuidador es tener paciencia

Además, debe tener una gran sentido de la responsabilidad, ya que sus acciones se reflejan directamente en la vida de las personas que tiene a su cargo.

Organización, simpatía, empatía, sensiblidad y delicadez son también cualidades que todos los cuidadores profesionales de personas mayores han de tener.

Trabajar con personas y tratar a las personas tiene sus dificultades, y esto no es diferente en el trabajo con personas mayores. Por lo tanto, desde Serdomas, siempre recomendamos que el cuidador piense si encaja en el perfil de trabajo antes de optar por él.

¿Dónde puede trabajar un cuidador profesional de personas mayores?

El cuidador profesional tiene dos opciones:

  • Puede trabajar en residencias ó centros de día, donde el cuidador debe hacerse cargo de varias personas.
  • ó puede trabajar en domicilios particulares, donde lo normal es que únicamente se haga cargo de 1 ó 2 personas a lo sumo.

Por nuestra experiencia sabemos que muchos cuidadores profesionales que realizan sus servicios de manera directa con las familias, no disponen de contrato de trabajo. Sin embargo, desde Serdomas, incidimos siempre en la necesidad tanto legal como personal de realizar un contrato de trabajo donde especifiquen las características del trabajo a realizar. Es la única manera de garantizar el derecho tanto de los trabajadores como de las personas mayores a su cargo.

En Serdomas garantizamos que todos nuestros cuidadores disponen de experiencia demostrada en el sector, además de disponer si se requiere de la formación para cubrir cualquier puesto de trabajo que requiera la persona cuidada. Confíe siempre en profesionales.

 

Perfil sociodemográfico de los cuidadores informales

Perfil sociodemográfico de los cuidadores informales

En cuanto al perfil sociodemográfico de los cuidadores informales, el 26% de los cuidadores de las personas dependientes eran los hijos/as de estas personas, para ser más exactos solo nos referiremos a las hijas puesto que son estas las que suelen estar al cargo del cuidado (un 38% frente al 9% de los hijos varones), y el 42% la esposa o el esposo (Imserso, 2014). Mientras que las hijas se convierten en cuidadoras principales (46%) a partir de los 80 años de edad de la persona cuidada (solo el 12% son atendidos por su pareja) (Esparza Catalán & Abellán García, 2008).

Un estudio del IMSERSO refleja que el 20,7% de las personas adultas presta asistencia a una persona dependiente y de estas, el 93,7% tiene vínculos familiares con la persona a la que cuida (Imserso, 2015).

Por lo que se puede observar una predominancia del cuidado de los familiares nucleares frente a los más alejados que antes conformaban el 29% de las personas que cuidaban a ancianos dependientes. Esto es consecuencia de los cambios que se están dando en las últimas décadas respecto a la organización familiar (IMSERSO 2005, pp.25-26). Donde hemos pasado de una estructura familiar extensa a una más nuclear, en la que las redes de apoyo se reducen notablemente al recaer el cuidado sobre menos personas y en la que las nuevas formas familiares (cohabitación, familias monoparentales, rupturas matrimoniales), podrían alterar (y debilitar) los tradicionales lazos familiares y su papel de apoyo a las personas mayores (Montorio, Yanguas, & Díaz Veiga, 1999).

Además, aunque en un primer momento se pueda pensar que el perfil sociodemográfico de los familiares que cuidan a personas dependientes es el de una mujer con estudios primarios, ama de casa y que mantiene un modelo de familia tradicional (lo cual supone un 52,1% de las cuidadoras informales en la actualidad), basándonos en un estudio realizado por el IMSERSO y el CSIS (2007), en el que hacían una comparación con el año 1994, se ve un incremento de los cuidados por parte de mujeres laboralmente activas ( de un 19% a un 25%). Por otra parte, respecto al perfil cuidador masculino, son los jubilados o pensionistas los que conforman el 53,7% de los hombres que atienden a sus familiares dependientes.

