La Maniobra de Heimlich, también llamada Compresión abdominal es un procedimiento de primeros auxilios para desobstruir el conducto respiratorio, normalmente bloqueado por un trozo de alimento o cualquier otro objeto. Es una técnica efectiva para salvar vidas en caso de asfixia por atragantamiento.
El sistema respiratorio está capacitado única y exclusivamente para aceptar elementos gaseosos. La introducción en el mismo de cualquier cuerpo sólido o líquido implica la puesta en funcionamiento de los mecanismos de defensa, siendo la tos el más importante. La obstrucción de las vías respiratorias (atragantamiento) impide que la sangre de nuestro organismo reciba el oxígeno necesario para alimentar los tejidos, lo que implicará la muerte de los mismos.
Obstrucción de vías en adultos
Personas inconscientes: La principal causa de obstrucción de la vía respiratoria en personas inconscientes es la caída de la lengua hacia la orafaringe.
Personas conscientes: Generalmente en este caso, el motivo de obstrucción es la comida, suceso conocido popularmente como "atragantamiento". Esta obstrucción por cuerpo sólido se produce por la aspiración brusca (risa, llantos, sustos...) de la comida que está en la boca. En el momento de producirse la inspiración, la epiglotis (estructura anatómica que separa el tubo digestivo del respiratorio) deja libre el paso respiratorio introduciéndose el aire y la comida en la tráquea. La obstrucción puede ser de dos tipos: incompleta y completa.
Obstrucción incompleta o parcial
El cuerpo extraño no tapa toda la entrada de aire, por lo que se pone en funcionamiento el mecanismo de defensa y la persona empieza a toser.
Actuación:
Dejarlo toser (los mecanismos de defensa funcionan)
Observar que siga tosiendo o que expulse el cuerpo extraño.
No golpear nunca la espalda, ya que se podría producir la obstrucción completa o introducirse más el cuerpo extraño.
Obstrucción completa o total
En este caso la persona no tose, ni habla. Esto indica que no entra ni sale aire, pues las cuerdas vocales se mueven gracias a la vibración que produce el aire al respirar. Generalmente el accidentado se lleva las manos al cuello y no puede explicar lo que le pasa, emitiendo sonidos afónicos. Presenta gran excitación, pues es consciente de que no respira: tiene la sensación de muerte inminente.
El obejtivo de la "maniobra de Heimliche" es empujar el cuerpo extraño hacia la tráquea y, por ende, hacia la salida mediante la expulsión del aire que llena los pulmones. Esto se consigue efectuando una presión en la boca del estómago (abdomen) hacia adentro y hacia arriba para desplazar el diafragma (músculo que separa el tórax del abdomen y que tiene funciones respiratorias) que a su vez comprimirá los pulmones, aumentando la presión del aire contenido en las vías respiratorias (tos artificial).
Actuación:
Actuar con rapidez
Agarrar al accidentado por detrás y por debajo de los brazos. Colocar el puño cerrado, cuatro dedos por encima de su ombligo, justo en la línea media del abdomen. Colocar la otra mano sobre el puño.
Reclinarlo hacia adelante y efectuar una presión abdominal centrada hacia adentro y hacia arriba, a fin de presionar (de 5 a a10 veces) el diagragma. De este modo se produce la tos artificial. Es importante resaltar que la presión no se debe lateralizar. Ha de ser centrada. De lo contrario se podrían lesionar vísceras abdominales de vital importancia.
Seguir con la maniobra hasta conseguir la tos espontánea o hasta la pérdida de conocimiento.
En caso de pérdida de conocimiento, se coloca al accidentado en posición de Soporte Vital Básico (acostado), con la cabeza ladeada, y se sigue con la "maniobra de Heimlich" en el suelo.
En esta situación (de inconsciencia) se debe alternar la maniobra de Heimlich con la ventilación artificial (boca-boca), ya que es posible que la persona haya efectuado un paro respiratorio fisiológico, por lo que tampoco respirará aunque hayamos conseguido desplazar el cuerpo extraño. Si se consigue introducir aire en los pulmones, se iniciará el protocolo de Soporte Vital Básico.
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Casos Especiales
Bebés
En este caso no se puede aplicar la maniobra de Heimlich, por existir riesgo de lesiones viscerales importantes.
La actuación va dirigida a extraer el cuerpo extraño por efecto de la gravedad atmosférica. Para ello, lo mejor es colocar al lactante boca abajo, y golpear secamente con la palma de la mano en la espalda (entre los omóplatos).
En caso de no conseguir la respiración espontánea se alternará esta maniobra con la técnica del masaje cardíaco, para ello se deben seguir los siguientes pasos:
Colocar al bebé boca abajo y golpear, 4 ó 5 veces, secamente entre los omóplatos.
Girarlo boca arriba. En la línea media del esternón, efectuar 4 ó 5 compresiones con dos dedos de una sóla mano, a fin de deprimir el tórax aproximadamente 1,5 cm.
