A menudo se asocia la ayuda a domicilio exclusivamente con las personas mayores. Sin embargo, también la ayuda a domicilio para discapacitados ayuda a mejorar su día a día. Les permite desarrollar su vida cotidiana, respetando sus hábitos y costumbres, y es también favorable para sus familiares, ya que pueden continuar con su ritmo de vida sin sobre esfuerzos ni preocupaciones.
Hablamos de programas personalizados, dotados de un carácter preventivo, además de educador, rehabilitador y asistencial.
En función de las necesidades de cada persona, podemos diferenciar entre cuatro tipos de servicios de asistencia:
1. Servicios de asistencia personal
Serían los vinculados al arreglo e higiene personal. También entraría la alimentación, la disposición y toma de los medicamentos, e incluso la propia movilización y traslados dentro del propio hogar.
2. Asistencia en el hogar
La compra de alimentos, la limpieza, planchado y organización de la ropa, la compra de artículos de primera necesidad no alimenticios, la detección de situaciones de riesgo en la misma vivienda, etc.
3. Servicios de integración con el entorno
También se puede solicitar otro tipo de servicios a tales como la adaptación de la vivienda, la orientación de ayudas técnicas, servicios médicos a domicilio (fisioterapia a domicilio, podología, logopedia, etc), limpieza ordinaria del hogar… y muchos más.
4. Servicios de apoyo psicosocial, familiar
En este apartado entraría el acompañamiento fuera del domicilio, compañía para evitar situaciones de soledad y aislamiento, desarrollo de actividades de ocio en el hogar, ayuda en el desarrollo de trámites administrativos o sanitarios, etc.
De esta manera podemos comprobar la cantidad de apoyo que puede facilitar la ayuda a domicilio. Pero también es importante destacar que el desempeño de estas funciones debe estar garantizado por personal cualificado, que es el personal que trabaja por y para el bienestar de la persona con dependencia, independientemente de la tarea que desarrolle.
Si lo desea, Serdomas presta este tipo de servicios. Puede solicitarnos información sin compromiso. Y además, le gestionamos la Ayuda a la Dependencia si lo necesita.
El 30% de las personas, en su mayoría mujeres, que se dedican como empleadas de hogar en España no tienen cobertura de la Seguridad Social. Pese a que desde el 2011 cuando se creó el régimen especial de cotizaciones para los trabajadores domésticos, la afiliación ha crecido de forma notable, aún hay un desequilibrio entre el trabajo desarrollado, las retribuciones y la cobertura social por enfermedad y paro.
A finales del 2011 en España había cerca de 700.000 personas dedicadas al servicio doméstico, de las 248.916 estaban afiliadas a la Seguridad Social, el 42,9% del total. En el 2015 el porcentaje ha crecido hasta el 69,1% ya que el número de afiliadas es 424.423 cotizantes sobre un total de 614.200 personas ocupadas.
El 90% de empleadas de hogar sin Seguridad Social en el mundo
Estos datos figuran en el informe anual de la OIT sobre trabajo doméstico que pone de manifiesto que en el mundo hay 60 millones de los 67 millones de trabajadores domésticos que aún no tienen acceso a ningún tipo de cobertura de Seguridad Social, el 90%.
Los países desarrollados no muestran mejor situación que los países en desarrollo. De hecho en los primeros estas empleadas trabajan menos horas a la semana que en los segundos. Por ejemplo, en Suecia la media de jornada semanal de los trabajadores domésticos es de 31,5 mientras que en Filipinas es de 53,3. En España es de 25,9 horas semanales.
El trabajo irregular es una característica de este sector que se manifiesta en los países más avanzados. En Italia, por ejemplo, alrededor de 60% de los trabajadores domésticos no están registrados en los sistemas de seguridad social. En Francia, el 30% está excluido de esta cobertura.
Además, si estas trabajadoras son migrantes padecen otra discriminación, ya que el 14 % de los países que tienen cobertura para el empleo doméstico no dan los mismo derechos a los migrantes.
