Ayuda a Domicilio
Nos hacemos eco de este fantástico artículo escrito en el eltallerdemismemorias.wordpress.com,
Hace poco una señora me preguntaba: “Roberto, ¿cómo le digo a mi nieto que el abuelo tiene Alzheimer?”; Uff! qué pregunta! ¿verdad?; pues la verdad es que ante todo hay que investigar un poquito sobre la edad del niño, el ambiente familiar que rodea al niño, la relación que tiene con el abuelo, los síntomas que refiere el enfermo …y miles de cosas más; pero si a usted, por casualidad, se lo ha preguntado alguna vez, damos una serie de pautas básicas que le puedan ayudar a afrontar esa difícil pregunta que le pueda hacer un niño.
A veces los niños no preguntan directamente, pero sí demuestran preocupación porque su ser querido los llamó por los nombres equivocados. Y es que los niños intuyen más de lo que a menudo nosotros nos podamos dar cuenta. Ellos no pueden entender exactamente lo que le pasa al enfermo, pero es importante informarles de forma apropiada a su edad.
Veamos entonces los siguientes consejos:
- Explicar la enfermedad de manera que los niños puedan entenderla. La palabra “Alzheimer” puede no significar mucho para los niños, y la palabra “enfermedad” puede hacer que suene como si se pudiese curar. Considere la posibilidad de decir algo así como: “El abuelo tiene un problema de memoria … Las personas no saben hacer de todo, y algunas personas no saben utilizar muy bien su memoria”. Explique que mucha gente necesita ayuda con la edad, pero asegúrese de hacer hincapié en el hecho de que aunque su ser querido necesita ayuda para recordar las cosas no significa que él o ella no es capaz de hacer nada más.
- Trate de no salir por la tangente, pero afronte los miedos comunes que pueda manifestar el niño. Usted sabrá cuánta información necesitan los niños por el tipo de preguntas que hacen. Esfuércese para responder abierta y honestamente pero no comparta más de lo necesario, como por ejemplo, hablarle sobre detalles acerca de la última etapa de Alzheimer nada más ser diagnosticado de la enfermedad. Otro ejemplo: si un abuelo olvida el nombre de su hijo, le llama a él o ella por el nombre equivocado o le confunde con usted, el niño puede malinterpretarlo pensando que el abuelo no le quiere nunca más. Con cuidado, habrá que explicar que no es que él no lo ame, es que él no puede recordar las cosas que acaban de suceder, o incluso los nombres de las personas que más ama.
- Por último, incluso si el niño no pregunta, hágale saber que el Alzheimer no es de ninguna manera una enfermedad contagiosa. Haga hincapié en que la enfermedad no tiene nada que ver con gérmenes ni virus y que no puede ser contagiado por estar cerca del abuelo.
Ahora les daré una serie de sugerencias con las que dirigirse a los niños, por edades:
Hasta los 6 años:
- “El abuelo tiene problemas para recordar cosas. Él podría olvidar su nombre, los nuestros, dónde ha puesto las llaves; lo llaman “Alzheimer” ¿Qué palabra más rara, verdad?. Ya sabes que a veces tú tienes que ser paciente con tu hermanito pequeño (primo o vecino) y no molestarte si él coge tu juguete o empieza a llorar sin motivo; bueno, pues ahora tenemos que ser pacientes con el abuelo de la misma manera.”
- Recuérdeles que a pesar de que el abuelo no podrá o no puede decirlo, todavía le quiere y él quiere a su abuelo.
- Conteste sus preguntas tan honestamente como sea posible. Si usted no sabe la respuesta, o se pregunta cómo decirlo, pregúnteme si lo considera oportuno.
De 6 a 12 años:
- Comience con la conversación anterior; puede añadir que la enfermedad lleva el nombre de un médico que ayudó a entender lo que le está pasando al abuelo. Muéstreles imágenes si están interesados; podemos dejarles ver cómo funciona el cerebro y lo que le pasa al del abuelo.
- Explique que la enfermedad de Alzheimer no es contagiosa,pero que se empeora con el tiempo.
- Se quedan más tranquilos si les hacemos ver que nosotros vamos a hacerles saber lo que está pasando en cada momento.
