Ayuda a Domicilio
Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Indice de Barthel (IB). El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (ABVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades
Al evaluar el deterioro mental leve se exige a los instrumentos, básicamente, estar dotados de gran poder discriminatorio con respecto a la normalidad, mientras que en el examen de una demencia grave, dónde el trastorno cognitivo es evidente, lo que se espera de ellos es una completa y descriptiva valoración funcional.
El deterioro cognitivo que implica la demencia se expresa generalmente en una reducción de las habilidades de autocuidado, sin embargo, paradójicamente, entre las escalas de valoración de estos autocuidados y los test de valoración cognitiva no existe una correlación lineal, debido en gran parte a los rasgos diferentes de las conductas que evalúan.
La valoración funcional puede ofrecer índices de predicción de la mortalidad, el riesgo de institucionalización, el deterioro físico y el uso de los recursos sociosanitarios.
La correcta realización de esta evaluación implica tener en cuenta dos tipos de escalas, las que miden las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y aquellas otras que valoran este tipo de actividades, cuando precisan el manejo instrumental (AIVD) de objetos de uso cotidiano, como el teléfono, utensilios de cocina, etc.
Actividades básicas de la vida diaria (ABVD)
Las actividades básicas de la vida diaria son el conjunto de actividades primarias de la persona, encaminadas a su autocuidado y movilidad, que le dotan de autonomía e independencia elementales y le permiten vivir sin precisar ayuda continua de otros; entre ellas se incluyen actividades como: comer, controlar esfínteres, usar el retrete, vestirse, bañarse, trasladarse, deambular, etc.
Existen más de 40 escalas de este tipo, aunque muy pocas de ellas cuentan con la validación y fiabilidad suficiente como para ser consideradas instrumentos útiles. Las más utilizadas son las siguientes:
Índice de Katz de independencia de las actividades básicas de la vida diaria
Ideado inicialmente en el hospital Benjamín Rose de Cleveland en 1958 para fracturados de cadera. Desde 1963, su simplicidad lo ha popularizado internacionalmente como instrumento de valoración en instituciones geriátricas, introduciéndose de forma paulatina su uso en la asistencia primaria, para la valoración domiciliaria de los pacientes crónicos.
Evalúa la continencia de esfínteres y el grado de dependencia funcional del paciente para la realización de cinco tipos de actividades cotidianas: levantarse, usar el baño y el retrete, vestirse y comer, con tres posibles respuestas que nos permiten clasificar a los pacientes en siete grupos (de mayor dependencia a mayor independencia).
Las situaciones se expresan alfabéticamente en una escala creciente de pérdida de capacidades, a partir de las experiencias de Guttman según la progresión habitual del declive físico filogenético, desde la A, independiente para las tareas mencionadas, hasta la G, dependiente absoluto.
Índice de Barthel
Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Indice de Barthel (IB), también conocido como «Indice de Discapacidad de Maryland».
El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (ABVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades.
Permite una evaluación más escalonada que la anterior de los grados de discapacidad, constituyendo el índice más utilizado en la valoración funcional de pacientes para el ingreso en residencias asistidas en nuestro medio. Su utilidad ha sido acreditada tanto para la práctica clínica diaria como para la investigación epidemiológica.
El IB se comenzó a utilizar en los hospitales de enfermos crónicos de Maryland en 1955. Uno de los objetivos era obtener una medida de la capacidad funcional de los pacientes crónicos, especialmente aquellos con trastornos neuromusculares y músculo-esqueléticos. También se pretendía obtener una herramienta útil para valorar de forma periódica la evolución de estos pacientes en programas de rehabilitación.
Las primeras referencias al IB en la literatura científica datan de 1958 y 1964, pero es en 1965 cuando aparece la primera publicación en la que se describen explícitamente los criterios para asignar las puntuaciones. En la actualidad este índice sigue siendo ampliamente utilizado, tanto en su forma original como en alguna de las versiones a que ha dado lugar, siendo considerado por algunos autores como la escala más adecuada para valorar las AVD.
Medición
Se trata de asignar a cada paciente una puntuación en función de su grado de dependencia para realizar una serie de actividades básicas. Los valores que se asignan a cada actividad dependen del tiempo empleado en su realización y de la necesidad de ayuda para llevarla a cabo. Las AVD incluidas en el índice original son diez: comer, trasladarse entre la silla y la cama, aseo personal, uso del retrete, bañarse/ducharse, desplazarse (andar en superficie lisa o en silla de ruedas), subir/bajar escaleras, vestirse/desvestirse, control de heces y control de orina. Las actividades se valoran de forma diferente, pudiéndose asignar 0, 5, 10 ó 15 puntos. El rango global puede variar entre 0, completamente dependiente, y 100 puntos, completamente independiente.