El 100% de nuestro personal doméstico tiene Seguridad Social
En Serdomas siempre nos aseguramos de cumplir con la normativa vigente y con sus modificaciones, ocupándonos de que todo nuestras empleadas de hogar cumplan con sus obligaciones profesionales de manera que tanto nosotros como nuestros usuarios podamos sentirnos seguros en este aspecto.
Si dispone de una empleada de hogar en su domicilio puede darle de alta con nosotros. Nos encargamos de todos los trámites burocráticos. Y si además, desea que le gestionemos todo el servicio, indíquenoslo. Trabajamos por y para nuestros usuarios.
Carta de la esposa de un enfermo con Alzheimer precoz que murió con 36 años
Jason y Kamara se conocieron, se gustaron, se hicieron pareja, se casaron y tuvieron cuatro hijos ¿Qué fácil se resume toda una vida, verdad? Pero vivirla es mucho más complejo, tanto que Jason fue diagnosticado con enfermedad de Alzheimer a los 35 años y solo un año después falleció. La vida de Kamara y sus hijos cambió radicalmente. Su experiencia la refleja en una carta que publicó en la revista Good Housekeeping y que ahora se ha hecho viral en las redes sociales. Razones no faltan, cuenta la historia común de millones de personas cuidadores de un enfermo de alzheimer, solo que en este caso ocurrió antes, mucho antes de lo que se espera. Es lo que conocemos por Alzheimer precoz o temprano.
A continuación os dejamos la traducción de la carta escrita por Kamara:
‘Si hubiera sabido que todos los días iba a perder un pedazo de Jason, muchos de nuestros días habrían sido diferentes. Tal vez no me habría preocupado por las cosas insignificantes y habría atesorado cada momento. Le habría amado más. Pero yo no lo sabía.
La primera vez que vi a Jason, él estaba tocando la guitarra en una banda de la iglesia de nuestra universidad. Yo estaba en primer año y él en tercero. Era muy guapo, tenía grandes ojos azules y profundos hoyuelos. Fuimos de retiro con nuestro grupo pastoral juvenil el fin de semana y yo volví pensando que era muy divertido. Después, escribí en mi diario que había encontrado al chico con el que me quería casar. Jason era muy romántico: me compraba flores y escribía notas. La mayoría de la gente simplemente firma las tarjetas con su nombre, pero él subrayaba partes. Guardé cada entrada de cada película y concierto a los que fuimos, así como los programas de las iglesias a las que acudimos juntos, en una caja de recuerdos, mi caja de tesoros.
Después de un año de noviazgo, hablamos de boda. Hablamos de envejecer juntos, de tener una casa con la cerca blanca y un montón de nietos. Jason y yo nos sentaríamos en las mecedoras del porche. En la Navidad de 2001, fuimos a la casa del padre de Jason a intercambiar regalos. Cuando entré, me quedé atónita. Jason había decorado un árbol de Navidad con 100 luces y alrededor de 50 rosas rojas. Él me cantó una canción que había escrito para mí: “Nunca creí que podría pasarme a mí / lo he escuchado en canciones y lo he visto en la tele / Ahora te conocí y todo es completo…”.
Al final de la canción, me propuso matrimonio. “No hay nadie más con quien quiera pasar mi vida”, dijo. Por supuesto le dije que sí. No me podía imaginar no estar casada con Jason. Yo tenía 25 años cuando me quedé embarazada de Mya y Mateo, nuestros gemelos. Durante nuestra primera ecografía, cuando aparecieron dos círculos en lugar de uno, Jason se puso tan blanco como el papel.”¡Dos!”, dijo. Estaba tan emocionado… Cuando me dijeron que debía guardar reposo en cama durante 27 semanas, Jason fue increíble. Iba a comprar, cocinaba la cena y jugaba a juegos de mesa conmigo después. Era muy protector. Si trataba de levantarme para cepillarme los dientes, él gritaba: “¡No! Te lo traeré”. Después de que los gemelos nacieran, Jason se preocupaba por los detalles más pequeños. Yo tenía una agenda muy apretada y Jason era maravilloso haciendo todo: desde cambiar pañales hasta hacer dormir a los niños. Él les leía y, cuando crecieron, jugaba a la lucha libre. Grabó en video cada minuto de sus vidas. Antes de ponerlos a dormir, le veía a él acurrucado con ellos, cantando.