- Anímelos a no evitar su abuelo. Dígales que no es tan difícil o tan terrible como algunos piensan, y aunque se pueda olvidar de quién eres y ni siquiera saberquién son ellos, siguen siendo su familia, y en muchos aspectos, todavía están allí.
- Deles la opción de visitar o no visitar al abuelo; a que permanezcan a su lado durante unos minutos; a que expresen cuándo se sienten incómodos.
- Hágales saber que pueden sentarse juntos sin hablar, mirando a los pájaros o comer helado, para que sean los propios niños los que encuentren su propio camino, su nueva forma de relacionarse con su abuelo.
A partir de 12- adolescencia:
- Invíteles a explorar por sí mismos los detalles de la enfermedad, proporcionándoles los nombres de algunos sitios web, películas o vídeos que se acercan a la enfermedad de Alzheimer desde diferentes perspectivas.
- Anímelos a hacer un reportaje sobre el Alzheimer para la escuela o escribir sobre ella en la clase de Inglés, de lengua, de tutoría, …
- Deles un diario para anotar sus sentimientos y recuerdos.
- Anímelos a encontrar maneras de mantener “sano” al abuelo, contando sus historias, preguntando por sus labores de cuando era joven, viendo con él fotos.
- Hable acerca de las cosas que le dan miedo. Motívelo. Comparta sus temores con él: que no vas a ser capaz de llegar a más, de que va a morir sin decirle las cosas que querías decirle …Hay en ocasiones que Alzheimer, irónicamente, puede unir a las familias. Así que hable de ello con los niños; haga preguntas; acepte el amor y el apoyo que le brindan. Conozco el caso de una señora que me dijo que su madre enferma de Alzheimer vivía con ella,su marido y sus hijas durante los últimos 3 años de su vida, y que sus hijas adolescentes aprendieron mucho acerca de la enfermedad, pero lo más importante es que aprendieron mucho sobre su familia.
Por último, no quiero perder la ocasión para recomendarles una página web que a mí, particularmente, me gusta mucho: Lola & Alz, proyecto creativo infantil sobre la enfermedad de Alzheimer, desde la cual se pretende:
- Desestigmatizar esta enfermedad entre la infancia
- Crear un compromiso social con la enfermedad
- Dignificar a nuestros mayores
Dentro del proyecto pueden encontrar un libro simplemente genial que viene al caso de lo que hoy les he estado hablando: La cajita de música de Lola donde se muestra la enfermedad de Alzheimer desde la visión de los más pequeños, “sus miedos, su labor dentro de la familia, su infinito amor hacia los mayores…”
Escrito por:
Acerca de eltallerdemismemorias
Pedagoga. Especialista en formación de adultos, gerontología educativa y Alzheimer; Investigación sobre envejecimiento y educación de mayores; Publicación del libro de ejercicios «Para que no se olvide» Vol. I y II (a través de «Foro Qpea»); actualmente trabajando en el volumen III. Diseño e implementación de programas sobre memoria y mantenimiento cognitivo en mayores, para diferentes asociaciones, instituciones y empresas. Formadora de programas para personas dependientes, con problemas de inserción social y laboral en diversos Servicios Sociales de Base de Navarra, así como en EISOL. Actualmente colaboro con la empresa consultora ARETé- Activa en el proyecto «Apoyo psicosocial, atención relacional y comunicativa en instituciones» de formación de adultos y capacitación de personal trabajador de instituciones y residencias.
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Las manos se encuentran entre las áreas del cuerpo más afectadas por la osteoartritis. Y aunque esta enfermedad de las articulaciones, en ocasiones puede limitar tu capacidad de movimientos, una forma de combatir las molestias que genera es, precisamente, moverlas. Toma nota de estos sencillos ejercicios para las manos, para que puedas mantenerlas activas.
La osteoartritis es una enfermedad de las articulaciones que afecta al cartílago, ese tejido resbaladizo que cubre los extremos de los huesos y les permite deslizarse suavemente el uno contra el otro y amortiguar los golpes que se producen con el movimiento físico.
