En España existen más de dos millones de personas que cuidan a un familiar en situación de discapacidad o dependencia. Pero afrontar estos cuidados suele originar efectos adversos en la vida económica y laboral de los/as cuidadores/as, restringe sus posibilidades relacionales y de ocio y puede ser causa de enfermedades, en especial, de estados depresivos.
Los cuatro pilares del cuidador
Primera regla: «NO SE SIENTA CULPABLE»
Cuidar a un ser querido afectado por la demencia de Alzheimer supone una extraordinaria sobrecarga física y psíquica.
Con frecuencia, se notará agotada/o, tanto en sus fuerzas corporales como a nivel emocional: sentirá ganas de llorar y de «tirar la toalla».
Es normal, en la situación que usted esta viviendo, en mas de una vez se enfadará, perderá los nervios y tratará de malos modos al enfermo que atiende. No se sienta culpable por ello, tendría que ser una persona con una energía fuera de lo normal para no incurrir nunca en estos fallos, y esto no sería tampoco natural. Considérese «una o uno mas» y siéntase solidaria/o – satisfecho por ello.
Tampoco se sorprenda ni alarme porque en alguna ocasión se le haya ocurrido pensar que (su familiar o persona a su cargo) se muriera» o porque, incluso, haya llegado a desearlo con cierta intensidad. Se trata de una reacción normal en situaciones de estrés prolongado y constante. No indica que usted «este perdiendo la cabeza» o que usted sea una mala persona: es, simplemente, un mecanismo de defensa normal ligado a su propio instinto de supervivencia. Acéptelo con serenidad y con total calma. Tampoco se sienta culpable por este motivo.
Finalmente, despreocúpese totalmente de lo que puedan pensar los demás acerca de las atenciones y cuidados que presta a la persona allegada enferma. Atiéndala lo mejor que sepa y pueda, y olvídese de las opiniones de la gente qua, a buen seguro, no puede «estar en su pellejo«
Nadie tiene derecho ni capacidad para juzgarle, salvo usted misma/o. Sea usted un juez benigno para consigo misma/o. Esta haciendo un esfuerzo encomiable por el bien del ser humano que cuida y en beneficio de toda la comunidad en la que vive.
Segunda regla: «SIGA VIVIENDO SU VIDA»
Por nada del mundo reduzca su existencia a cuidar a la persona enferma de Alzheimer.
Resultaría muy negativo para su salud y para su futuro y, además, acabaría teniendo que cuidarse de sí mismosi usted no mantiene una vida personal completa.
No abandone sus amistades ni aficiones. Quizá tenga que reducir el tiempo que dedica a las mismas, pero nunca las abandone.
Cuide su trabajo, sus relaciones afectivas, sus actividades periódicas y personales, el trato con su familia, sus tiempos de reflexión y todo lo que precise para sentirse llena/o. En definitiva, sea feliz con su existencia.
Repase a menudo su proyecto de vida, entienda que quizá el mismo este en estas momentos ralentizado por la tarea de cuidar al enfermo de Alzheimer que ahora le corresponde hacer, pero no lo pierda de vista. Trabájelo, imagíneselo en el futuro, mímelo y ámalo con serenidad y esperanza. Debe ser su «gran ilusion».
Esté siempre lista/o y alerta para retomar su argumento de vida en cuanto finalice su compromiso de cuidador. No se trata de una postura egoísta por su parte, ni va usted a pecar por ello de individualismo. Usted tiene que ser fiel a su vocación personal y debe cuidar su individualidad, con el mimo esmero y afán con el que, provisionalmente, se dedica al enfermo a su cargo. De otro modo, estaría abocado al vacío existencial y a una vida sin sentido, deshumanizante e impersonal.
Tercer regla: «CUIDAR ES SÓLO UNA TAREA PASAJERA»
No se convierta en un mártir del cuidado.