Un hombre diferente
Empecé a notar cambios en Jason en 2009, después del nacimiento de nuestro tercer hijo, Noah. Primero empezó a perder interés en su trabajo. Durante ocho años, fue uno de los profesores más queridos de nuestra escuela y adoraba ir a trabajar. Después, sin más, quería renunciar. Las personas se conmocionaron, y yo también.
Yo quería que él fuese feliz, así que le apoyé. Decidió trabajar para la cadena de comida rápida Chick-fil-A con el objetivo de convertirse en un operador de franquicia. Pero un par de meses después, Jason decidió cambiar de nuevo.
Esta vez quería hacer una prueba para el departamento de Policía de nuestra ciudad.
Al principio, le animé. A Jason parecía gustarle el desafío. Pero pronto me enteré de que no le era fácil. Algunas esposas de sus compañeros de la academia bromeaban sobre lo fácil que era, pero Jason se quejaba de lo difícil que le resultaba. Sus jefes le pidieron que escribiera sus informes de patrulla más rápido, lo que le generó estrés; empezó a perder peso y se volvió ansioso. “No puedo hacer esto”, me decía. A veces lloraba antes de los turnos, lo que era extraño porque nunca había sido un llorón.
Después de unos 11 meses, Jason dejó la Policía. En ese momento tuvo una infección en la piel. Estuvo en el hospital durante dos semanas. Fue entonces cuando me di cuenta de que decía cosas extrañas. Las enfermeras le preguntaban: “¿Cómo cogiste con esta infección?” . Él respondía: “Esta mañana recibí dos dosis”. Lo atribuimos a sus medicamentos, pero me preocupé.
Pronto Jason comenzó a luchar con la memoria. Él había sido entrenador de fútbol y baloncesto cuando era maestro, por lo que decidió ayudar a un amigo a llevar a cabo un programa de deportes para niños en edad preescolar. Pero Jason no podía cumplir un horario. Tenía que escribirse notas en la mano para recordar cuándo y dónde era. Y su falta de memoria empeoró. Una vez, Jason conducía hacia un partido de béisbol y fue en dirección contraria por una calle. En otra ocasión, fue a buscar a Mya al lado de la calle y se perdió al volver. La Policía le trajo a casa.
En Navidad de 2012, Jason salió a poner las luces de la casa, un trabajo que generalmente le llevaba una hora. Estuvo cuatro horas con eso hasta que las tiró en el garaje. “¡Estas estúpidas luces!” , gritó. Recuerdo que se puso las manos en el rostro y preguntó: “¿Por qué me está pasando esto a mí?”. Se le veía tan devastado…
Cuestionar todo
Yo nunca había dudado de nuestro matrimonio, pero supe entonces que algo andaba mal. Jason me culpó de cosas, decía que yo era demasiado dura con él. Hubo veces en que pensé: ‘”Tal vez soy yo”. Apenas hablábamos. Había pasado de ser una papá cariñoso a ser indiferente. Estaba embarazada de mi hija Kinsley y dejó de ir a mis citas con el ginecólogo. Antes, para nuestros hijos, estar con papá era lo mejor. Después, a la hora de dormir tenía que mantenerlos en calma mientras él me miraba irritado. Ahora tenía que decirle que fuera a jugar con ellos.