La osteoartritis puede ocurrir en cualquier articulación, pero se produce más a menudo en las manos, las rodillas, las caderas y la columna. La capa superior del cartílago se rompe y se desgasta, lo que causa fricción, y consecuentemente dolor, y, de acuerdo a la severidad, inflamación (hinchazón), pérdida de movimiento y hasta problemas para conciliar el sueño. Incluso, con el tiempo, la articulación puede perder su aspecto normal.
Para combatir estas molestias, los médicos suelen combinar varios tratamientos, de acuerdo al estilo de vida y la salud de cada persona. Entre ellos y dependiendo de las articulaciones afectadas, el ejercicio y el control del peso pueden ser sumamente importantes, así como también un buen descanso y el cuidado de las articulaciones.
Por supuesto, el médico también podría recomendarte alguna(s) medicina(s) para controlar las molestias y, en los casos más graves, tal vez hasta sea necesaria una cirugía. Pero antes de llegar a eso, puedes aprender técnicas y movimientos para controlar el dolor sin medicamentos.
Por ejemplo, para aliviar las molestias en las manos si tu médico te ha confirmado que tienes osteoartritis–y eso incluye muñecas y dedos- comienza calentando tus manos en agua tibia por unos minutos. Eso te ayudará a disminuir el dolor y te permitirá tener más flexibilidad a la hora de hacer los ejercicios. Luego, presta atención a los siguientes movimientos que deberías practicar a diario (esto es importante ya que la clave de éxito es la constancia). Ten en cuenta que debes comenzar de a poco e incrementar la exigencia a medida que vayas fortaleciendo los músculos.
Te proponemos algunos movimientos para combatir la osteoartritis
1. Cierra el puño con el dedo pulgar sobre los demás y mantén la mano así de 30 a 60 segundos, luego estira los dedos hasta tener la mano abierta. Repite el ejercicio al menos 4 veces con cada mano.
2. Apoya la mano sobre la mesa, primero relajada y luego estira lo más posible los dedos tratando de que la palma quede estirada tocando la superficie de la mesa. Mantenla de 30 a 60 segundos y relaja la mano. Repite el ejercicio mínimo 4 veces con cada mano. Otra opción de este ejercicio es comenzar con la mano cerrada y luego abrirla. Puedes elegir el que más te agrade o alternarlos para no hacer todos los días el mismo.
3. En la misma posición, con la palma sobre la mesa y los dedos estirados, comienza levantando el dedo pulgar y bajándolo lentamente. Luego haz lo mismo con cada dedo y al finalizar puedes levantar los cinco dedos juntos y bajarlos lentamente. Repite este movimiento de 8 a 12 veces con cada mano.
4. Otra variante del ejercicio anterior es mover los dedos de forma horizontal (no vertical). Es decir, con la mano extendida sobre la mesa y la palma hacia abajo, separa el pulgar de los dedos y luego acerca los demás dedos al pulgar, uno por uno. Finalmente, vuélvelos a separar uno por uno del pulgar hasta regresar a la posición inicial.
5. Ahora, apoya todo el antebrazo hasta la mano y luego comienza a girar la palma sin mover el brazo, primero hacia arriba y luego hacia abajo. Repite este movimiento al menos 4 veces con cada mano.
6. Mantén la mano con la palma frente a ti y cierra los dedos tratando de tocar la base de los mismos con tus uñas. Sostén esa posición de 30 a 60 segundos y estíralos nuevamente. Repite el ejercicio al menos 4 veces con cada mano.
7. En la misma posición, con la palma frente a ti, estira el dedo pulgar lo más posible, alejándolo de los otros dedos, y luego ciérralo con la intención de llegar a tocar la base del dedo meñique. Mantén las posiciones de 30 a 60 segundos y repite el movimiento al menos 4 veces con cada mano.
8. Sigue con la palma frente a ti. Ahora, el desafío es tocar la punta de cada dedo con tu dedo pulgar formando una O. Comienza con el índice y sigue hasta el meñique, ¡pero despacio! Debes mantenerte de 30 a 60 segundos formando la O con cada dedo. Como en los casos anteriores, repite el movimiento al menos 4 veces con cada mano.
9. La pelotita. Un ejercicio muy conocido para mantener la movilidad de las manos es presionar una pelota o esponja y luego aflojar. Esto puede resultar muy bien, pero debes tener ciertos cuidados. En principio, si tu dedo pulgar está lesionado, entonces no es conveniente que lo hagas. Si no es así, recuerda que debes repetir el ejercicio de 10 a 15 veces con cada mano, pero luego descansar por 48 horas antes de volver a hacerlo.
