Ley de Dependencia, estancada desde finales de 2012, asfixia a las familias y cuidadores sociales

Ley de Dependencia, estancada desde finales de 2012, asfixia a las familias y cuidadores sociales

La Ley de Dependencia llegó a España en el año 2006. El 30 de noviembre, el Congreso de los Diputados la aprobó de forma definitiva. Hoy en día, siete años más tarde, es una ley que ha quedado en ‘stand-by’. Principalmente por su financiación, ya que no quedó claro del todo quién debía encargarse de ella, si el Estado Central o las Comunidades Autónomas. Mientras tanto, los afectados son los de siempre: los dependientes, en este caso.

Esta ley, sin embargo, se topó con un invitado inesperado: la crisis económica. A pesar de ello, se incrementó el presupuesto de los 400 millones iniciales hasta los más de 2.000 millones de euros del año 2009 y 2010. Sin embargo, las presiones de Bruselas para cumplir con el objetivo de déficit hicieron revertir la situación: menos dinero dedicado a la dependencia en España.

La llegada del Partido Popular al poder profundizó las primeras medidas del Gobierno de Zapatero- retrasar la entrada en vigor de los nuevos beneficiarios-. Rajoy recortó cerca de 300 millones de euros en los primeros presupuestos, con una ley que quedó prácticamente ejecutada en julio de 2012, con un real decreto que eliminó un 13% más las prestaciones a dependientes y que afectó de forma especial al otro engranaje de esta norma: los cuidadores sociales.

No ejecutados, pero sí sentenciados, quedaron en ese momento miles de dependientes en nuestro país.Este es el caso de Amparo, una madre de 51 años con cinco hijos, y con uno de ellos- Andrés Jesús- que tiene una discapacidad del 88%. «No llego a final de mes. No ponemos la calefacción, nos echamos mantas para entrar en calor y con todo ello, tengo que pagar un recibo de 200 euros de luz. Así es imposible vivir», señala Amparo.

Amparo lleva sin trabajo más de cinco años y como agravante a la situación, el pasado mes de enero se le acabó una prestación especial de desempleo de 400 euros. «Tengo que hacer auténticos malabares para controlar el dinero. No es lo mismo una familia normal que una familia con un dependiente, para la que hay que comprar pañales, medicamentos, productos especiales. Es una locura», matiza.

Esta familia- en la que además de Amparo y Andrés Jesús, está su hijo pequeño de 14 años- vive con 800 euros al mes: reciben 550 euros de la pensión especial de su hijo enfermo y 215 euros adicionales que provienen de la Ley de Dependencia, una cantidad que se ha recortadoconsiderablemente en los últimos años. De esa cantidad, más de 500 van destinados al alquiler del piso en el que viven.

«Estos últimos años nos han reducido esa cantidad de forma importante. Hemos llegado a cobrar 300 euros por la ayuda de la Ley de Dependencia, cuando ahora apenas superan los 200. Puede parecer una mísera cantidad para muchos, pero para una madre como yo, con dos hijos a su cargo, supone el poder tener a mis niños mucho más atendidos», asegura Amparo.

LOS CUIDADORES SOCIALES, LOS OTROS GRANDES AFECTADOS

No sólo ha habido recortes económicos en esta ley, también los ha habido en pilares que mantienen un proyecto básico en este apartado del Estado del Bienestar: los cuidadores sociales. Desde diciembre del año pasado, el gobierno central decidió dejar de pagar la cotización a la Seguridad Social a estas personas, algo que provoca que muchos de ellos tengan dudas de si van a ser capaces de tener pensión en el futuro.

«Me encantaría tener un cuidador familiar en casa. Yo he hecho siempre esa función con mi hijo y antes, al menos, tenía la tranquilidad de que cotizaba a la Seguridad Social y eso tendría una repercusión positiva para mi familia. Ahora ya ni eso. Es un trabajo mucho más duro que cualquier otro: hay que estar pendiente de él las 24 horas, hay que ducharle a las tres de la madrugada, cambiarle el pañal. Cualquier ayuda es poca y la poca que tenemos, nos la quitan», destaca Amparo.

A pesar de todas las dificultades habidas y por haber, no tira la toalla. «Pedí una ayuda para que viniera una asistencia social a casa pero desde el gobierno de Castilla- La Mancha me la negaron porque se hizo una ley que impide que pueda acceder a este servicio, ya que mi hijo recibe una cantidad por la Ley de Dependencia. Es algo que es inexplicable. No sé qué hacer», cuenta visiblemente emocionada Amparo.

Sus otros tres hijos, que viven con sus respectivas parejas, le ayudan como pueden cada mes.Sin embargo, no le solucionada nada a largo plazo. Ellos también están parados. Algunos meses le pagan el alquiler del piso y otros el recibo de la luz.

La situación de Amparo es realmente insostenible. Los últimos días del mes son los más complicados y el aspecto alimenticio es el que más le preocupa de sus hijos, tanto de Jesús Andrés como el del pequeño, Raúl, de 14 años. «Cuando puedo ir al súper, intento aprovechar las ofertas de las grandes cadenas. Ponen productos al 50% de su precio normal con poco margen de caducidad y aprovecho para hacer la compra de esa semana de esa manera. Así me cunde más. Igual hay una semana en la que comemos lo mismo y está caducado de algunos días«, señala ésta afectada por la Ley de Dependencia.

El caso de Luis Heredero es similar. Tiene dos hijos autistas, ambos de 20 años. Debido a la limitación presupuestaria de la Ley de Dependencia tiene que pagar 600 euros mensuales más de su bolsillo para que Jaime y David puedan acudir al Servicio de Adultos en Comunidad ENCO- Aleph TEA.