El divorcio nunca se me había cruzado por la cabeza, pero empecé a pensar en ello. Vimos a un psicólogo. En privado le dije al terapeuta lo que estaba sucediendo y nos recomendó un neuropsicólogo. Esa cita nos llevó a un neurólogo y eso nos derivó a otra docena de citas y pruebas. Finalmente, nuestro neurólogo nos ayudó a conseguir una cita con la Clínica Mayo en Minnesota. Fuimos en octubre de 2013. Jason pasó varios días de pruebas, incluyendo tomografías por emisión de positrones y resonancias de cerebro. La noche antes de nuestro encuentro con su doctor entré a los registros en línea de los pacientes y vi sus resultados. No recuerdo las palabras exactas, pero el texto decía que la imagen del cerebro coincidía con la de una persona con la enfermedad de alzhéimer. Sentí que alguien me había apuñalado. “Señor”, recé, presa del pánico, “por favor, ayúdanos a atravesar esto”.
Fui a Google. Nadie en la familia de Jason había tenido alzhéimer. Simplemente no podía entenderlo. Me quedé dormida con la pequeña esperanza de que no fuera cierto. Pero en la cita, el médico lo confirmó. Más tarde, le pregunté a Jason si entendía lo que estaba pasando. Él no respondió, se limitó a asentir y lloró. Esa noche, nos abrazamos. Traté de dormir, pero en lo único que pensaba era en cómo íbamos a manejar la situación.
En casa, nos sentamos con los niños. “Nos enteramos de lo que le pasa a papá”, les dije. “Él no va a mejorar”. Ellos lloraron, pero creo lo entendieron meses después. Cuando llegó ese día, Matthew me preguntó: “Espera, ¿quieres decir que papá morirá?” . Le dije que sí. “Todos morimos tarde o temprano”, dije. “Sólo Dios sabe cuándo. Pero no podemos preocuparnos por eso. Sólo vamos a amar a papá”.
Encontrar maneras de aferrarse
Después de la visita a la Clínica Mayo, Jason comenzó a olvidar cómo cuidar de sí mismo, por ejemplo, cómo ducharse. Le mostré cómo hacerlo y él copió lo que yo hice, se frotó la cabeza y el cuerpo. Más adelante, empecé a hacerlo por él. Con el tiempo, Jason perdió la capacidad de hablar. Recuerdo el primer día que se acercó y no sabía mi nombre y el día cuando estábamos viendo fotos y no podía recordar los nombres de nuestros hijos. Ese fue uno de los peores días de nuestra historia.
Los médicos de Jason me dijeron que no podía estar solo nunca más, así que encontramos un lugar donde le cuidaran. Nuestros días eran una locura: me levantaba a las 4:45 de la mañana para llevar a los niños al colegio y para vestir a Jason. Me iba a las 6:45 a dejar a Kinsley en su guardería y a Jason en el lugar donde le cuidaban.
Mis compañeros de trabajo preparaban la cena para nosotros dos noches por semana, aunque estiraba las sobras para cubrir cuatro noches. Luego le bañaba y le acostaba. Alrededor de las 23 horas, me recostaba al lado de Jason y me dormía llorando. El centro de Jason era demasiado caro como para costearlo con mi sueldo de maestra. En un momento me presenté voluntaria para tener cupones de alimentos del suplemento especial del Programa de Nutrición para Mujeres, Infantes y Niños (WIC).
Nuestra comunidad nos salvó. Un amigo realizó una recaudación de fondos en Facebook, lo que desencadenó más eventos: una venta de garaje y una recaudación de fondos en el centro de Jason. Juntamos miles de dólares.
Cuando me sentía triste, alguien hacía algo increíble. El último día de San Valentín, me trajeron regalos a la escuela. Mis amigos de Arizona vinieron por mi cumpleaños. Durante un tiempo, cada semana alguien se quedaba con Jason para que yo pudiera ir a hacer algo que me gustara a mí. Los vecinos nos cortaban el césped y mi iglesia costeaba mis sesiones de terapia. Es por la gracia de Dios que estamos donde estamos ahora.