Atender, apoyar y ayudar a un ser humano enfermo as una Bonita tarea, en la que puede desarrollar toda su capacidad de amar. Con ello, enriquecerá al enfermo y se cultivará personalmente.
No caiga en el gravísimo error de que su cuidado reclame toda su atención y toda su energía. Hay, y debe haber, otras muchas cosas en su vida que también merecen su esfuerzo y atención.
Cuidar a su enfermo nunca puede constituirse en el sentido de su vida. Significaría reducirla y anularla.
La vida humana comprende muchas y numerosas tareas variadas y de todo tipo. Es el conjunto de todas ellas, con sus particularidades y sus significados, lo que se constituye en la linea maestra de toda su vida, y lo que le va a ayudar a desarrollar todas sus posibilidades y a convertirse en lo que verdaderamente puede llegar a ser. Su obra sera la culminación de todas las tareas, bien orquestadas, realizadas a lo largo de toda su vida: la de cuidar a su enfermo, sera una mas, importante sin duda, pero no la única.
No se olvide nunca de que su vida se realiza en tiempo por llegar, y muchos logros. Cuando se note fatigada/o, ilusiónese con esta idea y confórtese con su consideración. No pierda nunca de vista que usted siempre tiene «una vida por delante», breve o larga, que vivir, afrontar y culminar.
Cuando falte la persona a quien cuida, usted tendrá que continuar: no se cierre ningún camino.
Cuarta regla: «RELÁJESE Y DISTRAÍGASE»
Mientras Lleguen «tiempos mejores», usted necesita protegerse y cuidarse.
Es obvio que atender a un enfermo de Alzheimer resulta una tarea dura, ingrata y terriblemente sacrificada. Trate de aliviarla un poco con dos sencillas estrategias universales: distrayéndose (es decir, llevando su atención a otros temas y ocupando su mente con otros contenidos, aunque solo sea pasajero) y relajándose.
Ambas cosas resultan imprescindibles para mantener su equilibrio emocional y para evitar la fatiga psíquica.
De vez en cuando, tómese un respiro. Vaya a ver algún espectáculo, quede con sus amistades, realice algún pequeño viaje, interésese por lo que dicen los medios de comunicación acerca de de lo que ocurre en el mundo, enfrásquese en algún juego o actividad, o en cualquier actividad, pero lo más importante, tome oxígeno fuera del ámbito del cuidado directo de la persona enferma de Alzheimer.
Al menos una vez por semana, tiene que hacer una pequeña «escapada» y todos los días necesita «desconectar» algún rato del angustioso mundo del cuidador de enfermos de Alzheimer.
Incluso cuando este cerca del enfermo, trate de relajarse cada cierto tiempo. Logre que sus músculos no se contracturen: así se cansará menos y resistirá mejor la sobrecarga.
Si entra dentro de sus posibilidades (esfuércese en ello) procure pasear a diario por lo menos media hora y acuda una o dos veces por semana a alguna sesión de yoga o a algún grupo de relajación. Le facilitara adquirir habilidades para controlarse mejor y poder relajarse en medio de las tareas de cuidado al enfermo.
Cuidar a un Enfermo de Alzheimer no implica renunciar a su vida personal.
Busque su felicidad dentro de un proyecto de vida rico y variado, incluyendo en él lo que está haciendo como cuidador.
No priorice su atención al enfermo de Alzheimer como la más importante en su vida actual o futura: sepa situarlo en su lugar exacto.
Viva esta difícil tarea con serenidad y paz. Sepa que es algo transitorio y que lo importante está en su futuro: cuídelo también, incluso más que a su enfermo.
En general, se acepta que la relación de parentesco entre el cuidador y la persona cuidada, es una variable influyente a la hora de matizar el tipo de sentimientos y obligaciones, del cuidador respecto a la persona cuidada, así como en la posible dificultad del cuidado y el nivel de distrés. De hecho la experiencia emocional de distrés, en circunstancias similares de cuidado, suele diferir en función del parentesco con la persona cuidada.
