Cuidados cáncer de pulmón

Cuidados cáncer de pulmón

El cáncer de pulmón es la enfermedad en la cual el tipo de cáncer que se desarrolla en los tejidos del pulmón, de manera habitual las células cancerígenas recubren el tracto respiratorio aunque también puede presentarse por metástasis de cánceres anteriores.

Los síntomas más habituales que los cuidadores de enfermos encontrarán son dificultad en la respiración, tos con o sin expectoración sanguinolenta y dolor en el tórax, silbidos, ronquera e hinchazón de cara y cuello.

Las causas son muy diversas pasando por el tabaco, la marihuana, la exposición a gases radiactivos como el radón, predisposición genética, antecedentes de tuberculosis o neumonía, exposición a minerales como el silicio o berilio, contaminación del aire, excesos o deficiencias de vitamina A, exposición a minerales radiactivos como el uranio o a productos industriales carcinógenos como el amianto, uranio o arsénico.

Existen dos tipos de cáncer de pulmón: el cáncer pulmonar de células pequeñas (microcítico) y el de células no pequeñas (no microcítico). Dependiendo del tipo de cáncer que desarrolle el enfermo las alternativas terapéuticas serán unas u otras, normalmente los que padecen el cáncer microcítico se suelen tratar con quimioterapia o radiación, mientras que los que sufren el segundo tipo suelen tratarse mediante cirugía, láser o terapia fotodinámica. Dependiendo de la fase o estadío de la enfermedad el enfermo puede necesitar unos u otros cuidados del cáncer de pulmón.

 ¿Cómo cuidar a un enfermo de cáncer de pulmón?

En Serdomas trabajamos con cuidadores de enfermos especializados que prestarán un servicio de calidad a los enfermos de cáncer.

Un buen cuidador para enfermos de cáncer debe ofrecer ante todo apoyo psicológico y atención integral. Los enfermos de cáncer y entre ellos los que padecen cáncer de pulmón y sus familiares tienden a tener repercusiones psicológicas asociadas a la enfermedad y su tratamiento, contratar un cuidador de enfermos especializado es de gran utilidad ya que ayuda a éstos a afrontar la enfermedad con más tranquilidad, fortaleza y valor.

Los profesionales sanitarios recomiendan que el enfermo de cáncer de pulmón esté continuamente acompañado y hacen especial hincapié en la noche, momento del día en el que sufren más los síntomas asociados a la enfermedad como pueden ser la tos o la disnea. Existen multitud de ocasiones en los que los familiares no pueden hacerse cargo de sus enfermos, por eso es importante poder contratar a un cuidador de plena confianza y con formación específica para sus familiares. Estos cuidadores de enfermos saben en todo momento cómo actuar ante un episodio de crisis del enfermo, le mantendrán una correcta posición o aumentarán su ingesta de líquidos ya que son profesionales del cuidado de personas enfermas de cáncer.

Es recomendable para los enfermos de cáncer de pulmón que se encuentren en lugares bien ventilados y con un flujo constante de aire.

Los cuidadores de enfermos de cáncer deben saber actuar en todo momento cuando se dan vómitos, nauseas  o dolores, efectos secundarios más comunes asociados al tratamiento más común de la enfermedad, la quimioterapia, por ello es vital saber dónde buscar un cuidador para sus familiares enfermos con el que sentirse tan tranquilo como si su familiar estuviese consigo mismo.

En Serdomas también contamos con cuidadores formados en nutrición, aspecto esencial en el cuidado de enfermos de cáncer ya que existen estudios que afirman que un alto porcentaje de pacientes mejora sus síntomas sustancialmente cuando sigue una alimentación sana y equilibrada.

Si bien es cierto, no todos los enfermos de cáncer de pulmón se encuentran en un estadío avanzado de la enfermedad por lo que una buena combinación de ejercicio suave y reposo ayuda a la curación de los enfermos.

Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es que los enfermos de cáncer sufren también daños en la piel y mucosas, por lo que un buen cuidador, sabe cómo realizar la higiene diaria e hidratación de estas zonas tan delicadas y susceptibles a los agentes externos.

Por éstas y muchas razones más ¿dejaría usted a su familiar enfermo de cáncer en manos de cualquiera? Le ofrece la tranquilidad de contar con los mejores profesionales del sector.

14.000 madrileños esperan sus ayudas para la dependencia pese a tenerlas ya aprobadas

14.000 madrileños esperan sus ayudas para la dependencia pese a tenerlas ya aprobadas

Los retrasos para recibir las ayudas son de hasta dos años. «Muchas personas fallecen sin llegar a ser atendidas», aseguran los expertos. El «limbo de la dependencia» se ha reducido gracias a que el sistema ha dado de baja a los dependientes de grado más moderado.

Tal vez sea usted beneficiario de algunas de las ayudas que presta la Ley de Dependencia, pero eso no significa que esté disfrutando de ellas. La lista de espera para recibir estas prestaciones en la Comunidad de Madrid es, al menos, de 14.000 personas. La demora puede durar hasta dos años y muchos dependientes fallecen sin llegar a ser atendidos. Y eso pese a haberse reducido el número de beneficiarios, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad. A 31 de octubre de 2013 había 14.145 madrileños con derecho reconocido pendientes de recibir sus prestaciones (en 2012 eran 19.589), mientras que los que las reciben son 84.204 (en 2012 eran 81.200). La proporción de quienes no reciben ayuda aprobada ha disminuido en cinco puntos porcentuales en un año, y ya suponen el 14,3% del total. Algo que es generalizable a toda España, donde, en el mismo periodo de tiempo, el número de personas situadas en el llamado ‘limbo de la dependencia’ se ha reducido en más de 30.000 personas, al pasar de 231.119 en octubre de 2012 a 200.910 en octubre de 2013. Sin embargo, la reducción de este ‘limbo’ no se debe a una mejor respuesta de los servicios sociales. De hecho, los expertos aseguran que cada vez funcionan peor, con ayudas reducidas y numerosos retrasos en el cobro de las mismas: «La verdadera razón es el espejismo estadístico producido por las bajas resultantes estos años», asegura un portavoz de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales.

