La enfermedad de Parkinson es una patología crónica neurodegenerativa que afecta el sistema nervioso central y evoluciona lentamente e insidiosamente.
La evolución de la enfermedad depende de la rapidez del inicio de los tratamientos medicamentosos.
Aunque, hasta la actualidad, ningún tratamiento puede curar la enfermedad de Parkinson medicamentos antiparkinsonianos junto a un tratamiento global y a reglas higiénico-dietéticas permiten sobrellevar mejor con esta enfermedad.
No existe ningún medicamento que evita la progresión de la enfermedad y puede curarla. Los tratamientos medicamentosos son sintomáticos pero pueden ayudar considerablemente. Estos medicamentos mejoran principalmente las manifestaciones motrices de la enfermedad, como los temblores, la rigidez y la lentitud.
Los medicamentos que pretenden subsanar el déficit en dopamina, como la Levodopa, transformada en dopamina en el cerebro, pueden provocar efectos secundarios serios que es necesario conocer.
Síntomas digestivos
Los síntomas digestivos, como las náuseas, la diarrea y los vómitos aparecen la mayoría de las veces al principio de tratamiento durante la progresión de las dosis.
Se atenúan poco a poco después de algunas semanas de tratamiento.
Episodios de hemorragias digestivas pueden aparecer excepcionalmente.
Los síntomas cardiovasculares
Una hipotensión ortostática puede ser observada así una hipertensión arterial o taquicardia. Episodios de arritmia también pueden aparecer.
Las complicaciones motrices
Los trastornos motrices y la discinesia son efectos secundarios que pueden afectar a más del 50 % de los enfermos después de 5 a 10 años de tratamiento por la degradación de la dopamina.
El enfermo presenta síntomas de intensidad variable, como bloqueo en el día. Estos síntomas necesitan modificar los horarios de la tomas de medicamentos.
Las complicaciones motrices comprenden fluctuaciones motrices y no motrices, así como la discinesia.
Las fluctuaciones motrices
Las fluctuaciones motrices significan que los síntomas de la enfermedad de Parkinson reinciden durante el día, a pesar del tratamiento. Pueden producirse ralentización del movimiento, disminución de la espontaneidad, lentitud al caminar y la reaparición de los temblores.
La discinesia
La discinesia son movimientos anormales involuntarios que pueden afectar diferentes partes del organismo. Aparecen contracciones musculares, pequeños movimientos breves y conmociones musculares. 1 de cada 3 enfermos con Parkinson son afectados de discinesia.
Complicaciones psiquiátricas
Episodios de psicosis con delirio, alucinaciones visuales o auditivas, agitación, ansiedad, episodios depresivos. Estos efectos aparecen más a menudo en personas de edad y que toman muchos medicamentos.
También pueden aparecer episodios de agresividad, de hipersexualidad y trastornos del comportamiento.
Estos síntomas pueden desaparecer después de una disminución de las dosis o una interrupción del tratamiento.
Otros efectos
Puede producirse una coloración ligera de las orinas, generalmente de color marrón rojizo.
También pueden aparecer trastornos del sueño, como una hipersomnia que aparece en el transcurso del día.
Es uno de los trastornos o problemas más comunes durante los meses de verano, debido en gran medida a que nuestros pies están más expuestos a los factores de riego que pueden desembocar en la aparición de hongos. La prevención también juega un papel importante y será cuestión, como señalan desde la Academia Española de Dermatología y Venereología, de seguir unos sencillos consejos básicos para proteger a nuestros pies, una parte de nuestro cuerpo que también requiere atención y cuidados, sobre todo en el verano.
Disfrutar de un verano saludable también pasa por proteger a nuestros pies de unos de los trastornos más comunes y asociados a la llegada del calor. Y es que nuestros pies están más libres (se han librado de los calcetines y los zapatos cerrados), pero también más expuestos, por ejemplo, a las superficies en las que proliferan los hongos, como pueden ser las piscinas o los gimnasios. Es la primera recomendación de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), no olvidarse las chanclas, es decir, no caminar descalzos. Consejo al que se suma el de no prestar el calzado usado a otra persona, así como prevenir la maceración por humedad.
Sencillas recomendaciones para evitar una de las patologías más frecuentes y cuya causa principal suele ser el andar descalzos por espacios públicos concurridos y donde hay más humedad, propiciatoria de la aparición de hongos. En el caso de los niños, los más proclives a andar descalzos en verano, es aconsejable que eviten ponerse zapatillas de deporte cerradas, ya que impiden la correcta ventilación del pie aumentando la temperatura y humedad.