Ver a su papá tan enfermo estaba afectando a los niños, así que en abril decidí enviar a Jason a un centro médico. En mayo, mi suegra se fue a vivir con nosotros; pasaba todos los días con Jason. Llevaba a los niños a verlo dos veces por semana, casi siempre era los sábados y los domingos después de la iglesia. Mientras los niños jugaban afuera, me sentaba con él y mirábamos fotos y le contaba historias. Todavía podía hacerlo reír.
Tal como éramos
Los niños entendían que no sabíamos cuánto tiempo más iban a tener a su papá a su lado. Yo respondía a sus preguntas lo más honestamente posible. Matthew y Noah estaban saltando en la cama elástica cuando escuché a Matthew decir: “No me pegues tan fuerte en la cabeza, no quiero tener alzhéimer”.
Pensé mucho en eso. No quería que ellos tuvieran miedo, e intenté que recordaran a su padre como
alguna vez fue. A Matthew le encanta hacerse pasar por personajes como el ‘monstruo de las galletas’ de Barrio Sésamo. Jason solía ser muy bueno imitando voces, así que le dije: “Eso es algo que sacaste de papá”. En el centro médico de Jason, ese verano el personal les preguntó a los niños si querían compartir un recuerdo con ellos. Mya habló sobre su baile con Jason en febrero. Ellos bailaron ‘Butterfly Kisses’. Dijo que fue la mejor noche de su vida.
Cuando comenzamos este viaje, recuerdo haberme preguntado: “¿Por qué, Dios? ¿Por qué Jason?”. Desde entonces, he encontrado algo de paz. He recibido cartas de personas cuyas vidas él tocó, y alguien me dijo: “Jason era el profesor favorito de mi hijo”. Su vida fue corta, pero generó gran impacto.
Nunca se sabe adónde irá nuestra vida cuando haces tus promesas nupciales y dices “… hasta que la muerte nos separe”. Yo nunca podría haber imaginado que esto terminaría así. Pero sabiendo cuán grande fueron los buenos tiempos, no cambiaría nada.
Jason era un padre amoroso y un marido cariñoso. Mi mejor amigo. Tengo que confiar en que esto fue parte de un plan de Dios. Le voy querer y a pensar en él siempre’.
Las etapas en la enfermedad del Alzheimer siguientes proporcionan una idea general de cómo cambian las habilidades una vez que aparecen los primeros síntomas y sólo deben utilizarse como guía general. Las etapas en la enfermedad del Alzheimer están separadas en tres grandes categorías diferentes: la enfermedad del Alzheimer leve, la enfermedad del Alzheimer moderada y la enfermedad del Alzheimer severa. Tenga en cuenta que puede ser difícil ubicar a una persona con la enfermedad del Alzheimer en una etapa específica.
En España, más de 800.000 personas tienen la enfermedad de Alzheimer. En todo el mundo, al menos 44 millones de personas tienen demencia, lo que convierte a esta enfermedad en una crisis de salud mundial que debe abordarse.
Un diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer le cambia la vida no solo a la persona con la enfermedad, sino también a sus familiares y amigos. Sin embargo, hay información y recursos de apoyo disponibles. Nadie debe enfrentar la enfermedad de Alzheimer ni ninguna otra demencia solo.
Descripción general de progresión en la enfermedad del Alzheimer
Los síntomas de la enfermedad del Alzheimer empeoran con el tiempo, aunque la velocidad a la que progresa la enfermedad varía. En promedio, una persona con la enfermedad del Alzheimer puede vivir entre 4 y 8 años después del diagnóstico, aunque puede vivir hasta 20 años dependiendo de otros muchos factores.
Los cambios en el cerebro relacionados con la enfermedad del Alzheimer comienzan años antes de que los signos de la enfermedad aparezcan. Este periodo de tiempo, que puede durar años, se le llama «preclínica del Alzheimer».
Primera etapa en la enfermedad del Alzheimer: estadio temprano
En un inicio, este trastorno cognitivo del que hacemos referencia, aunque puede ser detectado por la familia –Cómo detectar los primeros síntomas del Alzheimer-, es leve y afecta poco a la vida cotidiana. A este estadío se le denomina «Deterioro cognitivo ligero«, y podemos decir que es un periodo intermedio entre elenvejecimiento normal y la demencia.