Los sentimientos de compromiso y obligación de los cuidadores tienen, por ejemplo, influencia sobre la duración del cuidado, y en este sentido, esposas e hijas suelen proveer la mayor parte del cuidado de larga duración. Sabido es, que los maridos cuidadores parecen tener menor influencia emocional negativa en el cuidado, que las esposas cuidadoras, supuesta controlada la severidad de la enfermedad (Anthony-Bergstone, Zarit y Gatz; 1988).
Parentesco del cuidador con el enfermo
Se ha observado, que supuesto controlado el factor de lugar o residencia de la persona cuidada, tanto las esposas como las hijas de las personas cuidadas, tienen ambas, parecidos sentimientos de distrés emocional, así como similares compromisos y sentimientos de obligación hacia la persona cuidada (Goodman, Zarit y Steiner, 1994).
Curiosamente se ha comprobado que las relaciones de parentesco no afectan a la posibilidad de ingresar la persona mayor dependiente en una institución o al tiempo que pueden acoger a una persona dependiente en el domicilio (Aneshensel et al, 1995), lo cual es contrario a la expectativa general de que las esposas cuidadoras, pueden seguir en el papel de cuidadoras más tiempo, por ejemplo que las hijas, u otros familiares.
Como antes se ha mencionado, se ha comprobado la importancia de la historia pasada, así como la trascendencia de la calidad de las relaciones antes de empezar la tarea de cuidado. Así que las relaciones previas al cuidado o los cuidadores que opinan que el cuidado de una persona dependiente es una cuestión de reciprocidad (Goodman, Zarit y Steiner, 1994), tienen menor nivel de distrés.
En lo que se refiere a patrones relaciones intergeneracionales y su relación con el cuidado, se ha comprobado que padres e hijos con buenas relaciones anteriores a la situación de dependencia, están más predispuestos a dar o recibir apoyo a la vez que cuando se pregunta a las personas mayores de quién les gustaría recibir apoyo, muy a menudo prefieren a los hijos que a otros miembros de la familia (Hogan, Eggeben y Clogg, 1993).
Asimismo, Eggebeen (1992) en un estudio sobre datos recogidos en USA llegó a la conclusión que la posibilidad de recibir cuidados por parte de los hijos, está relacionado con el estado civil de la persona mayor. Personas mayores divorciadas, están menos predispuestas a recibir apoyo de sus hijos, que las personas mayores viudas. De hecho, está cuestión puede plantear serios problemas en el futuro, ya que las personas mayores casadas pueden recibir cuidados tanto del cónyuge como de sus hijos, al menos desde un plano teórico, mientras que los divorciados carecen de cónyuge que les pueda proveer cuidados y parecen menos predispuestos a recibir cuidados de los hijos, lo que a largo plazo y ante el aumento de divorcios, sitúa a las personas cuyo estado civil es el de divorciados, en una situación desventajosa respecto a viudos o casados, cuando habitualmente necesitarán por su propio estado civil más cantidad de apoyo.
Nivel cultural y socioeconómico
El nivel cultural y el estatus socioeconómico afecta principalmente a cómo los cuidadores llevan delante de diferentes maneras la situación de cuidado. Diferentes grupos étnicos difieren en creencias sobre la importancia del cuidado de las Personas Mayores, así como sobre la discapacidad. Para algunos grupos, el cuidado en el domicilio es una de las prioridades más importantes, mientras que otros grupos consideran más importante el cuidado profesional (Lawton, Rajagopal, Brody y Kleban; 1992).
El estatus socioeconómico o la clase social, tiene probablemente una compleja relación con el proceso de cuidado. Se ha considerado generalmente que un nivel bajo de estatus socioeconómico o clase social, incide en un menor número de recursos disponibles y una mayor carga, así como un menor acceso a información y a recursos públicos.