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Test para la detección del deterioro cognoscitivo

Test de Isaacs

Se caracteriza por su simplicidad, con ítems fácilmente memorizables por el explorador, siendo útil para una  primera aproximación sin ningún tipo de soporte documental.

Mide la fluencia verbal de tipo categorial, al solicitar al sujeto que cite hasta un máximo de diez respuestas de cada una de las siguientes categorías: colores, animales, frutas y ciudades.

Se le da un minuto para cada serie y cambiaremos a la siguiente cuando haya dicho 10 elementos de la misma sin repetir ninguno aunque no haya agotado el minuto de tiempo. Se contabilizarán las respuestas hasta un máximo de 40, valorándose como caso dudoso los valores inferiores a 24 y demencia establecida por debajo de 15. Delimitado el punto de corte por debajo de las 25 respuestas.

Test del Dibujo del Reloj (TDR) (Clock Drawing Test-CDT)

El Test del Dibujo del Reloj (TDR) es una prueba de detección (screening) sencilla, rápida y de fácil aplicación empleada tanto en la práctica clínica como en investigación para valorar el estado cognitivo del sujeto. Evalúa diferentes mecanismos implicados en la ejecución de la tarea, fundamentalmente funciones visoperceptivas, visomotoras y visoconstructivas, planificación y ejecución motoras.

El Test del Dibujo del Reloj (TDR) es una prueba elaborada originariamente por Battersby, Bender, Pollack y Kahn en 1956 para detectar la negligencia contralateral en pacientes con lesión en el lóbulo parietal. Actualmente, su aplicación se ha extendido al ser el TDR una prueba que proporciona valiosa información acerca de diversas áreas cognitivas activadas en la ejecución de esta breve prueba que corresponden a funciones cognitivas semejantes a las que valora el Mini-Mental State Examination de Folstein, entre ellas, lenguaje, memoria a corto plazo, funciones ejecutivas, práxicas y visoespaciales.

Diversos autores, basándose en los resultados obtenidos en las investigaciones realizadas, proponen la utilización del TDR como una herramienta eficaz en la detección del deterioro cognitivo en pacientes con Demencia Tipo Alzheimer. Esta prueba es altamente sensible y específica, discriminando perfectamente entre sujetos con diagnóstico de Demencia Tipo Alzheimer (DTA) probable y sujetos sin tal patología. La ejecución en el TDR de los pacientes afectos de DTA es peor, obtienen una puntuación menor, que los sujetos no afectos por este proceso demenciante sin importar la escala de baremación que se emplee en su corrección.

El hecho de que se haya aplicado el TDR desde diferentes campos de la clínica y de la investigación neuropsicológica seguramente se debe a que, aunque aparentemente simple, la tarea de dibujar correctamente un reloj requiere la participación coordinada de numerosos y distintos aspectos cognitivos que no son necesarios para realizar otros dibujos más simples, como por ejemplo una casa o un árbol. Los errores que observamos en su ejecución sin duda reflejan determinadas deficiencias atribuibles a alteraciones o lesiones neurológicas concretas; es decir, el tipo de errores que comete un paciente al realizar la prueba puede variar en función de la patología que sufre, así como de la localización y extensión de sus lesiones neurológicas.

Cuando se solicita a un paciente que dibuje un reloj, podrá llevarlo a cabo si conserva determinadas capacidades. Por ejemplo, un paciente que deba escribir todos los números y simultáneamente ordenarlos correctamente en el espacio, necesitará realizar una planificación adecuada para coordinar esta tarea; también necesitará poseer organización visual y motora, así como capacidad de procesar simultáneamente la tarea que está ejecutando. Si dicha tarea incluye entre sus instrucciones el que el reloj marque una determinada pauta horaria, tendrá que almacenar en la memoria y posteriormente recuperar esa información, para ubicar correctamente las manecillas. Todos éstos procesos de lenguaje, memoria, coordinación visuo-espacial, implican la participación de zonas cerebrales corticales y subcorticales, anteriores y posteriores, así como del hemisferio cerebral derecho e izquierdo. Si un paciente posee un determinado aspecto cognitivo selectivamente deteriorado, en un análisis minucioso del TR podríamos observar diferencias cualitativas respecto a un sujeto sano. Por ello, para que el TR pueda considerarse como una prueba de evaluación rápida del deterioro cognitivo sería pertinente establecer unos criterios con arreglo a los cuales efectuar un análisis cuantitativo y cualitativo adecuado.

Si un paciente, por ejemplo, es incapaz de dibujar una esfera de reloj lo suficientemente grande como para situar en ella todos los números, esta micrografía podría ser un marcador de alteración en los gánglios basales. Por otra parte, podrían analizarse aspectos como por ejemplo: evaluar la correcta ubicación de los números, situando primero números de referencia como 3, 6, 9 y 12; observar si los números están correctamente ordenados y si están todos presentes tanto en el hemicampo izquierdo como en el derecho, sugiriendo, de lo contrario una alteración del hemicampo visuo-atencional del hemisferio contralateral.