El IB aporta información tanto a partir de la puntuación global como de cada una de las puntuaciones parciales para cada actividad. Esto ayuda a conocer mejor cuáles son las deficiencias específicas de la persona y facilita la valoración de su evolución temporal.
La elección de las actividades que componen el IB fue empírica, a partir de las opiniones de fisioterapeutas, enfermeras y médicos. El IB, por tanto, no está basado en un modelo conceptual concreto, es decir, no existe un modelo teórico previo que justifique la elección de determinadas actividades de la vida diaria o la exclusión de otras.
Puntuaciones originales de las AVD incluidas en el Indice de Barthel
| Comer |
0= Incapaz. |
| 5= Necesita ayuda para cortar, extender la mantequilla, usar condimentos, etc. |
| 10= Independiente (la comida está al alcance de la mano). |
| Trasladarse entre la silla y la cama |
0= Incapaz, no se mantiene sentado. |
| 5= Necesita ayuda importante (una persona entrenada o dos personas), puede estar sentado. |
| 10= Independiente. |
| Aseo personal |
0= Necesita ayuda con el aseo personal. |
| 5= Independiete para lavarse la cara, las manos y los dientes, peinarse y afeitarse. |
| Uso del retrete |
0= Dependiente. |
| 5= Necesita alguna ayuda, pero puede hacer algo sólo. |
| 10= Independiente (entrar, salir, limpiarse y vestirse). |
| Bañarse/ducharse |
0= Dependiente |
| 5= Independiente para bañarse o ducharse. |
| Desplazarse |
0= Inmóvil. |
| 5= Independiente en silla de ruedas en 50m. |
| 10= Anda con pequeña ayuda de una persona (física o verbal). |
| 15= Independiente al menos 50m, con cualquier tipo de muleta, execpto andador. |
| Subir y bajar escaleras |
0= Incapaz. |
| 5= Necesita ayuda física o verbal, puede llevar cualquier tipo de muleta. |
| 10= Independiente para subir y bajar escaleras. |
| Vestirse o desvestirse |
0= Dependiente. |
| 5= Necesita ayuda, pero puede hacer la mitad aproximadamente, sin ayuda. |
| 10= Independiente, incluyendo botones, cremalleras, cordones, etc. |
| Control de heces |
0= Incontinente (o necesita que le suministren enema). |
| 5= Accidente excepcional (uno/semana). |
| 10= Continente. |
| Control de orina |
0= Incontinente, o sondado incapaz de cambiarse la bolsa. |
| 5= Accidente excepcional (máximo uno/24 horas). |
| 10= Continente. |
TOTAL= 0-100 puntos (0-90 si usan silla de ruedas).
Interpretación de los resultados
Algunos autores han propuesto puntuaciones de referencia para facilitar la interpretación del IB. Por ejemplo, se ha observado que una puntuación inicial de más de 60 se relaciona con una menor duración de la estancia hospitalaria y una mayor probabilidad de reintegrarse a vivir en la comunidad después de recibir el alta. Esta puntuación parece representar un límite: con más de 60 casi todas las personas son independientes en las habilidades básicas.
La interpretación sugerida por Shah et al sobre la puntuación del IB es: 0-20: Dependencia total; 21-60: Dependencia severa; 61-90: Dependencia moderada; 91-99: Dependencia escasa; 100: Independencia.
Así mismo, también se ha intentado jerarquizar las actividades incluidas en el IB según la frecuencia con que se observa independencia en su realización. Según los resultados de Granger et al el orden podría ser el siguiente: 1. Comer; 2. Aseo; 3. Control de heces; 4. Control de orina; 5. Baño; 6. Vestirse; 7. Usar el retrete; 8. Traslado cama/silla; 9. Desplazarse; 10. Subir/bajar escaleras.
Comer es la actividad en la que se observa independencia con más frecuencia. Este es el orden observado en una población concreta y puede presentar variaciones en otros ámbitos.
Otros autores han observado que la recuperación de las diferentes actividades ocurría en un orden jerárquico bien definido. Bañarse sin ayuda fue la actividad que se recuperaba más tarde, siendo la incontinencia ocasional de heces la primera en recuperarse.
Escala de valoración de incapacidad física y mental de la Cruz Roja
Desarrollada en el Servicio de Geriatría del Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid y publicada por primera vez en 1.972, es probablemente la escala de valoración funcional más ampliamente utilizada en nuestro entorno, pese a lo cual no existen excesivos datos acerca de sus cualidades métricas. Son dos escalas que valoran la esfera funcional, de Incapacidad Física de la Cruz Roja (CRF), y la cognitiva, de Incapacidad Mental de la Cruz Roja (CRM).
