La enfermedad de Alzheimer tiene un comienzo, dura un tiempo indefinido, esto lo saben muy bien la familia de los enfermos, sus cuidadores, pero también tiene un final en el que aún hay mucho que hacer por el enfermo y por su familia. Esto también lo conocemos los profesionales que les atendemos.
Cuidar en el final de la vida de un enfermo de Alzheimer es una tarea difícil, diría que heroica, pero necesaria para el enfermo porque en esta fase final tiene también muchas necesidades que nosotros podemos aliviar. Es un momento muy importante para el familiar-cuidador que necesita demostrarse así mismo que ha hecho todo lo que ha podido hasta el final.
Cuando cuidamos a un enfermo de Alzheimer en su fase final y pasamos junto a él bastante tiempo nos damos cuenta del cariño, de la delicadeza con la que le cuida su familia, sus cuidadores y que además, de esta manera lo están haciendo desde hace años. Sin duda son ellos los verdaderos héroes de esta enfermedad. ¡Qué lección nos dan! a los que “desde fuera” observamos estos cuidados. Ya sabemos que sus familias no desean que la Sociedad les ponga medallas ni que hablemos de ellos todos los días ¡no!, lo que desean es que se les preste la ayuda socio-sanitaria que aún les falta.
De todas las familias que hemos conocido atendiendo a estos enfermos en su fase terminal admiramos su dedicación. Para esas familias su vida es su enfermo. Hemos comprendido que esas familias, aunque con su memoria íntegra y estando conscientes, con total independencia para valerse por sí mismos (todo lo que le falta al enfermo de Alzheimer), también “padecen” la enfermedad. Lo asumen hasta el final y aún después, cuando fallece su familiar,“les falta algo” a lo que ya se habían adaptado y se habían dedicado exclusivamente. Su muerte no supone para el familiar cuidador la liberación de una pesada carga, sino tener que enfrentarse a una nueva forma de vida que había olvidado y que, en muchos casos, ya no les llena.
Por todo ello creemos que son sus familias, sus cuidadores, los verdaderos héroes del Alzheimer. En esta enfermedad está quien la padece, está quien sufre por el enfermo, quien trabaja para mejorar su calidad de vida y quien investiga para encontrar una solución. La familia-cuidadora sufre y trabaja. La figura de estos cuidadores es trascendental para la calidad de vida del enfermo y para la información de su estado al profesional sanitario, ya que llegará el momento en que sea el único referente que el enfermo tenga con el mundo exterior. Todo este tiempo de dedicación a otra persona que sólo mira fijamente a un punto de la habitación, que de tarde en tarde le dedica una enigmática sonrisa, que el único sonido que emite se limita al de su pesada respiración, cuyas muestras de afecto o agradecimiento quedan en la incógnita de una presión de la mano cuando es tomada por su cuidador, hace que el familiar cuidador se convierta en un apéndice de ese cuerpo que yace en una cama o en una silla.
Debemos concienciarnos de la importancia de esta enfermedad y de que los médicos seguirán investigando para llegar a curarla si es posible algún día. Aún no se puede curar esta enfermedad, pero sí se puede conseguir que el enfermo esté bien cuidado y tenga la mejor calidad de vida posible. La ayuda que demos a sus cuidadores se la estaremos dando al propio enfermo. Si los cuidadores son los héroes de esta enfermedad, seamos también todos nosotros un poco héroes con nuestra solidaridad, cada uno con nuestras posibilidades, como individuos, como profesionales, como comunidad, como instituciones, como una sociedad que no debe abandonar a ninguno de sus miembros.
El cerebro es un órgano muy complejo; cuando se nos ocurre reflexionar sobre él con cierta profundidad nos solemos preguntar por qué funciona tan bien la mayoría de las veces. Pero en general no solemos pensar en eso. Sencillamente, damos por sentado que poseemos esta maquinaria electroquímica casi silenciosa e increíblemente poderosa. La alimentamos, la protegemos con un casco cuando viajamos en moto o en bicicleta o cuando tenemos riesgo de ser golpeados en la cabeza realizando nuestro trabajo; simplemente dejamos que trabaje por nosotros. Tan solo nos sorprendemos, nos sentimos vencidos y asustados, cuando empieza a fallar de alguna manera.
