Cuidadoras internas. Un fenómeno que ha aumentado considerablemente en toda España. Según los censos y las estadísticas, los tipos de hogares que más se han multiplicado son los que cuentan con un miembro, que no es de la familia, residiendo en el hogar. Es decir, las estadísticas se están sintiendo, a día de hoy, sensibles al fenómeno creciente de contratar cuidadoras internas para el cuidado de personas mayores
Hay que entender, que las cuidadoras internas son profesionales de la asistencia domiciliaria que además realizan un esfuerzo, ya que en muchas ocasiones dejan a su familia, su ciudado y su hogar atrás. Es importante tener conciencia de esta situación. Y para ello, en Serdomas definimos muy bien cuales son los derechos y deberes de las cuidadoras internas, aunque en ocasiones es muy difícil.
¿Qué es una cuidadora interna?
Es una profesional del servicio de ayuda a domicilio que ha obtenido formación y experiencia en el sector que nos concierne. La cuidadora vive en el hogar del usuario y lo ayuda día a día a realizar las tareas básicas de la vida diaria. Además, pernocta en el domicilio ya que la situación del paciente así lo requiere.
¿Qué NO es una cuidadora interna?
Las cuidadoras internas/os no son criadas ni asistentas. Es muy importante que antes de comenzar la relación laboral, se especifiquen y definan las tareas diarias como semanales. Así mismo, un profesional interno no puede estar las 15h del día trabajando sin parar, tampoco realizando tareas.
Es cierto que la ley permite un mínimo de 2h diarias para descanso, realizar las principales comidas o realizar alguna gestión personal. Pero no es admisible que la cuidadora interna esté en activo 15 horas. Esto no lo aguantaría ningún ser humano.
El hogar como lugar de trabajo es un entorno confuso. Por ello es importante crear y pactar rutinas en cuanto a las tareas a realizar. Limpieza del hogar, almuerzos, comidas y cenas, paseos y aseo personal.
Todas estas tareas deben ser definidas con su periodicidad: diaria, semanal o mensual.
En cuanto a la limpieza, es necesario que se establezca la periodicidad por zonas. El salón, la cocina, los aseos… todos ellos deben estar definidos y así evitar malos entendidos. En definitiva, la cuidadora interna no puede estar todo el tiempo realizando tareas del hogar. Además, tampoco es una cuidadora interna un familiar, un estudiante o alguien que no cuente con la experiencia, formación y garantías para ejercer esta profesión.
Todas las cuidadoras internas profesionales tienen elementos de personalidad comunes y es que son personas maduras, responsables y respetuosas.
¿Qué ofrece una cuidadora interna?
Por nuestra dilatada experiencia trabajando y contratando personal interno para el cuidado de personas mayores, hemos visto todos los aspectos positivos que traen consigo contratar cuidadoras internas:
La tranquilidad, seguridad y confianza para la persona y sus familiares, que sepan que está ahí y pueden contar con ella.
El orden del hogar. Todo ello en buenas condiciones, para el bienestar del usuario.
Esmero en la realización de comidas, por el bien de la persona mayor y por el suyo propio.
Paseos y compras, tareas que comprenden la salida del hogar, todas ellas bajo el paraguas de seguridad de estar siempre bien acompañados.
Lamentablemente, hay ocasiones en las que las tareas no están bien definidas y todo este valor deja de relucir. Creándose así una dinámica negativa que tiende más a las faltas de respeto y la desaprobación que conduce a la esclavitud. Por esta razón, hemos experimentado muchas ocasiones que aunque la persona mayor tenga “malos gestos” con la cuidadora, el apoyo de la familia se vuelve determinante para que la cuidadora siga adelante.
Empleada de hogar interna: derechos y deberes
La relación laboral entre las familias y los cuidadores pasa por el vínculo asistencial. Es muy importante, que el concepto de cuidadora interna quede sujeto a una serie de líneas que marcan dicha relación. Líneas que delimitan tanto los derechos como los deberes según el convenio de empleadas de hogar surgido en 2011.
El contratar bajo el paraguas de la legalidad y el convenio permite que haya una calidad y una serie de normas y derechos, que como empresa debemos cumplir. Además de evitar el peligro de una multa de más de 11.000€.