En la última década, se ha producido un cierto auge en la aplicación del TDR para el estudio y valoración de las enfermedades neurodegenerativas, especialmente para la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Al mismo tiempo, se han ido desarrollando diversos métodos para aplicar y puntuar el TDR. Sin embargo, aún no se han establecido unos criterios estandarizados para su aplicación y puntuación.

 

Criterios de puntuación

J. Cacho y cols (1998) han propuesto unas escalas de puntuación basadas en los criterios de la escala previamente utilizada por Rouleau et al (1992), aunque con diversas modificaciones, que esencialmente han consistido en introducir los parámetros cualitativos rotación inversa, alineación numérica y perseveración dentro de la escala de puntuación. Según estos criterios, se ha establecido una puntuación máxima de 2 puntos por el dibujo de la esfera, 4 puntos por los números y 4 puntos por las manecillas.

Criterios de puntuación del test del reloj (J.Cacho et al.)

1. Esfera del reloj (máximo 2 puntos).

2 Puntos.
Dibujo norma. Esfera circular u ovalada con pequeñas distorsiones por temblor.
1 Punto.
Incompleto o con alguna distorsión significativa. Esfera muy asimétrica.
0 Puntos.
Ausencia o dibujo totalmente distorsionado.

2. Presencia o secuencia de los números (máximo 4 puntos).

4 Puntos.
Todos los números presentes y en el orden correcto. Sólo "pequeños errores" en la localización espacial en menos de 4 números (p.e. colocar el número 8 en el espacio del número 9).
3,5 Puntos.
Cuando los "pequeños errores" en la colocación espacial se dan en 4 o más números pequeños.
3 Puntos.
Todos presentes con error significativo en la localización espacial (p.e. colocar el número 3 en el espacio del número 6).
Números con algún desorden de secuencia (menos de 4 números).
2 Puntos.
Omisión o adicción de algún número,pero sin grandes distorsiones en los números restantes.
Números con algún desorden de secuencia (4 ó más números).
Los 12 números colocados en sentido antihorario (rotación inversa).
Todos los números presentes, pero con gran distorsión espacial (números fuera del relij o dibujados en media esfera, etc...).
Presencia de los 12 números en una línea vertical, horizontal u oblicua (alineación numérica).
1 Punto.
Ausiencia o exeso de números con gran distorsión espacial.
Alineación numérica con falta o exeso de números.
Rotación inversa con falta o exeso de números.
0 Puntos.
Ausencia o escasa representación de números (menos de 6 números dibujados).

3. Presencia y localización de las manecillas (máximo 4 puntos).

4 Puntos.
Las manecillas están en posición correcta y con las proporciones adecuadas de tamaño (la de la hora más corta).
3,5 Puntos.
Las manecillas en posición correcta pero ambas de igual tamaño.
3 Puntos.
Pequeños errores en la localización de las manecillas (situar una de las agujas en el espacio destinado al número anterior o posterior).
Aguja de los minutos más corta que la de la hora, con pauta horaria correcta.
2 Puntos.
Gran distorsión en la localización de las manecillas (incluso si marcan las once y diez, cuando los números presentan errores significativos en la localización espacial).
Cuando las manecillas no se juntan en el punto central y marcan la hora correcta.
1 Punto.
Cuando las manecillas no se juntan en el punto central y marcan unao hora incorrecta.
Presencia de una sola manecilla o un esbozo de las dos.
0 Puntos.
Ausencia de manecillas o perseveración en el dibujo de las mismas. Efecto en forma de "rueda de carro".

Criterios de aplicación

Se debe aplicar en dos fases sucesivas, según el orden establecido:

1.  Test del reloj a la orden (TRO). En esta fase, se le presenta al sujeto una hoja de papel completamente en blanco, un lápiz y una goma de borrar, y se le proporcionan las siguientes instrucciones: “Me gustaría que dibujara un reloj redondo y grande en esta hoja, colocando en él todos sus números y cuyas manecillas marquen las once y diez. En caso de que cometa algún error, aquí tiene una goma de borrar para que pueda rectificarlo. Esta prueba no tiene tiempo límite, por lo que le pedimos que la haga con tranquilidad, prestándole toda la atención que le sea posible”.

Se repite las instrucciones tantas veces como sea necesario. Si el sujeto, después de dibujar la esfera, omite algún número, se le pregunta si los ha puesto todos, permitiéndole rectificar el dibujo si toma conciencia de sus errores. Si, por el contrario, no percibe el error, ya sea porque sobra o falta algún número, se le recuerda la instrucción de la pauta horaria.

Una vez dibujado los números, se le recuerda que deben ubicar las manecillas marcando las once y diez. Si transcurrido un tiempo, el sujeto no ha dibujado las manecillas o falta alguna de ellas, se le pregunta si ha finalizado su reloj. En caso afirmativo, se le informa que, seguidamente, van a desarrollar una prueba más fácil, comenzando entonces con la realización de la fase del TR “a la copia”. En caso contrario, se le concede un plazo de tiempo adicional para completar la tarea.

2.  Test del reloj a la copia (TRC). En esta segunda condición, se le presenta al sujeto un folio en posición vertical, con un reloj impreso en el tercio superior de la hoja.

Se le pide que preste la máxima atención al dibujo y copie de la forma más exacta posible el dibujo del reloj que aparece en la parte superior de la hoja. Dado que en esta fase tampoco se establece un tiempo límite, se le sugiere que la realice con tranquilidad y que emplee la goma de borrar en caso de que cometa algún error.