«Este servicio pretende que los chicos estén desarrollados e integrados en la sociedad. Yo recibo de la Consejería de Asuntos Sociales unos 625 euros, de los cuales tengo que poner 300 euros más para que cada uno de mis dos hijos pueda tener una vida más normal», matiza Luis.

Nos cuenta que «por suerte» tiene trabajo y que aunque la ayuda económica sea insuficiente, su situación laboral le permite poder dedicar el tiempo y el dinero que sus hijos necesitan. «Sí que sería importante que nos incluyeran en la ayuda que se destina al servicio de centro de día de la Ley, que ofrece hasta 1.200 euros mensuales. Nos dejaría un margen más amplio de maniobra».

La situación es más fácil desde que se les reconoció a sus hijos como miembros del Programa Individual de Atención (PIA), que supone una prestación extra de 350 euros a las personas que atienden a esos familiares.

LAS LISTAS DE ESPERA NO AVANZAN

Amparo y Luis- y más concretamente Jaime, David y Andrés Jesús-forman parte de los 750.000 dependientes en España que están reconocidos. A ellos hay que sumarles los más de 120.000 que están en lista de espera.

José Luis Gómez-Ocaña, portavoz de la Coordinadora Estatal de Plataformas en Defensa de la Ley de Dependencia, señala que el problema radica en que «esas personas que están esperandotienen que hacerlo, por ley, hasta dos años y medio». Esto, según Ocaña, «provoca que no se cumpla la tasa de reposición que exige la legislación, ya que muchos de los dependientes fallecen en esa espera».

Los Presupuestos Generales del Estado de 2014 prevén un recorte en esta partida del 47% respecto al ejercicio anterior. Todo ello, según explica Gómez Ocaña, se percibe «de forma importante en la implantación del copago en la asistencia a centros de día, en las ayudas a domicilio y el recorte de las plazas residenciales y de las prestaciones de los cuidadores familiares, que se reducen en un 15%».

«No puede ser que se recorten las ayudas a domicilio a 26 horas mensuales, que se dejan en ‘stand by’ los casos de nuevos dependientes y que se dejan en cantidades irrisorias las ayudas a estos colectivos. Están colapsando el sistema», apunta el portavoz de esta coordinadora.

Para Gómez- Ocaña, la ley de dependencia tuvo sus «fallos de financiación al principio de su aprobación pero ha supuesto para miles de personas a nivel de España el poder llevar de forma digna su vida diaria». No tiene dudas de que el principal responsable de la situación crítica de esta legislación es el gobierno de Mariano Rajoy.

«El PP tenía claro que iba a eliminar esta ley. En julio de 2012 aprobaron un decreto ley encubierto que dejaba en evidencia las carencias del sistema y los PGE de 2014 confirman esa tendencia. Si las autonomías no reciben, recortan en dependencia y eso al final acaba repercutiendo en las familias que viven día a día los problemas de sus familiares», señala Gómez- Ocaña.

El futuro no es nada esperanzador en este sentido. Por ello, desde la Coordinadora Estatal de Plataformas en Defensa de la Ley de Dependencia trabajan con los grupos de la oposición para que, en caso de producirse un cambio político en Moncloa, se tenga apalabrada la reforma sistemática de «una ley que ha caído en picado en los últimos años».

«Hemos hablado con UPyD, Partido Socialista e Izquierda Unida, y todos ellos se han mostrado favorables a realizar una reasignación de partidas presupuestarias a favor de la Ley de Dependencia en caso de que lleguen al Gobierno», destaca Gómez Ocaña, con dos hijos totalmente dependientes a los que determinan los médicos un corto periodo de vida.

Fuente: que.es

Cuidadores robóticos

Cuidadores robóticos

También se puede ver mermada la movilidad y gradualmente padecer soledad y aislamiento social. Muchos ancianos tienen la fortuna de contar con alguien que les cuide, pero a veces esa persona (quizás su cónyuge) tiene una edad similar y puede necesitar ayuda para cumplir esa función.

Un equipo europeo formado por representantes de universidades, institutos de investigación, empresas y organizaciones de asistencia viene trabajando en un nuevo tipo de cuidador social capaz de proporcionar esa ayuda en estas y otras situaciones. Se trata del proyecto financiado con fondos europeos Mobiserv, dedicado desde hace tres años a crear un compañero robótico para personas mayores que pueda recordarles la necesidad de comer, beber, tomar la medicación, estructurar el día y ayudarles a mantenerse activos sugiriendo una serie de actividades.

Las máquinas ya hacen varias tareas prácticas, pero su interacción con las personas aún es lenta y poco natural

 

Por ejemplo, si un individuo no toma ningún líquido en cierto tiempo, con el consiguiente riesgo de deshidratación, el robot puede aconsejarle que beba algo, incluso sugerirle una bebida concreta según sus gustos o necesidades. Esta misma función se repetiría en relación a la alimentación, el ejercicio físico, las actividades y los contactos sociales. Si el individuo no se comunica con nadie durante un tiempo, el robot podría sugerirle que llame por teléfono o salga a visitar a alguien, consejos útiles para quienes presentan riesgo de sufrir aislamiento social.

Este robot es uno de los componentes de un sistema automático más amplio que los responsables de Mobiserv están desarrollando para personas de edad avanzada. También comprende ropa inteligente capaz de, por ejemplo, monitorizar los signos vitales y los patrones de sueño y detectar caídas, así como un entorno domótico que constará de sensores inteligentes, dispositivos de reconocimiento óptico y automatismos domésticos. Todo ello permitirá detectar los hábitos de ingesta de alimentos y bebidas, patrones de actividad y también situaciones peligrosas. 