La enfermedad de Alzheimer destruye gradualmente un enorme número de células cerebrales, y tal destrucción conduce a la pérdida paulatina de la memoria, incapacita para aprender, e inhabilita a la persona para llevar a cabo las actividades más simples y primarias. Esta enfermedad no se manifiesta de forma brusca; se va desarrollando de forma tan gradual que su comienzo es imperceptible. Esta característica de ser una enfermedad que se va arrastrando tan lentamente borra las fronteras habituales entre salud y enfermedad de tal manera que pueden incluso llegar a hacernos dudar de nuestros supuestos más básicos sobre la enfermedad.
Cuando se ejerce una medicina humanista nos interesa conocer la enfermedad, pero fundamentalmente nuestra preocupación se centra en la persona que padece la enfermedad.
Mientras la memoria se va para siempre el afecto interactivo entre el enfermo de Alzheimer y su familia es lo que les mantiene identificados entre ellos. La memoria ya no les sirve, pero sí su cariño. No graba nuestras palabras, nuestras órdenes, nuestras ideas, pero sí aprecia nuestros gestos de afecto hacia ellos, nuestra sonrisa, nuestra caricia, nuestra mirada. Ahora necesitan de nuestra ayuda: que le acerquemos la comida a su boca, que le pongamos ese vestido o esa camisa que sabemos que siempre le gustaba ponerse, que hablemos por él, que exijamos ante quien sea lo que ellos necesitan. El enfermo pierde poco a poco todas sus facultades, deja de hablar, de moverse, de reconocer, pero sigue estando vivo, sigue sintiendo y lo expresa, aun que sea con la mirada.
Quienes cuidan a estos enfermos, su familia, también han sido tocados por esta enfermedad, no en sus aspectos biológicos, pero sí en sus aspectos emocionales y sociales.Y como no, también en sus aspectos espirituales. Es entonces cuando el familiar empieza a cuestionarse las preguntas básicas de la vida : ¿qué es la vida? ¿qué es la persona? Pero le mira y se da cuenta que aún tienen vida y además sigue siendo persona, incluso cuando está llegando su final. Es un momento complicado para quienes le cuidan porque es cuando hay que comenzar a tomar algunas decisiones importantes.
Durante su enfermedad habrá tenido episodios de atragantamiento que cuando se repiten habrán motivado aplicarle una sonda nasogástrica para asegurar su hidratación y su nutrición, pero en la fase terminal la mayoría de los enfermos de Alzheimer dejarán de ingerir alimentos por la boca y puede que duerman muchas horas. Es en este momento cuando la familia empieza a preocuparse de que se encuentre incómodo, de que tenga hambre, tenga sed. Es en este momento cuando los profesionales sanitarios podemos ayudar a los familiares explicándoles que se encuentra en fase terminal y en ella no están incómodos ni sienten hambre ni sed porque su cuerpo se está apagando. Se trata de un proceso natural. Su aparato digestivo y sus riñones ya no pueden seguir procesando los nutrientes o eliminando los residuos tal y como lo hacían antes. Introducir en el organismo suero, en esta fase, puede ser la causa de que el corazón se congestione y se colapse, y los pulmones también pueden congestionarse porque el corazón asimismo está empezando a fallar y no puede bombear esa mayor presión sanguínea. Las manos y los pies empezarán a estar fríos y pueden tener un aspecto hinchado y azulado porque los tejidos no obtienen un nivel normal de oxígeno. El enfermo ahora casi no responde a los estímulos, y su respiración es más lenta, incluso puede resultar ruidosa porque hay acumulo de flemas en la garganta.
El final de la vida de estos enfermos suele ser un momento tranquilo, y la persona simplemente se va. La familia que está a su lado en ese instante puede percatarse de repente de que el enfermo ya no respira. En unos pocos minutos se para el corazón y el enfermo, por fin, descansa.