Si sospechamos la presencia de hongos en nuestros pies, por la aparición de pequeñas heridas o por el enrojecimiento de la piel, debemos acudir al médico o especialista para el tratamiento adecuado, generalmente a base de una crema y, en el caso de que se haya producido contagio, con un tratamiento oral. Los expertos recuerdan que estamos ante casos de dermatosis frecuentes, los cuales como hemos visto se pueden prevenir siguiendo unos sencillos consejos.
Hongos: Tipos
Los hongos que aparecen en los pies se pueden dividir en cándidas y dematofitos. Las cándidas afectan sobre todo a la zona interdigital. Se manifiestan como una herida de color blanco y un enrojecimiento de la zona que bordea las uñas. A diferencia del otro tipo de hongos, no es necesario que se produzca un contagio para tener cándidas, basta con que estemos en un espacio con excesiva humedad, medio en el que se reproducen.
Por su parte, los dematofitos, más frecuentes que las cándidas, se caracterizan por un enrojecimiento del pie (dedos y planta) y por la tendencia de la piel a escamarse. También puede afectar a las uñas, haciendo que adquirieran una tonalidad amarilla, antesala de que se terminarán cayendo. El contagio se produce después de pisar en una superficie donde antes lo hizo una persona con problemas de hongos en los pies.
Cerebro: Se buscan donantes para investigar sobre Alzheimer y Parkinson, donantes para seguir indagando en la investigación y el conocimiento de trastornos neurodegenerativos. España es líder en donación de órganos y trasplantes, si bien es cierto es que la donación de cerebro, a través del Banco de Tejidos de la Fundación del Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas, es menos conocida, pero no por ello menos importante, ya que estamos hablando, entre otras, de dos enfermedades de las que todavía hay muchas preguntas sin respuesta, como es el Alzheimer o el Parkinson.
El número de donaciones de cerebro, según datos del Banco de Tejidos de la Fundación del Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (Fundación Cien), ha aumentado en torno a un 30% en el último año, donaciones esenciales para seguir avanzando en la investigación de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson, dos de los trastornos neurodegenerativos más frecuentes. Alrededor de una treintena de instituciones, centros de investigación y universidades, tanto de Europa como de Estados Unidos o Australia, reciben muestras del Banco de Tejidos. Los donantes diagnosticados de Alzheimer, para el estudio del cerebro postmorten, representan más del 50%, aunque no sucede lo mismo con los donantes de Parkinson, con un porcentaje bastante menor, el 7%. Otros trastornos neurodegenerativos no menos importantes son la esclerosis lateral amitrófica, conocida como ELA, o la demencia frontotemporal.
Actualmente el Banco de Tejidos, el cual depende a través del Instituto de Salud Carlos III del Ministerio de Economía y Competitividad, cuenta con 167 cerebros. Pero, ¿cómo hacerse donante? El funcionamiento es muy sencillo, basta con inscribirse y dar el consentimiento informado para pasar a formar parte del programa de donación, el cual a su vez actúa en tres ámbitos: donantes externos inscritos en el banco (más de 500 durante el año pasado), donantes del Centro de Alzheimer de la Fundación Reina Sofía y los estudios que proceden de otros centros sanitarios o biobancos.
La donación de cerebros, como subrayan los especialistas e investigadores, es fundamental para seguir avanzando en el estudio de trastornos que, como el Alzheimer, tienen entre sus consecuencias la pérdida de memoria o de los recuerdos. De ahí, la importancia de concienciar e informar sobre la necesidad de que aumenten las donaciones, un gesto que puede hacer mucho para ganar la batalla o encontrar el interruptor que hace que nuestro cerebro deje de funcionar correctamente, abriendo las puertas a trastornos cuyas consecuencias pueden ser severas para lasalud y la calidad de vida de quiénes los padecen.
Uno de los objetivos fundamentales de los investigadores es poder identificar los cambios que se producen en el cerebro antes incluso de que la enfermedad se manifieste, motivo por el que es importante contar con donantes de todo tipo. Hay que señalar que el Banco de Tejidos de la Fundación Cien no solo coordina la donación de cerebros, también de líquido cefalorraquídeo,sangre y otros tejidos donados en vida.
Por comunidades autónomas, Madrid encabeza la procedencia de las donaciones, con más del 60%, seguida de Murcia, con un 23%. El resto de donaciones procede de diferentes puntos de la geografía española que no disponen de un banco de tejidos propio.