Los niños son curiosos por naturaleza y hacen preguntas acerca de las enfermedades mentales. El poder entender las enfermedades mentales puede ser un reto tanto para los adultos como para los niños. Los mitos, confusión e información incorrecta acerca de las enfermedades mentales causa ansiedad, crea estereotipos y continua el estigma. Durante los pasados 50 años se han hecho grandes adelantos en la áreas de diagnósticos y tratamiento de las enfermedades mentales. Los padres pueden ayudar a que los niños entiendan que éstas son enfermedades reales que pueden ser tratadas.
Para que los padres puedan hablar con los niños acerca de las enfermedades mentales, ellos tienen que estar bien informados y sentirse razonablemente cómodos con la materia. Algunos padres puede que tengan que hacer un poco de estudio para poder informarse mejor. Los padres deben de tener un entendimiento básico y las contestaciones para preguntas tales como: qué son las enfermedades mentales, quién las adquiere, qué las causa, cómo se hacen los diagnósticos y qué tratamientos hay disponibles.
Cuando se le explica a un niño cómo las enfermedades mentales afectan a una persona, puede ser de ayuda el hacer una comparación con una enfermedad física. Por ejemplo, muchas personas se enferman con la gripe o con influenza, pero sólo unos pocos se enferman con algo serio como pulmonía. Las personas que contraen la gripe pueden usualmente llevar a cabo sus actividades normales. Sin embargo, si contraen pulmonía, ellos tienen que tomar medicamentos y puede que tengan que ir al hospital. De manera similar, los sentimientos de tristeza, ansiedad, preocupación, irritabilidad o problemas con el dormir son comunes para la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando dichos sentimientos se intensifican demasiado, duran por un largo período de tiempo y comienzan a interferir con el trabajo escolar, el trabajo o las relaciones, ello puede ser indicio de una enfermedad mental.
Los padres deben de estar conscientes de las necesidades, preocupaciones, conocimiento y experiencia de sus niños con las enfermedades mentales. Cuando se les habla acerca de las enfermedades mentales, los padres deben de:
Comunicarse de una manera directa
Comunicarse en un nivel apropiado para la edad y nivel de desarrollo del niño
Hablar cuando el niño se sienta seguro y cómodo
Observar la reacción del niño durante la explicación
Ir más despacio o dejar de hablar si observa al niño confundido o si lo ve angustiado.
El considerar esos puntos puede ayudar al niño a relajarse y a entender mejor la conversación.
Los niños de edad pre-escolar
Los niños pequeños necesitan menos información y menos detalles debido a su habilidad limitada para entender. Los niños pre-escolares se enfocan principalmente en las cosas que ellos pueden ver; por ejemplo, ellos pueden tener preguntas acerca de una persona que tiene una apariencia física poco común o que se comporta de manera extraña. Ellos también están muy conscientes de las personas que están llorado y obviamente apenados, o que gritan y estan airados.
Los niños de edad escolar
Los niños mayores pueden querer más detalles específicos. Ellos puede que hagan más preguntas, especialmente acerca de amigos o familiares con problemas emocionales o de comportamiento. Su preocupación y preguntas son generalmente bien directas. «¿Por qué está llorando esa persona?» «¿Por qué Papi bebe y le da tanta rabia?» «¿Por qué está esa persona hablando consigo misma?» Ellos pueden preocuparse acerca de su seguridad o la seguridad de su familia y amigos. Es importante el contestar las preguntas directamente y honestamente y tranquilizarlos acerca de sus preocupaciones y sentimientos.
Los adolescentes
Los adolescentes en general son capaces de asimilar mucha más información y hacer preguntas más específicas y difíciles. Los adolescentes a menudo hablan con mayor confianza con sus amigos que con sus padres. Como resultado, algunos adolescentes pueden ya tener información errónea acerca de las enfermedades mentales. Los adolescentes responden de manera más positiva al diálogo abierto que incluye los dos puntos de vista. Ellos no se muestran tan abiertos o sensibles cuando sienten que la conversación expresa un sólo punto de vista o si se parece a un regaño.