La vida se ha escapado y el cuidador ya no puede realizar su labor ni el intercambio interactivo de cariño. Ese vacío le provocará gran cantidad de emociones que se caracterizarán por episodios de alivio, reproches, culpa, ira, soledad y nuevos propósitos. Pero no podemos olvidar que llorar la pérdida de un ser querido es un acontecimiento emocional muy complejo, que sólo se lo podrían transmitir quienes han pasado por esa dolorosa pérdida, no quienes lo contemplamos desde fuera. Para la familia la memoria no se va para siempre, porque nunca olvidarán el cariño que se transmitieron.
Tener una empleada de hogar interna no es un lujo. Para la mayoría de las personas es más una necesidad. Vamos a ver en este artículo qué ventajas tiene disponer en su domicilio de una persona interna.
Afortunadamente cada vez vivimos más años, y a veces necesitamos una “ayuda extra” para mantener una calidad de vida aceptable.
Las ventajas de contratar una empleada de hogar interna las 24 horas para las familias son muy importantes, ya que la libertad que implica no lo permite otra modalidad de servicio doméstico.
Las actividades que realiza una persona interna son múltiples:
Tareas del hogar comunes como la limpieza íntegra del domicilio, el planchado, lavado…
Cuidado de ancianos, niños, e incluso mascotas residentes en el hogar.
Control de medicación en caso de enfermos, aseo y cuidado de personas mayores.
La realización de diferentes funciones como llevar a cabo recados, acompañar al médico…
La tranquilidad que supone disponer de una asistenta interna ofrece:
Mejor calidad-precio.
Mayor flexibilidad de horario.
Cuando hay personas mayores están cuidadas en su entorno.
Cuando hay niños el apego se realiza antes con una persona interna.
La posibilidad de ausentarse las noches laborables (cena, cine…)
Salir de viaje por un par de días, etc.
Despreocupación por el horario de trabajo de la familia.
[bctt tweet=»Tu casa siempre limpia y cuidada. Las personas que conviven con una empleada interna están atendidas las 24 h.»]
¿Aun crees que tener una empleada de hogar interna es un lujo?
Todos conocemos a personas mayores, ya sea en nuestra familia o en nuestro entorno que necesitan esa “ayuda extra”, pero piensan… “Con mi pensión no me lo puedo permitir”. Y mucho menos ¡¡tenerla asegurada!!
¿Seguro?. Piénsalo un poco. Te contamos alguna de las ventajas de contratar legalmente a una empleada de hogar interna:
Si la empleada de hogar tiene un accidente doméstico en nuestro domicilio, y no nos referimos a una simple quemadura, si no a un accidente que le pueda llevar a estar de baja un tiempo determinado o incluso si la lesión es grave puede que para el resto de su vida. En este caso, la empleada pensará en su futuro, ya que se verá imposibilitada para trabajar debido al accidente que ha sufrido en tu domicilio, al tiempo que por estar de baja no percibirá ningún ingreso y a la vez no estará cubierto por la seguridad social por lo que además tendrá que costearse el tratamiento médico. Todo esto hace muy posible que el trabajador se acoja a su derecho de denunciar al empleador para así asegurarse una pensión y unos ingresos que además serán muy altos para ella (por que la indemnización en estos casos es muy alta y además a cargo del empleador..). Por otro lado, si en el momento del accidente hay que llevar a la empleada a un centro médico y rellenar una ficha justificando los hechos, los cuales pueden terminar en la oficina de Inspección de Trabajo, no creo que la mejor opción sea como ha hecho un empresario de Madrid que cuando se encontró con el caso dejó al empleado casi inconsciente en la puerta del consultorio y salió pitando, por supuesto que posteriormente fué detenido, así que no sería una buena opción. ¿Crees que va a pensar en ti?
Mucha gente me dice que no quieren asegurar porque luego estarán “fichados” por la administración, eso es lo menos importante, de verdad, si lo que nos asusta es estar fichados, que solo sea por tener a la trabajadora asegurada, porque si supiéramos todas las acciones diarias que hacemos por las que estamos fichados no nos preocuparía tanto que sea por esto. Solo pondré un ejemplo, cuando llamamos por telefono a cualquier amigo ó familiar, nuestra situación ya está fichada en ese momento, la llamada puede ser utilizada aunque sea como prueba para algún acto delictivo que ocurra cerca de nuestros domicilios, este es solo un ejemplo. “Fichados” estaremos si no aseguramos al trabajador y nos “pillan”, entonces sí estaremos fichados pero antes no, además todos tenemos un nº de la seguridad social y no nos preocupó nunca. ¿Aun sigues creyendo que te puedes arriesgar?