Nació para conocer las necesidades de la población anciana de una determinada zona urbana para la puesta en marcha de un Servicio de Atención a Domicilio, y poder así optimizar el uso de recursos de una Unidad de Geriatría destinada al cuidado de ancianos con enfermedades agudas o agudizaciones de enfermedades crónicas.
Descripción
Es una escala heteroadministrada. Su cumplimentación es sencilla y rápida (menos de 5 minutos), y no precisa de entrevistador entrenado. La información se obtiene mediante anamnesis del paciente o, si su capacidad cognitiva no lo permite, de su cuidador o familiares.
La escala de incapacidad física clasifica al paciente en 6 grados, desde independiente (=0) hasta dependiente total (=5), que correspondería al paciente encamado, evaluando de forma especial la movilidad y el control de esfínteres y, de manera más genérica, la capacidad para el autocuidado.
Tiene una alta concordancia con el índice de Katz para grados de incapacidad leves y graves, y con otras escalas funcionales, y valor predictivo de mortalidad para grados de dependencia grave. Parece tener buena sensibilidad para detectar cambios en pacientes atendidos en hospital de día o unidad de rehabilitación, y en el seguimiento de ancianos frágiles atendidos en su domicilio, pero su reproducibilidad interobservador es baja.
También se ha estudiado su validez concurrente con el índice de Barthel, concluyendo que ésta es elevada. La CRF presenta aceptables sensibilidad y especificidad frente al índice de Barthel para la incapacidad funcional en servicios de Geriatría, aunque desconocemos el grado de validez y fiabilidad en muestras de ancianos residentes en la comunidad, en los que la prevalencia de incapacidad funcional y deterioro mental es considerablemente menor.
Interpretación
Es sencilla, simplemente se considera mayor o menor dependencia en función del grado seleccionado por el entrevistador a partir de la anamnesis y/o la observación del paciente.
Limitaciones
La precisión de sus ítems se ve penalizada en los grados intermedios de incapacidad, que es cuando la exactitud en la evaluación adquiere mayor dificultad (es más fácil clasificar un paciente que “está muy bien” o “muy mal”, que otro que presenta un deterioro parcial).
La subjetividad de algunas de las definiciones de sus grados es otro problema añadido. Sería necesario introducir mejoras en la precisión y definición de cada grado, así como estudios que demostraran sus cualidades métricas, para mejorar el instrumento.
Por otro lado, tampoco existen instrucciones para su aplicación; existen aspectos confusos que dificultan su utilización y la comunicación entre profesionales.
En nuestro país es una escala que ha sido ampliamente utilizada como instrumento de screening para detectar necesidades socio-sanitarias de la población anciana, así como para conocer la situación de independencia-dependencia funcional de los ancianos en diversos ámbitos (aunque con las limitaciones anteriormente descritas).
Escala Bayer-ADL
Debido a la poca disponibilidad de instrumentos ADL (Activities of Daily Living) sensibles a los cambios en las primeras fases de demencia, en 1990 se creó un proyecto internacional con el apoyo de Bayer AG, con el objetivo de desarrollar una escala práctica de ADL que pudiera utilizarse internacionalmente para documentar las mejorías provocadas por la intervención terapéutica en pacientes con demencia de leve a moderada. La escala permite evaluar los beneficios terapéuticos reflejados en las mejorías de su capacidad para llevar a cabo las actividades diarias; asimismo, permite identificar los cambios en la competencia para realizar las actividades diarias mucho antes de que los cambios patológicos en la memoria y la capacidad cognitiva sean evidentes. Sus características psicométricas demuestran una elevada concordancia con instrumentos clínicos (GDS, CGI) y cognitivos (MMSE).
La escala Bayer-ADL (B-ADL) contiene 25 preguntas con una escala de tipo Likert de 10 puntos, en la que una puntuación de 1 indica que la dificultad nunca se presenta, y una puntuación de 10, que la dificultad se presenta siempre. Recientemente, la escala se ha traducido y validado en España, aunque está pendiente de publicación.
Noticias de empresa
Nos hacemos eco del artículo publicado hoy en «El Pais.com», y en el que aparece nuestro Director Roberto Martín (en la foto, tercero por la izquierda)
Las previsiones demográficas apuntan a que en los próximos 40 años se triplicará la población mundial de personas mayores. Sin embargo, las ciudades y las políticas europeas dan cada vez más la espalda a un segmento de la población que reclama su espacio y su derecho a mantener su actividad con calidad de vida. Con este punto de partida se ha celebrado este miércoles en La Casa Encendida de Madrid la sexta edición de Piensa Madrid, una plataforma de discusión en la que especialistas de distintas disciplinas han abordado iniciativas y proyectos orientados a incrementar la participación de la llamada tercera edad en el desarrollo de las sociedades contemporáneas.