Abrirle la boca y buscar el cuerpo extraño
Repetir continuamente y por riguroso orden los pasos 1, 2 y 3, hasta conseguir la respiración espontánea o que la criatura pierda el conocimiento. En esta última circunstancia se debe seguir con el paso 5.
Efectuar los pasos 1, 2 y 3, y a continuación iniciar la ventilación artificial (boca-boca y nariz), insuflando poca cantidad de aire (el que nos cabe en la boca, no en nuestros pulmones). Caso de entrar aire, y si sigue sin respirar, se debe iniciar el protocolo de Soporte Vital Básico del lactante (es distinto al del adulto).
Obesos y embarazadas
En ambos casos no se deben realizar presiones abdominales por la ineficacia en un caso y por el riesgo de lesiones internas en el otro. Por tanto esa "tos artificial" se conseguirá ejerciendo presiones torácicas al igual que lo hacíamos con el masaje cardíaco, pero a un ritmo mucho más lento. En caso de pérdida de conocimiento, iniciaremos el punto 5º de la actuación ante la obstrucción completa en el adulto.
Conclusión
A diferencia del paro respiratorio fisiológico, en el que podamos iniciar de forma inmediata las técnicas de ventilación artificial y conseguir el mantenimiento de la vida cerebral, la obstrucción de las vías respiratorias es uno de los accidentes más graves ya que produce un paro respiratorio de tipo mecánico. Tenemos muy poco tiempo para evitar la muerte cerebral (de 4 a 8 minutos).
Es un accidente típico en niños y ancianos (personal de guarderías, colegios y residencias...) uno porque siempre tienen objetos en la boca o comen riendo o llorando y los otros por alteración en el normal funcionamiento de la epiglotis.
En el mundo laboral, este tipo de emergencia puede presentarse en cualquier tipo de incidente ya que la reacción del organismo ante un accidente inminente consiste en una inspiración profunda seguida de una contracción muscular que, en caso de tener algo en la boca (chicle, alimentos...), favorece la aspiración hacia vías respiratorias.
La demencia es un deterioro crónico de al menos tres funciones superiores (al inicio, ya que finalmente suele alterar todas las funciones intelectuales), adquirido (principal diferencia con el retraso mental, ya que este suele presentarse desde la niñez), y con un nivel de conciencia y atención normales (a diferencia del delirium, en el que hay disminución del nivel de conciencia). El diagnóstico suele darse cuando el paciente lleva unos tres meses presentando un conjunto de signos y síntomas que responden a estas alteraciones.
Las demencias comprometen facultades intelectuales de los afectados como el lenguaje, la memoria y la destreza visuoespacial, así como su capacidad emocional y su personalidad.
La demencia afecta al 2% de las personas a partir de los 65-70 años, y al 20% de los mayores de 80 años. Es la principal causa de incapacidad a largo plazo en la tercera edad, lo que supone un importante problema de salud pública, teniendo en cuenta el incremento de la esperanza de vida en las sociedades desarrolladas.
Causas
Las demencias pueden ser degenerativas, cuando se produce una muerte progresiva e irreversible de las neuronas (como en el caso de la enfermedad de Alzheimer), y no degenerativas cuando la pérdida de neuronas puede detenerse, como en el caso de la demencia causada por el abuso de alcohol, donde la pérdida de neuronas finaliza cuando el paciente deja de consumir alcohol (aunque no recupere las neuronas que ya han sido destruidas). También pueden considerarse primarias cuando la demencia es, en sí misma, el principal trastorno que presenta el paciente; y secundarias, cuando el deterioro de las funciones intelectuales se produce a consecuencia de otros factores como un trauma craneoencefálico, una intoxicación por alcohol, fármacos o drogas, un déficit de vitaminas, o la demencia está asociada a otra patología (como el SIDA, la enfermedad de Creutzfeld-Jacob, Parkinson…).
Trastornos endocrino-metabólicos, como el hipotiroidismo y la deficiencia de vitamina B12.
Alteraciones cerebrales, como neoplasias, hematomas…
Otras enfermedades degenerativas, como la de Pick, Parkinson, Huntington.
Infecciones del SNC.
La mayoría de las demencias son irreversibles y no tienen cura, aunque se pueden tratar los síntomas acompañantes. Es muy importante averiguar si la causa de la demencia es tratable, ya que aproximadamente un 10% de las demencias son reversibles si se tratan a tiempo, en otro 10% se puede detener la evolución de la enfermedad, y otro 10% se debe a causas psiquiátricas (pseudodemencias).
Causas tratables
Demencias vasculares, debidas a un riego sanguíneo cerebral insuficiente.
Demencias postraumáticas.
Demencia a consecuencia del abuso de alcohol.