En la primera etapa de la enfermedad del Alzheimer, la persona puede vivir de manera independiente. Puede todavía conducir, trabajar y ser parte activa de las actividades sociales. A pesar de ello, la persona puede tener fallos de memoria, como el olvido de palabras familiares o la ubicación de los objetos cotidianos.(ver entrada –¿Tengo Alzheimer?-)
En este ciclo se va a observar, sobre todo, una afectación de la memoria pero pueden verse dañadas también otras áreas de forma aislada o conjunta. Como consecuencia, en la práctica diaria observamos cómo comienzan a objetivarse pequeños fallos en las actividades instrumentales de la vida diaria: uso del teléfono; administración de medicamentos; preparación de las comidas; el mantenimiento de la casa; gestión de las finanzas; compras; uso del transporte (más información en el artículo “Actividades de la Vida Diaria y Alzheimer”)
La evolución de este deterioro cognitivo ligero es muy variable: hay muchos pacientes que se mantienen estables; incluso hay algunos enfermos que mejoran sus déficits al cabo de los años; pero hay un porcentaje alto que va a seguir progresando en la enfermedad hacia la Demencia, generalmente de tipo Alzheimer.
La importancia del diagnóstico en estas fases iniciales es fundamental, ya que hoy en día disponemos de algunos fármacos que han demostrado la eficacia en el control temporal de los síntomas cognitivos, conductuales y funcionales de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, en ausencia de un tratamiento curativo, es necesario un abordaje terapéutico multidimensional que incluya, además de los tratamiento farmacológicos, intervenciones no farmacológicas dirigidas a optimizar la cognición, la conducta y la funcionalidad de los pacientes.
Segunda etapa en la enfermedad del Alzheimer: etapa central
En esta etapa, la persona comienza a ser incapacitada por la enfermedad del Alzheimer:
Las personas con Alzheimer pueden recordar el pasado distante y, a la vez tener dificultad para recordar hechos recientes.
Tienen dificultad para reconocer la fecha, la hora y el lugar.
Pueden inventar nuevas palabras a medida que pierden su vocabulario viejo.
No pueden reconocer rostros familiares antes conocidos.
La memoria se altera progresivamente. El enfermo olvida los sucesos recientes. No se acuerda de lo que acaba de comer; acusa a sus amigos de abandonarlo porque no vienen a visitarlo. No puede asimilar o comprender los hechos nuevos. Sin embargo, el recuerdo de hechos lejanos persiste aunque los sitúe mal en el tiempo en que transcurrieron: el enfermo de Alzheimer pide noticias de su madre fallecida recientemente o menciona a personas a las que no ha visto desde hace años.
En cuanto a su comportamiento, en esta etapa en la enfermedad del Alzheimer comienzan las reacciones agresivas, desproporcionadas respecto al motivo que las ha desencadenado. Puede acusarle de robarle si no encuentra su monedero; grita e incluso se vuelve agresivo si se insiste para que se bañe. Cuanto más depende de otros más se irrita. Su fatiga aumenta y no hace nada sin que se le estimule. Experimenta miedos injustificados; un ruido, una cortina que se mueve o una luz pueden desencadenarlos. Camina durante horas de un lado a otro. Se levanta durante la noche y prepara su maleta para volver a casa
Lenguaje y comprensión. El conjunto de la comunicación con los demás se hace más difícil: habla menos, su vocabulario se empobrece, repite siempre las mismas palabras o las mismas frases durante horas. Cuando responde a las preguntas lo hace lentamente, buscando las palabras; no acaba las frases.