Pero, tal y como refleja el Libro Blanco de la Dependencia (2005), y como se ha ido reflejando a lo largo de este punto, estamos ante una “feminización de los cuidados”, dado que el 84% de los casos de las personas que se encargan de prestar cuidados son mujeres. Lo cual, hace patente la necesidad de replantear este modelo tradicional de apoyo mayoritariamente femenino (España I., 2006) porque como consecuencia de la incorporación de la mujer al mundo laboral, a la tarea de cuidar se suman las responsabilidades de la vida cotidiana (Montorio, Yanguas, & Díaz Veiga, 1999, p.143).

También cabe destacar el acercamiento generacional existente entre cuidadores y ancianos: nos encontramos con personas de edad avanzada (cercanas a la vejez) cuidando de otras más mayores y teniendo más obligaciones familiares, por lo que la calidad de vida así como la salud psíquica o física, se deteriora en mayor medida (IMSERSO, 2005).

Respecto a los motivos por los que este perfil sociodemográfico ha decidido asumir el cuidado de la persona dependiente, en la misma encuesta realizada por el IMSERSO (2005), se destaca que para el 90% de los cuidadores informales es una obligación moral y para el 78,9% les dignifica como personas el hecho de que su familiar les agradezca su dedicación; sin embargo, el 51% de los casos declara que lo hace como cumplimiento de su deber familiar. El motivo que les lleva a cuidar es muy revelador de cara a cómo influyen en los cuidadores los distintos acontecimientos que van a vivir y en cómo los van a afrontar.

De esta manera, son muchas las diferencias existentes entre un cuidador u otro influyendo en él y en su actividad de cuidar infinidad de variables, como por ejemplo: la biografía, las creencias y la cultura, el tipo de dependencia que padece su familiar, la cantidad de información que poseen y acceso a recursos, así como su capacidad de enfrentamiento a la situación del cuidado (Losada Baltar, Peñacoba Puente, Márquez González, & Cigarán Méndez, 2008, pp.24-27). De tal forma que, por ejemplo, no se planteará del mismo modo la responsabilidad de cuidar un cuidador con creencias religiosas que entienda su tarea asumida libremente como donación y deber moral; que otra que no tenga ningún tipo de creencia, se haya visto en la situación de cuidar a un familiar de manera repentina y sin tener formación ni ayuda para desempeñar su tarea.

Sin influir de manera determinante en quien desempeñará mejor su tarea, el segundo caso será más propenso a sufrir sobrecarga o mayores consecuencias negativas puesto que, como han estudiado diversos autores entre ellos Shams y Jackson (1993) y González Valdés (2004), las creencias religiosas fomentan el estado de ánimo más positivo, la satisfacción hacia la vida o el control de los eventos estresantes.

Pero, independientemente de los motivos que les lleva a cuidar de su familiar, todos coinciden en la gran ayuda que supone la atención en el domicilio o los centros de día, permitiendo a los cuidadores tener unas horas del día libres para realizar otras tareas u obligaciones que no sea la de cuidar (IMSERSO,2005, p. 48); ya que las dificultades no cubiertas que presentan los cuidadores a lo largo de su función de cuidador (el 83,5% de ellos no reciben ninguna ayuda para cuidar (IMSERSO, 2005, p. 54)), dan lugar a las consecuencias negativas de tipo emocional, personal, económico o social, tal y como se refleja en las estadísticas.

De hecho, el 58,9% de las familias, afirman la necesidad de formación para llevar a cabo tan compleja labor. Necesidad no contemplada por las familias que asumían los cuidados en 1994, las cuales consideraban que no se requería formación para cuidar correctamente de un familiar (IMSERSO, 2005, p.20). Esto refleja cómo influyen los cambios sociales en el planteamiento que tienen las familias acerca del cuidado.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que la familia adquiere este papel en muchas ocasiones de una manera imprevista, donde no son conscientes de la responsabilidad que acaban de asumir ni de que es una situación que puede alargarse años, implicando una mayor dedicación de tiempo y energía, así como una reducción de la ayuda informal por los cambios que se están dando en la estructura familiar, como hemos comentado anteriormente. Adroher Biosca (2000) refleja que todos estos cambios socioculturales dificultan que la familia siga asumiendo la función de cuidar.