Enfermedades metabólico-carenciales: alteraciones tiroideas, déficit de vitamina B12, folato y vitamina B1, alteraciones en la regulación del calcio…
Enfermedades inflamatorias e infecciosas, como la meningitis, sífilis, vasculitis…
Los seres humanos nacemos con la posibilidad de reír y de tener sentido del humor, y cuando somos niños reímos unas 300 veces al día; sin embargo, para no perder esta capacidad innata hay que ejercitarla a lo largo de la vida. La risa es contagiosa y está demostrado que reímos con mayor frecuencia cuando nos relacionamos con los demás. Eso significa que las personas que ríen más a menudo también suelen tener una vida social más intensa y mantienen un estrecho contacto con su familia y amigos. De esta forma, la sensación de bienestar tiene su origen tanto en la frecuencia con que se ríen, como en su relación con las personas de su entorno.
Así, todos hemos podido comprobar alguna vez cómo hemos mejorado de un malestar, físico o emocional, al divertirnos junto a un grupo de amigos, o cuando nos hemos ‘distraído’ viendo una película o un programa de humor, que nos ha hecho ‘olvidar’ el dolor que sentíamos. También hay personas que afirman que se enamoraron de su pareja “porque las hacía reír”. Y es que hacer reír es todo un arte; de hecho, los actores suelen afirmar que es mucho más sencillo hacer llorar al público que arrancarle una carcajada.
El sentido del humor es una forma de percibir la realidad, y también una manera de expresarla. Nos permite experimentar felicidad, incluso cuando atravesamos circunstancias difíciles, porque hace que seamos capaces de relativizar los problemas, considerándolos como un trastorno pasajero y no como una catástrofe irreversible. Numerosos estudios científicos han demostrado que el buen humor es beneficioso para la salud, porque contribuye a aumentar las defensas y a mejorar el sistema inmunológico, y facilita el equilibrio biológico y psicológico de las personas. Como proponían los Monty Python en ‘La vida de Brian’, ‘always look on the bright side of life’, y es que una visión positiva de la vida ayuda a hacer frente a los problemas y, además, protege frente al estrés.
¿Qué es la risoterapia?
La risoterapia o terapia de la risa consiste en crear situaciones que ayuden a liberar las tensiones físicas y emocionales, para conseguir reír de manera natural. Se practica en grupo, con la dirección de monitores especializados que emplean técnicas de expresión corporal, bailes y juegos, masajes… con el objetivo de que los participantes consigan desinhibirse y terminen riendo a carcajadas.
Las sesiones de risoterapia se realizan con un grupo de personas dispuestas a participar en las actividades propuestas por el monitor, y comienzan explicando en qué consiste esta terapia y los beneficios que van a conseguir con ella. Después, cada integrante del grupo tiene que presentarse a los demás y, para conseguir una comunicación fluida y espontánea, y comenzar a desinhibirse, suelen colocarse una nariz de payaso.
El siguiente paso es realizar diversos ejercicios que ayuden a relajar los músculos. De esta forma, se eliminan tensiones y se favorece una carcajada natural, que nace del interior.
Ahora el grupo ya está preparado para reírse, y el monitor les sugiere diversos juegos y bailes. Cuando nos hacemos adultos, a menudo cambiamos los juegos por los chistes cuando se trata de humor, y no nos damos cuenta de la pérdida que eso supone. En la sesión de risoterapia recuperaremos el placer de jugar, mientras comprobamos que los efectos positivos de la risa se multiplican cuando se comparte con otras personas.
Para finalizar, los participantes comentan la experiencia.
Beneficios de la risa
En los años setenta, un periodista llamado Norman Cousins, diagnosticado de espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria que afecta a las articulaciones, incurable y dolorosa, descubrió por sí mismo que reír durante unos diez minutos le libraba del dolor durante las dos horas siguientes, y así lo describió en su libro‘Anatomía de una enfermedad’. También fundó la Clínica Ucla’s Norman Cousins Hospital Center Investigations, donde numerosos neurólogos y otros científicos investigan sobre el impacto que tiene la risa en el organismo humano.
Aunque el poder curativo de la risa sea discutible, lo que es cierto es que nos hace sentir mejor, y como no existe peligro de sobredosis o efectos secundarios, puede resultar un importante aliado de los tratamientos médicos convencionales.
Entre los efectos beneficiosos de la risa destacan:
Inspiramos mayor cantidad de aire, y se incrementa el volumen respiratorio.
El corazón late más rápido y mejora la circulación.
Es un ejercicio muscular, ya que al reírnos se movilizan más de 400 músculos.
Se liberan endorfinas en el cerebro, un analgésico natural, y aumenta la secreción de serotonina. Esto reduce la percepción del dolor y equilibra el estado de ánimo, combatiendo el estrés y la ansiedad, y facilitando el sueño.
Favorece la función digestiva y mejora el tránsito intestinal.
Refuerza las defensas y activa el sistema inmunitario.
Potencia la creatividad y la productividad.