Esta es la primera edición de Piensa Madrid en la que los ponentes participantes han sido elegidos mediante una convocatoria abierta, lo que ha supuesto la participación activa de ciudadanos, afectados, representantes y asociaciones, pero también de académicos, profesionales y administradores públicos.
Se han recogido testimonios, las opiniones de asociaciones de plataformas y activistas, trabajos académicos, etc. Y se han abordado diferentes iniciativas para promover la permanencia en sus viviendas de los mayores, alternativas a la cultura de la clase creativa o el fomento de la participación de los mayores en las redes de interacción social.
Uno de los asuntos que se ha abordado es el resultado del proyecto piloto de la editorial Santillana «Abuelos y nietos unidos por las apps», celebrado recientemente con el objetivo de fomentar la comunicación entre generaciones a través de la tecnología. En este caso, con el uso de la aplicación Pupitre, distinguida como mejor app Infantil y de Educación en español por los Premios TAB Innovation.
Tecnologia
En los hogares de nuestro entorno es común el uso de las nuevas tecnologías. El mundo digital se ha instalado sobre nuestro mundo analógico. En mayor o menor medida, convivimos de forma natural con los dispositivos asociados a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Han entrado en nuestras vidas y nos acompañan en todos los ámbitos. También a nuestros hijos.
Padres analógicos vs hijos digitales
- Somos una generación en la que, en algunas familias, por primera vez, son los hijos los que enseñan a los padres los nuevos conocimientos, las nuevas tecnologías. Una generación en la que pueden convivir padres analógicos con hijos digitales.
- Estos padres analógicos o inmigrantes digitales, que no manejan suficientemente las nuevas tecnologías, pueden sentir inseguridad, incertidumbre ante el desconocimiento. Sin embargo, deben saber que, la educación en TIC, no se limita sólo a una cuestión de competencia técnica.
- Quizá los hijos, que son nativos digitales, tengan mucho que enseñar a sus progenitores sobre “cómo” usarlas. Pero son los padres los que deben enseñarles “qué” hacer con ellas, “para qué” utilizarlas. Y a hacerlo de un modo provechoso, responsable y seguro.
- Los padres necesitan conocer estas tecnologías para poder argumentar y negociar con sus hijos, y no sentirse en desventaja y desautorizados en el proceso educativo.
¿Por qué es importante conocer las nuevas tecnologías?
- Las TIC forman parte de nuestra vida. La educación, el ocio, la comunicación, las relaciones interpersonales, el trabajo, están mediados por las nuevas tecnologías. Por tanto, para adquirir las competencias necesarias en nuestra vida diaria, necesitamos alfabetizarnos en el mundo digital.
- Internet ofrece unas oportunidades que nunca habían existido antes: estar actualizado en las últimas noticias, buscar información sobre cualquier tema, escuchar música, comprar, compartir archivos, intercambiar opiniones, jugar online…
- Estas acciones suponen una oportunidad que todos, pequeños y mayores, debemos aprovechar, pero sin riesgos.
¿Qué impacto tienen estas nuevas tecnologías en la educación en valores?
- Las TIC son sólo una manera de movernos en el mundo. Los valores y principios por los que nos debemos regir son los mismos. Educamos a nuestros hijos en el respeto, la coherencia, la responsabilidad y la tolerancia.
- Internet es una ventana que nos abre al mundo. Tenemos que enseñar a los hijos las herramientas para desenvolverse en ese mundo con confianza y seguridad.
- Deben aprender a comportarse en red como lo hacen en la vida real. Con educación, cortesía, amabilidad y sentido común. El anonimato que confiere internet no puede ser una herramienta para ser maleducado o agresivo.
¿Cuáles son los riesgos de las TIC y cómo protegernos de ellos?
- La mejor forma de proteger a los hijos de los riesgos potenciales que se pueden encontrar, sobre todo en cuanto a privacidad y seguridad personal, es la educación en su buen uso.
- Recurrir a la inhibición o a la prohibición como actitudes ante esta realidad no son útiles.
- Los riesgos pueden ser el aislamiento, aprendizaje de malas conductas, adicción, y otros más específicos como ciberbullying (ciberacoso), grooming, sexting, etc.
- Además, el uso excesivo de las nuevas tecnologías promueve una vida sedentaria, que está directamente ligada a la obesidad en la infancia.
En resumen:
- Mayor información no significa mayor conocimiento. Tampoco implica que ese conocimiento se use de forma correcta. Debemos acompañar e informar a nuestros hijos en su andadura en las nuevas tecnologías desde que tienen contacto con ellas y adaptarnos a su edad y grado de madurez.