Al recaer el cuidado sobre menos personas de la familia y darse situaciones de tensión debido al nuevo fenómeno que Esping-Andersen (2000) denominaba “desfamiliarización” pueden aumentar, según este autor, los problemas de convivencia, las conductas insolidarias de otros miembros de la familia o ausencia de intimidad, por ejemplo, lo que también produce consecuencias psicológicas y emocionales negativas en la familia cuidadora (Losada, Márquez González, Peñacoba, Gallagher Thompson, & Knight, 2007, pp. 58-59).

Todo esto tiene efectos negativos en el cuidador, que Canga, Vivar y Naval (2011) los clasificaban en problemas físicos, psicológicos, emocionales, sociales y financieros que pueden experimentar los miembros de la familia que cuidan de adultos dependientes.

Alzheimer en casa

El Alzheimer generalmente afecta las partes del cerebro relacionadas con el pensamiento lógico, la memoria, la capacidad de mantener una conversación, de sumar y restar, de orientarse en un lugar y en el tiempo. Además, también afecta lentamente los sentidos: vista, tacto, olfato, gusto, oído.

Por lo mismo, no te extrañe que tu familiar se tropiece fácilmente, no escuche el timbre de la puerta, se pierda cuando sale al supermercado, olvide apagar la estufa o la plancha, deje el teléfono en el refrigerador, decida salir a media noche pensando que ya amaneció, etc.

¿Por dónde puedes empezar? Recorre cada uno de los espacios de la casa. Piensa en todo lo que el paciente necesita usar a diario, y asegúrate que sea fácil de usar, cómodo y seguro. Te damos algunas ideas para que la habitabilidad de las personas con Alzheimer en casa sea lo más cómoda posible, tanto para el enfermo como para el cuidador.

Habitación. Revisa que… 

Baño. Asegúrate de que… 

Cocina. Es importante que… 

  • Las ollas, platos y vasos puedan agarrarse con facilidad, sin tener que alzarse o agacharse demasiado
  • La nevera pueda abrirse y cerrarse con facilidad
  • La estufa tenga perillas seguras y de apagado automático
  • No haya triturador de alimentos en fregadero

Teléfono: 

  • Asegúrate que sea fácil de usar, con números grandes y con los teléfonos importantes programados para marcar con un solo número
  • Pon el listado de números de emergencia junto a todos los teléfonos de la casa: ambulancia, médico, hospital, parientes cercanos, bomberos, etc.
  • Instala varios teléfonos o un celular que puedan estar siempre al alcance de la persona en caso de una caída.
  • Si usas inalámbricos, asegúrate que tengan un localizador en caso de que la persona se confunda y lo ubique en el lugar equivocado.

Evita tropezones. 

Retira todo lo que pueda atravesarse en el camino y pueda provocar tropezones como cables en el suelo, mesas o plantas en los pasillos, escaleras sin barandilla o con escalones en mal estado. Las alfombras pequeñas no son recomendables, es mejor usarlas grandes para evitar que la persona se tropiece constantemente con los bordes o que resbale con ellas.

Objetos peligrosos. 

Mantén bajo llave los cuchillos de la cocina, las tijeras de costura, los implementos de la parrilla si te gustan los asados, y las herramientas de jardinería. Y si hay armas en la casa, con mayor razón debes mantenerlas fuera de su alcance. Los seguros para niños en algunas gavetas o cajones también sirven.

Puertas y ventanas. 

La facilidad y la seguridad deben ser las dos características de las entradas y salidas. Aunque parezcan contrarias, pueden lograrse al mismo tiempo cuando tienes tus puertas y ventanas funcionando a la perfección. Asegúrate que puedan abrirse rápidamente en caso de una emergencia, como un incendio o cuando la persona con Alzheimer se encierra solo. Y también que pueden asegurarse bien para evitar que salga sin que lo vean.