Mobiserv inició su andadura en diciembre de 2009. Ya en su segundo año desarrolló un prototipo de compañero robótico social tras realizar una extensa investigación en la que participaron usuarios finales con sus correspondientes cuidadores, formales e informales. A partir de las pruebas y observaciones de este prototipo, se está mejorando y ajustando el robot y las demás prestaciones de Mobiserv para que resulten más útiles, aceptables y divertidas. Para averiguar cuáles son las vivencias e impresiones de las personas mayores ante la introducción de este sistema en su hogar, investigadores de la Universidad del Oeste de Inglaterra – Bristol (Reino Unido), el Smart Homes Institute de Eindhoven (Países Bajos) y la organización de asistencia Ananz de Geldrop (Países Bajos) efectuarán extensos estudios de evaluación de los usuarios del compañero robótico durante los próximos meses. Planean realizar pruebas de usabilidad en un laboratorio doméstico, ensayos prácticos durante una jornada completa en una vivienda piloto y también experimentos de varios días en los propios hogares de los usuarios.

 

En el transcurso de las evaluaciones planeadas, los ancianos participantes podrán usar con libertad su compañero robótico, mientras que los cuidadores podrán personalizar y utilizar el sistema para facilitar la existencia de sus seres queridos. La finalidad de estas evaluaciones es dar a usuarios y cuidadores la oportunidad de experimentar lo que Mobiserv puede ofrecerles, perfeccionar el sistema y averiguar el mejor modo de comercializarlo. El objetivo último no es otro que capacitar a los ancianos para que sean autónomos y favorecer su bienestar e independencia y los de sus cuidadores.

Las evaluaciones con usuarios se prolongarán desde abril hasta junio de 2013 y tendrán lugar en Reino Unido y Países Bajos. Desde junio hasta agosto, el proyecto Mobiserv y su compañero robótico se presentarán y exhibirán en diversos eventos en distintos puntos de Europa.

14.000 madrileños esperan sus ayudas para la dependencia pese a tenerlas ya aprobadas

14.000 madrileños esperan sus ayudas para la dependencia pese a tenerlas ya aprobadas

Los retrasos para recibir las ayudas son de hasta dos años. «Muchas personas fallecen sin llegar a ser atendidas», aseguran los expertos. El «limbo de la dependencia» se ha reducido gracias a que el sistema ha dado de baja a los dependientes de grado más moderado.

Tal vez sea usted beneficiario de algunas de las ayudas que presta la Ley de Dependencia, pero eso no significa que esté disfrutando de ellas. La lista de espera para recibir estas prestaciones en la Comunidad de Madrid es, al menos, de 14.000 personas. La demora puede durar hasta dos años y muchos dependientes fallecen sin llegar a ser atendidos. Y eso pese a haberse reducido el número de beneficiarios, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad. A 31 de octubre de 2013 había 14.145 madrileños con derecho reconocido pendientes de recibir sus prestaciones (en 2012 eran 19.589), mientras que los que las reciben son 84.204 (en 2012 eran 81.200). La proporción de quienes no reciben ayuda aprobada ha disminuido en cinco puntos porcentuales en un año, y ya suponen el 14,3% del total. Algo que es generalizable a toda España, donde, en el mismo periodo de tiempo, el número de personas situadas en el llamado ‘limbo de la dependencia’ se ha reducido en más de 30.000 personas, al pasar de 231.119 en octubre de 2012 a 200.910 en octubre de 2013. Sin embargo, la reducción de este ‘limbo’ no se debe a una mejor respuesta de los servicios sociales. De hecho, los expertos aseguran que cada vez funcionan peor, con ayudas reducidas y numerosos retrasos en el cobro de las mismas: «La verdadera razón es el espejismo estadístico producido por las bajas resultantes estos años», asegura un portavoz de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales.

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Valido hasta el 15/12/2013

Test para la detección del deterioro cognoscitivo

Test de Isaacs

Se caracteriza por su simplicidad, con ítems fácilmente memorizables por el explorador, siendo útil para una  primera aproximación sin ningún tipo de soporte documental.

Mide la fluencia verbal de tipo categorial, al solicitar al sujeto que cite hasta un máximo de diez respuestas de cada una de las siguientes categorías: colores, animales, frutas y ciudades.

Se le da un minuto para cada serie y cambiaremos a la siguiente cuando haya dicho 10 elementos de la misma sin repetir ninguno aunque no haya agotado el minuto de tiempo. Se contabilizarán las respuestas hasta un máximo de 40, valorándose como caso dudoso los valores inferiores a 24 y demencia establecida por debajo de 15. Delimitado el punto de corte por debajo de las 25 respuestas.

Test del Dibujo del Reloj (TDR) (Clock Drawing Test-CDT)

El Test del Dibujo del Reloj (TDR) es una prueba de detección (screening) sencilla, rápida y de fácil aplicación empleada tanto en la práctica clínica como en investigación para valorar el estado cognitivo del sujeto. Evalúa diferentes mecanismos implicados en la ejecución de la tarea, fundamentalmente funciones visoperceptivas, visomotoras y visoconstructivas, planificación y ejecución motoras.

El Test del Dibujo del Reloj (TDR) es una prueba elaborada originariamente por Battersby, Bender, Pollack y Kahn en 1956 para detectar la negligencia contralateral en pacientes con lesión en el lóbulo parietal. Actualmente, su aplicación se ha extendido al ser el TDR una prueba que proporciona valiosa información acerca de diversas áreas cognitivas activadas en la ejecución de esta breve prueba que corresponden a funciones cognitivas semejantes a las que valora el Mini-Mental State Examination de Folstein, entre ellas, lenguaje, memoria a corto plazo, funciones ejecutivas, práxicas y visoespaciales.