Al terminar esta prueba se le retira la hoja para su posterior evaluación y puntuación. Si el reloj está incompleto, antes de recoger la hoja se le pregunta si el dibujo está terminado. Si el sujeto advierte la existencia de algún error se le permite rectificarlo, de lo contrario se le recoge la hoja.

Puntos de corte para la estimación del deterioro cognitivo asociado a la demencia tipo Alzheimer

En la condición de TRO, el punto de corte que muestra una mayor eficacia es el 6. Por tanto, se considera el test como positivo si el valor de la suma de las tres puntuaciones (esfera, números y manecillas) “a la orden” es menor o igual a 6, y como negativo si la suma de las puntuaciones es mayor de 6. Las puntuaciones altas sirven para descartar la enfermedad, especialmente las puntuaciones próximas al 8 y al 9.

En la condición de TRC, el punto de mayor eficacia es de 8. Por tanto, se considera el test como positivo si el valor de la suma de las tres puntuaciones (esfera, números y manecillas) “a la copia” es menor o igual a 8, y como negativo si la suma de las puntuaciones es superior a 8.

El punto de corte de mayor eficacia del TRO+ TRC es 15. Así pues, se considera el test como positivo si el valor de la suma de las tres puntuaciones (esfera, números y manecillas) en las dos condiciones del test (orden y copia) es menor o igual a 15, y como negativo si la suma de las puntuaciones es superior a 15.

La aparición de rotación inversa o alineación numérica, así como de perseveración de errores en cualquiera de las dos condiciones experimentales (TRO y TRC) puede indicar un probable deterioro cognitivo.

Cuestionario Portátil del Estado Mental de Pfeiffer (SPMSQ)

Instrumento de administración rápida que ha acreditado su fiabilidad en estudios epidemiológicos, llegando a superar, incluso, al prestigioso MMSE de Folstein, siendo, por ello, uno de los más recomendables en Atención Primaria y Geriatría.

Es una prueba muy breve que no requiere ninguna preparación especial, aportando, en pocos minutos, información sobre diferentes áreas cognitivas, especialmente sobre memoria y orientación.

Consta de 10 ítems que hacen referencia a cuestiones generales o personales, confiriéndole un carácter transcultural. En nuestro medio tan sólo se ha tenido que adaptar el noveno ítem (se pide el nombre completo, segundo apellido).

Este test es especialmente útil en invidentes, personas de avanzada edad y analfabetas, aún cuando se corrige el resultado en función del grado de instrucción, permitiendo un error más, en sujetos de bajo nivel educativo, estableciéndose, por el contrario, un error menos, en individuos con estudios superiores.

La interpretación de los resultados se realiza contabilizando los errores en los 10 ítems del test. De 0 a 2 se considera normal; de 3 a 4 deterioro intelectual leve; de 5 a 7 deterioro intelectual moderado y de 8 a 10, deterioro severo. El punto de corte para la demencia se establece en 5 errores.

Mini-Mental State Examination (MMSE)

El test minimental (Minimental Examination) es la prueba breve más usada, tanto en la clínica como en los estudios de investigación. Es un test sencillo, que puede ser aplicado por el personal médico o de enfermería en un corto espacio de tiempo y que muestra un buen rendimiento a nivel de screening o valoración inicial del deterioro cognitivo. Presenta, sin embargo, la dificultad de estar muy cargado de aspectos del lenguaje mostrando un rendimiento diferente en función del nivel cultural y estudios. No obstante, representa un buen compromiso entre la rapidez de realización y la información aportada. En cualquier caso, es necesario tener en cuenta que se trata de una prueba de screening, y por lo tanto no puede ser utilizada por sí sola, para establecer el diagnóstico de demencia. Se necesitará la ampliación de la información que el test aporta con otras pruebas, para poder realizar este diagnóstico.

Mini-Examen Cognoscitivo de Lobo (MEC)

Mini-Examen Cognoscitivo (MEC), (Lobo et al., 1979). Consiste en una prueba breve de detección de demencia a través de la evaluación del rendimiento cognitivo del paciente con unas pocas preguntas. Esta prueba es una adaptación modificada al español del Mini-Mental State Examination (MMSE) (Folstein et al., 1975). La prueba de Lobo y colaboradores proporciona una puntuación total de entre 0 y 35, obtenida a través de la suma directa de las puntuaciones que proporcionan los aciertos en la prueba. El punto de corte establecido para detección de demencia en población española se sitúa en 23 o menos.

Escala de demencia de Blessed (BDS)

Fue diseñada para establecer una correlación anátomo-funcional entre una escala y las lesiones cerebrales objetivables en enfermos de Alzheimer. Esta prueba no sólo valora el deterioro de tipo cognitivo, sino que aporta, en una de sus subescalas, una evaluación conductual.

Consta de dos partes: una entrevista efectuada al cuidador o familiar, interrogando sobre la capacidad del paciente para desenvolverse en la cotidianidad del día a día, y otra, el “Information-Memory-Concentration-Test”, que se administra mediante una entrevista al paciente y viene a medir los mismos aspectos que el MEC.

El test cognitivo valora, mediante 28 ítems, orientación-información, memoria y concentración-atención, con una puntuación máxima de 37 y un punto de corte inferior o igual a 32.

La subescala de valoración funcional o Dementia Rating Scale, consta de 22 ítems divididos en tres apartados: cambios en la ejecución de las actividades diarias, de hábitos y de personalidad, interés y conducta. Su puntuación máxima es de 28 puntos, situándose el punto de corte a partir de 9. Una puntuación de 4 ó más puede interpretarse como sospecha de demencia mientras que puntuaciones mayores de 15, indican demencia moderada a grave. En esta escala, la suma de los puntos obtenidos se hace de forma separada, expresándose los resultados de forma independiente, por ejemplo: Escala de demencia de Blessed: 3,5-1-4.