10. Por último, para relajar las manos, ponlas una contra otra presionándolas suavemente entre sí. Luego, deja de apretar pero mantén las manos unidas y levanta los codos hasta que sientas que se estira la parte inferior del brazo. Sostén esa ligera tensión mientras cuentas hasta seis y repite lo mismo pero manteniendo sólo los dedos unos contra otros. Al terminar, si quieres, también puedes aplicar agua tibia sobre tus articulaciones para calmar las molestias.
¿No te gustan los ejercicios, te aburren o te olvidas cómo hacerlos? Pues no es motivo para dejar los dedos quietos. Voy a contarte un secreto que no es difícil de recordar: jugar con masilla, como las que usan los niños de la familia, quizás tus propios nietos, también te ayuda a mover y a fortalecer tus manos, no tienes que acordarte de ningún movimiento en particular, sólo dejarte llevar por tu creatividad. ¿Qué estás esperando? ¡Vamos, pon manos a la obra para combatir ese dolor!
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¿Te has planteado alguna vez cómo limpiar las lámparas de una manera más eficaz? ¿Sabes que mantener las lámparas limpias pueden suponer un ahorro del 20% en la factura de la luz? Una bombilla sucia puede perder hasta el 50% de su luminosidad por el cúmulo de polvo y suciedad. Para que esto no ocurra debemos programar con regularidad la limpieza de lámparas, tulipas, fluorescentes,… y seguir algunos consejos.
Las bombillas se deben limpiar con un trapo húmedo cuando estén apagadas y frías, después nos aseguraremos de que estén secas antes de encenderlas. Si se tratan de lámparas halógenas las pasaremos con cuidado un trapo de algodón, pero este no debe estar mojado. Por otro lado, las pantallas o tulipas las limpiaremos en función del material:
- Tulipas de tela: utiliza el aspirador para eliminar el polvo y, en caso de tener manchas, una espuma en seco.
- Tulipas de papel: bastará con pasar un trapo atrapa-polvo (los venden de usar y tirar) y en algunos casos un trapo húmedo.
- Tulipas de pergamino: pasa un trapo con jabón neutro y agua. Si les aplicas unas gotas de cera líquida, quedarán impecables.
Cuando tenemos lámparas de cristal, bien sean de araña o la tulipa de la cocina, podemos rociarlas con un producto quitagrasa (en caso de que la tengamos en la cocina) o con una mezcla de agua y amoniaco. La suciedad se desprenderá con facilidad y después nos bastará con pasar un paño seco para que quede como nueva.
Recuerda que mantener limpias las lámparas en casa puede suponer un gran ahorro para nosotros y si a eso le acompañamos unas pantallas en tonos claros, la luminosidad de nuestro hogar se verá incrementada. ¡Y al gastar menos energía, protegemos el medio ambiente!
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Entendemos por apatía la falta de energía y motivación para iniciar acciones y/o poner interés en actividades que antes resultaban placenteras para la persona. Es un estado de indiferencia que en los enfermos de Alzheimer implica un importante grado de inactividad y declive asociado.
Es importante proponer al enfermo actividades que al menos en el pasado le resultasen interesantes y agradables. La apatía puede incluir incluso a los hobbies o actividades favoritos, muchas veces debido a la pérdida de capacidades que dificultan a la persona a seguir llevando a cabo la tarea. Deberemos entonces buscar la forma de simplificar esas actividades para que pueda seguirlas realizando, utilizando los recursos de que aún dispone. Por ejemplo, quizá una persona que ha sido modista toda su vida, en determinada fase de la demencia ya no sea capaz de hacer un vestido, pero hasta bastante avanzada la enfermedad puede seguir siendo capaz de coser un botón o hacer distintas actividades con tela e hilo.
Cuando aparezca la apatía nos costará mucho más esfuerzo conseguir que el enfermo colabore en cosas tan sencillas como su aseo personal, su alimentación y, en general, en todo el conjunto de actividades de la vida diaria. Surgirá el oposicionismo, entendido como cualquier forma de negativa ante cada propuesta por parte de los cuidadores y/o familiares.