Fuego: 

  • Revisa que la estufa funcione correctamente, que no tenga escapes de gas y que no haya objetos inflamables cerca que se puedan incendiar fácilmente. Mantén guardados velas, cerillas/fósforos y mecheros/encendedores.
  • Ten mucho cuidado con los calentadores del ambiente cuando llega el invierno.
  • Pon alarmas contra incendios, especialmente en la cocina, y revisa que las baterías funcionen frecuentemente.

Llaves de la casa

Dale copias de las llaves a varios miembros de la familia o a algún vecino en caso de alguna emergencia.
Pasaba todas las noches mirándola

Pasaba todas las noches mirándola

Manuel Díaz, 84 años, 24 cuidando de su mujer enferma de Alzheimer: “Pasaba todas las noches mirándola”

Ejemplar testimonio de Manuel Díez, que lleva 24 años atendiendo día y noche a su mujer enferma de Alzheimer

No queda gente como Manuel. Verlo acariciar a su mujer convencido de que ella siente su mano te reconcilia con la bondad, con la generosidad y con la entrega del ser humano. Manuel Díez y Díez, leonés de 84 años, fue elegido por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales para protagonizar un gran póster que sería la campaña nacional de la famosa y controvertida Ley de Dependencia.

No sé si la Ley es buena, pero la elección del póster es incuestionable. No puede haber nadie que se haya entregado con más pasión al cuidado de un dependiente que Manuel con su mujer Basilia. Ni durante más tiempo pues el caso de esta enferma es de una resistencia —lleva 24 años con alzheimer— que tiene sorprendidos a los médicos.

Pasaba todas las noches mirándola mientras aullaba, daba manotazos y pataleaba”. Es una frase textual queha escrito Manuel en una especie de diario en el que va anotando todos los avatares de la larga enfermedad de su mujer, desde el año 1984 que tuvo los primeros síntomas hasta el pasado mes de febrero cuando ya no podía aguantar más, ya no se arreglaba, él mismo había enfermado. Así lo cuenta: “Cuántas veces cuando la iba a acostar me quedaba sin fuerzas y me tenía que sentar un rato”. Después de llevarla a Sanyres escribe: “Tuve que ingresar en el Hospital para curarme de lo que no me había curado antes, pero ahora ya voy tranquilo porque mi mujer está recogida”.

Algo que no ocurría unos meses antes, cuando los médicos le dijeron a Manuel que tenía que ingresar: “¿Ingresar?, ¿no saben que no puedo?, ¿qué hago con mi mujer?”, preguntaba en su cuaderno el 25 de septiembre de 2008.

 

Hay que llevarse bien

No ha sido nada fácil para este hombre de 84 años nacido en Llamas de la Ribera y que ha pasado toda su jubilación atado a la enfermedad de su mujer. En los primeros síntomas se sabía muy poco de esta enfermedad, iba de médico en médico y nadie le daba ni soluciones, ni explicaciones. “Todavía no se conocía lo del alzheimer y yo tampoco tenía datos, tardaron más de seis años, hasta el 91, en hablar algo de esta enfermedad”. Fue un rosario de médicos y Basilia también le jugaba alguna mala pasada cuando Manuel le explicaba al psiquiatra que se pasaba las noches gritando.

Ella estaba en silencio, como ausente, y de repente le decía al médico muy alterada: “¡Qué dice que grito por la noche! ¡Qué sabe él si marcha de juerga todas las noches y no para en casa!”.

Para desesperación de Manuel el médico parecía hacerle caso y les recetaba “llevarse bien”.

— Cuantas veces marché llorando del psiquiatra.

Tuvo que urdir un plan para demostrar que no mentía. “Para demostrarles lo que era aquella enfermedad compré un casete y grababa por las noches los gritos que daba. Tengo guardadas las cintas pero es hoy el día que no los puedo escuchar, se me ponen los pelos de punta solo de recordarlo”.