Coordinación de gestos. Sus gestos son imprecisos: se abrocha mal los botones, sostiene mal el tenedor o el cuchillo. Pierde el equilibrio. Se golpea con facilidad y las caídas son frecuentes. Se mueve lentamente y necesita que lo ayuden para ir a su habitación o al baño. Pueden aparecer movimientos anormales como temblores, contracturas musculares o convulsiones.
entre sus ropas, pues se viste sin importarle como, y sin tener en cuenta la estación o los convencionalismos sociales;
entre los platos que ponen en la mesa;
entre las etapas habituales de su baño o ducha: ¿cuándo quitarse la ropa?,¿cuándo enjabonarse?, ¿cuándo secarse?
Por otro lado pierde su autonomía ya que no puede conducir, ni viajar en metro o en autobús sin compañía. Se pierde incluso en un trayecto que le es familiar.
Puede dedicarse a actividades peligrosas para si mismo y para los demás como abrir la llave del gas sin encenderlo, u olvidar su cigarrillo y prender fuego por accidente.
Es decir, el enfermo en la segunda etapa de la enfermedad del Alzheimer ha de ser vigilado las 24 horas del día, lo que significa que sus familiares deben prestarle atención constante.
Tercera etapa en la enfermedad del Alzheimer: etapa tardía
En esta tercera y última etapa, se presenta una amplia y marcada afectación de todas y cada una de las facultades intelectuales. Los síntomas cerebrales se agravan, acentuándose la rigidez muscular así como la resistencia al cambio postural. Pueden aparecer temblores y hasta crisis epilépticas.
El enfermo con Alzheimer no reconoce a sus familiares y llega el momento en el que desconoce su propio rostro en el espejo. La personalidad que siempre acompañó a la persona, desaparece por completo. Los pacientes se muestran profundamente apáticos, perdiendo las capacidades automáticas adquiridas como la de lavarse, vestirse, andar o comer, y presentan una cierta pérdida de respuesta al dolor.
Más adelante, tienen incontinencia urinaria y fecal. En la mayoría de los casos el paciente finaliza encamado, con alimentación asistida. Por lo común, los enfermos con Alzheimer suelen morir por infecciones en las vías respiratorias, neumonía, infecciones urinarias o de la piel por escaras u otro tipo de complicación.
La cotización de las empleadas de hogar la pagan el propio empleado y el empleador, pero en distinta proporción, siendo mucho mayor la parte que corresponde al empleador.
Para saber cuál es la cotización correspondiente al salario mensual pactado, busca en el cuadro siguiente el tramo en el que encaja. A cada tramo le corresponde una base de cotización, sobre la que se aplica el tipo de cotización correspondiente al empleador (un 21,35 % en 2016). Sobre la cifra resultante y durante el 2016, se aplicará una rebaja del 20% (el 45% si el empleador es titular de familia numerosa con ciertos requisitos. Esa rebaja no se aplica a los empleadores que ya cotizaban por su empleado de hogar antes del 1 de enero de 2012 ni a los que han pactado con su empleado que sea él mismo quien se ocupe de ingresar las cotizaciones (algo posible para empleados que trabajan menos de 60 horas al mes por hogar). Por eso y mientras duren las bonificaciones, es mejor que el empleador se ocupe del ingreso de las cuotas. En Serdomas nos podemos hacer cargo del trámite. Contacta con nosotros para más información.
A la cifra anterior se le suma un 1,1% por contingencias profesionales y el resultado es lo que debe pagar de su bolsillo el empleador.
No obstante, la Seguridad Social gira cada mes en concepto de cotización una cifra que incluye también la cotización que corre de cuenta del empleado (en 2016, un 4,25% de la base de cotización), y que se descuenta de su salario. Por tanto, el tipo de cotización por contingencias comunes será el 25,60% (21,35% a cargo del empleador y el 4,25% a cargo del empleado). Para la cotización por contingencias profesionales se aplicará el 1,10% (IT: 0,65%, IMS: 0,45%); a cargo exclusivo del empleador.