Elimina la energía negativa, y nos enseña a percibir cualquier situación de forma más positiva.
Ayuda a exteriorizar los sentimientos y emociones.
Consejos para ser optimistas
Aquí tienes algunos consejos para ser más optimistas ante las visicitudes de la vida e intentar tener siempre una sonrisa en la boca:
Vive en el presente: está bien hacer planes para el futuro, pero sin perder la perspectiva, y teniendo en cuenta que los cimientos de ese futuro se tienen que establecer “aquí y ahora”. No te amargues recordando malos momentos. Las experiencias desagradables te servirán para aprender en qué te has equivocado, no las utilices para auto-compadecerte y justificar tu “mala suerte”. Céntrate en las cosas buenas que has vivido.
Intenta disfrutar todos los días: no te pases toda la semana pensando únicamente en lo que harás el fin de semana. Cada momento que vivimos es único e irrepetible.
Pon interés y pasión en todo lo que hagas: da igual que se trate de las labores domésticas, de los estudios, de tu actividad laboral… Si le pones ganas, incluso las tareas más aburridas o difíciles resultarán más llevaderas, y cuando consigas terminarlas, te sentirás más satisfecho contigo mismo, y la experiencia servirá para aumentar tu motivación y ayudarte a comprender que “querer es poder” también en tu caso.
Refuerza tu autoestima: piensa en tus cualidades y en todo lo que eres capaz de hacer y de aprender. Ten confianza en tu capacidad para afrontar los problemas, y no te dejes influenciar por lo que digan los demás, ni te creas inferior a los otros. Tampoco pierdas el tiempo con aquellas circunstancias que tú no puedes cambiar.
Relaciónate con personas positivas: que tengan algo que aportar y hagan tu vida más agradable. Evita a los que se regodean con las desgracias ajenas y hacen de la crítica destructiva su entretenimiento preferido.
No pierdas el contacto con tu familia y amigos: los buenos momentos son mejores si se comparten con los seres queridos, y ellos te apoyarán cuando lo necesites.
Aprende a distinguir las oportunidades que tienes a tu alcance: o búscalas en otra parte si es necesario, y reconoce tus errores, porque el que no admite que se ha equivocado, se equivoca dos veces.
Si no te gusta tu trabajo o el tipo de vida que llevas, intenta cambiarlos: pero usando la cabeza. Establece un plan de acción realista, detallando los objetivos que quieres conseguir y los medios para alcanzarlos, y no pierdas la paciencia ni te desesperes si las cosas no van tan rápido como te gustaría o surgen dificultades adicionales. La perseverancia será tu mejor arma.
No envidies a los demás por lo que tienen: esfuérzate para conseguir lo que quieres sin compararte con nadie.
Uno de los deseos de prácticamente todo el mundo es vivir muchos años, pero la longevidad no es siempre sinónimo de buena salud. Las enfermedades se suceden y se multiplican a medida que vamos sumando años a nuestro carné de identidad, pero es posible llegar a centenario con una salud bastante buena. Sólo hay que aprender a envejecer de una manera saludable.
La esperanza de vida en España es de 81,87 años de media según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), una cifra que aumenta hasta los 84,82 años en el caso de las mujeres y cae hasta los 78,87 años para los hombres. Seguro que muchos de nosotros firmaríamos ya mismo por llegar a soplar las velas de la tarta de nuestro octogésimo cumpleaños, pero hay un grupo de afortunados, algo más de 11.000 personas, que han llegado a la mítica cifra de los 100 años, el 85% de ellas son mujeres.
[bctt tweet=»El 85% de las personas que alcanzan la cifra de 100 años son mujeres»]
Sin embargo, la cantidad de vida no siempre se equipara con la calidad de vida. La lucha actual de los geriatras está precisamente en que el incremento de ambas cifras se desarrolle por un camino parejo, algo que, además en estos tiempos de crisis, ayudaría a las arcas del Estado, pues una vejez plagada de enfermedades es muy dura, pero también muy cara.
“Mantener la calidad de vida a medida que vamos envejeciendo es la mayor de las preocupaciones que tenemos los geriatras”, explica el Dr. Jaime Rodríguez, geriatra del Hospital Clínico de Madrid y vicesecretario de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).
Los gobiernos también están haciendo hincapié en la necesidad de reforzar la calidad de vida de nuestros mayores. Para ello, han decidido que 2012 sea el Año Europeo del Envejecimiento Activo y de la Solidaridad Intergeneracional. Las políticas intergeneracionales están bastante extendidas en algunos países europeos, pero, desde la administración, se pretende generalizar este concepto y exportarlo a todo el mundo. Por ejemplo, Alemania cuenta con más de 200 centros intergeneracionales, desde que se abriera el primero en 2003; se trata de un punto de encuentro entre las personas mayores y los jóvenes donde ambos aprenden uno del otro.