La trombosis venosa profunda (TVP) se presenta cuando se forma un coágulo sanguíneo en una vena profunda del cuerpo. Las venas profundas se encuentran en los grupos de músculos. Las venas cercanas a la piel se denominan venas superficiales.
Afecta principalmente las venas grandes en la parte inferior de la pierna y el muslo.
Causas que provocan Trombosis venosa profunda
Las trombosis venosas profundas (TVP) son más comunes en los adultos de más de 60 años; sin embargo, pueden ocurrir a cualquier edad. Cuando un coágulo se desprende y se desplaza a través del torrente sanguíneo, se denomina émbolo, el cual se puede atascar en el cerebro, los pulmones, el corazón o en otra área, lo que lleva a daño grave.
Los coágulos de sangre se pueden formar cuando algo disminuye o cambia el flujo de sangre en las venas. Los factores de riesgo abarcan:
Un catéter de marcapasos que se ha pasado a través de la vena en la ingle.
Reposo en cama.
Antecedentes familiares de coágulos sanguíneos.
Fracturas en la pelvis o las piernas.
Haber dado a luz en los últimos 6 meses.
Obesidad.
Cirugía reciente (especialmente cirugía de la cadera, de la rodilla o pélvica en la mujer).
Producción excesiva de glóbulos rojos por parte de la médula ósea, lo que provoca que la sangre esté más espesa y lenta de lo normal.
Es más probable que la sangre se coagule en alguien que tenga ciertos problemas o trastornos, como:
Cáncer
Ciertos trastornos autoinmunitarios, como el lupus
Afecciones en las cuales uno es más propenso a formar coágulos de sangre
Tomar estrógenos o pastillas anticonceptivas (este riesgo es aun más alto si fuma)
Permanecer sentado por períodos prolongados al viajar puede incrementar el riesgo de trombosis venosa profunda y es muchísimo más probable cuando también están presentes uno o más de los factores de riesgo de la lista de arriba.
¿Cuales son sus síntomas?
La TVP afecta principalmente a las grandes venas en la parte inferior de la pierna y el muslo, casi siempre en un lado del cuerpo. El coágulo puede bloquear el flujo sanguíneo y causar:
Cambios en el color de la piel (enrojecimiento)
Dolor de pierna
Piel que se siente caliente al tacto
Inflamación (edema)
Pruebas y exámenes para detectar la Trombosis venosa profunda
El médico llevará a cabo un examen físico, el cual puede revelar enrojecimiento, inflamación o sensibilidad en la pierna.
Los dos exámenes que se realizan con frecuencia primero para diagnosticar la TVP son:
Examen de sangre para determinar el dímero D
Ecografía Doppler de las extremidades
Se pueden hacer exámenes de sangre para verificar si hay aumento de la probabilidad de coagulación de la sangre, tales como:
Resistencia a la proteína C activada (verifica la mutación en el factor V de Leiden).
Niveles de antitrombina III.
Anticuerpos antifosfolípidos.
Conteo sanguíneo completo (CSC).
Pruebas genéticas para buscar mutaciones que lo hagan a uno más propenso a la formación de coágulos de sangre, como la mutación en protrombina 20210A.
Anticoagulante lúpico.
Niveles de proteína C y proteína S.
Tratamiento
El médico le dará un medicamento para disolver la sangre (llamado anticoagulante), lo cual impedirá que se formen más coágulos o que los ya existentes se vuelvan más grandes. Estos fármacos no pueden disolver los coágulos que usted ya tiene.
La heparina generalmente es el primer fármaco que se usted recibirá:
Si la heparina se administra a través de una vena (IV), usted debe permanecer en el hospital.
Las nuevas formas de la heparina se pueden administrar en inyección una o dos veces al día. Si le recetan esta nueva forma de heparina, posiblemente no necesite permanecer hospitalizado por mucho tiempo o nada en absoluto.
Se comenzará a administrar un fármaco llamado warfarina (Coumadin) junto con la heparina.
La warfarina se toma por vía oral y tarda varios días en hacer un efecto completo.
La heparina se continúa hasta cuando la warfarina haya estado en la dosis correcta durante al menos dos días.
Usted muy probablemente tomará warfarina durante al menos tres meses. Algunas personas tienen que tomarla por más tiempo o incluso por el resto de sus vidas, dependiendo de su riesgo de otro coágulo.
Cuando usted está tomando warfarina, tiene mayor propensión a sangrar, incluso por actividades que siempre ha realizado. Si está tomando warfarina en casa:
Tome el medicamento exactamente en la forma como el médico se lo recetó.
Pregúntele al médico qué hacer si pasa por alto una dosis.