Te lo explica pero guarda las cintas. Guarda todo aquello en lo que Basilia García Canseco pueda aparecer ‘desairada’ o agresiva de las muchas cintas de vídeo que a lo largo de veinte años le ha ido grabando. “Mira que guapa estaba aquí”, insiste, pero sobre todo se emociona con dos trozos, uno en el que Basilia se abraza con su nieta yotro, del 6 de enero de 2008. Estaba la televisión puesta, retransmitían la misa de Reyes y cantan en ella. Manuel está convencido de que Basilia reconoce aquellos cánticos, “pues fue muy de iglesia” y rompe a llorar, se seca las lágrimas (algo que no hacía nunca). “Apago la tele y deja de llorar, la enciendo y vuelve a llorar”.

Se emociona Manuel, como se emociona cuando le aprieta la mano a su mujer y él siente como ella también se la aprieta, como está convencido de que distingue perfectamente el zumo natural que él lleva de casa, hecho con las manzanas de su huerto, de ‘el de botella’. “Claro que lo nota, yo la veo bien cómo tuerce el gesto”.

— Es como un niño, hay que atenderla pero ella siente. Ya sé que dicen que no se entera de nada pero lo que pasa con esta enfermedad no lo puede saber nadie, yo la he vivido día a día y he visto cosas, como lo de la misa. Y le aprieto la mano y mírala…
La vuelve a acariciar. La peina, la pone derecha. Seguramente recuerda aquellos años duros, en los que estaba agresiva, no quería a su lado a nadie que no fuera Manuel, gritaba. El 13 de diciembre de 2005 Manuel escribe: “Este año dejó de dar voces y de ser agresiva. Ahora es como un niño”.

— Si pudiera volverla a traer para casa, como en casa…

 

Alteraciones de la conducta más frecuente en personas que padecen la enfermedad de Alzheimer

Alteraciones de la conducta más frecuente en personas que padecen la enfermedad de Alzheimer

Los enfermos de Alzheimer presentan una serie de trastornos psicológicos y comportamientos  anormales, como depresión, ansiedad, ir de un lado a otro, hacer ruido, negarse a los cuidados, escaparse, encender y apagar las luces, enfadarse con facilidad, tirar la comida, gritar, insultar… Los enfermos de Alzheimer llegan a angustiar, irritar y asfixiar especialmente a los cuidadores más directos.

Los trastornos psicológicos y los comportamientos anómalos representan unas de las consecuencias de la enfermedad que provocan mayor discapacidad, y una de las mayores amenazas para la convivencia y la vida diaria de la familia. Además, estos trastornos generan frecuentes visitas médicas, e ingresos en servicios de urgencias e instituciones sociosanitarias.

Trastornos de conducta en enfermos de Alzheimer

 

Hay que tener en cuenta que no todos y cada uno de los trastornos se da en cada enfermo de Alzheimer. Se da combinaciones y predominios de algunos de ellos, hay algunos de estos problemas
que son realmente frecuentes.

 

Actitudes de los cuidadores

Es aconsejable que los cuidadores tengan una serie de actitudes positivas frente al paciente, y que también piensen en sí mismo. En muchas ocasiones comprender la enfermedad y comprender al paciente constituye el primer paso para mejorar la convivencia y reducir los problemas diarios.

Listado de actitudes importantes a la hora de cuidar a personas con enfermedad de Alzheimer:

  1. Respetar los gustos y las costumbres del paciente. Respetar las pequeñas cosas de cada día.
  2. Expresar sentimientos de afecto y mantener un sólido sentido del humos
  3. Tener paciencia y no intervenir nunca sin darle antes la oportunidad al paciente de hacer las cosas por sí solo.
  4. Expresar empatía, es decir, comprender las emociones y sentimientos del paciente, identificándose con él.
  5. Ser comprensivos y tolerantes. No reírle ni avergonzarle ante los demás. No hacer comentarios negativos.
  6. Ser receptivos ante cualquier intento de comunicación por parte del paciente.
  7. Tener capacidad de realizar cambios y adaptarse a las necesidades y al ritmo del enfermo. Son muy importantes la flexibilidad, la adaptación y la imaginación.
  8. Velar por la seguridad del paciente. Evitar todo peligro.
  9. Velar por la propia seguridad sin dejar de organizar el cuidado del paciente. Buscar ayuda siempre que sea necesario
Cuidadores a domicilio expertos en personas mayores

Testamento vital

El testamento vital, ¿que es y para que sirve?

