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¿Cuántas preguntas se lleva el viento? Esa mañana, me quede sin respuestas. Esa mañana, te levantaste de mal humor, tenías los tobillos hinchados, y te dolían las manos. Seguramente la bronca te sopló la pregunta
– Mamá ¿por qué a mí? ¿Por qué tengo artritis?
No tuve palabras, tal vez porque yo al igual que tú, me lo sigo preguntando, y a pesar que asumimos este estado, no nos resignamos. ¡¡Porque yo!!!!. y trate de encontrar la frase justa, pero ese día no la encontré.
Después de varios días decidí hablar contigo y contarte que a veces las cosas simplemente pasan, y nos toca a nosotros. Dejamos de ser espectadores, para ser protagonistas. Tal vez uno viene para dar testimonio, para ser útiles, ser el bastón de alguien, tal vez Dios nos pone pruebas, tal vez nuestro destino está escrito y es imposible escapar.
Tal vez el karma, tal vez uno va forjando un camino que otros seguirán. Lo cierto que la explicación que pude darte es que a todos nos pasan cosas, y uno tiene que aprender a vivir con ellas, saltando las dificultades, y honrando la vida a pesar de lo inexplicable. Con el paso del tiempo, lo que no entendía cuando me decían que la artritis formaría parte de la familia y uno aprendería a convivir con ella, se hizo realidad.
No puedo decir que es nuestra amiga, pero supimos darle un lugar y respetarla sin tenerle miedo. Los niños son sabios, y vos descubriste que tus amigas tienen otros problemas, que le duelen igual que tu artritis.
Un día fuimos a comprar a un almacén, la dueña tenía un hijo con un retraso madurativo muy importante. Se quedo mirándote, como yo en algunas oportunidades miraba a otros chicos, y me dijo:
– Qué suerte teneís, tu hija es sana, puede llevar una vida normal!, me contó su padecer, vi su sufrimiento.
Cuando acabó de relatarme su pesar, me causo gracia, y le conté de tu enfermedad, tú salías de una recaída muy importante. Nos dimos un beso en silencio, y me fui caminando contigo, que no tardaste en preguntar que le pasaba a esa señora.
-Viste Guada, como tienes la artritis el hijo tiene otra enfermedad, que le impide ir al colegio y ser un nene que goce de las actividades que realizan otros chicos de su edad. ¿Viste? ¡todos tenemos algo!
-Pero mamá, ¿qué problema hay? Sabrina es sorda y va al colegio, y habla con señas ¿qué problema hay si uno es feliz?
Me emocioné, porque vos me diste las respuestas que necesitaba. Algo bien habíamos hecho. Ese día supe que ibas a pelear y estarías dispuesta a no perderte nada que la vida te ofreciera. Los niños son sabios, y es verdad por lo general, asumen la enfermedad antes que los padres y sin muchas vueltas encuentran las respuestas simples, que nosotros tardamos más en hallar.
¿POR QUE? Hoy me lo sigo preguntando, y me sigo enojando, y cuando a vos te visita la bronca y le gritas a Dios, yo te acompaño, y tratamos de buscar las respuestas juntas, pero sabiendo que lo más importante es VIVIR, HONRAR LA VIDA con respuestas o sin respuestas.
Hoy hablando con una mamá, sobre este tema, te pregunté y tus palabras fueron sencillas, PORQUE SOMOS CHICOS ESPECIALES, y si son niños especiales que cuando no pueden jugar con el cuerpo lo hacen volando con la imaginación, enojándose con Dios, y con nosotros.
¿Respuestas ? cada mañana cuando me levanto encuentro una distinta, escucho a todos, porque sé que por ahí está escondida en cualquier conversación. Respuestas , no hay, o si hay no nos conforman.
Hemos pasado por muchas etapas, pero ahí una, que sigue presente, visitándome de vez en cuando, y es la impotencia, la rabia. Porque a pesar que estás bien, y llevas una vida plena, ese sentimiento que no alcanza a entrar en mi corazón, me obliga a no resignarme.
Respuestas, algún día las encontraremos, sabremos que produce esta enfermedad, cuando fue el momento que se metió en nuestras vidas y ¿por qué a nosotros? ¿por qué a nuestro hijos? Aprendí a controlar al soberbia, y decirme una y otra vez ¿por qué no a mi? .