A partir de 1 de enero de 2016, las bases de cotización por contingencias comunes a este Sistema Especial serán las determinadas en la escala siguiente, en función de la retribución percibida por los empleados de hogar por cada relación laboral, así como la cotización a cargo del empresario y del trabajador, aplicando los tipos de cotización correspondientes señalados anteriormente:
Salario (euros al mes)
Base de cotización mensual
Cotización en 2016
A cargo del empleado
A cargo del empleador (1)
Total
Hasta 172,91
149,34
6,35
27,15
33,50
De 172,92 a 270,10
247,07
10,50
44,92
55,42
De 270,11 a 367,40
344,81
14,65
62,69
77,34
De 367,41 a 464,70
442,56
18,81
80,46
99,27
De 464,71 a 561,90
540,30
22,96
98,23
121,19
De 561,91 a 658,40
638,05
27,12
116,00
143,11
De 658,41 a 756,60
764,40
32,49
138,97
171,45
De 756,61 en adelante
798,56
33,94
145,18
179,12
(1) Con el descuento del 20% que se aplicará en general también durante 2016, y que no se aplica a los empleadores que ya cotizaban por su empleado de hogar antes del 1 de enero de 2012 por trabajar en exclusiva para su familia. Para las familias numerosas el descuento es el 45%.
En principio, el servicio doméstico se irá encareciendo, dado que los tipos de cotización aumentarán progresivamente, a razón de un 0,9% cada año del 2014 al 2018.
El trabajo ha obligado a muchos papás y mamás a contratar un canguro en casa, o bien delegar el cuidado de los pequeños a otras personas, algunas veces son los abuelos o familiares cercanos, en otras ocasiones se eligen las guarderías como alternativa.
En estos tiempos tan apresurados donde el trabajo nos obliga a dejar al cuidado de otros a nuestros pequeños, es importante hacer un alto y pensar concienzudamente sobre las ventajas y desventajas de contratar los servicios de un canguro en casa. Es por eso, que en esta ocasión haremos un balance entre las ventajas y las desventajas de contratar una niñera.
Ventajas de contratar un canguro en casa
El pequeño no tiene que salir de su entorno ni trasladarse a otro lugar. Muchos niños se sienten incómodos por este cambio. Sin embargo, teniendo un canguro en casa, el niño podrá estar en su propio espacio, con sus propios juguetes.
Es parte de la familia. Muchos niños llegan a encariñarse tanto con su niñera que sienten afecto por ellas incluso cuando la relación laboral se ha terminado. Este lazo de unión se da en ambos por la cercanía que experimentan al estar en contacto todos los días.
Persona capacitada. Una persona que ejerza de canguro en casa de una familia no puede ser «cualquiera», debe ser una persona preparada y con estudios que, por lo general, tiende a hacer relativos al cuidado de los infantes. Al estar involucrada con las nuevas tendencias de educación y convivencia con los niños, el canguro en casa puede ofrecer además de juegos y actividades que fortalecerán su estimulación y desarrollo.
Desventajas de contratar un canguro en casa
El salario. Uno de los mayores inconvenientes que nos encontramos a la hora de contratar este servicio es el gasto, Y es que contratar los servicios de canguro en casa puede resultar elevado para un gran número de familias. El coste que se paga va en función de la experiencia de la niñera, formación e idiomas que se demanden. Además, hay que asumir la localización de la vivienda y si es necesario los desplazamientos a colegios, actividades, etc.
Persona de confianza. Encontrar y contratar a un canguro en casa de confianza que se haga cargo de nuestro hijo es otro de los grandes problemas que se nos presenta. Como padres, debemos estar siempre alerta e investigar primero sobre estudios y antecedentes laborales antes de contratar a una niñera.
Como puedes ver, elegir a tu canguro en casa para que cuide de tus pequeños tiene tanto ventajas como desventajas. Lo más importante es velar por la seguridad de tus pequeños.
Desde Serdomas, realizamos contratación y seguimiento de cada uno de los servicios prestados. Comprobamos cada curriculum que nos llega y evaluamos cada uno de nuestros candidatos para poder ofrecerle el canguro en casa que usted y sus hijos necesitan. La educación y el respecto por los niños es lo más importante para nosotros.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
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