Es un instrumento sencillo y relativamente rápido de administrar, no requiriéndose más de media hora, posee una elevada sensibilidad (88%) y especificidad (94%), a pesar de poseer un apartado que puede verse afectado por características de la personalidad y hábitos de comportamiento previos al deterioro.

Test del Informador (TIN o IQCODE)

Es un test validado en España que valora a través de un informador (fidedigno) el declinar cognitivo-funcional del paciente en los últimos 5 a 10 años. Es independiente de la inteligencia previa del paciente, el nivel de escolarización y la edad. Su validez parece superior al MMSE de Folstein, tanto en la evaluación clínica como en el cribado del deterioro cognitivo leve, de ahí su utilidad en Atención Primaria.

El tiempo requerido para su administración oscila entre 10-5 minutos, aunque habitualmente lo cumplimentará el familiar/informador en el propio domicilio, sin la presencia de ningún entrevistador, pero con una pequeña explicación dada en la consulta. Es aconsejable revisar si existen preguntas sin contestar y la coherencia de las respuestas al recibir el test. Se valora la memoria, la funcionalidad y la capacidad ejecutiva de y de juicio.

Existen dos versiones:

Corta o breve (17 ítems): La puntuación total es 85 estableciéndose como posible deterioro cognitivo, puntuaciones mayores a 57.

Larga (26 ítems): La puntuación máxima es 130 y los puntos de corte se establecen entre 84-85.

Instrumentos para la valoración de la capacidad física y las actividades de la vida diaria

Instrumentos para la valoración de la capacidad física y las actividades de la vida diaria

Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Indice de Barthel (IB). El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (ABVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades

Al evaluar el deterioro mental leve se exige a los instrumentos, básicamente, estar dotados de gran poder discriminatorio con respecto a la normalidad, mientras que en el examen de una demencia grave, dónde el trastorno cognitivo es evidente, lo que se espera de ellos es una completa y descriptiva valoración funcional.

El deterioro cognitivo que implica la demencia se expresa generalmente en una reducción de las habilidades de autocuidado, sin embargo, paradójicamente, entre las escalas de valoración de estos autocuidados y los test de valoración cognitiva no existe una correlación lineal, debido en gran parte a los rasgos diferentes de las conductas que evalúan.

La valoración funcional puede ofrecer índices de predicción de la mortalidad, el riesgo de institucionalización, el deterioro físico y el uso de los recursos sociosanitarios.

La correcta realización de esta evaluación implica tener en cuenta dos tipos de escalas, las que miden las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y aquellas otras que valoran este tipo de actividades, cuando precisan el manejo instrumental (AIVD) de objetos de uso cotidiano, como el teléfono, utensilios de cocina, etc.

Actividades básicas de la vida diaria (ABVD)

Las actividades básicas de la vida diaria son el conjunto de actividades primarias de la persona, encaminadas a su autocuidado y movilidad, que le dotan de autonomía e independencia elementales y le permiten vivir sin precisar ayuda continua de otros; entre ellas se incluyen actividades como: comer, controlar esfínteres, usar el retrete, vestirse, bañarse, trasladarse, deambular, etc.

Existen más de 40 escalas de este tipo, aunque muy pocas de ellas cuentan con la validación y fiabilidad suficiente como para ser consideradas instrumentos útiles. Las más utilizadas son las siguientes:

Índice de Katz de independencia de las actividades básicas de la vida diaria

Ideado inicialmente en el hospital Benjamín Rose de Cleveland en 1958 para fracturados de cadera. Desde 1963, su simplicidad lo ha popularizado internacionalmente como instrumento de valoración en instituciones geriátricas, introduciéndose de forma paulatina su uso en la asistencia primaria, para la valoración domiciliaria de los pacientes crónicos.

Evalúa la continencia de esfínteres y el grado de dependencia funcional del paciente para la realización de cinco tipos de actividades cotidianas: levantarse, usar el baño y el retrete, vestirse y comer, con tres posibles respuestas que nos permiten clasificar a los pacientes en siete grupos (de mayor dependencia a mayor independencia).

Las situaciones se expresan alfabéticamente en una escala creciente de pérdida de capacidades, a partir de las experiencias de Guttman según la progresión habitual del declive físico filogenético, desde la A, independiente para las tareas mencionadas, hasta la G, dependiente absoluto.

Índice de Barthel

Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Indice de Barthel (IB), también conocido como «Indice de Discapacidad de Maryland».

El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (ABVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades.

Permite una evaluación más escalonada que la anterior de los grados de discapacidad, constituyendo el índice más utilizado en la valoración funcional de pacientes para el ingreso en residencias asistidas en nuestro medio. Su utilidad ha sido acreditada tanto para la práctica clínica diaria como para la investigación epidemiológica.

El IB se comenzó a utilizar en los hospitales de enfermos crónicos de Maryland en 1955. Uno de los objetivos era obtener una medida de la capacidad funcional de los pacientes crónicos, especialmente aquellos con trastornos neuromusculares y músculo-esqueléticos. También se pretendía obtener una herramienta útil para valorar de forma periódica la evolución de estos pacientes en programas de rehabilitación.