Diversos autores, basándose en los resultados obtenidos en las investigaciones realizadas, proponen la utilización del TDR como una herramienta eficaz en la detección del deterioro cognitivo en pacientes con Demencia Tipo Alzheimer. Esta prueba es altamente sensible y específica, discriminando perfectamente entre sujetos con diagnóstico de Demencia Tipo Alzheimer (DTA) probable y sujetos sin tal patología. La ejecución en el TDR de los pacientes afectos de DTA es peor, obtienen una puntuación menor, que los sujetos no afectos por este proceso demenciante sin importar la escala de baremación que se emplee en su corrección.

El hecho de que se haya aplicado el TDR desde diferentes campos de la clínica y de la investigación neuropsicológica seguramente se debe a que, aunque aparentemente simple, la tarea de dibujar correctamente un reloj requiere la participación coordinada de numerosos y distintos aspectos cognitivos que no son necesarios para realizar otros dibujos más simples, como por ejemplo una casa o un árbol. Los errores que observamos en su ejecución sin duda reflejan determinadas deficiencias atribuibles a alteraciones o lesiones neurológicas concretas; es decir, el tipo de errores que comete un paciente al realizar la prueba puede variar en función de la patología que sufre, así como de la localización y extensión de sus lesiones neurológicas.

Cuando se solicita a un paciente que dibuje un reloj, podrá llevarlo a cabo si conserva determinadas capacidades. Por ejemplo, un paciente que deba escribir todos los números y simultáneamente ordenarlos correctamente en el espacio, necesitará realizar una planificación adecuada para coordinar esta tarea; también necesitará poseer organización visual y motora, así como capacidad de procesar simultáneamente la tarea que está ejecutando. Si dicha tarea incluye entre sus instrucciones el que el reloj marque una determinada pauta horaria, tendrá que almacenar en la memoria y posteriormente recuperar esa información, para ubicar correctamente las manecillas. Todos éstos procesos de lenguaje, memoria, coordinación visuo-espacial, implican la participación de zonas cerebrales corticales y subcorticales, anteriores y posteriores, así como del hemisferio cerebral derecho e izquierdo. Si un paciente posee un determinado aspecto cognitivo selectivamente deteriorado, en un análisis minucioso del TR podríamos observar diferencias cualitativas respecto a un sujeto sano. Por ello, para que el TR pueda considerarse como una prueba de evaluación rápida del deterioro cognitivo sería pertinente establecer unos criterios con arreglo a los cuales efectuar un análisis cuantitativo y cualitativo adecuado.

Si un paciente, por ejemplo, es incapaz de dibujar una esfera de reloj lo suficientemente grande como para situar en ella todos los números, esta micrografía podría ser un marcador de alteración en los gánglios basales. Por otra parte, podrían analizarse aspectos como por ejemplo: evaluar la correcta ubicación de los números, situando primero números de referencia como 3, 6, 9 y 12; observar si los números están correctamente ordenados y si están todos presentes tanto en el hemicampo izquierdo como en el derecho, sugiriendo, de lo contrario una alteración del hemicampo visuo-atencional del hemisferio contralateral.

En la última década, se ha producido un cierto auge en la aplicación del TDR para el estudio y valoración de las enfermedades neurodegenerativas, especialmente para la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Al mismo tiempo, se han ido desarrollando diversos métodos para aplicar y puntuar el TDR. Sin embargo, aún no se han establecido unos criterios estandarizados para su aplicación y puntuación.

 

Criterios de puntuación

J. Cacho y cols (1998) han propuesto unas escalas de puntuación basadas en los criterios de la escala previamente utilizada por Rouleau et al (1992), aunque con diversas modificaciones, que esencialmente han consistido en introducir los parámetros cualitativos rotación inversa, alineación numérica y perseveración dentro de la escala de puntuación. Según estos criterios, se ha establecido una puntuación máxima de 2 puntos por el dibujo de la esfera, 4 puntos por los números y 4 puntos por las manecillas.

Criterios de puntuación del test del reloj (J.Cacho et al.)

1. Esfera del reloj (máximo 2 puntos).

2 Puntos.
Dibujo norma. Esfera circular u ovalada con pequeñas distorsiones por temblor.
1 Punto.
Incompleto o con alguna distorsión significativa. Esfera muy asimétrica.
0 Puntos.
Ausencia o dibujo totalmente distorsionado.

2. Presencia o secuencia de los números (máximo 4 puntos).

4 Puntos.
Todos los números presentes y en el orden correcto. Sólo "pequeños errores" en la localización espacial en menos de 4 números (p.e. colocar el número 8 en el espacio del número 9).
3,5 Puntos.
Cuando los "pequeños errores" en la colocación espacial se dan en 4 o más números pequeños.
3 Puntos.
Todos presentes con error significativo en la localización espacial (p.e. colocar el número 3 en el espacio del número 6).
Números con algún desorden de secuencia (menos de 4 números).
2 Puntos.
Omisión o adicción de algún número,pero sin grandes distorsiones en los números restantes.
Números con algún desorden de secuencia (4 ó más números).
Los 12 números colocados en sentido antihorario (rotación inversa).
Todos los números presentes, pero con gran distorsión espacial (números fuera del relij o dibujados en media esfera, etc...).
Presencia de los 12 números en una línea vertical, horizontal u oblicua (alineación numérica).
1 Punto.
Ausiencia o exeso de números con gran distorsión espacial.
Alineación numérica con falta o exeso de números.
Rotación inversa con falta o exeso de números.
0 Puntos.
Ausencia o escasa representación de números (menos de 6 números dibujados).