Procure que le hagan exámenes de sangre con frecuencia para verificar que esté tomando la dosis apropiada.
Aprenda cómo tomar otros medicamentos y cuándo comer.
Averigüe cómo estar atento a los problemas causados por la warfarina.
Se están desarrollando nuevos anticoagulantes que se toman por vía oral. El médico puede recomendarle uno de estos.
A usted le darán medias de descanso para usarlas en la pierna o las piernas, junto con otras instrucciones al darle el alta. Estas medias mejoran el flujo de sangre a las piernas y reducen el riesgo de complicaciones a raíz de coágulos sanguíneos. Es importante usarlas todos los días.
En raras ocasiones, se puede necesitar cirugía si los medicamentos no surten efecto y ésta puede implicar:
Colocar un filtro en la vena más grande del cuerpo para impedir que coágulos de sangre viajen a los pulmones.
Extraer un coágulo de sangre grande de la vena o inyectar medicamentos trombolíticos.
Expectativas (pronóstico)
Muchas trombosis venosas profundas desaparecen sin problema, pero pueden reaparecer. Algunas personas pueden presentar dolor e hinchazón prolongados en la pierna, conocido como síndrome posflebítico.
Usted también puede presentar dolor y cambios en el color de la piel. Estos síntomas pueden aparecer de inmediato o es posible que no los presente durante uno o más años después de esto. El uso de medias apretadas (de compresión) durante y después de la trombosis venosa profunda puede ayudar a prevenir este problema.
Los coágulos en el muslo son más propensos a desprenderse y viajar a los pulmones (embolia pulmonar o EP) que los coágulos de sangre en la parte inferior de la pierna u otras partes del cuerpo.
Cuándo contactar a un profesional médico
Consulte con el médico si tiene síntomas de trombosis venosa profunda.
Acuda a la sala de urgencias o llame al número local de emergencias (como el 911 en los Estados Unidos) si tiene trombosis venosa profunda y presenta:
Dolor torácico
Expectoración con sangre
Dificultad respiratoria
Desmayo
Pérdida del conocimiento
Otros síntomas graves
Prevención
Use las medias de descanso que el médico le recetó. Le ayudarán a mejorar la circulación en las piernas y reducir el riesgo de complicaciones de los coágulos de sangre.
El hecho de mover las piernas con frecuencia durante los viajes largos en avión, en automóvil y en otras situaciones en las cuales uno esté sentado o acostado por períodos de tiempo prolongados también puede ayudar a prevenir la trombosis venosa profunda. Las personas que están en muy alto riesgo de coágulos sanguíneos se pueden beneficiar de las inyecciones de heparina cuando estén en un vuelo que dure más de cuatro horas.
No fume. Si es fumador, deje el cigarrillo. Las mujeres que estén tomando pastillas anticonceptivas o estrógenos tienen que dejar de fumar.
Nombres alternativos
Coágulo en las piernas; TVP; DVT; Tromboembolia; Síndrome posflebítico; Síndrome postrombótico
Hay que inculcar a nuestros hijos y a nuestros pequeños un gran cariño y respeto por las personas mayores, bien sean sus abuelos, bien sean vecinos o conocidos mayores.
Las sociedades más industrializadas, por regla general, y la pérdida de muchos de los valores tradicionales hace que cada vez más las personas mayores sean marginadas e incluso, ignoradas, dando a entender su aparente inutilidad para una sociedad movida solamente por las prisas, el estrés y los valores materiales.
Una persona puede aportar experiencia, formación y cultura a los más pequeños. El cariño y el respeto suele tener un efecto «boomerang»; si no lo damos y enseñamos, es difícil que lo obtengamos en un futuro.
Algunos de los puntos clave para educar a los más pequeños de la casa pueden ser (válidas no solo para el trato con las personas mayores, sino para el trato con cualquier otra persona):
Hablar con respeto a todas las personas mayores, sean o no conocidos.
Evitar poner malas caras o hacer gestos despectivos cuando los mayores les dicen algo. Les cuentan una historia, les dicen algún halago, o simplemente les hacen un gesto amable (aunque a ellos no se lo parezca).
Debe reprenderles cuando hagan críticas despectivas a la espalda (viejo, chocho, tocado, pesado, etc.). Estas palabras pueden herir a la persona mayor que las escucha.
Recuerde que den siempre las gracias, por una propina que les han dado, por una golosina o juguete que les han comprado … y por cualquier otra cosa. A la hora de pedir, recuérdeles también que utilicen siempre «por favor».