- Hay que dejar de considerar a los hijos como posibles víctimas pasivas. Es importante implicarlos en esta protección activa ante los riesgos de la red.
- A veces, el uso de filtros y sistemas de control de contenidos, son unas herramientas recomendadas, sobre todo en las edades más tempranas.
Tecnologia
En los últimos cincuenta años nuestras casas se han ido llenando de nuevos aparatos. Primero llegaron los electrodomésticos como el frigorífico o la lavadora que supusieron un cambio fundamental en las tareas domésticas y en nuestra forma de vida. Hoy nos resulta difícil pensar cómo sería nuestra vida sin ellos. El segundo cambio importante lo produjo la llegada de la televisión y el teléfono que modificaron los hábitos familiares y la manera de relacionarnos y conocer el mundo. Fueron el primer paso de lo que hoy conocemos como la sociedad de la información. No realizan una tarea física como los anteriores, sino que nos proporcionan toda una serie de servicios. La llegada de los móviles y la cada vez mayor difusión de Internet están suponiendo un nuevo paso en esta dirección. Nos dan la posibilidad de comunicarnos en todo momento y en cualquier lugar, de recibir nuevos servicios y de participar en nuevos grupos y actividades.
Aunque este avance hacia la sociedad de la información es, en general, positivo, también ha supuesto un giro importante en nuestras vidas y ha generado nuevos problemas y riesgos. Importantes grupos de población pueden sentirse y quedar realmente marginados de este cambio tanto por razones económicas como culturales o de edad. Se está realizando, tanto por parte de los grupos de investigación como de las administraciones que los dirigen, un importante esfuerzo para asegurar el acceso de todos a esta nueva sociedad de la información sin exclusiones y de manera equilibrada. Afortunadamente parece que la evolución de la tecnología favorece su difusión masiva tanto por la reducción de costos como por la facilidad de su utilización.
A pesar de estos grandes cambios, la estructura y los servicios que nuestras casas nos proporcionan, no se han modificado demasiado. Siguen utilizando técnicas de fabricación y materiales similares sin integrar estas nuevas tecnologías y las posibilidades que nos ofrecen. Buscamos en ellas protección, seguridad y confort, un espacio donde vivir, convivir y en ocasiones trabajar.
Por otra parte, nuestras necesidades y la importancia que damos a estos aspectos van cambiando en nuestra vida. Los usos que otorgamos a nuestras casas varían, por ejemplo, al formar una pareja, con la llegada de los hijos, cuando estos se hacen mayores y nos dejan y cuando por la edad y los problemas de salud se nos hace difícil vivir solos y necesitamos de cuidados especiales. Sin embargo nuestras casas son estáticas, de hecho las llamamos inmuebles, y resulta difícil adaptarlas a estos cambios. A pesar de su alto coste, no siempre nos cubren plenamente los servicios que necesitamos de ellas.
Objetivo de la domótica: mejorar la vida en el hogar
La investigación en domótica se centra en mejorar esta situación con el uso integrado de diversas tecnologías para proporcionar nuevos servicios y mejorar los que ya utilizamos. La domótica, que tuvo su origen en la automatización de grandes edificios comerciales y de oficinas, se está extendiendo hoy a entornos domésticos o de pequeños negocios en los que se pretende combinar un diseño razonable del edificio (integrado en su entorno y utilizando técnicas arquitectónicas limpias y tradicionales) con el uso de las últimas tecnologías electrónicas para proporcionar servicios multimedia con costes razonables.
No se trata de llenar nuestra casa de nuevos artefactos sino más bien de que los que ya utilizamos sean más listos y sencillos de utilizar; que usen esa inteligencia y capacidad de comunicación para hacernos las tareas diarias más fáciles y se adapten a nuestras necesidades. La domótica hoy en día ha de ser amigable, fácil de usar, instalar y mantener, ubicua pero discreta y respetuosa con nuestra privacidad.
Servicios de las nuevas tecnologías
La inteligencia del televisor puede permitirle avisarnos que empieza una película en otro canal que seguramente nos interesará más. El televisor habrá aprendido nuestros gustos mediante la observación de los programas que vemos y con la información que ya dispone, por ejemplo del teletexto. Sus capacidades de comunicación le permitirán solicitar al vídeo que grabe la película si no estamos.
Además de mejorar nuestro confort, el uso de estas técnicas puede proporcionar y mejorar servicios como la teleasistencia a ancianos que viven solos o que necesitan sentirse seguros y apoyados. Los sensores distribuidos por la casa pueden detectar por ejemplo que la persona no se ha levantado o que no ha comido y solicitar que un familiar le llame para interesarse por su estado. Pueden también encender una luz suave cuando ve que se ha levantado por la noche.