3. Presencia y localización de las manecillas (máximo 4 puntos).

4 Puntos.
Las manecillas están en posición correcta y con las proporciones adecuadas de tamaño (la de la hora más corta).
3,5 Puntos.
Las manecillas en posición correcta pero ambas de igual tamaño.
3 Puntos.
Pequeños errores en la localización de las manecillas (situar una de las agujas en el espacio destinado al número anterior o posterior).
Aguja de los minutos más corta que la de la hora, con pauta horaria correcta.
2 Puntos.
Gran distorsión en la localización de las manecillas (incluso si marcan las once y diez, cuando los números presentan errores significativos en la localización espacial).
Cuando las manecillas no se juntan en el punto central y marcan la hora correcta.
1 Punto.
Cuando las manecillas no se juntan en el punto central y marcan unao hora incorrecta.
Presencia de una sola manecilla o un esbozo de las dos.
0 Puntos.
Ausencia de manecillas o perseveración en el dibujo de las mismas. Efecto en forma de "rueda de carro".

Criterios de aplicación

Se debe aplicar en dos fases sucesivas, según el orden establecido:

1.  Test del reloj a la orden (TRO). En esta fase, se le presenta al sujeto una hoja de papel completamente en blanco, un lápiz y una goma de borrar, y se le proporcionan las siguientes instrucciones: “Me gustaría que dibujara un reloj redondo y grande en esta hoja, colocando en él todos sus números y cuyas manecillas marquen las once y diez. En caso de que cometa algún error, aquí tiene una goma de borrar para que pueda rectificarlo. Esta prueba no tiene tiempo límite, por lo que le pedimos que la haga con tranquilidad, prestándole toda la atención que le sea posible”.

Se repite las instrucciones tantas veces como sea necesario. Si el sujeto, después de dibujar la esfera, omite algún número, se le pregunta si los ha puesto todos, permitiéndole rectificar el dibujo si toma conciencia de sus errores. Si, por el contrario, no percibe el error, ya sea porque sobra o falta algún número, se le recuerda la instrucción de la pauta horaria.

Una vez dibujado los números, se le recuerda que deben ubicar las manecillas marcando las once y diez. Si transcurrido un tiempo, el sujeto no ha dibujado las manecillas o falta alguna de ellas, se le pregunta si ha finalizado su reloj. En caso afirmativo, se le informa que, seguidamente, van a desarrollar una prueba más fácil, comenzando entonces con la realización de la fase del TR “a la copia”. En caso contrario, se le concede un plazo de tiempo adicional para completar la tarea.

2.  Test del reloj a la copia (TRC). En esta segunda condición, se le presenta al sujeto un folio en posición vertical, con un reloj impreso en el tercio superior de la hoja.

Se le pide que preste la máxima atención al dibujo y copie de la forma más exacta posible el dibujo del reloj que aparece en la parte superior de la hoja. Dado que en esta fase tampoco se establece un tiempo límite, se le sugiere que la realice con tranquilidad y que emplee la goma de borrar en caso de que cometa algún error.

Al terminar esta prueba se le retira la hoja para su posterior evaluación y puntuación. Si el reloj está incompleto, antes de recoger la hoja se le pregunta si el dibujo está terminado. Si el sujeto advierte la existencia de algún error se le permite rectificarlo, de lo contrario se le recoge la hoja.

Puntos de corte para la estimación del deterioro cognitivo asociado a la demencia tipo Alzheimer

En la condición de TRO, el punto de corte que muestra una mayor eficacia es el 6. Por tanto, se considera el test como positivo si el valor de la suma de las tres puntuaciones (esfera, números y manecillas) “a la orden” es menor o igual a 6, y como negativo si la suma de las puntuaciones es mayor de 6. Las puntuaciones altas sirven para descartar la enfermedad, especialmente las puntuaciones próximas al 8 y al 9.

En la condición de TRC, el punto de mayor eficacia es de 8. Por tanto, se considera el test como positivo si el valor de la suma de las tres puntuaciones (esfera, números y manecillas) “a la copia” es menor o igual a 8, y como negativo si la suma de las puntuaciones es superior a 8.

El punto de corte de mayor eficacia del TRO+ TRC es 15. Así pues, se considera el test como positivo si el valor de la suma de las tres puntuaciones (esfera, números y manecillas) en las dos condiciones del test (orden y copia) es menor o igual a 15, y como negativo si la suma de las puntuaciones es superior a 15.

La aparición de rotación inversa o alineación numérica, así como de perseveración de errores en cualquiera de las dos condiciones experimentales (TRO y TRC) puede indicar un probable deterioro cognitivo.

Cuestionario Portátil del Estado Mental de Pfeiffer (SPMSQ)

Instrumento de administración rápida que ha acreditado su fiabilidad en estudios epidemiológicos, llegando a superar, incluso, al prestigioso MMSE de Folstein, siendo, por ello, uno de los más recomendables en Atención Primaria y Geriatría.

Es una prueba muy breve que no requiere ninguna preparación especial, aportando, en pocos minutos, información sobre diferentes áreas cognitivas, especialmente sobre memoria y orientación.

Consta de 10 ítems que hacen referencia a cuestiones generales o personales, confiriéndole un carácter transcultural. En nuestro medio tan sólo se ha tenido que adaptar el noveno ítem (se pide el nombre completo, segundo apellido).

Este test es especialmente útil en invidentes, personas de avanzada edad y analfabetas, aún cuando se corrige el resultado en función del grado de instrucción, permitiendo un error más, en sujetos de bajo nivel educativo, estableciéndose, por el contrario, un error menos, en individuos con estudios superiores.

La interpretación de los resultados se realiza contabilizando los errores en los 10 ítems del test. De 0 a 2 se considera normal; de 3 a 4 deterioro intelectual leve; de 5 a 7 deterioro intelectual moderado y de 8 a 10, deterioro severo. El punto de corte para la demencia se establece en 5 errores.