Salud mental para alcanzar el siglo
No sólo es importante cuidar el cuerpo para llegar con salud a los 100 años, sino también es vital cuidar la mente manteniéndola siempre activa, para lo que las relaciones sociales son una piedra angular. “Contar las cosas de uno y escuchar las de los demás mantiene el cerebro activo”. Recordar cosas, acudir a talleres, realizar juegos o tareas en equipo ayudará a las personas mayores a cuidar su mente.
El departamento de salud del Gobierno de Navarra nos da pistas más concretas sobre estos consejos, y explica que es fundamental que las personas mayores busquen actividades que estimulen la creatividad (pintura, talla de madera…), promuevan la comunicación (juegos de mesa, visitas de familiares…), mejoren la formación (conferencias, cursos…), distraigan y entretengan (ir al cine, a un concierto…), tengan la posibilidad de sorpresa o pequeña aventura (viajes, paseos por nuevos lugares…), sean saludables (gimnasia de mantenimiento, excursiones…) y que sean de utilidad colectiva (voluntariado, huertos urbanos, cuidado de familiares…).
Problemas de salud mental en los mayores no son sólo demencia senil o Alzheimer, también lo son patologías que se presentan a cualquier edad como la depresión o la ansiedad. En estos casos se recomienda “cuidar el estado de ánimo y pedir ayuda de un especialista en caso de precisarlo”.
A pesar de que la esclerosis múltiple es una enfermedad de adultos jóvenes que aparece frecuentemente entre los 20 y los 40 años, puede diagnosticarse también en niños y adolescentes. Los estudios epidemiológicos indican que entre un 2% y un 5% de las personas que padecen esclerosis múltiple presentaron los primeros síntomas antes de cumplir los 18 años. Cuando esto ocurre se utiliza el término ‘esclerosis múltiple pediátrica’.
Síntomas que pueden tener los niños que padecen Escleresosis Multiple Pediátrica:
doble visión, visión borrosa, movimientos involuntarios de los ojos
torpeza o debilidad,
dificultad para caminar y mantener el balance,
vértigo, mareo,
fatiga
dificultad para hablar o para pronunciar las palabras
problemas con la vejiga,
dificultad
espasmos o rigidez muscular,
temblor
adormecimiento, hormigueos u otras sensaciones extrañas,
problemas en concentración, atención y memoria que afectan el rendimiento escolar del niño.
¿Qué hay que tener en cuenta en la Escleresosis Multiple Pediátrica?
Existen otras enfermedades autoinmunes del sistema nervioso central que pueden tener lugar con más frecuencia en la niñez y adolescencia y que, por tanto, deben descartarse. En ocasiones es difícil hacerlo en el primer episodio y se necesita realizar un seguimiento a largo plazo.
La mayoría de los síntomas neurológicos que presentan los niños son muy similares a los de los adultos. Sin embargo, es más frecuente que los niños puedan padecer otros síntomas menos comunes o atípicos como pueden ser convulsiones y alteraciones del estado mental (adormilamiento, somnolencia profunda…).
La enfermedad puede conllevar efectos psicosociales que pueden tener un impacto importante en el desarrollo académico, las relaciones familiares y otros factores específicos de la adolescencia (autoestima, amistad…).
En muchos casos, los niños son capaces de aceptar realidades dolorosas mejor de lo que, en general, se pueda imaginar. Los padres, en ocasiones, tienen tendencia a proteger a sus hijos escondiéndoles problemas que, si se descubren y analizan, podrían ser de gran ayuda tanto para los niños como para los padres. Una comunicación abierta y sencilla entre los miembros de la familia en estos casos puede tener mucho valor.
La respuesta es sí y la explicación es muy clara. Cuanto más envejece la población, más enfermos de Alzheimer habrá.
Hay hoy en España más de seis millones de personas mayores de 65 años. El 10-12% padece Alzheimer, diagnosticado o no. Este porcentaje baja un poco en las regiones del sur y del este en relación con las del norte y del oeste, como ocurre en el conjunto de Europa. Pero, en conjunto, el número teórico de enfermos de Alzheimer al día de hoy en el estado español se mueve entre 640.000 y 768.000.
El porcentaje varía según la edad y crece casi exponencialmente con la misma: un 10% entre los de 70 años; un 20% entre los de 75 años; y, un 40% entre los de 80 años. Quizá por encima de los 90 años esta proporción ya no sigue creciendo. Hay que tener en cuenta que la población envejece más por arriba, es decir, aumenta más y más deprisa el grupo de 80 y más años que el grupo de 65 a 80 años.
[bctt tweet=»Cuanto más envejece la población, más enfermos de Alzheimer habrá.»]