Las caídas de ancianos son una causa frecuente de ingreso hospitalario y pueden acarrear importantes complicaciones como la rotura de cadera. Con técnicas avanzadas de inteligencia artificial y procesamiento de imagen se puede conseguir que el sistema responda y reconozca tanto pequeños gestos e indicaciones como situaciones de grave peligro como una caída en el baño. Varios grupos en Aragón trabajan en esta línea desarrollando sistemas de identificación y reconocimiento tanto para residencias como para hogares.
Se han desarrollado métodos que permiten separar y reconocer a una persona de su entorno utilizando pequeñas cámaras. Se trabaja también con sistemas que permiten localizar a una persona en un edificio o residencia y orientarla cuando se pierda o avisar cuando se encuentre en una situación de riesgo. Otros grupos desarrollan técnicas de reconocimiento de voz que posibilita la comunicación con el sistema sin pulsar ninguna tecla, simplemente hablando y escuchando.
Comunicación tecnológica
Para conseguir que los aparatos de un edificio se comuniquen entre sí y actúen de manera unitaria, hay que dotarles de capacidades de comunicación que resulten fáciles de instalar y mantener. Se está utilizando cada vez más la comunicación sin hilos mediante señales de radio de muy alta frecuencia para los dispositivos móviles. Diversos estándares y nombres comerciales comienzan a ser frecuentes en este campo como Wi-Fi (IEEE 802.11b), o Bluetooth. Otro medio cada vez más empleado para comunicar los dispositivos de la casa con el exterior es la red eléctrica, PLC.
Con el avance de la tecnología es posible ahora transmitir datos a muy alta velocidad, proporcionando al hogar servicios de televisión, teléfono e Internet de alta velocidad.
es → en
Major population groups may feel and be truly marginalized of this change both economic and cultural reasons or age.
Tecnologia
Las personas mayores no son los principales usuarios de las nuevas tecnologías, pero cada vez comprenden mejor su manejo y las emplean para estar conectadas e informadas. El teléfono móvil e Internet son una vía de comunicación útil, aunque reclaman medidas específicas que atiendan sus necesidades: acceso a banda ancha, atención a mayores que viven en el medio rural y dispositivos de uso sencillo. Este artículo repasa cómo usan los mayores las nuevas tecnologías, los beneficios que les aportan y las peticiones para mejorar el acceso a estas.
La brecha digital no entiende tanto de edad como de escasez de recursos económicos, educación, vida laboral o lugar de residencia, recuerda Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), según datos de UNESCO.
El Informe «Por un acceso fácil y económico a las nuevas tecnologías», presentado de manera conjunta por el Imserso y UDP, recalca que el acceso a las nuevas tecnologías es un derecho de todos, por lo que no se puede excluir a las personas mayores. «La tecnología puede utilizarse para unir a las personas y contribuir de esta forma a reducir la marginación, la soledad y la separación entre las edades», detalla.
«El 20,6% de las personas de 65 a 74 años usa el ordenador y el 18,3% se conecta a Internet»
El porcentaje de personas mayores que usan las nuevas tecnologías es todavía escaso, pero aumenta de manera progresiva. La última Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los hogares del INE, con datos de este año, recoge que el 20,6% de los mayores de 65 a 74 años (802.922) habían utilizado el ordenador en los últimos tres meses y el 18,3% había accedido a la Red (713.743). De ellos, el 15,7% se conectó al menos una vez por semana y un 3,4% compró a través de Internet. En 2011, el 16,9% de los encuestados (643.661) habían utilizado el ordenador en los últimos tres meses y el 15,6% (594.860) había accedido a la Red. El 14,6% se conectó al menos una vez por semana y el 3% compró a través de Internet.
Respecto al uso del teléfono móvil, buena parte de las personas mayores utilizan este dispositivo. Durante este año, el 75,9% de las personas de 65 a 74 años han utilizado el teléfono móvil en los últimos tres meses, mientras que el año pasado el porcentaje fue del 70,7%. Se espera que todas estas cifras se incrementen cada año, a la par que la población envejece y ante los datos de generaciones anteriores (mayores de 45 años), cuyo uso de Internet y telefonía móvil alcanza cifras mucho más elevadas que entre los mayores de 65 años.
Beneficios de las tecnologías para las personas mayores
Las personas mayores mejoran su comunicación a través de Internet, se relacionan en las redes sociales y acceden a información útil y de interés
Para los mayores, las nuevas tecnologías son, sobre todo, sinónimo de comunicación. En el caso de Internet, son útiles para enviar o recibir correos electrónicos, relacionarse a través de las redes sociales y estar informados, al tener la posibilidad de leer noticias o buscar información relacionada con la salud y con las personas mayores en general.