Las primeras referencias al IB en la literatura científica datan de 1958 y 1964, pero es en 1965 cuando aparece la primera publicación en la que se describen explícitamente los criterios para asignar las puntuaciones. En la actualidad este índice sigue siendo ampliamente utilizado, tanto en su forma original como en alguna de las versiones a que ha dado lugar, siendo considerado por algunos autores como la escala más adecuada para valorar las AVD.

Medición

Se trata de asignar a cada paciente una puntuación en función de su grado de dependencia para realizar una serie de actividades básicas. Los valores que se asignan a cada actividad dependen del tiempo empleado en su realización y de la necesidad de ayuda para llevarla a cabo. Las AVD incluidas en el índice original son diez: comer, trasladarse entre la silla y la cama, aseo personal, uso del retrete, bañarse/ducharse, desplazarse (andar en superficie lisa o en silla de ruedas), subir/bajar escaleras, vestirse/desvestirse, control de heces y control de orina. Las actividades se valoran de forma diferente, pudiéndose asignar 0, 5, 10 ó 15 puntos. El rango global puede variar entre 0, completamente dependiente, y 100 puntos, completamente independiente.

El IB aporta información tanto a partir de la puntuación global como de cada una de las puntuaciones parciales para cada actividad. Esto ayuda a conocer mejor cuáles son las deficiencias específicas de la persona y facilita la valoración de su evolución temporal.

La elección de las actividades que componen el IB fue empírica, a partir de las opiniones de fisioterapeutas, enfermeras y médicos. El IB, por tanto, no está basado en un modelo conceptual concreto, es decir, no existe un modelo teórico previo que justifique la elección de determinadas actividades de la vida diaria o la exclusión de otras.

Puntuaciones originales de las AVD incluidas en el Indice de Barthel

Comer 0= Incapaz.
5= Necesita ayuda para cortar, extender la mantequilla, usar condimentos, etc.
10= Independiente (la comida está al alcance de la mano).
Trasladarse entre la silla y la cama 0= Incapaz, no se mantiene sentado.
5= Necesita ayuda importante (una persona entrenada o dos personas), puede estar sentado.
10= Independiente.
Aseo personal 0= Necesita ayuda con el aseo personal.
5= Independiete para lavarse la cara, las manos y los dientes, peinarse y afeitarse.
Uso del retrete 0= Dependiente.
5= Necesita alguna ayuda, pero puede hacer algo sólo.
10= Independiente (entrar, salir, limpiarse y vestirse).
Bañarse/ducharse 0= Dependiente
5= Independiente para bañarse o ducharse.
Desplazarse 0= Inmóvil.
5= Independiente en silla de ruedas en 50m.
10= Anda con pequeña ayuda de una persona (física o verbal).
15= Independiente al menos 50m, con cualquier tipo de muleta, execpto andador.
Subir y bajar escaleras 0= Incapaz.
5= Necesita ayuda física o verbal, puede llevar cualquier tipo de muleta.
10= Independiente para subir y bajar escaleras.
Vestirse o desvestirse 0= Dependiente.
5= Necesita ayuda, pero puede hacer la mitad aproximadamente, sin ayuda.
10= Independiente, incluyendo botones, cremalleras, cordones, etc.
Control de heces 0= Incontinente (o necesita que le suministren enema).
5= Accidente excepcional (uno/semana).
10= Continente.
Control de orina 0= Incontinente, o sondado incapaz de cambiarse la bolsa.
5= Accidente excepcional (máximo uno/24 horas).
10= Continente.

TOTAL= 0-100 puntos (0-90 si usan silla de ruedas).

Interpretación de los resultados

Algunos autores han propuesto puntuaciones de referencia para facilitar la interpretación del IB. Por ejemplo, se ha observado que una puntuación inicial de más de 60 se relaciona con una menor duración de la estancia hospitalaria y una mayor probabilidad de reintegrarse a vivir en la comunidad después de recibir el alta. Esta puntuación parece representar un límite: con más de 60 casi todas las personas son independientes en las habilidades básicas.

La interpretación sugerida por Shah et al sobre la puntuación del IB es: 0-20: Dependencia total; 21-60: Dependencia severa; 61-90: Dependencia moderada; 91-99: Dependencia escasa; 100: Independencia.

Así mismo, también se ha intentado jerarquizar las actividades incluidas en el IB según la frecuencia con que se observa independencia en su realización. Según los resultados de Granger et al el orden podría ser el siguiente: 1. Comer; 2. Aseo; 3. Control de heces; 4. Control de orina; 5. Baño; 6. Vestirse; 7. Usar el retrete; 8. Traslado cama/silla; 9. Desplazarse; 10. Subir/bajar escaleras.

Comer es la actividad en la que se observa independencia con más frecuencia. Este es el orden observado en una población concreta y puede presentar variaciones en otros ámbitos.

Otros autores han observado que la recuperación de las diferentes actividades ocurría en un orden jerárquico bien definido. Bañarse sin ayuda fue la actividad que se recuperaba más tarde, siendo la incontinencia ocasional de heces la primera en recuperarse.

Escala de valoración de incapacidad física y mental de la Cruz Roja

Desarrollada en el Servicio de Geriatría del Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid y publicada por primera vez en 1.972, es probablemente la escala de valoración funcional más ampliamente utilizada en nuestro entorno, pese a lo cual no existen excesivos datos acerca de sus cualidades métricas. Son dos escalas que valoran la esfera funcional, de Incapacidad Física de la Cruz Roja (CRF), y la cognitiva, de Incapacidad Mental de la Cruz Roja (CRM).