Quizá lo más importante, a efectos de planificación socio-sanitaria, no sea el número de enfermos en estos momentos (lo que se llama prevalencia de la enfermedad) sino el número de casos nuevos que ocurre cada año (la incidencia de la enfermedad). La incidencia es igualmente función de la edad. Aparece un caso nuevo por año entre mil personas de 70 años; un caso nuevo por año entre cien personas de 80 años; y, un caso nuevo por año entre diez personas de 90 años. Así, la prevalencia real será el número estimado en una fecha determinada más los casos incidentes desde entonces menos los fallecidos en ese tiempo.
¿Es el Alzheimer una enfermedad hereditaria?
El Alzheimer no es una enfermedad homogénea, es decir, que aparezca en todos los casos a la misma edad, que haya siempre antecedentes familiares, que se inicie en todos los enfermos con los mismos síntomas, que tenga una evolución fija, que avance siempre de la misma manera y que responda de igual forma a los medicamentos que ya existen.
Al contrario, el Alzheimer -como otras muchas enfermedades tales como la ateroesclerosis, el asma o la artritis- es una enfermedad heterogénea, compleja y multifactorial.
Es muy útil para la ciencia y aún para la opinión pública hacer una clasificación en cuatro grupos según la edad de aparición de los síntomas (antes o después de los 65 años) y según existan o no antecedentes familiares en el pedigrí del padre, de la madre o en la misma generación del enfermo (hermanos o hermanas), en los consanguíneos en primer grado. De manera que todo enfermo puede ser encuadrado en uno de estos grupos:
Inicio de los síntomas antes de los 65 años con antecedentes familiares.
Inicio de los síntomas antes de los 65 años sin antecedentes familiares.
Inicio de los síntomas después de los 65 años con antecedentes familiares.
Inicio de los síntomas después de los 65 años sin antecedentes familiares.
En 1991 se descubrió una familia inglesa con múltiples miembros afectados de Alzheimer, que tenía la particularidad de que los síntomas aparecían entre los 45 y 55 años, se agravaban mucho en pocos años, los enfermos morían pronto y el simple análisis del árbol genealógico mostraba que la enfermedad se transmitía de padres a hijos en todas las generaciones conocidas, fueran éstas hombres o mujeres. Era un típico ejemplo de enfermedad hereditaria autosómica dominante conforme a la primera ley de Mendel.
Los genetistas investigaron primero los cromosomas y luego los genes contenidos en ellos. Encontraron un gen mutado (que tiene un cambio en la secuencia de aminoácidos) en el cromosoma 21. Es el gen que ordena la formación de la proteína precursora de la amiloide.En seguida se detectaron familias con esta o parecida mutación genética en otros países del mundo.
Unos años más tarde se descubrieron otras mutaciones en dos genes causantes de Alzheimer familiar, con herencia también autosómica dominante, inicio muy temprano de los síntomas (entre los 35 y 55 años) y de carácter rápidamente progresivo. Estaban situadas en los cromosomas 14 y 1 y, justamente por producir Alzheimer antes de la edad senil (que de manera convencional está fijado su comienzo a los 65 años), se llamaron genes de la presenilina 1 y de la presenilina 2, nombres que igualmente se dan a las proteínas que sintetizan las neuronas bajo sus órdenes (recuerde el axioma «un gen, un enzima»).
Todos los casos juntos de Alzheimer familiar autosómico dominante de inicio temprano (antes de los 65 años) no representan más que un 2% del total de casos de la enfermedad en todo el mundo. Son menos de 4.000 familias las que se han estudiado. En el 50% de enfermos pertenecientes a éstas se encuentra una de esas mutaciones (en el 30% la del gen de la proteína precursora de la amiloide y en el 70% restante las de los genes de las presenilinas). Pero, en el otro 50% de casos de Alzheimer familiar que comienza en edad presenil, todavía no se ha descubierto la mutación responsable. Cabe esperar que se encuentre próximamente.
Por tanto, recuerde que sólo en una mínima proporción de casos (se insiste, un 2%), el Alzheimer es puramente hereditario. Quien así enferma ha de recibir el gen mutado bien de su padre bien de su madre. El progenitor que transmite la mutación ha de padecer o haber padecido la enfermedad salvo que la mutación se origine en el propio enfermo (lo que se llama efecto fundador de mutación genética).
Se comprende muy bien que en este tipo de enfermos con Alzheimer que aparece antes de los 65 años, los científicos aconsejen realizar los llamados tests genéticos para comprobar si tienen una de las mutaciones ya conocidas o estudiar si aparecen otras nuevas. Esto coloca a estas personas y a sus familiares en una difícil situación psicológica (conocer o no su destino genético) que requiere, para encontrar la solución adecuada, contar con el asesoramiento de una especialista en consejo genético.
Ahora que se acaba de escribir el «libro de la vida», la composición del genoma humano, es muy oportuno recordar que las investigaciones realizadas en los últimos diez años en estos enfermos y en estas familias con Alzheimer familiar autosómico dominante y síntomas que aparecen en torno a los 50 años ha permitido avanzar de manera prodigiosa en el conocimiento del mecanismo de por qué, cómo y dónde se inicia y se desarrolla la enfermedad. Hay que rendirles un homenaje por su contribución a la ciencia. Ellos accedieron a que se les realizaran tests genéticos, colaboraron para ir conociendo bien los síntomas que iban apareciendo y donaron sus cerebros para estudio. Gracias a ellos se pudieron desarrollar modelos de Alzheimer en el cerebro de ratones.