Tal vez tengamos que dar testimonio, tal vez nuestras vivencias sirvan, tal vez Dios o alguien superior consideró la posibilidad que seriamos capaces de afrontar este desafío. Les cuento que utilice las más variadas herramientas para explicarle a Guada el porque.
La última vez, fui sincera, NO SE, desearía que fuera yo en lugar de vos, pero Dios lo quiso así, y no podemos detenernos demasiado a pensar por qué. Recuerdo el momento en que me dieron el diagnóstico, y me prometí, vivir, recuperar la felicidad y por sobre todas las cosas , que vos pudieras gozar de una infancia feliz llena de fantasía.
Tal vez la respuesta , se encuentre allí, en un mundo simple , empapado de esperanza, fe, rezos nocturnos, y miradas silenciosas. ¿Respuestas? Creo que ninguna nos conforma, ni cura las heridas. Pero a cuantas cosas que nos pasan a nosotros o a los otros, siguen sin explicación.
Si son chicos especiales, que seguramente tendrán que buscar el camino para ser felices, combatiendo dolores, pinchazos y rigidez. Pero felices de estar vivos y de poder seguir buscando juntos esas respuestas.
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Lamentablemente, existen muchas enfermedades que deterioran la memoria, generando toda clase de problemas, muchos de ellos muy graves. También, por otra parte, el paso del tiempo empeora la situación. Sin embargo, existen muchas técnicas, cada vez más, que pueden adoptarse como métodos para recuperar la memoria o simplemente para mejorar nuestra capacidad.
En este artículo, explicaremos brevemente 3 de los más importantes. Comencemos!
¿Cómo mejorar la memoria?
No es casualidad que nuestro primer consejo en esta serie de artículos siempre sea el mismo. El ejercicio ayuda a todo nuestro organismo de muchas maneras diferentes. En este caso, el hábito de realizar ejercicio de forma regular, ayudará a la buena oxigenación de nuestras células, que provocará como consecuencia un mejor funcionamiento general y, como resultado, una mejor capacidad de retener nuestros conocimientos, aumentar nuestras capacidades y demás.
Una técnica interesante que se suele difundir especialmente con personas que tienen problemas de memoria es la siguiente: Cuando leas un texto, escuches música o realices cualquier actividad que requiera de ti cierto grado de concentración, intenta utilizar tu imaginación para conectar lo que estás intentando retener con una imagen familiar. Por ejemplo, si lees una revista de autos y quieres recordar determinado modelo, imagínate a un amigo manejando este auto e intenta retener esta imagen en tu memoria. De esta manera, relacionando conceptos con imágenes, será más fácil recordar y retener lo que quieras.
Muchas personas tienen la costumbre de pensar e intentar comprender de una forma desordenada y algo atolondrada, por decirlo de alguna forma. Un último pero valioso consejo es que te organices cuando intentes memorizar o recordar algo que leas, pienses, etc. Cómo puedes hacerlo? Simplemente, no apurándote, pensando con calma y buscando una estrategia para recordar lo que quieres.
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En el momento en que se diagnostica una discapacidad a un niño, además de la propia realidad de la enfermedad, hay que tener en cuenta la fuerte repercusión que acomete en el entorno familiar, sobre todo en los padres del pequeño, que ven cómo todos los ámbitos de su vida cambian para siempre.
Las reacciones emocionales ante la discapacidad de un hijo pueden ser muy variadas según cada caso, aunque todos los padres suelen pasar por fases similares desde el momento del diagnóstico. De todas maneras, las reacciones y el devenir de la deficiencia dependerán de diversos factores, como el grado de incapacidad del hijo, la dinámica familiar antes del diagnóstico, la situación económica, social e intelectual de la familia o las creencias religiosas.
Elizabeth Kubler-Ross identifica cinco etapas emocionales que suelen atravesar los padres con un hijo con discapacidad y que, en función de cada situación, pueden durar más o menos tiempo, presentarse a la vez, volver a aparecer más adelante, etc. Las cinco etapas son:
- Negación: los padres se aferran a la idea de que el diagnóstico será erróneo.
- Agresión: los padres pueden culparse mutuamente de la discapacidad del niño, o desatar su ira contra el médico, la religión o la vida, o incluso contra el propio hijo. Estas reacciones suelen ser fruto de la impotencia, aunque acaban sintiendo culpa o vergüenza por su comportamiento.