El coste de asegurar a la trabajadora es muy razonable. Mucha gente piensa que asegurar a un empleado de hogar supondrá los 300 euros al mes que puede costar a un empresario su trabajador, pero en el caso de los empleados de hogar hay un tipo de cotización diferente, por ejemplo si a tu trabajadora le pagas 200 euros al mes, el coste de su seguridad social será de 30,95 euros/mes . ¿Vale la pena no asegurarla?
Cuídate de llevarte bien con los vecinos, en todas las comunidades siempre hay el “típico” vecino/a que parece desea que le vaya mal al prójimo, es increíble que haya gente así pero todos somos conocedores de algún caso, así que en cuanto vigile que alguien acude X dias a tu domicilio a las mismas horas no dudará en contactar con un inspector, y no solo el problema será algún vecino, si no cualquier persona que se haya tomado como una ofensa cualquier acción nuestra que hayamos hecho sin ninguna maldad pero que han interpretado mal. El “enemigo” está mas cerca de lo que crees.
A veces pensamos que nuestros conocidos que también tienen una empleada en casa no la tienen asegurada, pues más claro el agua, cada vez son más los que contribuyen a que el déficit de la seguridad social sea mayor y los que podemos decir adiós a nuestra jubilación y al derecho a la prestación por desempleo y al derecho de la sanidad pública. Eso sí, lo que ahorramos en no asegurar a la empleada deberíamos invertirlo en un buen plan de pensiones porque lo vamos a necesitar y guardar un poco cada día en una hucha para pagar la más queposible multa.
Si crees que los trámites para legalizar a tu empleada de hogar son muy complicados, te lo gestionamos. Lo mejor es contactar con profesionales, ya que nos encargamos de seleccionar a la persona adecuada a su necesidad, sustituirla en caso de no estar satisfecho con el servicio o en caso de enfermedad, todos los trámites de altas, bajas, modificaciones, nóminas… ¡¡y por un precio más que razonable!!
[bctt tweet=»La garantía de disponer de una empresa supone para la familia una seguridad y flexibilidad incomparables.«]
Después de todo lo que te he dicho…. ¿Sigues pensando que es un lujo que no te puedes permitir?
Si después de leer este artículo te interesa contratar servicio doméstico interno, contacta con nosotros, disponemos de personal interno con garantía, seguridad y confianza. Consúltenos sin compromiso.
Es normal que en la última fase de la vida el ser humano busque permanecer en su propia casa. Sin embargo, esta inclinación implica grandes retos para el cuidado de la persona mayor, más aún si tiene algún grado de dependencia. Actualmente los servicios de ayuda a domicilio trabajan para adaptarse a las circunstancias de cada individuo y brindar un cuidado tan especializado como podría recibirlo una persona en una residencia especializada para mayores.
Pasar la vejez en casa es algo que la mayoría de personas desearían, de hecho la gerontología lo recomienda y a la vez señala que comunmente el abandono del entorno habitual deriva en situaciones de desarraigo que llevan a problemas emocionales como depresión o ansiedad. En este contexto, los cuidadores familiares han sido las personas que tradicionalmente se han responsabilizado de cuidar y velar por la salud del mayor en su propio domicilio. Sin embargo, debido a los cambios en los ritmos de vida, el aumento de personas mayores de 65 años y la dificultad de satisfacer las necesidades económicas, muchas personas no pueden permitirse renunciar a sus trabajos para cuidar a sus abuelos o padres. Por otra parte, aquellos que por su voluntad asumen este cuidado muchas veces terminan necesitando ayuda externa para cuidar su propia salud, principalmente debido a la cantidad de trabajo que el cuidado implica o porque combinan otro trabajo con esta labor. Es entonces cuando la ayuda a domicilio se presenta como una opción de cuidado. Pero esta alternativa tiene una gama o una escala de valoración muy amplia, la cual depende del grado de dependencia que la persona mayor presente. Esto a su vez implica una valoración de los conocimientos y profesionalización de quien presta los servicios de cuidado. Claramente, no es lo mismo cuidar a un mayor que se puede valer por sí mismo y que sólo necesita ayuda básica para cumplir tareas específicas, que cuidar a una persona con alzheimer o con una discapacidad severa. También es común que la ayuda a domicilio sea la principal alternativa cuando las personas mayores gran dependientes se niegan a ir a una residencia de ancianos, aún cuando éstas ofrezcan mayores beneficios.