Nació para conocer las necesidades de la población anciana de una determinada zona urbana para la puesta en marcha de un Servicio de Atención a Domicilio, y poder así optimizar el uso de recursos de una Unidad de Geriatría destinada al cuidado de ancianos con enfermedades agudas o agudizaciones de enfermedades crónicas.

Descripción

Es una escala heteroadministrada. Su cumplimentación es sencilla y rápida (menos de 5 minutos), y no precisa de entrevistador entrenado. La información se obtiene mediante anamnesis del paciente o, si su capacidad cognitiva no lo permite, de su cuidador o familiares.

La escala de incapacidad física clasifica al paciente en 6 grados, desde independiente (=0) hasta dependiente total (=5), que correspondería al paciente encamado, evaluando de forma especial la movilidad y el control de esfínteres y, de manera más genérica, la capacidad para el autocuidado.

Tiene una alta concordancia con el índice de Katz para grados de incapacidad leves y graves, y con otras escalas funcionales, y valor predictivo de mortalidad para grados de dependencia grave. Parece tener buena sensibilidad para detectar cambios en pacientes atendidos en hospital de día o unidad de rehabilitación, y en el seguimiento de ancianos frágiles atendidos en su domicilio, pero su reproducibilidad interobservador es baja.

También se ha estudiado su validez concurrente con el índice de Barthel, concluyendo que ésta es elevada. La CRF presenta aceptables sensibilidad y especificidad frente al índice de Barthel para la incapacidad funcional en servicios de Geriatría, aunque desconocemos el grado de validez y fiabilidad en muestras de ancianos residentes en la comunidad, en los que la prevalencia de incapacidad funcional y deterioro mental es considerablemente menor.

Interpretación

Es sencilla, simplemente se considera mayor o menor dependencia en función del grado seleccionado por el entrevistador a partir de la anamnesis y/o la observación del paciente.

Limitaciones

La precisión de sus ítems se ve penalizada en los grados intermedios de incapacidad, que es cuando la exactitud en la evaluación adquiere mayor dificultad (es más fácil clasificar un paciente que “está muy bien” o “muy mal”, que otro que presenta un deterioro parcial).

La subjetividad de algunas de las definiciones de sus grados es otro problema añadido. Sería necesario introducir mejoras en la precisión y definición de cada grado, así como estudios que demostraran sus cualidades métricas, para mejorar el instrumento.

Por otro lado, tampoco existen instrucciones para su aplicación; existen aspectos confusos que dificultan su utilización y la comunicación entre profesionales.

En nuestro país es una escala que ha sido ampliamente utilizada como instrumento de screening para detectar necesidades socio-sanitarias de la población anciana, así como para conocer la situación de independencia-dependencia funcional de los ancianos en diversos ámbitos (aunque con las limitaciones anteriormente descritas).

Escala Bayer-ADL

Debido a la poca disponibilidad de instrumentos ADL (Activities of Daily Living) sensibles a los cambios en las primeras fases de demencia, en 1990 se creó un proyecto internacional con el apoyo de Bayer AG, con el objetivo de desarrollar una escala práctica de ADL que pudiera utilizarse internacionalmente para documentar las mejorías provocadas por la intervención terapéutica en pacientes con demencia de leve a moderada. La escala permite evaluar los beneficios terapéuticos reflejados en las mejorías de su capacidad para llevar a cabo las actividades diarias; asimismo, permite identificar los cambios en la competencia para realizar las actividades diarias mucho antes de que los cambios patológicos en la memoria y la capacidad cognitiva sean evidentes. Sus características psicométricas demuestran una elevada concordancia con instrumentos clínicos (GDS, CGI) y cognitivos (MMSE).

La escala Bayer-ADL (B-ADL) contiene 25 preguntas con una escala de tipo Likert de 10 puntos, en la que una puntuación de 1 indica que la dificultad nunca se presenta, y una puntuación de 10, que la dificultad se presenta siempre. Recientemente, la escala se ha traducido y validado en España, aunque está pendiente de publicación.

Como funciona el cerebro

Como funciona el cerebro

Las señales que recibimos del mundo exterior son descifradas a nivel de los receptores sensoriales (como la retina para la vista, el oído interno para los sonidos) y transformadas en una especie de señal eléctrica, el flujo nervioso.

¿Cómo funciona el cerebro?

La información se transmite entonces al cerebro, en varias etapas. Es a nivel de la corteza cerebral donde se efectúa la síntesis de  información, de distinta naturaleza, que nos permite tener una visión de conjunto de la realidad. Ésta síntesis de señales externas es interpretada en función de la información que nos llega de nuestro organismo (como son nuestras necesidades y deseos). A partir de estos componentes, tomando los elementos guardados en nuestra memoria,  el cerebro elabora planes de actuación que van a dirigir nuestra actividad.

El universo de los «neurotransmisores»

Las neuronas se separan unas de otras por un espacio llamado «hendidura sináptica».

El flujo nervioso no puede pasar directamente de una neurona a otra. Las neuronas se comunican entre sí por medio de mensajeros químicos que reciben el nombre de «neurotransmisores». Éstos atraviesan la hendidura sináptica y actúan sobre los receptores de la neurona siguiente.

La neurona A secreta los mediadores químicos (neurotransmisores) que va a activar la neurona B fijándose en los receptores especializados. De esta forma se transmite la información de una neurona a otra (en realidad una neurona no está conectada a una única neurona sino a cientos de ellas). Los neurotransmisores en exceso son en parte retomados por la neurona, y en parte destruidos por una enzima, como por ejemplo la colinesterasa en caso de la acetilcolina.