Se «inoculó» a estos animales el gen mutado (por eso se llaman ratones transgénicos) y se pudo ver que, cuando tenían entre seis y doce meses, los ratones ya no podían aprender determinadas pruebas de memoria y en sus cerebros aparecían depósitos de amiloide, placas, aunque no ovillos. Cuando una enfermedad tiene un modelo animal, el progreso en su conocimiento y la investigación de fármacos para su curación toman un paso acelerado.
Ojalá que la ciencia descubra pronto cómo prevenir el Alzheimer en los miembros de estas familias que, teniendo una mutación genética, es seguro que antes o después van a padecer la enfermedad.
¿Qué papel juega la genética en la inmensa mayoría de casos de Alzheimer (98%) cuyos síntomas se inician después de los 65 años?
En un enfermo en que los síntomas comienzan a aparecer después de los 65 años, según la regla y lo que se observa en el 98% de los casos de Alzheimer, puede haber o no antecedentes familiares. Es decir, puede que su padre, su madre o algún hermano o hermana haya padecido la enfermedad pero, el árbol genealógico no mostrará la presentación propia de la herencia autosómica dominante (50% de la descendencia enferma y 50% sana con respecto al Alzheimer).
Que haya o no antecedentes familiares no es muy ilustrativo respecto al papel de la herencia. Existan otros casos en la familia (grupo llamado Alzheimer familiar de comienzo en edad tardía o senil) o no (grupo denominado Alzheimer de aparición esporádica e inicio tardío), en ambos casos puede influir la genética pero no como causa sino como mayor predisposición a padecer la enfermedad.
Se entenderá bien con el ejemplo del gen de la apolipoproteína E (llamada abreviadamente ApoE). En 1993, unos investigadores de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, cayeron en la cuenta de que los enfermos con Alzheimer tenían la variante llamada E4 del gen APOE con muchísima más frecuencia que las personas que no padecían la enfermedad. Es decir, poseer este alelo, procedente del padre, de la madre o de los dos, confiere a su portador un riesgo mucho más elevado de padecer Alzheimer y de que sus síntomas aparezcan antes (más cerca de los 65 que de los 75 años).
Hoy ya se sabe que este polimorfismo E4 del gen APOE condiciona la aparición de una proteína mala para la neurona y juega un papel importante en la producción del producto neurotóxico que es la amiloide beta. En cambio, las personas portadoras del gen APOE en su forma E2 o E3 tienen menos riesgo de padecer Alzheimer. Esos genes son protectores frente a la enfermedad. Se comprende, por tanto, que se busquen fármacos que inhiban la producción de E4 o promuevan la acción de E2 y E3.
Este fenómeno genético de la existencia en el genotipo de cada persona haya o no variantes de genes que favorecen la aparición de una determinada enfermedad (por ejemplo, cáncer de mama o de vejiga) es un hecho universal que afecta a toda la humanidad y será la base para encontrar medicamentos hechos a la medida de la genómica o de la genética de cada uno.
Pero, hay que tener muy claro qué significa ser portador de un factor genético de riesgo de Alzheimer. Quiere decir que tal portador tiene más predisposición, susceptibilidad o probabilidad de sufrir tal enfermedad pero, en modo alguno significa que es seguro que la vaya a padecer. De nuevo un ejemplo puede aclarar esto. Un sujeto recibe el gen E4 tanto de su padre como de su madre (los cuales pueden no haber tenido Alzheimer, ni el uno ni la otra). Ese sujeto es doblemente E4. Pues aún así puede vivir hasta los cien o ciento diez años sin presentar Alzheimer. Al contrario, otro sujeto no recibe gen E4 alguno, ni del padre ni de la madre, pero puede tener Alzheimer ya a los 65 años. En una palabra, se puede ser portador de E4 y no padecer jamás Alzheimer y, al revés, se puede contraer Alzheimer y no tener E4 alguno.
Actualmente se estudian alrededor de una docena de genes con sus variantes para ver cuáles confieren riesgo de Alzheimer y cuáles no. Puede llegar un día en que se pueda predecir, según el genotipo, quién va a tener la enfermedad y quién no. Pero, hoy por hoy, tal predicción no es posible. De ahí que el analizar en un individuo normal si tiene o no E4 no sirve para nada (salvo que se esté participando por propia decisión en una trabajo de investigación en cuyo caso el individuo no debe pagar ni un céntimo).
Otra cosa es el caso de una persona que ya presente síntomas sospechosos de Alzheimer. Entonces, y con las debidas precauciones, se puede buscar si tiene o no E4 porque, en caso positivo, puede ser más firme el diagnóstico en etapas muy iniciales.