Mini-Mental State Examination (MMSE)

El test minimental (Minimental Examination) es la prueba breve más usada, tanto en la clínica como en los estudios de investigación. Es un test sencillo, que puede ser aplicado por el personal médico o de enfermería en un corto espacio de tiempo y que muestra un buen rendimiento a nivel de screening o valoración inicial del deterioro cognitivo. Presenta, sin embargo, la dificultad de estar muy cargado de aspectos del lenguaje mostrando un rendimiento diferente en función del nivel cultural y estudios. No obstante, representa un buen compromiso entre la rapidez de realización y la información aportada. En cualquier caso, es necesario tener en cuenta que se trata de una prueba de screening, y por lo tanto no puede ser utilizada por sí sola, para establecer el diagnóstico de demencia. Se necesitará la ampliación de la información que el test aporta con otras pruebas, para poder realizar este diagnóstico.

Mini-Examen Cognoscitivo de Lobo (MEC)

Mini-Examen Cognoscitivo (MEC), (Lobo et al., 1979). Consiste en una prueba breve de detección de demencia a través de la evaluación del rendimiento cognitivo del paciente con unas pocas preguntas. Esta prueba es una adaptación modificada al español del Mini-Mental State Examination (MMSE) (Folstein et al., 1975). La prueba de Lobo y colaboradores proporciona una puntuación total de entre 0 y 35, obtenida a través de la suma directa de las puntuaciones que proporcionan los aciertos en la prueba. El punto de corte establecido para detección de demencia en población española se sitúa en 23 o menos.

Escala de demencia de Blessed (BDS)

Fue diseñada para establecer una correlación anátomo-funcional entre una escala y las lesiones cerebrales objetivables en enfermos de Alzheimer. Esta prueba no sólo valora el deterioro de tipo cognitivo, sino que aporta, en una de sus subescalas, una evaluación conductual.

Consta de dos partes: una entrevista efectuada al cuidador o familiar, interrogando sobre la capacidad del paciente para desenvolverse en la cotidianidad del día a día, y otra, el “Information-Memory-Concentration-Test”, que se administra mediante una entrevista al paciente y viene a medir los mismos aspectos que el MEC.

El test cognitivo valora, mediante 28 ítems, orientación-información, memoria y concentración-atención, con una puntuación máxima de 37 y un punto de corte inferior o igual a 32.

La subescala de valoración funcional o Dementia Rating Scale, consta de 22 ítems divididos en tres apartados: cambios en la ejecución de las actividades diarias, de hábitos y de personalidad, interés y conducta. Su puntuación máxima es de 28 puntos, situándose el punto de corte a partir de 9. Una puntuación de 4 ó más puede interpretarse como sospecha de demencia mientras que puntuaciones mayores de 15, indican demencia moderada a grave. En esta escala, la suma de los puntos obtenidos se hace de forma separada, expresándose los resultados de forma independiente, por ejemplo: Escala de demencia de Blessed: 3,5-1-4.

Es un instrumento sencillo y relativamente rápido de administrar, no requiriéndose más de media hora, posee una elevada sensibilidad (88%) y especificidad (94%), a pesar de poseer un apartado que puede verse afectado por características de la personalidad y hábitos de comportamiento previos al deterioro.

Test del Informador (TIN o IQCODE)

Es un test validado en España que valora a través de un informador (fidedigno) el declinar cognitivo-funcional del paciente en los últimos 5 a 10 años. Es independiente de la inteligencia previa del paciente, el nivel de escolarización y la edad. Su validez parece superior al MMSE de Folstein, tanto en la evaluación clínica como en el cribado del deterioro cognitivo leve, de ahí su utilidad en Atención Primaria.

El tiempo requerido para su administración oscila entre 10-5 minutos, aunque habitualmente lo cumplimentará el familiar/informador en el propio domicilio, sin la presencia de ningún entrevistador, pero con una pequeña explicación dada en la consulta. Es aconsejable revisar si existen preguntas sin contestar y la coherencia de las respuestas al recibir el test. Se valora la memoria, la funcionalidad y la capacidad ejecutiva de y de juicio.

Existen dos versiones:

Corta o breve (17 ítems): La puntuación total es 85 estableciéndose como posible deterioro cognitivo, puntuaciones mayores a 57.

Larga (26 ítems): La puntuación máxima es 130 y los puntos de corte se establecen entre 84-85.

Instrumentos para la valoración de la capacidad física y las actividades de la vida diaria

Instrumentos para la valoración de la capacidad física y las actividades de la vida diaria

Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Indice de Barthel (IB). El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (ABVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades

Al evaluar el deterioro mental leve se exige a los instrumentos, básicamente, estar dotados de gran poder discriminatorio con respecto a la normalidad, mientras que en el examen de una demencia grave, dónde el trastorno cognitivo es evidente, lo que se espera de ellos es una completa y descriptiva valoración funcional.

El deterioro cognitivo que implica la demencia se expresa generalmente en una reducción de las habilidades de autocuidado, sin embargo, paradójicamente, entre las escalas de valoración de estos autocuidados y los test de valoración cognitiva no existe una correlación lineal, debido en gran parte a los rasgos diferentes de las conductas que evalúan.

La valoración funcional puede ofrecer índices de predicción de la mortalidad, el riesgo de institucionalización, el deterioro físico y el uso de los recursos sociosanitarios.

La correcta realización de esta evaluación implica tener en cuenta dos tipos de escalas, las que miden las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y aquellas otras que valoran este tipo de actividades, cuando precisan el manejo instrumental (AIVD) de objetos de uso cotidiano, como el teléfono, utensilios de cocina, etc.

Actividades básicas de la vida diaria (ABVD)

Las actividades básicas de la vida diaria son el conjunto de actividades primarias de la persona, encaminadas a su autocuidado y movilidad, que le dotan de autonomía e independencia elementales y le permiten vivir sin precisar ayuda continua de otros; entre ellas se incluyen actividades como: comer, controlar esfínteres, usar el retrete, vestirse, bañarse, trasladarse, deambular, etc.