A medida que el Alzheimer avanza, la capacidad para tomar decisiones se ve cada vez más mermada. Para este tipo de casos, donde la persona afectada va perdiendo la capacidad para expresar su voluntad, la legislación vigente contempla distintas fórmulas legales para garantizar que ésta se cumple.

Las voluntades anticipadas, también conocido como testamento vital, es una fórmula jurídica que permite trasladar instrucciones sobre tratamientos médicos. Este documento, que queda recogido en el historial clínico de la Sanidad Pública, facilita que los médicos puedan conocer y cumplir con las voluntades del paciente. Se trata de un documento que siempre puede ser revocado por el otorgante.

¿Para qué sirven las voluntades anticipadas o testamento vital?

Las voluntades anticipadas, o testamento vital, permite dejar constancia de la voluntad para aceptar o rechazar determinados procedimientos terapéuticos. Es una herramienta a la que los médicos pueden acudir a la hora de tomar la decisión de administrar determinados tratamientos.

A través de este documento, también se puede designar un interlocutor con el médico o el equipo sanitario que velará por el cumplimiento de las instrucciones que se establezcan.

¿Qué tipo de atención queremos recibir?

En este documento también se pueden dar indicaciones sobre el tipo de atención que se quiere recibir. Se pueden especificar las preferencias, por ejemplo, respecto a ser atendido en casa o en el hospital, a recibir asistencia religiosa o no, a rechazar o garantizar una autopsia o a permitir o no la donación de órganos para trasplantes o para destinarlos a la investigación científica. También puede indicarse la voluntad de ser incinerado o enterrado, entre otros.

¿Cuándo se puede solicitar y cuánto cuesta?

El documento de voluntades anticipadas o testamento vital puede solicitarse en cualquier momento de la vida adulta y mientras la persona tenga las facultades preservadas. Tiene que pedirse ante notario y tiene un coste aproximado de 60 euros.

Otra opción posible es elaborar un documento privado y firmarlo ante tres testimonios con los que no exista relación de parentesco.

 

Si quieres saber más, te recomendamos la lectura del siguiente libro:

Autonomía, libertad y testamentos vitales: Régimen jurídico y publicidad

Desde finales del siglo pasado, una concepción moderna de la libertad, que absolutiza la capacidad de elección y decisión de las personas, identifica libertad con autonomía. La introducción prevalerte del principio de autonomía en la práctica biomédica ha transformado radicalmente las relaciones sanitarias: las opiniones, preferencias y creencias del paciente han de tomarse en cuenta a la hora de tomar decisiones sobre su vida y su salud, a través del consentimiento informado. Para aquellas situaciones en las que la autonomía del sujeto pueda resultar limitada o incluso anulada, en las que no puedan expresar su voluntad, o se prevea no podrá dar dicho consentimiento, aparece la figura de los documentos de instrucciones previas, o de voluntades anticipadas, conocimos popularmente como testamentos vitales. El libro revisa la introducción en la legislación española de la autonomía del paciente y estos documentos de instrucciones previas, pero, hoy día: ¿cómo pueden otorgarse? ¿Qué validez y eficacia tienen? ¿Cuáles son sus limitaciones? El estudio de los profesores J.C. Abellán y A. I. Berrocal Lanzarot analiza los fundamentos de esta legislación así como su aplicación y coherencia sistemática en el Derecho español vigente estatal y autonómico.

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