El hablarle a los niños acerca de las enfermedades mentales puede ser una oportunidad para que los padres le provean a sus niños información, sostén y orientación. El aprender acerca de las enfermedades mentales puede conducir a mejorar el reconocerlas y entenderlas, tratarlas a tiempo, tener compasión y ayudar a disminuir el estigma.
Recomendamos la lectura de un libro que está pensado para que cualquier niño conozca la enfermedad mental, y en especial dirigido a todos aquellos que tengan un familiar con una patología de este tipo. Además, el libro incluye orientaciones para los educadores para abordar la enfermedad mental con los niños en edad preescolar. De este modo, el cuento se convierte así en una herramienta excelente para combatir el estigma, educando a las nuevas generaciones en esta cuestión lo antes posible.
«Fufú y el abrigo verde»nos facilita algunas respuestas a esta serie de preguntas que pueden plantearse al conocer un diagnóstico de enfermedad mental. El libro, editado por la Fundación AstraZéneca, a iniciativa de la Confederación FEAFES, narra la historia de una familia de zorros, en la cual el padre cambia su comportamiento. El texto se acompaña de vistosas ilustraciones que ayudan a desarrollar e introducir matices en la historia.
El cuidado de personas mayores dependientes ha sido identificado como uno de los eventos más estresantes que se dan en el ciclo familiar (Zarit, 1996) y para el que se han identificado diferentes y adversas consecuencias, más si cabe cuando el cuidado de personas mayores dependientes no es por lo general, una actividad que termina en un corto espacio de tiempo. Las consecuencias comúnmente más identificadas se producen a diversos niveles: emocionales, relacionales, económicos, de reducción de tiempo libre, a nivel laboral, etc. El hecho de que el cuidado pueda perdurar en el tiempo, presenta a lo largo del proceso de cuidado, nuevos cambios en la familia. Incluso el hecho de la institucionalización del familiar después de años de cuidado o la muerte del mismo, no conduce en muchos casos al tan mencionado estereotipo de un momento de «relajación y descanso de la familia«, sino que pueden hacer que surjan nuevos procesos estresantes.
Las múltiples investigaciones existentes sobre apoyo informal, ofrecen un mosaico cada vez más diverso. Ante intentos reduccionistas de entender el cuidado de personas mayores dependientes como un proceso similar, en una gran mayoría de los casos, es necesario destacar la complejidad y la diversidad del mismo. No existe un único patrón de adaptación y afrontamiento ante las diversas situaciones de cuidado, sino que se da una gran variación individual en cada una de las fases y momentos del mismo. Las diversas familias y cuidadores difieren en el tipo de deseo o situación que les lleva a cuidar a una persona dependiente, en sus habilidades para el cuidado, en el tipo de sentimientos que les lleva a realizar el rol de cuidadores (desde la obligación al acto voluntario), en los recursos disponibles. Por otro lado existe una gran variabilidad del tipo de cuidado de las personas mayores en función del tipo de dependencia que se presenta, la personalidad de la persona mayor, la historia en común con los cuidadores, la posibilidad de que acepten el cuidado de una u otra manera, etc. Sentimientos de distrés o carga, están influenciados pero no únicamente definidos por el tipo de enfermedad o nivel de discapacidad de la persona mayor. Cuidadores de personas mayores con gran nivel de dependencia presentan bajos o nulos niveles de distrés, mientras que cuidadores de personas con niveles moderados o bajos de dependencia, presentas elevados niveles de carga subjetiva. Estos patrones individuales suelen diferenciarse más a medida que transcurre el tiempo de cuidado, en el sentido de que existen cuidadores que se van adaptando exitosamente a las sucesivas demandas del cuidado, mientras que otros se sienten progresivamente con mayores niveles de carga.