Existen más de 40 escalas de este tipo, aunque muy pocas de ellas cuentan con la validación y fiabilidad suficiente como para ser consideradas instrumentos útiles. Las más utilizadas son las siguientes:

Índice de Katz de independencia de las actividades básicas de la vida diaria

Ideado inicialmente en el hospital Benjamín Rose de Cleveland en 1958 para fracturados de cadera. Desde 1963, su simplicidad lo ha popularizado internacionalmente como instrumento de valoración en instituciones geriátricas, introduciéndose de forma paulatina su uso en la asistencia primaria, para la valoración domiciliaria de los pacientes crónicos.

Evalúa la continencia de esfínteres y el grado de dependencia funcional del paciente para la realización de cinco tipos de actividades cotidianas: levantarse, usar el baño y el retrete, vestirse y comer, con tres posibles respuestas que nos permiten clasificar a los pacientes en siete grupos (de mayor dependencia a mayor independencia).

Las situaciones se expresan alfabéticamente en una escala creciente de pérdida de capacidades, a partir de las experiencias de Guttman según la progresión habitual del declive físico filogenético, desde la A, independiente para las tareas mencionadas, hasta la G, dependiente absoluto.

Índice de Barthel

Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Indice de Barthel (IB), también conocido como «Indice de Discapacidad de Maryland».

El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (ABVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades.

Permite una evaluación más escalonada que la anterior de los grados de discapacidad, constituyendo el índice más utilizado en la valoración funcional de pacientes para el ingreso en residencias asistidas en nuestro medio. Su utilidad ha sido acreditada tanto para la práctica clínica diaria como para la investigación epidemiológica.

El IB se comenzó a utilizar en los hospitales de enfermos crónicos de Maryland en 1955. Uno de los objetivos era obtener una medida de la capacidad funcional de los pacientes crónicos, especialmente aquellos con trastornos neuromusculares y músculo-esqueléticos. También se pretendía obtener una herramienta útil para valorar de forma periódica la evolución de estos pacientes en programas de rehabilitación.

Las primeras referencias al IB en la literatura científica datan de 1958 y 1964, pero es en 1965 cuando aparece la primera publicación en la que se describen explícitamente los criterios para asignar las puntuaciones. En la actualidad este índice sigue siendo ampliamente utilizado, tanto en su forma original como en alguna de las versiones a que ha dado lugar, siendo considerado por algunos autores como la escala más adecuada para valorar las AVD.

Medición

Se trata de asignar a cada paciente una puntuación en función de su grado de dependencia para realizar una serie de actividades básicas. Los valores que se asignan a cada actividad dependen del tiempo empleado en su realización y de la necesidad de ayuda para llevarla a cabo. Las AVD incluidas en el índice original son diez: comer, trasladarse entre la silla y la cama, aseo personal, uso del retrete, bañarse/ducharse, desplazarse (andar en superficie lisa o en silla de ruedas), subir/bajar escaleras, vestirse/desvestirse, control de heces y control de orina. Las actividades se valoran de forma diferente, pudiéndose asignar 0, 5, 10 ó 15 puntos. El rango global puede variar entre 0, completamente dependiente, y 100 puntos, completamente independiente.

El IB aporta información tanto a partir de la puntuación global como de cada una de las puntuaciones parciales para cada actividad. Esto ayuda a conocer mejor cuáles son las deficiencias específicas de la persona y facilita la valoración de su evolución temporal.

La elección de las actividades que componen el IB fue empírica, a partir de las opiniones de fisioterapeutas, enfermeras y médicos. El IB, por tanto, no está basado en un modelo conceptual concreto, es decir, no existe un modelo teórico previo que justifique la elección de determinadas actividades de la vida diaria o la exclusión de otras.

Puntuaciones originales de las AVD incluidas en el Indice de Barthel

Comer 0= Incapaz.
5= Necesita ayuda para cortar, extender la mantequilla, usar condimentos, etc.
10= Independiente (la comida está al alcance de la mano).
Trasladarse entre la silla y la cama 0= Incapaz, no se mantiene sentado.
5= Necesita ayuda importante (una persona entrenada o dos personas), puede estar sentado.
10= Independiente.
Aseo personal 0= Necesita ayuda con el aseo personal.
5= Independiete para lavarse la cara, las manos y los dientes, peinarse y afeitarse.
Uso del retrete 0= Dependiente.
5= Necesita alguna ayuda, pero puede hacer algo sólo.
10= Independiente (entrar, salir, limpiarse y vestirse).
Bañarse/ducharse 0= Dependiente
5= Independiente para bañarse o ducharse.
Desplazarse 0= Inmóvil.
5= Independiente en silla de ruedas en 50m.
10= Anda con pequeña ayuda de una persona (física o verbal).
15= Independiente al menos 50m, con cualquier tipo de muleta, execpto andador.
Subir y bajar escaleras 0= Incapaz.
5= Necesita ayuda física o verbal, puede llevar cualquier tipo de muleta.
10= Independiente para subir y bajar escaleras.
Vestirse o desvestirse 0= Dependiente.
5= Necesita ayuda, pero puede hacer la mitad aproximadamente, sin ayuda.
10= Independiente, incluyendo botones, cremalleras, cordones, etc.
Control de heces 0= Incontinente (o necesita que le suministren enema).
5= Accidente excepcional (uno/semana).
10= Continente.
Control de orina 0= Incontinente, o sondado incapaz de cambiarse la bolsa.
5= Accidente excepcional (máximo uno/24 horas).
10= Continente.

TOTAL= 0-100 puntos (0-90 si usan silla de ruedas).