Los medicamentos pueden mejorar la transmisión aumentando la cantidad de neurotransmisores en la hendidura sináptica:

  • inhibiendo el proceso de retoma por parte de la neurona (antidepresivos),
  • inhibiendo la enzima que los destruye (es el caso de los medicamentos utilizados en la enfermedad de Alzheimer, los inhibidores de la colinesterasa por ejemplo).

Los requisitos para que la comunicación entre neuronas sea eficaz

Para una buena comunicación se necesita una correcta fabricación (síntesis) de los neurotransmisores por parte de la neurona, y que estén disponibles en cantidad suficiente.

Los principales neurotransmisores que se conocen son la acetilcolina y las catecolaminas (noradrenalina, dopamina, serotonina). Pero existen muchos otros como el glutamato, implicado en la muerte celular programada, y el GABA (ácido amino gamma butírico) cuyo papel es esencial en ciertas manifestaciones afectivas.

Los neurotransmisores son sintetizados en el cuerpo de la neurona y transportados hasta la hendidura sináptica, donde se liberaran en caso de excitación. La transmisión de la información necesita pues:

  • una síntesis suficiente de neurotransmisores,
  • una buena circulación dentro de la neurona para poder desplazarse del lugar de almacenamiento en la célula hasta la hendidura sináptica,
  • presencia de receptores especializados en la neurona siguiente.

Un capital fijo al nacer

Es necesario recordar que el hombre está dotado, desde el momento de su nacimiento, de un número limitado de neuronas que no tienen la facultad de dividirse, es decir, de reproducirse. A lo largo de nuestra vida, perdemos un cierto número de neuronas por el desarrollo humano y por la aparición de ciertos episodios patológicos (por ejemplo traumatismos craneales).

Cuando las neuronas mueren, contrariamente a las células del organismo, no pueden regenerarse. Pero existe sin embargo la posibilidad de compensación ( lo que se llama «plasticidad cerebral»)  que consiste en la puesta en funcionamiento de hendiduras sinápticas inactivas. Pero esta capacidad es limitada y cuando la pérdida neuronal es muy importante, la función (memoria, orientación, coordinación de los movimientos musculares…) desaparece.

Pero hay que añadir que esta función perdida puede recuperarse gracias a otras redes de neuronas (este es el principio de la reeducación). Todo lo que disminuya el número de neuronas activas en el cerebro (traumatismos cerebrales, lesiones vasculares, alcoholismo, etc.) limitan esta capacidad de compensación.

Nuestro centro de aprendizaje

Es el cerebro el que permite aprender. Desde que nace, y a medida que crece, el niño aprende a sujetar la cabeza, andar, coger los objetos, utilizar y comprender las palabras, almacenar información en su memoria, conocer el tiempo y el espacio, adquirir los comportamientos sociales y el significado de los símbolos. A medida que las adquiere, estas informaciones se almacenan en la memoria. Ya adulto, utilizará estas fuentes de información para desarrollar sus actividades cotidianas.

Para que el cerebro funcione bien no sólo hacen falta las células nerviosas y un buen estado de los neurotransmisores. También es necesario que esté bien irrigado por la sangre (más del 20% de la sangre pasa por el cerebro en un minuto), que le aporta los elementos esenciales a su funcionamiento: el oxígeno y la glucosa que le proporcionan la energía suficiente a la síntesis de constituyentes.

¿Qué pasa con la edad?

El cerebro envejece como nuestro cuerpo.

De forma progresiva, se desarrollan una serie de modificaciones que van todas hacia una disminución:

  • disminuye la cantidad de sangre que irriga el cerebro (casi un 25% a los 70 años), pero esta disminución es todavía compatible con un funcionamiento normal de los centros nerviosos;
  • se reduce un 10 % el consumo de glucosa y de oxígeno por las neuronas;
  • disminuye la tasa (concentración) de los neurotransmisores en el cerebro,
  • disminuye el número de neuronas.

Sin embargo no hay que confundir el envejecimiento del cerebro (como órgano) con el envejecimiento psíquico. Al inverso de lo que pasa con otros órganos, existe una diferencia importante entre el órgano cerebral y su función. Todos conocemos personas mayores, alertas e inteligentes que conservan todas las facultades mentales, mientras que otras personas de misma edad, se degradan.

 Estas diferencias proceden de dos hechos:

  • no somos iguales frente al proceso de envejecimiento normal. Algunos envejecen más rápidamente que otros;
  • ciertas personas presentan lesiones degenerativas o vasculares asociadas a la edad de difícil diagnostico precoz

Registro del patrimonio de personas dependientes

Al crear el patrimonio protegido, los bienes de la persona pasan a tener una condición jurídica diferente, de modo que, a la hora de establecer relaciones jurídicas con ella, habrá que:

  • Ver si estamos en el caso de los bienes integrantes del patrimonio protegido.
  • En el caso de la “representación legal doble”, es decir, cuando sean distintos su representante legal ordinario (padres, tutores o curadores) y el representante especial del patrimonio protegido, habrá que tener en cuenta, a la hora de celebrar un negocio jurídico, con cuál de ellos hay que entenderse.

De acuerdo con la Ley, deberán inscribirse en los Registros correspondientes las siguientes cuestiones:

  • La condición de representante legal del administrador cuando fuera persona distinta del beneficiario se inscribirá en el Registro Civil.
  • Cuando bienes inmuebles o derechos reales sobre los mismos de la persona con discapacidad estén integrados en el patrimonio protegido, dicha condición deberá ser inscrita en el Registro de la Propiedad. La misma constancia registral deberá practicarse en los Registros correspondientes respecto de los restantes bienes que tengan el carácter de registrables.