Acceder a las nuevas tecnologías y saber emplearlas supone para las personas mayores romper un aislamiento que les afecta en su mayoría. Amplía su conocimiento y su posibilidad de participar y, a la vez, les permite mantenerse activos y mejorar su formación, adquirir habilidades y sentirse útiles. Cubren necesidades, satisfacen intereses y acceden a servicios on line, cada vez más frecuentes entre las administraciones públicas y el sector privado.
En cuanto al teléfono móvil, se ha convertido en un elemento imprescindible para comunicarse desde cualquier lugar, conversar con la familia o los amigos e, incluso, solicitar ayuda y recibirla, como en el caso de la teleasistencia.
Por estos motivos, las nuevas tecnologías son importantes para las personas mayores, si bien, recuerda UDP, «los mayores justifican el gasto» en su adquisición «si el uso de las tecnologías cubre sus aspiraciones, asumiéndolo como necesario y como una forma de mantenerse activos socialmente».
Peticiones para mejorar el acceso a las nuevas tecnologías
Las personas mayores reclaman mejoras para garantizar su acceso a las nuevas tecnologías. Manifiestan las trabas que encuentran y piden soluciones.
- Acceso a un ordenador y a Internet. Los mayores creen imprescindible acceder a un ordenador con conexión a la Red «desde lugares confortables y accesibles», como el hogar, los centros públicos y otros espacios de uso frecuente para ellos, como centros de mayores, de salud o balnearios.
- Aprender a enviar un mensaje corto de texto (SMS ó whatsapp) y un correo electrónico. Cada día se mandan millones de mensajes y correos electrónicos. Sin embargo, una acción tan sencilla para muchas personas resulta todo un reto para algunos mayores. Reclaman formación para aprender a realizar estas sencillas acciones porque «no disponer de teléfono móvil, no saber enviar un SMS o un e-mail provoca aislamiento social y generacional».
- Minimizar barreras y rechazos. El Libro Blanco del Envejecimiento Activo cree necesario «personalizar la metodología, aumentar la usabilidad, la capacidad para centrar la tecnología en la persona». Adaptarse a los usuarios permite responder a sus necesidades y capacidades, de manera que se facilita su acercamiento a las nuevas tecnologías.
- Dispositivos de uso fácil. Dispositivos manejables, con funciones básicas y de acceso sencillo. Así son los aparatos que reclaman las personas mayores. Además, piden que se tengan en cuenta sus cualidades y necesidades ergonómicas, para manejar artilugios accesibles.
- Evitar el aislamiento de las zonas rurales. La propia condición de los municipios rurales, su geografía, dificulta o impide en ocasiones el acceso a las tecnologías. No obstante, se pide infraestructura adecuada para superar estos obstáculos y garantizar la conexión a Internet y el uso de la telefonía móvil, así como programas específicos para mayores que viven en núcleos rurales, «donde el uso de la tecnología puede ser vital».
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Contratos claros, sin dar lugar a confusión y económicos. Los contratos son otro de los aspectos más confusos. Las personas mayores no siempre entienden lo que firman y, por tanto, desconocen sus derechos y deberes como consumidores. Reclaman a las compañías de telefonía contratos de servicios y productos «económicos», explicados de «forma clara y sencilla», y puntos de atención al cliente más accesibles.
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main
sustantivo: principal, chief, head, chief officer
Ayuda a Domicilio
Las señales que recibimos del mundo exterior son descifradas a nivel de los receptores sensoriales (como la retina para la vista, el oído interno para los sonidos) y transformadas en una especie de señal eléctrica, el flujo nervioso.
¿Cómo funciona el cerebro?
La información se transmite entonces al cerebro, en varias etapas. Es a nivel de la corteza cerebral donde se efectúa la síntesis de información, de distinta naturaleza, que nos permite tener una visión de conjunto de la realidad. Ésta síntesis de señales externas es interpretada en función de la información que nos llega de nuestro organismo (como son nuestras necesidades y deseos). A partir de estos componentes, tomando los elementos guardados en nuestra memoria, el cerebro elabora planes de actuación que van a dirigir nuestra actividad.
El universo de los «neurotransmisores»
Las neuronas se separan unas de otras por un espacio llamado «hendidura sináptica».
El flujo nervioso no puede pasar directamente de una neurona a otra. Las neuronas se comunican entre sí por medio de mensajeros químicos que reciben el nombre de «neurotransmisores». Éstos atraviesan la hendidura sináptica y actúan sobre los receptores de la neurona siguiente.
La neurona A secreta los mediadores químicos (neurotransmisores) que va a activar la neurona B fijándose en los receptores especializados. De esta forma se transmite la información de una neurona a otra (en realidad una neurona no está conectada a una única neurona sino a cientos de ellas). Los neurotransmisores en exceso son en parte retomados por la neurona, y en parte destruidos por una enzima, como por ejemplo la colinesterasa en caso de la acetilcolina.