Es habitual comprobar como suele ser la persona más cercana, el cuidador principal, sobre el que mayor carga de oposicionismo recae. Es precisamente la persona que más esfuerzo pone en la atención, que más tiempo dedica, sobre quien suelen recaer los mayores enfrentamientos y negativas para llevar a cabo lo que el enfermo le pide.
Susana se sentía tremendamente incomprendida cuando cada fin de semana su hermano Raúl le decía que se ahogaba en un vaso de agua y que su madre no era tan difícil de llevar. De lunes a sábado Susana era la encargada de cuidar a su madre enferma de Alzheimer en una fase moderada.
Dedicaba la mayor parte del día a atender la casa y a cuidar a su madre. Cuando comenzó la enfermedad llegaron al acuerdo de que sería ella (que no trabajaba fuera de casa) la que se dedicaría a atender a su madre de lunes a sábado, y que el domingo vendría su hermano Raúl para que ella pudiese descansar.
Desde niña, la relación madre-hija había sido muy cercana y de total confianza la una en la otra. Pero cuando llegó la enfermedad esto comenzó a cambiar. Desde que se levantaba por las mañanas, Susana tenía que lidiar con las constantes negativas de su madre: a levantarse de la cama, a quitarse el camisón y asearse, a acompañarla a hacer la compra, esperar los horarios de las comidas, etc. Para la más mínima petición que le hacía a su madre, tenía que rogarle e insistirle para conseguir su colaboración.
Realmente su madre era aún bastante independiente para algunas actividades de la vida diaria, pues los domingos cuando era su hermano el encargado de realizar estas actividades, su madre se manejaba bastante bien al hacerlas. Susana no entendía porque razón su hermano, que siempre había tenido una relación mucho más distante con su madre, ahora tenía tanta “mano izquierda” con ella. Susana se sentía totalmente incomprendida cuando le contaba a su hermano que la mayor parte de los días le costaba más de una hora el conseguir que mamá se levantase de la cama, o que muchos días le era imposible asearla porque esta se negaba en rotundo a poner un pie en el baño. Los domingos, sin embargo, ante las peticiones de Raúl todo eran sonrisas y cortesías. Ella se culpaba de no saber hacer bien las cosas, de no poder satisfacer sus necesidades y de perder fácilmente la paciencia. Por más esfuerzo que ponía en observar cómo hacía las cosas su hermano e intentar imitarle cuando se encargaba ella, la conducta de su madre no cambiaba.
Poco a poco la enfermedad siguió avanzando y al avanzar, el deterioro aumentó la dependencia de su madre, pero a la vez también cedió el nivel de oposicionismo. Su madre ya no era capaz de realizar esas actividades del día a día pero ya no ponía impedimento a que Susana se lo hiciese.
Ayuda a Domicilio, Ley de Dependencia en Madrid: Todo sobre Ayudas, Trámites y Cuidados para Personas Mayores
Un enfermo de Alzheimer, desde que se le diagnostica la enfermedad, sufre una perdida progresiva de capacidades (intelectual y volitiva), que pueden llegar a plantear problemas legales, pues, desde el punto de vista legal, sigue teniendo plena capacidad de obrar. Esta situación, puede suponer para sí mismo y para los familiares un problema grave. Por ello, es necesario establecer un mecanismo de protección que se consigue mediante el nombramiento de un tutor, pero previamente es preciso que un juez reconozca que el enfermo ha perdido su capacidad. Es lo que jurídicamente se denomina como DECLARACIÓN DE INCAPACITACIÓN.
Conozca todos los aspectos legales de la enfermedad de Alzheimer:
Índice
- Capítulo 1. Procedimiento de incapacidad
- Capítulo 2. Instituciones de guarda de la persona con discapacidad
- Capítulo 3. Internamiento no voluntario
- Capítulo 4. Voluntades anticipadas y/o instrucciones previas
- Capítulo 5. Protección patrimonial de las personas con discapacidad
- Capítulo 6. Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapadidad
- Capítulo 7. Ámbito laboral
- Capítulo 8. Protección frente a los malos tratos
- Capítulo 9. Sistema de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia
- Capítulo 10. Toma de decisiones difíciles
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