Las cuidadoras en régimen interno disponen de 36 horas consecutivas libres como mínimo. En este sentido siempre suele ampliarse por el bien y la fidelización de la cuidadora. Pero en ningún caso debe verse reducida ya que es el mínimo que fija la ley. Tal y como mencionábamos antes, hay que fijar 2h al día para las comidas, descansos o realizar alguna gestión. Estas horas pueden ser dentro o fuera del domicilio, según cada caso, pero es importante fijar estas 2 horas ya que junto las 36 horas libres son los derechos mínimos.
En cuanto a deberes de la familia:
Alojamiento. Deben proporcionar una habitación privada que reúna las condiciones básicas. Es decir, ofrecer alojamiento gratuito y de calidad.
Manutención. Tal y como señalábamos antes, la familia debe correr con los costes de los alimentos y que la cuidadora se alimente de lo mismo que la familia.
Las pernoctas de las cuidadoras internas
Las horas nocturnas de las cuidadoras, son únicamente sin vigilia, es decir, para dormir. La cuidadora que deba ofrecer vigilia por las noches no puede estar sujeta a régimen interno, ya que por el día también tiene actividad. Para ello se tendría que contratar principalmente a dos cuidadoras y que lo gestionaran por turnos.
Festivos de las cuidadoras
Por contrato disponen de todos los festivos del año (son 14) libres. No obstante, hay hogares en los que la persona mayor o con dependencia necesita atención sin interrupción. En este sentido hay varias alternativas:
La familia pasa los festivos con la persona mayor.
La cuidadora y la familia llegan a un pacto y se le abonará de forma extraordinaria y a parte el festivo, siempre con un importe superior al ordinario.
Se contrata a otra cuidadora de carácter especial para el festivo.
En caso de trabajar el festivo la cuidadora, también puede ofrecerse como días libres sumado a las vacaciones. De forma que si trabaja un festivo tendría 2 días libres ordinarios y laborables.
En cuanto a las vacaciones de todas las cuidadoras son de 30 días a negociar entre estas y las familias. Generalmente, se establece un período de 15 días en invierno y 15 días en verano. También pueden ser los 30 días seguidos.
Si está interesado en contratar una persona interna para el cuidado y atención de un familiar, contacte con nosotros. Llevamos más de 10 años ofreciendo personal interno y de calidad para nuestros usuarios.
No es sencillo convencer a nuestro familiar para que se deje cuidar. Para nadie es agradable reconocer que se han perdido competencias o habilidades básicas.
Las personas mayores son celosas de su entorno porque les transmite una sensación de control que se puede ver alterada con la llegada de un “extraño”.
Es una situación muy delicada en la que debemos persuadir a la persona con grandes dosis de afecto y comprensión.
Le indicamos algunos pasos que pueden ayudarles a alcanzar una solución en la que tanto el usuario como la familia salgan beneficiados de la contratación de un cuidador personal.
Tomar la iniciativa.
Parte del problema suele ser nuestro propio miedo a sacar el tema y herir los sentimientos de la persona interesada. Estas conversaciones hay que afrontarlas con naturalidad y de forma participativa: se debe establecer un diálogo en el que la persona a cuidar pueda argumentar y exponer su punto de vista. Es bueno abordar el tema desde el punto de la compañía y de una ayuda merecida, en lugar de transmitir una idea de desconfianza o un interés que pueda parecer más egoísta que altruista.
Analice las razones aportadas por su familiar
Las razones que pueda aportar su familiar pueden ser de tal naturaleza que incluso le convenzan a usted mismo: escuche atentamente y trate de analizar objetivamente si su argumentación está fundamentada. En cualquier caso, hágale una pregunta clave: ¿Qué podría tener de positivo contratar a una persona cuidadora que le ayude y haga compañía? Poner a su familiar a argumentar a favor de la solución que usted considera oportuna puede traer los primero puntos de entendimiento: aunque su familiar crea en general que no es algo necesario, seguramente encontrará algunos argumentos positivos.
Hágase fuerte en ellos.
La alternativa a las residencias
No se trata de utilizar las residencias como un ente maligno y amedrentar a nuestros familiares, pero las personas mayores no desean salir de su habitat.
Aunque la residencia no sea una opción: es bueno hablar del AHORA como un buen punto de partida para entablar una relación con una cuidadora. Es ahora, cuando la persona se vale por sí misma, el momento adecuado para empezar a construir una relación que debe ser entendida como algo más allá de lo económico.
Acostumbrarse ahora a tener un cuidador, incluso poder probar con varios hasta encontrar el candidato/a ideal, puede ser un buen argumento de entrada: hacerlo más adelante puede ser más difícil, sobre todo si la persona puede haber entrado en una fase en la que se encuentre más necesitada.