Mejoramos su vida sin salir de su hogar
La oferta privada también tiene empresas de ayuda a domicilio en todas las comunidades que aseguran un servicio profesional de acuerdo a una valoración previa. Pero frente a los servicios públicos y privados los servicios informales crecen un poco descontroladamente debido al aumento de la demanda y a que el cuidado de los mayores se ha convertido en una clara oportunidad de trabajo en tiempos de crisis. Erróneamente muchos creen que el cuidado no necesita de mucho conocimiento, pero la realidad es que es necesario algún grado de profesionalización para atender con seguridad y bajo normas de seguridad y respeto a las personas mayores en su domicilio. Para hacer frente a esta situación los ayuntamientos y las consejerías de salud han estado brindando desde hace un par de años cursos de capacitación para cuidadores informales, buscando con eso conciliar las ofertas del mercado laboral con la necesidad de transformar el servicio de cuidado en una labor competente y que asegure el bienestar y la salud. Los expertos recomiendan exigir un contrato en el que se detallen las prestaciones que se incluyen en el servicio, los horarios estipulados y el precio total por la ayuda asistencial. Las tarifas dependen sobre todo del número de horas contratadas y del tipo de servicios solicitados. En conclusión tenga en cuenta los siguientes puntos:
Diríjase a los servicios sociales de su Ayuntamiento. Pregunte sobre la información, requisitos y documentación para acceder a este servicio.
Aunque es un servicio público, en algunos casos el beneficiario debe pagar un porcentaje, es una modalidad de co-pago.
Asegúrese de que el cuidador tenga experiencia y una titulación; debe estar calificado para prestar ayuda especializada y cómo responder frente a una emergencia.
No se aconseja seguir empresas que no entreguen factures o que no sean transparentes con la documentación.
Exija un contrato por los servicios que la persona mayor necesita y compruebe que en él se incluyan los horarios y el coste.
Todas las personas pueden brindar ayuda a domicilio en ámbitos como la limpieza doméstica, pero alguien sin experiencia en el ámbito socio-sanitario no está capacitado para administrar inyecciones, realizar curas o manipular sondas.
La teleasistencia es una ayuda que se puede tener en cuenta en casos donde la dependencia de la persona mayor no sea muy alta.
También otras tecnologías asociadas al entorno del hogar como la Domótica, llegar a ser útiles y complementarias para la vida en casa.
Si necesita ayuda en casa, Serdomas tiene la solución. Llámenos sin compromiso. Disponemos de personal cualificado para el cuidado de personas mayores y enfermos en todas sus fases.
Autorización administrativa con el Nº. De Registro de Servicio S-3733 SERVICIO DE AYUDA A DOMICILIO SERDOMAS SISTEMAS; en las modalidades de:
Las personas que padecen la Enfermedad de Alzheimer durante su vida tuvieron muchas vivencias, muchas experiencias, expresaron sus sentimientos, manifestaron sus afectos de manera consciente. Ahora, sus mentes se han quedado en blanco. Pero esas personas que aún sonríen, lloran, se enfadan, a quienes manejamos como bebés para asearlos, para vestirlos, para darles de comer, etc., les queda en sus cerebros algunas neuronas para aquellas funciones automáticas, aunque hayan dejado de funcionar las que tenían la propiedad de recordar, han perdido la memoria.
La pregunta que siempre nos hacemos desde que cuidamos a estas personas en la etapa final de su enfermedad es ¿quién es?, no ¿quién está?, ni ¿quién fue?, porque es alguien vivo, con sentimientos, que aún vive junto a nosotros, y que ahora nos necesita para todo.