Para explorar estas diferencias individuales, diferentes autores han formulado diversos modelos explicativos sobre las diversas variables influyentes en el cuidado. Así desde el modelo de Lazarus y Flokman (1984) donde la reacción al estrés que produce al cuidado es mitigada por la capacidad de evaluar esa amenaza percibida, así como por el tipo de afrontamiento; o desde el modelo de Pearlin y colaboradores (Pearlin y Skaff, 1995) donde se enfatizan que los conflictos con otros miembros de la familia y la disminución de la autoestima, por ejemplo, pueden tener efectos en la capacidad de afrontamiento de los cuidadores y en su red de apoyo social. Igualmente Vitaliano y colaboradores (1989) desarrollaron un modelo donde el distrés es conceptualizado como resultado de las relaciones entre estresores objetivos y recursos psicológicos, sociales y emocionales del cuidador.
El proceso de estrés se concibe desde la relación de tres componentes principales:
Los estresores bien pudieran ser representados por demandas y tareas que se demandan al cuidador, tanto por parte de la persona cuidada, como las que la propia situación de cuidado crea (ayuda en actividades de vida diaria, hacer frente a problemas de conducta de la persona cuidada). Los resultados o consecuencias se refieren a los que la experiencia del cuidado hacen surgir en el cuidador, aquí se pueden destacar las consecuencias a nivel de salud física y de salud psíquica (depresión, trastornos psicosomáticos,…). El tercer componente esencial, de todo proceso de estrés son las variables moduladoras, como lo es el apoyo social y el afrontamiento. Las variables moduladoras son aquéllas que regulan los efectos de los estresores que aparecen a la hora de desarrollar el cuidado.
Es de destacar, que en todo proceso de estrés, cada uno de estos componentes se ve influenciado por las características sociales y económicas de los cuidadores, así como por la situación en la que se desarrolla el cuidado (por ejemplo, acceso a recursos económicos). Así como que la interrelación entre los componentes siendo así que cambios en alguno de los componentes, provocan cambios en los otros. Los estresores pueden emerger en diferentes situaciones de cuidado y repetirse y cronificarse; favoreciendo incluso la presencia de ciertos estresores la aparición de otros y su proliferación (Pearlin, 1994).
Los estresores iniciales se denominan estresores primarios y como resultado de los mismos, pueden aparecer los estresores secundarios, lo que algunos autores han denominado «proliferación de estrés» (Pearlin, 1994). Esta manera de entender el proceso de estrés que se da en el cuidado, hace referencia al orden de aparición en el tiempo en el que se produce el cuidado, de los citados estresores y no a la potencia o influencia, de los mismos en dichas situaciones.
Particularmente interesante nos parece profundizar en el modelo de proceso de estrés (Aneshensel et al, 1995), que aparece resumido en la figura siguiente y que puede servir tanto de referencia a la hora de analizar otros modelos diferentes, como por sus implicaciones clínicas, de intervención y evaluación del proceso de cuidado.
Este modelo se basa en tres conceptos principales:
el primero hace referencia a una característica central de las situaciones que provocan estrés crónico, como es el cuidado de una persona dependiente, y es el potencial de estas situaciones como generadoras de estrés al interferir los estresores en otras áreas de funcionamiento de la vida diaria del cuidador. Comprenden lo que anteriormente se han definido como estresores primarios, como son: el tiempo y el esfuerzo dedicado al cuidado, la energía dedicada al mismo. Como ejemplo del funcionamiento de este tipo de estresores primarios se podría señalar los problemas de una pareja, en la que uno de ellos es cuidador de un familiar fuera de la pareja, y en la que el/la cuidador/a tiene sentimientos negativos al dedicar más tiempo al cuidado, que al otro miembro de su pareja.
El segundo concepto es el de la «contención de estrés», proceso por el cual los cuidadores pueden limitar o disminuir los efectos que el cuidado de una persona dependiente conlleva, utilizando ciertos recursos disponibles. Estos recursos pueden ser de naturaleza psicológica, como estrategias adecuadas de afrontamiento o alta autoestima; de naturaleza social, tipo recibir apoyo emocional o instrumental; de naturaleza económica, etc. Sobre este tipo de recursos disponibles por los cuidadores, cabe destacar que en general disminuyen la carga y el distrés, pero para ello los cuidadores los tienen que entender como adecuados.