Convencer a nuestros mayores para que se dejen cuidar con afecto y comprensión
Finalmente decir que “convencer” no es sinónimo de imponer. Las personas mayores tienen tanto derecho a decidir como cualquiera. Aunque puede ser conveniente guiarlas en ciertos procesos pero hay que evitar someterlas a nuestro deseo contra su voluntad.
Los familiares que han pasado de la nada, del azote de una severa enfermedad a contar con el apoyo de un cuidador dócil y afable conocerá como esa gran angustia, en cierto modo, disminuye.
A las personas mayores les gusta en general realizar una revisión de la vida y en especial la reminiscencia. En los mejores casos esta revisión produce un sentimiento de bienestar, serenidad y orgullo, con efectos adaptativos al contexto actual en que viven.
Esta tendencia de las personas mayores a contar su propia historia, tiene efectos terapéuticos indudables, más allá que se produzca por fuera de los dispositivos psicoanalíticos o psicológicos – institucionales. Es así que cuanto más mayores son, cuanto más distancia hay entre el relato y los hechos, le permite al adulto mayor resignificar sus recuerdos e historizar su presente.
Estos comentarios surgen de la experiencia con personas mayores y el trabajo en grupo, donde como “síntoma” de un buen envejecimiento, – “envejecimiento pleno” -, el anciano evoca experiencias autobiográficas, remitidas a eventos y personas o personajes significativos de su pasado, ligado a vínculos que portan una alta carga energética emocional y valorativa. La reminiscencia no es nostalgia, aunque ésta suele colarse entre las hebras del discurso, actuando como facilitadora del proceso de revisión de su propia historia.
La primera gran conclusión que podemos inferir cuando escuchamos con atención a las personas mayores, es que no podemos hablar de vejez, sino de vejeces, porque el envejecimiento es un proceso diferencial y el discurso, es un producto simbólico que denota y connota este rasgo diferencial.
Las vejecesexpresan diversidad y la diversidad expresa enriquecimiento a pesar y a favor de los años, no importa, porque la edad ha perdido peso como categoría explicativa y hoy, son otros los fenómenos del envejecimiento que ganan terreno. Varían los tiempos, varían las necesidades, varían los contextos. Todo cambia “y que yo cambie no es extraño”, se comprueba en nuestros adultos mayores de hoy que nos obligan a una revisión permanente y dinámica de la geriatría y la gerontología, que como ciencias, arte, disciplinas, deben estar en un constante actualización.
Si hay diferentes maneras de envejecer, es porque también hay diferentes modalidades de afrontamiento frente al envejecimiento y, diferentes respuestas adaptativas o des-adaptativas, cualquiera sea el espacio social en el que éstas emerjan.
Si el envejecimiento no es una entidad homogénea, es que no puede aislarse y esta implicado en los mecanismos sociales, en todos, incluyendo la distribución del poder y la riqueza que se juegue en la sociedad en que se produce. Es por eso que más allá de estos factores macro, existirán otros singulares, privativos de esas subjetividades que se expresan, que nos hablarán de una historia de estereotipos, atribuciones de roles y expectativas de conducta, que incluso se diferencian por cuestiones de género.
Escuchar con atención, interpretar las necesidades y estar a la altura de las circunstancias es una responsabilidad del cuidador.
El próximo 5 de noviembre se celebra el Día del Cuidador, una jornada dedicada a reconocer el esfuerzo de aquellos que dedican su vida a cuidar a sus familiares. En España existen más de 2,3 millones de personas dependientes, de las que un 70 por ciento necesitan la ayuda desinteresada de un cuidador.
El cuidado de las personas mayores es inherente a la sociedad en que vivimos, cada vez más envejecida por el aumento de la esperanza de vida. Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), el perfil del cuidador tipo responde al de una mujer –en el 85% de los casos–, que se ocupa del familiar dependiente de forma exclusiva. Más del 50% de estas cuidadoras son descendientes directas (hijas) y el 18%, el cónyuge de la persona que precisa de los cuidados. Los cuidadores familiares –que suelen ocuparse de personas que sufren algún tipo de demencia o deterioro cognitivo, problemas de inmovilidad– a menudo no son conscientes de la importancia de cuidarse a sí mismos dado el enorme estrés diario que implica la responsabilidad de permanecer vigilante las 24 horas.
Precisamente, para contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores y de formar, apoyar y reconocer la labor que realizan los cuidadores, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, con el apoyo de Lindor Ausonia, han ideado el «Día del Cuidador», que se celebra este 5 de noviembre.