Además de los factores genéticos de riesgo, ¿hay otros factores que favorecen la aparición del Alzheimer?
Ciertamente, sí. La edad es el factor más evidente. Luego, el sexo. El Alzheimer es más frecuente en las mujeres que en los hombres (la proporción es 1,6:1).
Las razones de este predominio femenino no están aún muy claras. Una de ellas podría ser que, con la menopausia, la mujer pierde el papel protector que los estrógenos tienen sobre las neuronas. Otra podría radicar en la mayor expectativa de vida que tienen las mujeres sobre los hombres.
Se sigue discutiendo si el Alzheimer ocurre con más frecuencia en las personas con menor nivel de instrucción y menos años de escolaridad. Podría ser que a mayor nivel de aprendizaje hubiera mayor número de sinapsis y se alcanzará en la vida adulta mayor reserva cerebral. De esta manera, quien más tenga puede perder más sin que se note mucho. De todas maneras, más de un Premio Nobel ha padecido Alzheimer.
Aparte de que las personas con síndrome de Down están muy expuestas a padecer Alzheimer debido a esos tres cromosomas 21 que tiene, hay datos a favor de que esta enfermedad es más frecuente en las familias en las que hay un miembro downiano.
Entre los antecedentes personales de los enfermos de Alzheimer se encuentra el dato, con mayor frecuencia que entre la población sin esta enfermedad, de que han tenido un traumatismo craneal importante, con pérdida de conciencia durante algún tiempo. La conmoción o contusión cerebral puede inducir la formación de amiloide beta y una reacción inflamatoria a su alrededor.
El Alzheimer es más frecuente en familias en las que algún miembro ha sufrido demencia de cualquier tipo que en las que no se ha dado esta circunstancia. Este dato, interpretado al margen de toda consideración genética, podría poner de relevancia el papel del estilo de vida, medio rural o urbano, alimentación, exposición a tóxicos, etc. más uniformes en unas familias que en otras.
En muchos países se están realizando estudios epidemiológicos de poblaciones de un barrio, un distrito, una comarca, un pueblo o una ciudad que analizan muchos factores en muchos sujetos a lo largo de muchos años para ver si se asocian o no con la aparición de diversas enfermedades (infarto de miocardio, hipertensión arterial, etc.). De esta manera se encuentran asociaciones que, en muchos casos, no dejan de ser a primera vista curiosidades. El Alzheimer se ha asociado a pequeño tamaño de la cabeza, no haberse casado, ocupar los últimos lugares entre numerosos hermanos o vivir sin lazos sociales ni relaciones familiares en las últimas etapas de la vida.
Desde hace muchos años está cobrando importancia la relación entre el Alzheimer y los factores de riesgo cardiovascular (hipertensión arterial, diabetes, aumento de colesterol o de homocisteina, obesidad, tabaco, etc.), que son también factores de riesgo para que enfermen las arterias cerebrales y se produzcan infartos tanto en la corteza cerebral como en la sustancia blanca de los hemisferios y en los núcleos neuronales llamados ganglios basales. La sustancia amiloide beta del Alzheimer también se deposita en los pequeños vasos de las meninges y de la corteza cerebral, estrecha su luz y produce pequeños infartos en zonas corticales muy vulnerables. Si por una parte hay pequeños infartos diseminados por el cerebro que necrotizan cierta cantidad de tejido y por otra la degeneración neuronal propia del Alzheimer, hay más cantidad total de neuronas muertas.
Por esta razón, las personas que tienen a la vez pequeños infartos y lesiones de Alzheimer presentan síntomas más graves de demencia y el proceso puede evolucionar con mayor rapidez y mayor intensidad. Se entiende bien que hay que combatir con eficacia y estrecho control estos factores de riesgo, tanto para evitar que ocurra infarto de miocardio o infarto cerebral como para retrasar la aparición de síntomas de Alzheimer o mitigar su intensidad caso de que ya estén presentes.
¿Hay alguna circunstancia que proteja frente al Alzheimer?
Durante años se ha creído que el consumo de tabaco podía tener un efecto protector frente a esta enfermedad. Los análisis recientes han puesto de manifiesto que el consumo de tabaco no sólo no protege sino que se convierte en factor de riesgo significativo de Alzheimer.
La reducción del riesgo de padecer esta enfermedad se asocia al consumo crónico de anti-inflamatorios no esteroideos. Un estudio realizado en personas afectas de artritis reumatoide que habían recibido anti-inflamatorios de forma crónica mostró que la prevalencia entre ellas era significativamente menor que en la población general.
La terapéutica hormonal sustitutiva con estrogenos en mujeres menopáusicas se asocia a una menor prevalencia e incidencia de Alzheimer. En algunos estudios, la reducción de riesgo llega a ser del 30-50%.
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