Como tercer elemento, se propone (Aneshensel et al, 1995) que el cuidador debe de entender el cuidado, como un proceso, en el que se deben de dar tanto aprendizajes, como nuevas formas de socialización, etc. Una buena adaptación a los requerimientos del cuidado depende tanto de los estresores, como de los recursos disponibles, así como del particular punto de vista de cuidador a la hora de entender el cuidado. A continuación se van a detallar los elementos principales analizados en algunos de los diferentes modelos de estrés.
Por estresores primarios se entienden los eventos y acciones directamente relacionados con la dependencia de la persona mayor cuidada, así como con la provisión de ese cuidado. Están incluidos las necesidades de asistencias en actividades de vida diaria, así como problemas de carácter conductual y/o emocional del receptor del cuidado. Los estresores secundarios están relacionados con los cambios que se producen en la vida de los cuidadores, como resultado de los esfuerzos que el cuidado de una persona mayor dependiente trae consigo.
Esta distinción, importante en la práctica interventiva al permitir una mejora de la efectividad de la misma, se basa en la separación entre los eventos y actividades específicas derivadas de la situación de dependencia de la persona mayor que es cuidada (estresores primarios), de las consecuencias que el cuidado puede tener en la vida de los cuidadores (estresores secundarios).
Dentro de los denominados estresores primarios se han diferenciado dimensiones objetivas y subjetivas:
Las dimensiones objetivas están representadas por las actividades que actualmente realiza el cuidador durante el proceso de cuidado: bañar, ayudar a comer, responder a conductas de agitación o depresivas, etc.
Las dimensiones subjetivas están referidas al impacto inmediato de los estresores en el cuidador. El valor subjetivo que un cuidador pone en una acción específica de cuidado, es un mejor predictor de dicho impacto, que una medida objetiva de dicho estresor.
Es más, las dimensiones objetivas de los estresores primarios están relacionadas con las consecuencias del mismo (depresión o distrés emocional, por ejemplo), pero estas relaciones son en general muy pequeñas. De hecho se ha comprobado que el requerimiento por parte de la persona cuidada al cuidador para la realización de actividades de vida diaria, provoca menos consecuencias negativas al cuidador, que cuando la persona dependiente tiene problemas de conducta o emocionales (Aneshensel et al, 1995). En el mismo sentido, considerando el diagnóstico origen de la dependencia, el cuidado de personas con demencia o con enfermedades mentales crónicas es mucho más dificultoso, que el cuidado de personas con dependencia física con escasos o nulos problemas emocionales o conductuales.
Se ha comprobado asimismo que los problemas conductuales y emocionales de la persona cuidada ocasiona subjetivamente mayor distrés al cuidador (Teri et al, 1992; Haley, Levine, Brown y Bartolucci, 1987). En el caso de la demencia, por ejemplo, las conductas repetitivas y la agitación son normalmente las que mayor estrés ocasionan a los cuidadores. Teri y colaboradores (1992) constataron que las conductas de tipo depresivo, como puede ser el llanto o preguntas sobre la muerte, generan mucho estrés en los cuidadores.
Se da una relación mucho más fuerte, entre el nivel de salud o bienestar de los cuidadores (considerando estas variables como comprometidas como consecuencia del cuidado), cuando se han analizado conjuntamente estresores primarios subjetivos y medidas objetivas Aneshensel et al., 1995).
En estudios longitudinales y transversales, la sobrecarga en los cuidadores y el hecho de tener que dedicarse exclusivamente al cuidado, son importantes predictores del nivel de estrés que los cuidadores experimentan, después de haberse controlado el nivel de los estresores objetivos. De lo anteriormente señalado se desprende la importancia de considerar factores objetivos y subjetivos a la hora de analizar e intervenir dentro del apoyo informal, así como de la diferente valoración que los cuidadores realizan de los diferentes eventos específicos del cuidado.