«La idea de crear el Día del Cuidador nace porque al cuidador le asaltan enormes dudas sobre si lo que está haciendo es adecuado y se siente responsable de cuestiones del día a día, así como de una serie de materiales informativos y formativos que de alguna forma les tutelen y les aporten seguridad para saber que lo que están haciendo es lo correcto», explica el doctor Primitivo Ramos, secretario general de la SEGG.
«Cuando ejercemos como cuidadores de un familiar, nuestra vida da un cambio total y absoluto; un día nos damos cuenta de que nuestra vida ya no es nuestra»
De los más de ocho millones de personas mayores de 65 años que hay en España, en torno a 809.000 sufren Alzheimer, buena parte de las cuales están a cargo de cuidadores no profesionales o familiares.
Serdomas, consciente de la importancia de «cuidar al cuidador» familiar, disponemos de atención integral de las familias contando con varias líneas de actuación. Disponemos de personal cualificado para ofrecer apoyo al cuidador familiar, pudiendo así dedicar tiempo para sí mismo evitando que el cuidador caiga en el llamado estrés del cuidador. En definitiva, se trata de proporcionar a los cuidadores algunas estrategias que les ayuden a manejar la situación de estrés cotidiana que padecen.
Dado que el cuidado de nuestros mayores es inherente a la sociedad en que vivimos y que tarde o temprano, todos seremos cuidadores o precisaremos de cuidados, es importante no olvidar que el cuidador tiene que atenderse bien a sí mismo para poder cuidar mejor de los otros.
La prevención de diversas complicaciones indeseadas trae consigo la inmovilidad en pacientes de Alzheimer.
El Alzheimer ataca en tres frentes: el cognitivo (amnesia, apraxia, afasia, agnosia), el conductural (agresividad, falsos reconocimientos, delirios, alucinaciones) y el funcional (pérdida de la capacidad de andar). Frente a éste último, deberemos reconocer cuándo ha llegado el momento en que debemos comenzar otra nueva «pelea».
Cuando la persona con alzhéimer comienza a dudar en la marcha, balanceándose sin decidirse a echar el pie para el siguiente paso, es que está olvidando cómo se camina. A partir de ese momento, el cuidador deberá marcar un plan de paseos para mantener la movilidad del enfermo el máximo tiempo posible.
Hay productos de apoyoque pueden ayudar a mantener al enfermo erguido durante un tiempo, como el andador, aunque hay que asesorarse sobre si es adecuado para una persona en concreto y cuál es el modelo idóneo para cada caso. La silla de ruedas puede ayudarnos en un desplazamiento largo y, luego, levantar al enfermo para que camine.
Si es posible, acuda a un fisioterapeuta para que intervenga y marque pautas, con la intención de retrasar todo lo que se pueda el ingreso permanente en silla de ruedas.
Si el enfermo pasa ya mucho tiempo en el sillón y ponerle a andar entre dos personas es una proeza, hay que aceptar que le falta muy poco para perder completamente la movilidad por sí mismo. Elabore un plan de prevención de los males que esto conlleva. Pregunte a su enfermero del centro de salud y manténgase en contacto con él.
Ahora que ya no puede andar, será preciso encontrar una nueva forma de bañar al enfermo. Se puede comprar una silla giratoria para la bañera o bien encargar la sustitución de ésta por una ducha gerontológica de las que existen en el mercado. La higiene escrupulosa es ahora imprescindible.
Mantenga bien hidratada la piel del enfermo con una crema que contenga urea, con la clásica tipo Nivea o con un aceite especial que podrá comprar en la farmacia. Habrá que cambiar su absorbente siempre que sea preciso, para evitar ulceraciones en la piel, muy difíciles de curar.
Es muy importante que el enfermo no permanezca estático en el sillón o en la cama más de dos horas seguidas. Debe incorporarle y cambiarle de postura regularmente para prevenir las escaras en los puntos del cuerpo sobre los que se apoya. Aprenda a realizar correctamente las movilizaciones para evitar lesiones de espalda.
No es una buena costumbre mantener al enfermo siempre en su silla de ruedas; ésta debe usarse sólo para desplazamientos. Para el resto del día, existen sillones gerontológicos diseñados para conseguir una buena postura y un adecuado confort.
Si el enfermo está encamado, las recomendaciones anteriores deben practicarse con la máxima dedicación. De aparecer flemas, o cualquier otra complicación, debe avisarse al enfermero para que las extraiga y decida qué hacer en cada caso.