Hace una semana visité a uno de mis enfermos que padece esta enfermedad. Estaba sentado en el salón donde escuchaba una música de fondo que a él siempre le había gustado escuchar. Le saludo, me saluda; no sabe decirme quién soy ni qué soy (si el médico, el sacerdote o un compañero de profesión), pero sí me sonríe. Me siento a su lado y comienza a decir frases claras para oír, pero confusas para entender. Hablo con su esposa, quien está junto a él día tras día para asegurar sus cuidados. Él está callado y nos mira. Mientras estoy junto a él me pregunto ¿qué ha pasado en ese cerebro que hace unos pocos años funcionaba bien? Antes era un hombre de conversación agradable e inteligente que conseguía que quienes estábamos con él nos ilustráramos con sus conocimientos.
Ahora sus neuronas no funcionan ordenadamente, pero estimula sentimientos en los demás. Pero además de él está quien le cuida, su esposa en este caso, que es quien me relata sus pérdidas. Antes leía, ahora ni siquiera fija la mirada en el gran número de libros ordenados en las estanterías de su biblioteca. Antes veía en la televisión el futbol que le entusiasmaba y que era motivo de tertulias en ese mismo salón con sus amigos cuando televisaban algún partido. Ahora, la televisión está ahí, está indiferente ante ella, esté encendida o apagada. Antes elegía la música que quería oír, ahora es su esposa quien elige por él.
Ahora es una persona viva que siente y que transmite emociones. Es una persona que motiva a otras a cuidarle y a quererle aún más. Él no sufre por su situación neurológica salvo cuando padece procesos que le pueden provocar disconfort como infecciones respiratorias, urinarias, dolores, vómitos… Y ahí está su esposa y el resto de su familia para detectar sus síntomas molestos y encomendarnos a los profesionales para que le aliviemos. No quieren que sufra y nosotros tampoco, porque es una persona que siente, que está con nosotros, pero no entiende nuestros argumentos ni nuestras explicaciones, sin embargo percibe el confort que le podemos procurar con nuestros cuidados.
Cuando finalizamos la visita al enfermo, se me cuela dentro de mi mente un pensamiento negativo. Me produce miedo pensar que yo puedo quedarme vacío por dentro, que mi memoria se llegue a deteriorar tanto que pueda llegar a esa situación tan horrible de no recordar nada.
Estoy seguro que habrá muchos profesionales que cuidan a estos enfermos en centros de día o instituciones residenciales que tengan experiencias parecidas a ésta que he relatado y que se sigan preguntando quién es cuando están frente a varios enfermos con miradas vacías, pestañeando, sin decir nada. Enfermos que ya han vivido toda una vida, que se les desmorona a cada segundo el tiempo que pasa: sus experiencias, sus recuerdos, sus virtudes y sus defectos. Todo desaparece por arte de magia. ¡Qué horrible tiene que ser olvidar los recuerdos y a los seres queridos!
Estos enfermos no podrán decir qué quieren para cenar, pero si la cena les disgusta la apartarán. Ellos no son un número, ni una enfermedad a tratar, son personas con historias cuyas vidas están cercanas al fin.
Tal vez no lo digamos en público, pero sí lo pensemos en privado y temblamos con la idea de encontrarnos un día sordo, ciego, mudo, postrado, paralizado, incontinente, transportado de la cama al sillón y del sillón a la cama. ¿Acaso es esta perspectiva la que nos causa terror? O ¿es la de vivir un estado de decrepitud en la soledad y el abandono, con la sensación de no pertenecer al mundo de los vivos? ¿Dónde se encuentra la indignidad? ¿En este inevitable deterioro del cuerpo y de la mente? O ¿en la soledad absoluta de aquel a quien nadie viene a ver, quien no recibe ya ninguna señal de afecto o de ternura y a quien un equipo médico indiferente trata como si fuera una cosa? El enfermo de Alzheimer es alguien, con sentimientos, que aún vive junto a nosotros, pero que ahora nos necesita para todo.
Todo cuidador de una persona con Alzheimer, se ha enfrentado en alguna ocasión a la difícil tarea de vestir y arreglar al enfermo. Te mostramos en este artículo algunas tareas que puedes realizar para que el enfermo se sienta más orientado.