- Negociación: aún no aceptan el diagnóstico por completo, pero los padres ya dialogan con el médico y el niño sobre el problema.
- Depresión: a estas alturas, el agotamiento de los padres, tanto físico como mental, ya es un fuerte lastre, y suelen manifestarse síntomas de la depresión.
- Aceptación: los padres aceptan parcial o totalmente la discapacidad del niño, aunque las etapas anteriores pueden volver a aparecer.
Para otros autores (Díez, S., Ventola, B., Garrido, F. y Ledesma, C.; 1989), los padres experimentan diferentes reacciones cronológicas ante el diagnóstico de una deficiencia de un hijo:
- Reacción tras el nacimiento: ante un embarazo, las ilusiones y fantasías de los padres respecto a su hijo son muchas. El anuncio de la discapacidad supone el derrumbe de todas estas expectativas. Primero, los padres suelen interrogar al médico sobre las posibles causas, prestando especial atención a si se trata de una discapacidad hereditaria. Aunque, al principio, la culpa suele recaer sobre los médicos, pronto se traslada a los mismos progenitores, algo que puede traducirse en depresión y aislamiento social. Si, al contrario, la deficiencia no es muy importante, los padres suelen minimizarla y no darle mucha importancia, una reacción también negativa para el desarrollo de la discapacidad.
- Reacción de Negación y/o Aceptación Parcial: en los casos leves de discapacidad, la reacción de los padres suele ser de negación o minimización, y por lo tanto, no suelen ser conscientes de las dificultades del niño para realizar ciertas actividades, no se le presta ayuda y se le exigen cosas que no puede hacer. Así, sólo se consigue que el niño se sienta solo, inseguro e inferior a los demás. Si la discapacidad es evidente, los padres no suelen aceptarla por completo, aunque digan lo contrario. Suelen verse dominados por sus sentimientos de pesimismo hacia el futuro y culpabilidad, y tienen reacciones bruscas de autodefensa, que no ayudan a la labor médica.
- Reacción de Aceptación: en este caso, pueden producirse dos posturas diferenciadas. Los padres pueden adoptar una posición de sobreprotección del hijo, una aceptación basada en la resignación y la piedad, que no ayuda al niño a superar sus obstáculos, sino que le hace vivir con la sensación de ser un enfermo. O, por otro lado, los padres pueden no entender realmente el problema que padece su hijo y pueden entorpecer el desarrollo positivo de la incapacidad.
- Reacción Depresiva Existencial: además de la preocupación ante un futuro incierto después del diagnóstico, los padres padecen una ansiedad profunda por no saber qué pasará cuando ellos mueran. Este sentimiento se puede mezclar con los de culpa y fatalidad al intentar encontrar unos sustitutos que cuiden del hijo cuando ellos falten, privando, por ejemplo, a los hermanos, de una vida plena.
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Las paperas, también conocidas como parotiditis, son una infección viral que afecta las glándulas salivales, causando inflamación y malestar. Aunque esta enfermedad es menos común en la actualidad debido a las altas tasas de vacunación, todavía puede ocurrir. Si te encuentras entre las personas que han sido diagnosticadas con paperas, aquí tienes algunos consejos útiles para sobrellevarla de la mejor manera posible.
1. Aíslate y evita la propagación
Lo primero y más importante es reducir la propagación del virus. Las paperas son altamente contagiosas, y la principal vía de transmisión es a través de las gotas respiratorias. Aíslate en casa durante al menos cinco días después de que comiencen a hincharse tus glándulas salivales. Evita el contacto cercano con otras personas, especialmente con aquellos que no han sido vacunados contra las paperas.
2. Descansa adecuadamente
La fatiga es un síntoma común de las paperas, por lo que es fundamental descansar lo suficiente. Dedica tiempo a dormir y relajarte para permitir que tu cuerpo combata la infección de manera efectiva. Evita el ejercicio vigoroso y actividades extenuantes hasta que te sientas mejor.
3. Mantente hidratado
Beber agua es esencial para prevenir la deshidratación, especialmente si tienes fiebre debido a las paperas. Los líquidos también ayudan a mantener las membranas mucosas de la boca e irrigan las glándulas salivales, lo que puede aliviar la incomodidad. Evita bebidas ácidas, como jugo de naranja, que pueden irritar las glándulas inflamadas.