Los #cuidadores que cuidan de sí mismos ponen límites al cuidado. En ocasiones, empiezan a poner límites cuando se dan cuenta de que estaban asumiendo una carga que es posible compartir con otros. Otras veces comienzan a poner límites cuando la persona que está siendo cuidada demanda más cuidados y atención de los necesarios.
Los cuidadores que sí ponen límites al cuidado piensan cosas como las siguientes:
«Hay tareas que él puede hacer solo, es mejor no ayudarle».
«Me gustaría poder ayudarle lo mejor posible» (y no piensan «tengo que…»).
«Puedo pedir a mi hermano que me ayude por las mañanas».
La persona cuidada demanda más ayuda de la necesaria
Algunas personas, al tener que soportar los sufrimientos de una enfermedad, exigen más ayuda de la que necesitan, mientras que otras dirigen la frustración derivada de sus problemas a quien está más cerca de ellos, esto es, a la persona que se dedica a cuidarlas. Muchas veces, estas demandas excesivas se producen de forma tan gradual que los cuidadores apenas llegan a darse cuanta de ello. Sólo son conscientes de que se sienten continuamente molestos y frustrados con la persona a quien cuidan, pero sin comprender las razones por las que se sienten así.
En estas situaciones se hace necesario poner límites. La manera más eficaz es decir no de una forma adecuada, de manera que no haga sentirse mal a la persona que lo dice ni se ofenda a la otra persona.
¿Cómo poner límites al cuidado?
Lo primero es pedir ayuda a la familia (ver el punto anterior). Un modelo de ¿cómo pedir ayuda a la familia? sería el siguiente:
Solicitar una autorización. ¿Puedo hablarte un momento?
Verbalización directa y precisa. Me gustaría que te quedaras el jueves o el viernes con papá.
Autoafirmación empática y expresión positiva de la demanda.De esta forma yo podré salir un poco. Últimamente estoy agotada.
Comprobar que el interlocutor está realmente de acuerdo en responder a la demanda. Si no puedes, dímelo, no me voy a enfadar.
Disco rayado (repetir lo mismo cuantas veces sea necesario, de manera cada vez más amable y cortés). Para mí es importante que te quedes con papá el jueves o el viernes y así podré descansar. Sería muy amable por tu parte que te quedases el jueves o el viernes, yo necesito descansar.
Autorrevelación (manifestar sentimientos, pensamientos o comportamientos propios y en primera persona) . Últimamente estoy agotada y me vendría muy bien que te quedaras.
Ofrecer un compromiso. ¿Te viene mal? ¿qué te parece el sábado? Dime qué día puedes tú.
Terminar efusivamente. Muchas gracias. Es un alivio que meayudes. Menos mal que cuento contigo.
¿Cómo no se debe pedir ayuda a la familia?
De manera agresiva, ya que provoca el rechazo o una respuesta de defensa, por ejemplo: «Carlos, estoy harta de que no tengas en cuenta a papá y de que no me ayudéis. Esto se va a acabar. Yo necesito salir, así que vosotros veréis»…
…puede provocar una respuesta similar a: «Yo también estoy harto de que vengas siempre con lo mismo. Nosotros también hacemos nuestra parte. Si tan harta estás, ya sabes lo que hay»
De manera inhibida, ya que se facilitan al otro los argumentos para rechazar nuestra petición, por ejemplo: «Mira…, si…, iba a pedirte una cosa, pero tampoco es muy importante. A ver si algún día, cuando podáis…, os pudierais quedar con papá. Pero…, vamos… que si no podéis lo entiendo, vaya».
… puede provocar una respuesta similar a: «La verdad es que me gustaría ayudarte pero estoy muy ocupado estos días. Ya te llamaré cuando pueda».
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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