Colocar en el armario sólo la ropa de temporada, identificando con dibujos donde se encuentra cada prenda (calcetines, ropa interior o camisas).
Elegir con el enfermo que padece Alzheimer la ropa que va a ponerse al día siguiente, dejándola colocada en el orden en que deberá ponérsela.
Hacer que el enfermo guarde sus cosas siempre en el mismo sitio. Así es más difícil que se le olvide y se evita que crea que se las han robado. Además, conviene tener una copia de los objetos personales más usados y necesarios por si acaso los pierde.
Cambiar los botones y cremalleras por tiras de velcro y utilizar prendas de una sola pieza elásticas y no ajustadas.
Es conveniente sustituir los zapatos de cordones por otros con cierre adhesivo, de suela antideslizante, sin tacones y de horma ancha.
No anticiparse ni meter prisa. Dejar tiempo para que el paciente se vista él mismo y, si no es capaz, primero intentar darle órdenes sencillas sobre lo que debe hacer y recurrir a la imitación.
No pensar que ya no puede hacer nada. Quizá el enfermo sea capaz de estirar el brazo para meter la manga, pero sólo necesita su indicación.
Si el enfermo no se sostiene en pie o sentado, ponerle primero la ropa de la parte inferior mientras está en la cama; después, al incorporarle para sentarle en la silla, subirle las prendas. Así ya sólo quedará la ropa de la parte superior.
Si es posible, terminar de arreglarle ante el espejo, lo que le ayudará a que sea capaz de reconocerse durante más tiempo.
Llevamos más de 10 años contratando los servicios de serdomás y no podemos decir más que cosas buenas del personal de ayuda en casa y de la gente de la oficina. Limpieza muy profesional.
Después de una experiencia no muy agradable con una persona interna para el cuidado de nuestra madre, contactamos con Serdomas y estamos encantados con el servicio que nos prestan, ademas del trato recibido a la hora de hablar con ellos para hacerles saber nuestras necesidades. Muy contentos y una empresa muy recomendable
Excelente atención de Patricia desde el primer momento. El trato ha sido siempre cercano, profesional y muy humano. Quiero destacar especialmente a Wendy, la cuidadora de mi madre , que demuestra una gran sensibilidad, paciencia y dedicación. Desde el primer día, ambas han combinado profesionalidad con una gran calidez humana.
100% recomendable. Han sido muy profesionales, respetuosos, puntuales, la limpieza ha sido excelente y los precios muy razonables. Los hemos contratado para limpieza intensiva del piso y como estamos tan contentos los vamos a contratar para hacer el servicio de limpieza de mantenimiento semanal.
Contar con los servicios de Serdomas ha sido la mejor decisión que hemos podido tomar en mi familia, nos ayudaron desde el principio con todo, nos asesoraron y tenemos a la mejor persona posible cuidando de nuestros mayores. Cualquier imprevisto, esta cubierto por ellos, nunca te dejan sola y eso es fundamental cuando hablamos de temas tan delicados como poner en manos de un extraño a tus seres queridos. Muy profesionales, cercanos y se involucran muchísimo. ¡SUEPER RECOMENDABLES!
Desde que contraté a Serdomas, he dejado de preocuparme por el cuidado, limpieza y plancha de mi casa. Me decidí a contratarles porque se jubilo la persona que tenía y la verdad que el cambio ha sido como el día y la noche. Me hacen el trabajo en la mitad de tiempo y estoy super contento con los resultado y seriedad con que gestionan todo. Muchas gracias!!
Buenos días. Es un placer y una sorpresa encontrar una empresa como serdomas. Gracias a su profesionalidad y eficiencia de sus trabajadores he conseguido conciliar mi vida laboral como la familiar cosa que hasta ahora me costaba mucho conseguir. Totalmente recomendable.
Conocí a Serdomas en un momento delicado hace 8 años, y desde entonces solo cuento con ellos. Cuidaron a mi padre y a otros familiares hasta su último día. No solo su profesionalidad a nivel asistencial, si no sobretodo su calidad humana. Absolutamente recomendables
Gestionar consentimiento
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.