4. Aliméntate con cuidado
Debido a la inflamación de las glándulas salivales, es posible que experimentes dificultades para tragar y masticar alimentos sólidos. Opta por una dieta blanda y suave que incluya alimentos como purés, yogur, pudines y sopas. Evita los alimentos duros o picantes que puedan agravar la molestia.
5. Controla la fiebre y el dolor
Si tienes fiebre o dolor, puedes tomar medicamentos de venta libre como el paracetamol o el ibuprofeno, siguiendo las indicaciones de un profesional de la salud. Esto ayudará a reducir la fiebre y aliviará el malestar.
6. Mantén una buena higiene
El lavado frecuente de manos es esencial para prevenir la propagación del virus. Además, asegúrate de cubrirte la boca y la nariz al toser o estornudar y desechar los pañuelos desechables de manera adecuada.
7. Consulta a un médico
Si experimentas complicaciones graves como dificultad para tragar, fiebre alta persistente, dolor testicular o hinchazón en otras áreas del cuerpo, debes buscar atención médica de inmediato. Aunque las paperas suelen ser una enfermedad leve, en raras ocasiones pueden dar lugar a complicaciones.
Conclusión
Las paperas pueden ser incómodas, pero con el tiempo, el descanso adecuado y la atención médica cuando sea necesario, la mayoría de las personas se recuperan completamente. Recuerda que la mejor manera de prevenir las paperas es a través de la vacunación, por lo que considera hablar con tu médico acerca de las vacunas disponibles para protegerte y proteger a quienes te rodean.
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Hacer ejercicio físico con regularidad es el medio más poderoso que existe para prevenir la enfermedad de Alzheimer y mejorar la función cerebral en quienes ya la padecen. El ejercicio continúa siendo la mejor terapia preventiva, pese a que los científicos, los médicos, los fármacos y las compañías biotécnicas de todo el mundo buscan con urgencia nuevas terapias para prevenir y tratar la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia.
Un estudio descubrió que los ancianos que hacían ejercicio moderado de forma regular y entre cinco o seis veces por semana disminuían el riesgo de presentar el deterioro cognitivo leve en 32%, comparado frente a las personas más sedentarias. Quienes empezaron a hacer ejercicio a mediana edad vieron una reducción de 39% en el riesgo de desarrollar el deterioro cognitivo leve, afección que altera tanto el pensamiento como la memoria y a menudo precede a la enfermedad de Alzheimer. Se han obtenido resultados similares en varios estudios diferentes.
No se entiende bien por qué el ejercicio protege al cerebro contra la enfermedad de Alzheimer, pero los científicos mencionan varias posibilidades, entre ellas las siguientes:
- Mayor volumen cerebral. La materia gris, donde están la memoria y otras funciones importantes, constituye la parte más voluminosa del cerebro. La materia gris normalmente disminuye con la edad, pero parece que el ejercicio conserva la materia gris. Una zona de la materia gris, que se conoce como el hipocampo, sufre un deterioro progresivo en las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer. En un estudio realizado en ancianos, se observó un agrandamiento importante del hipocampo en quienes hicieron ejercicio moderado durante el transcurso de un año.
- Mejor grado de conexión cerebral. Algunas sustancias, como el factor neurotrópico derivado del cerebro, son como fertilizantes para el cerebro; y parece que los niveles suben con el ejercicio y bajan en quienes padecen la enfermedad de Alzheimer.
- Vasos sanguíneos más saludables. Las arterias cerebrales envejecidas son mucho más susceptibles a estrecharse y cerrarse. El cierre de un vaso sanguíneo puede contribuir al desarrollo del deterioro cognitivo y de la enfermedad de Alzheimer. El buen estado físico ayuda a prevenir muchas afecciones que contribuyen al daño y obstrucción de los vasos sanguíneos, tal como la hipertensión, la diabetes, los niveles poco deseables de colesterol y el estrés.
Hacer ejercicio moderado de forma regular normalmente significa ejercitarse durante alrededor de 150 minutos por semana, o 30 minutos diarios, cinco días a la semana. El ejercicio debe aumentar la frecuencia cardíaca hasta el mismo nivel de una caminata rápida. No se sabe si hacer más ejercicio, o en mayor intensidad, ofrece otras ventajas para prevenir la enfermedad de Alzheimer.