Comprensión. Hay que enseñarles a que admitan de buen grado las pequeñas manías, cabezonerías, etc. que puedan tener sus abuelos u otras personas mayores.
Hay que aprender a escuchar a los mayores. Da lo mismo que la historia o «batallita» la haya contado anteriormente; la felicidad que para ellos supone, en la mayor parte de los casos, tener un público entregado merece la pena. Se puede, con cierta prudencia, recordarle al narrador que esa historia ya la saben, que les cuente otra.
Saludar. Hay que saludar cuando nos visitan o visitamos a otras personas. No se puede pasar sin hacer un saludo como si no existieran. Lo mismo a la hora de despedirse.
Ayuda. En algunos casos puede que necesiten ayuda para sentarse o levantarse, llegar hasta el coche, leer una letra demasiado pequeña para ellos, tomar algo que se ha caído al suelo, etc. Hay que estar siempre dispuestos y atentos.
Ignorar. Ni cuándo van de visita ni cuando vienen los abuelos u otras personas se puede consentir que los peques de la casa estén con la televisión o radio encendida, jugando a la consola o simplemente «desapareciendo» en cuanto hay la más mínima oportunidad. Es de mala educación «ignorar» a los invitados o «huir» de ellos. Si quiere que se vayan los pequeños debe decírselo de forma expresa: salir a jugar al jardín, iros a vuestra habitación, etc.
Si logramos que los pequeños aprendan, entre otras, estas pautas de comportamiento, les puedo asegurar, que podrán sentirse orgullosos de sus hijos en cualquier circunstancia (cosa cada vez más difícil). Un niño educado y respetuoso es un adulto tolerante y cívico en el futuro.
Conocido también como acromelalgia, el síndrome de piernas inquietas es un trastorno neurológico que provoca el movimiento brusco de las extremidades y que afecta fundamentalmente al sueño, durante el que se pueden experimentar sensaciones de hormigueo, escalofríos, quemazón o incluso dolor, lo que en definitiva provoca la necesidad de moverse. Aunque prácticamente desconocido para muchos, según datos médicos se estima que afecta al 15% de la población de entre 18 y 65 años.
El síndrome de las piernas inquietas (SPI) es un trastorno neurológico que provoca, a su vez, una alteración del sueño mermando su calidad, ya que es precisamente durante el descanso o reposo cuando aparecen los movimientos bruscos de las piernas (mioclonías) y sensaciones, como hormigueo o escalofríos, que nos obligan a mover las extremidades inferiores. Según datos médicos se calcula que el 15% padece síndrome de las piernas inquietas, cuya prevalencia además aumenta con la edad.
La causa de este síndrome sigue siendo todavía una pregunta sin respuesta, si bien los médicos y especialistas no descartan que tenga un componente genético, ya que se calcula que un tercio de los pacientes presenta en su historial clínico antecedentes familiares (lo que se denonima SPI primario o familiar). Sin embargo, no es la única hipótesis, ya que también se considera que la causa podría estar relacionada con una disminución de la dopamina, el neurotransmisor cerebral responsable de la coordinación y de la realización de los movimientos. Asimismo, los expertos también consideran que hay otros factores de riesgo. Así, además de la edad, la carencia de hierro o el padecer trastornos como la diabetes, artritis reumatoide o insuficiente renal también puede hacernos más vulnerables al síndrome de las piernas inquietas.
La necesidad de mover las piernas durante la noche provoca un empeoramiento de la calidad del sueño, ya que el paciente tiende a despertarse con mayor frecuencia, lo que puede terminar provocando problemas de insomnio. La falta de descanso lleva parejo además otro problema, y es el de empeorar los síntomas durante el día (mayor inquietud, piernas doloridas), al tiempo que puede hacernos sentir más irritables, cansados y apáticos.
Síndrome piernas inquietas: Diagnóstico
Ocho de cada diez personas con SPI sufren movimientos bruscos de las piernas durante el sueño, los cuales suelen tener una duración de poco más de veinte segundos, pero suficientes para interrumpir el sueño y mermar el descanso. De hecho, el insomnio es una de sus principales consecuencias. El cansancio y la somnolencia pueden empeorar los síntomas, por lo que el diagnóstico y tratamiento también tienen en cuenta los trastornos asociados que conlleva.
Revisar nuestro estilo de vida también nos puede ayudar a controlar y mejorar los síntomas del SPI, desde evitar las bebidas excitantes en una dieta sana y equilibrada a realizar actividades como pasear, tomar baños relajantes y practicar ejercicios de estiramientos, una terapia que se puede complementar con yoga o tai chi, entre otras.
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