En este artículo veremos cuáles son los pensamientos erróneos más comunes entre las cuidadoras y cuidadores y cómo abordarlos.
Para todos los casos debe recordarse:
Es la falta de apoyos en los cuidados la que genera que éstos sean una carga excesiva. Esta elevada carga conlleva casi siempre la aparición de pensamientos y sentimientos erróneos. Por ello, es obligación del cuidador aprovechar y optimizar todos los recursos de apoyo a los que pueda acceder.
Cualquiera de estos sentimientos y pensamientos tiene una enorme capacidad destructiva. No actuar para detener su aparición recurrente puede tener importantes consecuencias en nuestro estado de salud y en nuestra calidad de vida cotidiana.
Cuanto antes aprendamos las capacidades para identificar, gestionar o resolver estos pensamientos, menor será la probabilidad de que se cronifiquen o de que deriven en enfermedades. Deben para ello aplicarse los principios del Autocuidado: priorizar nuestra propia atención, estar alerta ante la aparición de síntomas y actuar con prontitud.
Las terapias de apoyo psicológicas son muy eficientes a la hora de enseñar y capacitar para comprender y afrontar sentimientos de esta naturaleza. Si no se siente capacitado para abordar su solución por sí mismo, considere asistir a un terapeuta. Las terapias que se requieren para todas estas cuestiones suelen ser breves, poco costosas y muy efectivas.
Sentimientos de culpa
La culpa aparece cuando nos sentimos responsables de una realidad no deseada por interpretar que ha sido provocada por nuestra acción o nuestra omisión.
Los sentimientos de culpa se derivan de nuestro análisis e interpretación de nuestra realidad y lo que sucede en ella.
Si alguna de las siguientes frases coincide con su forma de pensar o de sentirse, intente evaluar cómo se ajusta a la realidad de su situación particular.
Creemos que podemos dar más de lo que estamos dando.
Creemos que nuestro familiar se merece mas atenciones de las que prestamos.
Cuando dedicamos tiempo a nosotros mismos.
Dudamos mucho acerca de decisiones que hemos adoptado y ello nos genera angustia
Queremos huir de los cuidados y de nuestro papel como cuidadores
Hemos reaccionado mal ante alguna situación
Hemos discutido o han surgido conflictos con el familiar cuidado o en el entorno familiar
Descuidamos otras obligaciones para prestar los cuidados al familiar
Nuestro familiar con dependencia nos exige demasiado
Consecuencias de los sentimientos de culpabilidad:
Malestar emocional.
Estrés, ansiedad y preocupaciones
Agotamiento físico y mental
Empeoramiento del estado de salud y posible aparición de enfermedades.
¿Cómo actuar ante el sentimiento de culpabilidad?
Aceptar nuestros sentimientos. Es común experimentar culpa y aceptarlo con serenidad es el primer paso para poder realizar modificaciones en las situaciones que nos la provocan.
Identificar por qué nos sentimos culpables y ante qué situaciones. Conocerlos es conocernos mejor a nosotros mismos y estar más preparados para actuar ante ellos
Preste atención a cómo expresa y experimenta sus responsabilidades con los cuidados. Preste atención cómo emplea las palabras “debo”, “podría hacer”, “debería hacer”, etc. Quizás nuestra autoexigencia sea demasiado elevada.
Si determinadas situaciones o comportamientos nos generan culpa, debemos ver si podemos modificarlos. Modificarlos implica determinación por mejorar y nos otorgará un mayor grado de control sobre estas situaciones
Contrastar nuestro rol ideal de cuidadores con el cuidador que somos y somos capaces de ser. Quizás nuestro ideal sea inalcanzable
Expresar como nos sentimos es un bálsamo para nuestro estado emocional. Los familiares y amistades son un buen apoyo.
Ser comprensivo con uno mismo es importante. En muchas ocasiones somos nuestro peor juez.
Si nos resulta imposible vencer los sentimientos de culpa, podemos acudir a un profesional.
A tener en cuenta:
El gasto de energía focalizado en sentimientos de culpabilidad que experimenta una persona con estos sentimientos es muy elevado. Es un sentimiento muy dañino y destructivo que:
No nos permite apreciar nuestra calidad y capacidades como cuidadores.
No permite ver la mejoría que puede experimentar nuestro familiar como consecuencia de nuestros cuidados
No nos permite sentirnos satisfechos con la labor que estamos realizando.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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