Los medicamentos pueden mejorar la transmisión aumentando la cantidad de neurotransmisores en la hendidura sináptica:
- inhibiendo el proceso de retoma por parte de la neurona (antidepresivos),
- inhibiendo la enzima que los destruye (es el caso de los medicamentos utilizados en la enfermedad de Alzheimer, los inhibidores de la colinesterasa por ejemplo).
Los requisitos para que la comunicación entre neuronas sea eficaz
Para una buena comunicación se necesita una correcta fabricación (síntesis) de los neurotransmisores por parte de la neurona, y que estén disponibles en cantidad suficiente.
Los principales neurotransmisores que se conocen son la acetilcolina y las catecolaminas (noradrenalina, dopamina, serotonina). Pero existen muchos otros como el glutamato, implicado en la muerte celular programada, y el GABA (ácido amino gamma butírico) cuyo papel es esencial en ciertas manifestaciones afectivas.
Los neurotransmisores son sintetizados en el cuerpo de la neurona y transportados hasta la hendidura sináptica, donde se liberaran en caso de excitación. La transmisión de la información necesita pues:
- una síntesis suficiente de neurotransmisores,
- una buena circulación dentro de la neurona para poder desplazarse del lugar de almacenamiento en la célula hasta la hendidura sináptica,
- presencia de receptores especializados en la neurona siguiente.
Un capital fijo al nacer
Es necesario recordar que el hombre está dotado, desde el momento de su nacimiento, de un número limitado de neuronas que no tienen la facultad de dividirse, es decir, de reproducirse. A lo largo de nuestra vida, perdemos un cierto número de neuronas por el desarrollo humano y por la aparición de ciertos episodios patológicos (por ejemplo traumatismos craneales).
Cuando las neuronas mueren, contrariamente a las células del organismo, no pueden regenerarse. Pero existe sin embargo la posibilidad de compensación ( lo que se llama «plasticidad cerebral») que consiste en la puesta en funcionamiento de hendiduras sinápticas inactivas. Pero esta capacidad es limitada y cuando la pérdida neuronal es muy importante, la función (memoria, orientación, coordinación de los movimientos musculares…) desaparece.
Pero hay que añadir que esta función perdida puede recuperarse gracias a otras redes de neuronas (este es el principio de la reeducación). Todo lo que disminuya el número de neuronas activas en el cerebro (traumatismos cerebrales, lesiones vasculares, alcoholismo, etc.) limitan esta capacidad de compensación.
Nuestro centro de aprendizaje
Es el cerebro el que permite aprender. Desde que nace, y a medida que crece, el niño aprende a sujetar la cabeza, andar, coger los objetos, utilizar y comprender las palabras, almacenar información en su memoria, conocer el tiempo y el espacio, adquirir los comportamientos sociales y el significado de los símbolos. A medida que las adquiere, estas informaciones se almacenan en la memoria. Ya adulto, utilizará estas fuentes de información para desarrollar sus actividades cotidianas.
Para que el cerebro funcione bien no sólo hacen falta las células nerviosas y un buen estado de los neurotransmisores. También es necesario que esté bien irrigado por la sangre (más del 20% de la sangre pasa por el cerebro en un minuto), que le aporta los elementos esenciales a su funcionamiento: el oxígeno y la glucosa que le proporcionan la energía suficiente a la síntesis de constituyentes.
¿Qué pasa con la edad?
El cerebro envejece como nuestro cuerpo.
De forma progresiva, se desarrollan una serie de modificaciones que van todas hacia una disminución:
- disminuye la cantidad de sangre que irriga el cerebro (casi un 25% a los 70 años), pero esta disminución es todavía compatible con un funcionamiento normal de los centros nerviosos;
- se reduce un 10 % el consumo de glucosa y de oxígeno por las neuronas;
- disminuye la tasa (concentración) de los neurotransmisores en el cerebro,
- disminuye el número de neuronas.
Sin embargo no hay que confundir el envejecimiento del cerebro (como órgano) con el envejecimiento psíquico. Al inverso de lo que pasa con otros órganos, existe una diferencia importante entre el órgano cerebral y su función. Todos conocemos personas mayores, alertas e inteligentes que conservan todas las facultades mentales, mientras que otras personas de misma edad, se degradan.
Estas diferencias proceden de dos hechos:
- no somos iguales frente al proceso de envejecimiento normal. Algunos envejecen más rápidamente que otros;
- ciertas personas presentan lesiones degenerativas o vasculares asociadas a la edad de difícil diagnostico precoz