Interpretación de los resultados

Algunos autores han propuesto puntuaciones de referencia para facilitar la interpretación del IB. Por ejemplo, se ha observado que una puntuación inicial de más de 60 se relaciona con una menor duración de la estancia hospitalaria y una mayor probabilidad de reintegrarse a vivir en la comunidad después de recibir el alta. Esta puntuación parece representar un límite: con más de 60 casi todas las personas son independientes en las habilidades básicas.

La interpretación sugerida por Shah et al sobre la puntuación del IB es: 0-20: Dependencia total; 21-60: Dependencia severa; 61-90: Dependencia moderada; 91-99: Dependencia escasa; 100: Independencia.

Así mismo, también se ha intentado jerarquizar las actividades incluidas en el IB según la frecuencia con que se observa independencia en su realización. Según los resultados de Granger et al el orden podría ser el siguiente: 1. Comer; 2. Aseo; 3. Control de heces; 4. Control de orina; 5. Baño; 6. Vestirse; 7. Usar el retrete; 8. Traslado cama/silla; 9. Desplazarse; 10. Subir/bajar escaleras.

Comer es la actividad en la que se observa independencia con más frecuencia. Este es el orden observado en una población concreta y puede presentar variaciones en otros ámbitos.

Otros autores han observado que la recuperación de las diferentes actividades ocurría en un orden jerárquico bien definido. Bañarse sin ayuda fue la actividad que se recuperaba más tarde, siendo la incontinencia ocasional de heces la primera en recuperarse.

Escala de valoración de incapacidad física y mental de la Cruz Roja

Desarrollada en el Servicio de Geriatría del Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid y publicada por primera vez en 1.972, es probablemente la escala de valoración funcional más ampliamente utilizada en nuestro entorno, pese a lo cual no existen excesivos datos acerca de sus cualidades métricas. Son dos escalas que valoran la esfera funcional, de Incapacidad Física de la Cruz Roja (CRF), y la cognitiva, de Incapacidad Mental de la Cruz Roja (CRM).

Nació para conocer las necesidades de la población anciana de una determinada zona urbana para la puesta en marcha de un Servicio de Atención a Domicilio, y poder así optimizar el uso de recursos de una Unidad de Geriatría destinada al cuidado de ancianos con enfermedades agudas o agudizaciones de enfermedades crónicas.

Descripción

Es una escala heteroadministrada. Su cumplimentación es sencilla y rápida (menos de 5 minutos), y no precisa de entrevistador entrenado. La información se obtiene mediante anamnesis del paciente o, si su capacidad cognitiva no lo permite, de su cuidador o familiares.

La escala de incapacidad física clasifica al paciente en 6 grados, desde independiente (=0) hasta dependiente total (=5), que correspondería al paciente encamado, evaluando de forma especial la movilidad y el control de esfínteres y, de manera más genérica, la capacidad para el autocuidado.

Tiene una alta concordancia con el índice de Katz para grados de incapacidad leves y graves, y con otras escalas funcionales, y valor predictivo de mortalidad para grados de dependencia grave. Parece tener buena sensibilidad para detectar cambios en pacientes atendidos en hospital de día o unidad de rehabilitación, y en el seguimiento de ancianos frágiles atendidos en su domicilio, pero su reproducibilidad interobservador es baja.

También se ha estudiado su validez concurrente con el índice de Barthel, concluyendo que ésta es elevada. La CRF presenta aceptables sensibilidad y especificidad frente al índice de Barthel para la incapacidad funcional en servicios de Geriatría, aunque desconocemos el grado de validez y fiabilidad en muestras de ancianos residentes en la comunidad, en los que la prevalencia de incapacidad funcional y deterioro mental es considerablemente menor.

Interpretación

Es sencilla, simplemente se considera mayor o menor dependencia en función del grado seleccionado por el entrevistador a partir de la anamnesis y/o la observación del paciente.

Limitaciones

La precisión de sus ítems se ve penalizada en los grados intermedios de incapacidad, que es cuando la exactitud en la evaluación adquiere mayor dificultad (es más fácil clasificar un paciente que “está muy bien” o “muy mal”, que otro que presenta un deterioro parcial).

La subjetividad de algunas de las definiciones de sus grados es otro problema añadido. Sería necesario introducir mejoras en la precisión y definición de cada grado, así como estudios que demostraran sus cualidades métricas, para mejorar el instrumento.

Por otro lado, tampoco existen instrucciones para su aplicación; existen aspectos confusos que dificultan su utilización y la comunicación entre profesionales.

En nuestro país es una escala que ha sido ampliamente utilizada como instrumento de screening para detectar necesidades socio-sanitarias de la población anciana, así como para conocer la situación de independencia-dependencia funcional de los ancianos en diversos ámbitos (aunque con las limitaciones anteriormente descritas).

Escala Bayer-ADL

Debido a la poca disponibilidad de instrumentos ADL (Activities of Daily Living) sensibles a los cambios en las primeras fases de demencia, en 1990 se creó un proyecto internacional con el apoyo de Bayer AG, con el objetivo de desarrollar una escala práctica de ADL que pudiera utilizarse internacionalmente para documentar las mejorías provocadas por la intervención terapéutica en pacientes con demencia de leve a moderada. La escala permite evaluar los beneficios terapéuticos reflejados en las mejorías de su capacidad para llevar a cabo las actividades diarias; asimismo, permite identificar los cambios en la competencia para realizar las actividades diarias mucho antes de que los cambios patológicos en la memoria y la capacidad cognitiva sean evidentes. Sus características psicométricas demuestran una elevada concordancia con instrumentos clínicos (GDS, CGI) y cognitivos (MMSE).

La escala Bayer-ADL (B-ADL) contiene 25 preguntas con una escala de tipo Likert de 10 puntos, en la que una puntuación de 1 indica que la dificultad nunca se presenta, y una puntuación de 10, que la dificultad se presenta siempre. Recientemente, la escala se ha traducido y validado en España, aunque está pendiente de publicación.